LEVIATHAN
CAPÍTULO 17: RUEGOS
ANTES
¡Buru Buru! ¡Buru Buru! – El den den mushi por fin sonó y Usopp lo tomó algo adormilado.
¿Hola? – Dijo Robin adelantándose a Usopp.
¡Robin! ¡Tengan cuidado! ¡Cocodrile está en la ciudad! ¡Hay vampiros y las Kujas han caído presa de algún tipo de hipnosis o algo así! – Advirtió Nami.
Nami-chan. ¿Qué quieres decir? Habla más despacio. – No se le entendía muy bien lo que decía la pelirroja al hablar muy rápido, podía suponer que estaba corriendo.
¡No dejen que nadie salga de la ciudad de las Kujas! ¡Hay vampiros sueltos! – Gritó Luffy a lado de Nami.
¡Está bien! ¡Le diré a Ivankov! – Dicho esto la llamada se cortó, cosa que dejó preocupados a Usopp y a Robin.
Justo en ese momento se escuchó una explosión cerca de la playa, ambos se miraron, coincidiendo en que venía del lugar en donde estaban Zoro y Sanji. Corrieron a todo lo que dieron sus pies, para luego encontrarse a Sanji tirada en el suelo en un charco de sangre.
¡Sanji! ¡¿Qué pasó?! – Usopp levantó a Sanji del suelo con cuidado.
Se llevaron al marimo… - Sanji cayó en inconsciencia.
AHORA
¡Si que eres un incordio! – Dijo Zoro ayudándole a sentarse en la cama.
Puedes dejarme así, no importa. – Contestó Sanji exasperado por los regaños del peliverde.
No, tu cabello va a seguir escurriendo agua en la cama. – Dijo Zoro fastidiado.
Ok, lo secaré cuando tenga fuerzas. – El rubio se estaba quedando dormido donde sentado.
No me dejas opción. – Zoro se sentó detrás de él y con una toalla comenzó a secar su cabello mojado de forma constante.
No tenías porque molestarte… - Sanji podía sentir los dedos de Zoro moviéndose entre sus cabellos dándole escalofríos, agradecía eternamente que estuviera de espalda a él, si el espadachín notaba el sonrojo en su rostro se burlaría de él hasta el fin de los tiempos.
¿No crees que ya has dormido bastante hoy? – Zoro besó su nuca con cariño.
¡¿Eh?! – El sonrojo creció más en él cuando Zoro lo abrazó desde su espalda haciendo que se alejara de golpe despertando de paso.
Sanji, ya despertaste. – Lo primero que Sanji vio fue la sonrisa de Nico Robin que siempre estaba presente en los peores momentos tranquilizándole un poco, ya que acababa de tener un sueño extraño, no podía decir que era perturbador porque eso era lo último que podía sentir a lado de Zoro. Solo que no podía explicar "eso" que sentía cerca de él.
Si… ¡Cierto! ¿Dónde está Zoro? – Sanji se levantó de golpe haciendo que su cuerpo se resintiera por el repentino movimiento.
¡No te muevas! ¡Tienes una herida bastante profunda en el pecho! – Robin la obligó a acostarse de nuevo, su sonrisa había pasado a ser una expresión de entera preocupación, en el fondo le ponía nerviosa ver a su nakama tan lastimada, deseaba haber estado para poder hacer algo, se sentía impotente.
Siento preocuparte de esta forma, Robin-chan. – Dijo Sanji acostándose de nuevo, estaba pálida y toda magullada, pero la herida más grande era interna.
No pasa nada, solo que tienes que cuidarte. – Dijo ella sentándose en una silla cerca de la rubia.
Tengo que ir a buscar a Zoro. – Sanji se había calmado un poco pero no quitaba que sería difícil mantenerla en cama por mucho tiempo.
Lo sé, pero las cosas se han complicado más mientras estabas inconsciente, Sanji. – Para la rubia era curioso que la forma de llamarla hubiera cambiado tantas veces durante el viaje, pero más curioso era que ahora sentía que cada vez que decía su nombre había algo que quería decir pero no se atrevía. Quizás era idea suya.
¿Cuántas horas han pasado desde que se llevaron a Zoro? – Preguntó temiendo escuchar la respuesta.
Aproximadamente 20 horas. – Contestó Robin.
¡¿20 horas?! ¡No puedo quedarme acostado! – Sanji se levantó de la cama llena de vendajes, pero no le importaba, no podía dejar a Zoro a su suerte. No sabía qué podrían haberle hecho ahora que tenía cuerpo de chica. Por su mente pasaban las cosas más lascivas nunca jamás imaginadas, no podía permitirlo. Solo él podía hacerlo.
"Espera… ¡¿Qué acabo de pensar?!" – Se gritó mentalmente.
Sanji, tu nariz está sangrando… - Robin miraba un poco perturbada de lo que estuviera dando vuelta en su cabeza.
Es de la emoción Robin-chan. – Caminó decidida hasta donde estaba Ivankov, si alguien podía hacerle ser alguien capaz de ir a rescatar a otra persona en su estado, ese era la reina okama.
¡Sanji! ¿Qué haces de pie? Estás herido. – Regañó ahora Usopp tratando de hacer que regresara a su cama.
¡No voy a regresar, hay que rescatar al marimo! – Dijo Sanji caminando hasta el balcón en donde podía verse el muro de la ciudad de las Kujas.
¿Qué demonios pasó? – Todo estaba cubierto por humo y llamas.
Los barcos que podíamos usar han sido destruidos, las personas que están en Kuja intentan atacarnos y solo estamos a la defensiva ahora, es cuestión de tiempo para que nos desmoronemos. – Resumió Ivankov con algo de preocupación, el frente habría caído desde antes si no fuera por los dispositivos que hizo vender a los Mugiwaras. Con ellos estaba fortaleciendo la barrera, pero eso no duraría mucho, si alguien la desactivaba del otro lado estaban acabados.
Voy a entrar a Kuja. - Dictaminó la rubia.
¿Eh? ¿Estás loco? Vas a morir allá. – Dijo Ivankov.
Prefiero eso que no hacer nada y esperar. Buscaré al marimo. Solo necesito que me des alguna medicina para estar bien para eso, cualquier cosa vale. – Rogó Sanji.
Tendrá efectos secundarios. ¿Aún así quieres continuar? – Preguntó Ivankov volteando hacia ella.
Por supuesto. – Afirmó ella.
Bien, pero voy contigo. – Ivankov dijo sorprendiendo a todos menos a Inazuma que sabía de sus intenciones.
¡Candies! ¡Les encargo el Fuerte~! – Dijo en alta voz.
Los ojos de Zoro se abrieron con pesadez para descubrir que estaba atado en lo que parecía ser una camilla de hospital. Intentó zafarse pero sus manos y piernas parecían no responderle, era probable que estuviera drogada.
Oh, parece que la bella durmiente acaba de despertar, pensaba que iba a tener que darle un beso principesco. – Dijo la voz burlona desde la oscuridad.
¡¿Quién eres?! – Gritó Zoro poniéndose a la defensiva al no poder hacer algo más.
Mi nombre es Suna, desde hoy seré tu ama, soy una vampiresa como tú. Soy una Yuros. – Dijo una chica pelirroja que se sentó junto a la camilla con una sonrisa en el rostro.
¿Ama? ¡No juegues conmigo! ¡Suéltame ya! – Zoro se desesperó al verla acercándose demasiado a su cuerpo. Su instinto le gritaba que había algo más peligroso dentro de ella, su presencia era extraña, su cuerpo le decía que debía escapar de ahí.
¿Jugar? Voy muy en serio, quiero que seas mía. Tienes una apariencia hermosa como para ser mi muñeca. No te preocupes, yo cuidaré de ti. Pero primero debo de amaestrarte mi adorada. ~ - Las manos de Suna recorriendo el cuello de Zoro hasta llegar a sus mejillas con una expresión tétrica de una maniaca que ha encontrado el juguete perfecto para desatar sus sombríos deseos.
¿Amaestrarme? – Resistirse era inútil.
Si, tu primer trabajo será acabar con Mugiwara no Luffy y su tripulación. Quiero que traigas sus cabezas, pero no te preocupes, iré a jugar contigo. No quiero que intervengan en los planes de Croco-chan.~ – Dijo ella muy alegre.
¡Jamás…! – Gritó al sentir que algo frío atravesaba su cráneo, las manos de Suna se habían vuelto transparente y estaban hurgando su interior.
Ya dije que no te preocuparas, quitaré todo lo que estorbe para que hagas tu trabajo. – Suna selló la mente de Zoro en el fondo de su ser para que no pudiera resistirse más. Su consciencia iba desapareciendo cada vez más hasta dejar a Zoro sumido en la oscuridad.
"Esto es como un deja vu de cuando esa persona me dejó atrapado en la oscuridad."
¡Buru Buru Buru Buru! – El den den mushi que Luffy conservaba en su bolsillo comenzó a sonar.
Aquí, Luffy. ¿Quién habla? – Contestó el pelinegro cuidando de no subir la voz mucho, no quería que los encontraran de nuevo.
Habla Chopper. ¿Dónde están? – Preguntó el reno bastante asustado.
Estamos cerca del canal que lleva al río o eso creo. ¿Dónde estás? - Preguntó ahora Luffy.
Estoy justo ahí, cerca de un puente con árboles de cerezo. – Describió como pudo Chopper desde una ventana, al estar oculto no podía salir para corroborar la información. Ageha lo sujetaba con cuidado para que pudiera observar desde la ventana de la cocina.
Luffy, hay muchos vampiros sueltos, debes volver, es peligroso que andes por ahí. – Pidió el reno.
Lo sé, ya vi el Merry, hablaremos adentro. – Colgó Luffy.
5 MINUTOS DESPUÉS
¡Ageha! ¿Cómo? – Luffy estaba sorprendido de ver a la albina de lentes.
Hola. ~ - Saludó ella poniendo ahora su vista en Nami.
¡Nami-chan! – Ageha le saltó a la pelinaranja sin ningún aviso haciéndola caer al suelo con ella encima.
¡Te extrañé! Siempre quise hacer eso. ~ - Dijo ella sonando nostálgicamente.
Yo también, me alegra poder verte de nuevo. ~ - Contestó Nami muy feliz.
¿Pero cómo? – No dudó en preguntar la navegante.
No lo sé. Solo me di cuenta de que Chopper-chan podía escucharme. No lo entiendo. – Dijo Ageha.
Eso es porque estamos cerca del mar de niebla, aquí estas cosas son posibles. – Hancock dijo sentándose en la banca de la cocina.
¿En serio? – Luffy estaba sorprendido.
Si, solo que es raro. Solo deberían ser capaces de escucharla. No de verla ni tocarla. Supongo que hay casos así. – Hancock estaba algo intrigada también, por lo que había leído en los antiguos pergaminos las manifestaciones del más allá eran influenciadas por las energías que venía del mar de niebla. Habían incluso leyendas que hablaban de que las antecesoras de ella eran aconsejadas por los fantasmas de las antiguas emperatrices, aunque ella nunca había escuchado nada en lo que llevaba en la isla.
¿Eh? - Luffy miró hacia afuera con una expresión de duda.
¿Qué sucede, Luffy? – Nami notó que Luffy miraba raro hacia el exterior.
Es que… ¿Hay un Morialis acercándose aquí? – Luffy caminó hacia afuera, el único Morialis que conocía era Zoro y no había detectado a otro, además de que ya no habían más. ¿Por qué razón se sentía inquieto? Luffy no entendía porque estaba así, tenía un mal presentimiento.
¿Zoro? – Dijo Ageha detectando también algo raro en el ambiente, estaba a punto decirle a Luffy que no saliera pero este ya estaba afuera.
¿Eh? ¿Quién eres? – Luffy queda extrañado, ya que la persona que está delante de él no parece ser Zoro. Una chica de cabellos largos y verdes lo miraba fijamente. A simple vista le parecía una soldado, ya que llevaba uniforme militar. Sin embargo, no pudo seguir estudiando su apariencia para buscar una explicación, la chica se movió de donde estaba para golpear con su puño el estomago de Luffy enviándolo por los aires hasta hacer que se estrellara con un muro cercano.
¡Luffy! – Gritó Nami dispuesta a atacar a la extraña que se había atrevido a golpear a Luffy.
¡No te dejaré! – Suna apareció dando una patada a Nami por la espalda obligándola a golpearse contra el mástil de cara.
Qué fáciles son de sorprender. ~ - La chica pelirroja de ropas chinas sonrió al ver la mueca de dolor de Nami.
¡Nami! – Chopper estaba por ir en su ayuda pero Nami no lo dejó.
¡Protege a Hancock! – Gritó la pelinaranja levantándose del suelo, su nariz sangraba por un extremo, pero se lo limpió como si nada hubiera pasado. No se dejaría aplastar por esa maldita mujer.
¡¿Qué estás diciendo?! ¡Escapa, Nami! – Hancock comenzaba a angustiarse, se sentía una inútil al ver como todos eran apaliados sin ella poder hacer algo para evitarlo. Al menos quería ser capaz de protegerse ella misma, lástima que las esposas de kairoseki mellaban su fuerza casi en un total. Suna desapareció de su rango de visión, Chopper se puso al frente para esperar algún ataque y poder evadirlo junto a la emperatriz.
Luffy se levanta y descubre donde está oculta Suna para atacar a Chopper, sin medirse en su fuerza concentra la potencia del golpe en su puño, pero Zoro aparece y se pone al frente usando sus dos brazos para hacer de escudo a su ama. Esto hace que parte del cuerpo de Zoro se lastime visiblemente.
Qué mal, te atreviste a dañar a mi nueva muñeca. – Suna aprovechó para patear a Chopper con una fuerza sobrehumana y tomar a Boa Hancock en su hombro para escapar. Pero Chopper se adhirió a la pierna derecha de Hancock y fue arrastrado en la huida con ella.
¡Apártate! – Zoro no dejaba pasar a Luffy. Era inútil hablarle, ella no respondía a nada de lo que le decía, es como si estuviera hablando con una muñeca sin vida.
¡No me dejas opción! ¡Gomu Gomu no Stamp! – El ataque fue dirigido a la peliverde que solo se preparaba para contenerlo, justo en ese momento Sanji se interpuso usando una patada para desviar la pierna estirada de Luffy hacia otro punto.
¡¿Y ahora tú quién demonios eres?! – Luffy ya estaba harto de tantas interrupciones.
Soy el cocinero, estúpido gomu. – Dijo una chica rubia que venía vestida de traje muy elegantemente mientras fumaba un cigarrillo sin despegar un ojo de Zoro.
¿Sanji-kun? ¿Eres tú? – Preguntó Nami algo dudosa.
Lamentablemente, además de que la chica de verde es Zoro. Yo me encargo, ustedes busquen a Boa Hancock. – Dijo decidida.
¡¿Sanji?! ¡¿Zoro?! – Luffy exclamó sin creerlo.
Ahora eso no importa, tenemos que rescatar a Hancock y a Chopper. – Nami jaló a Luffy para comenzar a correr en dirección en donde había saltado Suna.
¡Ten cuidado, Sanji! – Dijo Luffy antes de perderse de la vista de Sanji.
¿Puedes llevar el barco a un lugar seguro, Ageha-chan? – Sanji pidió.
¡Déjamelo a mí, Sanji-san! – Comenzó a mover el barco para alejarse de ahí, era probable que causarían destrozos y era mejor que el Merry no se viera involucrado. Zoro sin perder tiempo comenzó a correr hacia donde se habían ido Luffy y Nami.
¿A dónde crees que vas, Orejas? Tenemos asuntos que arreglar. – Sanji tiró una patada hacia ella y esta retrocedió con mala cara. Zoro no dijo nada, haciendo que Sanji enarcara una ceja.
Estás muy callado. ¿El gato te comió la lengua? – Volvió a hablar Sanji sin conseguir ninguna respuesta. En eso vio como la peliverde comenzó a respirar pausadamente, Sanji vio esto como que se preparaba para un ataque especial. Era mejor atacarla antes de que pudiera hacerle un gran daño, aún no sabía cómo sacarla del trance en que estaba sumida.
¿Eh? ¿Dónde está…? – No veía donde estaba Zoro, había desaparecido. Cuando pensó que podía haber escapado un golpe en la boca del estomago la sorprendió y justo para empatar el asunto, también dio un certero golpe en la quijada que dejó a Sanji aturdida.
¡Maldito…! – Escupió sangre en el suelo. ¿Qué demonios había sido eso? Era como si hubiera de su vista. Y otra vez lo hacía, nuevamente no estaba en ninguna parte, se levantó lo más rápido que su cuerpo le permitió responder para buscar a Zoro con la vista. ¿Dónde estaba?
Se concentró por un momento cerrando sus ojos, podía escuchar los pasos de Zoro moviéndose alrededor de él, eran muy fugaces y poco constantes pero ahí estaban. Eso solo le decía una cosa: que era probable que fuera víctima de la habilidad de Zoro de perder a las personas. En pocas palabras lo había perdido en la pelea, había desorientado sus ojos pero no sus oídos, pero eso no era suficiente para atacar, ya que la precisión podía fallarle debido a la misma habilidad. Debía haber algo que pudiera hacer.
Otro golpe dio contra su cuerpo haciendo botar más sangre. Y ahí fue que su mente le indicó el camino. Había pasado algo por alto desde que comenzó la batalla.
"Zoro… ¿Está peleando cuerpo a cuerpo?" – Era lógico que lo hiciera si no tenía su katana. Había recurrido a su habilidad de Morialis para ahorrar tiempo de lucha con él. Eso quería decir que estaba evitando las peleas cuerpo a cuerpo por una sola razón: Zoro estaba herido. Sabía que era rastrero, pero era la única forma de contenerlo.
Debo golpearlo con la suficiente potencia para que no se pueda levantar enseguida. – Sanji se concentró, debía esperar el momento apto para hacerlo. Sin percatarse, su pierna comenzó a brillar tanto como si estuviera encendida por las llamas de su determinación. Zoro se acercaba para tomar su cuello y partírselo de una sola vez, fue entonces que Sanji volteó hacia ella y movió su pierna tan rápido que se sintió como si hubiera sido el corte a distancia de una espada sobre el cuerpo de Zoro.
Zoro cayó a la distancia sobre unas rocas que había quedado del impacto que Luffy había recibido antes.
Ahora solo debo terminarlo… - La vista de Sanji se nubló.
"¿Areh…? Me siento mareado." – Sanji caminaba tambaleante hacia donde estaba Zoro.
"Te inyecté adrenalina. Estarás de pie todo un día pero eso tendrá efectos secundarios a lo largo de este. Incluso alucinaciones." – Recordó lo que le había advertido Ivankov cuatro horas antes.
"¡¿Por qué justo ahora?!"- Sanji se quejaba mientras intentaba mantenerse en pie.
Todo cambió a negro, ya no se encontraba delante de Zoro si no de otra persona que estaba tirada en el suelo. Una mujer de cabellos verdes yacía en un charco de sangre delante de él, su cuerpo ya no era el de la chica recién cambiada de género por Ivankov. No, se trataba de su versión de niño que admiraba el cadáver que estaba casi a sus pies.
¿Yo hice esto? – Vio como sus manos estaban ensangrentadas, incluso su ropa. Luego observó el arma homicida que estaba tirada en el suelo. Una espada con un filo hipnotizante estaba también bañada en el líquido carmín de aquella mujer.
Lo siento, Asagi… - Dijo Sanji en un hilo atormentado de voz. Zoro lo golpeó en medio de su alucinación haciéndolo regresar a la realidad y para peor, había retornado a su forma masculina. Habían transcurrido las 24 horas ya, y a Sanji aún le faltaba una hora más para volver a su forma original, estaba en el peor escenario. No había nada que pudiera hacer para sacar a Zoro de aquella hipnosis o lo que fuera que lo tenía como un títere.
¡Zoro! ¡Por favor reacciona! – Gritó Sanji en medio de la desesperación sujetando su propio brazo y alejándose con los pies del camino de Zoro. El espadachín lo tomó por el cuello de la camisa azul y se dispuso a levantar el puño en señal de que sería el último que daría en aquella pelea, sus ojos se notaban vacíos.
¡Zoro! – Volvió a mencionar su nombre. Este llamado dio vueltas en el interior del peliverde que se quedó inmóvil unos segundos con los ojos abiertos por la sorpresa.
Su mente traía el recuerdo de la primera vez que vio a Sanji en esas ruinas, no cuando fue ofrecido como sacrificio por ese sujeto que lo esclavizada. Fue mucho antes que eso. Trece años atrás un Sanji de seis años bañado en lágrimas y sangre en medio de una tormenta había clamado por su ayuda.
San-Sanji… - Logró decir por fin Zoro mientras lo abrazaba.
Hasta que al fin despiertas, marimo de mierda... ¡Cuidado, me duele! – Se quejó la rubia.
Lo siento mucho… - El cuerpo de Zoro no estaba del todo bien, algo le decía que debía asesinar a Sanji pero trataba de contener aquel sentimiento. Sanji miró sobre la cabeza del peliverde y vio que había un hilo rojo que salía de este. La rubia sin esperar lo cortó con la navaja que llevaba en su saco quitándole esa extraña sensación a Zoro de una vez por todas.
Suna sintió que el control que tenía sobre Zoro había desaparecido.
Es una lástima, me encantaba esa muñeca. – Accionó un botón de un control remoto que hizo detonar una bomba en donde estaban Zoro y Sanji. Había puesto explosivos en la ropa Zoro en caso de que perdiera el control de ella por alguna razón ajena a la situación.
Cuando las llamas de la pasión de Sanji habían conseguido salvar a Zoro una gran explosión cae sobre ellos. ¿Qué pasará?
Además Hancock ha sido secuestrada junto con Chopper por Suna. Nami y Luffy van en sus rescates.
¿Dónde está Robin, Usopp e Ivankov? D8
No lo sabremos hasta la próxima semana… quizás XD
Nos vemos ~
DEATH GOD RAVEN :3
