TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Gracias muchas a quienes me leen y otras tantas a quienes me dejan un review por ahí. Gachias.
Un adiós en la pared
Dos palabras,
Algún día volveré, rabia amarga.
No se es fiel con la razón,
Sino con el alma.
Una tarde tú y yo
Cuerpo a cuerpo, abrazados
Pienso en ti
Es que tengo miedo.
Pierdo a pulso el corazón,
No te miento.
Te he esperado
En el andén de tus ojos
Y mi voz se quiebra en dos
No hay retorno
Llueve triste dentro de mí
Me llueve otoño.
Y él vuelve al norte
Y busca su estrella
Y él sueña que la alcanza
Y con ella muere.
Hojas secas que al pisar
Me van contando mi soledad
El silencio viene y va,
Trae sonidos de ciudad
Bebe los vientos
Vientos por ella
Que ya no volverá.
… (Hojas Secas, Miguel Bosé).
CAPITULO XXIX. ZAPATILLAS DE BALLET.
Shashenka abrió sus ojos. Todo su cuerpo le dolía y mucho más sus heridas. Estaba en algún lugar siniestro lleno de sombras y piedras negras que parecían reflejar el cosmos mismo. Gimiendo de dolor, se hizo ovillo sobre el duro piso, escondiendo su rostro de esa visión.
-Mi niña hermosa… ¿por qué lloras?
La voz gruesa le hizo respingar con miedo. Levantando apenas su rostro, buscó su origen. Un hombre fornido y alto, envestido en extrañas y oscuras ropas le sonreía complacido.
-¿Qué sucede, princesa?
-¿Meiran? –gimoteó, asustada.
-Ah… ella… ella murió, linda. Murió por tu culpa.
-N-No… yo no quería…
-Sshh… -el hombre caminó hasta arrodillarse frente a ella y posar una gruesa mano en su cabeza- Ya lo sé que tú no querías. Claro, jamás fue tu intención. Pero ella está muerta por tu culpa.
-Meiran…
-Mira, está por allá.
Como si fuera magia, una luz de ningún lugar iluminó el centro de la sala, dejando ver una especie de ataúd de cristal clavado verticalmente en el suelo negro donde Meiran parecía dormir.
-¿Lo ves? Está muerta.
-¡NOOOO!
Arrastrándose por sus heridas, la rusa llegó hasta el ataúd que abrazó con llanto desquiciado.
-¡PERDONAME! ¡PERDONAME! ¡MEEEEIRAAAAN!
-No llores, mi niña. De nada sirve, los muertos no escuchan a los vivos.
-¡NOOOO!
Shashenka gritó en lamentos desgarrados su dolor, besando frenéticamente aquél ataúd de cristal como si con ello pudiese revivir a la fallecida detective.
-No, no hagas eso –unas manos seguras tomaron su rostro para limpiar sus lágrimas- Meiran ya no vivirá más, ¿sabes por qué? Porque el mundo de los muertos ya no existe y al no existir su alma se perderá para siempre. Aún cuando tú mueras jamás podrás volver a verla.
-No… snif…
-Ssshh, pero afortunadamente, me tienes a mí. Yo puedo revivirla para ti.
-¡POR FAVOR! ¡POR FAVOR! ¡HARE LO QUE SEA!
Irkalla sonrió complacido.
-Muy bien, pero… primero, comencemos por recordar, ¿te parece?
Región de Perechersk en Kiev, antigua Unión Soviética.
Las herraduras del grueso caballo sonaban contra la nieve como campanillas que anunciaban el alegre trote del equipo por el camino solitario de los campos nevados del poblado, cuyas casas distanciadas solo se dejaban ver por aquellos árboles cubiertos de nieve gracias al humo blanco de sus chimeneas que se elevaban lentamente al cielo frío y nublado.
-Padre, has olvidado la bebida del abuelo.
-Ah, por todas mis barbas, es verdad. Pero ya estamos muy lejos para regresar. Bueno, tendremos que combinarle de nuevo su vodka con un poco de agua.
-Jejejeje, ¡pero eso no lo convencerá!
-Chitón, a estas alturas, tu abuelo ya no distingue una vaca de un tonel.
-Jajajajaja.
La carreta subió por una colina torciendo su camino rodeando un enorme y grueso árbol viejo que ya amenazaba con caer de lo seco. Entró por un pobre y casi roído arco de madera y metal oxidado por donde se leía "Trievsky" en unas muy malas acomodadas letras pintadas con carbón. Luego de pasar por nuevos campos nevados, la carreta llegó a su destino a una casucha no muy grande pero si llena de enredaderas secas que prometían florecer en primavera.
Varios perros flacos pero fieles salieron de la nada a saludar a los recién llegados. Luego de lidiar con varias lenguas ansiosas y patas llenas de tierra y nieve sucia, el Señor Trievsky se volvió a su pequeña hija para bajarla de la alta carreta, sosteniéndola por la cintura.
-Koshka mía, ve con madre y avísale que hemos llegado para que ayude a bajar todo esto.
-Si, padre.
La pequeña corrió hasta el pórtico donde abrió la puerta, llamando a voces a su madre que le respondió desde la cocina donde platicaba con la abuela. Luego de saludarlas, se dio a una nueva carrera buscando a su hermano pero no lo encontró. Mirando por todas partes, decidió subir a su cuarto.
-¿Sheriozha?
Empujó apenas la puerta, mirando por el rabillo del ojo. La seudorecámara de su hermano gemelo estaba vacía salvo la enorme cantidad de libros viejos y uno que otro nuevo que estaban esparcidos por doquier. Entrando de puntillas, la niña dio un giro lento. Sus ojos brillaron al encontrar una pequeña piedra de río.
-¡Jajajajaja! ¡Ya verás! ¡Te encontraré!
Tomando la piedra, Shashenka bajó corriendo las escaleras, casi atropellando a sus padres antes de salir despedida hasta el río también congelado donde comenzó a buscar piedras similares a las que llevaba en su mano enguantada con mitones de piel de oso. Riendo divertida, pronto encontró su siguiente pista. Una rama seca. Pero no era cualquier rama.
Chicos como ellos, de campo, reconocían las plantas por sus características físicas. La pequeña tomó su ramita seca y echó a correr una vez más. Su aliento escapaba de sus rosados labios cual vapor blanco mientras se dirigía a una de las viejas cuevas algo alejadas de la casa, ya cerca de las montañas y el bosque salvaje. Shashenka encontró el árbol cuya ramita sostenía y entró por el túnel que estaba detrás.
Luego de pasar por entre las rocas salientes, halló el nuevo escondite de su hermano.
-¡Sheriozha!
Quien le sonrió, dejando su gordo libro para llamarle a su lado.
-Sabía que me encontrarías, koshka.
-¿Por qué siempre estás cambiando de sitio?
-Pues por diversión y por perderme de cierta señorita.
-Jajajaja, si quisieras perderme, no me dejarías pistas, tontito. ¿Qué tanto lees? ¿No te aburres?
-No, es muy interesante, mira.
Sacando del libro viejo en su regazo una revista nueva, se la mostró a su hermana que abrió sus ojos como platos, tapando su boca con sus manos.
-¡Alexei Ilianovich! ¡Padre te dará una zurra si ve esto! ¡Está prohibido! ¡Es de los yanquis capitalistas!
-Ja, pero es bueno, habla de un gran hombre que encontró en unas excavaciones un juego antiguo de los egipcios.
-¿Uh? ¿Egipcios? ¿Es una enfermedad?
-Jajajaja, no koshka. En otro país muy lejano, hay una tierra donde siempre brilla el sol y nunca hay nieve. Ahí, hace mucho tiempo, existieron hombres que jugaron con fuerzas muy poderosas y les dieron el nombre de monstruos de duelo.
-¡Monstruos! ¡Sheriozha!
-No te alarmes, eso fue hace mucho pero este hombre, Arthur Hawkins dice que los egipcios los sellaron en unas lápidas de piedra. Cartototas de roca.
-Ahhh. ¿Eso es malo para los camaradas?
-Jajajajaja, hay koshka, koshka.
-¡Dime!
-No, de hecho, es algo que puede revolucionar al mundo.
-Pero la Revolución ya fue hecha, Rusia es ahora del pueblo y para el pueblo.
-Como se nota que has estado de nuevo ahí.
-¿Por qué no te gusta?
-Por… porque no. Dime, ¿Cómo te fue con la Señora Ypayeva?
-¡Muy bien! ¡Dice que tengo mucho futuro en mis pies!
Sheriozha rió, mirandolos, protegidos por gruesas y peludas botas.
-Quien diría que heredaste el talento de las tías.
-¡Seré una gran bailarina! ¡Y tú un gran cientiloco!
-Científico.
-¡Y cuando yo sea muy famosa, te compraré muchos, todos los libros del mundo!
-Gracias, koshka.
-En uno de ésos deberá venir como hacerte novio de Svetlana.
-¡Shashenka!
-Jajajajaja, ¡te has puesto como carbón de asado!
-¡Ven acá, demonio!
-¡No me alcanzas! ¡Mis pies son los mejores de toda la Madre Rusia!
-¡Agh! ¡Basta de ello!
Diez años después…
El minueto de la Hada del Azúcar sonaba perfecto y gracioso como siempre a manos de la pequeña orquesta que su estricto director guiaba mientras en el estrado los ágiles pies de Shashenka ejecutaban sin fallo alguno su interpretación frente al jurado de la escuela pero sobre todo al Comité de Admisión de la Academia de Ballet de Kiev.
Era el día de graduación del grupo de danza de la localidad, y como solía ser, los perfeccionistas maestros del Kiev estaban presentes en la búsqueda de nuevos talentos. Los alumnos miraban nerviosos detrás del escenario como los miembros del comité intercambiaban palabras y puntos de vista con sus profesores.
Sin inmutarse por el nerviosismo, Shashenka sonreía a su escaso público, haciendo sus movimientos como si en verdad fuera una juguetona y dulce Hada del Ázucar que Tchaikovsky hubiera imaginado al momento de crear esa pieza de tan difícil interpretación. Estaba orgullosa de portar el traje que su madre le confeccionara y su hermano, Sheriozha, adornara con sus locas ideas sobre copos de azúcar y unas graciosas alas de hadita que se mecían a su baile, agregando más gracia a sus gestos.
La pieza terminó y los demás le aplaudieron. Los del comité sonrieron, clavando sus ojos en ella al momento de hacer su reverencia.
-Hemos encontrado a una futura primera bailarina –murmuraron entre ellos antes de dirigirle la palabra- Shashenka Trievsky, eres bienvenida a nuestra academia.
-¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!
-¡Tranquila, koshka!
-Voy a hacer una gran bailarina.
-Primero veamos si soportas el entrenamiento.
-Me tienes envidia.
-¿Envidia, yo? ¿De tus flacuchas piernas? Ja, que la abuela orine mis libros.
-Eres un grosero, Sheriozha.
-¿No dijeron nada de tus alas?
-Oh sí, me dijeron que si me había atorado en alguna telaraña.
-Hm.
-Jajajajaja, todo te lo tomas muy a pecho, hermano.
El joven ya no le respondió, miraba asombrado un cartel donde se anunciaba un Duelo de Monstruos en Kiev. Casi tira la maleta de su hermana melliza al leer la noticia. Shashenka bufó y le dio un coscorrón.
-¿Qué haces?
- Mira, vendrán jugadores de todo el mundo. Por fin veremos algo más que cuadrados moscovitas sin cerebro.
-Un día, tu bocota te meterá en problemas.
-Campeonatos internacionales. Ahhh…
-Si en lugar de comerte libros, te hubieras puesto a levantarlos, tendrías brazos fuertes para jugar esa cosa.
-No es cosa, es un duelo, koshka. El duelo de los antiguos egipcios.
-Tú y tus locuras.
Sheriozha rió y abrazó por los hombros a su hermana.
-Es algo cierto, pero como dijiste una vez, tenebroso.
-¿Por qué?
-No sé… tengo unas ideas… pero ya lo sabré cuando vengan esos duelistas, sus opiniones sobre sus cartas me ayudarán con mis hipótesis. Así que seré yo quien te traiga a Kiev.
-Padre no te dejará, siempre me haces esperar.
-Ah, claro que no. Además, los torneos son solo en las mañanas, así que para cuando tu y tus amanerados compañeros en mallas hayan terminado, yo ya estaré esperándote para ir a casa.
-¡Yuri no es ningún amanerado!
-Por las canas de Einstein que sí. Solo un maricón como él se aprieta más sus estúpidas mallas.
-Ten más respeto por mi compañero de baile.
-¿Por qué no te buscas alguien más? Alguien que por ejemplo, no use maquillaje.
-¡Sheriozha!
-Jajajajaja, me la debías.
-Pues tú no te quedas atrás, camarada. Svetlana no es una princesa inmortal, ¿sabes?
-Bueno, yo… bueno, quizá la próxima primavera…
-¿Sí?
-Pues… esté en casa.
-¡Asombroso! ¡Por fin has usado tu cabeza para algo más que no sea investigar!
-Bueno, ya. Pero aún no lo cuentes, vamos a hablar con sus padres primero.
-Abuelo decía que te casarías con tus libros antes de poder preñar a una mujer.
-Cielos. ¿Y tú?
-¿Yo qué?
-Koshka…
-Ah… sabes bien que… ahorita no, Sheriozha… Kiev… es mi sueño… quiero ser una gran bailarina como las tías y tatarabuelas… la prima Ana ya está bailando con el Bolshoi…
-Desde que recuerdo que te dijeron que lo tuyo era la danza, no te he vuelto a ver haciendo algo que a ti te guste, koshka. ¿Cuándo volverá ese día, eh?
-Bailar me gusta.
-Pero no es toda tu felicidad.
-Hermano…
-Solo digo que hacer un espacio en tu corazón para algo que no sea la danza no va acabar con el apellido Trievsky. Eso déjamelo a mí.
-Jejejeje, bueno… lo pensaré.
-Algún día seré un investigador famoso como Arthur Hawkins o Solomon Motou. Y ese día, te llevaré a conocer muchos países y el mar, y el desierto…
-Sheriozha Trievsky, el historiador del Duelo de Monstruos.
-Me gusta.
-Vámonos a casa, el frío está congelando tu cerebro.
-¡Koshka!
-Ah, por todos los cielos… Sheriozha se olvidó de nuevo.
Shashenka suspiró, mirando alrededor mientras se abrochaba su abrigo, en las afueras de la Academia de Ballet de Kiev a donde estaba practicando en un pequeño curso antes de ser inscrita formalmente como miembro del ballet. La joven miró al reloj de su mano delicada. Sheriozha no llegaría y lo mejor era ir a la estación antes de que anocheciera.
Miró a donde la panadería y decidió romper con la dieta solo un poco pues no había desayunado nada. Ajustando su mochila, emprendió la marcha, con la vista fija en la rústica pero agradable panadería al otro lado de la avenida. Cuando estaba cruzando la esquina, una mole le arrolló, tirándola al piso frío.
-My God! Please, excuse me! I didn't see you!
Shashenka levantó su mirada, una joven de acento extranjero le hablaba en un idioma que apenas si conocía. Se asombró de ver sus facciones orientales entre un cabello ondulado y castaño como los troncos de los árboles que cercaban su hogar. Los ojos alegres de la chica le sonrieron al igual que sus labios. Vestía de forma extraña, con pantalones algo viejos y botines con una chamarra larga de cuero con un cuello de borrego. Unos lentes oscuros le servían a modo de diadema.
-Forgive my rudeness, I am Meiran, nice to meet you.
Una mano algo atrevida le sujetó de su brazo para ayudarla a ponerse de pie. Mientras Shashenka se sacudía la nieve y polvo de su tutú revisó a la extranjera. Parecía esperar algo pero ella no lo daría. Después de todo, estaba sucia gracias a ella.
-¡Koshka!
Con alivio miró a su hermano por encima del hombro de la castaña. Sheriozha llegaba corriendo con un par de libros en mano como ya le era su costumbre. Jadeando e inclinándose apoyado sobre sus rodillas, tomó aire antes de erguirse de nuevo.
-Lo siento, perdí la noción del tiempo.
-Qué raro.
-¿Quién es tu amiga?
-No es mi amiga, me tiró al suelo al chocar conmigo.
Sheriozha se giró de inmediato a la chica que le tendió una mano.
-Please, I didn't mean it. My name is Meiran Pei and I am a duelist.
-What? You're a duelist? Really? –respondió jovial Sheriozha.
-Yes… and you…
-Nice to meet you too!
Shashenka suspiró a propósito para llamar la atención de ambos. Sheriozha le sonrió bastante emocionado.
-Es una duelista, del torneo, ¿recuerdas?
-Ah.
-Vamos, Shashenka, no seas así. No todo el mundo quiere andar de puntillas.
-No es eso.
-Koshka, ya se ha disculpado. Si hubieras aprendido conmigo inglés, lo sabrías.
-Hm.
-Anda no pongas esos pucheros. Saluda.
-Sheriozha…
-¿Dejarás que una extranjera se vaya diciendo que los rusos son unos campesinos groseros?
De inmediato la joven se giró a Meiran para saludarla.
-Shashenka.
-Meiran.
Al estrechar sus manos, la bailarina pudo sentir una especie de toque eléctrico por sus manos. Sus ojos se clavaron en aquellos cafés de la extranjera que le sonrió de una manera muy extraña, provocando que sus mejillas se sonrojaran al máximo.
-Do you speak English?
-No, she didn't, she is too stubborn to do it –respondió Sheriozha por ella, riendo burlón.
-Too bad. Please, let me invite you a cup of coffee… or something.
-Wonderful!
Jalando a su hermana melliza y gemela, Sheriozha siguió a Meiran hasta la panadería donde originalmente la otra chica había decidido ir. Platicando animadamente con la extranjera, Sheriozha hizo cuanta pregunta pudo sobre los duelos y las cartas mientras tomaban una taza de café negro con un pan típico de la región. Shashenka escuchaba aburrida aunque no dejaba de inspeccionar la figura de Meiran. Sus ojos, su sonrisa… su libertad.
Por primera vez se daba cuenta de que ella no era libre. Gustaba de la danza sí, pero no como un estilo de vida. Se miró a si misma y se dio cuenta de lo frágil y asustadiza que era. Toda su vida siempre obedeciendo la ley Trievsky sin rechistar. Con su vida planeada al ser una bailarina como parte de la tradición familiar, la esperanza de la generación para poner una vez más el orgulloso apellido en los titulares de los periódicos y teatros. Un cuadro de honor más que colgar en la pared de la abuela.
Y sin embargo…
Meiran parecía estar más que a gusto con ser duelista y entusiasmar aún más las locas ideas de su hermano sobre los monstruos de duelo de los que tanto hablaba. Una extranjera, con ciertos aires de yanqui capitalista. Pero increíblemente atractiva y segura de sí misma.
Todo lo que ella no era.
-… vámonos Koshska.
-¿Eh?
-¿Dónde anda tu mente? Tenemos que irnos.
Shashenka parpadeó confundida. Meiran ya no estaba más con ellos. Sheriozha tenía su maleta en mano sonriéndole.
-¿Estás aún pensando en que color de maquillaje le prestarás a Yuri?
-¡Claro que no!
-Jajajaja, vámonos, vámonos ya.
La joven bailarina miró alrededor con discreción, como buscando a aquella chica que le había tirado… metafórica y literalmente. Solo el viento frío le respondió.
-¿Qué lees?
-Inglés.
-¿Inglés?
-Hay eco aquí.
-Pero, ¿para qué? ¿Irás al ballet americano?
-No, tonto. Solo… quiero aprender.
-Oh.
-¿Ya pensaste que pas de deux haremos?
-Aún no.
-Pues entonces ve y escucha lo que haremos. Te toca.
-Está bien, niña.
Shashenka bufó mirando como Yuri se ponía de pie para ir a la sala de música y escoger la pieza con la que harían finalmente su examen de admisión a la Academia de Kiev. Su hermano Sheriozha seguía viendo a esa china-americana duelista que a veces iba a verla a sus ensayos con su hermano mientras conversaban animadamente, haciéndola a un lado por su falta de conocimiento del idioma de Meiran. Algo que Shashenka ya no soportaba.
-Koshka.
La joven levantó sus ojos sorprendida de escuchar a Sheriozha ahí.
-¿Qué…?
-Jejejeje, ven, me dijeron tus compañeros que no están ensayando. Vamos a dar un paseo con Meiran.
-¿A dónde?
-Ya veremos. Vamos.
Sin preguntar más, Shashenka tomó sus cosas y su libro para salir con su hermano. Meiran les esperaba ya en una carreta de los Trievsky. Sheriozha trepó ágilmente y tomó las riendas mientras que Meiran extendía una mano a la bailarina para ayudarla a subir.
-No quiero te ensucies –le sonrió con un ruso incipiente.
-Gracias.
La carreta salió de la avenida para tomar una calle semidesierta y de ahí un callejón que los llevó a campo abierto. Shashenka y Meiran iban juntas con Sheriozha al frente, dirigiendo a los caballos que trotaban gustosos por el descampado.
-Me gustas –soltó sin más Meiran, mirando fijamente a la rusa.
-… ¿eh?
Se miraron largo rato, una sin poder dar crédito a lo que habían escuchado sus ojos y la otra sonriendo con cierto alivio pintado en el rostro. Sheriozha parecía ensimismado con alguna canción que slbaba, "ajeno" a la conversación. Shashenka se acomodó su abrigo y giró su rostro a otra dirección, sintiendo como sus mejillas hervían. Meiran rió bajito.
La carreta se detuvo cerca de un lago semicongelado. Los tres bajaron y se acomodaron entre unas rocas que bien les sirvieron de asiento. Sheriozha lanzó un suspiro, sacando su tan adorado cuaderno de notas.
-Les contaré algo –comenzó mirándolas- son las primeras en escuchar mi teoría.
-Oh, adelante –le animó Meiran.
-Pues bien, he estado leyendo todos esos descubrimientos y teorías sobre los duelos de monstruos. También he revisado las antiguas mitologías y leyendas por todo el mundo sobre la creación… y con la ayuda de Meiran pues he llegado a una teoría creacionista sobre el origen del Duelo de las Sombras.
-¿Qué es? –preguntó ahora Shashenka.
-Los egipcios dijeron que esos monstruos provenían de una dimensión que ahora llaman el Reino de las Sombras… pues he estado pensando que ese reino debe tener un rey, ¿no? Pero no cualquier rey sino uno realmente poderoso. Tanto que sus monstruos pueden vivir fuera de su reino. De hecho estaba revisando algunas cartas antiguas de los egipcios así como libros sagrados y me he dado cuenta que hay como un dios presente en todo esto, pero no el personaje principal sino un "extra" que solo se limitara a observar. Sospechosamente siempre y a cada momento en la historia donde los monstruos de duelos tuvieran que ver.
-¿Y ese dios que hablas es… bueno?
-Todo lo contrario, si mis datos no son erróneos ha destruido algo importante, como un sello que protege a todo este universo… es un dios malvado y cruel… por algo hizo esos monstruos.
-Pero mis cartas no son malas, Sheriozha.
-Ah, porque no son las auténticas, jejeje. No me malentiendas, Meiran. Hablo de un juego de cartas esparcido en todos los montes de los duelistas. Son cartas específicas.
-¿Tú sabes donde estarán? –intervino Shashenka.
-No, pero sé como buscar… verán… Solomon Mutou se hizo de una realmente muy muy poderosa.
-¿Ah, si?
-El Dragón Blanco de Ojos Azules.
-Ah…
-Y hay una perdida… estoy casi seguro que el dios la hizo perder, contiene el poder para derrotarlo… en una narración de los egipcios se dice que cuando ese monstruo apareció el mal casi muere y que el dragón perdió su corazón al vencerlo.
-¿Otro dragón?
-Sí… aún no se bien cual o como se llama. Pero lo encontraré. Estoy pensando seriamente en escribir una carta al doctor Arthur Hawkins y comentarle mis descubrimientos. Y si Meiran me ayuda, a contactar a Solomon Mutou sobre los duelos. Sé que tengo información crucial que cambiaría las cosas.
-Mi hermano siempre tan soñador –rió Shashenka.
-Koshka envidiosa.
-Vaya, pero suena algo tenebroso lo que dices.
-Lo sé, Meiran. Y sin embargo, es el conocimiento lo que nos hace libres.
-Y que lo digas.
Un cuervo pasó volando sobre ellos, haciéndolos respingar con su graznido. Luego del susto, rieron divertidos.
-Mejor nos vamos de aquí, esto ya me dio miedo –dijo Shashenka.
-Opino igual.
-Mujeres…
-¡Tercer lugar del Campeonato! ¡Meiran Pei de China!
Aplausos y luces de cámaras fotográficas inundaron el modesto estadio mientras Meiran subía al podio para recibir su medalla y trofeo. Mostrando su monte de cartas a los fotógrafos, los saludó brevemente antes de salir discretamente de ahí. Cuando ya nadie le veía echó a correr con todas sus fuerzas. Su único objetivo: la Academia de Kiev.
Al llegar, diestra como era en escabullirse, se dio a la tarea de buscar a Shashenka. La joven estaba en plena audición para su admisión formal. Meiran como pudo se metió entre la abundante audiencia que estaba observando el desarrollo del examen. Yuri y Shashenka bailaban como si fueran el uno para el otro, interpretando una pieza de Giselle. Meiran sonrió al verla, ya le había espiado en sus ensayos previos y admirado la maestría que tenía no solo para bailar sino para interpretar con tanto sentimiento su papel. La frágil Giselle moría en los brazos de su amado que no quería dejarla ir de nuevo, pero la luz matinal separaba a los amantes, reclamando el regreso de Giselle al mundo de los muertos del cual ya nunca volvería.
Como fuera en su campeonato, los aplausos no se hicieron esperar. Los miembros del Comité asintieron y Meiran podía observar sus manos firmar con rapidez y llenar nombres. Su intuición casi policiaca le decía que habían sido aceptados. Shashenka y su compañero se despidieron y salieron a los camerinos. Oportunidad que Meiran aprovechó.
-¿Shashenka? –le llamó bajito.
La bailarina se giró, asombrada y con las mejillas sonrosadas. Meiran le llamó hasta que estuvieron en el cuarto de utilerías donde nadie les escucharía.
-¿Cómo pudiste entrar?
-Mañas.
-Ah.
-Shashenka, tengo algo que decirte.
-¿Eh?
Meiran tomó aire, dejando su premio en el suelo. Se arrodilló, sacando de su chamarra una cajita que abrió. Un anillo de compromiso.
-Cásate conmigo.
-¿Qué?
-Te amo.
-¡Estás alucinando!
-Me gustaste desde el primer día en que te ví y me doy cuenta que eres mi vida y lo que quiero siempre a mi lado. Ven conmigo, a China. Voy a dejar los duelos y entraré en la Academia de Policía. Siempre quiero protegerte. Siempre quiero amarte. Siempre cuidaré que nada te pase. Te amo, Shashenka. Te amo.
La perturbada bailarina solo atinó a echarse hacia atrás, negando con la cabeza. Miró con algo de reproche a Meiran mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
-¡No entiendes! ¡No puedo! ¡No puedo! ¡Es imposible!
-Podemos lograrlo, podemos Shashenka… ¡Shashenka!
Ésta salía corriendo del cuarto. Cubriendo su rostro y sintiendo su corazón a mil por hora. La verdad tocaba a su puerta. El momento crucial había aparecido en la forma de esa joven china-americana que le había confesado su amor y aún más le pedía matrimonio como si esa clase de matrimonios fueran posibles. No, estaba tan loca como su hermano. De hecho, Sheriozha y ella amaban de la misma manera, salvo que su hermano era correspondido.
Pero… y ¿Meiran no?
Shashenka se miró en el espejo de los camerinos. No estaba con Sheriozha por nada. Siempre lo había hecho con el afán de estar cerca de Meiran, e igualmente había aprendido el inglés para poder hablar con ella. Escuchaba las locuras de su hermano mientras observaba a Meiran.
Meiran. Siempre Meiran.
No podía engañarse. Incluso bailando con Yuri no lo veía a él, sino a Meiran. Era la Giselle de Meiran, la Odette de Meiran, el Hada de Azúcar de Meiran. Si su técnica mejoró fue por aquella impredecible pero excitante sensación que recorría su cuerpo cada vez que pensaba en ella. Sus pies se movían casi solos de solo imaginar que lo hacía para Meiran.
Meiran. Siempre Meiran.
-Shashenka, debes apurarte, el tren de la Academia se irá. Vamos a partir con la compañía al Campamento de Verano –le dijo Yuri, entrando por algunas de sus cosas- ¿No es increíble? ¡Somos parte de la Compañía del Kiev! ¡Escucha eso! ¡Nuestros nombres estarán en la historia!
La foto familiar fue el centro de su atención. La Familia Trievsky. Su única esperanza siempre habían sido sus bailarines. Para dejar de ser campesinos camaradas ella tenía que ingresar al mejor ballet de la región. Como su prima Ana o su tío Rudolf. El apellido Trievsky ya era de respeto entre el gremio. Jamás nunca faltaría en cada generación un miembro de la familia que no estuviera con su nombre escrito en plata en las placas del Teatro de Moscú.
-¿Shashenka?
-Allá voy…
Como una zombie que autómata sabe que hacer, así Shashenka recogió sus cosas y apagó las luces sin mirar atrás. Siempre sería una bailarina que danzara al ritmo de la música de otros.
Siempre.
-Antiguos ancestros. Sabios antepasados que cuidan nuestros rumbos desde las estrellas. Quiero presentarles a mi pareja y esposa. Shashenka Trievksy.
Meiran sonrió emocionada y Shashenka sintió mariposas en su estómago. Mirando a las lápidas de los ancestros de su ahora esposa que reposaban en silencio tranquilo dentro de la pequeña pagoda donde habían celebrado una ceremonia clandestina a modo de matrimonio. Meiran lucía hermosa en su traje típico de color rojo. Ella vestida en su tutú blanco, cierta obsesión de Meiran por ello y que también divertía a Shashenka.
Habían escapado de Rusia con ayuda de Sheriozha. Eran libres y ahora estaban casadas.
Shashenka moría de nervios.
-¿Puedo besar a la novia?
-Supongo…
-Enka…
Sus labios se unieron. Mejor que un conmovedor final de escena o salto triple sin caída ruidosa, Shashenka sintió ese beso como si fuera el despertar a su vida. La verdadera. Y que mejor que al lado de Meiran.
-Meiran… te amo…
Pensó que no podía ser más feliz, pero una vez más, Meiran se encargó de desmentirle al sonreír con lágrimas de felicidad en los ojos, antes de abrazarla como si su vida dependiera de ello. Al menos la de Shashenka sí lo era.
¿Por qué?
¿Por qué?
El tren corría veloz a través de los páramos tristes y secos de Kiev, la gran Unión Soviética había caído. El imperialismo había triunfado. Depresión económica y emigración en masa dejaron aquellos parajes verdes y sembradíos llenos en miserables paisajes de desolación que esperaban sin ánimo la llegada del crudo invierno.
Sheriozha estaba muerto.
¿Por qué no había podido sentirlo? ¿Por qué? Siempre estuvieron conectados no importaba la distancia. Sheriozha llamaba a escondidas y ella le contaba gustosa su nueva vida. Sheriozha luego ya no llamó y ella creyó que sería por casarse con Svetlana, seguro ella le había sabido poner en su lugar con sus locuras de duelo de monstruos.
Pero estaba muerto…
Shashenka se arremolinó contra su asiento, ajustando su abrigo grueso. Sabía que había hecho mal en gritarle a Meiran. Cierto que su culpa no había sido. Estaban muy lejos y aún ignoraba que había ocurrido realmente, pero el hecho era que ninguna de las dos tenía relación en el deceso.
-Le pediré perdón cuando regrese.
El tren llegó a la parada rural. Nadie le esperaba. Y ella tampoco. Había transgedido todas las normas habidas y por haber del mundo y de la Familia Trievksy. No era nada de la familia. Esperando al rústico taxi, fue rumbo a su viejo hogar.
-¿Es usted familiar de los Trievksy? –le preguntó el taxista.
-Podría decirse.
-Mejor no debiera ir. Ese lugar es el altar del demonio.
-¿Qué?
-Sí, el demonio vive ahí.
-¿Por qué lo dice?
-El joven que murió… estaba loco… loco de atar… debió quedarse en donde fue cuando partió hace tiempo… se trajo al diablo… eso hizo.
-No… entiendo.
-Antes era todo normal, él hasta tenía una novia. Pero se fue cuando la locura le entró en los sesos y la pobre chica se murió de pura pena por él. Cuando volvió ya estaba enterrada de días.
Shashenka pasó saliva.
-¿Sabe a donde fue?
-Nadie lo supo, mejor. Cosas del diablo. Siempre estaba diciendo que los monstruos, monstruos y más monstruos. No es de cristianos. Un monstruo se lo comió. Y el diablo reclamó su alma.
La joven agradeció que llegaran en ese momento. Pagando al taxista, bajó para entrar al camino que llevaba a la granja igualmente azotada por la crisis económica. Encogiéndose un poco ante el frío del exterior, caminó a donde la casa, tocando con timidez. Grande fue su sorpresa cuando una mujer madura le abrió.
-Ah… perdón… ¿esta es la casa Trievksy?
-Sí, ¿Quién eres tú?
-Am… Shashenka… Shashenka Trievksy.
-No hay ninguna Shashenka en la familia. Yo soy Ilia, hermana del primo del señor Trievsky, descanse en paz.
-Sí… bueno, ¿puedo pasar?
-¿A qué?
-Yo… mi hermano…
-¿Qué no sabes, niña? Sheriozha está muerto… el diablo se lo llevó.
-Ah…
-¿Eres de esas reporteras, no? ¿Qué buscan historias que vender?
-No… yo…
-Cien rublos.
Shashenka no creía lo que escuchaba, pero accedió a la cantidad. La mujer casi se lo arrebató dejándola pasar mientras contaba el dinero.
-Escaleras arriba. ¿Llevas un crucifijo? ¿No? Toma, el diablo aún visita.
-G-Gracias…
-Suerte.
Sin más que decir, Shashenka subió a la recámara de su hermano. Todo por fuera estaba normal, salvo quizá lo viejo y descuidado pero incluso los cuadros eran los mismos.
No así dentro.
Empujando la vieja puerta que rechinó, la joven se topó con un escenario que le produjo escalofríos. Todas las paredes, incluso el techo estaban salpicadas de sangre. Manchas enormes por todo el suelo atestiguaban la horrible masacre que había sucedido. Los libros esparcidos y algunos rotos llenaban el sitio sin dejar mucho espacio para caminar. Shashenka levantó una hoja. Le llamó la atención que estaba desgarrada… garras de animal.
-Terrible, ¿no? El pobre loco estaba ya poseído por el diablo cuando vino por su alma pecadora y asesina –dijo la mujer entrando al cuarto.
-¿Qué…?
-Sheriozha idiota bueno para nada, mira que gastarse los ojos en leer estas porquerías. Pero fueron estos libros malditos quienes le llevaron a invocar al diablo y traerlo aquí mismo. A esta casa.
-¿Sabe que ocurrió?
-Una noche que la familia fue a la misa de medianoche, el hereje de Sheriozha se quedó a leer una vez más sus libracos. Desde que la niña Svetlana se muriera se puso peor. Hablaba de monstruos que caminaban entre nosotros, habrase visto semejante blasfemia en las tierras del Señor. Pero el diablo vino y se lo llevó… vivo…
-¿Su cuerpo…?
-Desapareció. Solo quedó esta sangre como prueba de lo que le pasó. Pero ni su cuerpo ni su alma han podido escapar del infierno a donde se ha ido por toda la eternidad. Merecido lo tiene. La niña Svetlana enfermó por su culpa y ni cuando le llamaron para que regresara quiso hacerlo. El demonio ya le susurraba maldiciones y locuras desde entonces. Chitón.
La mujer escupió al suelo y pateó una pila de libros. Shashenka tomó aire, mirando el desastre y la escena sangrienta. Entonces sus ojos cayeron en una pequeña y rota ramita seca.
/Pistas… el juego de las pistas…/
Con premura se acercó a tomar la ramita y la olió. Pino. Eso era algo nuevo y desde que ella tenía memoria no crecían pinos en la zona.
-Disculpe, ¿hay pinos por aquí?
-¿Qué? Claro. Al norte de aquí.
-Gracias.
-No vuelva, señorita. Estas tierras ya están malditas. Van a quemarlo todo en cuanto el gobierno lo autorice.
La joven bailarina ya no quiso responderle. Bajando aprisa se encaminó a donde la mujer le indicara. Altos y frondosos pinos crecían en un pequeño y malnutrido bosque. Shashenka pasó largo rato buscando. Pronto encontró algo… una rayadura no natural en un tronco, al acercarse notó las astillas de una piedra.
/Cueva… una cueva/
Corriendo por todos lados, se dio a la búsqueda de una cueva que no halló. Frustrada, se dio media vuelta pero su pie falló al posarse en una raíz y cayó en una pequeña pero honda zanja, maldiciendo con algunas lágrimas en los ojos. Al sentarse, abrió sus ojos como platos. Una pequeña y camuflajeada entrada por debajo del bosque estaba frente a ella. Arrastrándose para entrar, Shashenka se deslizó dentro y se encontró con un pasadizo secreto que le permitió después caminar tranquilamente. Era una cueva natural muy por debajo de su casa. Una que nunca había visto. Por fin llegó a donde pertenecían las astillas que encontrara en el árbol. Era un recoveco donde había más viejo libros amontonados con comida podrida y una mesita hecha de rocas donde descansaba el cuaderno de notas de Sheriozha.
Sin pensarlo, la joven lo tomó con el corazón latiéndole a mil por hora. Sheriozha sabía que ella lo buscaría. Lo intuía como hermano gemelo. Así que había tomado las precauciones necesarias para que solo ella lo descubriera. La explicación a todos esos eventos estaba en sus manos. Cerrando los ojos para tomar aire, Shashenka abrió el libro.
Continuará…
