TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Gracias muchas a quienes me leen y otras tantas a quienes me dejan un review por ahí. Gachias.
Os iusti meditabitur sapientiam
et lingua eius loquetur iudicium.
Beatus vir qui suffert temptationem,
quoniam cum probatus fuerit
accipiet coronam vitae.
Kyrie, ignis divine, eleison.
Oh quam sancta,
quam serena,
quam benigna,
quam amoena,
oh castitatis lilium
"La boca del justo meditará sabiduría
y su lengua dirá su juicio.
Bendito sea el hombre que resiste a la tentación,
pues cuando haya pasado la prueba
recibirá la corona de la vida.
Señor, fuego divino, ten piedad.
Oh, cuán santa,
cuán serena,
cuán benevolente,
cuán hermosa,
oh, lirio de la pureza."
… (Lilium, Elfen Lied)
CAPITULO XXXI. CARTA VS CARTA.
-Faraón como bien puedes darte cuenta. Estamos estratégicamente ubicados según esta arena de duelo, siendo tú y yo los más cercanos al centro mágico donde yacen los dos únicos recursos para devolverle al todo su normalidad –explicó Irkalla- y tú gozas de una amable ventaja: tienes a las Tres Cartas de Dioses Egipcios junto con tus dos magos oscuros. Yo solo jugaré con Kaho y Khura. Me parece bastante justo en términos humanos, ¿no es así?
-No creo en tus palabras, llenas de pensamientos torcidos y trampas.
-Vamos, Faraón. Dame un poco de crédito. Solo he estado haciendo lo que ustedes. Pero terminemos de aclarar nuestro duelo. Será carta contra carta, ¿te sientes listo para el verdadero duelo?
Yugi miró preocupado a Atemu. Sus ojos se rozaron al verle cansado y casi translúcido como si fuera un fantasma. El mundo de los muertos también había desaparecido, el Faraón estaba por desaparecer dado que su alma ya no tenía lugar a donde reposar, como una hoja al viento que es destruía por el mismo vaivén. El pequeño se giró a Joey en busca de soporte. El rubio no despegaba sus ojos del dios oscuro, gruñiendo.
-¡Yami, tú puedes vencerlo!
-Aibou…
Miskra torció una sonrisa, mirando a Ryou que bajó su vista a Honkie que casi ya no respiraba. Mokuba observaba con tristeza a Kaho. Khura clavaba sus ojos púrpura sobre Seth que miraba al Faraón.
-Estoy listo, Irkalla.
-¡Ah, cuánta decisión! Bien, haz tu primera movida, Faraón.
-¡Slaifer, ven a mí!
El Dragón del Cielo apareció, mostrando sus dos fauces al dios oscuro que asintió girándose a Khura.
-Hijo.
-Sí, padre.
Khura se transformó en el Dragón del Caos. Ambos enormes dragones intercambiaron gruñidos y zarpazos. Slaifer lanzó su ataque frontal que el otro dragón recibió apenas moviéndose. Khura se sacudió como quien se sacude el polvo que le ha caído y luego levantó su cola que dejó ir de lleno contra el pecho de Slaifer, siendo atravesado por una dura y larga estaca negra llena de escamas. El Dragón del Cielo desapareció. Atemu cayó de rodillas de nuevo.
-¡Yami!
-No deberías tenerle tanta fe ciega a tus cartas, Faraón.
-Lo dices porque tú solo has usas para saciar tu sed de poder.
-Oh, creo que me dolió mi pecho por tus palabras.
-Finges saber de las cartas, Irkalla, pero desconoces el Corazón de las mismas. Y eso hará que pierdas.
-Mmm, buena teoría. Saca tu siguiente carta, por favor.
-¡Obelisk!
El gigantesco y fornido dios apareció, dándole un salvaje golpe justo en la cabeza de Khura que de nuevo solo se sacudió antes de morderle con tal brutalidad hasta que lo hizo pedazos, devorando los restos que quedaron del dios.
-Alguien está perdiendo –murmuró Miskra.
-Bakura… tú no puedes estar haciendo esto… tú no eres malo… nunca lo fuiste –gimoteó Ryou.
-Pero ahora lo soy –fue lo único que respondió.
El Faraón se puso de pie, sacando ahora al Dragón Alado de Ra. Kaho bufó, cruzándose de brazos. El dragón se transformó en el fénix y atacó a Khura, esta vez si hubo un daño que hizo que el negro dragón se sacudiera adolorido pero resistiendo. Irkalla arqueó sus cejas.
-Déjame entenderlo, Faraón. Dices que el Corazón de las Cartas es la clave para ganar un duelo. Luego que ese corazón es el alma de las pequeñas e inocentes cartas que arriesgan su vida por ti en cada enfrentamiento que has llevado a cabo sin esperar ninguna recompensa puesto que son tus "amigas" que todo lo harían por ti, igual que tus amigos de carne y hueso. Un cuento tan romántico no puede ser más que mentira.
-Di lo que quieras, Irkalla. ¡Ra, ataca de nuevo!
El ave de fuego volvió a lastimar a Khura que desapareció, regresando a su forma de carta en la mano de Irkalla que la miró con ternura.
-Esa mmm… "abnegación" de tus cartas no es más que ignorancia, Faraón. Si en verdad supieran quien es su amo, te abandonarían en el acto.
-¡Mentira! ¡Yami sabe como cuidar de las cartas! ¡Es el mejor!
-Gracias, aibou.
-¡Véncelo, Atemu!
-Joey.
Irkalla les miró uno a uno, deteniéndose en el ojiazul antes de volver con el Faraón.
-Bien, supongo que es turno de mi siguiente carta.
Kaho sonrió, transformándose en la Maga Roja. Acto seguido, hizo girar en el aire sus dos báculos antes de usar el de la perla negra en contra del Dragón Alado de Ra que gimió adolorido antes de desaparecer. El dios oscuro negó silbando.
-También escuché mucho de ustedes que el Corazón de las Cartas era el propio corazón del jugador en una unión casi de ensueño con el alma de sus cartitas. Mentiras, mentiras. Esos cuentos tan fantasiosos no funcionarán aquí. Este duelo es verdad vs verdad. Y la mía, es sincera.
-¡Calla!
Atemu sacó dos cartas más que invoco al acto. El Mago Oscuro y la Maga Oscura aparecieron desafiantes frente a Irkalla.
-Ah, al fin. Bueno, comencemos la acción. Kaho.
-Sí, padre.
Como si fuera una leona en caza, la Maga Roja caminó de un lado y de otro como midiendo a los otros dos magos. Volvió a girar sus báculos en el aire mientras las cartas del Faraón se preparaban para rechazar su ataque. Para su sorpresa, Kaho no atacó sino que se arrodilló frente a Irkalla, clavando sus báculos en el suelo.
-Haz tu jugada Faraón.
-¿Qué…?
-Vamos, estoy siendo taaaan bueno. Jajajajajajaja.
Atemu gruñó.
-¡Mago Oscuro, ataca!
Un rayo cayó de lleno en la Maga Roja que no se inmutó en lo más mínimo. Muy al contrario, el Mago Oscuro cayó con fuerza como si se hubiera agotado de golpe. El resto se sorprendió al ver la escena.
-Espero que no hayas pensado que tu maguito de pacotilla sería rival para mi hija, ¿o sí? No me decepciones, Faraón.
-¡Estás haciendo trampa! –gritó Yugi- ¡Estás usando otra carta más!
-Oh, no. Todo menos eso. Este es un duelo limpio y mi Kaho es la que rechazó ese ataque. Claro que al ser mucho más fuerte que el Mago Oscuro le devolvió el golpe como quien golpea un tambor. Lástima que el Corazón de las Cartas no lo haya previsto. Jajajajajaja.
-Tu carta no puede vencer el poder de mis dos magos juntos.
-¡Uh! ¿Por qué no lo probamos?
La Maga Oscura ayudó a la otra carta a ponerse de pie antes de unir sus báculos y atacar a Kaho que les miró con cierto aburrimiento sin moverse de su sitio. Los dos magos cayeron con más fuerza contra el suelo. Joey jadeó al ver el sufrimiento de las cartas.
-Ah, que tristeza. Tuve la esperanza vana de que este fuera un duelo suficientemente entretenido antes de matarlos, pero una vez más han probado que mis teorías son ciertas. Ustedes solo son una mentira enorme y patética.
-¡Esto aún no ha acabado, Irkalla! –Atemu sacó otra carta- ¡Carta del Libro de las Sombras!
Kaho levantó su vista con interés. Cuando la carta fue invocada, de inmediato se recuperaron los dos magos que tomaron el libro, aumentando su poder.
-Quizá tu carta controle la luz y la oscuridad, pero al hacerlo pierde poder para mantenerse en equilibrio. No podrá resistir un ataque total. ¡Mago Oscuro! ¡Maga Oscura! ¡Ataquen!
Todos debieron cubrirse ante la conmoción que se produjo cuando las dos cartas invocaron su fuerza contra la Maga Roja. Joey estaba por celebrar la victoria cuando se percató de que Kaho estaba de pie, riendo como quien ha escuchado un chiste. Yugi abrió sus ojos como platos, sin comprender. Cuando los magos usaban el Libro de las Sombras su poder era invencible.
-Faraón, pero que cosas. No funcionó. Y no he estado haciendo trampa. De hecho, espero paciente a un ataque real. No juegos de niños. Kaho, muéstrales.
La pelirroja levantó sus báculos y los chocó, ambas perlas, blanca y negra se fusionaron por un momento antes de lanzar un rayo carmesí en contra del libro que fue carbonizado y desaparecido en un parpadeo. Atemu apretó sus puños.
-¿Cómo…?
-¿Sabes cual es la diferencia entre mis cartas y tus cartas? Que las mías saben lo que fueron, lo que son y lo que serán. Saben que deseo y que quiero de ellas. No hay mentiras entre nosotros. En fin, mis cartas si gozan de un verdadero Corazón de las Cartas. Las tuyas solo han vivido en la mentira, Faraón.
-Tratas de confundirme pero eso no sucederá.
-Los confundidos son otros. ¿No es cierto, Joey? –sonrió malicioso Irkalla al rubio.
-Maldito…
-Pero este duelo parece llegar a su fin. Que tristeza.
-Eso es lo que piensas.
-Ah, antes de que lances a tus pobres sirvientes a la muerte, quisiera decir otra cosa. ¿Kaho?
La Maga Roja le miró y luego se volvió a la Maga Oscura. Tomando su báculo de perla blanca lo apuntó a ella y sonrió victoriosa. El Mago Oscuro se interpuso. Irkalla rió y les aplaudió.
-Mahado, Mahado. Siempre has estado cuidando de esa pequeña bastarda. Pero dime, ¿y que hiciste con tu hija?
-¿Qué? –Ryou les miró asombrado.
-¿No la reconoces?
-¿De qué hablas? –bufó Atemu.
-Por favor, si ha sido más que obvio. Claro, si en verdad tuvieran un corazón esas cartas, Mahado se habría dado cuenta enseguida que mi pequeña es su hija también.
Todos estaban confundidos. Kaho clavó sus ojos carmesí en la Maga Oscura. Un rencor ya de antaño se dejó ver en ellos.
-Bien, pues que el gran y puro sacerdote Mahado también tuvo sus pequeños tropiezos. Pero bueno, son humanos, ¿qué puede esperarse de ellos? Enamorando a la madre de Kaho y prometiéndole sanarla de su "maldición" con el poder de Ra cuando ya fuera todo un sacerdote. Quien iba a decir que solo fuera un aprovechado que la embarazó y abandonó cuando el señor Faraón ordenó que estuviera a su servicio solo porque le salvó la vida una vez. Hipocresías.
-¡Mentira!
-¿No la ves en sus ojos Mago Oscuro? ¿No reconoces a esa chica a la que le prometiste amor eterno y que dejaste que muriera en el olvido? –el dios oscuro abrazó a la pelirroja- Pobrecita, yo la rescaté cuando se cortó sus venas en pleno río Nilo por amor a Mahado. La hice mía y mi poder le devolvió la vida a ella y a su hija nonata. Me convertí en papá. ¿No es fabuloso? Pero claro, tenía que darle una segunda oportunidad al honradísimo sacerdote Mahado de restituirse y me hice a un lado. Que pena que el sacerdote lindo ya estuviera ocupado limpiando las porquerías del Faraón y consintiendo a una niña boba que ni poderes mágicos tenía.
Irkalla fingió un suspiro adolorido antes de carcajearse. Atemu miró al Mago Oscuro cuya expresión decía lo muy confundido que se encontraba.
-¡Estás mintiendo, Irkalla! ¡Eso no sucedió nunca! –gritó Yugi.
-Eso es lo que dicen porque lo único que recuerdan lo recuerdan a través de la memoria del Faraón que bien me encargué de confundir con ayuda de Miskra.
-Viste lo que mi señor quiso que vieras, Faraón. Pero la verdad es demasiado horrible para que tú y tus pusilánimes amigos la soporten –habló Miskra.
-Y parte de esa verdad es que Kaho era hija de Mahado. Ahora es mi hija. La reclamé cuando la turba ignorante llamada pueblo de Egipto la mató a golpes porque era diferente. Justo como lo hizo el Faraón, ¿no es así Atemu? –continuó Irkalla, mirando a éste- ¿Quién dio la orden de encerrar a una niña loca en las mazmorras?
-Eso no…
-Ah, pero claro que fuiste tú. Mahado no lo supo porque… es cierto… estaba bien muerto a tu nombre.
El Mago Oscuro se giró al Faraón que igual le miró asombrado.
-¡No es cierto! –habló la Maga Oscura.
-La idiota ha hablado –gruñó Kaho- Parece que si sabe para que es su hocico.
-Kaho… -gimió Mokuba conteniendo las lágrimas.
-Que dura es la verdad cuando se han esforzado tanto por ocultarla. Porque… si Mahado tuviera un verdadero Corazón de las Cartas, enseguida hubiera sentido todo el dolor y pena por la que mi hija pasó para estar aquí, frente a su olvidado padre y decirle…
-… te odio –terminó aquella.
Otro rayo de luz negra y blanca atacó al Mago Oscuro que ni hizo nada por defenderse. Atemu hizo brillar su ojo de Ra y le protegió, jadeando un poco más por el esfuerzo.
-¡Yami!
-Mahado… ¿estás bien?...
-Sí… mi señor.
-Qué difícil es decirlo ahora, ¿no es así, carta del Mago Oscuro? Parece que te das cuenta de que tus años de servicio leal y muerte prematura no sirvieron de nada. La maldad no estaba en el pobre de Bakura que solo buscaba justicia para su pueblo masacrado. No. La maldad siempre estuvo en el corazón cobarde del Faraón que por cierto no pudo vencerme la primera vez y se inventó eso de que una de mis mascotas fue la causa total y que salvó al mundo de la destrucción encerrándola en el Rompecabezas del Milenio, etc, etc, etc. En ese rompecabezas lo único que duerme es la maldad del corazón del Faraón Atemu. No más.
-Madre siempre te lloró –intervino Kaho- Día tras día te lloraba porque volvieras a su lado. Incluso cuando te largaste con el Faraón no sintió odio por ti. Pero yo si te odio, te odio por ella, te odio por mi hermano, te odio por mi verdadero padre, te odio por todas las almas inocentes que asesinaste y abandonaste. Te odio. ¡TE ODIO!
Un aura de luz roja y negra rodeó a la Maga Roja, su armadura que se asimilara a la del Mago Oscuro comenzó a cambiar, haciéndose más complicada y puntiaguda. Signos extraños aparecieron en ella, brillando como si fueran de fuego. Irkalla sonrió.
-Ya no es más otra cartita. Es una Archimaga y está muy enojada por cierto.
Kaho lanzó un grito de odio y haciendo estallar en magia sus perlas se abalanzó contra la indefensa Maga Oscura que no tuvo tiempo de defenderse contra el furioso ataque que solo la magia del Faraón pudo a duras penas repeler, dejando a Atemu más débil aún. Kaho clavó sus ojos en el Faraón y lanzó un ataque menos agresivo pero aún poderoso contra él de modo que le provocó graves heridas, haciendo gritar a Yugi y los demás.
-¡JAMÁS VOLVERÁS A HACER TUS MONSTRUOSIDADES! ¡YA NO SERÁS MÁS UN FARAÓN HIPÓCRITA QUE SOLO QUIERE ESCONDERSE BAJO LAS FALDAS DE SUS DISCÍPULOS COBARDES Y ASESINOS!
Kaho se giró al Mago Oscuro.
-Si hubieras sido mi padre, yo te hubiera ayudado a vencer la oscuridad. Mi poder y tu poder unidos hubieran sido invencibles. Pero tuviste miedo de acercarte más a mi madre. Hiciste lo que hicieron todo los demás… ¡pero tú le juraste siempre protegerla! ¡Amarla! Y ella te creyó y murió por ello, porque nunca fueron verdaderas tus palabras. Nunca tuve un padre humano… -lágrimas de sangre cayeron por las mejillas de la pelirroja- Mírame, padre. Estoy por convertirme en algo superior a ti y a tu mundo humano lleno de mierda y mentiras. Estas lágrimas que derramó se van con el último pedazo de mi humanidad. Son lágrimas de rencor que lloro por ti y para ti. Voy a convertirme en hija de Irkalla, mi verdadero padre y redentor. Seré mucho más de lo que tú serás nunca. Y me alegra decirte que no lo verás. ¡YO VOY A DESTRUIR TU MUNDO PORQUE AHORA SOY LA ARCHIMAGA! ¡TODA LA MAGIA DE ESTE UNIVERSO ME PERTENECE!
-¡No tan rápido, Kaho! –exclamó Atemu, poniéndose de pie.
-¡YAMI!
El Faraón hizo brillar el ojo de Ra en su frente al momento que los Artículos del Milenio aparecieron frente a él para fusionarse en una espada dorada que Atemu tomó invocando en cantos egipcios el nombre sagrado del creador de la luz. Las cartas de Slaifer, Obelisk y el Dragón Alado Ra se fundieron en una luz blanca que iluminó casi por completo la arena de duelo, dejando en su lugar a la poderosa divinidad de la luz, Horakthy.
Irkalla rió para sus adentros, mirando a Miskra que solo suspiró como cansado.
-¿Se supone que deba temblar? –habló Khura con un bostezo.
-Anda, Faraón, ataca –se unió Miskra- Prueba tu teoría de que aquella vez, esto fue lo que salvó al pueblo de Egipto.
Joey miró a Atemu quien levantó un brazo para ordenarle a Horakthy que atacara, pero se detuvo con los ojos entrecerrados. Kaho le sonrió y alzó su báculo negro haciendo brotar una llamarada oscura que envolvió a la divinidad como si fuera nada.
-Falsos dioses, falsa magia. Falsos sentimientos, mentiras blancas. No puedes vencerme, Faraoncete, pretendiendo usar las mismas mentiras milenarias. Pues no existe tal poder más que en tu imaginación. Yo conozco los nombres de todos los dioses, y esta cosa no lo es –Kaho miró a Horakthy -¡DESAPARECE!
El suelo comenzó a cimbrarse, la fuerza del hechizo de la pelirroja contra la luz de Horakthy provocó un fuerte sismo que casi tira a todos de su sitio en el sello. Atemu cayó de nuevo, agotado, cuando el estallido pasó dejando el cielo de nubes oscuras sin ninguna perturbación. Horakthy había desaparecido.
-¡No! –gimió Yugi- ¡Yami!
-Aibou… estoy… bien…
-¡Tomo el lugar de Yami!
-¡Yugi, no!
-Lo siento, pequeño Yugi. Tú tendrás tu estelar más tarde –respondió Irkalla con una sonrisa- Ahora es Atemu quien debe encarar sus culpas.
-¡Y aún no he terminado! –exclamó Kaho.
-¡Basta! ¡Basta! ¡Nunca conseguirás nada! –grito Ryou.
Miskra se giró a él, arqueando una ceja.
-Mi señor ya lo ha conseguido, por si no lo has notado.
-¡Bakura!
-Él murió hace mucho tiempo, ahora lo que ves es mi general –Irkalla se acarició la barba- Uno tan bueno que ha destruido todos los ejércitos divinos. Destruyó el centro donde la Rosa de los Vientos descansaba y… tantas cosas más. Qué pena que nunca supiste valorar sus aptitudes cuando solo era un enojado ladrón de tumbas.
-No…
-Ahora, Faraón. Es mi turno de nuevo.
El dios oscuro asintió a Khura que se transformó en un nuevo dragón negro que serpenteó en dirección a Joey y Yugi. Atemu se lo impidió, invocando más de su ya extinguido poder. Seth miró esto en aparente calma.
-Vaya, siempre dependen del Faraón para todo –siseó Khura- Hasta para cubrir sus mentiras…
-¡Cállate lagartija podrida!
-Tus ladridos ya nadie escucha. Has perdido el valor.
-¡No es cierto! ¡Joey es muy valiente! –defendió Yugi.
Khura regresó a donde Irkalla, volviendo a su forma humana. El dios miró a sus hijos y luego se giró al Faraón.
-Esto está tocando a su fin, ¿qué harás, Atemu?
-¡Vencerte!
Atemu sacó su espada para pelear contra Irkalla que arqueó una ceja, divertido. Miskra igualmente desenvainó su arma pero en lugar de volverse al Faraón se giró a Ryou.
-Es tu turno.
Con un salto, llegó a donde el albino, tomándolo por la cintura para pegarlo a él. Todos los demás gritaron asustados. Atemu quiso intervenir pero Kaho congeló sus intentos con un furioso ataque que lo tiró al suelo. Mokuba gimoteó al verle así, con un par de lágrimas escapando de sus ojos.
-Este sello necesita de ciertos sacrificios –dijo Irkalla, mirando a Ryou y Miskra.
-Bakura… -susurró aterrado Ryou- … perdóname, no debí dudar así de ti. Pero estabas lleno de rencor y odio, querías una venganza injusta. Si eres en verdad mi Bakura sabes que yo… yo nunca…
-Nunca pudiste olvidarme, fui parte de ti y dejé huella. Sí, lo sé. Pero eso no te evitó lanzarme a las llamas del infierno en un parpadeo.
-No… es que… Bakura…
-Hmm, lo sé. Yo también lo siento.
Miskra levantó su espada. Ryou dejó caer a Honkie.
-Hazlo Bakura –murmuró cerrando sus ojos- Si esto puede calmar tu odio, hazlo.
-¡RYOUUUU!
La espada entró por la espalda del albino, haciéndolo jadear con los ojos adoloridos mirando a Miskra que asintió.
-Cierto que me das tu vida, pero yo no la quiero. Quiero tu alma para ofrecerla a este sello.
Abrazándose aún más a Ryou, el general empujó la espada con un pequeño gruñido cuando la hoja les atravesó a ambos. Todos abrieron sus ojos de par en par. El albino tosió un poco de sangre.
-No… entiendo…
-Te lo dije, Bakura está muerto. Soy el guardián de Irkalla y voy a devorar tu alma. El último servicio a mi señor.
La sangre empezó a correr por todo el sello como si se deslizara por un complicado sistema de ríos que pronto rodeó a todos. Yugi comenzó a llorar mientras que Joey, el más cercano a Ryou, alcanzó a tomar a Honkie antes de que el montículo sobre el cual estaban el general y el albino cayera a un fondo oscuro y sin fin.
-Honkie… -Joey le examinó, dándose cuenta de que estaba apenas tibio- No…
Un nuevo estallido les envolvió, proveniente de ese fondo interminable, la sangre se fundió con algo parecido a una niebla oscura que al contacto con la forma del sello le hizo mutar en su forma. Atemu miró los signos con algo de temor.
-Oh sí –habló el dios oscuro al ver su reacción- Mi poder es tan primigenio que ahora te das cuenta que nunca tuviste oportunidad contra mí. Solo me divertí con sus errores tan humanos que me han dado la victoria. Alabados sean los humanos.
-¡Ya basta por favor! –gimió Yugi- ¡Deja a Yami en paz!
Irkalla levantó su mano en dirección al Faraón y una ráfaga de llamas púrpuras brotó de su palma en dirección suya. Sin embargo, un campo brillante y luminoso protegió al egipcio. Khura y Kaho jadearon asombrados no así el dios que se limitó a hacer una reverencia a Seth.
-Dragón Blanco, no es contigo la pelea.
-Pero estás lastimando a los míos.
-No es así, de hecho, estoy salvándote.
Seth lanzó un gruñido. De la nada rayos de luz cayeron sobre el dios oscuro y sus hijos que debieron protegerse bajo su escudo mágico para no ser heridos. Irkalla le sonrió una vez más al dragón ojiazul.
-Por favor, déjame mostrarte el verdadero camino.
-Tú no conoces ningún camino.
-Ni Joey tampoco…
El ojiazul iba a contestar pero se encogió un poco antes de quedarse inmóvil, cerrando sus ojos.
-¿Qué…? –Joey le miró preocupado.
-Eso fue todo, si el dragón vuelve a manifestarse, morirá. ¿No es cierto, Faraón? Tiene los segundos contados, jajajajaja.
-Tu maldito engendro…
-Ahhh.. te duele la muerte de tus amigos. No te preocupes, aún falta lo peor.
-Nisama, ¿qué te pasa? ¿Nisama? –Mokuba le llamó sollozando.
Atemu miró al castaño, y luego miró a Yugi quien le observaba con gruesas lágrimas en los ojos, lleno de tierra, sangre y heridas. Sus ojos se posaron en Joey quien abrazaba a Honkie temblando. Mokuba de rodillas lloraba a Kaho mientras que Seth estaba luchando contra la maldición de Irkalla que estaba a punto de vencerle. Atemu podía sentir el dolor que estaba soportando para pelear, así como sus pensamientos que se estaban desvaneciendo. El Faraón miró su Rompecabezas del Milenio.
-Esto… no ha… terminado…
-¡YAAAMIII!
Una carta más apareció en la mano de Atemu.
-¡SELLO DEL ORICALCOS!
Continuará…
