TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Ya dejo de estarles torturando con mis sandeces y mi mente reposa al fin de tanto caos histriónico-sentimentaloide XDD, o sea, doy gracias por todo con este chap.
I've been living to see you.
Dying to see you, but it shouldn't be like this.
This was unexpected,
What do I do now?
Could we start again please?
I've been very hopeful, so far.
Now for the first time, I think we're going wrong.
Hurry up and tell me,
This is just a dream.
Oh could we start again please?
I think you've made your point now.
You've even gone a bit too far to get the message home.
Before it gets too frightening,
We ought to call a vote,
So could we start again please?
I've been living to see you.
Dying to see you, but it shouldn't be like this.
This was unexpected,
What do I do now?
Could we start again please?
I think you've made your point now.
You've even gone a bit too far to get the message home.
Before it gets too frightening,
We ought to call a vote,
So could we start again please?
Could we start again please?
Could we start again please?
Could we start again please?
Could we start again please?
Could we start again?...
… (Could we start again please?, Jesucristo Superestrella).
Amar a alguien para hacerlo distinto significa asesinarle. (Igor Caruso)
¿Sufre más aquél que espera que aquél que nunca esperó a nadie? (Pablo Neruda)
Muy frecuentemente las lágrimas son la última sonrisa del amor. (Stendhal)
Duele amar a alguien y no ser correspondidos. Pero lo que es más doloroso es amar a alguien y nunca encontrar el valor para decirle a esa persona lo que sientes. (Olivia González)
CAPITULO XXXII. EL FIN ABSOLUTO DEL MUNDO.
-¿Estás seguro de lo que pretendes, Faraón?
-Eres tú quien debe temer, Irkalla. Con este Sello del Oricalcos, habré de derrotarte y enviar tu alma a un sitio sin retorno.
-Me impresiona como la mente humana puede ser tan podre. Y más me sorprendo de ti al ver que te ilusionas con algo así, pero adelante. Que el Sello del Oricalcos nos obligue a la verdad.
Kaho bufó entre divertida y hastiada, observando como el sello iba rodeándoles a cada uno son sus símbolos típicos, a la vez que el Mago Oscuro y la Maga Oscura recibían más poder.
-Bueno –dijo Irkalla- Ya que estamos así, entonces comencemos con las confesiones. Es el momento decisivo de la humanidad y el Todo, donde la balanza ha de juzgar nuestras acciones. ¿No es así, Faraón? ¿No es acaso lo que siempre presumen ustedes? ¿La justicia?
-Tuerces el significado de las palabras esperando que nosotros reaccionemos a eso, pero te has equivocado, Irkalla. Yugi y Joey son las personas más honestas a las que te enfrentarás si yo soy derrotado.
Irkalla y sus dos hijos no pudieron evitar carcajearse hasta las lágrimas, confundiendo a Joey, Yugi y Mokuba que no comprendieron del todo esa risa despreciativa. El dios oscuro al fin se calmó dando un aplauso a los aludidos.
-Bien, bien, bien. El Sello de Oricalcos está activado, nuestras almas penden de un hilo según el Faraón, y como he dicho, estamos obligados a la verdad, la verdad sobre este sello ha de sentenciar a los jugadores dentro de él. Pero el sello no tiene más voluntad pues el Faraón Atemu lo anuló cuando venció a Dartz, así que necesitaremos un juez imparcial en este juicio final. ¿Qué tal si elegimos un alma inocente, Faraón?
-¿Qué?
Señalando con su mano a Mokuba, el dios le elevó unos momentos por el aire, para llevarlo de esa manera hasta el centro del sello donde descansaban la Rosa de los Vientos y el Libro de los Muertos.
-Pequeño niño mío, tú que desconoces toda verdad y toda mentira, dejamos en tus manos la decisión final sobre este mundo y lo que le rodea.
-¡Déjalo en paz! –gruñó Joey.
-No, mi adorado dragoncete. Atemu clamaba por mis artilugios, bueno entonces que sea un corazón noble y humano el que ha de escuchar y sentenciar nuestros actos. ¿Así les gusta que se haga, no es cierto?
-Donde le hagas daño…
-Calma, Atemu, más bien preocúpate de tu alma pecadora –Irkalla se volvió al chico que miraba entre asustado y asombrado los dos objetos divinos- Mokuba, tienes contigo la Rosa de los Vientos, la llave del cosmos que trae el equilibrio y la vida; tienes contigo el Sagrado Libro de los Muertos, los cantos primigenios que originan la muerte y el caos. Ambos son el último recurso para que tú vuelvas a tener tu mundo tal cual lo conociste. Pero antes de hacer nada, escucha lo que nuestros corazones han de declarar por la magia del Sello de Oricalcos. Escucha con atención, pequeño niño y juzga con sabiduría. Deja que tu corazón te guíe. Una vez que hayas decidido, bien puedes tomar la llave y clavarla en el sello, diciendo mi nombre y el de mis hijos, todos seremos exterminados y volverás a tu mundo antes de que se destruyera. O quizá elijas clavar la llave en el libro para liberar el alma de tu hermano y dejar que el Dragón Blanco aparezca al fin y junto con el Dragón Negro formen el último Ouroboros que la gran Archimaga Carmesí hará girar para destruirlo todo y crear mi reino. Presta atención a este juicio donde tu palabra determinará el destino final de esta historia, Mokuba.
-¡No puedes hacer eso! –reclamó Joey.
-¿Por qué no? ¿A qué le temes querido perrito faldero? –gruñó Khura.
-¡No te tengo miedo!
-Joey…
-Todo estará bien, Yugi. ¡Mokuba, no dejes que estos monstruos te engañen! ¡Están usando a Seto como carnada!
-Mokuba no puede hacer lo que has pedido, Irkalla, solo es…
-Ah, ah, ah, ah –el dios oscuro negó con un dedo afilado al Faraón- Ustedes fueron los que dijeron que yo miento y engaño, el sello nos obliga entonces a una balanza. Ustedes claman que sus corazones humanos son los mejores, entonces pongamos en el sello uno que nos juzgue a todos por igual. ¿Qué acaso eso no es Justicia?
-¡Mientes! –clamó Yugi.
Irkalla extendió sus brazos, el Libro de los Muertos empezó a hojearse por sí solo, haciendo gritar a Mokuba que le miró aterrado hasta parar en unas páginas.
-Es tiempo de la verdad absoluta, ya no más mentiras ni engaños, ni secretos ni remordimientos. Que se hablen los hechos perdidos en la memoria de la vergüenza.
Kaho miró a Mokuba por largo tiempo antes de volverse a Mahado y Mana.
-Mokuba fue el único ser humano que me dio su corazón limpio sin pedirme anda a cambio, por él digo lo siguiente: libero a mi corazón de la verdad que he llevado todos este tiempo sepultada en mi alma, pudriéndose en el odio de mi corazón arrojado a las llamas del infierno –Kaho señaló al Mago Oscuro- Te odio por todo lo que hiciste a mi vida aún sin conocerme, te odio tanto como odio al Faraón y a la bastarda que te acompaña. Te odio, padre. Te odio y mi odio tiene una razón de ser. Si no te es suficiente el habernos abandonado, a madre y a mí, entonces que el libro de los muertos que ahora está abierto, revele mi secreto.
Todos miraron confundidos a donde Mokuba que vio como los jeroglíficos del libro se desprendían de éste, brillando en un halo oscuro frente a él, como un holograma a punto de ser corrido en pantalla. Pronto unas imágenes comenzaron a formarse mientras la Maga Roja hablaba.
-Anubis me dijo "¿quién se presenta ante mí?" –cantó la pelirroja- y yo le respondí con el nombre que me diera mi madre, Kaho. "Coloca tu corazón frente a mí para ser juzgada", no tuve corazón que ofrecer porque el pueblo que el Faraón protegía me lo había arrancado de mi pecho y dado como obsequio a un sacerdote druida. Anubis enfureció y llamó a la diosa cocodrilo para devorarme por no ofrecer la llave de mi alma, supliqué una oportunidad más y el dios se compadeció de mi alma, entonces me dijo, "llama a tu raíz, a tu familia, di de dónde vienes y lo que eres", confiada dije el nombre de mi madre y el de mi padre. Anubis leyó el libro, alzó su cayado y pidió a los guardianes chacales traer el alma de mi padre, el gran sacerdote Mahado. Vería a mi padre, lo vería y estaría con él en el más allá. El sueño de mi madre cuya alma había sido exterminada se haría realidad -Kaho endureció su rostro, con lágrimas sangrientas corriendo y manchando su pálido rostro- Mahado se presentó ante Anubis "he aquí a tu hija, su corazón ha sido robado pero lleva tu sangre, ¿es tu hija en verdad?" Mahado respondió "no tengo más hija que Mana, y no tengo más familia que mi señor el Faraón". Mi balanza se movió en mi contra y la diosa cocodrilo me devoró entre sus fauces y me llevó a lo más hondo del Río de los Muertos donde mis huesos fueron arrastrados a las llamas del infierno de los pecadores y mentirosos. Ahí mis lágrimas se quemaron entre gritos de agonía y dolor, desesperación y pena. Mi padre me había visto, me había sentido. ¡MI PADRE ME HABÍA NEGADO! ¡Y ME JURÉ A MI MISMA QUE SI VOLVERIA A VERTE TE DESTRUIRIA IGUAL QUE FUI DESTRUIDA! ¡SENTIRAS LA DESESPERACION DE LA DECEPCION Y LA DERROTA COMO YO LA SENTI! ¡OFREZCO AL SELLO DE ORICALCOS MI CORAZÓN HUMANO!
Kaho dejó que sus lágrimas cayeran en sus manos, formando un cuenco de lágrimas de sangre que formaron un pequeño y latiente corazón el cual dejó caer sobre el sello para ser prácticamente rostizado antes de desaparecer como ceniza roja. La Maga Oscura miró a su compañero cuya expresión en el rostro era de dolor y confusión. Atemu le llamó pero el Mago Oscuro posó sus ojos en la pelirroja cuyo rostro comenzó a cambiar, el lado derecho se hizo una mueca de dolor mientras que el lado izquierdo formó una mueca de odio, el ojo derecho llorando sangre y el ojo izquierdo taladrando con fuego.
-¡Atemu, cuidado! –gritó Joey.
La Archimaga Carmesí, al fin liberada de sus ataduras mortales, levantó sus dos báculos que chocó para formar una esfera de energía combinada que lanzó directo a la Maga Oscura. El Faraón se interpuso, saltando a su sitio y protegiéndola con su propio cuerpo. El haz de magia roja pasó de largo a través de Atemu y dio en su blanco. Mana lanzó un grito agudo de dolor, cayendo y retorciéndose como si algo le quemara. Mahado voló hacia Kaho con el rostro de quién se halla confundido pero con el corazón sintiendo como una verdad llega atropellando toda sensatez.
-Hija…
-Ella está muerta –la archimaga soltó los báculos para tomar el rostro del Mago Oscuro- Tú la mataste por cobarde y mentiroso. Los humanos no saben más que hacer daño. No eres más mi padre y puedo hacer esto.
Sus manos estrujaron a Mahado hasta que sus garras le atravesaron por completo. La archimaga le extrajo el corazón ante la mirada aterrada de Atemu y Yugi.
-No habrá más descanso para pecadores. El final ha llegado.
Igual que hiciera con la cabeza del Mago Oscuro, Kaho estrujó el corazón de Mana entre sus garras que ni siquiera le tocaban pero que con su magia lo hechizaron hasta pulverizarlo. Irkalla sonrió complacido y se giró al Faraón.
-Solo te queda una carta, Faraón. ¿Estás dispuesto a seguir?
-¿Una carta? ¿Qué carta? –preguntó Yugi mirando a Atemu- ¿Yami?
-No le vas a poner las manos encima –jadeó el Faraón.
-Desde que lo vi es lo que hecho, Atemu. Y es tiempo de reclamar a mi hijo.
-¡No es tu hijo!
-Lo es desde el principio de los tiempos, y a ese principio hemos de retornar.
-¡Ya no más por favor! –gimió Yugi, abrazándose- Por favor…
Khura torció una sonrisa.
-Oh, no. Lo mejor apenas viene.
Joey gruñó apretando sus puños y mirando a Honkie que ya no respiraba entre sus brazos. Irkalla miró a un Mokuba lloroso que no apartaba sus ojos de Kaho.
-Mira al Faraón, Mokuba. Si él no le hubiera pedido a Mahado que dejara todo por él, Kaho hubiera sido una niña feliz en otra vida. Tan enferma fue la lealtad de ese sacerdote que prefirió abandonar una familia para servir a un propósito asqueroso como usar un objeto hecho con la sangre de un pueblo inocente con el único fin de mantener el poder de Atemu y su padre. Porque… en verdad nunca hubo una amenaza real sobre el pueblo de Egipto sino sobre el Faraón mismo. ¿Qué no era únicamente el enojo del ladrón de tumbas? Solo cuando quisieron ambicionar más poder es que llamaron a los Artículos del Milenio… MIS Artículos del Milenio, ¡Jajajajajajaja! De no haberlos hecho, ni siquiera estaríamos aquí. Escucha Mokuba lo que te digo, por ambición Kaho sufrió por largo tiempo en el infierno. Perdiste a tu Kaho por culpa del Faraón.
-¡No, eso no es cierto! –defendió Yugi.
-¡Maldita víbora! ¡Mokuba, no le escuches! –gritó Joey.
Atemu bajó su mirada, observando el Rompecabezas del Milenio. Irkalla miró a Seth.
-Solo te queda la carta del Dragón Blanco de Ojos Azules. Pero ya está unida a sus demás partes sagradas del original dragón –el dios oscuro sonrió- Y ese dragón tiene un corazón muy especial cuyo amor solo late por otro dragón, la pregunta es, ¿sigue existiendo ese amor mutuo? Me temo que la respuesta es negativa, aquél corazón de dragón murió al entregar su alma a la corrupción y el engaño. Escucha como las mentiras son descubiertas, Mokuba. Se testigo de lo que nosotros hemos sabido todo este tiempo.
Kaho, Khura e Irkalla se volvieron al joven duelista.
-¿No tienes algo que decir, Yugi?
-¿Qué? –Joey les miró y luego se volvió a Yugi que tembló.
-Atemu, eres una abominación como Faraón y amigo. Pero tú ya te consideras un ser oscuro cuya única salvación es el corazón puro de un pequeño y joven duelista al que le has conferido el poder de resguardar lo mejor de ti. ¿Has hecho una buena elección?
-¡No te atrevas siquiera…!
-Supongo que no sabes el pequeño y sucio secreto de tu aibou –sonrió malicioso Irkalla, clavando sus ojos en Yugi- Anda, jovencito, dile.
-¿Decir qué? ¿Yugi? –Joey parpadeó atemorizado.
El dios oscuro negó divertido. Mokuba miró a Seth cuya expresión de su rostro atónito comenzó a mostrar el mismo dolor con que le viera aquella tarde que Joey le rechazó.
-Nisama…
-Hay alguien cuya envidia y rencor es tan grande y apestosamente podrida que ha provocado el fin absoluto del mundo –empezó Irkalla- Un corazón puro que ha forjado en su interior la más negra intención…
-¡NO! –lloriqueó Yugi.
-… alguien que al verse abandonado por su espíritu oscuro cuando regresó a su descanso eterno le hizo desesperar y de ahí posar sus ojos en una víctima de su ira: un chico ojiazul que se había enamorado de un perrito rubio. Cosa curiosa fue que esos dos chicos resultaran ser la esencia misma del Ouroboros, dos dragones separados por la vileza humana, llamada Yugi Mutou.
-¡NOOOOO!
Todos estaban pasmados, salvo Kaho y Khura que miraron a Yugi.
-¿Quieres la verdad detrás de todo esto, Mokuba? Yugi estuvo espiando a Joey cuando iba a cuidarte a casa de los Kaiba. Puso sus ojitos inocentes al guardia de seguridad con el pretexto de dar una sorpresa a su viejo rival de duelos para ver como Joey comenzaba a enamorarse de Seto y Seto de Joey. Su corazón ardió de envidia. ¿Cómo el pesado, hipócrita, insensible de Seto Kaiba iba a tener el cariño noble de Joey Wheeler, su mejor amigo? ¿Cómo un huérfano engreído iba a ser más feliz que el Campeón de los Duelos y otrora salvador de la humanidad? Claro que nunca sucedería eso. Por eso lo sedujo.
Atemu abrió sus ojos como platos, volviéndose a Yugi que negó con lágrimas en los ojos. Joey jadeó mirando al ojiazul y al pequeño tricolor.
-El amor sincero de tu hermano, Mokuba, fue destruido de la misma manera en que mis hijos lo fueron en vida. La avaricia del alma humana acabó con su felicidad. Yugi jamás cedería a Joey ante Seto, primero muerto. ¿No fue eso lo que te juraste, adorado Yugi?
-N-No… snif… no…
-Ah, el juego de los inocentes. Pero, ¿y qué hizo Joey? ¿Creerle a su amigo leal o al inhóspito y desconocido Seto? Yugi le tentó con la quimera felicidad de la vida mediocre que Joey aspiraba. Seto le puso en charola de oro su corazón y vida para servirle por toda la eternidad. El Dragón Blanco llamó al Dragón Negro a su lado. Mokuba, pequeño mío, no necesito decirte que sucedió.
-¡NO! ¡CALLATE! ¡CALLAAATEEE!
-Vamos Yugi, estamos entre amigos, ¿o no? El único detalle aquí es que nunca tuviste el valor de confesarlo a Joey, tu amante; o a Atemu, tu verdadero amor. Qué pesado cuando regresó, ¿verdad? Sostener la mentira fue más difícil. Sobre todo cuando Joey le hizo el amor a Seto en su noche de bodas con Atemu y tú los observabas fingiendo dormir. Siempre fingiendo mi bien amado duelista. Habías aprendido de tu Faraón a manejar a los demás.
-¿QUÉ? –Mokuba no creía lo que estaba escuchando.
-El Faraón lo sabía, es más, tenía fe que el bueno para nada de Joey Wheeler le arrancara a puñetazos lo que por siempre le ha pertenecido y ser los cuatro felices. Atemu de hecho ofreció su esencia a Osiris a cambio de volver con Yugi. Lástima que su aibou le resultara tan traicionero. Con un asunto tan horrible ya no es posible que sea tu luz, Faraón. Contratos divinos tienen por cláusulas la sinceridad absoluta.
-Yugi… -susurró Joey mirándole- Dime que no es cierto.
-Ay pero que dramas son éstos, chicos, chicos –rió el dios con la vista fija en Seto- Pero como siempre están hablando de ser honestos, que el Corazón de las Cartas, que los amigos y la fidelidad uno puede llegar a tenerles fe, ¡En serio! Se puede llegar a creer que son capaces de amar realmente y vencerme. Vencer todo esto. Pero el único que se mantuvo firme y sincero fue… ¿adivinen quien? Sí, el mismo que tacharon de insensible, insoportable, egoísta, presumido y cruel… ni más ni menos que Seto Kaiba. ¡Jajajajajaja! ¿No es una ironía? ¿Pensar que el único que no sabe amar es el que más ha amado todo este tiempo? Esperando, esperando, esperando. Amor que no se derrite ni titubea, amor que sufre y sana, que renace y muere. Siempre estuvo en mi pequeño dragón y ustedes solo se dedicaron a matarle lentamente. Tantos eones forjé un plan para derrotar al dragón blanco cuando en un parpadeo, su par, el dragón negro lo hizo por mí. Suerte que ambos renacieron en humanos, la peste perfecta. ¡Ah! Pero quien iba a pensar que Yugi Mutou y Joey Wheeler fueran tan monstruosos. Que renunciaran a lo que verdaderamente son para no hacer frente a dolores pasados y envidias futuras. Quien lo diría. Que fueran el fin absoluto del mundo.
Irkalla mostró un pergamino en su mano, Atemu jadeó adolorido, sosteniéndose su pecho que comenzó a sangrar mientras él mismo se desvanecía.
-Anubis sentenció al Faraón. Osiris hizo el trato. La única manera en que Atemu podía volver a la vida era usando la luz que llenaba el corazón puro de Yugi. Atemu lo firmó con su sangre. Tan seguro estaba de su aibou que ni siquiera titubeó al hacerlo, es una pena que esto suceda. Olvidó que la mayor mentira viene del amor más grande.
Mokuba lloró, mirando al libro que se hojeó solo frente a él, deteniéndose en una nueva hoja donde claramente se veía el dibujo de un dragón blanco. Atemu cayó de rodillas, temblando.
-¡YAMI!
-Yugi… ¿por qué…? Yo te…
-¡YAAAAAAAMIIIIIIIII!
El Faraón cayó al suelo, pero no hubo cuerpo que tocara el sello, desapareció como un fantasma ante el sol matutino. El Rompecabezas del Milenio se deshizo al chocar contra la superficie luminosa.
-Creo que olvidé decir que Atemu se jugó su propia existencia en ese trato, su aibou le cuidaría por siempre con su luz. Sin luz no hay guardián. Tu horrible secreto acaba de exterminar al Faraón, Yugi. O debo decir que la verdad lo acaba de matar. Tú lo mataste. Ni siquiera renacerá porque este pacto… -el dios oscuro miró el pergamino que se incendió- apostaba toda la esencia del Faraón por ti, su esperanza. La esperanza del Faraón era una verdad que resultó ser una mentira. Tu mentira, Yugi. Como te dije, siempre estaré orgulloso de ti, ni siquiera yo lo hubiera planeado de forma tan macabra. Tres vidas echadas a perder: Atemu, Joey… y Seto.
-¡Nisama!
El castaño no miraba a nadie, sino que se mantenía con la cabeza baja. Joey le miró aprensivo y se volvió a Yugi que se cubrió su rostro echándose a llorar. Khura se plantó frente al rubio.
-Te dije que no lo merecías. Lo dejaste solo, sabiendo en lo profundo de tu alma que el cariño de Yugi no sonaba sincero. Lo sabías pero como el perro miedoso que eres preferiste caer en las redes de la mentira confortable y condenar a mi dragón al sufrimiento. Ni eres ni serás nunca nadie. No tienes el valor ni la decisión de serlo.
-Seto…
-¡Mokuba! –llamó Irkalla- El siguiente en morir es tu hermano, su corazón ya no lo resiste, es demasiado dolor para él. Atemu se ha ido y la protección que le ofreciere se ha acabado. Morirá inevitablemente…
-¡No! ¡Nisama!
-Es una carta perdida, un alma perdida, un dragón perdido. Pero no escuches a nadie más que a tu corazón Mokuba. Has escuchado la verdad de labios de Kaho, escucha la verdad de los labios de Khura.
Éste se volvió a su padre, asintiendo para mirar al pelinegro.
-Yo iba a ser un avatar de mi pueblo, dominaría las artes como lo hiciera el Rey Solomón, mi reino no estaría ni en el cielo ni en el infierno. Tendría la sabiduría para controlar ángeles y demonios por igual y traer la justicia al mundo. Porque mi madre era la luz y mi padre la oscuridad. Más los humanos al verme diferente prefirieron matarme antes de darme una oportunidad. Destazaron mi cuerpo y condenaron mi alma al mismo infierno en llamas que mi hermana Kaho. Pero yo no guardaba ningún rencor, yo no entendía las razones.
Entonces padre vino a darme vida de nuevo y conocí todavía más de la maldad humana. Así que comencé a comer sus corazones, no por odio sino por temor a que hicieran más daño como el que yo había sufrido –Khura miró a Seto- Entonces supe de otro dragón que igual sufría. Le seguí en secreto porque era mucho más grandioso que yo, más noble y más sabio. Vi cuanto le hicieron y cuanto resistió. Fue entonces cuando me llené de rencor y odio. Quizá yo me merecía mi destino que por cierto nunca pude experimentar, pero no él. Él no.
Odio a Joey Wheeler por ser el poseedor de su cariño que no es correspondido, esperando con infinita paciencia al momento en que regrese a su lado como una efímera vez estuvo. Porque el amor de los dragones del Ouroboros no tiene comparación ni igual en toda la existencia y en todos los tiempos, tal y como lo cantan los versos de Radha con Krishna. Por eso quiero ser su dragón, por eso estoy aquí. Para sanar de una vez por todas el daño causado por un capricho infantil de un miedo injustificado cuando el alma gritaba por la verdad esperanzadora. Seto y yo seremos uno solo como debió serlo con Joey. Pero yo no le abandonaré, por eso me convertí en este dragón. Ya no estaremos más solos ni más desesperados, el dolor y la decepción han de esfumarse como niebla invernal ante el sol de primavera. Dejaremos de ser aquellas almas humanas y nos convertiremos en el Ouroboros para siempre. Lejos de todo y todos. Siempre unidos. Siempre.
Mokuba sollozó, posando su mirada en su hermano que no se movía. El pelinegro buscó la llave, la Rosa de los Vientos y la sostuvo entre sus manos. Irkalla miró a Joey.
-Devuélveme lo que tanto me costó tener.
Su mano hizo un gesto y Joey casi cae cuando la carta del Dragón Negro de Ojos Rojos salió de su chaqueta casi deshecha para ir a donde Khura que se la comió. Mokuba miró a Yugi que caía al suelo llorando, pasando luego a donde el rubio. Sus manos apretaron contra su pecho la Rosa de los Vientos. Joey negó en silencio sin atreverse a mirar a Seto que parecía titiritar como una hoja al viento. Mokuba lloró un poco. Girándose un poco, observó a Kaho y Khura. Irkalla le habló.
-Cuantas mentiras y cuanto dolor por ellas. El amor perdido y abandonado. ¿Acaso no hay algo mejor que todo esto? Porque de cierto es que aquellos en quienes confiabas te han defraudado; cuando sus palabras resultaron mentiras monstruosas, te has dado cuenta que la destrucción a tu alrededor, tu mundo y sueños se han acabado no por la obra de malvados sino por amigos cercanos que sabían de ti, que juraron proteger todo de ti y para ti. Lágrimas de arrepentimiento derramadas sobre cuerpos sin vida. ¿Acaso no hay algo mejor que esto? Si lo hay, pequeño Mokuba, y lo sostienes en tus manos.
Irkalla clavó sus ojos en el jovencito que tembló, llorando aún más. Mokuba miró por última vez a Seto, notando las marcas oscuras apareciendo en su piel blanca.
-¿Dejarás que muera con ese dolor humano y perverso o le darás la oportunidad de vivir siempre a mi lado en la eternidad? –susurró Khura- ¿Dejarás que muera sufriendo por el despecho y la amargura de una vida que nunca pudo ser feliz por la crueldad y peste humana que provocan los corazones ambiciones y llenos de avaricia glotona de poder para humillar a otros?
-Por favor… -Mokuba apretó sus llorosos ojos.
-Joey pudo hacerle feliz, pero prefirió hacerle sufrir. Yugi pudo haber sido feliz, pero prefirió seguir mintiendo. Los humanos siempre elegirán la maldad por sobre todas las cosas. Pero tú eres el elegido para cambiar eso.
Joey jadeó, casi mordiéndose la lengua. Lágrimas corrieron por sus mejillas y cayeron sobre el cuerpo inerte de Honkie que apretó un poco más.
-Yugi… ¿por qué?
-Yo no quería… snif… Joey… yo no… yo… lo siento… lo siento mucho…
-Nisama…
El ojiazul levantó sus ojos, y su pequeño hermano reconoció el rostro de su hermano en aquella tarde fatídica que miró a la nada, con lágrimas blancas corriendo por sus mejillas sobre signos negros que brotaban desde su interior.
-Estaban destinados a unirse de nuevo –habló Irkalla a Mokuba- Negro y Blanco fundiéndose en el Ouroboros una vez más, y ser la fuerza que me exterminara. Yo les di la tentación que solo el dragón ojiazul me rechazó una y otra vez aunque se le fuera la vida en ello. Pero el corazón del dragón negro –el dios miró a Joey- ese corazón perdió su fuerza y su valor. Perdió su esencia y su coraje de ser el caos del cambio y la renovación. Siempre lo sintió pero sus pensamientos perversos fueron mayores y el camino a la perdición comenzó en el mismo momento en que…
-Joey no me ama… -jadeó Seto y dos lágrimas perladas cayeron de su rostro.
Mokuba lanzó un grito y levantó la llave que brilló aún más que el mismo Sello de Oricalcos. Todos le miraron.
La Rosa de los Vientos se clavó en el Libro de los Muertos. El nombre de Seto desapareció e Irkalla se carcajeó, elevándose por los aires para tomar su verdadera forma. Un ser oscuro de formas incomprensibles brotando de su cuerpo, formando una masa de brazos y cuernos que cobró un tamaño gigantesco. Kaho izó sus báculos para chocarlos. El Sello de Oricalcos se movió como si fuera un ente viviente, cambiando su forma a un enorme arco de antiguos y primigenios símbolos mágicos. Khura gruñó y su cuerpo cambió al Dragón Negro de Ojos Rojos que se colocó en un lado del Sello que ahora giraba hasta colocarse en forma de un portal, sujetándose del extremo que marcaba su nombre.
Oscuridad.
Como si mil supernovas estallaran al mismo tiempo, una explosión de luz envolvió el cuerpo de Seto que finalmente alcanzó su última transformación. Un gigantesco y luminiscente Dragón Blanco de Ojos Azules apareció, brillando con tal resplandor que el mismo Irkalla tuvo que retirarse un poco, cegado por su poder. Khura le llamó y el dragón respondió tomando su lugar en el extremo opuesto, donde los símbolos arcaicos marcaban su nombre.
Luz.
Cuando ambos dragones estuvieron dispuestos, la Archimaga Carmesí se niveló en su centro, empezando el canto original de la creación, llamando todas las fuerzas que alguna vez dieron vida al universo. Mokuba jadeó al sentir como una especie de quemazón, abrazándose a sí mismo sin dejar de mirar a Kaho que extendió sus brazos a ambos dragones que rugieron al mismo tiempo. El sello comenzó a moverse como si fuera un candado que empezara a develar sus secretos.
Formas luminosas y oscuras arribaron al sello, dioses sobrevivientes que lucharían por última vez contra Irkalla que posó sus titánicas garras sobre ambos dragones. El sello lanzó su poder en contra de los pocos dioses, fulminándolos en el acto. Un tornado de energías envolvía todo. Yugi, Joey y Mokuba apenas podían sujetarse ya.
-¡NOOOOOOOOOO!
Joey miró al dragón blanco, llorando desesperado, aún sin soltar a Honkie que ya no respiraba y palidecía. Yugi le miró y bajó su cabeza.
-Perdóname, Joey… ya no puedo ayudarte…
-¡YUGI!
Yugi se quitó una bandita de su muñeca, dejándola ir en ese tornado cada vez más imposible. Joey le miró estupefacto. Era la bandita que le diera a Seto.
-No te amo… Seto sí…
-¡YUUUUUUGIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!
Éste se soltó y el rubio le perdió de vista. La risa siniestra de Irkalla le hizo temblar, más aún al escuchar una voz de eco profundo y antiguo que comenzó a leer el sello.
-No… no puede ganar… ¡NO!
-¡AAAH!
-¡MOKUBA, SUJETATE!
-¡JOEY!
Mokuba apenas alcanzó a sujetarse a tiempo del brazo de Joey antes de ser engullido por uno de los vientos avorazados del tornado que les cubría. Los dragones rugieron una vez más y con ello el sello alcanzó su máximo poder, luz y oscuridad apareciendo al mismo tiempo.
Ouroboros.
-¡JOEY!
El rubio miró al chico, sus ojos tan parecidos a Seto le recordaron cuando le rechazó. Joey miró el sello. Pequeñas luces y pequeños puntos negros eran absorbidos en el sello. El Todo estaba siendo devorado.
Joey apretó sus dientes y cerró sus ojos. Si antes se había sentido inútil o frustrado, no era nada comparado con lo que sentía ahora. Mokuba le abrazó por el cuello, llorando. Sus lágrimas se le antojaron tan semejantes a las de Seto.
Él lo sabía muy bien. Lo sabía. Lágrimas que no habían cesado por él, solo y para él. Que jamás quiso escuchar ni entender porque había temido enfrentar una verdad para la cual se figuraba demasiado débil y confundido.
/Pero Ozha te lo mostró, Joey. El te enseñó que hasta después de la muerte el amor sigue viviendo para florecer de nuevo. Shashenka te dijo que amaras. Sherioza te dijo que no dudaras. Ahora yo te digo pequeño mío que vueles. Eres el único y verdadero dragón. Vuela. Vuela por Seto/
Joey abrió sus ojos, pasmado.
-¿M-Meiran?
De entre aquel tornado, el rubio pudo distinguir una figura, como un frágil dragón castaño que danzaba contra los vientos.
/Vuela/
Un par de ojos castaños le sonrieron. Joey gimió al reconocer en ellos a quien fuera su guardiana y madre adoptiva en un momento en que él se sintió abandonado. El pequeño dragón se acercó más.
/ ¿Por qué lloras mi niño? ¿No estoy yo aquí contigo? /
-Meiran…
/Vuela. Vuela. ¡VUELA!/
-¡JOOOOOOOOOOEEEEEEEEEEEEY!
Irkalla terminó de descifrar el sello. Los dragones rugieron por tercera y última vez al tiempo que Kaho lanzó un grito de dolor al romper sus báculos para revertir el ciclo del Ouroboros. Joey miró de nuevo al dragón blanco, lleno de esos signos malditos. Un gruñido, poderoso y ronco, brotó de su pecho. El dragón castaño rugió también y le envolvió junto con Mokuba que gritó asustado.
/Hace mucho tiempo, cuando los egipcios se sintieron perdidos ante la presencia de Angra Mainyu, llamaron a los dioses egipcios, ellos a su vez, se sacrificaron para darle su luz divina a los dragones del Ouroboros. El dios oscuro no tuvo oportunidad, jamás nunca podría vencer a su origen mismo, la oscuridad misma. El Dragón Negro de Ojos Rojos. /
El dragón aulló adolorido. De su vientre hinchado brotó sangre negra.
/Yo la amé con todas mis fuerzas. Ni aun cuando Irkalla me manchó dejé de amarla. Y sé que ella me amó también. Puedo morir sabiendo eso, porque mi alma jamás le pertenecerá a la oscuridad. Le pertenece a Shashenka. Solo en la oscuridad la luz puede brillar, y solo en el vacío el todo puede nacer. No hay dragón blanco sin un dragón negro. Vuela, dragón… ¡VUELA! /
Mokuba lanzó un grito y cerró sus ojos. El tornado los tragó. El sello Ouroboros se rompió. Los dragones volaron por última vez. Todo se envolvió en ese sello de destrucción. El gruñido dentro de Joey cobró fuerza al tiempo que el mismo se hizo ovillo.
"-Seto…
-Dime, cachorro.
-¿Por qué…?
-No lo sé. Pero no hago las cosas solo por hacer. Quizá eres especial hasta para mí.
-Lo dices solo porque te he besado.
-Nadie me ha besado como tú.
-Nadie me pone nervioso como tú.
-Eres inevitable, confuso, caótico, invencible.
-Y tú inteligente, sereno, conservador, apacible.
-Lo que pasa es que eres un cachorro insensato y mimado.
-¿Es en serio?
-Soy el amo de los tres dragones blancos. Te lo digo en serio.
- Tú también eres especial, Seto.
-¿Para ti?"
Un mismo vuelo, un solo palpitar.
Un solo rugido.
Irkalla rió victorioso en la Nada.
Y después…
Todo acabó.
FIN
