TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: ¡YA SE ACABO! ¡YA SE ACABO!
BENDITOS SEAN LOS FINALES, PORQUE DE ELLOS SERAN EL DESCANSO DE LAS YAOISTAS
Jejejejejeje….
No olvides nunca que el primer beso no se da con la boca, sino con los ojos. (Bernhardt)
El amor más fuerte y más puro no es el que sube desde la impresión, sino el que desciende desde la admiración. (Santa Catalina de Siena)
Las pulseras de metal suenan si son dos. (Proverbio africano)
Siempre ha ganado quien sabe amar,
Soportar y perdonar…
No el que mejor lo sabe todo y todo lo enjuicia (Herman Hesse)
Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará. (Julio Cortázar)
El odio y el miedo se vencen únicamente con el amor. (Martin Luther King)
EPÍLOGO.
-¿Joey? ¡JOEY!
-¿Uh?
Joey parpadeó. El rostro de Tristán estaba sobre él. Levantándose como rayo, le sujetó por los hombros.
-¡TRISTÁN!
-Qué flojo. Eres el último.
-¡Pero habías muerto! ¿Estoy muerto? ¡Hey! ¿Cómo que soy el último? Un momento, ¿por qué brillas?
Joey se puso de pie. Tristán brillaba como si un aura débil pero blanquecina le rodeaba. Pero no sólo era su amigo. Donde quiera que estuviera, brillaba como si estuviera dentro de un foco luminiscente.
-¿Qué…?
-Eres un flojo, Joey.
-¡TEA! ¡RYOU! ¡SOLOMON! ¡MAKYO!...
-Ya hermano, estamos todos.
-¡SERENITY! ¡HERMANA!
El rubio cayó de nuevo, estupefacto ante la vista de todos sus amigos. Sus ojos se posaron en Yugi, que con una mirada triste asintió.
-Entonces…
-No lo sé, viejo. Esto es de lo más raro.
-Rarísimo.
-¡Meiran!
El grupo se fue reuniendo, junto con Meiran y Shashenka que caminaron a ellos. Ambas iban de la mano como si nada hubiera ocurrido. Salvo que se hallaban en esa especie de burbuja luminiscente.
-¿Qué es esto? –preguntó aún atontado Joey.
-El Principio…
Todos se giraron a la voz. Una voz profunda pero suave, como un canto sagrado. Joey se puso de pie al ver a una niña que les sonreía. Si bien parecía vestir una túnica plateada, no podía asegurarlo pues brillaba igual que aquella burbuja, aunque distinguía un largo cabello y…
-Ojos perlados como grandes canicas… ¿uh?... ¡HONKIE!
La pequeña rió divertida.
-Ese fue el nombre que me diste, sí.
-¡Honkie! ¡Honkie!... pero… no entiendo…
-Ese fue el principio de tus problemas, dragón negro.
El grupo intercambió una mirada. Tristán repitió la pregunta de Joey.
-¿Estamos muertos?
Ese ser infantil de luz rió más.
-Pensar así es un mal no erradicado de los humanos. Pero quizá igual sea una virtud en un tiempo dado.
-¿Eh? Honkie, ¿de qué hablas?
La niña tomó la mano de Joey, que éste sintió cálida y llena de paz.
-Este es el Principio.
-¿El Principio? ¿El Principio de qué?
-De lo que tú quieras, Joey.
-¿Qué fue lo que pasó? ¿Quién eres realmente, Honkie?
Aquellos ojos perlados se fijaron en el rubio antes de responder.
-Abraxas.
-¿QUEEE? ¡Pero Abraxas…!
-Esa clase de pensamiento fue lo que les trajo tanto sufrimiento.
-No entiendo y creo que seré un muerto loco de remate si no me explican.
-Jejeje –la niña meció la mano de Joey- Esta forma es algo que puedes comprender, tu mente puede comprender, tu alma puede comprender. Cuando llegué a ti, fue para observar cerca de tu corazón como habrías de vencer a mi hijo.
-Irkalla… él…
-Desapareció –Abraxas se soltó de Joey para caminar, casi flotar, alrededor del grupo- Solo basta un latido para traer el fin absoluto del mundo, y un latido basta para crearlo, ¿no es cierto, Joey? Mi hijo, por eones ha deseado mi esencia para gobernarlo el todo. Pero, ¿acaso se puede gobernar lo que no tiene reino? Al no conseguirlo deseó destruirme. ¿Puedes destruir lo que ni siquiera ha sido creado? Encontró en todos ustedes, debilidades necesarias para armar el fin absoluto. Sin embargo, nunca tomó en cuenta que así como los humanos tienden a la maldad, pueden borrarla de un solo golpe con una llamarada de bondad pura.
-Esto…
Abraxas sonrió a Joey.
-Finalmente despertaste, mi pequeño dragón de la oscuridad, el brillo de tus ojos rojos se hizo uno solo con el azul de mi dragón blanco…
-¡Seto!
-Él está descansando, esperarte fue algo duro para él, pero valió la pena.
-¿Y Mokuba?
-Aquí estoy -dijo el chico apareciendo.
-Señorita Abraxas, estoy tan confundido como Joey –murmuró Makyo, después de correr hacia el chico para abrazarlo.
-Confundirse es un arma de dos filos para ustedes, pero saben sortear peligros. No en vano he dejado a mis dos dragones entre ustedes, para cuidarlos y que les cuiden.
-Pero me lo podrías explicar un poco más detallado –Joey se rascó la cabeza.
Abraxas miró a Meiran que asintió antes de girarse a ellos para hablar. Shashenka le sonrió, abrazándola.
-Abraxas vive en el Ouroboros y el Ouroboros vive en Abraxas. Cuando Irkalla lo formó, jamás imaginó que enfrentaría las fuerzas puras de la creación. Ni mucho menos a un celosísimo dragón corajudo como lo es Joey por haberle puesto las garras encima a Seto. Pero aún más, la sorpresa de sus hijos.
-¿Eh?
-Kaho y Khura, cuando te vieron, Joey. Cuando observaron todo tu poder y sobre todo tu amor leal a tu dragoncito, dudaron. No puedes dudar en el Ouroboros mismo. Khura fue el primero en darte su cuerpo para ocupar el lugar que por derecho te corresponde. Kaho sacrificó su sangre para darles a ustedes dos el poder de liberarse de la maldición de Irkalla y patearle el trasero hasta el infinito.
-Lo dices tan fácil.
-Lo es, dragón amado –intervino Abraxas sonriendo- Todo es tan fácil, ustedes lo hacen complicado.
Todos se quedaron en silencio. Joey miró a Mokuba y luego a Yugi quien bajó su mirada apenado. Abraxas les observó sin dejar de sonreír y extendió sus infantiles brazos.
-Ya no tengan más congoja en sus corazones, todo ha terminado ya.
-¿Qué sucedió luego de que…? –Joey parpadeó confundido.
-Han venido aquí, conmigo. Al Principio.
-Soy un miserable mortal cuyo cerebro apenas da para entender algo de lo que se ha dicho –bromeó Tristán- ¿Qué Principio? ¿Qué es todo esto?
La pequeña rió junto con Meiran.
-"Y en el Principio…" ¿es familiar para ustedes?
-¿Es decir que estamos cuando todo se creó? ¿En el Big Bang?
-Por su bien, sí.
-¡Ah! ¡Retrocedimos en el tiempo!
-No.
-¿No?
-Es el Principio.
-Ya no entiendo –dijo Tea.
-Es hora de regresar las cosas a donde mi hijo las destruyó. En el Principio. Y aunque todo puede volver a la normalidad, no será igual pues Irkalla movió hilos que no debieron de moverse, almas que no debieron de sucumbir y caminos que no debieron ser cortados. Yo confío en que ustedes sabrán enmendar todo eso. Sé que lo harán.
Abraxas miró a Meiran y Shashenka. Éstas asintieron antes de abrazarse completamente. Se fundieron en una sola y pequeña bailarina luz sobre la mano de Abraxas. Todos los demás abrieron sus ojos como platos. Y más aún cuando vieron cuatro brillantes mujeres aparecer detrás de Abraxas. Una con ojos azules, otra con ojos rojos, una más con ojos púrpura y otra con los ojos verdes.
-Creo que las conocen –rió la pequeña.
-¿Qué?
Las mujeres se cubrieron el rostro con sus manos. De inmediato cambiaron a cuatro guerreros enmascarados de armaduras negras y plateadas. Ryou lanzó un grito.
-¡Los jinetes de Irkalla!
-Presas por el dolor de sus hijos, sirviendo a su hermano para liberar sus almas.
-Con tu permiso, Abraxas, Irkalla fue un malnacido bastardo come pelotas.
-¡JOEY!
-Nunca lo quisiste dragón, buena razón tienes. Ignoro qué significan tus palabras pero leo en tu corazón furia justificada.
Las mujeres volvieron a la normalidad, posando sus delicadas manos en los hombros de la pequeña.
-Ahora ellas quieren un último deseo.
-¿Ultimo deseo? Pero… -Yugi las miró confundido.
-Su tiempo terminó hace mucho. Pero sus esencias no descansaban al ver el destino de sus hijos. Ahora que ya acabó todo. Desean recomponer las cosas.
-¿Y cómo?
Abraxas miró a cada una de ellas, que fue transformándose en una llama azul, roja, púrpura y verde que se fundió en el pecho de la niña que miró a los demás.
-Vuelven a mí así como cada uno de sus hijos vuelve a una segunda oportunidad.
Todos parpadearon confundidos. Abraxas rió mostrando la llama en su palma.
-Sherioza era la Palabra, Shashenka el Espíritu. Pocas veces un ser puede dividirse en tan exquisita manera. Ahora volverán, con la bendición de la felicidad. Sherioza unido a su linda Svetlana. Y Shashenka vivirá en una sola llama de vida junto a mi más pequeña niña. Meiran. Son ahora un mismo pulso –la niña les miró- Igual que un ladrón de tumbas.
-¡Bakura! –gritó emocionado Ryou, buscándole- ¿Dónde…?
-El ya ha emprendido el camino de regreso, pero te espera, pequeño Ryou –Abraxas le tendió la pequeña flama- Cuídala, ahora es tu hija.
El albino tendió su mano, algo tímido, para tomar la bailarina flama que se avivó en su palma. Abraxas sonrió y se giró a Yugi.
-Dime Yugi, ¿amas a Atemu?
-¡Sí!
-Él también. Ha hecho cierta apuesta con Bakura para ver quien arriba primero. Son buenos amigos.
-¿Yami está bien? ¿Él no me… odia?
-Odio es una fuerza que ustedes no controlan, como la barca que pretende dirigir el rumbo de las olas. Atemu lo sabe, por eso ha dimitido. Sin embargo, quisiera pedirte un favor, Yugi.
-¡Lo que sea!
Abraxas rió un poco.
-Khura… lo único que sobrevive de él es esta pequeña semilla –la niña la puso sobre la palma de Yugi- Su esperanza de ser feliz. ¿Lo harías por mí?
-¡Claro!
-No es ningún mal añorar lo que otros consiguen más rápido, mi niño. No te tortures con ese pensamiento. Aprender de errores es lo que te he ha hecho el mejor duelista. Nadie como tú puede comprender el Corazón de las Cartas. Y solo tú puedes darle la luz de la vida al Faraón.
Yugi le miró con ojos llorosos. Abraxas limpió una lágrima fugitiva. Kaho apareció detrás de la niña para ir corriendo a donde Mokuba que no le negó sus brazos, llorando abiertamente.
-¡Tonta!
-Dime algo que no sepa.
-A ella le tengo un pedido especial, pues su corazón nunca se manchó. Esa fue la razón por la que mi hijo se lo quitó, pero, ¿cómo pueden arrancarte tu razón de ser? Mokuba se lo devolvió y con creces. Kaho lo usó para ayudarnos. Gratitud tan noble merece recompensa igual. La vida misma.
Mokuba volvió a abrazar a Kaho que se sonrojó mientras los demás se alegraban algo sorprendidos y sin comprender todo lo que estaban viendo. Después de que se calmaran, Abraxas los reunió a todos.
-Vayan ahora. Es tiempo de que el Principio comience a marchar y se convierta en el Después. Fue un placer estar entre ustedes. Recuerden que siempre pueden equivocarse, pero solo cuenta cuando en el momento más apremiante sus corazones lograr hacer arder la verdad y el amor verdadero. Sean felices mientras vivan.
La luz comenzó a jalarlos. Uno a uno, fueron desapareciendo. Joey corrió a donde Abraxas.
-¡Espera…!
-En el Principio, Joey.
-Si alguien me hubiera dicho que iba a conocer a una divinidad en persona, que sería muerto y que vería el fin del mundo pero que volvería de, le hubiera roto la nariz por mentiroso.
El grupo de amigos rió, mientras salían a paso tranquilo de la preparatoria. Los estudiantes hablaban animados del próximo festival, de los trajes y la comida, del baile y de la diversión. Parecía –y era verdad- que nada de lo que había ocurrido estuviera en sus mentes, ningún desastre ni fin del mundo se mencionaba. Había pasado ya un año desde entonces y estaban por terminar sus estudios en la preparatoria, como todos los demás chicos a quienes Yugi, Joey y los demás les observaban tranquilos, caminando a la puerta.
-¿Y qué dice Bakura, Ryou? –preguntó Tristán.
-Pues… ya sabes… árbol que nace torcido…
-El día que lo atrapen con las manos en la masa te voy a desconocer.
-Ah, Tristán, no seas así –intervino Tea- Recuerda que lo hace por su familia.
Todos rieron mientras Ryou se ponía rojo como luz de semáforo.
-¿Y cómo está la pequeña?
-Bien, realmente es sorprendente. Ahora que está aprendiendo a caminar, no llora cuando cae, al contrario, ¡gruñe!
-Yo digo que será bailarina.
-Yo digo que será una ladrona como su padre.
-¡Tristán!
Las risas volvieron. Joey miró a Yugi.
-¿Y Atemu?
-Cuidando del bebé…
-Mira que venir a ver que tú eres el de los pantalones en casa…
-Joey, no me apenes –los colores se hicieron presentes en el rostro de Yugi- Atemu realmente es un…
-Una mamá dedicada, jajajaja.
-La Tienda tiene muchas ventas, abuelito ya hasta se fue de excursión con el Doctor Hawkins y Rebeca. Nos va muy bien.
-Dicen que los niños traen una torta bajo el brazo. En el caso tuyo, un Faraón.
-Jejeje, ay Joey.
Saliendo ya a la calle, el grupo se detuvo al ver pasar en moto a dos estudiantes de secundaria que no eran sino Mokuba con una formal pero sonriente Kaho que les saludó de lejos.
-Abraxas fue muy buena en darle un corazón nuevo –murmuró Ryou al verlos alejarse.
-Una oportunidad –dijo Joey- Con alguien que puede darle amor.
-¿Mokuba? ¿Amor? –bromeó Tristán- Bakura y Ryou casados con una bebita, Yugi y Atemu casados con un niño. ¿Qué sigue? ¿El fin del mundo?
-¡TRISTAN!
Éste huyó despavorido de una turba de amigos ofendidos, en la carrera, Joey vio en la esquina de la preparatoria una limusina que esperaba a su dueño. El rubio se detuvo, echándose la mochila al hombro para caminar silbando una melodía. El orgulloso y elegante dueño salió de la escuela para subir.
-¡Hey, ricachón!
Unos ojos azules le taladraron pero no surtieron efecto en la sonrisa provocativa de Joey, quien se acercó hasta Seto, recargándose de la limusina.
-¿Mucha prisa?
-La perrera pasa los lunes. Quítate de mi limusina.
-Se te olvido decir "por favor".
-Eso se le dice a las personas, no a los perros.
El castaño abrió la puerta para subir.
-Pobre de ti si llegas tarde –gruñó el ojiazul entrando.
Joey se echó a reír, jalando de vuelta a Seto para robarle un beso profundo y largo que le dejó jadeando.
-Pobre de ti si no me estás esperando.
La limusina partió mientras Joey regresaba con sus amigos para seguir torturando a Tristán por sus comentarios absurdos, camino a la inauguración del nuevo torneo de cartas; cortesía de la Corporación Kaiba. El rubio se tocó el bolsillo interior de su chaqueta, sonriendo.
La victoria era suya, nadie podría vencer jamás al Dragón Blanco de Ojos Azules y al Dragón de Ojos Rojos.
Eran uno solo.
Y eran invencibles.
