Hola, realmente tenía pensado dejar la situación de aclaraciones del pasado para un poco más, pero… Bueno, se me antojo escribir algo. Como muchos podrán haber deducido, Anna y Elsa se conocen de antes.
Cuando estaba planeando el fic, hice una división de acontecimientos entre lo que había ocurrido en el pasado y en su presente, desde cómo se conocieron, como se enamoraron y tal. Así que en ese momento, o mejor dicho en este capítulo el panorama es ligeramente distinto.
Tengo planeados al menos uno o dos capítulos más en este ambiente, para aclarar las cosas, y después nos regresamos a la temática actual. Ya saben como me gusta cambiar de contexto abruptamente, haha.
¡Disfrutenlo!
NUESTRA HISTORIA II
- 6 AÑOS ATRÁS-
— Ah… Wind… — Suspiró un hombre bonachón, con traje, corbata y una barra sobre el escritorio con el título de "rector". — ¿Qué haré contigo?
— Hm. — Una Elsa joven y completamente despreocupada, respondió alzando los hombros con indiferencia mientras miraba hacía la ventana.
— ¿Sabes que estas a punto de perder el curso? Es tu último año, necesitas calificaciones excelentes para salvar tus asignaturas ¿Eso no te preocupa? ¿No piensas en tu futuro? ¿En conseguir ingresar a una buena universidad? ¿Realmente no te preocupa? — Insistió el anciano, apoyando incluso los puños contra el escritorio. Se sentía frustrado, conocía el potencial de la rubia y le molestaba que no fuera aprovechado.
Saltarse las clases, ignorar las tareas o trabajos en escolares, eran actividades comunes en la vida de la joven Elsa. Ella realmente no sentía interés por sus estudios, a pesar de que disfrutaba leer, los textos del curso jamás le llamaban la atención; leía sólo aquello que conseguía atrapar su interés, documentos que en ocasiones estaban por encima del nivel del programa de estudios, también se le daban las matemáticas, era siempre el puntaje más alto en las pruebas, cosa que no le servía de mucho, porque el incumplimiento en las demás actividades bajaban notablemente sus calificaciones, consiguiendo apenas pasar con los puntajes mínimos para la aprobación.
— ¿Me estas escuchando, Wind? — Dijo un poco irritado aquel hombre, al notar que como siempre la chica tenía las manos metidas en el saco del uniforme, los hombros encogidos, y la mirada puesta en cualquier cosa menos en él. — No entiendo porque siempre te comportas del mismo modo, siempre que alguien trata de ayudarte no sabes agradecerlo, no aprovechas las oportunidades que te ofrece la vida, si tu madre te viera justo ahora… ¿Qué pensaría de ti? — Señalaba el hombre cada vez más indignado.
— Sabe que la dependencia dejara de pagar mis estudios cuando cumpla la mayoría de edad, ¿cierto? — Respondió Elsa esta vez, girando el rostro hacía el rector, mirando directo a sus ojos. — Y, no sólo mis estudios… Sino cualquier otro tipo de gasto de manutención… Que un trabajo de medio tiempo sirve apenas para pagar la matricula a una buena universidad, o en su defecto para pagar algún alquiler barato. — Elsa se inclinó hacía el hombre, apoyó los codos sobre el escritorio y junto apenas un poco las manos. — Dígame… ¿De qué me servirán mis calificaciones cuando está sola allá afuera?
El hombre tragó largo, era cierto, en algunas semanas más Elsa cumpliría dieciocho años. Estaba en su último año antes de la universidad, y ese sería el último periodo durante el que la dependencia donde era alojada se haría cargo de sus gastos escolares y de manutención. La vida para niños sin padres no era muy sencilla, y aunque desde que perdió a su madre cuando niña, el orfanato en el que había sido ubicada había hecho lo posible por asignarle un nuevo hogar, los problemas de conducta siempre hacían que la pequeña y rubia niña no durara mucho en una familia. Como un juguete defectuoso, era devuelto siempre, desde siempre había sido vista como una "chica problema", incluso entre los otros niños del orfanato era vista con cierto temor, solía estar sola. Nadie tenía realmente intenciones de ser su amigo, ni en la dependencia ni en la escuela.
El único que se atrevió a amistar con la rubia, y por mero accidente, fue un chico un par de años mayor a ella, un bribón engañoso y burlón, que tenía un historial de conducta parecido al de Elsa, Eugene Fitzherbert.
—…— El hombre exhaló, abrió el cajón derecho de su escritorio, sacó un folder con un par de hojas añadidas a él y lo dejó caer frente a la chica. Se puso, de pie, suspiró y le dio la espalda mirando hacía la ventana.
— ¿Qué es esto? — Preguntó con cierta acidez la rubia, sin si quiera tocar los papeles.
— Míralo por ti misma. — Respondió quedamente el rector.
— Egh… — Elsa suspiró con fastidio, incluso rodo los ojos, y como si no tuviera otra opción, tomó el folder, lo abrió y deslizó los ojos de izquierda a derecha con rapidez, tratando de averiguar sin rodeos de que se trataba. Como primer reacción, su ceño se frunció con extrañeza casi confusión. Alzó la mirada al rector, pausando un momento la lectura. — ¿Esto es…? — No terminó la pregunta, simplemente bajó de nuevo la mirada, cambió la hoja, y luego cambió la siguiente hasta terminar el documento, inspeccionó una vez más la portada, las cabeceras y tras corroborar que era lo que parecía, preguntó. — ¿Qué significa esto?
— Como has leído ahí, se necesita un promedio mínimo aprobatorio para ingresar, si no subes tus calificaciones no estarás calificada. — Respondió el hombre aún sin girarse.
— Si… Claro, lo leí, pero tal vez usted debería leerlo de nuevo, en especial el apartado de costos por examen de admisión y matrícula para empezar. — La rubia dejó caer nuevamente el folder sobre el escritorio, cruzándose de brazos y resoplando con molestia, sentía que el viejo se estaba burlando de ella.
— Hay posibilidad de ingresar con media beca pagada si apruebas con honores las evaluaciones de admisión. — Dijo el hombre girando medio cuerpo hacía Elsa.
— Sigue siendo mucho para mí, incluso para la dependencia… — Elsa negó y miró hacia otro lado sin deshacer el cruce de sus brazos.
— Hagamos un trato… — El hombre se quitó las gafas, apoyó las manos sobre el escritorio con suavidad y dejó la mirada caer sobre la azulada. — Si subes tus notas, me comprometo a pagar la prueba de admisión… Y si consigues la media beca… Yo pagaré el restante… — Sentenció el hombre en un tono demasiado serio, tanto que abrumó a la chica ¿Estaba hablando en serio? Elsa alzó una ceja, y pensó unos segundos su respuesta.
— Se está burlando de mí ¿Señor? — Cuestionó la chica sin cambiar su posición.
—. . . — El hombre se enderezó nuevamente y alzó las manos mientras miraba hacía un lado y luego al otro al hablar, como buscando una respuesta. — No puedo andar por la escuela sin escuchar lo fantástica que estuvo "la tocada de anoche" en donde curiosamente tú siempre resultas ser la protagonista…
Elsa alzó ahora ambas cejas y dejó caer su espalda contra la silla, se sentía complacida de escuchar eso, es decir, sabía perfectamente lo popular que era entre los jóvenes del instituto e incluso de escuelas vecinas de grados superiores. Pero que alguien ajeno al círculo se lo dijera, resultaba enriquecedor para el ego.
— Demuéstramelo entonces Wind, demuéstrame que eres tan 'grandiosa' como todos dicen, demuéstrame que no estás jugando a tener una banda con el vago de Fitzherbert… O en todo caso… Demuéstrame que tus profesores tienen razón… Que sólo eres un problema, una adolescente conflictiva… Que lo único que tiene es pose y un mal carácter. — El hombre habló claro, conocía a Elsa y sabía que esas palabras suyas eran como gruesos cinceles que escribían la palabra "RETO" contra la muralla helada que Elsa tenía para todo.
— ¿Eso quiere? ¿Jugar? — Elsa se puso de pie, sonriendo con sorna. — Este bien… — Tomó el folder con la convocatoria de la beca, la guardó en su maletín, se acomodó el estuche desgastado de guitarra sobre el hombro y asintió un par de veces. — Juguemos. Espero que este acostumbrado a perder. — Así, la menor se dio la vuelta, caminando con determinación a la salida, giró el picaporte de la puerta y antes de dar un paso hacia afuera, desvió la mirada hacía el rector. — Y por favor, no mencioné de nuevo a mi madre.
Un portazo fuerte anunció la salida de la chica, el hombre suspiró, se sentó de nueva cuenta en su acojinada silla. Cerró los ojos, acariciándose nuevamente la sien derecha como si el dolor de cabeza se hubiese atenuado un poco. Abrió los ojos con lentitud y desvió con suavidad la mirada hacía uno de los cuadros que tenía colgados a la derecha.
Las generación de alumnos de su primer año como rector, ahí, podía ver a una joven castaña, con exactamente los mismos rasgos finos que poseía Elsa, esa postura recta y perfecta que aunque la rubia quisiera disfrazar con su rebeldía, le era simplemente imposible. Idun Wind; la estudiante más destacada de aquella generación, una joven amable, dulce, solidaria, gentil, tranquila… Todo eso que Elsa no era.
— A veces me preguntó cómo es que pudiste concebir a ese pequeño monstruo… — Dijo el hombre en una sonrisa ladeada, y luego negó, se acomodó los lentes de nuevo, pretendiendo atender otros asuntos que había dejado pendientes por conversar con Elsa. — Sé que puede… Ella puede… Es tu hija después de todo… — Río un poco a solas, mientras se perdía nuevamente entre papeleo, documentos, firmas y demás.
Ese día después de clases, e igual que siempre Eugene esperaba a Elsa fuera del instituto. Y así volvían juntos a la dependencia o algún sitio que el mayor tuviera en mente. El castaño volvía de uno de sus trabajos de medio tiempo, en total tenía tres y aunque ya no vivía junto a Elsa, sino en un muy modesto departamento junto con otro par de rubios y grandulones gemelos, también miembros de la banda, pues era ya mayor, dos años mayor a Elsa exactamente.
Antes de que Elsa se encontrara con su amigo siempre había un grupo de chicas rodeándolo, regalándole cosas, preguntando, ofreciendo, invitando, tratándolo como un verdadero rey. Para cuando Elsa lo saludaba y este devolvía el saludo, las chicas se despedían presurosas, imaginando, equivocadamente, que entre ellos dos pudiera haber algún vínculo romántico.
El chico llevaba consigo una vieja motocicleta, que aunque parecía lucir en buen estado, tenía ciertos fallos mecánicos. Pero que los dos habían conseguido pagar gracias al dinero que ganaban tocando por las noches los fines de semana. Si bien se turnaban para usar, Elsa nunca dejaba que Eugene condujera si iba con ella, detestaba ser la chica abrazada al chico en el asiento trasero, prefería que Eugene ocupara ese puesto.
— ¿De verdad te dijo todo eso el viejo? — El castaño alzó las cejas sorprendido. Para luego pasarse la muñeca por la boca y limpiar los rastros de pizza de las comisuras de sus labios.
— Lo haré comerse sus palabras. — Dijo Elsa con el ceño fruncido, para luego dar un sorbo a la pajilla de su soda.
— No me refiero a eso Els, es decir… ¿Él…? En verdad… ¿Pagaría todo? — Eugene seguía incrédulo, con los ojos abiertos sobre su rubia amiga.
— Eso dijo. Da igual… — Elsa alzó los hombros como restándole importancia.
— No, no, no ¡No da igual! Es la mejor escuela de arte que hay en el país… Si tú estudias ahí… Seguro que te harías de muchos contactos… Gente… Personas… Enlaces… Que podrían servir para hacer conocida a la banda… ¿Te imaginas? — Explicó el muchacho, poniéndose de pie, limpiándose el pasto del trasero, que le había quedado por estar sentado tanto tiempo en el césped.
— Hm… — Su argumentó puso a Elsa a pensar, sólo tenía la intención de probarle al rector que era mucho mejor de lo que pensaban, y que no era nada de lo que sus profesores decían, le importaba poco continuar con los estudios, a pesar de que la propuesta academica tuviera que ver con su pasión: la música. Elsa sólo quería demostrarles a todos que era superior. Pero ahora… Su amigo tenía un punto, un punto que la había hecho reflexionar repentinamente.
— Bueno… Sólo piénsalo ¿Sí? — Pidió el chico para luego empezar a recoger toda la basura de la comida rápida que habían comprado. Se habían detenido a comer en el parque frente al lago. — Debo volver ya, o me despedirán… ¿Quieres que te pase a dejar? — Preguntó el joven mientras se colocaba el casco, acercándose hacía la moro.
— No… Me quedaré un rato aquí… Allá no puedo tocar sin que me molesten. — Explicó la rubia mientras hacía chocar sus palmas casi como aplausos para librarse de las migajas que la pizza había dejado en sus manos. — No olvides llenar el tanque, mañana empiezan mi turno… — Señaló la rubia aún sentada en el césped.
— Se, se… — Respondió con desganó el chico. — ¿Cómo puedes hablarle tan mandonamente a alguien mayor, eh? Estas chiquillas… — Negó el chico mientras se montaba sobre el vehículo de dos ruedas. Insertó la llave, y tuvo que dar al menos cuatro patadas a la palanca de arranque para que el motor encendiera. — Chatarra bendita, sabía que no me fallarías... — sonrió contento, devolvió la mirada a Elsa y se despidió. — Te veo mañana ¡Estudia mucho y no hables con extraños!
Así el joven avanzó, dejando una nube de humo grisáceo en el aire, haciendo toser un poco a la rubia, quien abanicaba al frente para dispersar aquella molesta masa creada por el escape viejo de la moto.
— Tonto… — Fue todo lo que dijo al encontrarse sola, y luego simplemente suspirar.
Si bien disfrutaba la compañía de su amigo, mirar alrededor y encontrarse en soledad, con extrañamente una o dos personas paseándose por el gran parque, le causaba sin duda una gran tranquilidad. El único sonido que escuchaba era el de las aves, el viento, las hojas y ramas de los arboles moviéndose a razón de la brisa y eso, era todo lo que necesitaba.
A esa hora de la tarde, aquel sitio resultaba peculiarmente vacío, quizá porque era la hora en que la gente común se reunía con sus familias, o amigos para compartir el tiempo de la comida. Elsa sólo tenía a Eugene y eso parecía estar bien, aunque en ocasiones le resultaba imposible imaginar cómo sería si su madre nunca se hubiera ido. No dramatizaba pensando en ello, sólo, le gustaba imaginarlo.
Como solía hacer al estar sola en aquel sitio, sacaba la guitarra de su estuche, su libreta con notas, disfrutando de la privacidad que le ofrecía el paisaje en ese horario. Empezando a jugar con los sonidos, con los acordes, sin buscar nada en específico, sólo tocando, esperando deshacer así la tensión que se había conseguido durante todo el día.
Y no era hasta que la luz del sol se empezaba a pintar naranja sobre el cielo cuando sabía que era tiempo de marcharse, no por que quisiera irse, sino porque de llegar más tarde le llamarían la atención por enésima vez en la dependencia. Así que, con desgano se encargaba de guardar sus cosas, la guitarra, su libreta, el saco que odiaba llevar puesto y terminaba por llevar en el hombro opuesto al que cargaba el maletín y su guitarra.
Como siempre caminaba hacía la salida, sin mirar realmente hacía el camino, se lo sabía de memoria y prefería andar con la vista hacia arriba, mirando como algunas hojas amarillentas, naranjas y ámbar de los árboles caían a razón del viento, el aún no llegaba y a pesar de ello ya había rastros de él en el aire. Esos eran los momentos que más disfrutaba, cuando se encontraba a solas, disfrutando de los pequeños detalles que la naturaleza ofrecía, era tan reconfortante, los problemas del instituto, los profesores, la dependencia, todo desaparecía, era tan tranquilo…
Pero su caminata agradable fue abruptamente interrumpida por un choque, que la hizo retroceder varios pasos, casi a punto de perder el equilibrio y caer, pero consiguió mantenerse de pie. Aunque bien pudo sentir como sus cosas caían al suelo deslizándose de sus hombros. Por instinto, buscó su guitarra, la encontró en el suelo llena de hojas, abrió de prisa el estuche y corroboró que todo estuviera en orden, estaba desesperada por encontrarle un desperfecto, de ser así, el inútil responsable lo pagaría. Pero para su fortuna todo parecía estar perfecto, fue entonces cuando se molestó el mirar hacia el frente, a la persona con la que había chocado. Y ahí encontró a una chica más desesperada que ella incluso, verificando que su cámara no hubiese sufrido ningún daño, al corroborar que todo estaba bien, dio un suspiró inmenso de alivio, mientras pensaba "Gracias al cielo".
Aquella muchacha de cabellos que bien podrían confundirse con el color del cielo en ese momento. Aquella chica al parecer no había podido mantener el equilibrio y había caído sobre su parte posterior, alrededor de ella había rollos de cámara, incluso algunos negativos sueltos y hasta algunas fotos.
Elsa sintió pena por esa pelirroja, no le había visto la cara pero con verla desde arriba bastaba. Le había ido peor que a ella misma, tras recoger su maletín y colocarlo junto con su estuche en el hombro se inclinó hacía la chica y sin saber exactamente por qué, una pizca de algo llamado amabilidad la envolvió. Después de todo Elsa andaba mirando hacia arriba mientras caminaba, se sentía culpable y responsable. Y así, empezó a tomar los rollos de cámara y meterlos en la que suponía era la mochila de la chica, sin si quiera buscar contacto visual sólo, ayudándola con el desastre provocado.
Aquella adolescente de rostro pecoso, cabellos naranjas, ojos celestes y un tinte aniñado en el peinado, era en efecto… Anna, la joven Anna de tan sólo dieciséis años de edad. Quien miraba estupefacta la escena, con las manos apoyadas sobre el suelo, las rodillas juntas y la boca abierta. Mirando a la rubia ayudando a recoger sus cosas. No se podía mover, no podía pestañear ni si quiera podía hablar. Todo su rostro se había coloreado por un abrazador tono rosado, que delataba el cumulo de sangre que se había concentrado en él, especialmente sobre sus mejillas.
El corazón de la pelirroja latía con tanta fuerza, que temía que la rubia pudiera oírlo, pero esta parecía no prestar atención, en realidad sólo quería ayudar y luego volver a casa. Pero cuando ya no había más negativos o rollos que recoger, Elsa prosiguió con las fotos, estaba a punto de tomar la primera cuando entonces, de pronto Anna reaccionó, alarmándose repentinamente, adelantándose a los movimientos de Elsa y tomar la fotografía primero.
De pronto la pelirroja se vio ahí, tomando una a una las fotos, con una velocidad que sólo podría compararse con la torpeza de sus acciones. Elsa quedó con las manos en el aire, alzando la vista para encontrarse por primera vez con aquel pecoso rostro. Anna sintió la mirada encima suyo y por impulso se atrevió a devolverla.
Sus ojos chocaron impetuosamente, tal y como lo haría un iceberg contra un poderoso remolino de fuego, sacando vapor y un sonido seseante e intenso tras el choque. No fueron cinco segundos, ni si quiera cuatro, probablemente sólo tres, suficientes como para que cada una pudiera grabar el rostro de la otra en su mente.
Anna fue la primera en huir la mirada, el iceberg había deshecho el remolino de fuego, este había escapado temeroso ante la imponencia del monumento congelado.
La pelirroja se apresuró a recoger el resto de fotografías, guardarlas en su carpeta y luego ponerse de pie apresuradamente. Elsa imitó su acción, levantándose con mayor calma, sin ser capaz de apartar la mirada de Anna, examinándola de pies a cabeza, desde las hojas que se habían añadido a su rojo cabello, hasta las que estaban sobre su ropa, que podría jurar había permanecido impecable hasta ese entonces.
Anna se acomodó la mochila, se abrazó a su carpeta y miró completamente avergonzada a Elsa, quería hablar, disculparse, no parecer una demente frente a ella, pero sus palabras simplemente no salían. Sentía sus labios entreabrirse, pero su voz la estaba traicionando, no funcionaba, por mucho que lo intentara.
Elsa la miró confundida, y al mismo tiempo, también quería decir algo, pero no lo hizo. Sólo trago largo, inclinó su cabeza hacía ella como si se disculpara, como si se despidiera, no sabía cómo, pero fue lo único que hizo.
Elsa se alejó algunos pasos, con el ceño arrugado, tratando de entender que había sido todo eso, se sacudió el flequillo en el que también tenía algunos trozos de hojas cautivos. Siguió caminando, y por alguna razón sintió el deseo de mirar hacia atrás. Lentamente giró el rostro sin detener su caminar y se encontró con aquella chica, mirando hacia ella también, pero que tras haber sido atrapada infraganti giró el rostro de inmediato, pretendiendo haber estado mirando algo en el suelo.
Elsa devolvió la mirada hacía su camino, bajó también el rostro y sin entenderlo sonrió por lo bajo, de todas las veces que había visitado aquel parque, era la primera vez que se encontraba con esa chica, de hecho la primera vez que se encontraba con alguien tan peculiar como ella.
Sin decir o hacer más siguió su camino de regreso a la dependencia, aquel día había vuelto de un humor tranquilo, se tomó la molestia de responder los saludos de los otros chicos y de sus superiores, cuando en realidad sólo solía saludar a los niños. A pesar del encuentro con el rector, y de los habituales regaños de sus profesores, el día tenía algo de pronto que lo hacía parecer no tan malo. Y sin darse cuenta, en la cena, en la convivencia y antes de dormir, el encuentro con la pelirroja se repetía en su mente una y otra vez. Probablemente por tratarse de un evento inusual, ya que nunca se encontraba con gente en ese sitio, también por la extraña disculpa ofrecida por la chica, o tal vez por lo exageradamente recta que lucía su ropa, quizá por el color de su cabello, el color de sus ojos, el rosa de sus labios, o lo dulce que se escuchó su voz a pesar de hablar con tanta premura.
Por una o por otra razón, ahí estaba esa desconocida, paseándose descaradamente en la mente de la rubia, sin que esta pudiera hacer algo por evitarlo.
— ¿Por qué tardas tanto en volver los viernes, ah? — Preguntó un Adgar sin cabellos canos, y ligeramente más vigoroso. — Deberé enviar de nuevo un chofer por ti.
— Padre, por favor… Es viernes… Los… Los chicos de mi edad, se relajan un poco después de clases…— Explicó Anna, ocultando su mochila tras la espalda con un pésimo disimulo. — Rapunzel me invito… Y-Y bueno yo…
— Anna. — El hombre alzó una ceja incrédulo, se acercó a su hija y le quitó los restos de hojas y ramillas que tenía en el cabello y parte de la ropa. — Me gustaría que el tiempo que usas para salir y tomar fotografías lo usarás para leer los libros sobre economía europea que te obsequie, no encontraras mejores tomos que los que he escogido para ti, cariño. — Terminó de decir el hombre, acariciando el mentón de su hija.
— Los estoy leyendo padre… Pero… Quisiera usar algo de mi tiempo libre para esto… ¿E-Esta mal? — Preguntó, mientras miraba al hombre con una expresión lastimera.
— Ah… No, Anna, no está mal… Sólo no dejes que esto sea convierta en algo más que un hobby. — Pidió el hombre, algo cansado de que su hija se distrajera entre pasatiempos que él no creía útiles.
— No lo haré padre… — Aceptó Anna con un aire de resignación en la voz.
— Bien, ve a lavarte, casi es hora de la cena. — Dejó un beso en la cabeza de su pequeña hija y la vio partir rumbo a su habitación.
Y así, como cada viernes después de volver de la biblioteca, Anna había visitado el gran parque de la ciudad, había caminado justo hacía ese lado del lago donde solía sentarse aquella rubia, que esperaba hasta que el muchacho castaño partiera para así sacar su guitarra y regalar acordes al viento con sus cuerdas.
Una vez más estaba ahí, en su cuarto de baño, aquel que sólo era iluminado por una luz roja, con el tapón puesto sobre el lavamanos y a medio llenar con agua, sacando una a una, las fotografías húmedas que ponía a colgar frente al espejo, en las que al pasar los segundos empezaban a dibujar formas, sombras, líneas, que parecían tener siempre la misma protagonista. Esa chica de cabellos rubios, con ese flequillo cubriéndole la frente y esa tranza cayendo siempre sobre uno de sus hombros, ese uniforme desalineado, camisa blanca con los primeros botones desechos, una corbata roja, floja, falda oscura y un saco del mismo color que por alguna razón, nunca cubría el cuerpo de esa chica con pinta rebelde. Esa que por coincidencia una tarde apareció en su cuadro de captura mientras fotografiaba paisajes en el parque y que… Desde entonces, había sido la única razón por la que volvía a ese sitio, esperando encontrarla ahí, a pesar de que ya había notado que sólo los miércoles y viernes parecía pasar tiempo en ese lugar.
— Ah…— Suspiró la pelirroja recargada sobre el muro del baño, mirando alrededor, todas las fotografías colgadas, donde el escaso veinte por ciento resultaban ser de paisajes, y el resto, fotos en las que la chica rubia aparecía. Anna negó bajando la mirada, cerró sus puños subiéndolos hasta debajo de su pecho y presionarlos un poco contra ella misma. — ¿Qué está pasando contigo, Anna? Pareces una demente… ¿Cómo es que esto llegó tan lejos? — La pelirroja desvió la mirada hacía su mochila, encima de ella su carpeta, misma en las que había dejado las fotos que cayeron esa tarde. — Si ella las hubiera visto… — Anna negó cerrando los ojos queriendo espantar esas ideas de su cabeza. — Esto… Tiene que parar Anna, o perderás la cabeza… Si no es que… La has perdido ya…
Era una locura, ese hábito suyo era una locura, lo sabía, no era normal. Más allá de andar tras una persona, como un acosador, o delincuente, tomar fotografías de esa persona en todos los ángulos posibles; el hecho de que esa persona fuera una chica… Era más extraño, considerando que Anna también lo era.
Aquel encuentro con su enigmática y extraña favorita, la había alterado demasiado. Pensar en la simple idea de que un día aquella rubia cuyo nombre desconocía, algún día pudiera atraparla con las manos en la masa, descubrirla siendo fotografiada, o que por descuido su extensa galería fuera descubierta. Sabía que las cosas no podían continuar así, algún día tendría que detenerse o las fotos no serían suficientes, verla de lejos sería demasiado poco para lo que su extraña obsesión empezaría a necesitar. Debía parar, lo sabía.
Después de aquel encuentro, pasaron cerca de dos o quizá tres semanas, en las que Elsa a propósito, caminaba por los alrededores del parque en lugar de sólo permanecer sentada en su sitio después de despedir a Eugene. Incluso se había tomado la molestia de visitar aquel lugar en días lunes, martes y jueves. Pensando que tal vez aquella pelirroja no estaría solo merodeando por ahí en miércoles y viernes. Pero a pesar de ello, no parecía haber rastros de ella, era extraño que la rubia se preguntara por esa desconocida. Ni si quiera había intercambiado palabras con ella, pero por alguna razón se imaginaba que un día de pronto en el parque iba a volver a verla, y quizá esta vez podría preguntar su nombre y decir el suyo. Pero los días seguían pasando y no había nada, tampoco es que se muriera por que ocurriera, pero había una espinita dentro suyo que no la dejaba librarse de aquel pensamiento.
Aunque irremediablemente al pasar el tiempo, cada vez pensaba menos en aquella chica. Después de todo había asuntos realmente importantes en los cuales centrar su atención. Por ejemplo, el nuevo reto que había marcado con su rector. Los profesores no se lo ponían fácil, les parecía injusto que de buenas a primeras Elsa quisiera subir sus calificaciones, así que le ponían algunas trabas y dificultades; pero la rubia no iba a rendirse, era una joven determinada y cuando quería algo, lo conseguía. Así que estaba dispuesta a esforzarse más de lo necesario para cumplir su cometido.
— ¿La biblioteca Els? ¿En serio? — Preguntaba Eugene con un aire de frustración en la voz, las manos elevadas a la altura de su pecho a punto de convertirse en puños. — Pero… Pero… Es martes de Cine… ¿Con quién se supone que iré? — Chillaba en un tono bastante aniñado el chico.
— Creo que tienes muchas opciones. — Decía Elsa, acomodándose el casco encima. Ya estaba encima de la moto, hoy no cargaba la guitarra, sólo su maletín que por primera vez en mucho tiempo llevaba libretas de las asignaturas, con la correa atravesándole el pecho y el saco atado a su cintura y su trenza cayendo por la espalda. — Tú fuiste el que me animo a esto después de todo…
— P-P-Pero… — Era cierto, él le había dicho aspirar a aquella universidad le haría bien a la banda. Y si Elsa quería ser aceptada debía estudiar, subir sus notas y prepararse para las pruebas. Por eso es que había decidido hacer de la biblioteca del centro su nuevo lugar más visitado. — ¿Qué haré sin ti?
— Sobrevivirás... — De una sola patada contra la palanca, Elsa encendió la motocicleta. — Te veo luego… — Y así, dejó atrás a su amigo en solo un par de segundos, con todo y su pataleta de niño pequeño.
Si bien Elsa no era del tipo de chica que amara los lugares de estudio, por primera vez en mucho tiempo era necesario hacer uso de uno de ellos, además que Arendelle a pesar de ser una ciudad modesta, contaba con una de las bibliotecas mejor abastecidas del país, sería un desperdicio no aprovecharla.
Esa tarde Elsa la pasó sentada entre un par de pilas de libros, tomando notas, haciendo apuntes, abstrayendo lo más importante de aquellos textos. Y descubrió, que el sitio no era tan molesto después de todo. En realidad era relajante, el silencio ayudaba mucho a la concentración. Si tenía duda sobre algo bastaba con buscar otro libro y enriquecerse más en medio de tanto conocimiento. Quizá y después de todo ese podría volverse uno de sus lugares favoritos.
Así, cuando el atardecer iba llegando, previniendo con su luz naranja que dentro de algunos minutos el sol se ocultaría, y la biblioteca misma llegaría a su hora de cierre. Fue cuando Elsa se encargó de devolver cada libro, preparar sus cosas y caminar rumbo a la salida. Las mesas cercanas estaban vacías, las personas que estudiaban como ella, se habían ido antes o también estaban entregando libros, se creyó la última persona ahí. Casi se sintió orgullosa de ella misma por parecer tan dedicada. Pero entonces, mientras caminaba entre mesas divisó una que aún tenía a alguien sentado y con un número igual o mayor de libros que Elsa había elegido rodeándole en pilas y pilas.
No era la gran cosa, podía haber alguien más nerd, era posible… No iba a prestar mayor atención hasta que se percató de algo peculiar. Ese color de cabello, ese peinado, y ese uniforme, lo había visto antes en otro sitio.
— Podría ser… — Murmuró la rubia para sí misma, mientras caminaba con pasos lentos hacía aquella mesa, rodeando algunas otras para no parecer muy obvia.
No podía ver bien el rostro de la pelirroja, estaba gacho en la mesa y los libros servían como barreras para su línea de vista. Forzándola a acercarse más si realmente quería descubrir algo. Sería extraño pararse frente a su mesa, cuando ya no había nadie más que ellas dos ahí. Debía pensar en alguna excusa, algo que decirle, ¿Qué podría ser? ¿Preguntar por un libro? ¿Preguntar la hora? Que idiotez, serían cerca de las seis si la biblioteca estaba por cerrar, no tenía idea de que diría, pero sus pies no se detenían, a cada paso estaba más cerca de la mesa. No quería ser vista como una demente, así que tendría que decir algo, pero… Que sorpresa.
La rubia quedó justo de pie frente a la mesa de la pelirroja. Y no supo exactamente cómo reaccionar cuando vio lo que vio.
La chica dormía… Ese pecoso rostro se encontraba durmiente, con la mejilla derecha recargada sobre un texto robusto, lápices, bolígrafos y libretas de notas a los lados. Realmente la mesa estaba echa un desastre, y aquella pelirroja parecía ignorarlo por completo, estaba realmente hundida en el sueño. Elsa no podía predecir desde hace cuánto, pero si que sin duda aquella chica no era cualquier estudiante, a diferencia de ella, parecía una estudiante dedicada y destacada.
— Disculpe señorita, ¿Podría despertar a su amiga? La hora de cierre esta cerca. — Susurró tras Elsa una amable anciana, la bibliotecaria.
— A-Ah… Bueno, en realidad ella no… — Elsa respondió con el mismo tono bajo de voz, tratando de explicar a la mujer que esa chica no era su amiga, pero la empleada no le dio tiempo.
— Deberías decirle que no se esfuerce tanto estudiando, pasa demasiado tiempo aquí… Y usualmente me da gusto que los jóvenes sean tan dedicados, pero… Ella necesita un respiro…— Explicó mientras daba un paso frente a Elsa. — Ha empeorado las últimas semanas, la dejo en tus manos ¿Si? — Una sonrisa fue el último gesto que la anciana dejó en Elsa para seguir su camino y verificar el resto de áreas de estudio.
La rubia beige bajó la mirada de vuelta a Anna y pensó en lo que la anciana acababa de decir. ¿Las últimas semanas de pronto "había empeorado"? Sin si quiera pretenderlo la mente de Elsa quiso enlazar ese hecho con su encuentro, pero tras sentirse demasiado vanidosa, sólo negó y dejó escapar un suspiro.
En realidad aquella pelirroja lucía hermosa durmiendo.
— Despertarla sería un crimen… — Se dijo ella misma. Se humedeció los labios y con cuidado, empezó a cerrar los libros abiertos a su lado, evitando hacer mucho ruido. No tardó en identificar el área del que habían sido tomados aquellos ejemplares, y sin despertarla, Elsa se dio a la tarea de acomodar libro por libro en el estante correspondiente. Eran bastantes libros así que se tardó al menos un tanto de minutos en dejarlos todos en su sitio.
Para cuando terminó con los libros, con mucho cuidado tomó las libretas de la joven y las fue dejando en su mochila, aunque… Sin poder evitarlo, una curiosa mirada se escapó entre aquellos cuadernos y entre ellos pudo captar, algunos datos.
— "Anna Blaze, primer año" — Susurró mientras cerraba aquel cuaderno y lo introducía en aquella infantil mochila. — Anna… Blaze… — Repitió para sí misma y luego sin saber por qué suspiró mirándola. Debía despertarla, pero simplemente no se atrevía, pensó que sería mejor si se marchaba, de cualquier modo ya había ordenado la mesa, los libros, sus pertenencias, la encargada podría despertarla y ella podría marcharse sin llevarse trabajo extra.
— Espero verte de nuevo, Anna Blaze… Yo soy Elsa Wind… — Le dijo sin parpadear, como si la menor no estuviera durmiendo, a pesar de que esta seguía respirando plácidamente, parecía estar teniendo un buen sueño. Elsa sonrió de forma débil, se ajustó la correa del maletín en el hombro, dio un paso hacia atrás, a punto de girarse e irse. Pero entonces, un sonido potente y casi ensordecedor a juzgar del sigiloso ambiente se hizo sonar. La fuerte campana del reloj ubicado en la cima del edificio.
Elsa tensó su cuerpo con la primera campanada, era un sonido muy fuerte, demasiado fuerte tanto que si la pelirroja no despertaba era por que definitivamente padecía de sordera.
La chica en efecto, se removió en su asiento, levantando desorientadamente la mirada hacía a los lados, como si tratara de entender en donde se encontraba. Elsa apretó con fuerza la correa de su maletín, completamente tensa cuando la segunda campanada sonó. Anna se talló los ojos y entonces la rubia volvió a dar otro paso en retroceso. Al parecer la pequeña pecosa aún no se daba cuenta de su presencia, quizá podría alejarse sin ser notada, si… Eso pensó hasta que con torpeza su espalda chocó con una de las mesas de junto, haciendo que esta se moviera sobre el suelo y se hiciera sonar el chirrido de las patas de la mesa sobre el suelo, en compañía de la tercera campanada del reloj.
Anna se sobresaltó girando de pronto su vista hacía la derecha, y entornando los ojos justo hacía Elsa, quien quedó inmóvil, de pie con las manos suspendidas en el aire y los labios apretados, había sido atrapada justo en el instante en el que menos quería ser vista.
— Oh… — Anna aún adormilada abrió la boca, dibujando una pequeña "o". Vio la figura de Elsa a contra luz, y pensó que en ese momento, su imaginación le estaba jugando otra mala pasada. Anna negó, se llevó los puños de nuevo sobre los ojos, y se frotó los ojos con mayor insistencia, realmente no creía que lo que veía pudiera ser cierto.
Elsa no desaprovecho la oportunidad. Tragó largo, se dio la vuelta y caminó a prisa a la salida. Se sentía tan avergonzada, aquel momento había sido tan embarazoso, pero tan embarazoso, seguro que ahora esa pelirroja pensaba que estaba loca, o enferma, acercándose así, y sin decir nada, chocando con una mesa ¡Pero que torpe!
Una vez fuera, Elsa se montó sobre la motocicleta, ni si quiera se dio un momento para colocarse el casco. Quería huir, no quería ser vista, no quería ser cuestionada, se moría de vergüenza.
Anna abrió los ojos y suspiró con cierta desilusión al darse cuenta de que en efecto, aquella rubia no estaba ahí, había sido otra broma de su subconsciente que durante los últimos días había estado bastante juguetón. Haciéndola ver a aquella rubia por todas partes, quizá el intento de Anna de ahogarse en sus estudios no era suficiente para sacarse a esa chica de la cabeza, quizá debería tratar otra estrategia, pues vivir en la biblioteca parecía no estar funcionando.
— Oh, querida… ¿Y tú amiga se ha ido ya? — Preguntó una voz dulce detrás, Anna giró el rostro y se encontró con la bibliotecaria.
— ¿Perdone? — Respondió Anna confusa.
— No pensé que después de ti hubiera alguien que se quedará estudiando hasta la hora del cierre. — Siguió la anciana. — Agradécele por haber acomodado los libros, ¿Si? Ahora vamos… Que ya es tarde. — Dijo haciendo sonar el enorme llavero circular que llevaba entre manos.
Anna sólo pudo asentir no muy segura, sabía que a juzgar de la iluminación y el aspecto vacío del lugar, ya era hora de cerrar. Se había quedado dormida de nuevo, eso solía pasar pero… ¿Amiga? ¿Qué amiga? ¿Quién había ordenado la mesa? ¿Dónde se habían ido todos los libros? ¿A caso… Realmente… Había visto a alguien?
CONTINUARA…
- REVIEWS -
TheSleepyKnight Bueno como tanto te molesta saber decidi adelantarme y explicar un poco más sobre el pasado de ambas, tal vez no es mucho lo que digo, pero es que quiero describir la historia de su pasado lentamente para que sientan el como los sentimientos empezaron a florecer, espero no te desespere! Saludos!
Madh-M Bueno hay más que eso, ahora sabes que hay un pasado, no debería decirte demasiado por que tu sabes demasiadas cosas ya {¿} Te he dicho que odiarás a Elsa en este fic de nuevo, pero creo que falta para eso, en el pasado no es alguien realmente mala, lo que la hará mala es algo que ocurrirá después, pero no te preocupes. Y bueno… Gracias por tu comentario, un beso
Danae Endemyon A veces me haces sentir sobre valorada, pero gracias por tus comentarios, que bueno que te guste, en serio, saludos!
AaronVS3 Je… Bueno, si no quieres leerlo tampoco es como que estes forzado haha, pero aun asi gracias por tu comentario, saludos!
Aara Black Gracias, creo que es la primera vez que nos leemos, quizá fue muy rápido, pero hay un trasfondo, no es como que se acaben de conocer, poco a poco las cosas irán quedando más claras, muchas gracias por leerme y comentarme, saludos!
licborrego Espero no haber actualizado demasiado tarde, haha, saludos!
m-vampire18 Bueno, Elsa siempre me gusta tierna con Anna, y creo que escribiré un poco de eso, pero de una vez te advierto que no va a durar mucho, en estos flashbacks probablemente te sientas comoda leyendo a la Elsa que retrato, pero no sé que tanto vaya a quedarte el gusto, sólo te advierto haha, y bueno espero que este capitulo del pasado te haya gustado. Gracias por leer, saludos!
LaMafer Muchas gracias por el review, trataré de mantenerte de buen humor lo más que pueda, haha, saludos!
Lorely Uff, si algo no te gusta siéntete con la libertad de decírmelo, hay muchas personas que lo hacen, haha, saludos!
Ichui siento mucho si te deje traumada con el fic anterior, este tendrá sus bajones, pero la idea es más una comedia romántica que un drama exagerado como el otro, haha, gracias por leerle y escribirme, saludos!
A Little death for you Bueno, antes que nada muchísimas gracias por hacerme ese comentario tan gigante, a pesar de lo frustrada que imagino debiste estar tratando de escribirlo. Al principio como te dije pensé que no iba a poder leerlo pero aforunadamente conseguí hacerlo al final.
Yo también amé bad blood, y es que me jode no poder oír una canción de Taylor sin que me pase una idea de lo que podría hacer con ella en una historia. Creo que si tuviera más tiempo llenaría este lugar de cosas Elsannaylor{¿?} por llamarles de algún modo a mis historias, haha y bueno…
Tu nombre de por sí es medio especial, luego tu avatar, luego tu seriedad {¿?} no sé, no sé, te imagino como una chica de negro, haha.
Sinceramente temía que el concierto pasara desapercibido, no quería que pareciera algo que esta de relleno, no me gusta colocar personajes por que sí, quisiera que todos pudieran tener una funcionalidad en la trama y que los lectores pudieran sentir agrado o desagrado por ellos, así que aproveche el concierto para enmarcar más aún sus personalidades, y la imagen de FH como tal.
Todas las preguntas que tienes sobre lo que ocurra después de este encuentro son medulares y evidentemente no puedo responderlas aquí, pero cuando las respuestas se vayan planteando en el fic, yo espero no me arrojes tomarazos haha.
Y bueno muchas gracias por las observaciones, a veces soy muy ansiosa y leo por encima las cosas antes de publicarlas, trataré de cuidar esos detalles, lo hice esta vez, creo. Gracias de verdad por tomarte el tiempo y la atención de hacerme llegar tu review! Saludos!
