Hola a todos, quiero decirles que este capítulo esta super largo, tiene poco más de 8,000 palabras. Después de este capítulo, volveremos al tiempo actual de la historia, de momento seguimos en el pasado con Elsa de 18 y Anna de 16.
Aunque por ser una historia que tiene el soporte en el pasado, seguro habrá más de un flashback incrustado como recuerdos de algún personaje (Elsa/Anna), lo digo por si les quedan dudas.
Y bueno, en este capítulo aparecen todos los hermanos Dunbroch, sé que los trillizos son menores, pero aquí los retrato como de mayor edad a Mérida, y los junto para hacer una banda con el sonido de Nightwish. Mientras que en el pasado Elsa y Flynn no eran parte de Frozen Heart, sino de una banda llamada The Thieves, con el sonido de System Of A Down.
Ahora bueno, gracias a todos esos silenciosos follows y favoritos, también a los no tan silenciosos reviews, realmente me toma tiempo escribir, y no hay mejor recompensa después del gusto de escribir que saber que alguien más disfruta leyendo lo que hago.
Así que sin más preámbulo…
¡Disfrútenlo!
NUESTRA HISTORIA III
Y no fue solo una vez, no fueron solo dos veces, de pronto y sin saber cómo se hizo un extraño habito. Estudiar hasta tarde, sentir como los ojos se le cerraban, sin darse cuenta en que momento preciso quedar dormida y después despertar tan sólo para darse cuenta de que el desastre de los libros, libretas, notas y demás había sido recogido por alguien más. En ocasiones conseguía intercambiar palabras con la bibliotecaria, y sacarle algunas pistas sobre su misteriosa "amiga".
Cada vez estaba más segura de que no eran alucinaciones suyas, que había una gran probabilidad de que aquella chica pudiera ser su rubia, la rubia de la que había estado intentando escapar todo este tiempo, y que sin quererlo terminaba atravesándose en su vida nuevamente. Tan segura estaba que, había empezado a llevar consigo una barra de chocolate con un post-it encima, con la leyenda "Gracias por ordenarlo todo". Dejaba el chocolate siempre encima del último libro cerrado, en espera de que este fuera aceptado como agradecimiento. Los primeros días el caramelo era ignorado, hasta que la leyenda cambió a "Acéptalo, o me enojaré mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho…" De pronto el dulce y los libros desaparecían. Anna se sentía contenta sabiendo que su "misteriosa" amiga, quien estaba segura era la rubia, aceptaba su regalo. Así que con el pase de los días, las notas en el post-it, iban cambiando, desde un "Esta barra es de edición limitada, morí cuando la probé ¡Te encantará!" hasta un "Deberías despertarme un día antes de irte gracias otra vez".
Pero de pronto un día, Anna se sentía especialmente animada, estaba dispuesta a encontrarse con la chica que cada día se encargaba de ordenar los libros por ella. No iba a dormir, había bebido sabrá dios cuantas tazas de café por la mañana, segura de que así podría soportar mantenerse despierta hasta la tarde, a pesar de lo mucho que odiaba el sabor amargo del café. Ese día la pelirroja iba a por todas, incluso al llegar, lo primero que hizo fue hablar con la bibliotecaria. Quien como siempre le recibió con un amable sonrisa y un cálido saludo.
— Por cierto… No sabe si… ¿Mi amiga ha llegado ya? — Dijo Anna mientras dibujaba círculos sobre el estante de la recepción.
— Oh, claro que si querida… Debe estar hundida en una de las mesas de fondo, como siempre. — Explicó con naturalidad. — ¿Será que esta vez se sentaran juntas? — Preguntó curiosa la mujer mayor y luego simplemente negó con las manos. — Que va, si ustedes dos llenan las mesas de libros, apenas y hay espacio para todos ellos… No podrían compartir una mesa. — Negó como si obviara la situación mientras volvía la mirada a algunas fichas de libros, ordenando las mismas tras el mostrador.
—Je… Je… — Anna se rascó la mejilla con el índice, con cierto nerviosismo. Y dudó por un momento. No es que desconfiara de las habilidades académicas de la rubia, pero no tenía pinta de una estudiante muy… Dedicada, así que temió por un momento que la bibliotecaria no hablara de su rubia. — ¿Esta segura que es mi amiga?
— Claro que si cariño, la chica alta, rubia y de cabello largo ¿No? — Dijo la anciana alzando sólo un poco la mirada hacía Anna para corroborar su información.
— ¡Si! ¡Ella! — Anna apretó los puños en emoción contra su pecho, dando un pequeño saltito, provocando que la mujer la mirara con una extrañada, pero alegre sonrisa. — B-Bueno… — Anna tosió y recuperó la compostura al percatarse de lo alterada que se había visto. — Iré… Iré entonces a lo mío… Muchas gracias por todo.
— Anda, no es nada querida. — La mujer se mantuvo sonriendo, despidiendo a la pelirroja que, se esforzaba por contener su gran emoción.
Y entonces, como siempre la chica del pecoso rostro continuó con su rutina, eligió algunos libros que había estado revisando el día anterior, se encontraba entre pasillos, cargando algunos cuantos tomos, rebuscando otros. Cuando parecía haber tomado los más importantes y se dirigía hacía su mesa, que según lo dicho por la bibliotecaria estaba en el extremo contrario de donde la rubia debería estar… Cuando estaba por girar el pasillo… Puf.
Sintió un cuerpo impactarse contra el suyo, los libros caer, las hojas que llevaba en mano salir volando y su cuerpo mismo caer hacía atrás, usando como solía hacer su retaguardia como soporte para la caída.
— O-Ouch… — Se quejó la pelirroja, sobando su frente.
— Lo siento, lo siento, lo siento… — Se escuchó una voz muy alterada, una voz que Anna conocía.
— ¿Rapunzel? — Anna abrió los ojos de pronto, encontrando a su amiga recogiendo ya todos los libros. — P-Pero… ¿Tú en la biblioteca?
— ¿Anna? — La rubia sol miró a su amiga con cierto espanto y luego terminó por dejar salir un largo suspiro, rodando los ojos y abrazándose a los libros recogidos. — Ok, puedes burlarte… Adelante, tenías razón.
— ¿Qué haces aquí? — Dijo Anna aún sin entender, mientras le ayudaba a recoger todo lo tirado, y luego levantarse de poco en poco junto con su amiga.
— Lo que tu dijiste… — Respondió entre dientes la rubia sol.
— ¡Aja! — Anna señaló a su amiga con victoria. — ¡Te dije que no podrías aprobar todos los exámenes sin estudiar si quiera un poco! ¡Sabía que terminarías aquí después de todo!
— ¡Shhh! — Se escuchó un coro al fondo, gente que exigía silencio a ambas chicas. Quienes respondieron con susurros de lo siento, y de pronto bajaron la voz.
— Pues bien, tenías razón… Papá y mamá han estado muy estrictos conmigo… Así que… Ff… Aquí estoy. — Aceptó resignada la rubia. — Que mal… Y yo que me había esforzado mucho estos días por que no me vieras. — Confesó la chica.
— ¿En serio? — Preguntó Anna risueña.
— Si… Es hasta que te duermes cuando por fin puedo escapar. — Siguió contando la rubia.
— ¿Qué…? — Anna sintió su rostro desencajarse y su corazón hacerse pequeño.
— Sí, ya sé que debes estar pensando. — Dijo Rapunzel, colocando los libros sobre la mesa más cercana. — "¿Cómo aguanta tanto tiempo entre libros?" Sólo ha sido los últimos días…
— ¿E-Entonces tú…? ¿Te has estado escabullendo todos los días mientras estoy dormida? — Preguntó mientras la miraba de pies a cabeza. Ahí estaba, su amiga de la infancia, con algunos centímetros más que ella misma, si Rapunzel era alta, con cabellos rubios y definitivamente largos… Esa era su amiga, "alta, rubia y de cabello largo" Entonces… Pero que tonta, sus fantasías la habían hecho pensar en algo completamente erróneo.
— Si, supongo que me arriesgue mucho haciendo lo que hice… Pensaba que en cualquier momento despertarías y me verías. — Terminó de explicar la rubia sol.
La rubia de sus fotos nunca había estado en la biblioteca, pero Anna estaba tan ensimismada con creerlo que termino por hacerlo, era ahora que se daba cuenta de que Rapunzel era la "amiga" de la que la bibliotecaria hablaba. Anna bajó con tristeza la mirada, todas sus ganas por permanecer despierta aquel día se habían ido, no importaba si dormía o no… Nunca vería a aquella chica acercarse, ordenar sus libros, esa fantasía suya acababa de ser quebrada por su mejor amiga.
— ¿Anna? ¿Estás bien? — Preguntó Rapunzel al notar el cambio en la pelirroja.
—. . . — Pero Anna seguía ausente, estaba despertando de un buen sueño, chocando con la realidad.
— ¿Anna? ¿Hey, Anna? — La rubia sol movió de un lado a otro la mano frente el rostro de su amiga, pero no fue hasta que chasqueó los dedos cuando esta entró en razón.
— A-Ahm ¿Si? — Preguntó la pelirroja tras haber sacudido el rostro.
— Te fuiste… Por un momento… ¿Pasa algo? — Preguntó Rapunzel extrañada.
— N-No… No… Sólo que… Bueno… He estado estudiando un montón… — Se excusó la más baja.
— Uhm… Eso es cierto…Y no creas que no lo he considerado… Iba a decírtelo mañana, pero creo que este buen momento… ¿Harás algo el sábado por la noche? Yo tengo plane… — Antes de que Rapunzel siguiera, Anna interrumpió.
— No, sabes que no me g… — Pero la rubia se apresuró a continuar.
— ¡Esta vez será diferente! Y he oído que varias chicas de nuestra clase irán… ¡Será divertido! — Agregó Rapunzel.
— ¡Shhh! — Fueron reprendidas de nuevo, encogidas de hombros recuperaron el tono bajo en su voz.
— No, no… A papá no le gustan nada esas cosas… Si se llega a enterar me mata. — Dijo Anna sentándose por fin.
— Por favor Anna, esta vez no será solo una banda… Serán muchas, puede que una entre tantas te guste… Además… Pensaba escribir un artículo sobre el evento y publicarlo en la gaceta de la escuela. — Explicó su amiga.
— ¿Y? No me necesitas. — Anna tomó uno de los libros, fingiendo que era más importante que lo que su amiga decía.
— De hecho sí… Necesito que alguien tomé las fotos… ¿Quién mejor que tú? Un artículo no es un artículo sin buenas fotos… Por favor Anna, por favor… — Susurró la rubia sol de forma suplicante, con los puños sobre la mesa y una expresión que conmovería a cualquiera.
— No hagas esa cara… — Regañó la pelirroja.
— Por favor… — Insistió Rapunzel con la misma expresión.
— Que no la hagas… — Dijo Anna tratando de no mirarla.
— Esta bien… — Rapunzel bajó la mirada, aún con ese gesto. — Iré sola… Sin ninguna compañía… Y escribiré un aburrido artículo sin fotos… Nadie lo leerá y tiraran la publicación del mes a la basura… Me dirán que no puedo seguir siendo del club de periodismo… Dejaré la escuela y viviré bajo los puentes pensando… ¿Cómo habría sido mi vida si Anna me hubiera acompañado y tomado esas fotos para mi artículo?
— ¡Eish! ¡Esta bien te acompaño! — Dijo la pelirroja rindiéndose ante el acto persuasivo de su amiga.
— ¡Gracias! — Rapunzel se abalanzó sobre la mesa para abrazar con fuerza a su pecosa amiga.
— ¡Shhh! — Y una vez más fueron reprendidas por el alboroto.
Era difícil que Anna pudiera negarse a cualquier propuesta hecha por la rubia sol, y ambas lo sabían, a final de muchos ruegos o suplicas, siempre se hacía lo que la mente de Rapunzel planeaba. Así, ambas amigas se despidieron.
Ese día Rapunzel no podría quedarse hasta tarde en la biblioteca porque tenía una cena con sus padres. Sin embargo Anna seguiría con su rutina, aun sabiendo que las ganas que tenía de estar ahí se habían esfumado al enterarse que todo este tiempo se había dejado llevar por los deseos de su imaginación.
Las horas pasaron como habitualmente, el bolígrafo de Anna se movía ágil sobre el papel, haciendo anotaciones, cuadros, diagramas, usando cualquier herramienta de cognición para poder retener la información en su mente y plasmar la misma de una forma que ella pudiera recordarla mejor. Pero sobre todo, mantenerse ocupada y esforzarse al máximo por no pensar en aquella rubia que no había visto desde hacía más de lo que podría soportar.
Así, de pronto y sin darse cuenta la tinta había dejado de dibujar letras, no, ahora estaba dibujando líneas curvas que terminaban por formar una silueta especial. Una figura femenina de pie, caminando entre hojas secas, el rostro siendo cubierto parcialmente por un modesto flequillo, una perfecta trenza cayendo por el hombro de aquella figura, una corbata mal puesta, y un estuche de guitarra sobre el hombro.
Otra vez estaba ahí Anna, fantaseando, dejando que sus sueños alteraran su realidad, lo dicho en libros dejaba de ser importante, sus parpados a medio cerrar y la fragilidad de sus dedos contra el bolígrafo era todo lo que tenía, estaba siendo seducida una vez más por el sueño que le invitaba a caer, dejar atrás la realidad y permitirse encontrarse en sueños una vez más con su rubia favorita. Con aquella que le hacía soñar sin si quiera saberlo, aquella que resultaba ser la dueña de sus más íntimos deseos, de todos sus ideales, de todas sus aspiraciones… Sin si quiera tener idea de que lo era.
En sus sueños… Era el único lugar donde podía verla, donde podía hablarle, donde podía estar cerca, donde no parecía una locura, ni una imposibilidad.
Como siempre, como si nada hubiera cambiado, despertó cuando la luz naranja del atardecer se hacía presente, miró a su alrededor con los ojos somnolientos. Aún había gente… Miró su reloj de muñeca, 5:15 PM, aún faltaba un poco para la hora de cierre. Con el corazón esperanzado, rebuscó en la mochila… Sacó la barra de chocolate que había preparado con especial esperanza aquel día, cuya nota tenía sólo una palabra entre signos de admiración, y que a diferencia de las demás notas no estaba pintada con marcador negro, si no con rojo y un grosor mayor. "Despiértame".
Una parte dentro de ella quería creer que aún cabía la posibilidad, que tal vez Rapunzel se había confundido, que tal vez ella misma se había confundido… Que tal vez, si volvía a dormir al abrir los ojos, ni la barra ni los libros estarían más.
Dejó la barra sobre el último libro cerrado, cruzó los brazos sobre la mesa y ocultó su rostro en ellos, decidiendo volver a dormir. No le costó trabajo, estaba tan acostumbrada a hacerlo, que la cafeína consumida durante la mañana, resultaba simplemente inofensiva para su organismo y su sentido del sueño.
La gente empezaba a retirarse, los movimientos de páginas cambiando, lápices, susurros, de poco en poco desaparecían. Lo único que podía oírse era la durmiente respiración de Anna inhalando y exhalando entre la pila de libros que la resguardaban.
Los minutos corrieron como gotas de agua al inicio de la lluvia, y así el gran reloj dio su primera campanada, segunda… Tercera… Y, como siempre… Era con la tercera campanada de las seis dadas, que la pelirroja despertaba… Pero esta vez… Se negó a abrir los ojos… Oía, sentía todo lo que había a su alrededor, pero se negaba a abrir los ojos ¿Y si los abría y los libros y el chocolate se mantenían ahí? ¿Y si todo estaba tal cual lo dejo? Entonces… ¿Qué haría?
Dejó pasar casi un minuto hasta que las seis campanadas sonaron, debía abrir los ojos… Debía enfrentar la realidad. Después de todo era posible… Su rubia también era alta y tenía un cabello que bien podría entrar en la categoría de largo. Nunca la había visto sentada en el área de mesas que ella elegía, así que si, podría estar del otro lado estudiando, su apariencia no significaba nada, la biblioteca estaba llena de libros de todo tipo, no tendría que vestir como ella para ser una amante de la lectura… No… Era posible, si, podía ser, ella, podría estar en lo correcto, si… Si… Así era, era ella… Debía ser ella, no podía ser nadie más… Nadie, así, se decidió y Anna abrió los ojos por fin…
Los libros seguían allí…
La barra de chocolate también…
No era ella, nunca fue ella, jamás sería ella…
El corazón de la pelirroja se encogió aún más de golpe, sus ojos por alguna extraña razón se sintieron temblorosos y brillosos de pronto, su garganta ató un nudo que sería difícil de deshacer… ¿Por qué dolía? ¿Por qué si ni si quiera la conocía? ¿Por qué una extraña podía hacerla sentir de ese modo? ¿Cómo había dejado que una desconocida se convirtiera en la protagonista de todos y cada uno de sus sueños?
¿Qué importaba? Ella nunca lo sabría, no había nada que pudiera hacer, no había nada que pudiera cambiar las cosas… Sus sueños, sueños eran.
Con toda la pesadez del mundo se puso de pie, restregó sus puños contra sus parpados, asustando cualquier rastro de llanto de ellos. Y como si cada libro pesara una tonelada, tomó uno a uno con desganó, dispuesta a devolverlos por su cuenta. Todavía mirando por el rabillo del ojo hacía los lados, esperando encontrarla, disculpándose por no haber llegado a tiempo, imaginando que pudiera quitarle los libros y susurrar "Yo lo hago". Pero claro… Eso no pasó, Anna dejó el último texto en su sitio. Recogió todas sus cosas, incluido el chocolate que nunca llegó a su destino. Sin ganas caminó hacía la salida del gran edificio, sin querer volver a pisar ese sitio de nuevo… Pero antes de que pudiera salir, escuchó la voz de la bibliotecaria llamarle.
— Ah, pero si seguías aquí… Creí que habías ido también, querida. — Expresó con un especial tono de preocupación. — ¿Todo está bien, cierto? — Preguntó al final, dejando a Anna perpleja, no entendía que quería decir.
— Si… Bueno… — Anna trató de responder ambiguamente.
— En realidad pensé que saldrías corriendo junto con ella, esa llamada pareció seria… — Suspiró la mujer y luego rebuscó en su bolsillo. — Pero si dices que todo está bien… Me alivia un poco, sin embargo… — Entonces la mujer extendió un recuadro plastificado hacía la pelirroja. — Dejó caer esto sin darse cuenta ¿Podrías dárselo?
— ¿Ah? — Anna recibió por inercia aquella credencial, la tomó entre sus manos y cuando sus ojos se pasearon por encima de aquel rectángulo encimado, todo el color que perdió su corazón regresó abruptamente, recuperando ese tono rojizo, intenso y palpitante.
"Instituto Oficial de la Ciudad de Arendelle, Elsa Wind, Tercer Año"
Su rubia, era su rubia, podría reconocerla en cualquier lado, después de haber tomado tantas fotos suyas, su rostro se había tatuado en su mente con tinta imborrable, era ella… Era ella, su desconocida, su extraña favorita, la dueña de sus sueños.
— Iba tan apresurada que me imagino no se percató si quiera… Espero que todo este bien, si hay algo en lo que yo pueda ayudar… No duden en decirme. — Se ofreció con toda la gentileza del mundo aquella amable anciana.
— C-claro… Yo… Yo se lo haré saber… Muchísimas gracias— Asintió Anna aun sin creérselo, quería saltar, gritar, aquella anciana simplemente le había devuelto la vida.
La pelirroja se despidió de la mujer, agradeció una vez más su atención y salió a pasos tontos del edificio, con la mirada perdida, casi tanto como su caminar, pestañeando con imprecisión… Y de pronto… Sentir como una poderosa sonrisa se hacía de su rostro, una sonrisa que no se borraría con nada. Sus piernas empezaron a moverse, una frente a la otra, fuertes, rápidas, vivas… Corría, corría sin rumbo aparente, con el corazón al mil por hora, corría con esa sonrisa, ese acelerado palpitar, esa fuerza, esas ganas, esa felicidad, era ella, siempre fue ella, debía ser ella. ¡Era su rubia! ¡Siempre fue su rubia!
Sin darse cuenta, sus pies la habían llevado a ese lugar. Esa vereda custodiada por arboles naranjas, ámbar y rojizos, que dejaban caer generosamente las hojas sobre el suelo, tapizando el mismo con sus colores fuego; ese túnel de troncos donde había chocado con la rubia, donde sus ojos se encontraron, donde su corazón se detuvo y donde terminó de entender que nunca se había sentido así por una persona.
Sin embargo, a diferencia de la pelirroja, la rubia no se encontraba en las mismas eufóricas y alegres condiciones. Estaba lejos de aquel parque, de hecho estaba en un lugar ajeno a todo el color que tenían las hojas, el lago o el cielo. Todo era blanco, azul quizá… Había gente con batas yendo y viniendo, personas preocupadas esperando, otras felices y aliviadas. En este caso, ella era una de las que esperaban preocupadas. Hasta que un hombre con cubre bocas y bata salió de la sala contigua dirigiéndose a ella.
— ¿Cómo está? — Preguntó la joven rubia apresurada.
— Estable… Fue una falsa alarma… Afortunadamente. — Dijo el doctor, mientras se descubría el rostro.
— Ah… — Suspiró aliviada la rubia. — Gracias al cielo… — Cerró los ojos sintiendo como su corazón era liberado.
— Sin embargo, hay algunas anomalías en los síntomas que necesitamos revisar… — Continuó el médico. — Estará en observación hasta que tengamos el resultado de los últimos análisis.
— ¿Hay que preocuparse? — Dijo Elsa con los brazos cruzados.
— No podemos saberlo aún. — Concluyó el hombre.
— ¿Puedo verlo? — Pidió la menor.
— Sólo unos minutos, necesita descansar. — Explicó el doctor.
Elsa asintió, agradeció al médico y paso de él, para así adentrarse justo a la sala de la que había salido el hombre con bata, una enfermera salió después de ella, Elsa le agradeció también y luego se dirigió al hombre ubicado en la camilla, conectado a una manguerilla que proveía suero a su cuerpo.
— Ah… Wind… ¿Qué rayos estás haciendo aquí? — Preguntó con molestia el rector.
— Lo siento, llamaron a su mascota… Pero dado que aún no son legales los permisos de conducir en animales, me temo que su San Bernardo no pudo venir. — Dijo la rubia, mientras caminaba hasta posicionarse a un lado de la camilla.
— Es tarde, van a llamarte la atención en la dependencia si no te vas ahora mismo. — Reprochó el hombre.
— ¿Cómo se siente? — Preguntó Elsa, ignorando olímpicamente los regaños del rector.
— Estoy perfecto, estos ridículos doctores exageran todo. Espero que no tarden mucho, quiero irme a casa ya mismo. — Replicó fastidiado el hombre bonachón.
— Tres ataques cardiacos en lo que va de un año son dignos de exageración. — Contraatacó Elsa. — Se quedará esta noche aquí, y quizá un par de días… Hasta que tengan los resultados del último análisis. — Explicó Elsa.
— ¿Qué? Esto no puede ser, tengo asuntos que atender en el instituto, necesito hablar con el doctor ahora mismo. — El hombre se apoyó sobre sus codos, e intentó levantarse, pero la rubia se adelantó, empujándolo hacía atrás.
— Ya avise, han dejado a alguien a cargo, todo estará en orden cuando usted vuelva. — Sentenció la rubia.
— P-Pero… — El hombre trató de replicar.
— Deje la rebeldía para alguien como yo ¿Quiere? — Elsa sacó una de sus libretas, anotó en un trozo de papel el número de su amigo y lo dejó a un lado. — Este es el número de Flynn, si necesita algo mientras yo no este llámelo a él, le diré que venga a verlo por las mañanas. Yo vendré después de clases. — Explicó la rubia, sin si quiera mirar al hombre, guardando de nueva cuenta sus cosas, preparándose para irse.
— No quiero ver a ese vago aquí. — Replicó una vez más el rector.
— Por favor… No sea obstinado y siga las instrucciones de los médicos. — Continuó Elsa, mientras caminaba hacía la salida de espaldas. — ¿Qué diría mamá si lo viera haciendo semejante pataleta? — Dijo la rubia, mirando a los ojos del hombre, quien enmudeció por la retórica de la chica. Y como si le cediera la razón, tan sólo bajó la cabeza y asintió con cierta vergüenza.
Sin palabras de despedida o de mayor afecto, la rubia salió de la sala, compartió algunas palabras más con el doctor y terminó por salir del hospital.
Llegó a la dependencia, recibió el regaño de siempre y llamó a Flynn casi en seguida.
— ¿Qué? ¿Otro ataque? ¿El viejo está bien? — Se oyó la voz preocupada del castaño al otro lado de la línea.
— Si, eso creo… Parece estar bien, pero necesito que vayas a verlo en tus descansos por la mañana. — Pidió la rubia.
— Claro, le llevaré algunos postres, la comida del hospital debe ser un asco. Tal vez así deje de odiarme. — Río divertido el chico.
— Dudo que deje de odiarte, pero yo apreciaré el gesto. — Sonrió Elsa.
— También dudo que lo haga, pero iré igual, no te preocupes por eso Els, yo me encargo ¿Quieres que haga algo más? — Preguntó el muchacho. — En serio, cualquier cosa, lo que sea.
— No… Por el momento es todo… ¿Por qué tanta amabilidad? — Preguntó extrañada.
— Bueno… Tus pruebas cada vez están más cerca… Y además… El torneo de bandas es el sábado… Y… Quiero que estés lo mejor posible… Y que des lo mejor de ti. — Dijo sincero su amigo.
— No te preocupes… He estado estudiando y practicando mucho. Todo saldrá bien. — Afirmó la rubia.
— Esta bien, confió en ti. Ahora duerme que ya es algo tarde para una chiquilla como tú. — Bostezó el castaño al otro lado de la línea.
— Te mueres de sueño. — Afirmó Elsa. — Buenas noches, y… Gracias por todo, tonto.
— Jum, no es nada… Somos amigos después de todo ¿No? Los mejores amigos.
— Los mejores…
— Buenas noches, Els.
— Buenas noches.
La llamada terminó, y ambos, quedaron rendidos sobre la cama. Después de todo, los trabajos de Flynn ocupaban todo su día, y Elsa había estado teniendo una vida muy ocupada desde que hizo el trato con el rector. De quien por cierto, no podía evitar sentir preocupación.
Aunque aquel viejo barbón fuera quien más castigaba, regañaba y fastidiara a Elsa con respecto a sus responsabilidades, en realidad era porque se preocupaba por el futuro de la joven Wind. El hombre había sido muy cercano a su madre y después de que esta falleciera, incluso había tratado de adoptar a la pequeña rubia, pero un hombre soltero, y tan ocupado como él simplemente no calificaba como buen candidato para quedarse con la custodia de la niña.
Y no era mentira que el rector, realmente odiaba el comportamiento rebelde y contracorriente de Elsa, no concebía la idea de pensar que Elsa podría ser hija de Idún, si la actitud de la rubia era todo lo contrario a la castaña. De cualquier modo, el hombre sentía un compromiso moral con la memoria de la mujer, y desde su partida, había procurado a la pequeña Elsa, lo más posible, aún si no lo pareciera. Quizá y al pase de los años, la obligación que sentía el rector se había transformado en aprecio por la impetuosa rubia.
Los siguientes días, Elsa no se quedaba en la biblioteca, tomaba prestados algunos libros y eran los que llevaba hacia el hospital, para estudiar mientras se quedaba con el viejo bonachón. Quien en principio regañaba y demandaba a la rubia el salir de ahí, diciendo que no era un niño y no necesitaba que lo cuidaran. Pero después había simplemente aceptado el relevo de Eugene y Elsa, quienes se mantenían haciéndole compañía.
Mientras Eugene estaba, el castaño le hablaba de las cosas que había hecho en el trabajo, aunque el rector parecía ignorarlo completamente, pero en realidad había conocido un lado del muchacho que no conocía, y su percepción hacía él había empezado a cambiar un poco.
Mientras Elsa estaba, el silencio era el predominante, hasta que alguno se atreviera a hacer una pregunta seca, que tenía una respuesta seca y luego otro largo lapso de silencio. Ella preguntaba sobre su estado, mientras él preguntaba sobre sus exámenes y algunos otros detalles de la escuela.
— No quiero que vengas mañana. — Dijo el hombre de pronto.
—. . . — Elsa sólo alzó una ceja y apartó la mirada de su libro sin moverse. — Vendré.
— No quiero, el médico me ha dicho que estoy mejor, me darán de alta en unos días. — Prosiguió el hombre. — Y por el vago, sé que tienen planes mañana.
— No es importante. — Negó Elsa.
— Lo es, has estado viniendo todos los días aquí… No has practicado nada, sé que después del examen teórico, la última prueba es práctica… Cuando los críticos te escuchen… Es cuando deciden si mereces entrar o no. — Explicó el rector. — Ese concursito suyo podría servirte.
— ¿Me está alentando para ir? — Ladeó una sonrisa divertida. — A esos lugares bajos, de mala muerte y perdición… — Se burló de él, usando las palabras que el mismo rector usaba para referirse a esos eventos.
— Ugh, haz lo que quieras entonces, Wind. — Negó el hombre, devolviendo la mirada al periódico.
— Siempre lo hago, descuide. — Dijo Elsa sin borrar su sonrisa, volviendo la mirada al libro.
Y es que los días habían pasado rápido, mañana sería sábado por fin. Antes del reto del rector, o el encuentro con la pelirroja, ese sábado había sido marcado en el calendario de Elsa como uno de los días más importantes, era el concurso de bandas de la ciudad. Eugene, ella y los hermanos Stabbington participarían bajo el nombre de "The Thieves", aunque el par de fortachones nunca habían estado de acuerdo con la participación de Elsa dentro de la banda por ser una chica, gracias a Flynn y a sus habilidades con la guitarra, Elsa se mantenía como miembro de la banda.
Pero tras conocer a la pelirroja y lo ocurrido con el rector ese día había perdido importancia, lo único en lo que pensaba era en si el hombre podría recuperarse satisfactoriamente, si podría aprobar el examen de admisión, y sobre todo… ¿Qué pensaría "Anna Blaze" estos días que no había podido ir a ordenar sus libros y a tomar como agradecimiento aquellas siempre deliciosas barras de chocolate?
— ¡Wao! ¡Ellos ganaran! — Dijo un emocionado Hans mirando hacia los lados donde su hermana menor y su mejor amiga.
— Lo sé, todos apuestan a que The Bears se llevara el premio esta noche. — Asintió Rapunzel igual de emocionada. — ¿Sabían que los cuatro integrantes son hermanos? — Contó la rubia sol.
— Lo creería… La vocalista y los chicos tienen el mismo color de cabello. — Sonrió Hans dando un trago a su bebida.
— Si, pero sólo ella tiene un cabello tan… Especial… — Alzó las cejas Anna.
— Ese cabello la ha hecho famosa. Aunque tienes razón, en realidad no sé por qué se llaman The Bears, con ese cabello… — Comentó Rapunzel, codeando a Anna.
— ¿No esperarían que tuvieran el nombre de algún producto para el cabello o sí? — Agregó Hans provocando las risas de las menores.
— Por cierto Anna, ¿Por qué traes tu mochila? — Preguntó Rapunzel con curiosidad.
— B-Bueno… Es que… Amo el estudio y… — Trató de buscar una excusa, pero Hans se adelantó.
— Pretendía salirse de casa diciéndole a papá que iría a la biblioteca. — Dijo Hans negando con una divertida sonrisa.
— Es un maravilloso plan… Si tu padre pensara que la biblioteca está abierta pasadas las diez en fines de semana. — Rapunzel volvió a reír y el mayor le acompañó en risas, haciendo sentir un poco avergonzada a Anna.
Anna había sido casi atrapada mintiendo a su padre, pero gracias a Hans había podido venir al evento con Rapunzel, descubriendo que su hermano tenía intenciones de venir al mismo lugar clandestinamente.
Con la diferencia de que para cuando los tres estuvieron dentro, Hans modifico su vestimenta, dejando en el auto su vestidura de hijo de familia, para terminar con unos jeans desgastados, una camisa de tirantes negra con el logo de la banda ACDC en medio. Rapunzel, no distaba mucho del estilo de Hans, llevaba un par de shorts cortos, desgarrados por los bordes, una camisa de cuadros negros, grises y blancos y debajo un top que dejaba a la vista su plano y blanco abdomen. Mientras que Anna vestía como usualmente lo hacía… un suéter holgado de rombos, una camisa blanca debajo que hacía relucir el cuello perfectamente liso, abotonado hasta arriba, una falda tableada, acompañada por un par de medias largas, que apenas y dejaban ver algo de piel. Sin duda Anna desentonaba entre toda la gente habida ahí.
Cada banda iba subiendo al escenario, presentándose con una canción, que debía ser creación original. Así el público clamaba o abucheaba según el desempeño de la banda, los jueces así con ayuda de la muchedumbre decidían quienes avanzaban y quienes no lo hacían. Aunque apenas se habían presentado cerca de cuatro bandas, no había ninguna que hubiese recibido tanta aclamación como The Bears, la agrupación formada por Mérida Dunbroch como vocal y guitarra, Harris Dunbroch en batería, Hubert Dunbroch en teclados y Hamish Dunbroch con la guitarra eléctrica, era la más popular entre todas las bandas locales de la ciudad, la chica de cabello explosivo y sus tres hermanos mayores tenían un sonido rockero al estilo medioevo que fascinaba a casi cualquiera.
Hacía nada se habían presentado con "Wish I Had An Angel", y sin problema habían logrado encender a toda la audiencia. A pesar de ser un concurso para bandas amateur, The Bears estaban muy cerca del nivel profesional.
— ¡Qué público más prendido! Esperemos y los siguientes concursantes los mantengan encendidos… Ellos son The Thieves y esto es ¡"Chop Suey"! ¡Recíbanlos con un fuerte aplauso! — El presentador que por cierto tenía una sorprendente mohicana azul se desvaneció detrás del escenario, dejando que tras él se posicionaran cuatro siluetas en el humo. Dos muy parecidas y vistosas, que evidenciaban la presencia de los hermanos Stabbington, el primero de ellos se sentó tras la batería, el segundo se acomodó en el medio frente al micrófono. Dos nuevas siluetas mucho menos prominentes aparecieron, una masculina que se acomodó a la derecha del vocalista, con una guitarra eléctrica colgando por el cuerpo y un micrófono frente suyo, era Eugene como segunda voz; la otra silueta, femenina, con una guitarra acústica como arma en esa batalla de bandas, se colocó en el lado opuesto de Eugene junto al hermano mayor de los Stabbington, era Elsa.
Las luces seguían tenues, hasta que de pronto el sonido insistente y perfectamente bien armado de la guitarra acústica se hizo presente, la rubia movía con una asombrosa habilidad los dedos contra los cuerdas; el buen sonido en seguida llamó la atención de la gente. Pronto la batería de uno de los hermanos se unió a ese preciso y peculiar sonido, pero para hacerlo pesado realmente fue la guitarra eléctrica a cargo de Eugene la que aportó una gran carga a la melodía, haciendo que la gente de pronto empezará a saltar y alzar los puños contra el escenario.
Los hermanos Blaze y Rapunzel dejaron de platicar, y como el resto del público giraron la mirada hacía el escenario, era sorprendente que mientras The Bears había salido con una increíble presentación de pronto apareciera una banda que pareciera estar justo a su nivel, si no es que por encima de ellos. Era obvio la diferencia de estilos, pero no podría menospreciarse el sonido que The Thieves ofrecía a la audiencia, sobre todo porque no resultaba ser una banda conocida, quizá por eso el público estaba tan complacido y los jueces tan sorprendidos.
El mayor de los hermanos Stabbington tomó el micrófono entre sus puños, lo retiró de la base y caminó impetuoso hasta el borde del escenario y ahí, guiado por el ritmo de la música se unió al fin a los rudos acordes que su banda hacía sonar detrás de él.
Sin duda la voz de aquel grandulón, encajaba perfecto con el sonido, Eugene quien se mantenía atendiendo la fuerza en la guitarra funcionaba como perfecto complemento para aquella grave voz. La canción se pintaba peculiar, parecía tener momentos suaves, donde el ruido desaparecía y había un conjunto de acordes suaves, paralelos, sensibles… Y de pronto explotaba, llevándose al público entre cada nota, alocándolo, encendiéndolo, haciéndolo vibrar como ninguna banda había conseguido hacer en esa ronda.
Incluso Rapunzel y Hans, se unieron a la bulla que gritaba eufórica, animando a la hasta ahora desconocida banda.
Por su lado Anna no podía negar que aunque el sonido era demasiado pesado para su gusto, las partes en las que la guitarra acústica se volvía protagónica de la canción, era bastante bueno, incluso pensaba que si sólo aquellas cuerdas sonaran, sería incluso mejor.
Curiosa, quiso encontrar al responsable de semejante trabajo musical. Pero le costaba ver entre la gente que saltaba, y la posición desde donde admiraban el espectáculo. Podría ver sin problemas al chico de la guitarra eléctrica, y al vocalista, pero ver al baterista y al otro miembro no era sencillo; el primero por estar oculto entre tambores y al segundo por estar opacado tras el gigantesco cuerpo del vocal, después de muchos intentos, la pelirroja simplemente se rindió por descubrir la identidad de aquel talentoso guitarrista.
Para cuando la canción terminó, el público estaba vuelto loco. Los jueces sonreían haciendo anotaciones en sus hojas, y toda la audiencia clamaba animada, al parecer había un nuevo favorito.
— ¡Eso fue asombroso muchachos! ¡Los dejamos con la boca abierta! — Decía Eugene muy emocionado, mientras los cuatro caminaban bajando las escaleras ocultas tras el escenario.
— Apuesto a que no se imaginaban que romperíamos el trasero del resto de bandas aquí. — Dijo el hermano menor.
— No se confíen, aunque salió bien no hay que bajar la guardia… Sólo espero que no nos resten puntos por tener a una niña en el grupo… — Dijo rascándose la barbilla el hermano mayor.
— Genial, chistes sexistas para empezar la noche. — Resopló Elsa molesta.
— Vamos, vamos… No empecemos con eso ahora… — Dijo Eugene tratando de aligerar el ambiente. — Después de todo nuestro principal rival tiene como líder a una chica…
— No deberían ser considerados rivales, los tontos de The Bears deben estar temblando tras habernos oído. — Añadió el baterista. — Deberíamos ir por un trago y descansar, es obvio que pasaremos a la siguiente ronda.
Sin profundizar en la pelea de siempre sobre el sexo de Elsa, los miembros acordaron ir a beber algo, después de todo la sede del evento era el rock-bar más popular de la ciudad. Así los hermanos y Eugene se sentaron juntos en la barra, mientras que Elsa se separaba un momento de ellos por ir al sanitario. Estaba muy acalorada así que se mojó la cara para refrescarse, se miró al espejo con determinación y se dijo así misma "Puedes hacerlo".
Sin tardar más, tras secarse, salió del servicio, apenas unos pasos entre la muchedumbre tuvo que detenerse cuando una pelirroja que sin duda conocía se interpuso en su camino. Elsa se tensó, agudizo la mirada, como cuestionando con ella a la figura frente suyo.
— Así que, tú eres la guitarrista de Thieves ¿Hm? — Dijo aquella pelirroja de cabellera indomable, que mirada a Elsa de pies a cabeza con los brazos cruzados.
—. . . — Pero la rubia beige no respondió nada, sólo agregó seriedad a su semblante.
— Quería verlo por mí misma… Escuché que lucías tan delicada como un pequeño cubito de hielo. — Aunque la edad de Merida y Elsa parecía no diferir mucho, la pelirroja se expresó de aquel modo, por tener quizá más experiencia musical que la rubia.
— No necesito oír lo que una adolescente puede o no hacer. — Elsa ya a la defensiva, por los eternos comentarios sobre su edad o género, trató de terminar la conversación, y pasar de largo de Mérida, pero la pelirroja no se lo permitió.
— Hey, hey… Baja la espuma a tu chocolate. — Expresó la líder de The Bears, apoyando la diestra sobre uno de los hombros de la rubia. — Empecemos de nuevo, Eh… Hola, soy Mérida Dunbroch, un placer. — Dijo la pelirroja extendiendo la mano hacía la rubia.
—. . . — Elsa miró aquella mano con duda, pero tras unos segundos termino respondiendo el saludo. — Elsa Wind.
— Así está mejor, ven… Quiero presentarte a algunos amigos, en un mundo de "machos rockeros" es bueno encontrarse de vez en cuando con chicas. — Con toda la confianza del mundo Mérida abrazó a Elsa por los hombros y la guio entre la gente.
La rubia no respondió nada, sólo se dejó llevar aunque sin estar muy segura de ello. Buscó con la mirada a Eugene quien ya la miraba extrañado, el castaño se levantó con intenciones de "rescatar" a su amiga, pero Elsa negó con un ademan y luego hizo la seña "Ok", deteniendo a su amigo, quien asintió no muy convencido.
En realidad Mérida no tenía malas intenciones, llevó a Elsa con sus amigos de otras bandas que también concursaban, presentaba a Elsa como si la conociera desde hacía ya algunos años. Aunque la pelirroja no era la persona más sociable del mundo, reconocía el talento de la rubia sobre las cuerdas y eso era suficiente para que le agradara.
La primera ronda había terminado, los jueces estaban analizando sus anotaciones, había un ligero intervalo. El escenario estaba vacío y la música iba a cargo del DJ que se encargaba de ajustar canciones de las bandas más populares de rock, intercalando épocas y estilos.
Hans, Rapunzel y Anna habían hecho amigos fácilmente, quizá en mayor parte gracias a la actitud sociable de Rapunzel. Aunque la menor de los tres había dejado al grupo un momento para responder una llamada de su padre, tratando de volver hacía su mesa, donde su hermano, amiga y nuevos "amigos", se topó con un grupo de hombres barbones que discutían sobre quien tendría la peor resaca el día de mañana, presumiendo la cantidad de alcohol que cada uno había consumido.
Sin saber cómo, Anna ahora estaba sentada en medio de ellos, explicando cual era la reacción fisiológica del cuerpo al ingerir tantas cantidades de alcohol, y como el sistema podría contrarrestar dicho estado.
— El alcohol que el hígado no puede procesar, corre al torrente sanguíneo. El alcohol "seca" el cuerpo, deshidrata de algún modo… Lo ideal sería que empezaran a beber agua en lugar de más alcohol, así seguro no se sienten tan mal por la mañana. — Decía Anna con ademanes demasiado técnicos para un sitio como ese.
— ¿Cómo sabes tanto de esto, si pareces no romper un plato? ¿Sueles embriagarte a menudo? — Preguntó uno de los hombres calvos, y de barba en estilo candado.
— La intoxicación etílica no es para nada uno de mis hobbies. — Negó Anna con ambas manos.
— ¿Qué? — Preguntaron los hombres confusos.
— Quiero decir… Consumir alcohol en exceso, el estado de embriaguez es en realidad intoxicación etílica. — Explicó Anna con una sonrisa incomoda.
— Ha, ha, ha, pero que linda… Habla como si fuera un diccionario. — Expresó muy divertido uno de los sujetos.
— ¡Brindemos por nuestra nueva amiga, la pequeña Anna! — Dijo otro alzando su tarro en lo más alto de la mesa, en seguida el resto alzaron sus tarros, y Anna alzó el pequeño vaso con jugo de manzana, sonriendo algo nerviosa.
Tras entonar en coro "salud" los hombres dieron un trago profundo a sus bebidas, y pidieron en seguida ser llenadas. Siguieron riendo y preguntando a la menor sobre cosas simples, a las que ella respondía con exagerados tecnicismos y palabras con las que los hombres del bar no estaban acostumbrados a tratar, sintiéndose encantados por cualquier cosa que Anna dijera, por su peculiar forma de expresarse. Después de todo, la joven Anna venía de un ambiente completamente diferente a ese; más sin embargo, en cuestión de minutos empezó a sentirse divertida, tanto que había olvidado a Hans y a Rapunzel.
Elsa no contaba con la misma suerte, había sido dejada involuntariamente por Mérida con una de las bandas amigas de The Bears. Sujetos nada atractivos que, se lo pasaban halagándola, impidiéndole marcharse. Y es que Mérida había sido muy amable, al final la había presentado como la mejor guitarrista de todos los tiempos, Elsa no quería mal agradecer el favor y ser descortés de pronto, así que trataba de no ser demasiado grosera, aunque su paciencia acababa de poco en poco y cuando empezó a ser grosera, los chicos tomaban las ofensas como chistes, haciendo más difícil a la rubia aquel momento.
Anna terminó su quinto vaso de jugo y azotó el cristal sobre la mesa, sintiéndose más animada que antes con su nuevo grupo de amigos, ahora la charla se concentraba en sándwiches, no podía ir mejor. Realmente no podía, eso creyó… Hasta que uno de sus acompañantes arrojo al aire una moneda. Todos siguieron con la vista aquel circulo dorado, como parte del nuevo juego de apuestas, pero la mirada de Anna se alzó sólo unos centímetros y dejó de seguir aquella moneda, el juego, las risas, la compañía, los sándwiches, el jugo de manzana, la música, el lugar, de pronto todo perdió sentido… El mundo se detuvo por una milésima de segundo, la misma en la que sus latidos dejaron de golpear contra su pecho.
— Elsa… — Susurraron los labios de Anna, como si ese nombre fuera familiar entre sus círculos.
Tan bajo fue pronunciado que los hombres con los que se encontraba ni si quiera lo notaron, estaban más entretenidos mirando la moneda caer y rodar dudosamente sobre la mesa, expectantes al resultado de aquel clásico juego de azar.
A pesar de estar a metros de distancia, como si la rubia hubiese escuchado su nombre desde los labios de aquella pecosa joven giró la mirada hasta encontrarse con la de Anna, sin si quiera pretenderlo, sin esperarlo, entre tanta gente, por una fracción de segundo, la línea de vista de ambas se encontró compacta. De nuevo aquel poderoso iceberg se encontraba con aquel remolino en llamas. Pero esta vez, el remolino no parecía tener intenciones de ceder, no, esta vez no perdería.
— Disculpen… Yo… Tengo que… Yo… Vuelvo... Vuelvo en seguida. — Era mentira, no volvería en seguida, ni si quiera sabía si volvería. Sólo sabía que su cuerpo ya se había puesto de pie y dejado la mesa. Dejando extrañados y algo desilusionados al grupo de hombres barbones y de mala pinta.
Sus pies se movían entre la gente, su cuerpo se hacía espacio entre el resto de cuerpos, sin atreverse a romper el contacto visual que había entre ella y la rubia. Quien seguía mirando hacía Anna como si no pudiera creerlo, como si tratara de reconocerla, incrédula a pensar que la pelirroja, que esa pelirroja, que "Anna Blaze" estuviera en un lugar como ese, como si la conociera y supiera como era, pudiendo asegurar que sería simplemente imposible que la pelirroja de rostro pecoso se encontrara en medio de toda esa gente, no era posible… No podía ser… No tenía sentido, debía estar confundiéndose… Debía ser alguien más, debía ser otra persona, debía…
No…
Ese par de trenzas…
Ese suéter a rombos…
Los tirantes de esa conocida mochila…
Esa en la que tantas veces acomodó sus libretas…
Era la pelirroja de la cámara, de la biblioteca, era Anna Blaze…
¿Estaba caminando hacia ella? ¿Por qué no dejaba de mirarla? ¿Por qué no podía romper ese enlace entre sus miradas? ¿Por qué sus piernas ya se movían solas? ¿Por qué de pronto escaparse de aquella incomoda conversación parecía lo más fácil del mundo y lo menos importante? ¿Por qué ahora todo era esa pelirroja?
Como si una línea diagonal hubiese sido trazada en medio de toda la gente, y sólo Anna y Elsa pudieran verla, ambas seguían aquel camino, que las haría encontrarse en el medio. Que las haría quedar frente a frente, que las haría mirarse de cerca tal y como aquella vez entre hojas secas.
Uno paso, luego dos, luego tres, cada vez y estaban más cerca, no había ningún plan, no había palabras en mente, sólo estaban sus pasos alentándolas a seguir sin un motivo real, o explicable, no se conocían, jamás habían hablado, no sabían mucho la una sobre la otra, sin embargo, estaban ahí, acercándose como si tuvieran algo que decirse. Más cuando la distancia fue deshecha, y ambas miradas estaban una frente a la otra, las palabras simplemente parecían no existir.
Elsa mantenía una rastro de ausencia en el rostro, que funcionaba como disfraz para la contenida emoción que sentía al tener a Anna al frente, pero la pelirroja no podía ocultar ese fuego que nacía en su pecho, esas ganas de decirlo todo al mismo tiempo no hacerlo, tan sólo por poder seguir contemplando esa mirada azul que estaba dirigida exclusiva y totalmente hacía ella en ese momento.
— Yo… — Anna abrió los labios por fin, pero casi al mismo instante calló. Sonrió con nerviosismo y descolgó un tirante de su mochila, la deslizó hacía adelante y rebuscó en ella. Dejando a Elsa confundida nuevamente, mirándola con expectación.
Era el momento de presentarse, de decir algo, pero Anna había decidido que su mochila era más importante en ese momento. Lo que Elsa no sabía era que, aunque no se hubiese presentado los últimos días en la biblioteca, la más joven de las dos no había dejado de esperarla, con la barra de "agradecimiento" de cada día. Aunque esta última, que no había podido entregar, tenía un mensaje diferente a los demás.
Anna pareció encontrar el obsequió. Lo retiró de la mochila, volvió a colocar esta como era debido, y con la cabeza gacha, extendió aquella barra con el post-it adherido hacía la rubia. Mirando desde abajo a Elsa, con un tímido, pero aún emocionado semblante.
Elsa sonrió apenas entendió de que se trataba, aún no había palabras, no parecían necesarias. La rubia tomó entre sus manos el dulce, y sin poder ocultar su deseo por descubrir la nota, giró el dulce para leer el post-it.
"Me encantaría conocerte"
CONTINUARA…
Madh-M No debería responderte nada, es decir, ya sabes más de lo que me gustaría. Además que creo que este fic no le hace bien a tu cabeza, quiero decir, si te confunde tanto, sólo deberías ignorarlo… Y mejor ocuparte en el tuyo de una vez ^^
A-little-death-for-you Yo sé que muchos extrañan a la chica country, pero en realidad creo que Taylor va más allá del género, no soy la más popera del mundo… Pero a pesar del cambio que ha hecho a través de cada álbum, cada transición suya me ha gustado, por que las letras, la forma en la que los sentimientos y vivencias son representados sigue siendo la misma, así que… Sólo, no sé, Taylor me encanta. Tiene una canción para cada uno de mis estados de ánimo haha. Me siento avergonzada jdkhklgdjgs no quiero que se me salga lo fangirl, pero creo que contigo será imposible evitarlo.
Y bueno, ahora que has refutado mi teoría de la chica de negro, me tendré que reformular… No conozco a muchos swifties, más que mi ex… Pero no te pareces a mi ex, haha, dame tiempo, para el siguiente capítulo seguro que ya tengo una nueva versión de ti.
Aunque este capítulo es grande, creo que no habrá resuelto ninguna de tus dudas, ya que bueno esta muy carente de información, los problemas de memoria de Anna siguen al aire, y la reacción de Elsa al respecto también, pero para mí fortuna pareces ser alguien paciente. En realidad la personalidad de Elsa en el pasado dista mucho de parecerse a la que tiene ahora, digamos que en el pasado era más bien una "vale todo" más desinteresada que otra cosa pero sin duda más cálida que la Elsa actual, que es más insensible, sería y tal… Y evidentemente la explicación esta en el pasado, tendrás que esperar un flashback, aunque si te soy sincera no se bien como acomodarlos, aún hay muchas escenas que me he imaginado del pasado, pero que no sé como irlas dejando… Supongo que saldrán con naturalidad en los siguientes capítulos (espero). Ahora bien… Debo confesarte que antes de escribir la escena del choque entre Anna y Elsa, vi un par de veces ese cortometraje. Y sé que no es el mas famoso ni el menos conocido, pero me asombra que alguien haya dado en el clavo.
Y sobre tu PD, te pediré que guardes el anillo de compromiso por que aunque las oí mucho en mis días de pubertad, nunca le preste atención a la letra de la canción, aunque ya le eche un vistazo. Y pensé en robarte la idea, hahah, ok no. Pero la verdad no me molestaría leer lo que pudieras llegar a hacer con esa canción, se me ocurren un montón de cosas. Sería genial, ahora que sé como escribes, lo puedo decir con seguridad. Y bueno ya dejo de escribir por que se va a ver muy ruda la diferencia de extensión en la respuesta a tu review y las del resto ¡Gracias por tan buenos comentarios como siempre!
Aara Black La verdad pensaba que este cambio de personalidades no sería bien recibido. Pero la verdad pensemos en esto… Si jamás hubieras visto Frozen, y de repente te muestran a Anna y a Elsa, ¿Quién pensarías que es la rebelde? O sea… Después de Let it go, Elsa se ve tan kudgslkfhslgk… Es muy sexy y tiene un noséque que encanta a cualquiera, por otro lado… Creo que Anna tiene más bien una apariencia "tranquila" aunque sus personalidades originales no tengan nada que ver con lo que mi loca imaginación se inventa.
En fin, estoy muy agradecida por tu comentario, espero que nos sigamos leyendo, y que mi fic no te decepcione, me esforzaré por mantenerte a gusto.
¡Gracias!
LaMafer Me haces pensar que mirar dormir a alguien puede ser muy malo {¿?}, aunque también me hiciste pensar en algo bueno para el siguiente capitulo, creo que… Me acabas de dar una gran idea sin saberlo. Jo, muchas gracias… Me alegra mucho que las reacciones de cada una te estén gustando, espero que no deje de gustarte, gracias por leerme y por escribirme, espero verte la próxima!
Dayan Minion Muchas gracias, continuaré, hahaha.
Ichui Lo sé, Elsa en motocileta, de hecho estoy haciendo un dibujo, más bien ya esta hecho, lo coloreare y se los subiré, sé que les gustara, gracias por leerme y escribirme ¡Saludos!
