Hola a todos, he venido desde lo más profundo del inframundo para poder actualizar. Sé que he tardado mucho y eso, he estado ocupada, pero a pesar de eso estoy aquí a las 2:00 AM terminando este capítulo, ya tenía escrito el 70%, así que si encuentran fallas en lo último, les ruego me perdonen, es tarde.

Quiero agradecer a todos como siempre el seguimiento y apoyo que le dan a mis historias, he recibido mensajes bastante gratos. No saben lo enriquecedor es saber que lo que escribo les ha hecho sentir algo, creo que es lo que más me motiva, así que no se guarden nada, que estoy para leerlos con gusto.

Y bueno, este capítulo… Tiene mucho Elsanna, espero que pueda gustarles.

¡Disfrutenlo!

RELAJATE CONMIGO

Las manos de Anna se encontraban tensas contra la chaqueta de Elsa, sujetando esos bordes con adornos metálicos a la altura de su cintura. Tratando de no perder el equilibrio. Sin embargo en todo el camino transcurrido había sentido varias veces casi como si estuviera a punto de caer. La rubia lo notó, fue esa la razón por la que se orilló de pronto, apagó el motor de la moto y giró el rostro hacía atrás para poder mirarle.

— Vas a ocasionar un accidente. — Dijo la guitarrista, para luego llevar las manos hasta su cintura, donde las de Anna sujetaban tímidamente los bordes de su chaqueta, la sostuvo por las muñecas y la obligó a rodear su cintura entera con los brazos.

— E-Espera… — Anna se sobresaltó enseguida al notar las intenciones de Elsa, tratando de apartar las manos, pero la rubia no se lo permitió.

— Debes sostenerte así… Es más seguro. — Insistió la mayor de ambas, y así lentamente ir soltando las manos de Anna. — ¿Entendido? — Preguntó mirando de reojo a la pelirroja, quien no tuvo más opción que asentir por lo bajo, como un niño siendo regañado.

Elsa sonrió, devolvió las manos al manubrio de aquella Yamaha R6, su muñeca derecha se empujó hacia adelante, haciendo rugir el motor de aquella deportiva motocicleta. Cambió la velocidad con el pedal y se puso de nuevo en marcha, haciendo que por la velocidad del arranque, las llantas rechinaran sobre el suelo, y las manos de la pelirroja se aferraran más a su cuerpo con temor a caer.

Sin si quiera pretenderlo, el simple hecho de conducir con Anna detrás, abrazándole como solía hacer, era suficiente para hacer que ese mar de recuerdos le impidiera salir a la superficie. Desde el primer momento en que la vio durante la noche, no había dejado de recordar y recordar, todos eran recuerdos alegres, divertidos y tiernos.

Este no era la excepción, recordaba la primera vez que había viajado con Anna en motocicleta, claro que aquella antigua moto no se parecía nada a la que montaban ahora. Esa vieja chatarra seguro que no soportaría más de los sesenta u ochenta kilómetros por hora, el motor funcionaba porque dios era grande, y por el precio en el que Eugene y Elsa la habían adquirido, era una verdadera broma, así que no podían quejarse.

Aún recordaba la cara de espanto que Anna puso cuando le sugirió llevarla a casa en eso, y no es que luciera mal, lucía mejor de lo que era, sin embargo, no parecía tener mucha tenerle mucha confianza a las motocicletas. Supo después que su miedo radicaba en un pequeño accidente que había vivido su hermano, si bien no había resultado grave, la caída había sido demasiado aparatosa. Y al final, Elsa había sabido convencerla.

Justo después de aquel concurso de bandas, en el que por cierto The Bears había obtenido el primer lugar y The Thieves el segundo; Anna y Elsa habían decidido dejar aquel lugar juntas, Eugene iría a celebrarlo con ese par de hermanos grandulones y la rubia no consideraba el embriagarse hasta perder la conciencia un medio apropiado de celebración. Anna había avisado a Rapunzel y Hans que una amiga la volvería a casa. Y es que después de todo, apenas se encontraron esa noche, no se separaron ni un segundo, tan sólo en los momentos en los que Elsa tenía que subir al escenario, intercambiando sonrisas torpes con Anna, quien desde el público le devolvía las sonrisas, y le dirigía gestos de ánimo.

Pero como si conseguir el primer puesto dejara de ser importante, apenas terminaban el performance y bajaba casi corriendo para volver a ocupar el asiento que compartía con Anna y simplemente seguir hablando, bromear, hacer juegos tontos con la bebida y la botana.

Esa noche, antes de devolver a Anna a casa, Elsa creyó propio visitar un sitio antes… El parque en el que chocaron por primera vez, que aunque era bastante tarde ya y no habría ni un alma en aquel sitio, a la pelirroja no le desagrado nada el gesto.

Recordando aquel momento, Elsa tuvo una idea, cambió su destino, conduciendo hábilmente entre los autos, haciendo que su cabello y el de su pecosa acompañante bailaran a razón del acelerado corte en el viento. Sus ropas temblaban con fuerza y sus corazones palpitaban con intensidad.

El camino de pronto parecía menos denso del tránsito vehicular, la velocidad bajaba, pasaban una a una las farolas encendidas en medio de la solitaria avenida. Habían cambiado el rumbo, habían dejado atrás las calles repletas por gente, por luces, por ruido; de pronto era una vereda de árboles los que la rodeaban, no se oía más que el motor de la motocicleta parando de poco en poco hasta quedar frente a un muy modesto lago. Elsa terminó por apagar el motor, usó el pie para tirar de la patilla de respaldo de la moto y dejar que se sostuviera por si sola. Sintió como Anna bajaba primero con su característica torpeza y después ella con mayor habilidad.

Se acercó cuidadosamente a la pelirroja, posicionándose frente a ella, subir las manos hasta su rostro y con cuidado deshacer los broches del casco debajo de la barbilla ajena, para así retirarle con toda la suavidad posible aquel casco, sonriendo casi en seguida por la desordenada apariencia de sus naranjas cabellos. Y como si Anna lo entendiera en seguida, subió las manos hasta su cabeza para ordenar su flequillo y los laterales del mismo.

— No te preocupes… — Negó Elsa sin borrar esa devota sonrisa, dejó el casco sobre el asiento de la motocicleta y con la misma delicadeza de antes sostuvo a Anna por el mentón, acercó su rostro al de ella con la misma naturalidad que haría una pareja de años. Y como si tuviera todos los derechos y virtudes sobre Anna, apoyó sus labios sobre los de ella una vez más. Con mayor suavidad y menos pasión, más bien con cariño, susurrando así sobre su boca. — Luces hermosa de cualquier modo… — Con un beso cortó se despidió de sus labios y se giró, avanzando con lentos pasos hacía la orilla de aquel durmiente lago.

Por su parte, Anna estaba petrificada, con el cuerpo tan tenso que bien podría pasar por una estatua hecha de mármol, claro y de no ser por ese poderoso palpitar que vivía cautivo en su pecho, bombeando sangre con fuerza, con especial intención de concentrar un cumulo de sangre sobre sus mejillas. ¿Qué estaba pasando con esa rubia? ¿Qué estaba pasando con ella misma? Mil ideas pasaban por su cabeza mientras estaba segura de que algo de humo caliente empezaba a salir por su cabeza, hasta que la voz de la guitarrista la obligó a salir de sus enredados pensamientos.

— ¿No está mal, no crees? — Preguntó Elsa mirando hacía el lago, haciendo una comparativa del sitio con el antiguo parque de la ciudad de Arendelle, pero Anna no supo entender la raíz de la pregunta.

— C-Claro… Es… Es bonito… — Tardó en responder, ¿Cómo podría actuar tan natural como la rubia si acababa de ser besada por segunda vez en la noche? Se cubrió los labios con ambas manos y terminó Asintiendo al tiempo que tragaba largo y caminaba con inseguridad, hacía donde estaba la rubia. Colocándose a su lado, pero guardado cierta distancia.

Un moderado silencio apareció de pronto en medio de las dos, el viento moviendo las hojas y el fondo lejano del bullicio de la ciudad era todo lo que podía oírse. A Elsa no parecía molestarle, pero Anna se sentía incomoda, por lo que quebró aquella ola de silencio.

— ¿P-Puedo hacerte una pregunta? — Dijo sin mirarla, abrazándose así misma.

— Ya la hiciste. — Sonrió de lado la rubia.

— B-Bueno, quiero decir ¿Otra pregunta? — Volvió a cuestionar la pelirroja.

— La haz hecho de nuevo. — Elsa bajó el rostro ocultando la ampliación de su sonrisa.

— H-Hmm… — Anna abultó sus labios en algo muy parecido a un puchero, quejándose.

— Suenas como un cachorrito con hambre. — Dijo la rubia girando al fin el rostro hacía la pelirroja.

— ¿Eh? — Anna deshizo la quejica expresión y terminó suspirando rendida.

— Vale, vale… Pregunta. — Continuó Elsa, devolviendo la mirada al lago.

— Gracias… — Dijo aliviada Anna, aunque después hizo una pausa indefinida, no sabía bien que quería preguntar, en realidad había muchas cosas que la confundían, así que trató de pensar en una pregunta que pudiese resolver la mayoría de sus dudas. — B-Bueno… Quería saber… Eghm… — Se rascó la nuca y miró hacía un lado, como si buscara en las hojas de los arboles las palabras.

Mientras tanto Elsa ya se agachaba para recoger una pequeña piedra, soplar contra ella para quitarle las ramillas y hojas de encima, apreciarla como si fuera un objeto de valor.

— E-Es decir… Aunque… Aunque no acostumbro ir a conciertos de rock… Me imagino como son ustedes los… ¿Rockeros? — Trataba de explicarse Anna, suponía que era normal que de pronto los ídolos escogieran a una chica de su "gusto" para entretenerse. En este preciso instante, se sentía como esa chica, la elegida… Es decir, la rubia la había besado ya dos veces, la había traído a un lugar bastante solitario, no había que pensar mucho según Anna para entender sus intenciones, y que a pesar de parecer macabras no le hacían querer irse. Más allá de las posibles razones… Se preguntaba ¿Porqué ella? — Es decir… Hay… Hay un montón de personas que darían lo que fuera por estar aquí… C-Contigo… — Se acomodó un mechón de cabello tras la oreja y pestañeó algunas veces sobre el suelo.

Elsa ya estaba de pie, con su postura más deportiva, lista para lanzar aquella roca al lago, pero las palabras de Anna atrajeron su completa atención, girando el cuello para verla mientras hablaba.

— Y-Y… No es que no disfrute… Estar… Aquí… Contigo… Es sólo que tú… Bueno… Tú… Eres… Tú… Elsa Wind… Y yo tan sólo… — Anna alzó los hombros mirándose así misma, como si menospreciara su valor junto al de Elsa.

— Yo nunca he estado en una portada de TIME, Anna Blaze— Elsa imitó el gesto de Anna alzando los hombros también, añadiendo un tono lúdico a su voz.

— N-No, pero… — Anna iba a seguir hablando cuando de pronto, algo hizo "click" en su cabeza, como si de pronto lo entendiera todo. — ¿Me viste en TIME?

— "El poder tiene apellido" — Dijo Elsa con una fingida voz de presentador masculino. — "Anna Blaze, el futuro de la industria en Noruega" — Continuó la rubia, citando las frases de los encabezados de aquel artículo, en el que Anna había sido protagónica.

— A-Ah… — Se sintió avergonzada por recordar la exageradamente aduladora redacción de aquel texto. Se rascó una mejilla y rio con incomodidad. "Eso lo explica algunas cosas" pensó la pelirroja, al menos ya sabía de donde es que la rubia conocía su nombre, pero aún no entendía por qué alguien como Elsa se sentiría interesada en ella. Bastaba con verse para notar que no era precisamente muy parecidas.

— Y bien… — La rubia arrojó aquella roca por fin, haciendo que diese un par de saltitos sobre el agua y luego hundirse por siempre en aquel oscuro lago. — ¿No traes chocolate esta vez? — Preguntó Elsa girándose hacía Anna.

— ¿Chocolate? ¿Para qué?— Anna alzó las cejas confundida, y casi al segundo mal entendió la razón de aquel cuestionamiento, claro, había descrito como una de sus pasiones el chocolate, cosa que también venía incluida en aquel texto periodístico.

— Para… ¿Mí? — Preguntó Elsa con una sonrisa no muy inteligente.

— No… Me temo que no pensé en traer chocolate esta noche, ¿Cómo pude haberlo olvidado? — Dijo la pelirroja cruzándose de brazos con un deje de ironía en la voz, que por la emoción Elsa no supo distinguir.

— No importa, me basta con que hayas venido… Aunque si te soy sincera, en camerinos me moría imaginando que podría haber dicho el post-it de esta noche. — Confesó casi avergonzada la rubia. Pero es que mientras más hablaba ella, menos entendía Anna. Estaba empezando a creer que la guitarrista no estaba del todo bien de la cabeza.

— Claro… — Fue todo lo que respondió Anna, dando un paso lejos de Elsa, como si temiera— Mira… Yo no suelo hacer estas cosas… No sé exactamente que esperes que tú y yo vayamos a… Hacer… Tampoco es que… Q-Que esté dispuesta a hacerlo… P-Pero… — Anna empezaba a revolverse nuevamente entre sus palabras mientras que Elsa seguía en su sintonía de recuerdos.

— ¿Sigues con las fotos? — Preguntó la rubia, buscando en el suelo nuevamente otra piedrita para arrojar.

— ¿Eh? — Anna alzó las cejas nuevamente, pausando su discurso apenas escuchó aquella pregunta.

— Ya sabes, te gustaba un montón andar por ahí y tomar fotografías… Paisajes, objetos, personas… Personas desconocidas. — Agregó lo último con casi una burlona sonrisa, como broma. Broma que Anna no captó.

— ¿Cómo sabes que solía…? — Y antes de terminar su pregunta, rodó los ojos y asintió obviando la situación "Claro, el articulo" se respondió así misma y se limitó a responder. — Si bueno… Era un pasatiempo sin futuro, así que lo dejé.

— ¿Uhm? — Elsa alzó una ceja. — Eso suena a algo que diría tu padre… Es una pena. — Exhaló con cierta desilusión.

Anna volvió a callar, aunque iba a decir algo prefirió no decir nada, arrugó el entrecejo y miró con extrañeza a la rubia, que por alguna razón hablaba como si la conociera; como si supiera más allá de ella que lo del artículo en la revista TIME pudiera haber publicado. Trató de recordar entonces otras publicaciones importantes en las que hubiera aparecido, pero estas se limitaban a dar detalles sobre su trabajo en Blaze Company y nada sobre la relación con su padre u otros asuntos de índole personal. Tantos nudos en la cabeza se le armaron que prefirió sacudir la misma espantando todos sus pensamientos confusos, terminando por creer que personas como Elsa, envueltas en un contexto lleno de glamour, rumores, placeres oscuros y demás; eran simplemente imposibles de entender. Después de todo, aún no comprendía por que la había elegido a ella entre tanta gente, había chicas muy lindas entre el grupo de los VIP, con un estilo más parecido al de Frozen Heart, Anna por el contrario vestía como usualmente, era la formalidad encarnada.

— Ah… — Rendida, la pelirroja suspiró y retrocedió algunos pasos, dejando caer la espalda sobre la corteza de un robusto árbol tras suyo. — ¿Haces esto siempre?

— ¿El qué? — Preguntó Elsa mirándola de reojo.

— Esto… — Anna alzó las manos hacía los lados. — Después de cada concierto… — Refiriéndose probablemente a escoger a una chica y llevarla lejos.

— No… Bueno… Los demás y yo solemos ir a "relajarnos". — Explicó Elsa con una expresión casi avergonzada. — Pero pensé que sería mejor si te llevaba a otro sitio más tranquilo… O pensarías mal de mí— Se terminó por girar hacía Anna, haciendo movimientos delicados con las manos como ademanes.

— "Relajarse" — Repitió Anna sin entender del todo aquel término, podría significar muchas cosas. — Con eso te refieres a… — Empezó a decir sin si quiera saber cómo terminar la oración, pero con un gesto de… ¿Temor?

— Si… Ya sé que debes estar pensando… Pero no pienses que mi mente se ha degenerado. — Negó Elsa con total vergüenza. — Tú sabes cómo es esto… No solía hacerlo antes… Pero… Los chicos lo hacían y aunque me parecía repulsivo en principio, llegué a tomarle gusto, además nunca volvemos a ver a esas personas… O se embriagan tanto que ni si quiera recuerdan lo que hicimos. — Alzó los hombros un poco más desinhibida, pensando en todas las locuras que ella y el resto de la banda cometían después de cada concierto, siempre los esperaba una fiesta para festejar el buen desempeño y el éxito.

De joven Elsa no era buena tolerando el alcohol, pero había sabido acostumbrar a su hígado, más no a su sentido de la responsabilidad, ahora que contaba aquella confesión a Anna, le venían un montón de experiencias rebeldes, ridículas y alcohólicas vividas con la banda. Kristoff corriendo desnudo, Eugene vestido de mujer, Giselle tratando entablar una conversación con una mujer de la vida galante, ella misma dentro de una botarga de algún animal afelpado.

Al final Elsa sólo negó con la cabeza espantando aquellos recuerdos, y así poder devolver la mirada a Anna y sonreírle.

— A pesar de todo… Es divertido, creo que te gustaría… Y no pienses que no pensaba llevarte, claro que lo tengo en mente… — Dijo Elsa con un tono casi de disculpa. — Pero como te dije… No quisiera que pensaras que soy una "bestia del rock" pensando en "eso" antes que otra cosa. — Explicó la rubia con toda la naturalidad del mundo, sin pasarle si quiera por la cabeza, que Anna y ella no estaban pensando en lo mismo.

Y es que la pelirroja ya no estaba asustada ¡Ahora estaba aterrada! No podía ignorar lo dicho por la rubia ¿Era en serio? O sea… "No solía hacerlo antes… Pero… Los chicos lo hacían y aunque me parecía repulsivo en principio, llegué a tomarle gusto, además nunca volvemos a ver a esas personas… O se embriagan tanto que ni si quiera recuerdan lo que hicimos." Anna siempre había pensado que su padre exagerada mucho cuando hablaba de lo satánicos, pecadores e impuros, que podrían ser aquellos que le dedicaban la vida a esa música ruda, violenta, y sin sentido, o dicho en palabras más simples, según su padre: rock.

Pero ahora, escuchando a Elsa hablar tan a la ligera de sostener relaciones íntimas con desconocidos como medio de relajación después de cada concierto, se daba cuenta de que quizá su padre no estaba tan loco. Más bien, ella misma era la loca, manteniéndose cerca de alguien con una ideología como la de la rubia. Pero… ¿Qué debía hacer? ¿Correr y huir lejos? ¿Aceptar gustosa? ¡Santo cielo! No podía creer que lo estuviera considerando si quiera.

Anna no recordaba ninguna relación pasada, se había mantenido alejada de todo posible contacto amoroso con cualquier chico, a pesar de que para una joven de su edad, eso era bastante extraño… No era un desastre, en realidad muchos hombres la encontraban atractiva, incluso ese aire intelectual suyo la había hecho entrar dentro de la categórica etiqueta de lo "sexy", era muy inteligente además, exitosa, parte de una familia poderosa…

¿Qué hombre no querría tener algo con alguien como Anna? Muchos en realidad… Pero la cuestión radicaba en realidad en ¿Por qué Anna no aceptaba a ninguno? No había mejor pretexto para la pelirroja que el trabajo, los negocios, nunca había tiempo para nada más, pues la compañía era lo más importante y su padre se sentía complacido con ello; el hombre pensaba que su hija tenía la cabeza en el lugar indicado y con el pase de los años ella sabría determinar la edad apropiada para empezar a salir con alguien, el hijo del algún socio importante quizá.

Adgar Blaze ignoraba por completo las verdaderas razones de su hija, de hecho, posiblemente a nadie se le pasaba por la cabeza, pero el asunto no era tan complicado… Anna… Era simplemente… Otro tipo de chica.

Nunca había tenido ese sueño de cabalgar hacía el alba en un caballo blanco, abrazada a un noble y apuesto príncipe, no le producía ninguna clase de emoción la sonrisa coqueta de un joven bien parecido, los halagos de hombres que podrían perfilar como perfectos candidatos a ojos de su padre; las famosas mariposas inquietas jamás habían visitado su estómago. Lo más cercano a eso era los escalofriantes nervios que sentía cuando tenía que dirigirse hacía una mujer que Anna considerara… "admirable", de pronto su seguridad e inteligencia se volvían nada, sentía las manos temblar, su voz tambalear y su cabeza convirtiéndose en humo caliente.

Claro que admirable era un adjetivo-disfraz para Anna, quien se negaba a aceptar pública o si quiera internamente, que esa red de nervios inquietos la provocaba algo más que "admiración" por el género femenino, pues bien, jamás había sentido ese tipo de fanatismo por un hombre, a pesar de todas las propuestas que había recibido por el género masculino. Hasta el momento ninguna mujer le había sugerido nada de índole romántico, lo más parecido a eso había sido una modesta invitación para compartir una taza de café y discutir algunos temas de negocios, hecha por la hija del principal socio de Blaze Company en China, el corporativo Fa.

Anna había estado temblando durante toda esa "reunión" de trabajo, la joven de nombre Mulan no dejaba de sonreírle y hablarle con suavidad, como si supiera cuan nerviosa estaba la pelirroja en ese momento. Eso había sido demasiado, un juego muy extremo para su ritmo cardiaco, sólo una taza de café, algunas hojas de papel con estadísticas y planes de trabajo plasmadas, eso era todo… Y aun así Anna estaba con el corazón latiéndole insistente.

Y aunque la pelirroja creyó que nunca habría algo que superara aquel momento de nerviosismo. Jamás imagino que en menos de un par de semanas se encontraría frente a la… Posiblemente rubia más popular y deseada de todo el país en ese preciso instante, sugiriéndole pasar una noche de intimidad sin compromiso.

— ¿Anna? — La voz de Elsa la despertó de sus pensamientos, y es que sí, de pronto Anna se había dado un viaje muy largo.

Terminando con la cara hecha un tomate, el cuerpo tenso y el corazón simulando el andar de una locomotora.

— Que color tienes… ¿Te sientes bien? — Volvió a preguntar la guitarrista, alzando la mano derecha hasta colocar el dorso de la misma sobre la frente de la pelirroja, tratando de verificar su temperatura. — Cielos… Anna… — Elsa se mordió el labio y miró el cuerpo de Anna desde abajo hasta volver arriba. — Pero… Que caliente estas… — Susurró Elsa, preocupada por el repentino cambio de temperatura de la más joven.

Pero en Anna esas palabras sólo hicieron que su corazón aumentara el ritmo de sus palpitaciones de forma brusca y exagerada. Y es que… ¿Elsa le estaba diciendo eso realmente? ¿Acababa de decir "Que caliente estas"? No podía creerlo, era demasiado como para que su mente pudiera con ello.

— S-Sabes… Y-Yo…Y-Yo… Yo no… — Anna negó con un nada disimulable temblor en la voz, tratando de retroceder más, pero estaba presa contra aquel fuerte roble. — N-No soy… N-No soy del tipo de… D-De chica que…

— Shh… — Elsa bajó la mano que cubría la frente de Anna para apoyar el índice de la misma contra los labios de la pelirroja. — No te esfuerces demasiado… Podría hacerte mal… — Dijo la rubia aún con ese tono bajo en la voz.

— N-No… No… No… Espera… P-Por favor espera… D-Debes o-oírme… P-Porque yo… — Anna negó una vez más, con mayor premura y temor. — Tengo miedo… — Confesó la pelirroja.

— ¿Miedo? — La rubia alzó las cejas confusa. — ¿Miedo a qué? — Preguntó ahora más preocupada, usando sus palmas para acunar el rostro poco de Anna entre sus dedos.

— A-A… — ¿A qué? ¿A Elsa? ¿A lo que harían? ¿A lo que no harían? No… En realidad, era algo más que eso. — A-A… A lo que… L-Lo que… Estoy… Sintiendo…

— Oh… Anna… — Esa confesión, parecía haber tocado fibras sensibles en el corazón de la rubia. Y de nuevo, sin poder contenerse apresó abruptamente los labios de la pelirroja. Apegando su cuerpo con fuerza hacía el contrario. Haciendo presa a Anna, entre el tronco del árbol y su cuerpo mismo.

La pelirroja simplemente quería unir su espalda al tronco del árbol y derretirse ahí mismo, teniendo a Elsa tan cerca, tocando su rostro, susurrándole, con esas ideas locas en la cabeza y ahora atreverse a besarla por tercera vez en la noche. Por si fuera poco este beso, distaba mucho de parecerse a los dos anteriores que tenían un tinte más cariñoso, más devoto, pero en ese preciso instante, Anna sentía como sus labios estaban en peligro de ser devorados por los ajenos.

— No te vayas… Por favor… No te vayas… No de nuevo… — Suplicó Elsa contra su boca, frunciendo el ceño mientras hablaba a pesar de tener los ojos cerrados, cualquiera que admirase la expresión de la guitarrista bien podría decir, que se trataba de dolor.

Anna era incapaz de moverse, tenía el corazón hecho un poderoso tambor, bombeando sangre a velocidades estrepitosas, calentando su cuerpo por mera ansiedad, vergüenza, nervios, aceleración. Sentía que sus piernas flaqueaban y en cualquier momento iba a perder control sobre ellas. Con temblorosos y casi agonizantes movimientos consiguió acomodar las manos contra los antebrazos de Elsa, aferrándose a su chaqueta, sosteniéndose de ella para no caer.

— Quédate conmigo… Anna… Quédate esta… Y todas las noches siguientes… — Susurraba Elsa con una pasión sincera naciente del pecho, una pasión que derretía sin problemas todo el hielo habido en su corazón. — Por favor… Anna… Por favor… Te necesito…

Todo el mundo parecía estar hecho de lava pura, y Anna y Elsa estaban siendo hundidas en ese peligroso magma. Anna no podía, el calor nublaba sus sentidos, su mente empezaba a dibujar escenas difusas, en las que podía vislumbrar un par de manos siendo unidas, dedos entrelazados, un par de faldas, uniformes más bien, dos chicas… Susurros, y una unión labio a labio. Anna lo entendió en seguida, estaba empezando a fantasear con Elsa, estaba usándola para generar fantasías en sus pensamientos. Simplemente estaba rendida ante aquella guitarrista.

Como si hubiese sido víctima de un ataque de vértigo, de pronto todo perdió razón, su visión fue removida de forma brusca y simplemente sus músculos dejaron de responderle.

Anna se había desmayado.

Mientras Elsa y Anna se encontraban viniendo aquel emotivo reencuentro. El resto de los miembros de Frozen Heart ya despedían a sus invitados VIP, con excepción de Eugene, quien se había quedado conversando muy entretenido con Rapunzel.

— ¿Y nos iremos sin Elsa? — Preguntó Kristoff a Giselle, mientras se auto-masajeaba el cuello.

— Pues… — La pelirroja alzó la manga de su blusa para mirar la hora en su reloj de muñeca, hacía casi poco más de media hora que Elsa se había ido y no había vuelto. — Creo que deberíamos llamarla.— ¿Flynn? — Alzó la voz la chica para llamar la atención del castaño, quien no paraba de reír con torpeza, susurrándose cosas con la rubia sol.

— ¿Hm? — Respondió sin si quiera voltear a ver a sus compañeros, quieto, pues Rapunzel se encontraba muy concentrada en hacerle un retrato sobre un pañuelo.

— ¿Elsa no te ha llamado? — Preguntó Giselle.

— Nup. — Respondió cortamente.

— ¿Y la fiesta? — Preguntó Kristoff arrugando los labios. — Siempre vamos juntos. — Completó el rubio.

— ¡La fiesta! — El castaño sonrió con amplitud de pronto y los miró de reojo. — Hey, ¿Quieres acompañarnos? — Preguntó entusiasmado hacía Rapunzel, ignorando por completo la ausencia de su mejor amiga.

— ¿Ah? ¿En serio? — La rubia curvó una muy grande sonrisa, pero se borró casi en seguida, miró la hora, Anna seguía sin volver y tampoco había respondido ninguno de sus mensajes. Quizá ya era tiempo de preocuparse. — Creo que no… — Dejó el pañuelo a un lado, y se puso de pie, cargando los CDs que ya tenían la firma de Giselle. — Mi amiga salió apenas entramos y no ha vuelto… Ya le he enviado varios mensajes… Debo encontrarla… Lo siento. — Se disculpó la chica mordiéndose el labio, realmente tenía ganas de ir. Pero Anna estaba primero que todo.

— Bueno… A nosotros también nos falta un elemento… ¿Por qué no la llamas mientras para que nos acompañe? — Sugirió Eugene, mientras Giselle y Kristoff se miraban dubitativos, de pronto Eugene se comportaba demasiado amable. — Digo… ¿No hay problema si nos acompañan, verdad chicos? — Giró el cuello para ver a sus compañeros, quienes de pronto cambiaron las expresiones dudosas a rostros sonrientes y relajados, negando varias veces.

— Claro, claro, no hay problema. — Dijo Giselle.

— Si, si, si… Mientras más mejor. — Asintió Kristoff a punto de cruzar sus brazos cuando de pronto su teléfono empezó a sonar. — Ouh… Debe ser Elsa… — Murmuró mientras sacaba el aparato del bolsillo, pero al ver la pantalla se dio cuenta de que no era su guitarrista, pero igual le dio gusto coger la llamada. — Vaya, vaya… Y eso que pensábamos que se habían olvidado de nosotros. — Respondió Kristoff sonriente. — No creas que he olvidado la apuesta ¡Eh! — Se carcajeó un poco, mientras recibía la mirada expectante de Giselle, tratando de descifrar quien había llamado al baterista, este se dio cuenta y murmuró "Mérida". — Si, si… ¡Claro! Bueno… Ya sabes cómo es esto… ¿Ah? Nosotros también queremos localizarla, dijo que iba al sanitario y se perdió… — Rio de nuevo, y asentía como si estuviera manteniendo una conversación con alguien de frente. — Bueno, igual no te preocupes… Creo que iremos al Palace, Giselle nos hizo reservación ahí… ¿Ah? Si, si, dile a tus hermanos que esta vez yo les ganaré ¿Si? Vale, vale, nos vemos allá. — Asintió una vez más y terminó por finalizar la llamada sin borrar su sonrisa.

— ¿Los Dunbroch están aquí? — Preguntó Giselle sorprendida.

— Sep, querían saber si se nos podían unir, van saliendo de Radio Norge… Por supuesto que les dije que sí. — Dijo el rubio al fin cruzándose de brazos.

— O sea… ¿The Bears? ¿En serio? — A Rapunzel le brillaron los ojos.

— Si, nos llevamos bastante bien con ellos… — Asintió Eugene, mientras sacaba su móvil y empezaba a buscar el número de Elsa. — Así que… Llama a tu amiga, y yo a la nuestra… — Dijo el castaño, dejándole un inofensivo golpecito en la nariz a Rapunzel, mientras se colocaba el teléfono a un costado del rostro.

— ¡C-Claro! — Rapunzel se giró ruborizada, sacó el móvil también y presionó el icono de acceso directo para llamar a Anna, se mordió el labio una vez más mientras pensaba "contesta, contesta", pero no parecía tener suerte.

Tres altos, fortachones, y rudos pelirrojos, ya se hacían encima de un deportivo rojo, que no decía otra cosa que "lujo" en palabras grandes y gruesas; y junto al auto una hermosa ducati, color negro mate; cuya piloto hacía rugir el motor con tanta fuerza que el auto deportivo conducido por uno de los trillizos empezó a pisar el acelerador, sin soltar el pie del clucth; haciendo sonar la máquina del mismo modo… Apenas el semáforo cambió de rojo a verde, ambos vehículos salieron disparados, dejando una poderosa cortina de humo sobre el suelo.

Si, al pasar de los años Frozen Heart y The Bears, resultaban ser más que buenos amigos.

— ¿Tampoco te responde? — Preguntó Eugene a Rapunzel, mientras fruncía los labios, ahora sí preocupado.

— No… Es extraño, ella no es así… Quizá le paso algo, creo que es tiempo de que me vaya… — Dijo Rapunzel con pesar, no se quería ir, pero no podía dejar pasar esto como si nada.

— Creo que será mejor si le preguntamos al personal si las han visto salir, quizá sigue en el auditorio….— Intervino Kristoff, colocándose en medio de la rubia sol y el vocalista.

— Esa es una buena idea. — Asintió Giselle acercándose también, juntando ambas palmas en un silencioso aplauso y luego dirigirse a Rapunzel. — ¿Tienes alguna fotografía de Anna? Así sería más fácil localizarla para el staff. — Sugirió la tecladista con la sonrisa amable que la caracterizaba.

— Ah, sí, si… Esperen… — Dijo la rubia sol, mientras se apresuraba a buscar en el móvil una foto de Anna, deslizando los dedos con habilidad sobre la pantalla del aparto. — Oh, aquí esta… — Dijo extendiendo el dispositivo hacía el frente para que los tres integrantes de FH pudieran ver la foto. — Ella es Anna.

Eugene, Kristoff y Giselle inclinaron el rostro con curiosidad hacía el frente para poder ver la pantalla del móvil, se acercaron tanto que sus cabezas terminaron tocándose entre sí. Y de pronto los tres, abrieron los ojos grande y dibujaron una muda "o" con los labios.

— Pero si ella es… — Murmuró Giselle sin completar la oración.

— No puedo creerlo… Ella es… — Dijo Eugene más asombrado que cualquiera.

— Muy bonita…— Terminó por decir Kristoff, con un tono algo embobado.

En la foto podía verse a Anna sonriendo, con una taza humeante entre los dedos, era una foto que la misma Rapunzel había tomado.

— Sí que lo es. — Asintió Rapunzel a punto de retirar el teléfono cuando de pronto este comenzó a sonar y en pantalla, dejó de verse la foto de Anna. Ahora más bien aparecía, una distinta, de un joven junto a la pelirroja, abrazándola, jutando ambos sus frentes, y un par de sonrisas que harían creer a cualquiera que la foto fue tomada en un momento de felicidad absoluta.

— ¿Quién es él? — Preguntó Eugene consternado.

— Oh, es Hans… — Dijo Rapunzel acercando nuevamente a ella el teléfono.

— Si, sabemos leer. — Dijo Kristoff con algo de desilusión. — Seguro que es su novio…

— Perdonen, debo responder esta llamada, él debe estar preocupado por nosotras, me tomará un segundo. — Dijo Rapunzel, volteándose y así coger la llamada.

— ¿Crees que sea su novio? — Susurró Kristoff a Giselle, encorvándose un poco para alcanzar el oído de la pelirroja.

— Hm… Quizá… — Murmuró la tecladista mirando consternada hacía Rapunzel. — Parecían muy unidos.

— Ella… ¿No es idéntica a…? — Señaló Eugene aún con una expresión de total sorpresa. Pero antes de que pudiera terminar su pregunta, su teléfono vibró también. Haciéndolo temblar momentáneamente, y luego rebuscar con torpeza el dispositivo entre sus bolsillos. — ¡Oh! Es Elsa, gracias al cielo… — Murmuró antes de contestar.

El castaño se alejó un poco también y se acomodó la mano libre sobre la cintura, como lo hacen los mayores al regañar a los niños.

— ¿Dónde ha estado señorita? Nos hemos preocupado mu… — Eugene fue interumpido de nuevo, pero esta vez por la voz de la rubia al otro lado de la línea.

— Estoy con Anna… Ella vino a mí, ella regresó por fin. — Se escuchó ilusionada.

— ¿Qué? P-Pero… Es decir… Entonces… ¿Cómo? — Titubeó el castaño mirando de reojo hacía la espalda de la rubia sol.

— Ella vino al concierto, vino a verme, realmente vino. — Continuó diciendo la rubia en ese mismo todo de emoción.

— Entonces… Ella es… Ella de verdad estaba aquí… — Afirmó el castaño, cubriéndose la boca, estaba muy sorprendido. — ¿D-Donde están ahora?

— Ah… Tuvimos un pequeño percance, estoy en el departamento con ella. — Explicó la rubia.

— ¿Estan bien? — Preguntó apresurado. — Escucha Elsa, su amiga… Con la que vino al concierto, está muy preocupada, ha tratado de localizar a Anna sin mucha suerte, ¿Puedes decírselo?

— Bueno… Nosotras… — Elsa empezaba a responder cuando Eugene interrumpió enseguida.

— No, no, no, mejor… Sabes… — El castaño se encorvó un poco, hizo una pequeña cueva con la mano libre sobre su boca para que nadie escuchara lo que diría. — Sabes… Invité a su amiga a la fiesta de hoy, ¿Por qué no vienes con Anna? Es decir… Giselle ya hizo las reservaciones… Además Med llamó y nos verán allá… ¿Piensas? Anna, tú, los ositos, la amiga de Anna… Yo… — El castaño bajaba más y más el tono de voz para no ser oído.

— ¿Porqué hablas así? ¿Ella esta cerca? ¿Cómo es? No vayas a jugártelas con ella, si es la amiga de Anna, mejor ni te le acerques ¿Escuchaste? — Dijo casi como regaño la rubia.

— Agh… Por favor… Els… — Se quejó el vocalista. — ¿Sólo ven si? Si no, la chica no querrá acompañarnos y de verdad se ve preocupada por Anna, por cierto ¿Cómo esta ella? Rapunzel nos enseñó una foto y pareciera que no ha cambiado nada.

— Si… Bueno… Sigue siendo hermosa… Quizá lo es más que antes… — Dijo casi en medio de un suspiro.

— Ya, ya… Que babearas el teléfono, nos vemos en el Palace ¿Ok? — Sonrió amplió su amigo, despidiéndose.

— Bien… Tardaré, pero estaremos ahí, lo prometo. — Asintió Elsa a pesar de no ser vista y así la llamada terminó.

Al terminar la llamada Eugene suspiró cerrando los ojos, se giró después de unos segundos y se encontró con tres expectantes miradas. En especial con la rubia que, ya tenía "lo siento" en los labios, dispuesta a irse y emprender la búsqueda por Anna, pero antes de que dijera algo el vocalista se adelantó.

— ¡Elsa esta con Anna! — Alzó las manos contento.

— ¿Qué? — Dijeron los tres al unisonó.

— Eso… No tiene mucho sentido… — Dijo Rapunzel arrugando el ceño en confusión.

— ¿Qué haría Elsa con Anna la bonita? — Preguntó Kristoff también confundido, ganándose un par de miradas extrañadas por el "Anna la bonita".

— Que no haría. — Rio burlón Eugene mirándose las uñas.

— ¿Eh? — Rapunzel ladeó el rostro más confundida aún.

— En fin, vámonos que se nos hará tarde. — Dio un par de aplausos pretendiendo emprender el camino.

— No, no, no puedo ir… Debo encontrar a Anna— Insisitió Rapunzel.

— Tranquila… — Giselle apoyó una mano sobre el hombro de la rubia sol, y le sonrió amable. — Flynn es muchas cosas, pero no un mentiroso… Si Elsa le ha dicho que esta con tu amiga, así debe ser… ¿Vamos?

— P-Pero… — Tartamudeó Rapunzel, no es que no quisiera creer en ellos, pero no los conocía al final de cuentas, y Anna le preocupaba demasiado como para tomarse el asunto de su desaparición tan a la ligera.

Sin embargo cuando menos se dio cuenta, ella y Giselle ya estaban siendo arrastradas al auto, terminando compartiendo el asiento trasero de aquel clásico Cadillac junto con Eugene, mientras que la tecladista y el baterista ocupaban los asientos del frente, con el rubio como conductor designado.

— ¿Anna? ¿Anna? — Susurraba Elsa, de rodillas frente al sofá, acariciando la frente de la pelirroja, quien ya no estaba inconsciente solo algo desubicada.

— Hm-m… — Se removió, llevándose las manos a los ojos y así tallarlos un poco.

— ¿Te sientes mejor? — Preguntó de nueva cuenta la rubia.

— Y-Yo… — Se descubrió el rostro y se fue apoyando con lentitud sobre sus codos, levantándose un poco. — Si… Pero… Don… ¿Dónde…? — No terminó la pregunta, en su lugar ocupó los ojos a medio cerrar para inspeccionar el lugar.

— Estamos en mi departamento. — Respondió Elsa, obviando la pregunta.

Eso bastó para que los ojos de la pecosa chica se abrieran en grande, pudiendo ver mejor cada detalle de aquel lugar, decorado con ese estilo especialmente urbano y minimalista, pudo identificar sin problemas el aroma de la rubia por todas partes, e incluso escuchar al fondo "Creep" de Radiohead a un volumen bastante modesto.

Entonces bajó la mirada así misma, se encontró sin su chaqueta y se le subieron nuevamente los calores al rostro, se abrazó a sí misma y retrocedió en el sofá, flexionando las piernas y mirando a Elsa con miedo.

— E-Entonces… E-Entonces… T-Tú y yo… — La voz de Anna tembló más que nunca, su cuerpo tembló. ¿Se había perdido de algo?

— ¿Anna? — Elsa alzó una ceja, ¿Qué reacción era esa apenas despertar? El rostro de Anna se había vuelto a colorear, su cuerpo parecía tembloroso una vez más y esa expresión que llevaba, parecía como si… — ¿Me tienes miedo? — Preguntó incrédula.

— Si… No, Si… Quise decir no… Y-Yo… Sólo… Sólo… E-Es que… No… No es tan fácil… N-No sé si estoy lista… — Casi se mordió la lengua al decir aquello, que vergüenza.

— ¿Lista? — La rubia ladeó el rostro, sin una idea de lo que Anna trataba de decir. — Pero… Que estás diciendo…

— S-Sé que esto es normal para ti… P-Pero yo no… Yo aún no… N-No he hecho esto con nadie y… Y-Y… No quiero equivocarme… — Se adelantó a decir la pelirroja, haciendo que la rubia de poco en poco empezara a atar los cabos en su mente.

— Espera… Espera… Anna… Tranquilízate… — Elsa se acercó más a ella, tomándola por las manos, pausando todo torpe ademán hecho por las manos de Anna.

— P-Pe-Pero… — El cuerpo de la pelirroja se tensó repentinamente, apenas sintió el helado tacto ajeno. — Pero…Yo… Y-Yo necesito que sepas q-que…

— Shh… — Elsa apretó un poco más las manos de la menor, y se inclinó un poco para mirarle a los ojos de cerca. — Anna… Estas… Estas pensando en… Que… Tú y yo… Quiero decir… — Se humedeció los labios y pauso el habla por un momento bajando la vista a sus propias piernas.

—. . . — Anna sólo cayó, mirando con extrema vergüenza hacía cualquier lado que no fuera el rostro de la rubia.

— Estas pensando en… — Entonces Elsa soltó una de las manos ajenas, y uso la misma para sostener el mentón de Anna y obligarle a verle. — En… — Deslizó hacía el índice por la barbilla de la pelirroja, su mandíbula, su cuello y con una osadía sorprendente bajar hasta sus clavículas, haciendo que el corazón de Anna volviese a sentirse amenazado por deshacerse; y aun a pesar de ello, bajar aquel trazo un poco más, deteniéndose casi en la curvatura del busto ajeno. — ¿En esto? — Susurró Elsa mientras acercaba el rostro una vez más, peligrosamente hacía el de Anna, quien sólo tragó largo y se mantuvo estática.

— Y-Yo… Y-Yo no… — La pelirroja trató de negarlo, pero ahora sus pensamientos parecían demasiado claros para la guitarrista.

— Anna… ¿Es lo que quieres? — Susurró Elsa, dejando un suave beso sobre la inmóvil y tensa mandíbula de Anna. — Sabes yo… Podría… — Entonces otro beso fue depositado pero esta vez en el inicio del cuello de la pelirroja, justo en el costado derecho. — Podría dártelo… — Elsa se mantenía susurrando de esa forma que sólo hacía que la sangre de Anna volviera a hervir y su corazón, se hundiera en ese casi magma.

— Y-Yo… Yo… — La voz de Anna dejaba de escucharse como eso… Voz, sus palabras más bien eran ahogados suspiros que no parecían tener otra razón de ser, que la cercanía entre ambas.

— Dime, Anna… ¿Quieres hacerlo? — Preguntó Elsa, aún sin ser demasiado explicita, aunque considerando el momento, el lugar, la forma, podría ser demasiado obvio. Pero parecía que la menor de ambas aún divagaba.

Así que la rubia se mordió el labio, tomó el rostro de Anna entre sus manos, cerró los ojos y acercó los labios hacía los suyos, sin besarla, sólo manteniéndolos en un tortuoso rose, y así retomar la palabra.

— Anna… ¿Es lo que quieres…? — Susurró Elsa contra los labiales contrarios, haciendo que con cada palabra pronunciada una electrizante sensación alterara cada nervió concebido por ambos cuerpos. — ¿Quieres sentirme…? ¿Quieres que te toque…? ¿Quieres que te bese…? Anna… Sólo un si, o un no… Sea cual sea la respuesta… Yo cumpliría cada uno de tus deseos… — Susurró la rubia con una devoción, envuelta por una intensa pasión.

— Elsa… — Anna se mordió el labio, su corazón estaba latiendo así una vez más, su ritmo cardiaco subía cada vez más, sus mejillas volvían a arderle, su razón parecía desaparecer. Un "sí" bastaba para tener a la rubia más deseada de todo el país, encima de ella… Pero… Era demasiado para ella, Anna jamás podría aceptar algo así… ¿Verdad? — Elsa… Por favor… S-Sólo… P-Por favor…

CONTINUARA…

- REVIEWS -

LaMafer Tengo tanto sueño, que me comería un caballo… Ah… Que estoy diciendo esto no tiene lógica, bueno… Perdoname, esta es como que mi etapa ebrio/somnolienta, espero sepas entenderme, gracias por seguir leyendo la historia, espero que cumplas tu promesa!

Rykaskimo Sé que I Almost Do y este fic no se parecen mucho, las personalidades de las dos cambian mucho de este fic al otro, pero que alivio que te este gustando, ya que pareces alguien de buen gusto, haha ¿Conoces algún fic donde Elsa sea una bad girl? Quisiera leer más así, y bueno… De corazón te agradezco que me escribas y que estes al pendiente ¡Saludos!

yara sosa Creo que aquí, en este capitulo 6 se resuelven algunas de tus dudas, a medias aunque sea, pero lo que realmente quiero decirte es que tu foto para avatar esta hermosísima, es de mis favoritas, espro no decepcionarte con el fic y hacer que te siga gustando, ¡Saludos!

Aara Black Desde que leí tu frase en el review, me refiero a "si es para ti aunque te quites y si no lo es aún que te pongas", la he usado varias veces en varias ocasiones para hablar, no había escuchado antes, pero si que me gusta, creo que has solificado un asunto que tenía en mnte con la historia, gracias por tus comentarios, siempre tienen ese aire filosófico, muy bueno! Mil gracias!

Crhismas-Machine Carlitos, cuanto tiempo… Por cierto hace poco leí tu mp, aún no soy muy buena manejando la plataforma, y tampoco soy muy atenta al correo electrónico, gracias por compartirme tus vivencias, por abrirte asi conmigo, hay cosas que me han generado nuevas ideas, mil gracias y saludos!

Madh-M Hola, tengo sueño. Adios.

m-vampire18 Yo apenas emepzaré evaluaciones la siguiente semana, y ni quiero pensar en ello, espero que a ti te haya ido bien con los exámenes, y bueno gracias por no dejarme botada, pensé que ya nunca más te vería, ojala y sigas pasándote por aca, claro solo si te gusta haha, si no, golpéame, saludos!