La sangre goteaba aún desde sus orejas cortadas, empapando su cabello y su rostro, pero dio gracias a los dioses porque debía haber formado algún tapón de costra reseca dentro de los oídos que le impedía oir los gemidos de la mujer elfa que un gigantesco ogro estaba violando hasta reventarla. Había gritado al principio, cuando el primero de aquellas repugnantes criaturas le había desgarrado el vestido y la había empotrado contra el suelo. Sus gritos seguían el mismo ritmo de los embates del ogro, cortos, violentos y desgarradores, mientras su marido gemía y se debatía inútilmente en la presa de los ogros que lo aferraban, obligándole a contemplar la violación justo al lado de su esposa. Después de que tres moles ogras se ensañaran con ella, la mujer ya no gritaba. Karion podía ver que tenía los ojos cerrados y sólo parecía emitir quedos gemidos cada vez que el ogro la penetraba. El marido tampoco gritaba, se había vomitado encima, lo que le había valido una patada en el estómago que le había dejado sin aire.

Los gemidos de la mujer eran más seguidos ahora y Karion quiso taparse lo que quedaba de sus oídos o arrancáserlos del todo para no escuchar más y para acabar con el dolor que le perforaba el cráneo, pero sus manos estaban atadas tan fuerte a su espalda que casi no las sentía. Incapaz de apartar la vista, como si aquello fuera la única compañía que podía prestarle a aquella desdichada, vio que el ogro gruñía y le propinaba un último empujón, tan violento que la cabeza de la mujer se estrelló contra una piedra, sin emitir ni un solo quejido.

Karion se revolvió peleando contra las náuseas y notando una leve caricia amable que no encajaba en la escena. El ogro se levantó, subiéndose los pantalones, y escupió sobre la quieta figura de la elfa, empapada en sangre y barro. El ser se giró entonces hacia el marido, caído entre los brazos de sus captores y con los ojos firmemente cerrados. Karion quiso cerrarlos también, pero la pesadilla no se lo permitió y, en su lugar, intentó concentrarse en aquel sutil toque que percibía en su cabello. Si tan sólo pudiera despertar…

El ogro aferró la cara del elfo con violencia, levantándosela. Su común era tosco, pero comprensible para Karion, que sabía que el hombre no debía estar entendiendo ni una palabra.

-'¿No te gusta lo que ves elfo? Si te hubieras encargado tú de tu mujercita para nuestra diversión no habríamos tenido que hacerlo nosotros mismos.

El elfo miró al ogro sin parpadear, con los almendrados ojos abieros de par en par y claramente sin entender nada. Su mirada se movió entonces al amasijo sanguinolento descartado en el barro y las lágrimas cayeron en silencio. El ogro le escupió en la cara.

-'Estúpidos elfos débiles y sin agallas. Yo me ocuparé de que no tengas que ver nunca más a tu pobre mujerzuela'.

El ogro sacó un oxidado cuchillo de caza de su cinto. Dedos en el pelo…debía concentrarse en aquellos dedos gentiles entre su pelo…El elfo volvió a gritar entre las risas de los ogros. Algunos de los demás prisioneros empezaron a gemir y una queda canción en qualinesti brotó de algún lugar a la espalda de Karion. Ahora notaba ya el calor de aquellas manos sobre su piel…El grito desgarrado del elfo perforó su cerebro martilleado al mismo tiempo que conseguía identificar el sutil tacto en su cabello, trayéndole de vuelta a la realidad.

Karion se aferró a aquellas amables caricias como un salvavidas que le devolviera a la conciencia, huyendo del terror pegajoso del sueño. El elfo notó cómo su cordura volvía poco a poco a coger las riendas de su mente y, llevado de la costumbre adquirida durante aquellos meses de pesadilla, mantuvo los ojos cerrados hasta poder hacerse una idea del todo clara de su entorno y de su situación.

Notó la aspereza de las mantas bajo la piel de su espalda y oyó el repiqueteo sordo de la lluvia sobre unas pieles...Ah, la tienda. Las piezas aún inconexas de sus recuerdos encajaron de golpe y el arquero se tranquilizó algo, aún notando el frío del horror en su mente. Estaba a salvo, ahora, él y todos los demás elfos que habían sufrido aquella tortura. Estaba caliente y seco en una cómoda tienda de campaña, con Vanir a salvo a su lado y acompañado de los amigos del silvanesti.

Hablando de Vanir...

El elfo volvió a concentrarse en su cuerpo, su ancla física frente a los recuerdos. ¿Qué demonios...? Karion aspiró profundamente, con disimulo, para notar el ya familiar olor de Vanir pegado a él, aquella sutil traza de madreselva mezclada con el perfume propio de su piel. Vanir estaba junto a él o, para ser exactos, pegado a él. Karion notó el roce de sus cabellos en el brazo y las puntas de sus dedos recorriendo, sensuales, su brazo desnudo. Reprimió con esfuerzo un escalofrió. ¿Estaba dormido aún o el silvanesti estaba realmente acariciándole? Desgraciadamente, no había tenido tiempo de conocer demasiado a su...compañero...pero el montaraz siempre había parecido desorientado, tímido y algo rígido en las pocas ocasiones en que había surgido el contacto físico...ni de lejos todo el que Karion deseaba, además. ¿Qué estaba haciendo entonces el silvanesti? Completamente despierto ahora, Karion se concentró en sentir exactamente el roce de Vanir mientras mantenía los párpados relajadamente cerrados.

Los dedos del silvanesti recorrieron los músculos del brazo de Karion con suavidad, desde la sensible piel de su muñeca a la cara interior de su antebrazo para subir por sus bíceps hasta trazar la redondez de su hombro con sensual lentitud. El kagonesti esperó que Vanir no percibiera el rastro de carne de gallina que iban dejando sus caricias. El silvanesti parecía estar memorizándole, trazando un dibujo con sus dedos hasta recrearlo en tres dimensiones.

Vanir rozó sutilmente su cuello para apartar con una caricia algunos mechones del largo cabello del kagonesti. Sus dedos subieron luego por el lado izquierdo de su cuello hasta el lóbulo de su oreja, jugueteando con el aro de acero que lucía el arquero. Karion intentó seriamente controlar su respiración y seguir fingiendo que dormía mientras las primeras oleadas de calor empezaron a concentrarse, traidoras, en su bajo vientre. Vanir recorrió con un solo dedo el delicado contorno de la oreja del elfo, que sintió cómo los recuerdos saltaban el muro tras el que intentaba encerrarlos. Rodillas en el barro, los brazos atados a la espalda, los pies del ogro junto a él, el dolor...Karion intentó frenar las imágenes, sin conseguir reprimir del todo un respingo.

El montaraz pareció notarlo porque se acercó más al elfo, tanto que el kagonesti casi sintió el roce de sus ropas y el calor que emanaba de él. Vanir acercó la cabeza al brazo doblado del arquero, sin apoyarse, y rozó la cara de Karion con la suya, aspirando su olor como si fuera una fragancia nueva que necesitara conocer, mientras dejó que su mano derecha quedara suspendida tras la nuca del kagonesti, rozando tan sólo su pelo en un abrazo protector casi fantasmal, atento a no despertarlo. El gesto conmovió a Karion casi más que las caricias. Delataba una preocupación sincera por él, una atención a su bienestar y un cariño tierno que el kagonesti no había conocido jamás en sus amantes. ¿Era realmente así Vanir? Detrás de la vergüenza y el recelo que el arquero podía percibir, ¿habría un amante...dulce? Karion se sorprendió al darse cuenta de lo poco que conocía en realidad al montaraz y de lo que anhelaba descubrir todas sus facetas. El kagonesti bebió de la presencia de Vanir, ansiando absorber su calor.

Sin separar su rostro del del kagonesti, Vanir dejó que su mano abandonara la nuca del arquero para recorrer, sutil y etérea, sus cejas, sus párpados, el perfil de su mejilla para pasar rozando las comisuras de sus labios y descender, lentamente, por la línea de su mandíbula hacia su cuello. Los dedos del silvanesti bajaron hacia su pecho y se posaron allí, apenas perceptibles...excepto para la sensitiva piel del kagonesti. Las oleadas de calor empezaron un rápido descenso desde su bajo estómago hasta sus ingles y Karion sintió que sus abdominales se tensaban. No iba a poder mantener aquel engaño mucho más tiempo.

El elfo salvaje sintió que Vanir alzaba la cabeza para acercarse más a su rostro, con los dedos de la mano aún en su pecho. Los labios del silvanesti rozaron apenas los suyos, en una caricia más intuida que sentida. El montaraz prolongó el fantasmal contacto, en un casto beso de ternura infinita que comenzó a formar un nudo en el estómago de Karion al tiempo que el calor subía por su entrepierna, de una manera sensual, casi perezosa, que no había conocido hasta entonces. El montaraz respiró su aliento cálido sobre los labios de Karion al tiempo que sus dedos bajaron desde su pecho hasta rozar su pezón izquierdo, instantáneamente duro. El traidor agazapado entre las piernas del kagonesti se desperezó sin previo aviso para enviar un poderoso latido de fuego a sus nervios, haciéndole dar un respingo.

'Bien...fin del disimulo'.

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Vanir se quedó completamente helado cuando el dormido kagonesti abrió los ojos de golpe y rodó sobre él en el espacio de un latido de corazón. El silvanesti se encontró tendido completamente de espaldas sobre las mantas con el duro cuerpo del arquero a horcajadas del suyo, con las rodillas a ambos lados de sus caderas y las manos apoyadas en el suelo a ambos lados de su cabeza. Karion presionó la parte inferior de su cuerpo contra él, dejando bien patente en qué estado se encontraba y bajó la cabeza hasta apoyar su boca contra el oído del montaraz. La voz rasposa y profunda que salió de sus labios en un susurro apremiante apenas parecía la suya.

-'Sigue así y acabarás por saber por qué nos llaman de verdad elfos salvajes...'.

Karion le besó con avidez, reclamando acceso con la lengua, empujando sus labios y, al mismo tiempo, sus recuerdos de pesadilla. Necesitaba aquel contacto, necesitaba el calor y la suavidad de Vanir para conservar la cordura, y la necesitaba ahora. Ya.

Vanir cedió, sobresaltado por el rápido despertar del arquero, y con la frustración creciendo en su pecho hasta que los ojos empezaron a arderle. Había creído que podía tocar a Karion sin despertarle, teniendo en cuenta su cansancio, un respiro para poder analizar sus propias reacciones ante el contacto con otro hombre. Había tocado a Karion con todo el sentimiento de su corazón, al que aún no conseguía dar del todo un nombre, y, en el silencio y la quietud de la noche, en la calma de la lluvia y sin las reacciones del kagonesti avasallándole, había descubierto que le gustaba.

El montaraz había descubierto que, cuando le acariciaba, tocaba a Karion, sin ninguna etiqueta más, hombre o mujer, y que la sensación le parecía correcta, buena y placentera. Poder conocer a Karion sin prisas, aprendiendo sus propias reacciones ante el contacto físico, había calentado más su corazón que su cuerpo, suavizando sus miedos y dándole fuerzas para sacar aquéllo, lo que fuera que tenían los dos, adelante.

Hasta que el kagonesti le había empotrado contra el suelo y le había asaltado de nuevo con demasiadas emociones al mismo tiempo. Vanir nunca había sentido un aliento ardiente en el oído, nunca había tenido un cuerpo pesado sobre el suyo, cadera con cadera y, simplemente, le asustaba. Tenía la sensación de tener algo demasiado grande entre las manos, algo hermoso pero que le reclamaba demasiadas cosas demasiado pronto. Y Vanir temía que su propio miedo ante esa exigencia acabara apartándole de Karion, haciéndole perder algo que merecía la pena teniéndolo al alcance de la mano. 'Eso no va a pasar, no hoy'.

El silvanesti rompió bruscamente el beso de Karion, tomándole la cara con las manos y mirando a unos ojos azules que le contemplaban confudidos.

-'Para, que...por favor, necesito hacer esto de manera diferente'-Vanir miró implorante a Karion, que parpadeó sorprendido a milímetros de su rostro, aún apoyado sobre las manos.

-'¿Qué quieres decir? A mí me parece que lo estábamos haciendo muy bien...'

Vanir reprimió la frustración, intentando escoger las palabras y fallándole muchas, como siempre que tenía cerca a Karion.

-'No, Karion, lo estábamos haciendo a tu manera'- Vanir empujó suavemente a Karion, intentando desmontarlo. El kagonesti rodó hacia un lado y quedó medio sentado, contemplándole en silencio. El silvanesti apoyó la cabeza sobre su brazo izquierdo y enlazó su mano derecha con la de Karion, dándole un suave apretón. Podía sentir la tensión en el otro cuerpo- 'Escucha, no te lo tomes a mal y déjame hablar, por favor. Desde que...esto...empezó...lo nuestro...todo ha ido muy rápido, al menos para mí. Intenta entender...pasé de estar prometido con una mujer a la que apenas había tocado a...estar con un hombre que quería tocarme de maneras que yo no sabía posibles'.

Vanir esbozó una media sonrisa elogiadora a Karion, que se limitaba a mirarlo con una expresión indescrifrable, como si contuviera el aliento.

-'Lo que quiero decir es que mi vida cambió de la noche a la mañana, de golpe, cada paso me vino encima sin darme tiempo para asimilar el anterior. Rompí mi compromiso, me convertí en tu...-Vanir forcejeó con la palabra, sin saber cuál podía usar sinó- amante, rechacé obedecer órdenes, me juzgaron, mi familia me repudió y el Consejo me exilió en dos semanas. Dos semanas, Karion. Eso es poco tiempo incluso para un humano. Y menos tiempo aún, al menos para mí, para asimilar lo que...sentía...por alguien de mi mismo sexo'.

Karion inhaló perceptiblemente, sintiendo cómo su excitación se diluía mientras una mano helada parecía apretarle el pecho hasta que empezó a dolerle. Hasta entonces, inmerso en su propio mundo y en su propia decisión de abandonar a su gente para estar con un silvanesti, no se había dado realmente cuenta de lo que aquéllo había supuesto para Vanir. Él había sido el causante de su desgracia, el silvanesti había perdido una familia que sí le importaba, un hogar por el que estaba dispuesto a dar la vida, incluso el derecho a usar su propio apellido por él. Por un elfo salvaje vestido con pieles que, además, era un hombre, algo con lo que Vanir nunca se había sentido cómodo.

El nudo en el estómago apareció de nuevo, más fuerte, quitándole el aire de golpe. Demasiado rápido, había ido demasiado rápido y había dañado algo que quería conservar a toda costa. En su afán por atraer al silvanesti a su lado, por atarlo a su corazón, había conseguido justo lo contrario. Sabiendo que no tenía el don de palabras de los elfos de las casas, había intentado que sus acciones hablaran por él, que sus abrazos transmitieran lo que Vanir le hacía sentir, pero en lugar de eso lo había...asaltado.

La bilis del estómago casi le subió a la garganta y tuvo que tragar saliva para hacerla bajar. Por los ojos de los chamanes, y si Vanir ¿se había sentido forzado? ¿Y si le había obligado a hacer algo que no deseaba?. Las imágenes de las torturas revividas en sueños pasaron una y otra vez por su mente, mezcladas con los breves momentos en los que se había dejado llevar con el silvanesti y sintió náuseas de sí mismo.

Vanir vio el cambio en la mirada de Karion, la culpa, la pena y un dolor atroz y no supo predecir el rumbo de los pensamientos del arquero. Karion se tapó los ojos con una mano que empezaba a temblar.

-'¡Dioses! Yo...no tenía ni idea...no pensé en todo lo que te estaba quitando. No me di cuenta de lo que te estaba haciendo, creí que era...algo bueno, que lo que sentíamos estaba bien'- El kagonesti se mesó el cabello con nerviosismo para abrazarse a sí mismo, intentando contener el dolor de estómago que amenazaba con partirlo en dos. Fijó en Vanir una mirada atormentada- 'No me di cuenta de que te estaba imponiendo... yo creí...que tú también lo deseabas...nunca pensé...' -aspiró con fuerza, sin conseguir que las palabras fueran más que un susurro- 'nunca creí que te había forzado'.

Vanir se sentó de un salto sobre las mantas, como si le hubieran pinchado. ¿Era eso lo que Karion había entendido, era eso lo que le había transmitido con su rechazo y con sus palabras? El silvanesti quiso gritar y maldecir su torpeza y su inexperencia. Debía quitarle aquella idea de la cabeza a Karion, y rápido, antes de que aquella conversación acabara en desastre. Aferró a Karion por los hombros, sacudiéndole levemente.

-'¡Karion, no...no pienses eso, no sigas por ahí porque te equivocas! Mírame y escucha bien. Nunca. Me. Forzaste. Jamás- Vanir puntualizó cada palabra con una pequeña sacudida, su mirada fija en los angustiados ojos del elfo más joven-' Nunca hiciste...o hicimos, nada que fuera contra mi voluntad. Si dejé la vida que tenía fue por elección, porque supe que lo que me esperaba jamás me haría feliz, ni a mi prometida tampoco, no después de conocer lo que podía llegar a tener. Rompí mi compromiso porque creí que no era correcto, por mis convicciones. Podrías haber sido tú el que me abriera los ojos o cualquiera, incluso otra mujer. ' -Vanir tragó saliva, era el momento de ser sincero- 'Quizás me asustaste algo, no porque me forzaras, sino porque ibas más rápido de lo que mi pobre mente de silvanesti conseguía ir. Deseé y disfruté cada momento en que estuvimos juntos, aunque a menudo no supe, y no sé, expresarlo. Es sólo que me encontré de repente con algo que rompió todos mis moldes, Karion: tú'.

Vanir dejó de apretar los hombros del kagonesti para estrechar sus manos con fuerza, intentando poner todo su convencimiento en su mirada. Tenía toda la atención del arquero y estaba dispuesto a aprovecharla.

-'Mira, es sólo que tú tienes más experiencia que yo en las relaciones. Das por sentado el contacto físico de una manera que los silvanestis no conocemos. Eso ya fue un primer paso que asimilar' -Vanir torció una sonrisa, intentando quitar algo de hierro a sus palabras- 'También has tenido amantes, no sé cuántos y prefiero no saberlo, mujeres y muchas...sensaciones...que provoca el...contacto amoroso --el elfo sintió cómo empezaba a enrojecer pero forzó su determinación- que tú ya tienes asimiladas. Yo no. Nunca he tenido amante alguno, ni hombre...ni mujer- Ahí estaba, ya lo había dicho. Profundamente perturbado, Vanir bajó la vista a las manos enlazadas de ambos- No tengo asimilado nada, Karion. Cada cuerda que pulsas, cada paso que das...que damos...es nuevo para mí. Además de intentar comprender y aceptar esas sensaciones tengo que...derribar...una buena carga de prejuicios mentales. Eso no quiere decir que no quiera...que no desee...cada cosa que sucede entre nosotros --sintió que su rostro ardía al recordar cuánto anhelaba cada contacto-- Es sólo que vamos a ritmos distintos y lo único que me pasa es que necesito poder asimilar primero las sensaciones básicas, antes de poder dar el siguiente paso. Pero tú...-dejó una de sus manos para tironear suavemente de las cuentas de colores de uno de los mechones de Karion- vas demasiado rápido para poder seguirte'.

Vanir contempló ansioso el rostro del kagonesti, a la espera de su reacción y viendo como la angustia había cedido algo para dar paso a una preocupada comprensión.

-'Te he asustado'-dijo, simplemente, el kagonesti. Vanir rió suavemente.

-'Es un buen resumen. Se puede decir que sí, un poco'.

Karion suspiró con fuerza, entrelazando de nuevo sus manos con las de Vanir y dejando que algo del nudo en el estómago aflojara. Que el silvanesti nunca hubiera yacido con nadie era algo que no esperaba ni remotamente. A fin de cuentas, era mayor que él, estaba prometido y, al margen de eso, era apuesto. Pero las maneras de los silvanesti y las de los kagonesti eran distintas. Él había encontrado quien le calentara el lecho casi desde que había tenido edad suficiente para darle uso a lo que tenía entre las piernas, y nunca le había faltado compañía. Ávido de experiencias, no había dicho que no a nada, y la manera de ser libre de ataduras de los suyos, junto con su reverenciada posición, le había favorecido. También había buscado algunos hombres, ansioso de encontrar en ellos la camaradería y la cercanía que no encontraba en las mujeres.

Aunque había fallado en encontrar en los hombres lo que buscaba, sí que recordaba bien el desconcierto inicial al descubrir cómo funcionaban las cosas entre dos personas del mismo sexo, por lo general de manera bastante más brusca. Pero él había llegado a aquel punto después de haber conocido a unas cuantas mujeres, de...como decía Vanir...haber dado por sentado muchas cosas. El silvanesti se había encontrado de golpe en aquellas aguas bravas sin haber aprendido a nadar en los lagos, y habiendo crecido en un ambiente que le incitaba a rechazarlo. Por otra parte, Karion era lo bastante sincero consigo mismo como para saber que a veces se dejaba llevar demasiado, casi como si su cuerpo no pudiera albergar todos los sentimientos y necesitara sacarlos de golpe hacia fuera. En vez de transmitir a Vanir su necesidad de él, había conseguido asustarlo más de lo que probablemente ya estaba.

-'Lo siento...no tenía ni idea...-Karion medio sonrió, un destelleo blanco contra su piel morena--'En realidad hay muchas cosas de las que no tenemos ni idea, ¿no es cierto?. ¿Qué puedo hacer, Vanir? Dime qué necesitas que haga, no sé si podré cambiar la...forma en la que me comporto. A veces parece que no pueda estarme quieto dentro de mi propia piel.-- miró con fijeza al silvanesti y le acarició el rostro con una mano. Él se había arriesgado a ser sincero, Karion no iba a ser menos-- Es sólo que a veces...me haces sentir demasiado. No sé qué me pasa, no había perdido así el norte con nadie y no sé muy bien...Mira, tú no has tenido experiencia física con nadie y yo sí, pero tú me aventajas en un punto --casi rió al ver la cara de asombro del silvanesti-- Has crecido preparándote siempre para relaciones estables, probablemente sabes qué se espera de una ...pareja. Quiero decir...sabes cómo preparar el terreno para que algo dure, cómo vivir cada día esperando el día siguiente...Mierda, yo ni siquiera me he despertado a menudo al lado de mi amante, no sé ni cómo es dormir juntos.

Karion rió. De golpe, las palabras brotaban solas, quizás porque tenía la intuitiva convicción de que Vanir no iba a reírse. Jugueteó con el cabello negro del elfo.

-'Somos un poco como el día y la noche, ¿verdad? Puede que yo sepa qué hacer sobre unas mantas pero no tengo ni idea de cómo llevar algo hacia el futuro, y a ti te pasa al revés.--dejó que su mano descansara sobre el hombro de Vanir para bajar por su brazo y aferrar de nuevo sus dedos-- A veces...yo también me asusto un poco...Esto también me supera a mí, pero sé que no quiero que se acabe, quizás por eso me...sobrepaso a la hora de intentar demostrártelo. Me gustaría poder prometerte que me refrenaré.

Vanir sonrió ante el 'pero' que flotó entre ellos, súbitamente más confiado, y dejó que sus pulgares trazaran círculos en las muñecas del elfo.

-'No quiero que cambies, Karion, no serías tú mismo sin toda esa...energía desprendiéndose de ti. Y tengo que admitir que es halagador sentirse objeto de esa, cómo lo diría, falta absoluta de contención.--Vanir atrajo al kagonesti hacia sí con suavidad, echándoselo sobre el cuerpo y reclinándose de nuevo en las mantas, con la cabeza apoyada en su mochila. Karion, como muestra de su buena disposición, no discutió.

El silvanesti calculó que les quedaban unas dos horas antes de que el grupo se pusiera de nuevo en marcha, durante las cuales Malek estaría a fuera montando guardia. Tiempo de sobras, si no recibían ningún ataque...Forzó a Karion a levantar el rostro, apreciando la mirada pensativa del joven, y depositó un beso suave en sus labios, remoloneando allí.

-'¿Puedo pedirte algo?' -susurró, sin separarse.

-'Lo que quieras'

Vanir rió contra la boca de Karion, apreciando el gesto del kagonesti.

-'No lo digas tan fácilmente, puede que no te resulte fácil...De hecho, espero que no te resulte fácil, eso ayudaría a mi ego'.

Aquéllo despertó la curiosidad de Karion, que se acomodó mejor sobre el pecho del silvanesti, intentando descifrar aquel brillo entre tímido y decidido en los ojos violetas. Era incapaz de decir que no cuando Vanir le miraba así.

-'Di'.

Vanir le estrechó contra su pecho, abriendo las piernas para que el kagonesti pudiera acomodarse mejor entre ellas, con el estómago directamente contra su ingle. El silvanesti dejó que una mano se posara justo al final de la espalda del arquero mientras otra atraía la plateada cabeza hacia sí. Imitando el gesto anterior de Karion, Vanir susurró en su oído.

-'Quiero que me dejes tocarte esta noche...a mi ritmo'.-la mano que sujetaba la nuca del kagonesti bajó lentamente por su espalda, mientras que la que ceñía su cintura bajó hasta su cadera provocando un pequeño terremoto de estremecimientos en el arquero- 'Quiero que intentes controlar un poco ese carácter tuyo...'--Vanir balanceó las caderas hacia arriba, ajustándolas al abdomen de Karion y moviéndolas ligeramente en círculos. Sonrió ante la inhalación de Karion y volvió a rozar sus labios-'...y me dejes descubrir qué es lo que puedo hacerte yo'- dejó que la punta de su lengua rozara el labio inferior de Karion, sin permitirle besarle- '¿Lo prometes?'.

El kagonesti dejó ir un áspero juramento en su lengua natal, maldiciendo el árbol genealógico de los elfos de las casas desde Silvanos hasta la actualidad. La noche iba a ser larga.

-'Lo prometo'.