Vanir rió con suavidad contra sus labios, rozándolos meramente, mientras subía perezosamente las manos por la espalda del arquero, acariciándole con languidez con las puntas de los dedos. Tan suave y tan fuerte al mismo tiempo. El kirath notó cómo los poderosos músculos se contraían, revelando una potencia física que ninguna mujer elfa igualaría, aunque se prohibió aquella senda de pensamientos. No más prejuicios gratuitos, no aquella noche, cuando se había propuesto saber qué era realmente sentir a un hombre entre sus brazos.

El silvanesti enredó sus dedos entre la delicada melena del arquero, sosteniéndole la cabeza con gentileza, y acarició con sus labios los del joven, un simple roce piel a piel.

-'Suaves…'

El murmullo asombrado de Vanir provocó un estremecimiento en Karion, que aferró las mantas a ambos lados de ambos. ¿Suaves? Nadie le había dicho nada parecido hasta ahora. El kirath abrió sus labios sobre los del kagonesti y, en vez de besarle, se limitó a mantener sus labios separados y rozó con la punta de la lengua la del otro elfo, tímidamente y con lentas caricias exploratorias.

Karion gimió e intentó incorporarse algo para poder besar a su compañero, pero las manos que sostenían su cabeza apretaron con suavidad, manteniéndole inmóvil. Una promesa es una promesa. El kagonesti reprimió su impulso y, en su lugar, aferró los hombros del explorador, maldiciendo el afán de los silvanestis por dormir en camisa.

Vanir cerró los ojos, satisfecho por la contención del elfo más joven, y dejó que su lengua jugueteara con la de Karion, incitando, explorando en lentos círculos, sin dejar que aquél le besara y notando cómo el arquero luchaba por dejarle hacer. El silvanesti pensó que era excitante tener el control de aquéllo por una sola vez desde que aquella locura había comenzado, percibir cómo podía afectar a su compañero y notar el poder latente en su cuerpo sin que le abrumara.

Más confiado, el kirath se separó unos milímetros de su compañero, abriendo los ojos. Le pareció que la mirada nublada y oscura de Karion prometía una sangrienta venganza después de aquella noche y, por algún motivo, aquella expresión le envalentonó. Soltó la plateada cabeza para mover sus manos hasta las nalgas del arquero, apretándolas contra sí y levantando las caderas al mismo tiempo en un acto reflejo, rozando su creciente erección contra el plano abdomen de su compañero.

La extraña sensación le provocó una nebulosa sensación de anticipación no del todo desagradable y Vanir atrapó finalmente los labios de Karion entre los suyos con un gemido, humedeciéndolos y dejando que su lengua entrara más profundamente en su amante. Esta vez no impidió que el arquero le aferrara el pelo, apretando sus morenos mechones en los puños y dejando que el beso se tornara hambriento, con lenguas que acariciaban y exigían al mismo tiempo, dejando que las emociones reprimidas se expresaran con jadeos y gemidos.

El silvanesti estrechó a Karion contra su pecho mientras recorría con la lengua el perfil de su labio inferior, húmedo e hinchado por los besos. El kagonesti estaba demasiado hacia abajo y Vanir lo empujó hacia arriba, intentando tener un acceso más cómodo a su boca, cuando sintió que la excitada entrepierna del joven chocaba directamente contra la suya. Duro contra duro. Nada de curvas suaves, nada de redondeces, sino la hinchada longitud de dos cuerpos masculinos a través de una fina piel de gamo. El kirath se estremeció un instante, presionándose involuntariamente contra Karion de tal modo que pudo notar todos los detalles de su anatomía… oh, dioses, no era pequeño. La extraña sensación, y el hondo gruñido de Karion en su boca, despertaron temblores de deseo y de miedo a la vez en el silvanesti. Deseaba tocarlo, deseaba verlo, deseaba tenerlo…pero la fuerza de aquellos deseos pulsó de nuevo una cuerda de pánico en su mente. ¿Y si no sabía qué hacer? ¿Y si no sabía cómo tocarle? ¿Y si aquello le superaba?

Vanir se separó con brusquedad de la cara de Karion, jadeando por el esfuerzo, para afrontar la mirada perpleja del arquero, cuyo pecho subía y bajaba con su agitada respiración. Karion pedía más, pedía que siguiera, pedía todo lo que pudiera darle, aquí y ahora, y el elfo sintió que le faltaba el aire.

El arquero parpadeó, confuso y añorando el contacto de Vanir. Era la primera vez que alguien le besaba con aquella…entrega. Como si él fuera un ser especial, como si mereciera aquella gentileza, y a la vez con aquella lenta sensualidad que tensaba su entrepierna a fuego lento. Le hacía sentirse querido, mimado y acunado; un bálsamo después de los meses de pesadilla.

Karion se esforzó por reunir los fragmentos de su autocontrol para intentar descifrar qué había detenido a su amigo. Estaba seguro que no había hecho nada para avasallarle, entonces, ¿qué había hecho mal?. A milímetros suyo, el pálido y elegante rostro de Vanir estaba sonrojado, sus labios levemente separados, de un color subido y húmedos tras sus besos. El cabello moreno se desparramaba desordenado sobre las arrugadas mantas, su pecho bombeaba bajo la fina camisa y sentía su deseo contra el suyo.

La sensual imagen le golpeó con tal fuerza que en lo único que pudo pensar por un instante fue en arrancarle la camisa, despojarle de sus pantalones y enterrarse en él con tal fuerza que Vanir no pudiera dudar ni por un momento que era suyo. Suyo. Suyo para amarlo y para protegerlo, del daño que podía causarle el mundo y de los ojos de cualquiera, hombre o mujer, que se atreviera a mirarle con deseo. El feroz arranque de posesión pilló por sorpresa a Karion y lo asustó lo suficiente como para poder distanciarse de aquellos pensamientos y reparar en la mirada de su amigo, a medio camino entre el pánico y el deseo. Lento, Karion, lento. Lo has prometido.

El arquero se incorporó un momento sobre sus antebrazos, intentando entender. Vanir aún llevaba puesta la camisa y sus manos aún se posaban, vacilantes, sobre sus hombros. Sólo se habían besado, no se habían tocado en ningún otro lugar. A menos….El arquero bajó la mirada hacia sus cuerpos, reparando en el íntimo modo en que sus ingles se rozaban, presionándose. En el aquel momento, sintió cómo el kirath se tensaba. Así que aquello era…

Karion se obligó a ignorar las punzantes quejas de su entrepierna y abrazó con fuerza al silvanesti, sin hacer nada más durante unos instantes que escuchar su acelerada respiración. Karion escondió la cara contra el cuello de su amigo, mientras intentaba controlar su voz.

-'Ssshhh…tranquilo, tranquilo' -el arquero besó con castidad el cuello de Vanir- 'No voy a pedirte nada que no quieras darme ahora. No espero nada. Y deberías enorgullecerte, lo que estás notando es la prueba de lo que eres capaz de hacerme, del deseo que siento por ti'- Karion supo que había acertado en el motivo del miedo del silvanesti cuando sintió cómo su cuerpo delgado se relajaba algo bajo el suyo-'Lo he prometido, Vanir…no voy a saltar encima de ti, no voy a forzar lo que quieras hacer. Lo que quieras darme lo recibiré con agradecimiento, no tenemos prisa'.- el arquero salpicó sus palabras con suaves besos en las mejillas y el cuello del elfo- 'No voy a enfadarme ni voy a alejarme de ti si hoy no pasamos de aquí. Si me dices que quieres que paremos, lo aceptaré…por mucho que me cueste, maldito silvanesti. Eres mejor en esto de lo que crees'.

Vanir se giró para corroborar la media sonrisa que intuía en el arquero y se quedó sin aliento al ver aquel rostro hermoso pegado al suyo, perdido en sus colores. La blanca sonrisa del kagonesti en aquellos labios perfectos deslumbraba sobre la piel morena y los almendrados ojos azules chispeaban con humor pero también con humildad. Karion realmente se ponía a su disposición, con todo su corazón y aferrándose a una fuerza de voluntad que el silvanesti sabía que no solía ejercitar. El gesto denotaba una decisión de crear unos cimientos de confianza que conmovió a Vanir.

El kirath acarició la cara de su compañero, que se recostó contra su piel del kagonesti empezaba a estar cálida, lejos de su habitual frescura, y el explorador se preguntó cómo sería Karion en la cúspide de su placer, cómo se retorcería entre sus brazos, cómo enredaría sus dedos en el pelo y gemiría contra su boca. Entre avergonzado y excitado por aquel pensamiento, Vanir enterró la cara entre los plateados cabellos.

-'Lo sólo que esto es tan…diferente. No sé cómo explicarlo. Eres tan…suave y tan…duro al mismo tiempo que no acabo de entenderlo'.

Karion rió contra la piel de su cuello, jugueteando con el cabello del kirath.

-'Pues conóceme, Vanir. Eres libre de tocarme cómo y dónde quieras, nadie nos va a interrumpir y nadie te va juzgar por ello.'- el kagonesti besó con suavidad la punta de la oreja de Vanir, rozando a penas la piel con su lengua- 'No tengo nada diferente a ti, te lo aseguro…'

El silvanesti reprimió un temblor ante aquella acaricia y dejó que el agradecimiento y la ternura se expresaran por sí mismos con un suave beso sólo de labios, mientras aprovechaba el abrazo que compartían para empujar al arquero de encima suyo, haciéndolo rodar hacia un lado hasta que quedó tendido de espaldas sobre las mantas. Karion no dijo nada, se limitó a acomodarse, abriendo ligeramente las piernas, y a mirarle con la invitación escrita en los ojos rasgados.

Vanir se sintió súbitamente estúpido por llevar ropa, como si fuera una armadura que le protegiera del contacto con Karion y que en aquel momento le estorbaba. Se arrodilló y sacó los faldones de su camisa del pantalón, para luego deshacer los cordones que cerraban su pechera con lentitud, intentando controlar el temblor de sus manos. La mirada del arquero, fija en sus dedos, empezó a volverse depredadora. El silvanesti vaciló un instante, inseguro ante lo que podría pensar Karion al verle medio desnudo. No es que no lo hubiera visto antes –en los baños minotauros, para empezar-, pero la situación de algún modo era…diferente. Tragó saliva y se pasó la camisa por los hombros, dejándola con suavidad sobre su mochila con el sordo sonido del roce de la tela. Por un momento, ambos elfos simplemente se miraron a los ojos, conteniendo el aliento, sin decidirse a hacer el primer movimiento, con la lluvia poniendo el único sonido contra las pieles.

Hasta que Karion desenredó su mirada de aquellos ojos violetas para bajarla, lenta y deliberadamente, por el esbelto pecho de Vanir, acariciando sin tocar toda aquella superficie de piel nívea, recorriendo sus abdominales hasta su ombligo y deslizándose hasta la cintura de sus pantalones. El arquero subió entonces la vista de nuevo hasta el explorador, exhalando con una sonora respiración. Si las miradas devoraran…El kirath vio cómo el arquero cerraba los puños con fuerza, obligándose a mantenerse pasivo y un pensamiento resonó con claridad en su mente. Karion le deseaba. A él. Con todas sus fuerzas. Sólo era un inexperto y reprimido elfo de las casas, pero Karion le deseaba.. Su presencia le excitaba y lo único que le mantenía quieto en aquel momento era la promesa que le había hecho.

Aquella certeza y el fuego en los ojos del arquero ayudaron a apartar los principales miedos de Vanir. Sintiendo cómo la parte racional de su mente empezaba a quedar seriamente relegada por el instinto, Vanir pasó una pierna sobre el cuerpo de Karion y se apoyó con las manos a ambos lados del arquero. El silvanesti estiró las piernas y bajó el cuerpo a pulso, milímetro a milímetro, hasta que su erección rozó a penas la de Karion, en un gesto que era caricia y promesa al mismo tiempo. El arquero sonrió y dejó que sus manos vagabundearan por la espalda de Vanir, apreciando el contraste entre su palidez y los mechones de pelo negro que rozaban sus hombros desnudos.

Vanir se recostó contra Karion, frotándose ligeramente y sonriendo al notar el respingo del arquero, para acercarse a su cuello e inhalar el olor de su piel y de su cabello. El montaraz se apoyó sobre su antebrazo izquierdo y besó los argénteos mechones, mientras su mano derecha jugueteaba con algunas hebras con delicadeza.

-'Es hermoso…'.

El kagonesti torció el gesto, incómodo. Aquella tonalidad metálica era el signo exterior de todo lo que le había separado de una vida normal.

-'Sólo es extraño'.

-'Es único, igual que tú'.

Vanir besó sus cabellos con suavidad, acariciándolos con los dedos, como si supiera la incomodidad que causaba su color en Karion y queriendo borrar aquellos recuerdos con su gentileza. El arquero sintió que su garganta volvía a encogerse, que los ojos le ardían y se vio de repente combatiendo unas lágrimas que no entendía.

El silvanesti comenzó a besar con deliberada lentitud el lado derecho de su cuello, mientras una mano bajaba con sensualidad por su costado. Inconscientemente, Karion ladeó el cuello para facilitarle el acceso y sostuvo la morena cabeza por la nuca, cuidando de no perturbar a Vanir. Los labios del silvanesti bajaron con suavidad por su cuello, punteando el recorrido con algún húmedo beso y alguna tenue caricia de sus dientes. Karion suspiró estremecido, preguntándose cómo demonios había podido sobrevivir sin alguien así todo aquel tiempo.

El silvanesti llegó entonces al punto donde se juntaba el cuello con un hombro musculoso, trazando el recorrido con su lengua para morder con suavidad. Dioses…Karion jadeó y dio un respingo, aferrado a los morenos mechones, notando la queda risa de Vanir y la mano del silvanesti sobre su abdomen, una caricia y al mismo tiempo un recordatorio. Fue el turno de Karion de estremecerse bajo el cuerpo de Vanir, gimiendo mientras el kirath besaba sus hombros y la base de su garganta, apretando el cuerpo contra el suyo sin remilgos. Los labios de Vanir y el roce de sus ingles eran casi más de lo que el arquero podía soportar. Con un gemido sordo pasó una pierna por encima de sus caderas, estrellándolo contra él, mientras atraía la cabeza del kirath hacia la suya para un beso hambriento, que se prolongó entre gemidos hasta que ambos tuvieron que separarse en busca de aire.

Olvidada completamente su promesa de buena conducta, Karion se sorprendió cuando el montaraz aferró sus muñecas con fuerza, desasiéndolo de su cabello, para sujetarle los brazos a ambos lados de la cabeza y susurrarle un 'quieto' de advertencia al oído. El arquero se mordió el labio y gimió. Maldito fuera el silvanesti. Tras unos segundos, contento al notar que Karion se forzaba a relajarse debajo suyo, Vanir le soltó para volver a deleitarse con sus gemidos al besarle de nuevo el cuello y los hombros.

Los labios del silvanesti rozaron entonces el punto donde asomaban las alas del dragón plateado que el joven llevaba tatuado en la espalda. El dibujo era tan grande que las puntas de las alas reptilianas eran visibles en la redondez de sus hombros. La reacción de Karion fue inmediata, inspiró de golpe y se quedó helado, tensándose, y sus manos se quedaron paradas sobre sus hombros. Confundido, Vanir alzó la cabeza para apreciar la mirada entre dolorida y recelosa de su compañero.

-'¿Qué ocurre?'

El joven meneó la cabeza.

-'Nada. Es sólo que…has tocado el tatuaje. Yo nunca he dejado que… bueno…nadie lo ha tocado nunca'.

Karion cerró los ojos y su vulnerabilidad encendió una mecha protectora en el silvanesti, que acarició el cuello del otro con la punta de la nariz.

-'¿Porque tú nunca has querido o porque nadie se ha atrevido?'

La pregunta podría haber sugerido una debilidad que no gustaba nada al arquero, pero la suavidad del tono de Vanir no dejaba lugar a dudas de que no quería herir sus sentimientos, sino precisamente evitar hacer algo que le incomodara. Karion se forzó a abrir los ojos y apartó un mechón negro de la cara del silvanesti.

-'Porque no estoy cómodo con lo que tengo en la espalda y nunca he sentido a alguien lo suficientemente cercano como para permitirle tocarlo. Y porque a todos mis…compañeros' –por algún motivo, se resistía a pronunciar la palabra amantes ante Vanir- 'les daba miedo, reverencia o repulsión, no lo sé. Debí suponer que a ti te daría igual'.

El silvanesti frunció el ceño.

-'No me da igual. Nada de lo que se refiere a ti me da igual. Forma parte de ti y por eso me es querido. Y desde luego no me repugna, en realidad es perfecto.'

Como para demostrarlo, el silvanesti volvió a besar la piel tatuada, lamiéndola con lentitud, provocando un estremecimiento en Karion que no supo si era por placer o por el esfuerzo por reprimir un sollozo a medio formar. No iba a llorar. No cuando por fin tenía a Vanir como quería tenerlo y podía echarlo todo a perder con su estúpida, vulnerable e infantil reacción. A pesar de todo, las lágrimas empezaron a humedecer su pestañas y el arquero cerró los ojos con fuerza. ¿Qué tenía aquel silvanesti que podía hacerle llorar al mismo tiempo que excitaba su sangre? Todo lo que no había tenido hasta entonces, se respondió.

Karion entrelazó con cuidado sus dedos con el pelo de Vanir, reprimiendo un gemido peligrosamente cerca de convertirse en un sollozo al notar cómo el montaraz empezaba a trazar un rumbo descendente con sus besos hacia su pecho.

El silvanesti se frotó con sensualidad contra su compañero mientras descendía por el musculoso pecho moreno, acomodándose entre las piernas de Karion y dejando que la excitación del kagonesti quedara atrapada contra su abdomen. Vanir reparó con una sonrisa mental en que aquel contacto ya no le asustaba. No sabía si era el atisbo de vulnerabilidad y la necesidad de afecto que había visto en Karion o el impulso que suponía para su autoestima ver en qué manera era capaz de afectarle, o bien el simple hecho de poder disfrutar de aquella criatura demasiado hermosa sin que le avallasara. El hecho es que, en algún momento, había dado el paso entre ver a Karion como a alguien vetado, de su mismo sexo, y verlo como a una persona, como alguien a quien…amaba.

Sí, ahí estaba. Vanir nunca le había dicho a Karion que le quería. No había encontrado una manera de decirlo que no le sonara ridícula ni sabía si aquél era un sentimiento que podía aplicarse a su relación. Pero en aquel momento la palabra se iluminó en fuego en su cerebro y provocó un escalofrío en su cuerpo. Aún no sabía si podría decírselo con palabras, pero podía intentar demostrárselo con acciones.

Karion frunció el ceño al notar a Vanir perdido en alguna ensoñación, con la cabeza apoyada en su pecho, temiendo que el montaraz hubiera tropezado de nuevo con algún prejuicio. Instantes después, sus músculos se tensaron al notar la leve caricia de los largos dedos del silvanesti en su pezón.

-'¿Te gusta que te toquen aquí?'

El arquero gimió, sonoramente. Por el tono suave y dudoso del silvanesti, sabía que Vanir no había pretendido ser seductor pero, qué demonios, las imágenes se agolparon con tal fuerza en su mente que apretó los dientes para no saltar encima suyo. La preocupación del silvanesti por su placer volvió a amenazar con hacer saltar un dique que empezaba a resquebrajarse, y la respuesta de Karion fue un siseo.

-¿Por qué no lo compruebas?'

El cabello de Vanir acarició el pecho desnudo al mover la cabeza y lo siguiente que sintió Karion fue la lengua del montaraz rozando uno de sus pezones, mientras las yemas de sus dedos acariciaron dubitativamente el otro, endureciéndolos casi hasta el dolor. El arquero jadeó en busca de aire, golpeando la cabeza contra las mantas y aferrando de nuevo el pelo moreno. Por los espíritus que si a Vanir se le ocurría parar ya podían tener un buen combate ahí fuera porque alguien iba a pagar aquéllo. Karion se perdió en una bruma de gemidos, retorciéndose sobre las pieles, mientras Vanir alternaba su lengua, sus labios y sus dedos hasta que al arquero empezó a martillearle la sangre en la entrepierna.

Envalentonado por las reacciones de su amigo, el kirath se sentó a horcajadas sobre Karion, saboreándolo con la vista. El kagonesti aferraba las pieles con los puños, su piel morena brillaba con el producto de sus besos y con una fina transpiración y respiraba entrecortadamente. Cuando Vanir se sentó con firmeza sobre él, Karion se retorció, enviando un relampagueo de deseo justo al centro de su masculinidad y el kirath envió los prejuicios al rincón más oscuro que pudo encontrar en su mente.

Al Abismo con el mundo y sus opiniones, pensó mientras recorría con las manos abiertas los tensos y marcados abdominales del arquero. Si aún no sabía tocarle como debía, simplemente aprendería.

Con deliberada lentitud, Vanir bajó la cabeza y dibujó un camino con su lengua hasta el ombligo de Karion, jugueteando y disfrutando del juramento en kagonesti que brotó de los labios del joven. Los labios del montaraz bajaron más allá del ombligo y dejó que su lengua resiguiera la casi invisible línea de vello que marcaba el camino hasta el cinturón del arquero.

El kagonesti forzó a sus pulmones a tomar aire en tres rápidas inhalaciones, intentando conjurar algún resto invisible de autocontrol que le permitiera componer una máscara de consuelo y apoyo cuando Vanir, inevitablemente, parara, dejándole a punto de estallar. Falló. Sintiendo la garganta seca, intentó una cuarta inspiración que se cortó en seco.

Karion abrió los ojos de golpe y se incorporó sobre sus antebrazos como un rayo al sentir las manos de Vanir rozando su erección por encima de sus pantalones…para luego pelearse con la hebilla del cinturón. ... Iba a hacerlo. Lo que fuera, pero algo iba a hacer. Allí abajo. Incrédulo, buscó la mirada de Vanir, pero el silvanesti tenía la cabeza gacha y los mechones oscuros le tapaban el rostro y le impedían ver sus ojos. Aquello le aterró. ¿Y si en realidad no quería hacer aquello? ¿Y si, a pesar de sus palabras tranquilizadoras, se sentía obligado y pensaba que Karion le dejaría si no pasaba de allí?.

En ese momento, el arquero comprendió lo importante que era para él poder leer la mirada de Vanir. Sin las emociones de aquellos nítidos ojos violetas el kirath podría parecer uno más de los fríos y arrogantes silvanestis y Karion necesitaba tranquilizarse a sí mismo tanto como a Vanir. El arquero estiró la mano derecha y aferró la muñeca de su compañero, deteniéndole y hablándole con más angustia de la que esperaba.

-'¡Vanir, para! ¡Mírame!'

El kirath alzó instantáneamente la vista y Karion vio el cielo abierto. El moreno elfo se mordía el labio, ruborizado y obviamente concentrado en lo que estaba haciendo, pero sus ojos no mostraban rechazo, aprensión ni temor. Sólo deseo, algo indeciso pero genuino y honesto.

-'¿Estás seguro de que quieres seguir?'-Karion se sorprendió ante su propia elocuencia. A pesar de la voz rasposa que salió de sus labios, nunca pensó que tuviera tanto control como para poder formular una pregunta en aquel momento.

Vanir esbozó una media sonrisa tímida.

-'Sí'.

-'No…no quiero que te sientas obligado'.

El elfo moreno meneó la cabeza.

-'Si lo hago es porque quiero, Karion, porque…lo deseo'-porque te deseo a ti-'Sólo…sólo dime si hago algo mal'

-'¡¿Si haces algo mal?!'- el kagonesti resolló- 'Por los dioses, nadie me había tratado con tanto esmero nunca'.

-'Entonces es que a lo mejor no te merecían'.

Karion se quedó mudo unos segundos, incapaz de apartar la mirada de los cálidos ojos de Vanir. Quizás tenía razón…quizás se había dado a sí mismo a elfos a quienes no le importaba en absoluto, enlodando su percepción de cómo podía ser de hermoso hacer el amor con una persona que, si no te amaba –Vanir nunca le había dicho tal cosa-, sí que te cuidaba y mimaba. La sensación de dejarse acariciar por el kirath era, quizás, como la que debía haber tenido al acostarse con alguien por primera vez. El pensamiento le hizo sentirse tan solo y, a la vez, tan agradecido por encontrarse en los brazos del silvanesti, que las lágrimas, esta vez, acudieron de golpe a sus ojos y cerraron su garganta.

El kagonesti apretó los ojos con tal fuerza que casi se hizo daño y dejó caer la cabeza sobre las pieles, rezando porque su compañero no hubiera visto las lágrimas.

Vanir sonrió aliviado ante lo que interpretó como un asentimiento de su compañero y devolvió su atención al cinturón, peleándose por abrirlo y sintiéndose tan azorado cada vez que rozaba el bulto en los pantalones que ni siquiera percibió el sollozo que recorrió a Karion.

El kirath se inclinó para depositar un beso en la suave piel tostada bajo el ombligo de Karion al tiempo que tironeó de los pantalones de gamo hacia abajo, que quedaron encallados en la latente erección del arquero. Vanir tragó saliva.

-'Karion…las caderas…no puedo…'

Sin decir palabra, el kagonesti alzó las caderas y Vanir deslizó el pantalón más debajo de sus nalgas. Aspirando para infundirse valor, presionó la erección de su compañero, sintiendo que el calor se expandía por su cuerpo de manera imparable, para poder sacarle los pantalones sin dañarle. Sin permitirse mirar de manera directa, Vanir deslizó los pantalones hasta los tobillos sin quitarle las botas, recordando de golpe que en cualquier momento podrían ser atacados y que Karion necesitaría vestirse.

Postergando el momento, el kirath acarició la suave piel de los gruesos muslos del arquero y comenzó a recorrerlos hacia arriba con sus labios, palmo a palmo. Hasta que sus manos tocaron la entrepierna del arquero, que respingó y emitió un estrangulado gemido, tapándose la cara con los brazos cruzados. Finalmente, Vanir alzó la mirada hacia la intimidad de su compañero. Oh, señor de las batallas…Una cosa era ver tu propia entrepierna todos los días, y otra cosa muy distinta la de otro hombre. La sensación era una exótica mezcla de familiaridad y extrañeza que dejó a Vanir paralizado por un momento. Había visto a Karion desnudo antes, pero en estado de relajación, y le había tocado anteriormente, en Silvanost, tan excitado como ahora, pero todo había ido tan rápido que no había podido ni verlo. El kirath sabía en carne propia qué sentiría Karion si le tocaba pero, al mismo tiempo, no tenía ni idea de cómo hacerlo bien.

Incapaz de hacer nada más por un momento, Vanir recostó la cabeza en la cadera del aquero, con su mano derecha sobre el muslo del joven y su nariz a milímetros de su hombría.

-'¿Cómo te gusta que te toquen?'

El sonido que salió de debajo de los brazos cruzados fue una extraña mezcla de resoplido y jadeo que Vanir, en otro momento, habría identificado con un sollozo.

-'Yo…ya no lo sé'.- Karion tomó aire trémulamente- '¿Cómo te gustaría que te tocaran a ti?'.

El silencio salpicado de lluvia reinó unos segundos en la tienda, mientras Karion sentía las lágrimas silenciosas cayendo por sus mejillas bajo sus brazos y se preparaba para sentir los dedos de Vanir a su alrededor. Cuando notó una húmeda caricia sobre su punta y los labios del kirath cerrándose sobre él respingó con tal fuerza que temió haberlo ahogado. Jadeando, descruzó los brazos y se incorporó sobre las manos, creyendo haber soñado aquel contacto, pero la morena cabeza estaba suspendida a milímetros suyo y Vanir le miró con indecisión.

-¿Te…te he hecho daño?'

Karion se volvió a dejar caer sobre las mantas, pensando que ni su cuerpo ni su corazón iban a aguantar mucho más. Se tapó los ojos con las manos, dejando que su voz temblara lo que le viniera en gana.

-' N-no. Por los dioses, sigue'.

Que esta vez supiera lo que venía a continuación no le ayudó a reprimir los estremecimientos y, qué demonios, ni quería ni podía hacerlo. La lengua y los labios de Vanir recorrieron toda su longitud, vacilantes al principio y ganando más confianza al poco al notar al arquero temblando de tal modo que tuvo que sujetarlo por las caderas para mantenerlo algo quieto.

Karion gimió y sollozó al mismo tiempo y nunca supo qué sensación le pudo con más fuerza. Si el placer de sentirse envuelto en aquella húmeda calidez o el calor en su corazón al saber que era Vanir quien estaba proporcionándole aquellas sensaciones. El silvanesti, aunque torpe, había encontrado el valor para sobreponerse al menos un paso a todos sus prejuicios y temores y le había escogido a él para expresar toda la ternura y el cuidado de que era capaz.

El kagonesti aguantó hasta que sus abdominales empezaron a tensarse como cuerdas al rojo vivo y el nudo en su garganta se estrechó hasta dejarle casi sin aire. No quería por nada del mundo sobrepasarse con Vanir aquella noche, por mucho que el silvanesti dijera que lo deseara, y apuró sus últimas reservas de palabras.

-'Vanir, no…no voy a, …estoy a punto de…'

El silvanesti entendió. Liberó su boca para abrazar con fuerza a su compañero, besándole con profundidad mientras su mano acariciaba con instinto a Karion, arráncandole un gemido sostenido. El kirath sintió cómo el arquero elevaba las caderas y tensaba los músculos hasta volverlos de granito y cómo su erección latía en su mano, derramando su alivio.

Vanir quiso sonreir contra los labios de Karion pero no tuvo oportunidad. Un audible sollozo estalló en el pecho del arquero, que se abrazó a él como si quisiera fundirse y desaparecer. El joven aferraba su nuca y su espalda con tal fuerza que le hacía daño mientras los gemidos y el llanto incontrolado sacudían todo su cuerpo.

Karion lloró aferrado a Vanir todo lo que no pudo llorar en dos meses de cautiverio en manos de los ogros y todo lo que no sabía que quería llorar de su vida con su pueblo. Lloró de horror por todo el salvajismo que había vivido y que no había podido evitar, por la soledad de un niño reverenciado y por el infinito alivio de haber encontrado la dulzura y el cariño que anhelaba en los brazos de un silvanesti.

El arquero enterró la cara en el cuello de Vanir, avergonzando y mortificado por su reacción y sin atreverse a hacer frente al orgullo herido que debía tener su amante.

El kirath le abrazó sin preguntar, una vez que la sorpresa inicial abrió paso a una parcial comprensión. ¿Cómo podía ser que alguien como Karion hubiera estado tan solo?. Cuando los amargos sollozos del arquero dieron paso a hipidos quebrantados, Vanir lo forzó a desenredarse unos centímetros y le sostuvo la cara con las manos, besando sus párpados cerrados y sus mejillas empapadas.

-'Karion, mírame, por favor. Necesito que me mires para lo que tengo que decirte'

Avergonzado, el arquero abrió los ojos, aspirando entrecortadamente. Vanir estaba serio, pero había una nueva luz en su mirada.

-'Te quiero'

Karion abrió los ojos desmesuradamente, de manera casi infantil. Aquélla era la única frase que no esperaba oir.

-'¿Q-Qué?'

-'He dicho que te quiero, maldito kagonesti hermoso, orgulloso e hipersensible' – una tímida sonrisa empezaba a esbozarse en los labios de Vanir- 'Adoro tu impulsividad, tu infantil sentido del humor, tus modales salvajes y desmedidos y tu enorme corazón' –la sonrisa se volvió más abierta- 'Adoro tu pelo plateado, el frescor de tu piel, el tatuaje que tanto odias y todo lo que tenga que ver contigo'.- el kirath sacudió levemente a su compañero- 'Me trae sin cuidado que seas hombre o mujer, te quiero. De los pies a la cabeza y para todo el tiempo que consigas soportarme a tu lado. ¿Te ha quedado claro?'.

-'Joder'.

El arquero parpadeó, sintiendo que las lágrimas acudían de nuevo a sus ojos y esbozando una sonrisa que empezó temblorosa y acabó por convertirse en una enorme y estúpida mueca de felicidad. Escondió de nuevo la cara entre los cabellos de Vanir, llorando ahora sin vergüenza alguna y sabiendo de manera instintiva que, esta vez, los cambiantes soplos de aire que guiaban su carácter habían encontrado su corriente estable.

Era bueno que aquella noche no hubieran sufrido ningún ataque.