Capítulo 4

La boda

Presente

Las grandes puertas de la iglesia estaban frente a mí, adentro estaban toda la nobleza que conocía y de la misma provincia de Amaton, estaba mi madre y sobre todo estaba el sacerdote y mi futuro esposo esperando mi llegada. Para colmo iba a entrar sola pues mi padre ya hace tiempo que había muerto. De pronto me entraron unas ganas de salir corriendo.

Las trompetas sonaron adentro de la iglesia anunciando mi entrada y frenando mi intento de huida, pronto unos guardias abrieron las grandes puertas de pino y yo comencé a avanzar hacia el altar con el paso marcado por la marcha nupcial. Era grande la iglesia, como para mil personas. Las damas se veían extravagantemente pintadas y peinadas, tanto que lamente que Miki me quitara el maquillaje que me había hecho Gabriela y me hubiera pintado de manera más discreta. A la mitad del pasillo divise a Lady Miriam y sus hijas, las tres abrían los ojos al ver mi rostro, obviamente, pues así ellas no me habían dejado. Casi al frente estaban Sir Honne con su esposa, ella también me veía sorprendida. Mi madre me observaba con su típica mirada fría pero eso no era novedad. Y no lograba ver a Miki por ningún lado, quería verla pues si no tendría que ver a mi futuro marido y si lo hacía estaba segura de que saldría corriendo.

Por fin llegue al lado del Duque de Amaton, en ningún momento le vi y ahora tendría que hacer eso a fuerza.

La ceremonia comenzó, si bien me fije en mi futuro marido más de lo que me habría gustado admitir; era joven, cosa que me sorprendió bastante, tenía el rubio cabello peinado hacia atrás, sus ojos eran azules, como los míos pero más obscuros, su piel parecía ser suave y blanca y sus labios eran bastante rojos. Era alto y un poco fornido, además de que le rodeaba cierta aura de misterio. Sin embargo, él me veía sin expresión alguna en el rostro.

La ceremonia transcurría y yo no había puesto atención a casi nada. ¿En realidad iba a casarme? Cuando menos me di cuenta mi futuro esposo ya había dicho "acepto"

-y usted ¿Rin Marie Megurine acepta al Duque Lennard Kagamine de Amaton como su esposo, para amarlo y respetarlo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe?-dijo el sacerdote. Mis manos sudaban y mis ojos se encontraban abiertos lo más posible. Para esta momento yo ya estaba de lado viendo de frente a mi futuro esposo. Recordé en ese justo momento que mí querido Mikuo estaba sentado justo atrás de mí como un invitado más de la boda. Empecé a dudar, mi corazón golpeaba con fuerza en mi pecho, yo no quería casarme con él.

Mi vista se perdía en el vacío, voltee a ver a Lennard y él me veía sorprendido ¿Cuánto tiempo había pasado yo sin decir palabra? De reojo vi a mi madre que empezaba a poner mala cara, voltee a ver a todos los presentes tratando de buscar a Mikuo, le encontré en la segunda fila del lado izquierdo, me veía con una poca ilusión en sus ojos pero él sabía mi situación, vi como una lagrima era derramada de sus hermosos ojos negros para después bajar la cabeza. Voltee a ver al duque, él cerraba los ojos de manera amenazante mientras me veía, casi podía ver en su mirada "acepta de una buena vez". La gente comenzaba a rumorear.

-yo...y...-mi voz comenzaba a temblar. En serio que no quería hacer esto.-...acepto.-dije casi en susurro y bajando un poco la cabeza mientras lagrimas rebeldes sacian de mis ojos.

-bien si hay alguien que se oponga, que hable ahora o callé para siempre.-yo tenía la vana esperanza aun de que Mikuo hablaría y me raptaría de ese lugar. Pero no lo hizo.

-si no hay ninguna objeción. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. Yo los declaro Marido y Mujer. Puede besar a la novia.-recito el sacerdote. Lennard me vio y solo acerco sus labios a los míos para un simple roce. Sin poder evitarlo derrame otra lágrima.

Ya en el carruaje, estaba súper nerviosa. Estaba sola con mi ahora esposo, y él apenas si me había mirado, ni siquiera me había dirigido la palabra. Ni siquiera una presentación o algo por el estilo. Tal vez yo debería dar el primer paso. Extendí mi mano a su dirección, y él dejo de ver por la ventana para verme a la cara.

-Rin, un gusto milord.-dije intentando sonreír. Él me miro pensativo, luego estrecho mi mano.

-¿por qué llorabas Rin?-dijo con una suave voz aterciopelada, pronunciando mi nombre como si fuera una caricia. No pude evitar soltar su mano y voltear la vista mientras fruncía el señor ¿por qué tenía que preguntar específicamente eso?

-¿importa mucho eso? Usted milord no me ha dicho formalmente su nombre, y eso no es correcto.-le recrimine intentando cambiar de tema.

-¿para qué te diría mi nombre si sé que lo sabes?- dijo. ¡Vaya aparte de frio y cortante, mal educado!- y tu querida no has contestado a mi pregunta ¿por qué llorabas? Contesta que no lo repetiré.

Dude en decirle. No quería que supiera el verdadero motivo. Eso sería algo que me guardaría para mí por el resto de mi vida.

-me entristeció pensar que estaba a punto de casarme con un hombre con el que ni siquiera había tenido una conversación.-respondí viéndole a la cara. Altiva igual como mi madre me había enseñado. Él sonrió de lado de manera sínica. Esa sonrisa me dio miedo la verdad, era demasiado...siniestro.

-¿tristeza? Bien, en ese caso...conozcámonos.-dijo con esa misma sonrisa.- ¿tu edad?

-19 años milord.-de pronto me sentí cohibida, intimidada.

-¿qué quieres saber de mí, querida?-pregunto él apoyando la espalda en el respaldo del asiento.

-pues...considerando que acabo de unir mi vida a la de usted milord. Yo diría que quiero saber todo, empezando ¿Por qué lo precipitado de la boda?-pregunte casi en susurro. Su presencia simplemente me intimidaba.

Un incómodo silencio nos inundó ¿que no pensaba contestarme?

-como prefieras...-sonrió de nuevo.-primeramente la boda se hizo tan pronta por cuestiones políticas que así me lo exigían, yo no podía estar más tiempo soltero sino el título que poseo pasaría a ser de mi primo Ted Kasane.-hizo una pausa en donde su mirada azulina parecía atravesarme.

-en segunda, me parece que tienes que saber cómo estarán las cosas en nuestro matrimonio.

-¿qué cosas?-me atreví a preguntar.

-querida escucha con atención pues no lo repetiré:

Uno: en mi casa se seguirá honrando la memoria de mi primera esposa, Miku.

Dos: todo lo que quieras hacer primero deberás consultármelo a mí.

Tres: no hablaras ni harás nada que yo no te diga o te pida.

Cuatro: serás una mujer sumisa y callada

Cinco: cuidaras de la casa como la señora pero sin opacar la memoria de Miku

Seis: serás prudente y sensata.

Siete: y la más importante, serás mi mujer cada vez que yo así lo quiera y tú no renegaras por eso ¿entendido?

Si bien estaba aterrada antes, ahora estaba horrorizada ¿cuánto tiempo podría vivir así sin suicidarme? Asentí lentamente.

-Bien.-sonrió satisfecho.

-mi... ¿milord?-pregunte en susurro

-¿si querida?-dijo él con una sonrisa deslumbrante. ¿Cómo podía pasar de dar miedo a esa hermosa sonrisa?

-que...quería preguntarle algo.-estaba tan nerviosa que tartamudee, sentía que en cualquier momento, con cualquier comentario o movimiento erróneo, él podría golpearme. Lennard extendió la mano como dándome permiso a hablar.- bueno en realidad dos cosas. La primera ¿puede quedarse en Kagamine Royal Hall, mi amiga Miki?, ¿que consideraciones y privilegios tengo al ser su esposa? Y bueno... ¿usted...usted está pensando en un futuro...ya sabe, tener aventuras con otras mujeres?

Él abrió los ojos de manera desmesurada. Luego de unos segundos, su expresión se compuso y me sonrió, en lo que yo tomé como un intento de ser agradable.

-me temo querida que fueron tres preguntas, en orden a lo que has preguntado; diría que tu amiga podrá quedarse en nuestra casa pues tampoco quiero que seas infeliz, en tanto a privilegios no sé a qué te refieres, tendrás sirvientes a tu disposición pero hablando del dinero ese yo te lo racionaré, con respecto a las deudas de tu familia yo las absorberé pero solo pido el cumplimiento de las normas que ya os he dicho; y lo último...la verdad es que no lo había pensado.