Capítulo 5

La fiesta

(Narración mixta)

Presente.

Rin

Esta vez al bajar del carruaje si pude distinguir bien la que ahora sería mi casa, Kagamine Royal Hall. Era una construcción magnifica y sumamente elegante, además de grande. En el salón principal todos los invitados nos esperaban a Len y a mí, el salón estaba exquisitamente adornado, no dudo de que esto haya sido obra de IA, pues me parece que ella tiene un gusto precioso. Varios invitados se acercaron a felicitarnos, luego un viejo Lord quiso tener el placer de bailar con la novia; pensé que Len se negaría a eso, pero fue todo lo contrario pues casi me obligó a levantarme de la silla. Mi esposo y yo casi no habíamos vuelto a hablar, solo lo indispensable, unas cuantas preguntas por parte mía y cortas respuestas por parte de él, luego me mando a callar diciendo que ya le tenía harto.

El viejo Lord era uno de los mayores comerciantes de Amaton, se llamaba Lord Cluny, tenía 4 hijas en la capital y una esposa sepultada ya hace varios años. No pude seguir mi conversación pues la música acabo. Me despedí con una reverencia del Lord, para regresar con mi esposo, pero una fuerte mano me tomo por el codo obligándome a girarme hacia su dirección. Note esa mandíbula cuadrada, esos labios rosados que tantas veces había besado, esos ojos aguamarina que habían llorado por mi culpa, ese mismo cabello aguamarina bastante despeinado; era mi Mikuo. Todo lo de alrededor pareció desintegrarse, ya solo me importaba él.

-¿me concedería esta pieza Lady Kagamine?-dijo en ese sensual susurro que siempre hacia que me dieran ganas de besarle, pero ahora sonaba un poco triste, aun así logro que mi corazón palpitara a mil por hora y que me temblaran las piernas.

-¿nuestro último baile?-pregunte tomando su hombro, dispuesta a bailar con él. Note como asintió.

-te vez preciosa.-me susurro al oído. ¿Porque la vida eran tan injusta que no me dejaba estar con el amor de mi vida? Nuestros ojos se conectaron, su mano en mi cintura me pegaba cada vez más a su cuerpo; de pronto quise estar a solas con él.

Len

Rin se había marchado acompañada de Lord Cluny, di gracias al cielo pues no quería amargarme la velada estando con ella todo el tiempo. Era una muchacha linda, pero irritante en exceso, además de que no creo que pueda jamás llenar el espacio ocupado por Miku, ella simplemente era única y perfecta.

-¿tan amargado en tu propia boda? Sabes si yo fuera tú estaría verdaderamente feliz.-dijo Dell sentándose en la silla a mi lado.

-¿porque la escogiste a ella?-pregunte a mi amigo, después de todo él había elegido a mi ahora esposa.

Dell sonrió.- es simple, ella estaba desesperada por un buen matrimonio y te hubiera aceptado aun si fueras un viejo como Lord Cluny, y bueno es bella además de que me recordó mucho a Lady Lilianne.

Yo sonreí. Eso era cierto, Rin era idéntica a mi madre, incluso más que yo mismo. Rin era de estatura promedio, ni muy alta ni muy baja, era menuda, tenía curvas, era, al menos de cuerpo bastante normal, su piel blanca como la leche, en fin nada espectacular. Su cara era simétrica con facciones suaves y delicadas, sus ojos eran con forma de almendra coloreados de un azul grisáceo bastante claro, tenía labios pequeños y rosados, su cabello era de color rubio exactamente idéntico al de mi madre, ella misma era como una copia de mi madre.

-es cierto que es muy parecida a mi madre.-le dije a Dell.-pero bien sabes que prefiero a las de cabello aguamarina.-sonreí de lado y de pronto recordé a mi Miku, la extrañaba tanto.

Dell rio y bebió un poco más de champagne.-amigo mío una mujer así es exactamente lo que menos necesitas.-ambos reímos por la ocurrencia pues tal vez era cierta. Aún tenía en la mente la pregunta de Rin ¿sería capaz de serle infiel? Aunque lo dudo mucho, supongo que si conociera a una mujer a la que llegara a amar aunque fuera la mitad de lo que ame a Miku, lo más probable es que sí.

Gire mi cabeza hacia la pista de baile, por algún motivo Rin aún no había vuelto. Le di permiso para un solo baile y este sería el tercero. En el centro de todos los bailarines la vi, estaba bailando con un joven, yo no le conocía, pero ambos se veían como si fuera el otro lo más preciado y sagrado que tenían. Él la tomaba por la cintura con recelo como temiendo que ella se fuera a escapar, ella le miraba con los ojos vidriosos.

En ese momento entendí porque Rin lloraba en la ceremonia. Ella amaba a ese joven, pero se tuvo que casar conmigo. Bien ninguno de los dos estaba de conforme con este matrimonio. Tal vez podría divertirme con esta situación.

-¿quién es el que baila con mi esposa?-pregunte a Dell. Él vio hacia donde yo veía.

-me supongo que es el Vizconde Mikuo Hatsune.-dijo. Al oír ese apellido me paralice, pues ese era el apellido de soltera de Miku.

-¿él es pariente de Miku?

Dell dudo un segundo.-...creo que es su hermano.

Rin

Me sentía atrapada en una burbuja en donde solo estábamos Mikuo y yo. Le quería tanto, quería huir con él y ser su esposa, o simplemente ser suya.

-esto ya no podrá continuar, Rin.-dijo el en mi oído. Lo sabía pero hacerlo un hecho era algo que me destrozaba el alma, más aun oyéndolo de sus labios.

-te amo tanto.-le dije yo queriendo abrazarlo, claro yo no podía hacer eso.- ¿vamos al jardín?-propuse. Quería tenerle aunque fuera unos minutos a solas.

-eso no sería correcto pero...-él sonrió. Amaba esa sonrisa.

Me escoltó hacia el ventanal que daba al jardín, ya estando afuera caminamos por una vereda que se adentraba en el enorme jardín. A mitad de camino él se detuvo y me beso. Sus labios sabían ligeramente a champagne y ese sabor tan de él a café.

Cuando nos separamos yo no pude contener las lágrimas, no quería separarme de él, pero era algo irremediable. Le abrace como si mi vida misma dependiera de ello y él igual a mí.

-Rin, lamento no haber tenido lo suficiente como para poder evitar esto, en serio lo lamento tanto.-me dijo mientras me abrazaba. Ambos necesitábamos una despedida. Voltee a verle a los ojos, pero el hechizo fue roto por un carraspeo detrás de nosotros. Era Len que se mantenía a poca distancia nuestra, yo empuje un poco a Mikuo separándome de él. Len estaría enojado y con toda justificación, solo vio a su esposa abrazada a un hombre durante su fiesta de bodas. Baje la cabeza avergonzada.

-querida me parece que tienes que entrar, está demasiado fresco aquí afuera.-dijo Len con voz monótona, fría, como la que uso cuando me dijo sus tontas reglas de comportamiento que por cierto me parece que he violado. Levante la cabeza y di un paso entre Mikuo, que miraba con los ojos entrecerrados a mi marido, y Len que lo veía sin inmutarse.

-Milord, déjeme explicarle, esto no es exactamente lo que parece.-dije acercándome a mi esposo. Él volteo a verme con esos obscuros y fríos ojos azules que me daban miedo.

-Rin dije que fueras a la casa ahora.-dijo él. No podía desobedecerle. Cabizbaja camine al interior de la casa pero a medio camino los vi platicando sin ninguna clase de disturbio, Mikuo poso su vista en mí y me sonrió, con esa sonrisa que prometía un futuro mejor; Len también se volteo hacia mí pero su mirada decía que no quería ser desobedecido. Entré a la casa.

Al llegar al interior de la casa, justo en frente del gran ventanal que daba al jardín, estaba mi madre con su típica mirada fría, ya no me asustaba o intimidaba que ella me mirara así, nunca la recordé como una madre amorosa así que era perfectamente normal, a parte sus ojos no ayudaban pues eran de un color fríamente aul. Ella llevaba un vestido negro y joyería dorada, su cabello rosado estaba peinado en un recogido estirado hacia atrás y su cara sin una sola gota de maquillaje.

-madre.-la saludé, no es que ella esperara que yo fuera muy efusiva.

-Rin, me tengo que regresar a Megurine Hall, pero pronto vendré a visitaros.-dijo ella sin expresión en su rostro.

-bien.-contesté, tampoco es que ella esperara una escena grandiosa y dramática de despedida.

-no lo arruines.-dijo señalando hacia el jardín. Bien sabía a qué se refería, a Mikuo. Después ella solo dio la vuelta y se marchó sin decirme más.

Ya no dolía que ella fuera así, cuando era niña yo pensaba que mi madre no me quería y lloré mucho tiempo por eso pero al menos tenía el consuelo de mi padre, él era un muy buen padre, alegre, y muy vivaz y por alguna razón que desconozco, él amaba a mi madre, aun cuando ella no le correspondiera o fuera tan distinta a él. Lamentablemente hace unos años él murió y por su infortunada adicción al juego también nos dejó endeudadas.

Me senté de nuevo en la mesa principal, ya había pasado casi la mayor parte de la fiesta pero aún muchos invitados bailaban y bebían a montones. IA se acercó a mí.

-querida Rin.-dijo saludándome.

-IA.-intente sonreír. Ella me hizo pararme de mi asiento.

-sígueme querida.-dijo. Me llevo fuera del salón, por el mismo pasillo por el que me llevo la noche anterior, con rumbo hacia la misma habitación. En la puerta estaban Lady Miriam y Miki, me alegre tanto de verla, tenía tanto que contarle. Las cuatro entramos a la habitación y Lady Miriam y Miki me quitaron el vestido naranja y toda la ropa interior que llevaba, luego Miki me vistió con ropa de cama, un camisón de seda rosa claro y me deshicieron el peinado dejando mi cabello lacio cayendo sobre mis hombros y espalda.

-el Duque vendrá en un momento.-dijo IA saliendo de la habitación junto con Lady Miriam, que llevaba mi vestido, y Miki. Me quede sola, parada a la mitad de la habitación que era iluminada solo por unas cuantas velas, ¿cuánto tiempo tardaría Len en venir? ¿De qué estaría hablando con Mikuo? ¿Lo habría golpeado? ¿Volvería a ver a mi Mikuo? Muchas dudas se arremolinaban en mi cabeza, ya había pasado 20 minutos sola. Me senté en una silla cercana al tocador y me puse a filosofar sobre mi vida. Al otro lado de la habitación había un reloj, le vi y supe que ya había pasado media hora desde que IA se retiró. Pronto mis ojos se empezaron a cerrar, no tarde en quedarme dormida. Me desperté una hora después, ¿Len aún no había venido? Decidí que le esperaría media hora más y si no llegaba iría a dormir.

Treinta minutos más tarde yo ya dormía en mi cama.