¡Hola! ¿Cómo están? Siento haber tardado tanto en actualizar, pero la pereza y el bloqueo mental me tuvieron estancada bastantes días.
Aquí les dejo la segunda y última parte del capítulo dos. Será un capítulo algo aburrido porque la mayoría será narración, pero es fundamental para el desarrollo de la historia desgraciadamente.
Quiero aclarar que más de la mitad será narrada en primera persona, osea desde el punto de vista de Liv/Mirai pero eso será lo que haga, desde mi punto de vista, un poco más divertida la historia.
Bueno, sin más que decir.
¡Disfruten el final de este capítulo! :)
Capítulo dos parte II
La llegada del Futuro a Delfos
Liv se mantuvo analizando cada parte de la historia que le relataba Arkhes, quien se encontraba con la mirada fijamente en la castaña. Escuchaba todo, la historia de la joven del siglo XVI, el don con el cual fue bendecida, su linaje, la primera pitia mortal y su descendencia. Recordó que la historia de la joven amada por Apolo era muy semejante a la de Casandra, una amante de Apolo en su mundo que fue bendecida con el mismo don pero maldecida cuando no aceptó el amor del dios. Es demasiado semejante la historia.
Cuando la mujer tocó el tema de la bebé de Íride, se tensó. No sabía el cómo ni el por qué pero una gran preocupación apareció y estrujo su corazón, como si ella tuviera algo que ver con el relato. ¿Ella qué tenía que ver en todo esto? Todo, absolutamente todo. Arkhes la miro seriamente antes de llamarla por el nombre de aquella bebé: Mirai.
Liv parpadeo varias veces antes de negar con la cabeza.
— No, no, no, no. Usted debe estarse equivocando. Yo nací en California y mis padres se llaman Anna y Christopher, tengo un hermano mayor: Owen, nunca había pisado Grecia, mucho menos este santuario. Es la primera vez que vengo aquí, y todo por fin de cursos. Tal vez si acertó en mi signo zodiacal pero eso no tiene nada que ver, son treinta o treinta y un días de cada signo. Usted está equivocada.
Arkhes cerró los ojos, tomando un corto suspiro.
— Sé que lo que más deseas es que este equivocada Mirai, pero no es así. Yo misma estuve presente el día en que fuiste enviada a otra dimensión, desde entonces, además de proteger las predicciones que nos confían los dioses desde tiempos remotos, pase a salvaguardar el ónfalo de Delfos con la esperanza de que regresarías cuando fuera el momento. Y el momento pareció ser justo ahora.
La castaña tapó su rostro con ambas manos, aun sin creer lo que la líder de las pitonisas decía.
— Muy bien, digamos que le creo por un segundo. No muchas cosas de las que dice tienen sentido, principalmente los años transcurridos desde aquel incidente. Yo tengo veinte años, no catorce. Nací el 09 de Junio de 1995, es imposible que yo tenga catorce años de edad, mucho menos que haya viajado más de dos siglos al futuro.
— Ya había mencionado que cada suceso de la historia pasa de distinta manera entre las diferentes dimensiones. En tu mundo, el tiempo pasa de una manera mucho más rápida que aquí, por el simple hecho de que creen que los dioses así como las criaturas míticas y guerreros forman parte de una historia, de la mitología; sin pensar que realmente son o fueron reales en sus tiempos. Es verdad que viviste en una época mucho más avanzada en todos los ámbitos que la nuestra, pero fue porque los dioses así lo desearon, al igual que todos los que portan la esperanza en ti. Los vórtices del tiempo son muy delicados y pueden tardar varios días en enlazar diferentes mundos; sin embargo, tuvimos suerte de que llegaras a tu antiguo mundo con bienestar.
Naciste el 02 de Junio de 1726, más específicamente en tu otro mundo, en el año de 1995. Fuiste adoptada por los señores Anna y Christopher Marevans el día 09 de Junio de 1995, quienes ya tenían entonces un pequeño de 3 años: Owen. Te llamaron Katherine Liv Elerían Marevans en tu otro mundo. Tuviste una vida normal junto a la familia que te adoptó, formando lazos irrompibles con aquellos que te rodeaban, cursaste diferentes niveles académicos, te volviste experta en lo que hacías que decidiste viajar para superarte a ti misma, viajaste a Italia hace seis meses, después viajaste a Grecia y ahora estás aquí.
A pesar de que Arkhes solo había mencionado lo elemental acerca de su vida pasada, Liv se sintió convencida de que todo lo que le había mencionado con anterioridad la pitonisa era real, pero ¿quién le había contado toda su vida?
— Los dioses me informaron de tu vida futura en la otra dimensión y aunque casi no me comentaron los detalles, puedo adivinar que tuviste una gran vida en ese lugar. A tus padres verdaderos no les importó a donde se te enviara, mientras estuvieras a salvo ellos estarían felices y menos preocupados porque algo llegara a ocurrirte.
Liv no sabía cómo sentirse ante la noticia de que toda su vida había vivido y llamado padres a otras personas mientras sus verdaderos padres se encontraban en otra dimensión, siempre velando por su seguridad y bienestar aunque no estuviera cerca de ellos. Por otro lado, sus padres y hermano adoptivo fueron la única familia que había conocido y no podía molestarse por eso ya que ellos le habían brindado todo su amor y cariño durante gran parte de su vida.
Suspiró, tratando de mantener la calma para que el molesto picor de las lágrimas cesara. Dirigió su mirada ambarina hacía Arkhes y habló.
— Entiendo. ¿Dónde están ellos ahora?, quiero decir, ¿dónde están mis padres ahora? — preguntó con pesar.
De repente la palabra 'padres' se había vuelto una palabra muy difícil de pronunciar. Salió duramente del fondo de su corazón, pero debía de hacerse a la idea de que las cosas habían cambiado y así seguirían por un buen tiempo hasta que ella lograra adaptarse a esa época en la que ahora viviría.
Los luceros de la pitonisa se oscurecieron por un segundo antes de responder.
— Desafortunadamente Íride murió hace algunos años a causa de una enfermedad. Su cuerpo al ser el de una mortal no pudo soportar el peso de la enfermedad mucho tiempo, a pesar de que varios curanderos la trataron falleció poco tiempo después de que comenzó a manifestar los primeros síntomas de dolencia. Y tu padre, por otro lado, murió en batalla hace poco luchando contra espectros de Hades.
Liv cerró sus ámbares y suspiró tristemente, había sido despojada de su familia y no podría conocer a las personas que le dieron la vida ya que habían perecido antes de que ella regresara a su época. Tenía miedo, estaba asustada y quería regresar al hogar que ella conocía, allá donde sabía que cuando abriera la puerta de su casa encontraría a su padre leyendo el periódico, a su madre preparando la cena y a su hermano leyendo en alguna parte de su habitación. No deseaba estar allí, quería irse.
— Eso significa que estoy sola…
— Desde luego que no estás sola. De ahora en adelante me tendrás a mí y al resto de las pitonisas. Como dije, la sangre de Casandra fluye por tus venas y su don se te fue heredado como una descendiente más. Se supone que tu madre te prepararía para conocer los secretos de la predicción, pero ahora que ella no está yo tomare su puesto.
Los luceros de Liv se posaron tristemente sobre la pitonisa, quien la observaba con una expresión decidida en sus facciones.
— No puedes sentarte a llorar ahora por no tener a tus padres contigo, debes ser fuerte. Peores cosas están por venir y necesitamos estar todos preparados. Lamento que no te hayas podido despedir de tus relaciones en la otra dimensión, pero no podrás volver. Este es el tiempo al que perteneces.
— Entiendo. Lo siento, siento no poder ser fuerte en estos momentos es solo que… todo fue tan repentino y yo… — la joven trato de ahogar sus sollozos. Arkhes la miro renuente durante unos segundos antes de que se controlara. No podía seguir pensando esas cosas, como había dicho Arkhes, tenía que ser fuerte y aceptar su realidad. — Lo siento, solo dame unos días para asimilarlo.
— Desgraciadamente no tenemos unos días, Mirai. Debemos prepararnos para el comienzo de la Guerra Santa, y tú también. Tu preparación debe de comenzar cuanto antes, pero primero debemos conseguirte ropas apropiadas para esta época. No puedes andar vestida de esa manera en este siglo, llamarías mucho la atención de las personas.
Y era cierto. Las ropas de Liv consistían en un pantalón entubado color azul cielo, una blusa de tirantes rosa pálido, una chaqueta clara tipo libáis y unos zapatos sencillos color blanco, demasiado normal para ella según pensaba pero demasiado extravagantes para el siglo en el que se encontraba. Sin embargo, la líder de las pitonisas estaba en lo cierto, en el siglo que ella se encontraba no sería nada apropiado ni normal andar en semejantes prendas, demasiado llamativas para las personas. Debía de acostumbrarse y adaptarse poco a poco a la época que la rodeaba. Liv suspiró con resignación y asintió, antes de comenzar a seguir a Arkhes.
La pitonisa de cabellos rubios se detuvo un leve momento, asegurándose de que la joven recién llegada a su época estuviera siguiéndola. La observó de reojo y con una leve sonrisa.
La futura luz de Delfos ha regresado, la esperanza está a punto de brillar para está Guerra Santa con esta niña. ¿No es así, Patriarca?
— x —
Santuario de Delfos, Grecia; 1743 (Siglo XVIII) Liv's POV
2 años y medio antes de la Guerra Santa
Ya han pasado seis meses desde que llegue al siglo XVIII. Como había prometido, Arkhes aclaró más de una duda que surcó mi mente durante los días próximos de mi llegada, explicándome todo lo relacionado con la historia de esta Grecia Antigua y con el santuario de la diosa Athena. Además del porqué de mi apariencia aún más joven. Debo admitir que eso me había tomado por sorpresa, siempre destaque por verme más joven de lo que aparentaba; sin embargo, este fue un caso demasiado extremo.
Y aún lo recuerdo como si hubiera sido ayer. El día de mi llegada, cuando estaba cambiando mis ropas de 'normales' por unas que fueran de este siglo, una pitonisa llegó a ofrecerme un tazón con agua para beber. Después de haberme puesto el hermoso vestido de seda blanca, acepté su oferta pero… mi rostro se reflejó en el agua, dándome una gran y poco grata sorpresa. ¡Había regresado a mis años de pubertad! ¡No lo podía creer! Ahogué un grito y el tazón de agua se resbaló de mis manos, cayendo al piso un segundo después y desquebrajándose al instante. Arkhes tuvo que volver a explicarme lo del tiempo que pasaba en cada dimensión, en mi otro mundo el tiempo era un flujo que iba rápido, a una gran velocidad que no podía notar gracias a mi adaptación a esa era; sin embargo, al regresar a mi dimensión, el tiempo había afectado mi apariencia, volviéndome a la edad que se supone debería de tener.
Más problemas, recuerdo que pensé esa vez. Afortunadamente mi memoria y conocimientos no habían sido afectados en el cambio de dimensiones ya que, según Arkhes, la mente es algo muy difícil de alterar a pesar de los viajes dimensionales que una persona haga a lo largo de su vida. Tuve que resignarme a ello, no había de otra. Los días pasaron y más pronto de lo que espere cumplí los quince años nuevamente, no cabe decir que ese día había sido uno de los más deprimentes desde mi llegada a este lugar. Lo único que podía hacer era pensar en mi familia y amigos, en mamá, en papá, en Owen, en Zaira; sin embargo, no me deje vencer por la tristeza y seguí con ese día.
Arkhes me entrenaba todos los días para saber leer e interpretar las predicciones que los dioses les confiaban a ellas, me enseñó también a utilizar la pluma y las hojas de papel de esta época ya que yo estaba acostumbrada a usar lápiz y hojas de carpeta a rayas para escribir. Las hojas de este tiempo ni siquiera tenían rayitas para saber si estabas escribiendo chueco o no, ¡era realmente frustrante! Pero no terminó ahí, por obvias razones tuve que aprender a leer, escribir y hablar griego. Iba a ser traductora, por lo que es normal que me gusten los idiomas pero el griego sí que fue difícil de aprender. Aún no lo entiendo a la perfección pero si lo suficiente como para tener una plática con alguna persona. Me resulta un misterio hasta la fecha como es que Arkhes me entendía y se comunicaba conmigo desde mi llegada. ¿Habrá aprendido español en estos quince años? Quién sabe.
Las demás pitonisas eran agradables, pero de pocas palabras. Usualmente la que hablaba por todas era Arkhes, lo cual no me molestaba en absoluto. Por otra parte, aprendí bastante de las costumbres de Grecia gracias a las pitonisas. En mi tiempo libre, Arkhes me permitía ir a la biblioteca del santuario a leer libros de historia y leyes, también aprovechaba para leer sobre la mitología griega la cual siempre había sido una de mis favoritas. Poco después me di cuenta de que todas las pitonisas eran en realidad ninfas al servicio de los dioses y por eso eran capaces de cambiar de formas, y todo gracias al libro.
Conforme fueron transcurriendo los meses, deje de sentir miedo por este nuevo mundo, por esta nueva época y también me logre adaptarme a que me llamaran por el nombre de Mirai, aunque siguiera sonando algo extraño para mí. Arkhes a pesar de que podía llegar a ser seria, directa y algo frívola era una de las personas más amables, protectoras y cariñosas que había llegado a conocer en mi vida. Todo parecía ir bien hasta que un día Arkhes me mandó a buscar una predicción para el Patriarca del santuario de la diosa Athena. Las predicciones normalmente son recibidas y almacenadas en el interior del santuario de Delfos, en lo que parece ser un sótano en el área central. Tarde bastante tiempo en encontrar el dichoso pergamino ya que últimamente las predicciones habían aumentado en los días anteriores y no había una razón concreta del porqué según Arkhes.
Conforme hice el camino de regreso al interior del bosque, un escalofrío recorrió mi cuerpo, justo como aquella vez, justo como el día en que había llegado a esta época. Me detuve en seco y observe a todos lados con confusión.
¿Qué ha sido eso? De nuevo este extraño presentimiento de que algo no está bien. Hace mucho que no lo sentía. ¿Por qué será? ¿Habrá pasado algo malo dentro del bosque?
Sacudí la cabeza levemente antes de continuar con el camino; sin embargo, tuve que detenerme nuevamente cuando escuché la voz de Arkhes en mi mente.
Lo siento Mirai, en verdad lo siento pero…a partir de ahora deberás de dejar que tu don y tus instintos te guíen e indiquen el camino, ya no podré ser más tu guía. Fue un honor haberte conocido y haber convivido contigo durante estos meses. Confío en ti para que el futuro de Delfos no desaparezca, te lo encargo, sé que lo harás bien. Después de todo, yo fui tu mentora. Protege las predicciones de aquellos a los que no consideres dignos, protégete a ti misma. Te espera un destino brillante. Nos veremos en otra ocasión. No te acerques al bosque, es peligroso. Adiós.
Sentí una fuerte punzada en el corazón, de pronto mis pulmones se habían quedado vacíos, me faltaba aire. No respiraba. ¿A qué se refería con eso? ¿Por qué se despedía así, de la nada y tan repentinamente? Observe el camino hacia el interior del bosque y comencé a correr.
¡Sabía que algo malo había ocurrido! Debo de confiar más en mis presentimientos. Arkhes…
Al llegar al interior del bosque, frené en seco. Otro presentimiento y un aura hostil me alertaron, había una persona desconocida en el bosque y no parecía tener buenas intenciones por lo que no dude en ocultarme detrás de una enorme roca sagrada y observar. Me asomé lo más que pude, pero sin salir de detrás de la roca, para poder ver que era lo que ocurría. Cuando mis ojos al fin se posaron en el lugar donde anteriormente estaban las pitonisas, me quedé sin aliento. Tuve que tapar mi boca con la mano que tenía disponible para evitar soltar un gemido mientras la vista se me nublaba a causa de las lágrimas. Todas las pitonisas, incluida Arkhes yacían en el suelo del bosque totalmente muertas.
Sus delicados cuerpos estaban cubiertos en manchas negras y sangre, y sus bellos rostros estaban ahora cubiertos por golpes y presentaban profundos cortes en las mejillas y partes del cuello y brazos. ¿Por dios que había ocurrido? Una lágrima escapó de mis ojos y comencé a suspirar pesadamente, de pronto un ruido me hizo contener el aliento. Me asomé nuevamente por sobre la roca, pudiendo observar a un hombre alto, de largos cabellos azules y una armadura dorada sonriendo maliciosamente.
Parpadeé un par de veces y mordí mi labio inferior con fuerza. ¿Él era el hombre que había asesinado a las pitonisas? ¿Por qué se me hace ligeramente familiar? ¿Dónde lo he visto? Y ¿Por qué no lo recuerdo? Mi mente comenzó a trabajar a cien por hora, tratando de acordarme del rostro tan familiar de aquel hombre hasta que lo recordé.
No es posible… ¡Él es…!
Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando otra persona se hizo presente en la escena del asesinato. ¿Cuándo fue que había llegado? Era bastante similar al hombre que portaba la armadura dorada, pero a diferencia el hombre recién llegado tenía cubierta mitad de su rostro con un bozal. El hombre recién llegado miró al otro con indignación para después gritarle.
— ¿Y esté terrible espectáculo? ¿Por qué están muertas las pitonisas? ¿Qué significa esto? ¡Hermano Aspros!
¡Lo sabía! ¡Sabía que era él!... Ay por todos los dioses, ¡estoy en el mundo de Saint Seiya! Eso es escalofriante. Entonces el otro debe de ser Deuteros, ¿por qué no pude recordarlos antes?
— ¿Acaso sospechas de mí? ¡Segundo Deuteros!
En un instante el mayor de los gemelos se giró a atacar a su hermano, formando una esfera de luz en su mano derecha y atacando directamente a su desprotegido hermano. El menor de los gemelos soportó el ataque con su mano izquierda; sin embargo, el impacto fue tan fuerte que termino por destruir las vendas de su brazo y tirarle el bozal.
Aspros sonrió con malicia una vez más, sin apartar su mirada de la de su hermano.
— Vaya, recibiste mi golpe aun portando yo la armadura dorada, Deuteros. Si hubieran dos géminis, seguramente tú también te hubieras convertido en caballero dorado.
Deuteros lo miró con reproche y molestia en su voz.
— ¡No quieras engañarme Aspros!
El aludido rió y negó con la cabeza antes de responderle a su hermano.
— Pero si yo no sé nada, está ya era la situación cuando yo llegué. No sabríamos nada si el Patriarca no me hubiera ordenado llevar el oráculo al santuario.
Él miente. Está mintiendo.
Mi mirada se volvió seria y molesta al observar como el mayor de los gemelos se hincaba en el suelo y tomaba un mechón de cabello de una de las pitonisas. Estú*pido.
— Realmente una lástima…
— ¿Se supone que debo de creer eso, Aspros?
Interrogó el gemelo menor, mirando a su hermano con desconfianza.
— Puede que no me creas, pero pronto todo terminará para nosotros junto con el sueño de nosotros los hermanos.
Deuteros lo observó no muy convencido de sus palabras.
— Uno de nosotros nacería bajo la estrella de la desgracia, ¿no es así? Esa fue la irrazonable predicción que el oráculo hizo saber al mundo sobre nuestras existencias. Por eso me convertiré en Patriarca a toda costa, para salvarte a ti.
Aspros tomó el bozal del suelo y se levantó, poniendo aquel estorboso objeto nuevamente en el rostro de su hermano menor. Deuteros lo miró severamente, como sospechando.
— Falta poco para que termine el que tengas que vivir con el rostro oculto como la existencia que debió ser.
Maldito egocéntrico. ¿Qué no ve que su hermano ya sospecha de él?
El menor no cambio su mirada, lo seguía viendo severamente ocasionando una mueca de desagrado en Aspros.
— No me veas así, Deuteros. Vamos, regresemos al santuario que tarde o temprano no será nuestro.
Deuteros se acomodó el bozal mientras su hermano comenzaba a caminar en dirección opuesta a la escena del asesinato; sin embargo, Deuteros se mostró serio y algo herido.
— ¡Si soy una carga entonces déjame! De esa forma, si regresas a como eras hace tiempo, yo estaré mejor que con ese sueño.
Él realmente… Es muy dulce de su parte.
Aspros detuvo su andar y sin obtener respuesta, Deuteros se dispuso a seguir hablando.
— Me iré a vivir solo.
— ¿Qué tonterías estás pensando, Deuteros? ¿Acaso cambié algo? No he cambiado, ni antes, ni ahora, solo pienso en nosotros dos. Tú tampoco has cambiado, confía en mí, así podré seguir adelante.
La mirada de Deuteros se volvió llena de rabia, antes de que su hermano esbozara una pequeña sonrisa.
— Ah sí, casi lo olvido.
El mayor de los gemelos tronó los dedos, abriendo un lo que parecía ser un vórtice oscuro. Las pitonisas comenzaron a caer por ahí, ocasionando que varias lágrimas escaparan de mis ojos. Él se estaba deshaciendo de ellas. Deuteros observó sorprendido el vórtice.
— ¡Otra Dimensión!
Aspros camino hasta tomar el cuerpo sin vida de Arkhes entre sus brazos para comenzar a caminar hacia el agujero negro. Deuteros lo miró asustado.
— ¡Espera, Aspros! ¡ESPERA!
Pero fue tarde, Aspros había arrojado a Arkhes al abismo de ese vórtice. Caí sobre mis rodillas haciendo el menor ruido posible. Ya estaba, Arkhes se había ido de este mundo. Una de las únicas personas en las que confiaba acababa de desaparecer de la faz de la tierra. Si pensaba que no podía sentirme peor que cuando llegué aquí, ahora me sentía fatal.
— Po… ¿Por qué lanzaste a las pitonisas a la otra dimensión?
— A este paso solo se pudrirán sus cuerpos y esparcirán enfermedades, además las pitonisas ya habían decidido nuestros destinos con ese inservible oráculo, así probablemente ya habían previsto su futuro.
La voz sombría y taciturna de Aspros hizo que mi cuerpo temblara. ¿Y si era cierto? ¿Y si… en realidad ellas habían previsto sus futuros? Tal vez esa fue la razón por la que Arkhes me mandó a buscar el pergamino justo en ese momento. Apreté el pergamino entre mi mano, las lágrimas no dejaban de deslizarse por mis mejillas. Algo se había removido en mi interior, una pequeña calidez. Ellas me habían protegido y me habían confiado todo, ahora no las podía defraudar.
Los gemelos comenzaron a caminar, adentrándose más al bosque para dejar el santuario de Delfos; sin embargo, el menor de los gemelos se detuvo por una fracción de segundo. No había salido de mi escondite, pues sabía que si lo hacía probablemente terminaría con el mismo destino que mis antiguas compañeras. Estruje el pergamino contra mi pecho cuando de repente escuche una voz en mi mente.
Sé que estás oculta, y es mejor que así permanezcas hasta que nos hayamos ido. Si eres una de ellas te sugiero que busques ayuda en el santuario. Este lugar será peligroso de ahora en adelante. No te expongas.
¿Cómo fue qué…? Me asomé por el borde de la roca, los gemelos había desaparecido por completo casi de mi vista por lo que decidí salir de detrás de la roca.
— ¿Cómo fue qué él se comunicó conmigo por medio del pensamiento? — dije para mí misma.
— x —
Una vez que los gemelos habían desaparecido, me senté en el suelo del bosque, lamentándome internamente por la muerte de mis compañeras y antiguas amigas por unos momentos; pero no tenía tiempo para dejarlo pasar. Me levanté del suelo, limpiando las últimas lágrimas que mis ojos pudieron ofrecer por ellas y me encamine al santuario de Athena. Aunque claro, estaba más perdida que una oveja blanca en el rebaño.
Suspire cansada y camine sin rumbo fijo por unos minutos que parecieron horas, como nunca antes había salido del límite del Santuario de Delfos, no conocía absolutamente nada. Tenía vagas intuiciones de vez en cuando sobre qué camino seguir, hasta que logré salir del bosque después de varias horas. El cielo ya estaba comenzando a oscurecer cuando finalmente logre salir de Delfos, y como no sabía el camino hacia el santuario debería de preguntar a los pueblerinos.
Un hombre y una joven que parecía ser su esposa me ayudaron, me dieron indicaciones sobre cómo llegar a Atenas y una capa para el camino ya que era un viaje largo y agotador. Les agradecí como es debido y comencé mi camino hacia el santuario de Athena. Afortunadamente fue un viaje corto en comparación a como pensé que sería. Llegue a Rodorio justo cuando el sol acababa de ocultarse tras las montañas, un viaje agotador sin duda. Retire la capa de mi cabeza y comencé a inspeccionar el pueblo. A pesar de ser un pueblo pequeño toda la gente parecía conocerse y agradarse mutuamente, inspeccione los sencillos locales colocados afuera de algunas casas y a los niños jugando alrededor, el pueblo en realidad era tranquilo y parecía un buen lugar para vivir.
Seguí tan ensimismada en mis pensamientos y maravillando todo lo que mis ojos observaban que no me di cuenta y choque con una persona… o más bien una niña, tirándola al suelo. Miré aterrada a la pequeña y la ayude a ponerse de pie.
— Lo siento mucho, ¿te encuentras bien? No fue mi intención tirarte, venía algo distraída.
La pequeña niña me observo con una ligera sonrisa y negó.
— Está bien, no se preocupe. De igual manera venia distraída. ¿No es de por aquí, verdad?
— ¡Agatha! ¿Qué son esos modales? No deberías de hablarle así a una joven casada. Discúlpela, por favor.
¿Casa… qué?
— ¿Ca…casada? Disculpe pero yo no estoy casada
Ambos, padre e hija me observaron confundidos.
— ¿Ah no? Entonces perdóneme señorita, pero pensé que como ya tenía la edad para casarse estaría al menos comprometida.
— No, no, nada de eso. Además todavía soy muy joven para casarme — respondí angustiada y tratando de quitarle peso al asunto.
El padre de la niña me miró como si hubiese dicho un mal chiste y su hija lo miro aún más confundida.
— Sí, bueno, como diga jovencita. ¿Se dirige hacia alguna parte?
— Pues en realidad iba hacia el santuario, solo que no sé el camino para llegar hasta allá.
El señor le dio una pequeña sonrisa a su hija, y esta asintió sin decir una palabra. Como si estuvieran hablando a través de la mirada.
— No se preocupe señorita, Agatha le indicara el camino hacía el santuario.
Esboce una sonrisa y agradecí.
— Ay, muchísimas gracias. Se lo agradezco mucho.
— No es problema, que tenga una excelente noche. Agatha, no regreses muy tarde a casa.
— Sí, entiendo papá. Vamos.
Asentí. La pequeña castaña me guió por todo Rodorio mientras charlábamos animadamente sobre mí. Era realmente linda y curiosa, aunque es normal para alguien de su edad, muy probablemente tenga unos 10 0 12 años, y sé que Owen y yo éramos iguales a esa edad. Cuando por fin llegamos al santuario la pequeña se despidió, no sin antes decirle mi nombre y prometerle que la visitaría un día de estos.
— Claro que sí, es una promesa Agatha. Hasta entonces, cuídate y obedece a tu padre.
— Sí, lo haré. ¡Nos vemos luego señorita Mirai!
Bien, había llegado hasta aquí, ahora el problema sería entrar. Había varios guardias custodiando la entrada al santuario por lo que dude en si pedir permiso para entrar o salir corriendo por sus aspectos intimidantes. Mientras decidía que hacer un fuerte estruendo se escuchó a lo lejos llamando mi atención.
— ¿Qué fue eso?
Naturalmente no hubiera ido pero recordaba que algo estaba por suceder en las afueras del santuario de Athena, una pelea pero no recordaba contra quien o quienes.
Demonios, ¿por qué mi mente tiene tantos problemas para recordar todo esto?
En fin, tengo que correr, tal vez sea la única forma de entrar al santuario.
— x —
Llegué hasta las afueras del santuario después de unos minutos, encontrándome con el menor de los gemelos utilizando la técnica con la que habían mandado a las pitonisas a otro mundo.
Lo observe durante unos segundos, decidida a acercarme a él para preguntarle por qué me había advertido de su hermano en el bosque y el por qué el mismo aludido había asesinado a las pitonisas y mi mentora; sin embargo, justo antes de que pudiera dar un paso, un aura gélida apareció detrás de Deuteros y habló, mientras iba saliendo hacía la luz con cada paso que daba.
— Que sorpresa. En verdad hay otra persona más en este mundo que puede utilizar esa técnica. Había escuchado de ti por el Patriarca, pero no estaba convencido… ¡Sombra de Géminis, Deuteros!
El aludido lo observo furioso, como si le hubiera dolido el saber de su propia existencia.
— No tengo nada que ver con los caballeros. A un lado, ¡no me interesan los asuntos de los colaboradores del Santuario!
— Un puño feroz.
Deuteros se abalanzó a atacar a su contrincante, pero este con un solo movimiento de dedos logró congelarlo en su lugar, haciendo que dejara de moverse.
— Lo siento, pero tendré que sellar tus movimientos por un momento.
El hombre avanzó más hacía la luz hasta que finalmente quedo expuesto ante nuestra vista. Un hombre alto y de porte sumamente elegante, ojos morados y cabello largo de color verde revestido en una armadura dorada acababa de hacer aparición, dejándome anonadada.
— Yo soy Dègel de Acuario. Y recibí la orden del Patriarca de investigar un incidente. La verdad sobre la desaparición de las Pitonisas de Delfos.
Muy bien, aquí termina el segundo capítulo oficialmente, bien ¿qué les pareció?
Espero haber cumplido con las expectativas, si es que no eran muy altas
Pienso que este capítulo fue bastante extenso y algo torpe ya que solo narré básicamente, pero ya tengo las ideas trabajando para el próximo para así poder subirlo cuanto antes.
Quiero aclarar que los diálogos de los personajes originales son sacados del manga Gaiden de Deuteros ya que por razones obvias, Mirai aún no habla personalmente con ninguno de los caballeros así que no pude crear diálogos diferentes, pero ya en el próximo habrá de todo se los prometo.
Responderé rápidamente a los reviews y me iré a dormir que ya es de madrugada por mis rumbos.
Leri: Muchas gracias por seguir comentando la historia, a decir verdad los primeros capítulos de esta historia serán básicamente sobre Mirai pero irán apareciendo los Goldies conforme pase la historia. Besos.
Dizzy Tain: Te agradezco por comentar la historia de nuevo ;) La verdad es que aún falta por conocer una pequeña parte de la historia y la función de Mirai en esta historia pero poco a poco iré dando más a conocer, solo espero que no se vea muy Sue lo que pondré. Sino aquí te tengo para regañarme haha, bien a lo que iba. Mirai se relacionara con todos los Goldies, inclusive con los de bronce, el Patriarca y Athena, pero especialmente con dos ¿puedes adivinar quiénes son? Puedes decírmelo, o comentarme quién te gustaría que fuera en el próximo review Y respecto a tu historia, la comenzare a leer en estos días muchas gracias por el apoyo y seguir comentando. Nos vemos, cuídate.
Sin más que agregar, nos vemos en el próximo capítulo.
Les mando un abrazo.
Ciao, ciao!
