Les voy a ser sincera... ¡Todavía no logro entender la página! (Pero aprenderé ya verán! O.-)
Quiero agradecerles sus comentarios Kuchiki Rukia-san, Chappy Miri y azulaill no saben cuánto me agrada que les guste el fic! No se preocupen por la aparición de Ichi-nee, no dejaré que pase mucho tiempo! :3 Espero que les guste esta continuación y trataré de actualizar rápidamente para llegar hasta el capítulo que tengo escrito... Hoy les dejaré dos... Disfruten y nos leeremos pronto! Bye! O.-/
Ya eran las siete de la mañana cuando Abarai despertó a su jefa, estaba todo listo para partir rumbo al Rukongai, más precisamente a Jiyunrinan ya que allí se encontraba su jefe mayor y líder de todo el clan de mafiosos.
- ¿Seguro de que ya todo está listo?
- Sí jefa. Todo el cargamento que hemos recogido en Karakura está dentro de las camionetas y todos nuestros hombres están listos para partir en cuanto tú lo ordenes.
- ¿Y qué hay de los dos rehenes?
- En realidad, eso pensaba dejártelo a ti. ¿Qué crees que debamos hacer? – Hinamori se desperezó en la improvisada cama que se había armado en uno de los tantos cuartos de aquella casa de campo. Observó durante unos segundos el techo, como si esperara una respuesta del mismo.
- Reubica a Madarame y Yumichika, ellos irán con Kaien supervisando los cargamentos de armas que hay en su camioneta.
- Pero... ellos son nuestros acompañantes permanentes, el jefe lo ha ordenado así.
- ¿Y crees que de verdad los necesitamos con nosotros? – Hinamori lo miró de reojo esperando una respuesta.
- Bueno, no pero...
- Entonces que se vayan con Kaien. Los otros dos ricachones serán atados de pies y manos e irán con nosotros. Encárgate de ellos. – Se levantó de un salto de la cama y se dirigió hacia el baño. – Oh, y si se resisten... estás autorizado a utilizar la fuerza, sobre todo con el de pelo blanco.
- Entendido, Hinamori. – Renji no estaba acostumbrado a escuchar la voz tan fría y despiadada de quien hace poco había sido una buena amiga y compañera de batallas. Sin embargo, ahora ella estaba al mando de la misión y quiera o no, debía obedecer.
Habían perdido la noción del tiempo, solo sabían que ayer habían pasado todo el día encerrados en aquella habitación, escuchando a lo lejos conversaciones sobre un cargamento especial, un viaje a un lugar llamado Jiyunrinan y que "los intrusos", como los llamaban a ellos dos, deberían enfrentar al "Señor". Ni siquiera se habían tomado las molestias de darles algo de comer, o al menos fijarse de si estaban vivos o no; por suerte cuando Toshiro intervino en la habitación de Rukia aquella noche lo había hecho para entregarle unos dulces que a ella le gustaban desde niña y él sabía que la harían pasar el mal rato y al ver la situación en la que estaba los guardó en el bolsillo de su saco, solo en momentos en los que se sentían hambrientos él repartía entre ambos algo de los chocolates que tenía, con eso "sobrevivieron al día" según Rukia.
- ¿Qué hora crees que será? Parece temprano aunque a juzgar por el calor no lo es tanto.
- Rukia, creo que solo lo sabremos cuando alguien nos saque de aquí.
- ¿Y tú crees que lo harán? – Ella era alguien un poco negativa a veces.
- Bueno, tenemos que viajar hacia Jiyunrinan y ver al "Señor", en algún momento tendrán que sacarnos de aquí a menos que nos transporten con casa y todo ¿no lo crees? – Rukia comenzó a reír por la ironía, claro ¿Cómo no haberlo pensado antes? Aunque a decir verdad, ahora no sabía si era mejor que los dejaran allí o se los llevaran.
- Es bueno escucharte hablarme sin ese "Señorita" y más como si fuéramos amigos. – Toshiro se sonrojó levemente y desvió la mirada, no olvidaba que la noche anterior Rukia le había dado un buen golpe por no ceder a llamarla con tuteos y simplemente por su nombre.
La puerta comenzó a hacer ruidos desde el otro lado, ambos se pararon y esperaron a que abrieran la puerta para saber qué es lo que planeaban hacer con ellos.
- ¿Ya están listos para partir? – los aludidos miraron al pelirrojo con una cara llena de confusión e indignación ¿acaso hablaba en serio? – Pero qué tonterías digo ¡Claro que están listos! Nada tienen que ordenar. – Sonrió burlista por su comentario y siguió hablando. – Nos iremos en unas dos horas como máximo, en un rato vendré para llevarlos al vehículo. Y para que vean que no soy tan malo – dejó al descubierto un bolso que llevaba en su espalda y hurgó en su interior. – les he traído algunas sobras de lo de anoche. Sé que no es mucho pero al menos podrán subsistir con esto. – y les tiró una bolsa cerrada con unos bollos de pan, y dos pequeñas botellas con leche que Toshiro agarró en aire. Los dos rehenes se le quedaron viendo, sorprendidos por su acción que para nada encajaba con su imagen de matón. Renji se dio la vuelta y estaba a punto de cerrar la enorme puerta cuando escuchó algo que lo dejó raro en su interior.
- Muchas gracias, señor. – Rukia de verdad se sentía agradecida por su acción, en un lugar y con gente como aquella pudo notar que al menos no todo era tan malo.
Renji cerró la puerta y se quedó parado mirando hacia algún punto del piso. "Muchas gracias", había pasado mucho desde que alguien le agradecía por alguna acción, la última vez que lo había escuchado fue de boca de ese sobrino extraño que tenía su jefe ¿Cómo se llamaba? I... Iche... no, no lo recordaba. Sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos tontos y se encaminó para ayudar a sus compañeros que terminaban de cargar en los camiones las grandes cajas llenas de armamentos ilegales y unas que otras drogas.
- No sé si podemos confiar en lo que nos dio – Toshiro quedó pensativo mientras vigilaba la puerta ¿Debería confiar en ese tipo? - ¡¿Pero qué...?! – Rukia ya se encontraba engullendo uno de los bollos de pan mientras destapaba una de las botellas de leche que en realidad Toshiro jamás sintió que se la había quitado.
- Oye ¡Está muy bueno! Debes comer. ¡Vamos, con confianza! Me he encargado de demostrarte que nada está envenenado. – Rukia lo miraba con una enorme sonrisa en su cara y aun masticando el pedazo de pan.
Pasó el tiempo y al final no fue Renji quien apareció nuevamente en la habitación, sino Kaien. Iba con algunos pedazos de cuerda con los que pretendía atar a los rehenes, sin embargo no contó con que ellos ya tuvieran un plan para escapar. Al entrar a la habitación dos patadas en la cabeza no se hicieron esperar y cuando Rukia y Toshiro vieron a uno de sus opresores inconscientes comenzaron a correr hacia alguna salida que encontraran.
- ¡Menos mal que no era el pelirrojo! Al menos ya no me sentiré culpable de golpear a quien fue amable con nosotros. – Rukia en verdad no quería ser así con quien fue bueno y se acordó de ellos en aquella sucia habitación pero al notar que no era una cabellera roja lo que pasaba tras la puerta, su culpa se desvaneció.
- Ya no te distraigas y sigue corriendo. ¡Mantén la guardia en alto!
Si bien iban gritando por un enorme salón nadie se encontraba allí así que era más fácil escapar. O eso creían porque al abrir una puerta que llevaba a un extraño pasillo la misma chica que atacó a Toshiro aquella noche se hizo presente.
Hinamori no daba crédito a lo que veía, ese idiota de Kaien ya tendría su merecido en algún momento por dejarlos escapar, pero ahora debería encargarse de esos dos.
- Tú otra vez... Sí que eres persistente. No te preocupes, caerás inconsciente nuevamente. – sonrió de manera retadora mientras se ponía en guardia.
- Ambos sabemos que tú no me derrotaste niñita.
- No me ofendas. Les aconsejo que mejor vuelvan a su habitación o no mediré mis golpes.
- Quiero verlo.
Hinamori se abalanzó contra Toshiro y se fundieron en una muy igualada batalla en la que ambos tenían una fuerza extraordinaria pero que no cedía a la del otro. Rukia miraba la escena esperando algún momento en el que ella pudiera intervenir y desarmar a aquella chica que parecía conocer a su amigo, sin embargo muy pronto sintió que algo se acercaba por detrás y no le quedó otra que darse la vuelta y comenzar una batalla con ese chico que había golpeado antes en la habitación.
- Entonces ¿tú eres una Kuchiki? Vaya, pero si eres muy fuerte. – decía Kaien mientras se defendía de los ataques que constantemente la pequeña rubia lanzaba.
- ¿Y tú quién demonios eres?
- Tranquila, si no me atacas no te atacaré ¿Qué dices? Ya deja de lanzar tantas patadas.
- No soy tonta ¿Crees que no sé que cuando lo haga me atacarás tú para encerrarme de nuevo? – Kaien tomó una de sus piernas que en ese momento lanzaba una patada a su costado izquierdo y la sostuvo en el aire a pesar de los forcejeos de Rukia para liberarlo.
- ¿Ahora entiendes que si quería hacerte daño lo habría hecho desde el principio? – Le sonrió amistosamente. – Soy Kaien Shiba, y solo me han encargado atarte los pies y manos, no lastimarte. ¿Me dejas hacerlo? – Rukia se volvió a ver a Toshiro quien estaba siendo superado por la fuerza de aquella chica y quiso ayudarlo pero recordó que aquel chico le estaba tomando por la pierna. Se resignó a que la ataran en sumo silencio.
Toshiro fue sorprendido por una patada de esa chica cuando volteó a ver que el tipo al que había pateado en la habitación se encontraba peleando... o defendiéndose de las patadas de Rukia, desde entonces la mujer con la que peleaba tomó la delantera y fue ganándole con sus golpes. Antes de que pudiera pegarle fuertemente en el pecho pudo ver como Rukia le dio un rodillazo en la cara al tipo que le intentaba atar los pies con una cuerda.
- ¡Rukia corre! – Y una patada en la cabeza lo dejó inconsciente.
ooOoo
Habían pasado dos días desde que llegaron a Jiyunrinan y la encerraron en aquella bodega llena de drogas, pero lo peor de todo no era eso sino que estaba sola, cuando logró asestarle ese rodillazo en la cara al tal Kaien pudo haber escapado pero al ver a Toshiro tirado en el piso no pudo más que quedarse estática sin saber qué hacer, no dejaría a su amigo solo. Al final esa chica que lo había golpeado le dijo que no le haría daño si se quedaba quieta y simplemente la ató de pies y manos, también a Toshiro pero estaba inconsciente. Ahora él no estaba, esa chica le dijo que por el momento se la llevaría consigo y no lo vería por un tiempo, le imploró que no se lo llevara, incluso le lloró de rodillas.
- No te preocupes tonta, nada malo le pasará a este chico. Más bien, si no quieres que muera debes dejármelo para que lo cure, el golpe en el pecho no fue muy sutil que digamos. Además lo necesito para algo simplemente, y herido no me serviría de nada...
Habría jurado que por un momento vio pena y compasión en sus ojos, pero cuando dijo que lo necesitaba vivo y sano para sus planes su rostro volvió a ser tan frívolo y cruel como antes. No sabía nada de Toshiro o del mundo en general, si no fuera por ese pelirrojo, que ahora bien sabía que se llamaba Abarai Renji, ya estaría muerta por famélica.
- Oye Rukia, te he traído la cena. Espero que un sándwich de queso sea suficiente, igual te he traído algo de té...
- Renji... me has asustado. – Estaba tan perdida en sus pensamientos que no se enteró de cuándo él había entrado. – Gracias por la comida, eres muy bueno. A veces me cuesta creer que seas parte de esta banda de mafiosos. – Rukia arrugó la nariz en señal de disgusto por esa triste realidad.
- Ja, ja. No es algo que haya decidido por mí mismo, pero tampoco es algo de lo que en realidad deba discutir contigo. Come, es mejor de lo que aparenta. – El sándwich estaba hecho con un pan algo rancio y dudaba un poco de la caducidad de ese queso, pero si no comía eso entonces sí moriría famélica.
Comenzó a comer bajo la atenta mirada del chico, siempre se quedaba hasta que terminara de comer, si no fuera por eso en realidad dudaba que si quiera pudiera terminar de engullir cada cosa que le daba aunque de todos modos ya se había acostumbrado. Cuando ella iba por la mitad del sándwich escuchó un ruido que provenía del pelirrojo, más precisamente de su estómago.
- Tú... esto... No me digas que ésta es TU cena. – Hizo énfasis en el "tu" para darle a entender que lo mataría si así era.
- Emm... Bueno... ya sabes, yo... no tenía hambre. – decía mientras se tallaba la nuca en señal de nerviosismo, sin embargo su estómago no estaba de acuerdo con su mente y volvió a gruñir exigiendo alimento.
- ¡Eres un...!
- Eras tú o yo. Además necesito estar en forma para la misión que me encomendaron dentro de dos días, esa comida chatarra no me hará bien. – Rukia lo miró entre apenada y enojada. Si tenía en cuenta que desde que le llevó la comida en aquel cuarto del campo lo había hecho también hasta ahora, eso quería decir que él no comía bien desde hacía casi tres días. "Tonta, ¿Cómo no lo notaste antes? Era de esperarse que hiciera eso si nadie más que él te ha estado alimentando"
- Nadie nunca te ha mandado a alimentarme ¿cierto?
- No, pero no te angusties, al fin y al cabo sigues viva.
- Sí pero a costa de tu alimento. ¡No has comida en casi tres días Renji!
- Ya te dije que estoy a dieta...
- No me interesa. – Agarró el pedazo de sándwich que le quedaba y antes de que volviera a hablar se lo metió a la boca. - ¡Come! Y toma algo de té también. No te preocupes por mí, yo estoy muy llena. – Mentira, incluso en ese mismo momento su estómago amenazaba con gruñir más alto que el de Renji pero se contendría, justo como él lo hizo.
A golpes y regañadientes, Renji terminó de comer el resto de lo que Rukia había dejado. Siguieron hablando amenamente durante unos diez minutos más, luego él anunció que debía regresar con los suyos para que no sospecharan de su repentina desaparición y tras prometerle que a la mañana siguiente conseguiría noticias de Toshiro y su estado, salió de la habitación dejando otra vez sola a Rukia.
- Así que, ahora vas detrás de la pequeña rubia ¿Eh amigo? – Kaien se encontraba a un lado de la puerta y estuvo esperando a que Renji saliera de la bodega.
- Kaien – miró asustado al tipo que se encontraba observándolo con ojos inquisitivos. – Me has asustado idiota. No te preocupes, solo le di una pequeña charla para dejarla al tanto de lo que pasaría si trataba de escapar una vez más.
- Ajá, y ¿desde cuándo eso se hace llevando un sándwich de queso y té?
- Eso era mío...
- Tú lo dijiste, ERA tuyo. Se lo diste a la pequeña Kuchiki.
- No es lo que crees.
- Claro que no. Espero que Momo no se entere de tus clandestinas visitas a la rehén o...
- No lo harías.
- ¿Qué obtendría a cambio si lo hago? Relájate compañero, además yo también estoy interesado en esa chica.
- ¿Qué? – Renji se puso serio, ¿que a él le interesaba Rukia?
- ¿Qué? ¿Acaso ya son novios o algo así?
- No, pero...
- ¡Entonces no se diga más! Además, te irás en unos dos días a Inuzuri ¿verdad? Hablando de eso, Orihime te estaba buscando.
- No te atrevas a intentar nada con ella Kaien – Se acercó al aludido y lo tomó por el cuello de su remera. – o te mataré.
Abrió los ojos lentamente, nada le era familiar ¿Qué es lo que había ocurrido? Le dolía la cabeza y el pecho también.
- ¿Ya has despertado? Vaya, creí que dormirías durante un largo tiempo, o bien que ya estabas muerto de no ser por los latidos de tu corazón. – una voluptuosa mujer estaba a un lado de su cama mirándolo sonriente.
- ¿Quién eres tú? – Era linda, no lo podía negar pero tan solo recordar que era parte de esa bola de mafiosos que lo habían atacado a él y a Rukia le revolvía el estómago. Rukia... ¡Demonios! ¿Dónde se encontraba ella? – ¿Dónde está Rukia?
- Relájate, ella está bien. Bueno... relativamente bien si consideramos el que ha sido secuestrada por...
- ¡¿Quién demonios eres tú?!
- Oh... pero qué maleducada soy. Soy Rangiku Matsumoto. Mucho gusto. – Ella le extendió la mano esperando a que él hiciera lo mismo, pero no sucedió. – Momo... quiero decir, Hinamori me ha dicho que te tenga vigilado mientras ella iba por otra caja de vendas y hierbas medicinales. Eres muy afortunado al caer bajo su cuidado, ella es muy buena con las medicinas y los cuidados de las personas aunque reniegue de eso. Eres especial si ha decidido tratarte personalmente ¿Quién eres por cierto?
- Agg... hablas demasiado – a Toshiro le estaba agarrando una jaqueca de lo mucho que esa mujer hablaba ¿Quién era Momo Hinamori? ¿Él, especial? ¿Dónde estaba Rukia? – Soy... Hitsugaya Toshiro, pero dime Hitsugaya. ¿Quién es Hinamori? – La nombrada abrió la puerta de la habitación en ese mismo momento, traía con ella una caja llena de vendas y hierbas medicinales. Toshiro abrió los ojos como platos y se la quedó viendo sin saber que decir.
- Yo soy Momo Hinamori, pero dime Hinamori. – Dejó la caja en una mesa que allí había, miró a Toshiro y sonrió sobradoramente. - ¿Sorprendido? La misma quien te ha herido ahora se encarga de cuidarte. Matsumoto puedes retirarte, yo me encargaré de él.
- Sí. Nos vemos Señor Hitsugaya. – Se fue dando pequeños saltitos y cerrando la puerta a su salida.
- ¿Por qué estoy aquí? ¿Dónde está Rukia? ¿Por qué me estás curando las heridas cuando tú las causaste? ¿Qué demonios está pasando? – No entendía nada, se estaba alterando cada vez más.
- ¡Ya cállate! Escucha, no es algo que yo quiera, de eso puedes estar seguro. – Le decía mientras lo ayudaba a sentarse y trataba de quitarle las vendas de la cabeza. – Sin embargo, eres muy bueno en las artes marciales, necesito proponerte algo de lo que estoy segura que no te negarás.
- Dudo mucho que logres convencerme. – Toshiro, quien hasta ese momento la miraba a la cara mientras hablaba, desvió la mirada como restándole importancia al asunto. Momo sacó un pedazo de algodón que mojó con agua desoxigenada y comenzó a limpiarle la herida que se había hecho cuando, tras la patada que ella le dio hace dos días, cayó sobre una maceta sin plantas que había en ese pasillo.
- Sé que lo harías por tu amiga Rukia. – Toshiro tomó su muñeca sin previo aviso, ella lo miró sorprendida por un segundo pero luego volvió a su mirada habitual, forcejeó para que la soltara pero él era más fuerte. – Suéltame – dijo en un susurro.
- No te atrevas a hacerle daño a Rukia.
- Yo no lo haré. Pero dado que hemos investigado, Byakuya ha dejado abandonada a su hija, no piensa ayudarla Toshiro. En cuanto mi jefe se entere de eso no dudará ni dos segundos en mandarla a matar. – Él abrió los ojos asustado por sus palabras y súbitamente la soltó. – Puedo ayudarlos e inventar una excusa para que ella siga ilesa durante un tiempo más y al final escape, pero para eso tú deberás entrar al clan, ser uno más de nosotros.
- ¿Por qué haces esto? ¿Qué ganarías conmigo dentro de su clan? – Toshiro no entendía a lo que esa chica se refería.
- Mucho más de lo que tú crees. – Lo miró decidida, si él aceptaba el trato entonces podría poner marcha su plan, su venganza.
- ¿Prometes que nada malo le sucederá a Rukia? – No le interesaba nada de lo que a él le ocurriera si ella estaba a salvo. Había prometido cuidarla, protegerla, dos veces, y estaba decidido a hacerlo.
- Si tú aceptas ser uno de nosotros, ayudarnos en nuestras misiones, entonces te prometo que encubriré a la chica frente a mi jefe. – Pasaron largos y silenciosos minutos en los que él la miraba esperando encontrar en sus ojos alguna pizca de mentira y ella lo miraba deseosa de escuchar un "acepto" por parte de ese chico.
- Acepto. – Momo sonrió y procedió a ponerle una nueva venda en su frente.
- Perfecto. Entonces mañana iremos tú, Kuchiki y yo a ver a mi jefe por la tarde. Te daré la mañana para que le expliques a tu amiguita el plan. Sin embargo, no le des muchos detalles, he visto que ha estado muy amiga de Abarai en los últimos días y no quisiera que nadie más que nosotros sepa sobre esto.
- No te preocupes. – Se levantó de la cama y ayudó a Momo a quitarle las vendas del pecho. – No quiero preocuparla más de lo que está. Supongo que deberé mentirle un poco. – Hinamori lo miró y le sonrió, dándole a entender que estaba de acuerdo. Al dejar su pecho al descubierto, ella comenzó a aplicarle una mezcla con las hierbas medicinales en todo el torso que se encontraba moreteado en el costado derecho. – Has pegado muy fuerte, ¿Quién eres? Tu fuerza asusta. – Momo comenzó a reír por lo bajo.
- Soy la segunda hija de uno de los mayores karatekas de Japón, mi padre me ha enseñado tiempo atrás todo lo que sé, yo lo he perfeccionado.
- Pues sí que te ha enseñado bien. – Ella sonrió y lo miró a los ojos. Al hacer contacto visual sintieron algo extraño en sus corazones.
Hinamori desvió la mirada, buscó otras vendas en la caja y procedió a ponérselo en el pecho, todo ante la atenta mirada del chico. Cuando comenzó a envolverlo con la venda tuvo que rodearlo con los brazos en forma de abrazo varias veces. Toshiro, que salió de su ensimismamiento, trató de quitarle el vendaje a Momo pero ella no se lo quiso dar y tras un pequeño forcejeo al final ella cayó sobre él en la cama.
Miradas azules y marrones se cruzaron, estaban tan cerca uno del otro que sentían ambos sus corazones palpitar agitados por tanta cercanía.
- Lo siento. – Ella se paró tan rápido como pudo y comenzó a guardar, o más bien arrojar todas sus cosas a la caja. – No debí... lo siento. ¿Sabes qué? Debo irme, recordé que Abarai me pidió ayuda con... un cargamento. Termina de ponerte los vendajes y descansa por esta noche, mañana mandaré a Kaien para que te lleve con Rukia. Adiós.
Cuando Hinamori se fue Toshiro terminó de ponerse las vendas alrededor del pecho con algo de dificultad, pues cada movimiento que hacía con sus brazos dolía, sobre todo cuando alguien había caído fuertemente sobre él. Se acostó en la cama y se quedó mirando el techo por un largo tiempo, en lo absoluto no le había desagradado estar con Momo en la misma habitación, a pesar de ser la causante de su actual situación y la de Rukia no podía evitar pensar que no era del todo mala.
- ¿Quién eres realmente, Momo Hinamori?
Esa misma noche Rukia estaba tratando de conciliar el sueño, pues seguía pensando cómo estaría Toshiro y qué clase de peligro estaría afrontando con esa chica que lo golpeó. Se abrió la puerta haciendo que ella se sobresaltara y a la vez pensara que se trataba de Renji.
- ¡Renji! ¿Sabes algo de...? – No era él, no conocía a ese tipo o ¿sí? ¡Era el tipo al que le dio el rodillazo! - ¿Tú? ¿Qué quieres aquí? ¿Dónde está Renji?
- Tranquila Kuchiki, no te haré daño. Mi nombre es Kaien, Kaien Shiba ¿Lo recuerdas? – Rukia trató de rememorar, ¡claro! Se lo había dicho ese mismo día.
- ¿Qué haces aquí?
- Solo pasaba y quería saludar. ¡Hola! - ¿Acaso era una broma? Ese tipo era el más extraño que había conocido en su vida, y pensar que era mafioso ¡No tenía para nada el aspecto de uno!
- ¿Así que tan solo has venido para decir "Hola"? Bien, HOLA. Ahora adiós. – No tenía tiempo que perder con ese tipo, además ni siquiera sabía cuáles eran sus intenciones.
- Pero sí que eres ruda pequeña. ¿Sabes? Solo quería hablar contigo, conocerte más – Rukia rodó los ojos, ¿Cómo no haberlo advertido antes? Esa frase era típica cada vez que un idiota quería coquetear con ella. – y advertirte que te cuides con el jefe mañana.
- ¿Qué?
- Ahora sí me tomas en serio ¿Verdad Kuchiki?
- Deja de jugar y explícate.
- La jefa de esta misión, Hinamori, ha descubierto que tu padre ha cortado todo tipo de lazos contigo antes de que te secuestráramos esa noche. En simples palabras, a él ya no le interesas.
- ¡Eso ya lo sé! No es necesario que me lo repitas. – Le había tomado rencor a quien era su padre pero aun así le seguía doliendo cada palabra de aquella fatídica mañana.
- Bien, no te pongas sentimental Kuchiki. Como te decía, ya no le interesas y por ende tampoco al jefe. Si te has dado cuenta, este secuestro tenía como fin un rescate y transacción de dinero, sin embargo si él no quiere mover un dedo por ti entonces al jefe ya no le interesas y como ya sabes sobre nosotros no tendrás otro destino que – Kaien hizo una señal con su mano que le dio a entender a Rukia– la muerte. – Ella se agarró su cuello con ambas manos pensando lo peor, ¿la matarían? ¿Y qué pasaría con Toshiro? De seguro sufriría su misma suerte.
- ¿Por qué me dices todo esto? –Kaien sonrió de una manera que ella no supo descifrar.
- Porque, me agradas, eres fuerte, inteligente, demasiado escurridiza diría yo – Rukia alzó una ceja en señal de confusión. – oye, ¿te has dado cuenta de que me has golpeado en la cara dos veces en una semana? Eso es mucho y más viniendo de una pequeña como tú. – Rukia seguía mirando confundida ¿dos veces? Ella bien recordaba que solo lo golpeó una vez. – La primera fue en tu habitación, y fue una PA-TA-DA. Demonios que había dolido, y me dejó inconsciente al instante. – Kaien se sobaba la naríz y la mejilla izquierda recordando ambos golpes.
- De todos modos. ¿Por qué me ayudas?
- Ya te lo dije, me agradas. Y... me recuerdas a ella.
- ¿A quién?
- A Miyako.
- ¿Me ayudas porque te recuerdo a un antiguo amor?
- Es más que eso, no lo entenderías. Como sea, he dicho bastante y creo que es hora de ir a dormir. ¡Nos vemos Kuchiki! – Se dio la vuelta y caminó rumbo a la salida, pensando si había hecho bien en decirle eso a Rukia. Miyako... ya habían pasado cinco años.
- Este tipo es demasiado extraño. – Rukia no dejaba de ver la puerta que ahora estaba nuevamente cerrada y sin Kaien adentro. – ¿Miyako? ¿Por qué me suena familiar ese nombre? – Se dejó caer en una improvisada pequeña cama que había hecho con un gran pedazo de tela que colgó entre dos pilares y que tenía una almohada hecha de varias bolsas de marihuana en su interior. "Miyako... ¿Quién eres tú y por qué tu nombre me suena conocido?" – Como sea, debo dormir y pensar mañana qué haré frente a ese jefe del que tanto hablan. – Se dio la vuelta y se dispuso a dormir pero... - ¡AHH, TE ODIO MALDITA ALMOHADA DE MARIHUANA! – tras maldecir nuevamente a la olorosa almohada y arrojarla lejos de su alcance, volvió a dormir otra noche sin soporte que relajara su cabeza. Eso dolería en la mañana.
ooOoo
En otro lugar de Jiyunrinan, se encontraba un hombre alto y bien formado mirando desde el ventanal de su enorme casa hacia una ciudad nocturna llana de luces y autos moviéndose.
- Así que, ¿has terminado tus estudios de manera satisfactoria?
- Me he graduado con honores tío.
- Excelente, porque pronto tomarás el control de una parte del negocio familiar y serás parte de una importante misión.
- Agg... ¿Por qué debo hacerlo tío? ¿Por qué no simplemente me dejas seguir con mi vida, la carrera que quiero y sigues con tus asuntos tú solo? Además, que yo recuerde tienes un hijo mucho mayor que yo que podría satisfacer gratamente tus odiosos deseos. – El chico se encontraba realmente molesto con su tío, desde que tenía diez años, y luego de la muerte de sus padres y dos hermanas, se encargaba de torturarlo para que tomara el control de su "negocio", e intuía que nada bueno había en ello.
- Sabes perfectamente que Ashido es diferente a ti y a mí. No dudará en matarme con sus propias manos si se entera de la verdad. – Lo decía tan calmado y pasivo que no creía que le molestara en lo absoluto dejar a su hijo excluido de su doble vida.
- Hasta yo te mataría con mis propias manos si pudiera. – Dijo en un susurro y desviando la mirada. Sin embargo él lo escuchó.
- Pero me debes la vida, por eso no lo haces, mi querido sobrino.
- Tsk. – Se dio la vuelta y caminó hacia la salida. – Esta noche hay fiesta en la casa de Mizuiro, es la fiesta de despedida para todos los graduados. Chad y Uryu irán, llevaré a Senna conmigo. Volveré tarde así que no me esperes, y trata de no mandar a tus espías a vigilarme por favor.
- No cometas locuras, Ichigo. Recuerda que a partir de mañana ya no los volverás a ver jamás.
- Sé lo que ocurrirá luego tío. Planeo dejar a Senna esta noche. No te preocupes por tus planes, los tengo claros desde los diez años. – dijo la última frase en un tono de reproche, al fin y al cabo no estaría haciendo nada por complacer a su nefasto tío si no fuera por lo mucho que le debía. – Me voy, nos vemos en la mañana, tío Sousuke.- y dicho eso, se fue de la sala a buscar las llaves de su auto e irse a la dichosa fiesta.
