Complacido
Theon se cubrió el rostro al momento en que el Capitán del Sangre le hizo caer con una bofetada. Este lo maldijo entre rugidos, y más se encorvó, el no quiso despertar la furia de su señor.
—No, lo haré bien… por favor… puedo hacerlo mejor.
La correa tironeaba de su collar, esta se extendía hasta el final de la cama. Su espacio para deambular por el camarote se había reducido como parte del castigo. Se acostumbró al collar, a tal punto que de vez en cuando se olvidaba de que lo llevaba pegado a la piel. No obstante, ahora que la correa jalaba de este, el agarre se hacía más profundo y le recordaba el dolor.
—Abre la boca.
Se estremeció, el suelo nunca estuvo tan frio como en ese momento. Sus flacas piernas se movieron, recortando la distancia entre ambos, que de por sí ya era pequeña. Sus dedos se deslizaron como arañas sobre las rodillas y desesperados tomaron la desnuda, erecta y húmeda polla.
—No, no, criatura hambrienta.
El Capitán del Sangre enredó los dedos en su cabello, jalando al aprisionar una gran cantidad de mechones. Theon frunció los labios, un jadeo se escapó entre estos y sus ojos sin brillo se conectaron a los ajenos, tan cristalinos como el agua que revestía la coraza del barco.
—Te he dicho que abras la boca. ¿Acaso piensas desobedecerme?
Observó disimulado la mano derecha de su amo, los dedos jugueteaban en la pinza que sostenía. Sus venas se helaban de tan solo verla. Él no quería obedecer, pero tampoco desobedecer y ser doblemente castigado.
—No, mi Lord… nunca… obedecer, siempre obedezco.
Él podría mostrarle a Ramsay una vez más, solo había sido un pequeño error que solucionaría y mejoraría si le dejara seguir. Tampoco fue por su culpa, y aun así se responsabilizaba por cada acto. Lo estaba manejando con cuidado y las fuertes manos del capitán merodeando por su cabeza, fueron las que le hicieron perder el control.
—Entonces, abre la boca, ahora.
Un gritito de malestar surgió con el separar de sus labios. Ramsay ladeó la cabeza y una larga curva le modificó la mueca en la boca por una divertida sonrisa. El dedo índice se introdujo, tanteando entre sus dientes superiores.
— ¿Cuál debería elegir? —El capitán preguntó con un tono sereno. Su tacto era elegante y dulce, a diferencia de lo que le haría a continuación.
—Por favor… no volveré a hacerlo… se lo prometo, mi Lord. —Sollozó.
—Me prometes muchas cosas, mi dulce criatura.
Cerró los ojos y apretó con fuerza los párpados al momento en que la pinza se arrimó. Uno de los primeros dientes del frente fue elegido. Unas diminutas y molestas lágrimas comenzaron a originarse en el final de sus ojos antes de que el castigo tuviera lugar.
—Tienes unos hermosos dientes. —Le alagó. —Voy a ser cuidadoso con ellos.
La pinza se hizo uno con su diente. Se lo arrancó a un tiempo paulatino, siendo delicado en la acción. Fue tan lento que pudo haber jurado que entre tiempo y tiempo permaneció desmayado, aunque sin ser alejado del dolor. Apretó sus dedos en los pantalones del capitán, los gritos se interponían con los ruidos del desprendimiento.
Su encía se sintió pesada y la sangre le mojó los dientes inferiores. Puso todo su ser en mantener la boca abierta mientras la pinza se movía de un costado a otro en el ejercicio de desprender. Quien sabe que otro castigo se le daría por no haber podido hacer algo tan simple como eso.
Theon escondió la cara en uno de los muslos del capitán cuando este le soltó el rostro, la sangre y las lágrimas manchaban las ropas. El mismo observó el diente atrapado en la pinza; un lascivo fulgor le floreció en los ojos, en el tiempo en que la polla acrecentaba el endurecimiento.
—No seas tímido, mi dulce criatura. Mírame.
Los dedos contrarios acariciaron sus desmarañados cabellos, algunas de las finas hebras se caían en el desorden que los dedos ocasionaban. Con la mano en su mejilla, el capitán le levantó el rostro con suavidad.
—Estas llorando. —Las yemas contornearon sus mojadas pestañas. — ¿No estas feliz por el amor que te entrego?
El dedo índice persiguió el descender de las lágrimas por su mejilla, hasta que estas se encontraban con su labio superior. El inferior fue acariciado, introduciéndose furtivo al interior de su boca.
—N-no es así… soy feliz con su amor, mi Lord. —Dijo pausado mientras el dedo hizo presión sobre su lengua.
Ramsay dio un ruido y una ligera mueca ante su respuesta, Theon no supo deducir que significaba esa expresión. El dedo se encontró en el hueco, la uña raspó los dientes contiguos. Se sacudió al tenerla pinchando su inflamada encía.
—Sonríe para mí, dulce criatura. —El capitán le ordenó a medida que sacaba el dedo, pasando a sostener su barbilla junto a los otros. —Muéstrame cuan feliz estas.
Sus labios temblaron aplicando una desproporcionada curva. Las comisuras se alargaban a destiempo y sus dientes se juntaban torpes, quisquillosos por el dolor que daba apoyarlos entre sí. Hubo un cambio en su boca, pero ese cambio no podía llamarse una sonrisa. Era un cambio desagradable que únicamente lograba gustarle a Ramsay.
— ¿Quieres complacerme, cierto? —El capitán se mojó los labios, deseoso.
—Sí, mi Lord. Quiero complacerlo. —Respondió, tragando algo de la sangre que se mezclaba con su saliva. —Por favor, permítame complacerlo.
—Ya que me lo pides con tanto entusiasmo, ¿cómo voy a negártelo?
Un escalofrió encorvó la espalda de la obediente criatura y las pupilas de su bondadoso amo se dilataron con la entrante luz del sol. Era temprano, los rayos del sol iluminaban con intensidad la habitación, y el capitán se había tomado el día libre para dedicárselo a él. Theon debía estar agradecido por ello.
Theon humedeció sus rajados labios, rogando porque en esta oportunidad no fallara y pudiera continuar con el número habitual de dientes. Abrió su boca ante la punta de la polla, Ramsay soltó un rugido al sentirlo tocándolo.
Gracias al vino que el capitán le proporcionaba todas las noches, salvo en las cuales su comportamiento era inaceptable, se esfumó el regustillo salado que el mar dejó impregnado en su boca. Si bien esta fue reemplazada por el sabor salado del hombre.
—Estaba pensando, esta es una buena época para los saqueos. —Ramsay comenzó a decir.
Los dedos del capitán se entretenían con sus cabellos, rizando estos a lo largo de los mismos. Su lengua se extendió por la erección y sus labios bajaron, entretanto sus dispuestos oídos prestaban atención. Si en realidad fuera un perro, hubiera alzado las orejas.
—He oído que eres un gran saqueador. Dicen que haces temblar a cada barcoluengo que se cruza en tu camino, que los hombres suplican piedad por tu furia. ¿Quieres saber qué más? Ellos dicen que nunca has fallado. —La hilarante risilla brotó con disimulo.
Estaba al tanto de la burla y de que no podía hacer nada al respecto. Aquella noche que falló estaba escrita en la cortadura de su pecho, siendo parte del relieve de la piel curtida. Jamás olvidaría el día que cayó.
Bajó sereno sus párpados y subió su cabeza, inclinándola al regresar al inició del tronco. Tal vez si no lo veía podía sentir algo de placer al hacerlo, o imaginar a Robb, si fuera Robb sería distinto y no tendría que estar forzándose a disfrutarlo. Sin embargo, no conseguía imaginarlo, no le haría eso.
—Creo que ya es tiempo de hacer algo divertido. —Ramsay suspiró, tirando la cabeza hacia atrás.
El capitán empujó su cabeza hacia abajo y tironeando parte de sus mechones lo subió, siguió repitiéndolo unas cuantas veces más. Siendo manejado por este se dedicó a sorber y mover su lengua.
—Y quiero que estés a mi lado cuando me divierta, mi dulce criatura.
Sus labios aumentaron la dureza en el apretar que aplicaba en el descender y la remontada. Trabajaba muy duro para ocultar sus dientes, en determinados momentos el latir de las encías le hacían perder el control sobre estos.
El líquido pre seminal se espació por la punta de la polla. Su lengua lo percibió al instante, era repugnante. Respiró profundo, soportando el moribundo sabor y continuando con el placer de su amo, lo único que tenía que importarle.
Ramsay apretó los dientes en el último jadeo, dejando toda la fuerza en la presión que ejercía en su cabeza. A Theon lo invadieron las arcadas cuando en su boca fue esparcida la semilla del capitán. La bilis subió hasta su garganta, haciendo aún más desagradable el gusto del semen. Lo tragó y tosió, su lengua ardía.
—Oh, mi dulce criatura. —Ramsay gimió. —Eres tan bueno.
La criatura recostó la cabeza en el muslo izquierdo de su amo. La polla de este todavía estaba erguida, pero no le dijo nada. Lo complacía, fue útil, ya no había porque temer a que otro diente desapareciera. Un escaso nivel de felicidad se agolpó en su corazón al recordarse que por ser tan bueno Ramsay lo cuidaría y le calmaría el dolor en su boca. Al igual que lo hizo cuando se trató de su dedo, el correr de la sangre fue detenido por Ramsay, con mucho más dolor, no obstante, Theon sabía que no quería lastimarlo. O la X en su pecho, el demostró que era fiel y leal, entonces el capitán lo recompensó con misericordia.
— ¿Tú quieres saquear junto a mí?
—Saquear. —Repitió por lo bajo. La palabra sonaba acida en su boca. —Si mi señor lo desea.
Su voz salió chillona al tener las manos del capitán acariciando su rostro. Después de todo lo que le había hecho, solo las caricias le resultaban confortantes. Las palmas eran cálidas, contrarrestaban la brisa fría que se colaba por el ojo de buey y le helaba la piel.
—Claro que sí, claro que sí.
—Si a usted lo complace, para mí sería un honor.
El ya no recordaba lo que era saquear, únicamente conocía lo que era fallar en el intento y ver morir a sus hombres, junto con su dignidad e historia. Falló muchas veces, era experto en eso, la carcomida piel de su espalda, la marca en su torso, el hueco en su boca y el aire en el muñón de su dedo, lo corroboraban. Él sabía fallar y eso le serviría, fallar una vez más, eso lo llevaría a su libertad.
—Por favor, permitidme que le sirva. Por favor. —Imploró, inclinando la cabeza.
