- ¿Pero qué demonios pensaba al tirar tan estúpida mentira? ¿Hija de Kempachi? Había escuchado que era el maleante más temido entre... esta clase de gente ¿Pero su hija? Le pareció una idea brillante al principio pero pensándolo mejor ahora ¡Era más que estúpida y descabellada!
Eran aproximadamente las tres de la mañana e Inoue estaba profundamente dormida, desde que había vuelto esa noche no cruzaron palabra y la tensión era palpable en la habitación, ahora que se sentía completamente sola otra vez pensaba en cómo arreglar esa delicada situación, cómo hacer para que no la lastimaran, o peor... la mataran. Pero nada, ningún pensamiento lúcido la sacaba de sus apuros, y la desesperación le ganó, tomó la almohada que estaba en su cama y se la echó a la cara apretándola contra ella y gritando con todas sus fuerzas como lo hacía cuando estaba nerviosa y frustrada.
Se durmió porque el cansancio la venció, con la almohada aun en la cara y totalmente vestida con su suéter morado y sus zapatillas converse de jean, y solo cuando creyó que estaba totalmente inconsciente Orihime se acercó a ella y le quitó delicadamente su suéter, que de seguro la acaloraría en una noche tan cálida, y sus zapatillas para poder acomodarla bien en su cama. Le quitó la almohada que debía estar asfixiándola y la colocó suavemente detrás de su cabeza. La miró por un largo rato dormir, deseando que en algún momento pudieran ser buenas amigas y así poder hablar cosas de chicas o reírse de algún chiste tonto, anhelaba tanto tener una amiga de verdad en aquel lugar. Suspiró y volvió a acostarse, mañana sería un nuevo día.
ooOoo
Otro día, misma tortura, era eso lo que pensaba Toshiro al despertar cada mañana desde que llegó a ese infierno. Habían pasado tres días desde que Momo habíaconvencido a ese Kurosaki de que él formara parte del clan y desde entonces Shiba y Madarame se encargaban de entrenarlo para alguna misión que el Señor Aizen les encomendara, pero era agotador pasarse todo el día entrenando karate, taekuondo y uso de cuchillas, espadas o algún arma afilada ¡Y solo habían pasado tres días!
- Ahh... Maldita sea. – Se llevó la almohada a la cara como solía hacerlo Rukia cada vez que estaba frustrada. Rukia... – Hace tres días que no te veo... – Susurró a la nada, sabía por Abarai que ella se encontraba bien y que por ahora se encargaba de ayudar con el acomodo de algunas que otras cajas si se la necesitaba y hasta que Ichigo decidiera qué hacer con ella.
- Creo que Abarai ya te ha dicho que ella se encuentra bien – Dijo Momo desde la puerta, vaciló por un momento y luego agregó. – Por ahora...
- ¿Cómo que por ahora? Me has dicho que ella estaría bien. – Toshiro se tensó al escuchar esas palabras y frunció el ceño totalmente disgustado por el comentario de la chica.
- Se habría salvado de no ser porque abrió la boca cuando no debía.
- ¡No lo habría hecho si tú hubieras llegado a tiempo para salvarla!
- No me reproches nada...
- ¿Cómo no quieres que lo haga? Me dijiste que la vería antes de la reunión ¿Y qué consigo a cambio? ¡Verla pelear contra Kurosaki! De no ser por Ishida no sé lo que habría ocurrido ¿Dónde estabas tú?
- Tenía asuntos que arreglar. – Dijo Momo desviando la mirada, algo que no pasó desapercibido para Toshiro.
- Asuntos como cuáles. – Indagó un poco más el muchacho.
- Asuntos que no te interesan. – No podía creer cómo era de insistente ¿Quién demonios se creía él para regañarla? – Lo de ser novios es...
- ¡Vaya, vaya! Pero si es la parejita del momento en medio de una candente discusión.
- ¡Matsumoto! – Gritaron ambos al verla entrando por la puerta y algo sonriente. Momo escuchaba los latidos de su corazón palpitar más rápidos, unos segundos más y abría escuchado lo que ella iba a decirle a Toshiro.
- ¡La misma! – Dijo señalándose con el pulgar y guiñándoles un ojo. – ¿Y qué es eso de andarse peleando tan temprano por la mañana? Sus gritos se escuchan hasta ahí afuera...
- ¡¿QUÉ?! – Otra vez gritaron al unísono.
- ¡Oigan! Parecen sincronizados para gritar así de coordinados, y creo que me dejarán sin oído izquierdo. – Hizo un pequeño puchero. – Que sus gritos se escuchan hasta del otro lado de la puerta. Pero tranquilos eran gritos inteligibles...
- ¿Gritos qué? – Preguntó Toshiro con una ceja levantada.
- ininteligibles – Aclaró Momo. – A veces no se expresa bien al hablar.
- Lo siento. – Respondió Rangiku con una inocente sonrisa.
- Ya qué... – Hinamori le restó importancia al igual que Toshiro, para sus adentros pensaba que era bueno que haya sido ella quien oyera sus gritos y no otro. - ¿Para qué has venido?
- ¡Ah sí! – Algo en su cerebro hizo click recordándole lo que hacía ahí. – Kaien y Renji quieren que los ayudes con un problema que les surgió con los cargamentos de oro. – Toshiro casi se atraganta con su propia saliva.
- ¿O-oro? – Dijo tartamudeando y abriendo grande los ojos.
- Sí. – Respondió tajante Momo. - ¿Qué tipo de problema?
- Uno cree que deben separar tres bolsas y el otro cuatro. – Hinamori levantó una ceja como preguntándole ¿Y por qué yo? – Ambos se agarraron a las piñas otra vez.
- ¿Y los demás no pueden separarlos?
- ¿Quiénes? Hay dos grupos alentando a la pelea: Los que apuestan porque Renji le romperá dos dientes a Kaien y los que apuestan que Kaien lo dejará con un ojo hecho uva por dos semanas y tres dientes quebrados. – Finalizó su historia con una amplia sonrisa y un brillo extraño en los ojos.
- Demonios... Los mataré. – Dijo Momo comenzando a caminar rápido hacia la puerta. Rangiku iba a seguirla pero se paró en seco y se volvió hacia Toshiro.
- Capitán Hitsugaya, sea paciente con ella, jamás ha tenido novio – Toshiro se sorprendió por aquella revelación. – y es algo así como... un milagro para todos nosotros verla con alguien a su lado. Ella es terca, orgullosa, mandona, enojona y otras cosas pero cuando llegas a conocerla bien verás que es una gran persona. – Le sonrió tiernamente.
- Matsumoto...
- ¿Sí?
- N-no... vuelvas a llamarme Capitán ¿de acuerdo? Soy solo Hitsugaya. – Dijo desviando la mirada. La realidad era que iba a preguntarle algo acerca de Momo pero se arrepintió a último minuto y cambió la pregunta.
- Pero le queda bien el apodo... Además todos aquí necesitan uno.
- ¿Y cuál es el tuyo?
- No lo sé, nunca me lo dijeron. – A Toshiro le pareció tonta aquella excusa y resopló para calmar sus nervios.
- Como sea... no vuelvas a llamarme así.
- Como usted diga... Capitán Hitsugaya. – Dijo cerrando la puerta tras sus pasos, casi como escapándose.
ooOoo
- Ichigo ya levántate, tu tío irá por la tarde a ver al clan. – Ichigo se enderezó en la cama quitándose todas las colchas que tenía encima de un manotazo. Ishida que estaba sentado a un costado de la cama recibió el impacto de ese fuerte brazo que fue a parar en su nariz, tirándolo al suelo y partiendo sus lentes por la mitad.
- ¡¿QUÉ?! – A Ichigo le trabajaba el corazón a dos mil por hora ¿Su tío iría al clan esa tarde? – ¿Estás seguro? – Dijo mirando hacia un lado buscando a su amigo que no estaba allí. – ¿Uryu? – El aludido se levantó del suelo y le propinó un fuerte puñetazo en la mejilla izquierda sin previo aviso, arrojándolo de nuevo hacia la almohada. – Idiota ¡¿Qué demonios crees que haces?! – Dijo sobándose la mejilla.
- Eso es por mis lentes, estúpido. – Le respondió levantando sus anteojos del piso y guardándolos en el bolsillo de su pantalón. – Te dije que tu tío piensa ir al clan esta tarde, me lo dijo antes de salir cuando yo llegué. Y sí, estoy seguro. – Dijo en respuesta a la pregunta que su amigo pensaba repetir.
- No... ¿Qué haré? No he decidido nada aun con respecto a esa enana, si mi tío la ve... – Cerró la boca y tras un segundo de silencio se arrojó con fuerza hacia la cama boca abajo.
Él ya le había contado a Uryu el día anterior lo que había escuchado de boca de su tío y le dejó muy en claro que no lo permitiría. Si bien no era asunto suyo lo que su tío hiciera con esa niña no podía dejar que se aprovechara de ella, él aún tenía dignidad y no permitiría que le hicieran daño a una persona inocente si podía impedirlo, sobre todo si se trataba de abusar a una niña de dieciséis años. Su sentido de la justicia era tan alto que a veces hasta pensaba en descubrir a su tío con las autoridades... pero él era su tío, y aunque ahora le pesara le debía mucho a ese hombre.
- ¿Qué piensas hacer Ichigo? – Preguntó Uryu al verlo tan desesperado.
- No lo sé, la verdad es que no lo sé. – Tomó una almohada y se la llevó a la cara, segundos después la tomó con ambas manos y comenzó a golpearse con ella repetidas veces ante la mirada de un atónito Ishida.
- ¿Qué haces? – Preguntó todavía estupefacto por su repentina reacción.
- Contando ovejas para dormir. – Respondió irónicamente.
- Vaya ovejas que usas. – Le siguió el juego. Aunque le divertía verlo tan masoquista terminó por quitarle la almohada y arrojarla al piso. – Ichigo necesitamos pensar qué haremos con esa chica.
- ¿Qué sugieres?
- Bueno... por ahora no podemos dejarla libre porque es más que obvio lo que ocurriría pero... – Vaciló unos instantes antes de continuar. – deberíamos unirla al clan.
- ¿Acaso es una broma? – Alzó una ceja y lo miraba aun recostado en la cama.
- ¿Qué otra opción tenemos? – Preguntó lo obvio, sabía que era descabellado sugerir algo como eso pero no quedaba de otra. – Tu tío no tiene por qué enterarse que es una nueva recluta, y en cuanto a ella... no lo sé, tal vez deberíamos extorsionarla un poco, de seguro hay algo que aprecie mucho. – Ichigo lo pensó un poco, algo que apreciara mucho.
Ooo
- ¡Oye, mide tus palabras con mi amigo, grandote!
Ooo
- ¡Eso es! – Ichigo una vez más se enderezó en su cama pegando un manotazo al aire pero Ishida fue más ágil y evitó su golpe agachando la cabeza. – Esa niña aprecia lo bastante a su amiguito el canoso como para dejar que algo le ocurriera.
- Entonces... ¿La extorsionarás con su amigo? – Ichigo sonrió plácidamente dándole a entender que era eso exactamente lo que planeaba y un fugaz pensamiento de duda surgió en el pelinegro. – ¿Cómo haremos para hacerla pasar desapercibida frente a tu tío?
- Él no la vio ni en fotos, no tuvo la oportunidad. – Afirmó Ichigo muy seguro.
- Sí pero Orihime no tardará en mostrarle la foto de Rukia antes de que llegue.
- Solo debemos buscar el archivo y cambiar la foto antes de que ella se lo entregue.
- Orihime ha salido con tu tío hace ya una hora y deben estar en una reunión. – Ishida bufó molesto ante la poca atención que su amigo le prestaba a las acciones de su tío, sobre todo porque eso lo había comentado la noche anterior cuando Ryuken y él se quedaron a cenar.
- ¡Demonios! Siempre es más complicado de lo que parece. – Ichigo se llevó una mano a la cara y se frotó los ojos, pensando que nada podía ser peor.
- Además recuerda que él quiere verla antes de que la ejecuten. – Genial, eso lo empeoraba todo.
- ¿Y ahora qué? – Preguntó Ichigo mirando el techo de su habitación. Pero algo iluminó sus pensamientos de repente, el foco interno de su cerebro se prendió por arte de magia. – Aunque, yo jamás dije cuándo matarían a la enana luego de que él cancelara el viaje. Ishida tengo un plan. – Dijo mirando a su amigo muy decidido. A Ishida le dio un escalofrío al recordar que Ichigo nunca ideaba buenos planes.
ooOoo
Rukia estaba cansada de ese lugar, solo llevaba tres días desde que Ichigo la sentenció a compartir habitación con esa... Inoue Orihime, pero cada noche ella la torturaba con sus persistentes pláticas de amiguitas ¡Como si ellas fueran amigas! Solo se trataba de su monologo, porque a decir verdad Rukia jamás le contestaba ninguna de sus preguntas, pero parecía una cotorra hablando y hablando sin parar ¿Al menos se detenía a pensar si a ella le interesaba? Además estaba ese estúpido trabajo... ¡Dios... era de lo peor! Ayudar a Yumichika y a Kensei a cargar materiales ilegales para que los exporten a lugares como China, Japón, India ¡hasta en América exportaban! Se sentía una más de ellos, una mafiosa, una mujer ilegal y eso le hacía poner los pelos de punta, se sentía sucia por dentro, y por fuera también teniendo en cuenta que la última vez que se bañó había sido la mañana antes de su secuestro. Además las cajas eran muy pesadas y mientras que veía como Kensei llevaba hasta cuatro en sus brazos y sin problemas, ella apenas y lograba cargar con una. Conseguía sorprender a algunos ingratos que se reían de ella y los miraba severamente como solo una Kuchiki lo podía hacer – aunque recordarlo la hacía enfadar aún más. – era de lo peor.
- Toshiro... ¿Dónde estás? – Dijo arrojándose a la cama y suspirando del total cansancio, eran recién las dos de la tarde pero ella ya anhelaba la noche para poderdescansar.
- ¿Rukia? – Dijo alguien entrando por la puerta. - ¿Estás despierta? ¿Puedo pasar? – Preguntó Orihime entrando de a poquito a la habitación. Rukia la ignoró y se dio la vuelta para evitar verla, aun no hablaba con ella desde que Ichigo la interrumpió aquella vez. Orihime suspiró, era lo mismo todos los días a pesar de que intentara darle charla con sus monólogos de la noche pero nada funcionaba. – Ichigo y Uryu vienen hacia aquí, llegarán en media hora y quieren verte en su oficina ¿Recuerdas? Es la habitación que utilizaron la primera vez que se encontraron. – Rukia no respondió pero sí la había escuchado ¿Ese chico de gafas vendría a verla? No podía presentarse frente a él en ese estado.
Orihime al ver que no recibía contestación agachó la cabeza y se dispuso a salir nuevamente de la habitación pero una voz la detuvo sorprendiéndola.
- Inoue ¿Puedo preguntarte algo? – A Rukia le pesaba tener que hacer eso, tan bien le salía el papel de mujer frívola, pero necesitaba asearse un poco para verse bien ante ese chico, aunque no entendía la razón ya que era uno de los malos.
Orihime volteó a verla sonriendo y no pudo contenerse de hacer una broma.
- Bueno, ya lo has hecho. – Rukia alzó una ceja, no comprendiendo aquella frase y disgustándose al creer que se estaba burlando de ella otra vez. – Quiero decir, sí, pregunta lo que quieras. – No iba a arruinar una posible relación de amistad que soñaba tener con esa niña, lo mejor era ir despacio con ella.
- Yo... ahh... bueno... quería saber si...
- No voy a morderte, pregunta lo que quieras. – Dijo Inoue sonriéndole de manera tierna.
- Entonces... ¿Me ayudas a escapar de aquí? – Quería jugar un poco con amabilidad, después de todo si quería su agrado iba a probarla y a jugar un poco con su actitud de "chica buena".
Orihime abrió los ojos sorprendida y un tanto incomoda, borró su sonrisa de inmediato y comenzó a mirar hacia todos lados, como buscando una posible solución a aquel malentendido.
- Era broma. – Sonrió Rukia al verla tan desesperada, debía admitir que fue una buena broma. Comenzó a reír fuerte y Orihime trató de seguirle la corriente aunque todavía se sentía nerviosa por la anterior pregunta. – Quería preguntarte si habría alguna posibilidad de que me llevaras a algún baño para asearme y si no te molesta también prestarme algo de ropa. Es que me siento muy sucia y no me he bañado desde que he llegado aquí y...
- Claro cariño. – Respondió Inoue. En lo que Rukia hacia su pregunta y comenzaba a hablar cada vez más rápido por los nervios a ella se le había formado una enorme sonrisa al notar que estaba haciendo a un lado su orgullo para pedir ayuda a la persona con quien estaba enojada. Agradeció que en el fondo Rukia no le guardara total rencor, porque al menos eso se notaba en su manera de hablar, inocencia de niña adolescente.
Orihime la condujo a un baño que se encontraba algo apartado de donde todos los chicos estaban trabajando y al entrar Rukia se sorprendió y asqueó de lo que esa pequeña habitación era. Había un espejo sobre lo que parecía más bien un bebedero, pero estaba rajado en una esquina y todo oxidado por abajo, el retrete era totalmente asqueroso y se notaba que no lo limpiaban hacía años, no había cortinas que separaran todo eso con el pequeñísimo espacio para bañarse y las paredes blancas – que no tenían ni azulejos – estaban todas manchadas por la humedad.
- Sé que no es un cuarto de baño digno para alguien como tú, acostumbrada a los lujos y todo eso pero... al menos podrás bañarte.
- Ajá. – Solo pudo soltar en respuesta, pues todavía seguía absorta en esa asquerosa imagen de baño.
Orihime le dejó en sus manos una toalla color verde lima y unos jeans que utilizaba de más pequeña junto con una blusa color escarlata con caída en los hombros y algo escotado para su gusto, unas zapatillas de jean y unas medias de color negro. Respecto a la ropa interior le dio un juego que parecía totalmente nuevo y sin usar, Inoue le dijo que se lo compró una vez en París y nunca le quedó y que si quería se lo regalaba.
- Bien, hora de bañarse finalmente. – Se dijo a sí misma bien animada una vez que la chica la dejó sola. Inoue tenía razón, al menos podría bañarse. Aunque había una pequeño problema, la puerta no tenía seguro, ni siquiera cerrojo ¿Y ahora? Rukia no confió pero vio que en el piso había un pedazo de metal lo bastante grueso como para poner entre la puerta y su marco para atorarla, no creía que fuera seguro pero no le quedó opción.
Se metió a la ducha tibia que de a poco iba cubriendo todo su cuerpo, dejó que pasaran unos minutos antes de moverse, pues el agua la relajaba. Masajeó su cabello y luego se echó en la cabeza un poco del shampoo que Orihime le había prestado, tenía un delicioso aroma a flores de lavanda que la calmaban y luego de colocarse el acondicionador peinó su cabello con los dedos, era algo difícil ya que lo tenía largo y algo enmarañado pero por fin lo consiguió y entonces prosiguió a enjabonarse todo el cuerpo con el jabón también con aroma a lavandas "Parece que le gusta la lavanda" pensó para sus adentros, y no la culpaba, era muy rico su olor. Una vez que terminó, tomó la toalla y comenzó a secarse lentamente, después de todo nada la apuraba e Ichigo y Uryu podían esperar.
- Ohh... ¿Qué tal? Un juego de ropa interior que viene exclusivamente desde París. – Le decía a su reflejo en el espejo luego de colocarse las bragas y el sostén ambos negros. – Rukia te ves fabulosa entre todos esos encajes. – Dijo guiñándose un ojo y llevándose a sí misma el dedo pulgar en signo de aprobación.
Kaien iba corriendo hacia algún baño, haberse bebido dos botellas completas de sake junto a Matsumoto había surtido efecto y ahora debía encontrar un lugar donde descargarse antes de que ocurriera un terrible accidente. Si tan solo se hubiera quedado con Renji y Toshiro no estaría en esa situación pero luego del encuentro que tuvo con el primero no quería ni verlo ¡Por fin! Encontró el baño del que Madarame siempre le decía cuando iban a practicar en ese salón apartado de las zonas de trabajo. Quiso abrir la puerta pero no lo logró, en principio. Tomó distancia y empujó con todo su cuerpo la puerta hasta que se abrió, dejando ver a una pequeña rubia de ojos violetas en ropa interior y roja de la vergüenza.
- ¡IMBÉCIL! ¡TE DIJE QUE ESTABA OCUPADO! – Le gritó Rukia tapándose con la toalla como podía y cerrándole la puerta en las narices a ese estúpido. - ¡PERVERTIDO! – le gritó desde el otro lado de la puerta.
Kaien se quedó pasmado desde el momento en que la vio, era una escultura humana según su consciencia, y jamás había visto a ninguna mujer tan bella como ella – exceptuando a Miyako, claro está. – no tenía habla ni siquiera para disculparse con la pequeña que ahora debía estar más que enfadada con él.
Rukia estaba tan roja como un tomate, las manos le sudaban y su respiración era agitada. Por Dios... jamás le había pasado nada similar y menos mal que estaba con la ropa interior puesta porque si no...
- No, no, no. No pienses en eso, ya... ya pasará. – se decía a sí misma en tono alentador. Pensaba que era lo mismo que si la vieran con un bikini puesto. Pero había un problema, y es que nunca esos tipos la habían visto en bikini y tampoco pensaba darles el gusto.
Terminó de cambiarse tan rápido como pudo, antes de que otro accidente similar ocurriera. Salió del baño y para su sorpresa Kaien ya no estaba ahí. Pasó por su habitación y dejó las cosas en su cama, ya después se lo agradecería a Orihime, y después comenzó a correr hacia la oficina donde estarían Ichigo y Uryu.
ooOoo
- Esa enana del demonio... ¿Inoue le avisó que vendríamos en media hora? – Ichigo se impacientaba con cada segundo que pasaba. Sabía que las chicas siempre se tardaban en aparecer cuando se las citaba, lo había vivido con Senna durante tres meses, pero un retraso de media hora era el colmo.
- Tranquilo Kurosaki, ya llegará. – Ishida llamaba a su amigo por el apellido solo cuando estaba nervioso o enojado. Ahora estaba nervioso.
- ¿Cómo quieres que me calme? Media hora, ¡Media hora de retraso! Mi tío no tarda en venir y todavía tengo que hablar con los demás...
- Aquí estoy. – Se anunció Rukia tras abrir bruscamente la puerta. Respiraba agitadamente, pues mientras se dirigía hacia allí se había perdido dos veces.
- ¡Hasta que te dignas a aparecer! – Exclamó Ichigo furioso. Pero ella no le prestó atención alguna, se encontraba mirando a Ishida a los ojos y un tanto sonrojada.
- Sí, lo siento.
- No te preocupes, al menos llegaste y eso es lo que cuenta. – Dijo Ishida cortésmente pero desviando su mirada para que no lo notaran un tanto sonrojado, esa blusa sí que era escotada para una joven de diecisiete años. – ¿Esa blusa... es de Orihime?
- ¿Eh? – Solo en ese momento se percató de que llevaba puesto una blusa condenadamente escotada. Con una mano trató de estirarla para que se cerrara un poco en su pecho. – Ahh... sí, me la prestó, es que quería bañarme y no tenía ropa...
- No, no, está bien. Te queda bien. – Dijo Ishida un poco más calmado al ver que Rukia trataba de acomodárselo. No notó el sonrojo que le causó a la rubia pero alguien más sí lo hizo.
Ichigo carraspeó un poco obligando a los otros dos a volver su atención a él, no era que le molestara que su amigo fuera un galán inconsciente pero había cosas más importantes que discutir en ese momento.
- Enana...
- ¡Rukia! – Soltaron los otros dos, una molesta y el otro regañándolo.
- Ajá, Rukia... tenemos un pequeño gran problema. – Ichigo le contó de la misma manera que a Uryu lo que su tío planeaba con ella pero no tuvo el mismo efecto que con él, Rukia se dejó caer en una silla de la esquina de la habitación y pensaba desesperada que debía huir de allí en ese mismo instante.
- Idiota. – Susurró Ishida a su amigo dándole un golpe en la parte de atrás de su cabeza y acercándose a la pequeña que ahora temblaba.
- Ahh... ¿Rukia?
- Me quiere...
- No lo permitiremos. – Soltó Ichigo quitándole las palabras de la boca a Uryu. Rukia lo miró suplicante de una explicación e Ichigo procedió a explicarle. – tenemos un plan que estamos seguros de que funcionará. – decía Ichigo serio pero con una sonrisa ladeada de triunfo. – Solo que para eso necesitaremos de tu permiso para algunas cosas.
- Lo que sea. – Respondió desesperada.
- ¿Estás segura Rukia? – Le cuestionó Ishida agachado a su altura y con una mano en su hombro. Rukia desvió la mirada para que éste no viera su sonrojo.
- Sí, lo que sea.
- Perfecto. Acuéstate conmigo. – Pidió Ichigo.
- ¡¿Qué?! – Exclamó Rukia con todo lo demás dándole vueltas.
- A mi tío solo le gustan las que son vírgenes, si no lo eres entonces te descartará enseguida.
- Ichigo... – Comenzó Ishida, le disgustaba mucho que fuera así con la pobre chica que se encontraba fuera de sí por el miedo.
- Cállate Ishida. – Ordenó él con autoritarismo.
Rukia lo pensó un poco, por cómo Ichigo lo contaba su tío parecía ser un ser perverso y cruel, lo describió como a un monstruo y temía que fuera demasiado sádico con ella.
- Es... está bien. – Susurró Rukia casi inaudible para los demás, pues esperaba que no la hubieran escuchado porque no estaba segura de lo que hacía. Tenía la cabeza baja y sus ojos comenzaron a nublarse por las lágrimas que querían salir, temblaba sin quererlo y sentía como de a poco el pequeño resto de orgullo que le quedaba se iba desvaneciendo de sí.
Ichigo, a pesar de lo bajo, escuchó a la chica decir que sí a su oferta, se quedó anonadado por lo que había oído, pues creyó que como máximo lo que haría era levantarse y pegarle una fuerte cachetada por su aprovechamiento. Su amigo lo miraba con el ceño fruncido y sus ojos azules le mostraban mucho más que enojo pero él no los veía porque estaba concentrado en otra cosa.
- ¿Qué? – Alcanzó a decir Ichigo sin dejar de mirarla.
- Que acepto... acostarme contigo en lugar de tu tío. – dijo ella con su voz entrecortada y sin mirarlo, se sentía fatal. Primero el secuestro, luego la ayuda con el trabajo de vandalismo y ahora ¿esto? – Prefiero que seas tú, quien ya me ayudó cuando querían matarme – dijo levantando la cabeza y viéndolo con su ojos llorosos. – a tu tío que de seguro es la persona más cruel y perversa de todos los hombres de aquí.
Ichigo la miró por unos segundos antes de estallar en sonoras carcajadas, se reía tanto que hasta lloraba, ni Uryu ni Rukia lo entendían. Pero después de un rato a ella se le vinieron de nuevo las palabras a la mente y logró decir con su rostro serio.
- ¿De qué te ríes?
- De ti. – Y seguía riéndose.
- ¿De mí? – Rukia levantó una ceja y lo miró extrañada. Él súbitamente dejó de reír y la miró.
- Era mentira. – Ella no sabía si correr a pegarle, salir huyendo de allí o llorar de la impotencia. – No era eso lo que quería que hagas pero sí quería ver tu reacción cuando te lo pidiera... aunque ni por asomo esperaba eso. – dijo pensativo. – Además yo no podría acostarme contigo...
- ¡Eres un idiota! – le gritó poniéndose de pie y comenzando a llorar. Se dirigió hacia la puerta y con un portazo que hizo vibrar las cuatro paredes salió huyendo.
- Eres un idiota, Kurosaki. – Le reprochó Ishida con una mano masajeando el puente de su nariz.
- Demonios... – Reconoció que había metido la pata... o más que eso. Se levantó de su asiento y fue tras ella preocupado por lo que pudiera llegar a hacer. – ¡Rukia! – gritó cuando saltó por uno de los ventanales que sospechosamente estaba abierto. No oyó nada, ninguna respuesta pero prestó atención a los ruidos y comenzó a caminar sigilosamente.
Al cabo de unos minutos escuchó tras un gran árbol llorar a alguien, se acercó rápido pero en silencio y observó a Rukia llorar mirando el cielo.
- ¿Por qué a mí? ¿Por qué a mí mamá? Siempre he sido buena, trate de ser una hija medianamente correcta para lo que papá quisiera ¿Por qué me pasa todo esto? Te necesito mamá. – Seguía llorando ahora con su rostro entre sus piernas.
Ichigo se sintió culpable de lo que estaba viendo ahora, se acercó y la abrazó protectoramente susurrándole que todo estaría bien.
- ¡Aléjate de mí, idiota! – chilló ella al sentir las palabras que de él venían. – Eres un pervertido, un aprovechado, un maldito...
- Sé que me merezco lo que dices Rukia pero...
- Eso y mucho más. – Le dijo aun llorando. – ¿Cómo pudiste? ¿Acaso te parezco objeto de juego? No me respondas... claro que es lo que piensas. – Le dijo en un tono irónico y riéndose por su estupidez. – soy una estúpida, soy una idiota. – Sollozó y se echó a llorar una vez más, se arrojó al césped que extrañamente y para ese lugar era bastante bello. Se rodeó las piernas con los brazos y nuevamente enterró su cara en sus rodillas.
Ichigo no la podía ver así, se acercó nuevamente a ella y la levantó bruscamente del suelo. Ella intentó zafarse de su agarré pero él era más fuerte, al final la rodeó con sus brazos de una manera cálida que le llegó al corazón. Sabía que no podría alejarse de él aunque quisiera, porque no la dejaría, así que se resignó y lloró todo lo que se había guardado por días en su pecho. Ichigo no decía nada, solo la abrazaba y así estuvo hasta que ella finalmente se calmó.
- No me agradas.
- Lo sé. – Dijo Ichigo con una sonrisa.
- Te podría golpear en cualquier momento.
- Y lo acepto. Fui un idiota y lo lamento. – Le dijo aun teniéndola agarrada en un fuerte abrazo.
- ¿Cuál era la propuesta real? – Preguntó cuando ya se había soltado y caminó hacia el árbol para sentarse. Ichigo hizo lo mismo.
- Debes quedarte como una trabajadora más del clan, al menos por un tiempo. – agregó al ver la cara de disgusto que ella tenía. – Y como mi tío ya te habrá conocido por fotos... debes cambiar de aspecto.
- ¿A qué te refieres? – Preguntó alarmada Rukia.
- Tu cabello es muy característico en ti y tus ojos lo son más todavía. Deberemos hacer algo al respecto, con eso me refiero a que teñirán tu cabello de otro color y te pondrás lentes de contacto para no destacar entre las demás. – Rukia escuchaba atónita lo que decía y negaba enérgicamente cada vez que él enumeraba algún cambio.
- ¿Estás loco? No teñiré mi cabello y mucho menos lo cortaré. Es lo único que heredé de mi madre, su rubio y largo cabello. – Decía mientras acariciaba uno de sus mechones – y mis ojos... no, no lo permitiré, perdóname Ichigo pero...
- ¿Entonces prefieres que mi tío te descubra? – Preguntó Ichigo mirándola directo a los ojos.
Rukia lo meditó, no tenía más opción, era eso o Aizen. "Demonios... lo siento mamá" pensó entristecida, ya había tomado una muy dolorosa decisión.
- ¿Estás seguro de lo que dices? ¿Ya no es otra de tus estúpidas bromas?
- Ya no miento enana, digo la verdad ahora. – Rukia suspiró, se sentía agotada mentalmente.
- Bien. Hagámoslo entonces. – Dijo levantándose del césped y tendiéndole una mano a Ichigo. Él no la correspondió sino que se levantó solo, pero le regaló una sonrisa sincera.
- Ishida te llevará con Matsumoto y ella te ayudará con el cambio ¿Cierto Ishida? – El aludido se sorprendió y salió de su escondite. – No tenemos mucho tiempo así que no pienses mucho lo que harás o le qué colores quieres ¿Bien?
- ¿Pero y tú...?
- Yo debo arreglar algunas cosas. Te veré más tarde. – Y dicho eso se dirigió hacia los salones principales de trabajo.
- Bien Rukia, vámonos. Rangiku de seguro debe estar impacientándose. – la tomó de la mano y la condujo hasta la habitación de la Matsumoto. Rukia al sentir el contacto entre sus manos no pudo evitar ponerse nerviosa pero se mantuvo tranquila, tampoco quería que él lo notara.
ooOoo
Tardó mucho más de lo esperado ya que en el camino se encontró a Renji que buscaba desesperado a Aizen por algo que debía pedirle o preguntarle, ni siquiera había puesto atención. Luego se encontró con Madarame que le comentaba sobre lo bueno que era pelear con el pequeño "Shiro-Chan" y a lo último cruzó a Hinamori que molesta le contó todo el lío que se había armado con Kaien y Renji horas atrás. Como pudo se desligó de todos ellos y corrió a donde estaban todos los demás hombres cargando y descargando cosas.
Ichigo al llegar a la sala principal miró a todos como estudiándolos y estuvo a punto de llamar su atención para que escucharan lo que tenía que decir pero a lo lejos vio cómo su tío se acercaba sonriente al lado de Inoue, todo su cuerpo se tensó y sintió que el color se fugaba de su cara, hasta que reaccionó y fue al encuentro de ambas personas.
- ¡Tío! Que... sorpresa verte por aquí. – Dijo nervioso.
- La sorpresa es mía Ichigo ¿Qué haces aquí?
- Ahh... yo... – Pero tal vez habrá sido una pregunta retórica porque cambió el rumbo de la conversación dejándolo fuera de la plática.
- Orihime, necesito el informe de Kuchiki Rukia, quiero verificar algunas cosas.
- Sí, Señor Aizen. – Él la miró sonriente pero con ojos amenazantes. – Digo... Sosuke. – Y estuvo a punto de entregarle la carpeta con los datos y la foto de Rukia, cuando Ichigo la detuvo.
- Tío – Dijo interponiéndose entre él y la carpeta negra. – Creo que Renji tenía algo importante que decirte, se veía desesperado por hablar contigo cuando llegué así que ¿Por qué mejor no te aseguras de que esté bien? – Aizen de malagana fue hacia donde Renji se encontraba, quería bastante al muchacho pero a veces estorbaba en momentos inoportunos. – Inoue necesito que vengas conmigo. – Dijo Ichigo tomando de la muñeca a la chica y arrastrándola hacia una habitación del pasillo.
Al entrar Ichigo cerró la puerta tras de sí y la miró serio a los ojos. La habitación estaba a oscuras por lo que Orihime no pudo más que pensar mal.
- Ichigo no creo que... esté lista para...
- Ya cállate Inoue. – Le dijo tomándola por los hombros, provocando que ésta se tensará y respirara algo agitada. – Necesito preguntarte algo. – Seguía mientras se acercaba peligrosamente a su rostro. Si él pudiera verla con las luces encendidas la habría visto tan colorada que parecía que su cara explotaría en cualquier momento.
- ¿S-sí Ichigo? – Preguntó titubeante pero mirándolo a los ojos, esos hermosos ojos avellana.
- ¿Ya le has mostrado la foto de Rukia a mi tío? – Soltó de repente. Tan rápido como su cara se puso en color rojo vivo, a Orihime se le volvió el rostro del color de la nieve.
- ¿Q-qué?
- Eso... ¿Ya le has mostrado la foto a mi tío?
- No ¿Por qué?
- Necesito cambiarla por esta. – él le entregó otra foto que ella no pudo ver bien por la oscuridad. – Por favor no preguntes por qué, solo hazlo y por favor no descubras a Rukia frente a él, encárgate de que ninguno de los demás lo haga ¿Bien? – Inoue asintió mecánicamente, aun todo le daba vueltas ¿Cómo pudo haber creído eso de Ichigo? Él era tan bueno y respetuoso con ella que sabía que jamás le haría daño.
Salió de la habitación corriendo hacia la de Matsumoto. Debía parar toda la locura que estarían haciendo con Rukia, ya lo había resuelto todo y no podía dejar que siguieran con un plan que ya no les servía de nada.
- ¡Ishida, Matsumoto! – Gritó cuando abrió la puerta de la habitación de un solo golpe. – Dejen a Rukia tranquila. Ya no es necesario ningún cambio.
Pero era tarde. Rukia lucía ahora totalmente diferente a lo que era hace una media hora atrás.
Gracias por los comentarios! Me alegra saber que les gusta la historia! Mañana subiré los tres caps. que me faltan y entonces es cuando ya se normalizará la situación (un capítulo cada cierto tiempo :3 jijiji) Si quieren comentar qué les pareció no duden en hacerlo. Nos leemos pronto! Bye! O.-/
