- Bien Orihime, me he encargado de Renji, necesito el informe de Kuchiki Rukia. – Orihime se lo entregó y Aizen lo abrió ojeando algunas hojas y poniendo atención en otras. Llegó a la última página del informe pero no le dio importancia, la dio vuelta y se encontró con la foto de la chica. - ¿Inoue, ésta es Rukia? – Preguntó curioso.
Orihime se acercó a Sosuke y miró la foto por encima de su hombro, se asombró de la foto que había elegido Ichigo, pues ella no se parecía en nada a la verdadera Rukia, ni siquiera en su color de cabello.
- S-sí, Sosuke. Ella... es Kuchiki Rukia. – Dijo nerviosa tratando de mirar hacia otro lado.
- Es... diferente a lo que imaginaba. – Aizen analizó la foto detalladamente. Cabello corto y color verde oscuro, mirada seria y frívola, contextura delgada pero de buenas formas. – Al menos tiene la mirada de su padre. Quiero verla ¿Dónde está?
- ¿E-eh? ¿Q-quieres... verla? – preguntó alarmada Orihime, ya no sabía cuánto más sostener esa farsa.
Aizen levantó la mirada clavando sus ojos en ella y elevando una ceja, Orihime miró hacia todos lados esperando que algo o alguien la salvara de aquella situación. Como si sus plegarias fueran escuchadas, comenzó una pelea entre dos hombres a unos cuantos metros de ellos, cerca del camión que se estaba cargando, no pasó mucho hasta que se convirtió en una pelea masiva y todos comenzaron a sumarse a ella, algunos enojados, otros divertidos – como Madarame – y otros aprovechando la ocasión para escapar del trabajo – caso inequívoco de Yumichika –.
- ¿Pero qué...? – Inoue no lo pensó dos veces y aprovechó la distracción para escaparse rápida y sigilosamente de ahí. Regañaría infinitamente a Ichigo por aquello. – ¿Inoue...? ¿Eh? – Aizen miró en toda la habitación, no había rastro de ella, odio por unos momentos haberle enseñado una estrategia de escape como esa.
ooOoo
- Shiro-Chan necesito tu ayuda. – Lo sorprendió Momo cuando él se encontraba recostado en el patio cerca del salón de entrenamiento.
- Ya te dije que no me digas así. – Respondió él con el ceño fruncido y sin abrir los ojos. - ¿Qué quieres?
- Ichigo me ha encomendado una pequeña e insignificante misión, pero de todas maneras no puedo hacerlo sola.
- ¿Y por qué debo ser yo quien te acompañe?
- Porque se trata de algo que ayudará a tu amiga Rukia.
Toshiro abrió los ojos y miró el cielo pensativo, al final suspiró y mientras se levantaba del suelo miró a Hinamori y le preguntó.
- Bien ¿De qué se trata? – Hinamori sonrió y comenzó a caminar hacia el lado contrario a paso rápido. – O-oye ¡Espérame! – Le grito el chico al ver que ni siquiera había respondido a su pregunta.
- No preguntes por qué pero Ichigo ha decidido ayudar a tu amiga, al menos por ahora. Ha alterado un poco la información de Rukia en los informes. – Vio a Toshiro algo confundido así que le explicó mejor. – Ha cambiado la foto que tenemos de ella. El problema es que el Señor Aizen espera ver a la chica antes de que la matemos, así que debemos hallar a la persona de la foto.
- ¿Y quién es ella? – preguntó curioso mientras casi iba trotando detrás de su "novia"
- Su nombre verdadero es Nozomi Kujo. Vive en las villas de Jiyunrinan. Es una chica de casi la edad de Rukia así que fácilmente pasa desapercibida.
- ¿Cómo haremos para convencerla de que venga con nosotros?
- No te preocupes, Ichigo dice que ella le debe un favor, uno muy grande por lo visto si no sabe el trabajo que debe hacer. – Dijo con recelo Momo. – Pero en fin, ella tomará el lugar de Rukia en lo que el Señor Aizen está aquí, luego fingiremos su asesinato y eso será todo. – Pero algo no cerraba en todo eso.
- ¿Por qué Kurosaki quiere ayudar a Rukia? – Preguntó más que intrigado.
- ¡Ya te dije que no lo sé! ¿Acaso no me escuchas? – Hinamori tenía el mal genio de perder la paciencia más rápido que cualquier otro. "Que malas pulgas" pensaba Toshiro para sus adentros. – Pero de todas maneras nos conviene ¿verdad? Al menos ella estará a salvo, nadie discutirá sobre la decisión de Ichigo Kurosaki y por respeto a él tampoco abrirán la boca con el Señor.
Llegaron a la zona donde estaban todas las camionetas y automóviles aparcados y arrancaron una de ellas. Toshiro iba manejando mientras Momo le indicaba los caminos y al llegar al lugar luego de poco más de diez minutos estacionaron cerca de una esquina lo bastante sospechosa para el chico.
Eran ya las siete de la tarde y los colores del cielo se iban tiñendo de azul-negro, la noche era despejada y las estrellas se veían estupendas, algo que contrastaba con la escena de aquel lugar. Había un gran grupo de mujeres vestidas con poca ropa y descaradamente, había autos transitando por el lugar pero la mayoría se detenía a hablar y levantar a aquellas atrevidas muchachas que parecían engatusar a los hombres con solo mirarlos.
- ¿Y tú chico lindo? ¿Quieres llevarme a pasear en tu lindo auto? – preguntó una chica de pelo oscuro y largo sujeto en dos coletas altas. – Soy Loly ¿Y tú eres...? – Dijo de manera seductoramente y recargándose en el marco de la ventana dejando ver gran parte de su pecho. No aparentaba más de diecisiete años, apenas un año mayor que Rukia, eso lo dejó tan sorprendido que ni siquiera sabía qué responderle.
- Él es mi novio y viene conmigo así que puedes alejarte de aquí por las buenas o por las malas. – Dijo en tono hostil Momo detrás de ella. Toshiro no supo en qué momento había bajado del vehículo pero agradecía que pudiera manejar ella la situación y no él. Loly la miró despectivamente y se alejó de ahí a paso lento y delicado, como si fuera una princesa. – No seas tan baboso y concéntrate en la misión, tonto. – Le dijo seria al chico, de alguna manera eso le molestaba, es decir... su desconcentración en la misión.
Caminaron solo unos segundos por entre las mujeres que querían acercarse a toda costa al peliblanco pero Hinamori con solo una mirada asesina lograba alejarlas de mala gana, llegaron hasta una esquina y ahí vieron a una muchacha de ojos inexpresivos recargada sobre un poste de luz.
- Es ella. – Susurró Hinamori para que solo Toshiro la escuchara. Aceleraron el paso y al estar junto a ella la chica los miró incorporándose pesadamente.
- ¿Qué quieren? – preguntó de manera hostil pero sin cambiar su semblante de seriedad.
- ¿Tú eres Nozomi Kujo? – preguntó Momo de la misma manera.
- No los conozco ¿Qué quieren? – preguntó alarmada y desconfiada la chica de ojos violetas.
- Venimos en nombre de Kurosaki Ichigo. – Se adelantó a responder Toshiro. – Soy Hitsugaya Toshiro y ella es Hinamori Momo, debemos llevarte con nosotros por una misión que él te ha encomendado a ti.
- Tsk, así que... ¿Decidió cobrarse el favor después de todo? – preguntó con una sonrisa irónica que despertó curiosidad en ambos chicos.
- ¿Vendrás? – Preguntó impaciente Momo, Nozomi alzó los hombros dando a entender que no tenía nada mejor que hacer, los siguió hasta la camioneta y se subió a ella sin objeción alguna.
- Y... ¿Qué favor es el que Kurosaki se está cobrando? – preguntó Toshiro ya sin aguantarse.
- No es de tu importancia. – respondió tajante Momo, mirándolo seria.
- Él... una vez me salvó de unos maleantes que querían aprovecharse de mí. – Comenzó a contar Nozomi mirando por la ventana y sin mostrar sentimiento alguno en sus palabras o mirada. – Yo por entonces no cumplía los quince años pero ya trabajaba en estas cosas, mi madre me lo enseñó. Sin embargo... esa noche Kageroza, un acosador psicópata junto a sus compañeros, quiso aprovecharse de mí mientras estaba sola en las calles por la noche.
- ¿Qué hacías en las calles por las noches y sola? – preguntó intrigada Momo.
- Me peleé con mi madre y decidí huir de casa. Como sea, si no hubiera sido por Kurosaki Ichigo yo ya no estaría con vida. – Vaciló un segundo antes de seguir. – Él quería abusar de mí como con las demás pero una vez que logra su cometido él mata, y eso me habría pasado a mí de no ser por Ichigo, no sé qué hizo pero ya no volví a ver a ese sujeto jamás. Por un tiempo Ichigo vino a verme preocupado por cómo estaría yo después del ataque y entramos un poco en confianza, quise pagarle lo que había hecho por mí pero no encontré otra manera de hacerlo que... acostándome con él – Tanto Momo como Toshiro abrieron los ojos como platos sorprendidos de aquella revelación. – pero se rehusó alegando que jamás podría hacer eso conmigo, que era una niña y que lo que yo hacía para ganarme la vida estaba mal, me propuso una mejor vida pero ¿Qué puede aspirar una chica como yo cuando toda su vida se la pasó aprendiendo de los pasos de su madre? Una borracha y prostituta madre que solo golpeaba a su hija cuando la estorbaba. Esa fue la última vez que hablamos pero él me dijo que se cobraría algún día ese favor que le debía, creí que solo lo decía para hacerme sentir mejor pero ya veo que hablaba en serio. – Luego de esa historia, el resto del camino fue silencioso.
Unos minutos después llegaron a la estancia del clan y bajaron a hurtadillas con Nozomi a su lado. Corrieron hasta la habitación donde concordaron encontrarse con Ichigo y esperaron calmados a que éste llegara.
ooOoo
- ¡Ishida, Matsumoto! – Gritó cuando abrió la puerta de la habitación de un solo golpe. – Dejen a Rukia tranquila. Ya no es necesario ningún cambio.
Pero no se esperaba nada como eso cuando la vio sentada en el borde de la cama. Rukia ya no era... Rukia, era diferente. Su cabello, antes largo y de color rubio, ahora era tan negro como la noche y corto hasta un poco más debajo de los hombros mientras que un mechón rebelde caía entre medio de sus ojos que por cierto seguían siendo como antes pero ahora lucían medios tristones incluso de un color que oscilaba entre el violeta y el azul oscuro, Matsumoto se había encargado de quitarle todo rastro de esmalte de uñas que llevaba en las manos y en los pies al igual que los anillos y pulseras de plata que llamaban la atención en ella. Le dio un conjunto de ropa que Ishida había arreglado para ella y que era práctico para el trabajo y ahora lucía una calza común negra con una remera básica azul marino.
- Rukia... – Solo pudo decir Ichigo al verla. Ese cambio le sentaba muy bien, incluso la hacía parecer más grande de lo que era. Se veía... muy linda, aunque jamás lo admitiría...
- ¿Cómo me veo? – preguntó resignada Rukia, de sobra sabía que mal pero era lo único que se lo ocurrió decir para romper ese gélido silencio que había en el ambiente.
- Ahh... tú... ahh pues...
- Te ves bien Rukia, solo que Ichigo está impresionado con tu cambio, eso es todo. – Le dijo Ishida con una sonrisa cordial en su rostro, y que nuevamente hizo sonrojar a Rukia.
- Siento haber tardado tanto, es que la nueva tintura de ultra-rapidez se había perdido entre mis cosas y tardé un poco en encontrarla ¿Pero verdad que se ve bien? – Dijo Matsumoto admirada de su gran creación.
Ninguno pudo contestar ya que a lo lejos se escuchaba una voz autoritaria que exigía la aparición de Ichigo en ese mismo instante.
- ¡Ichigo Kurosaki ven aquí ahora mismo! – volvió a gritar esa voz femenina cargada de enojo.
- Ichigo ¿Acaso esa no es...?
- ¿Inoue? – completó Ishida extrañado. Escasas y casi nulas eran las veces que habían escuchado a Orihime gritar, y enojada además.
- ¡Kurosaki Ichi...! Oh, así que aquí estabas. – Dijo Inoue con sus manos en la cintura y el ceño fruncido cuando encontró a quien buscaba. - ¿Acaso te estabas escondiendo? – Ichigo jamás la había visto así de enojada y en cierta manera eso le ponía los pelos de punta.
- N-no para n-nada Inoue. – Negaba con sus manos en alto y una risita nerviosa.
- ¡Qué bien! Porque en este preciso momento vas a explicarme por qué demonios me has dejado en un aprieto tan grande con tu tío, y quiero explicaciones ¡AHORA! – gritó enfurecida Orihime. Matsumoto e Ishida tomaron a Rukia por ambos brazos y disimuladamente trataron de llevársela lejos de allí, no sabían por qué pero ver a esa chica así de enojada los asustaba. – Ustedes se quedarán ahí, no se muevan hasta que yo lo ordene. – Dijo apuntando con un dedo a los tres que ya casi se acercaban a una puerta que conectaba con otra habitación pero sin despegar los ojos de Ichigo.
- ¡SÍ SEÑORA! - Respondieron a coro Matsumoto e Ishida dejando caer pesadamente a Rukia. – Ups. – Dijo Rangiku agachándose para levantarla.
- ¿Y bien? ¿Qué tienes que decir en tu defensa Kurosaki? – Orihime lo veía con los brazos cruzados y golpeando desesperadamente la punta del pie con el suelo.
- Eh... bueno... yo... te lo iba explicar en cuanto tuviera la ocasión ¡Lo juro! – agregó al ver como ésta levantaba una ceja incrédula. – Verás necesito tiempo para ver lo que haré con ella pero no puedo dejarla en manos de mi tío, sabes lo cruel que es – A Orihime le recorrió un escalofrío por la espalda y dejó caer su brazos. – La haré pasar por una más del clan pero para eso necesito tu ayuda y la de todos los que ya la han conocido. Nozomi la reemplazará en lo que mi tío está por aquí ahora y luego fingiremos su asesinato para darle fin a una parte del problema, mi tío ya la olvidará.
- ¿Nozomi? – preguntó curiosa Orihime. – ¿Kujo Nozomi, la chica de las villas de Jiyunrinan? – Ichigo asintió y ella se llevó una mano a la boca. - ¿Qué... por qué ella? ¿Acaso tu tío piensa...?
- Sí Inoue, justo eso. Nozomi me debe un favor y no creo que tenga problemas con esto, después de todo ella se jacta de que es su trabajo. En el fondo sabes tan bien como yo que no quiero involucrarla y menos de esta manera pero no hay de otra. – Ichigo miraba a Rukia perdido en sus pensamientos. – Aunque de todas formas pienso detenerlo antes de que haga algo impropio con ella.
- ¿Y dónde está ella ahora? – Preguntó con un nudo en la garganta y sin mirarlo a los ojos, después de todo no le parecía nada bueno lo que estaba ocurriendo.
- Cierto, Hinamori y Toshiro ya deben haber vuelto con ella. Hay que irnos, acompáñame Inoue. – Y dicho esto comenzó a correr seguido por Orihime, Ishida, Matsumoto y Rukia.
ooOoo
- Ese idiota ¿Por qué se tarda tanto?
- No lo sé, pero ya debe estar llegando, acuérdate que está intentando ayudar a tu amiga y ella no es muy dócil a las opiniones de los demás que digamos.
- No hables así de Rukia...
- Entonces ¿Rukia es a quien debo reemplazar? – preguntó Nozomi para aclarar su dudas y en parte también para acallar la situación.
Los otros dos solo asintieron en afirmación a lo que ésta decía y Momo iba a explicarle algo de lo que ella había entendido pero la puerta se abrió de repente y cinco agitados chicos entraron por ella.
- Hinamori, aquí estoy. – Dijo Ichigo respirando entrecortadamente.
- ¡Toshiro! – Gritó Rukia mientras iba corriendo a abrazar a la persona que hacía días no veía. Pero éste la esquivó y la tomó por un brazo bruscamente.
- ¿Quién eres tú? – preguntó hostil.
- ¿Q-qué? ¿N-no... me reconoces? – le dijo mirándolo a los ojos y algo preocupada.
- Enana hueca, recuerda que tú ya no eres la misma. – Habló Ichigo con los dientes apretados.
- ¿Rukia? – Preguntó confundido Toshiro al percatarse de esa familiar mirada violácea que ahora se veía diferente. Ella asintió lentamente y él la soltó de repente, la tomó por los hombros y mirándola a los ojos le preguntó preocupado - ¿Estás bien? ¿Te hice daño? ¿Qué es esto, qué te hiciste en el cabello?
- ¿Rukia? – preguntó asombrada Orihime. No se había dado cuenta antes de que esa chica era Rukia, lucía tan diferente ahora.
- ¿No te agrada? – preguntó a su amigo desviando la mirada y aguantándose las lágrimas. – No te culpo, prefería el color de mi madre.
- No, no. Este color te sienta bien, te da... ahh... ¿personalidad? – preguntó dudoso, no sabía cómo expresarse con facilidad en situaciones así. Rukia lo miró y sonrió agradecida por su comentario, soltó una risita burlesca por la manera en que él la miraba y luego lo abrazó.
- Te extrañé mucho Toshiro. – Le dijo con una lágrima que recorría su mejilla pálida.
- Yo también Rukia. – Le respondió sonriendo y correspondiendo al abrazo.
La mayoría miraba incómodos la escena, pues creían que estaban en el lugar equivocado y que debían dar la media vuelta e irse para dejarlos conversar tranquilos. Solo que había un problema ¡Aizen Sosuke estaba esperando a conocer a Kuchiki Rukia y no podían darse el lujo de perder más tiempo! A pesar de que Orihime y Rangiku miraban admiradas la escena y con los ojos un tanto llorosos por la emoción, Ichigo se obligó a interrumpir el cálido momento de reencuentro para advertir que ya no había tiempo que malgastar.
- Bien, por ahora solo ustedes lo saben pero Rukia ha cambiado su apariencia para unirse temporalmente al clan, nadie lo debe saber y yo me encargaré mañana de reunir a todos los que ya han tenido contacto con ella para que ayuden a encubrirla. Nozomi se hará pasar por Rukia Kuchiki, una niña de dieciséis años e hija del importante Byakuya Kuchiki ¿Sí? – preguntó mirando a Nozomi quien asintió indiferente. – Rukia deberá adaptarse a los trabajos de aquí a partir de este momento y tú te encargaras de supervisarla ¿De acuerdo Orihime? – la ludida asintió seria y atenta a las explicaciones. – Ishida y yo nos encargaremos del resto. Ahora necesito que se vayan, Matsumoto, lleva a Rukia contigo y enséñale los trabajos de los que se encargará. Ishida e Inoue vayan con mi tío antes de que sospeche de su repentina desaparición. Momo, encárgate de entrenar un poco a Toshiro antes de finalizar los horarios del día. – todos se dispersaron hacia sus diferentes objetivos y dejaron solo a Ichigo con Nozomi.
- Tanto tiempo ¿Verdad Kurosaki Ichigo? – habló en tono seductor Nozomi.
- Sí, cierto. Espero que te hayas estado cuidando bien Nozomi. – Dijo él con una sonrisa sincera.
- Tsk. Pareces mi madre. – respondió desviando la mirada y aparentando indiferencia.
- ¿Cómo está por cierto?
- Murió por paro cardíaco hace como dos meses.
- Lo siento. – dijo apenado el chico.
- No lo hagas, yo no lo hago. Ella era mucho más cruel conmigo que cualquier otra persona. En fin, dime qué quieres que haga para poder devolverte ese favor de una vez por todas. – se levantó de la cama donde había estado sentada todo el tiempo y se cruzó de brazos mirando frívolamente a Ichigo.
- ¿Aun sigues trabajando como... ya sabes...?
- ¿Algún problema con eso? Ya rechacé tu oferta de "mejor vida" una vez, puedo hacerlo dos veces.
- Necesito que hagas un trabajo para mí.
- Creía que era una niña para ti. – Sonrió con autosuficiencia. - ¿Qué pasó? ¿Te diste cuenta de lo equivocado que estabas?
- Nozomi escúchame. Trabajarás para mí pero complaciendo a mi tío. – la aludida lo miró extrañada. – No dejaré que logré todo su objetivo, solo... necesito que lo entretengas un rato, me refiero a que hables con él y lo engatuses con palabras como lo haces con los demás, yo te estaré vigilando y cuando vea que quiere propasarse contigo entonces me interpondré. Solo convéncelo de que tú eres Rukia Kuchiki, solo eso. No aceptes nada de él ¿entendido? NADA. Puede ser muy manipulador así que ten cuidado, sea lo que sea que te ofrezca lo rechazas...
- Ichigo ya no tengo quince ¿Sí? He cumplido diecisiete la semana pasada, sé cuidarme sola. No necesito niñeras, ya sé qué hacer. Solo llévame con tu tío de una vez. – Nozomi hablaba con reproche en su voz, a la defensiva pero sin perder esa cara de frialdad que la caracterizaba.
- Espera. Ponte esto.
- ¿Qué es esto? – le preguntó al atrapar la ropa que Ichigo le había arrojado.
- Es ropa algo refinada, es lo que Rukia usaría, ella es una niña con dinero. Cámbiate y ponte esos zapatos que dejé en el baño. Quítate todo el maquillaje que traes puesto y píntate más... ahh... delicadamente.
- ¿Cómo en las películas de ricos? – preguntó con una sonrisa divertida.
- Claro. – Dijo él correspondiendo a la sonrisa con otra. – Como en esas películas de ricos. – y se dio la media vuelta para irse.
ooOoo
- ¡Sosuke! – Gritó Inoue mientras corría seguida de Ishida.
- ¿Orihime dónde estabas? – preguntó Aizen con cierto tono de reproche. Ella bajó la vista apenada y a él no le quedó más que resignarse, pues era cierto que la quería como a una hija. – No importa ¿Qué haces tú aquí Ishida? ¿Has venido con Ichigo?
- Sí Sosuke, fue... fue por eso que Orihime me acompaño a buscarlo, yo... no lo encontraba y necesitaba su ayuda.
- Ajá. – Respondió no muy convencido de tan vaga explicación. – ¿Dónde está él ahora?
- ¡Aquí! – Se anunció el aludido muy tranquilamente apareciendo tras la espalda de su tío. – Lo siento, es que Hisagi me tomó de sorpresa y me pidió si lo podía ayudar a entrenar, no le podía decir que no. – Sonrió y miró a Orihime de manera cómplice.
- Sí, es cierto. – Confesó Orihime con una risita nerviosa. Pero Aizen pareció no notarlo, o le restó importancia.
- Orihime no me has respondido la última pregunta de hace rato ¿Dónde está Rukia Kuchiki? Quiero verla. – le dijo Sosuke mirándola tranquilamente pero con unos ojos amenazantes.
- Ahh... sí, yo... ya la traigo.
Orihime caminó rápido hasta el cuarto donde estaba Nozomi cambiándose y se anunció antes de entrar. No la vio en la cama así que supuso que estaba en el baño. Al entrar pudo observar como ella se miraba fijamente al espejo, no llevaba rastro de maquillaje, de seguro Ichigo le había advertido lo mucho que llevaba puesto pero era inquietante la manera detenida con la que se tallaba sola en el espejo.
- ¿Te pasa algo, Nozomi? – preguntó tímidamente Inoue.
- No había reparado jamás en lo distinta que me veo sin todo ese maquillaje cubriendo mi rostro, sobre todo mis ojos. – Y es que Nozomi siempre llevaba mucha base sobre su ya perfecto cutis, con un delineado de ojos muy grueso que rodeaba todos sus ojos, sombra verde agua y un labial rojo carmesí en sus labios.
Orihime sonrió, tomó los cosméticos que ella tenía aun en sus manos y los guardó con cuidado.
- ¿Qué haces? Aun no termino. – hablaba Nozomi con el ceño fruncido.
- Aizen te espera, pero... no creo que sea necesario nada de eso. Rukia no estaba maquillada la primera vez que la vi, y aunque lo hubiera estado no hubiera resistido todos los días que ya lleva encerrada junto a nosotros. – La tomó de la mano y la llevó con ella hacia el exterior de la habitación.
- ¿Hace cuánto que ella está aquí? Parecía muy triste cuando la vi. – Inoue sonrió tristemente y suspiró.
- Hace... una semana tal vez...
Llegaron a donde Aizen y los demás. Él pidió que los dejaran solos por un momento mientras platicaban y antes de perderlos de vista Nozomi les guiño un ojo a los tres, advirtiéndoles que todo estaría bien.
ooOoo
- Bien Rukia. – Dijo Matsumoto animada al llegar a la sala donde se encargaban de distribuir las cajas de armas, según tipo de arma, origen y entre otras cosas. – Este de aquí es el salón donde nos encargamos de clasificar las armas. Es unos de los trabajos más fáciles así que no te costará nada, ya verás. Además Kaien es quien está a cargo la mayoría del tiempo y él es muy bueno así que no te preocupes que con cualquier problema él te ayudará. – le dijo levantándole un pulgar y guiñándole un ojo.
- Oye, ¿tendré que comenzar a trabajar ahora? Es que ya es tarde y me siento agotada, lo único que quiero es dormir. – dijo tallándose un ojo. Rangiku la miró, primero sorprendida y luego con ternura.
- Cariño, aprenderás de a poco el cómo se trabaja aquí. A mí me costó tiempo, y eso que además soy media torpe. – reía mientras se pegaba en la cabeza haciendo reír también a Rukia. – pero tente un poco de paciencia. Sé que hoy ha sido un día particularmente difícil para ti y está bien que estés cansada pero a partir de mañana es cuando comienza el trabajo duro y no podrás decir eso otra vez, aquí todos trabajan duro todos los días y no están bien vistas las quejas. Prometo salvarte la vida de vez en cuando pero esfuérzate al máximo para ser buena en esto.
- Pero yo no quiero ser buena en esto. – dijo con pesar Rukia. Si se sentía sucia con solo ayudar unas muy escasas veces a cargar cajas en camiones no quería ni imaginar lo que sentiría al hacerlo todos los días. – Rangiku... ¿Por qué estás tú aquí? ¿Por qué has decidido ser una mafiosa? – Le preguntó a la rubia mirándola a los ojos, ésta no sabía qué hacer o decir, pues esa pregunta la había tomado por sorpresa.
- Ahh... bueno pues... yo...
