Recompensa
Esa noche su cena no fueron simplemente unos cuantos huesos de pollo y otras sobras, en cambio, fue un pollo entero solo para él y una jarra de abundante y rojizo vino. Y comió a la derecha de su señor, no arrodillado a su lado. Las cadenas también se le fueron quitadas y se le concedió el andar libre por el camarote.
Por último, Ramsay Bolton le retiró el collar. Despacio y con detenimiento, dolía hasta la mínima sacudida sobre el cuero que se penetró como propia parte de su piel. Theon pegó grititos y torpes saltitos mientras se despegaba.
—Quieto. —Ramsay le ordenó.
Theon se paralizo con tan solo escuchar la voz del capitán. Irguió su espalda y tragó saliva, tranquilizándose. El aliento de Ramsay olía a vino especiado y la larga cabellera a mar, la mezcla llegaba deliciosa a su nariz.
Anteriormente, notó que en cierto momento el collar se encastró en su piel, rasgándola y completando las partes lastimadas. Al principio le apretaba, estaba muy pegada a sus huesos, haciendo una presión que atormentaba su respirar y el acto de tragar. Con el tiempo se acostumbró y olvidó el dolor, hasta ese entonces.
Ramsay operaba con una maliciosa lentitud, arrancando de a cortos tramos. En sus oídos abundaba el sonido de la sangre seca cayéndose y la carne separándose del cuero. Los dedos de sus pies se encresparon y las largas y descuidadas uñas se clavaron en el suelo.
— ¿Cuántas veces debo decirte quieto? —El capitán preguntó tomándole la barbilla.
Trataba con esmero no moverse, sin embargo los estremecimientos lo agitaban. No había sentido dolor desde la mañana en que por un mal comportamiento se le fue quitado un diente, Ramsay fue misericordioso y para su favor tomó uno. Su amo lo trataba con cariño, al estar dentro suyo le situaba moretones en los brazos y mordidas en el cuello, y Theon sabía que no eran provocadas al propósito, el no deseaba lastimarlo. Simplemente le proporcionaba marcas para que se acordara de quien era y donde pertenecía.
—N-ninguna, mi Lord. —A esas alturas ya tendría que saberlo.
Ramsay agarró el cuchillo en su cinturón y lo depositó debajo de su mandíbula. Theon tembló y separó unos centímetros sus labios, tenía miedo de respirar.
—Si te atreves a moverte, te cortare ese maldito cuello hermoso que tienes, ¿me escuchaste? —El capitán del Sangre alzó la voz y de igual forma su tonó fue dulce.
—S-sí. Sí, mi Lord.
El tiempo se detenía cada vez que Ramsay tironeaba. Esa tarde Theon se ganó algunos pequeños cortes, insignificantes en comparación a los que tuvo cuando fue una criatura insolente. La módica cantidad de sangre que bañó su cuello fue limpiada por la lengua del capitán, los labios de este se tiñeron de rojo como si hubiese estado tomando vino. Theon gimió entre dientes mientras los labios de su amo se separaban entorno a la piel magullada.
Tenía que estar feliz, sin cadenas y sin ser un perro, debía mostrarle la felicidad que sentía a su amo. Una desgarbada mueca en su boca, unas cuantas palabras de agradecimiento repetidas, algo más que el incómodo silencio. Lo haría si tuviera el humor obligatorio para ello.
Al querer sonreír o agradecer recordaba cómo fue que se ganó semejante recompensa y el pollo en su estómago se meneaba ambicionando ser expulsado. «Te mereces esto.» Era una buena criatura, sí que lo era, no obstante, nunca fue un buen capitán y mucho menos un buen asesino. Siquiera pudo mirar al hombre a los ojos. «Te mereces esto. Es todo lo que te mereces.» Podría ser considerado como un hombre miedoso, si tan solo no hubiese dejado de ser uno hace tanto.
—Quítate los harapos. —Ramsay remarcó con un destello en los ojos.
Colocó la copa en la mesa al levantarse, el capitán se cruzó de piernas mientras sorbió el vino. Los carcomidos pantalones descendieron con rapidez, su piel se erizó y una parte del sintió vergüenza al ser observado con tanta obscenidad.
—Ve a la cama. —Ramsay ordenó relamiéndose los labios y Theon obedeció cabizbajo, las cadenas imaginarias seguían poniéndolo en su lugar. —Bien. Ahora, separa las piernas, quiero verte.
Los ojos del capitán observaron cada uno de sus inquietos dedos de los pies y subieron a lo largo de sus piernas al tiempo en que las mismas se elevaban sobre la cama y se distanciaban entre sí. La punta del cuchillo bailó entre los húmedos labios de Ramsay, quien ladeó la cabeza contemplando su entrepierna.
—Así, buena criatura.
Sus piernas eran mucho más flacas de lo que recordaba y en su torso vislumbraban fuertemente los huesos de sus costillas, esperaba con ansias la próxima cena y que los pollos lo engordaran para que no sintiera malestar al pasar los dedos en su cuerpo.
—Tengo una recompensa para ti, mi dulce criatura.
«Recompensa.» Fue recompensado tantas veces como los dedos de sus manos le permitían contar y ninguna de ellas le gustó, por lo que no pretendía gran cosa de esta. Ramsay se acercó y le puso las manos en sus muslos.
—Has sido muy bueno, demostraste que eres leal. —Ramsay ronroneó pellizcándole la piel.
No fue por lealtad, fue la dulce criatura que se metía en su mente. Si no fuera por la temerosa voz en su mente, ya estaría muerto o con la mitad de su cuerpo desollado, en una mismísima muerte en vida, parecido a su estadía en el Sangre.
—Q-quería servirle, mi Lord. Q-quería…
— ¿Eso es lo único que quieres, mi dulce criatura?
«Dile lo que quiere oír.» Titubeó. «Dile lo que quiere oír y conserva tus dedos.» La criatura tenía lo que quería: un pollo por la noche, una jarra de vino para soportar el encuentro de los cuerpos, una cálida cama y un amo de particular bondad. Y tan solo por gemir, retorcerse y comportarse al igual que un perro. «Dile lo que quiere oír. Complácelo, tú existes para eso.» Theon Greyjoy quería saquear, llenar las manos de su mejor amigo con monedas de oro y recibir una recompensa que si le resultara placentera.
— ¿Quiero? —Murmuró, no tenía respuesta para la pregunta. —Nada, mi Lord. T-tengo todo lo que quiero.
— ¿Estás seguro? —El capitán le situó húmedos besos en el cuello, la saliva marcaba el recorrido de estos sobre las costras. —Debe haber algo que mi dulce criatura quiera. Tiene que haber algo que pueda darte.
«No quiero nada de ti.» Lo que Theon más deseaba en el mundo ya no era a Robb, el deseaba no tener que volver a ver esos fríos ojos, ni los agusanados y mojados labios, no tener que seguir escuchando esa perturbadora voz. «Eres su criatura, su leal y manejable criatura.» Deseaba ser el Theon Greyjoy de antes. Solo deseaba.
—Nada, mi Lord. —Se estremeció, los dientes de su amo raspaban las heridas. —Usted ya me ha dado suficiente.
La respiración contraria se detuvo entre su oreja y la risa de Ramsay rebotó en la misma. Su respuesta le hizo gracia sin dudas, él también se hubiese reído si no fuera que sufría por cada mínima cosa que recibía.
—Oh, mi tonta, tonta criatura. Es tan poco lo que sabes. —El capitán suspiró. — ¿No quieres salir del camarote? ¿No quieres irte de este barco? ¿No quieres caminar libre por el puerto como solías hacerlo? Te daré todo lo que quieras, solo tienes que decírmelo. No seas tímido.
La insana criatura nunca caminó por el puerto, el conocía la resquebrajada madera del Sangre. Le gustaba el camarote, era su sucio y pequeño mundo, alejado de los ojos y de la vida. Pero Theon podía regresar a Pyke o a Invernalia, y refugiarse en el calor de un verdadero hogar.
—Sí, sí, sí. Quiero ir al puerto, mi Lord. —Farfulló, muchas palabras se acumulaban en su boca y en una rigurosa selección salían las justas y necesarias. —Por favor, mi Lord, permítame ir.
—Lo haré, mi dulce criatura, te lo has ganado.
Ramsay le tomó la cadera, arrinconándolo debajo de él. Theon se sostuvo de los gruesos brazos al estirar el cuello y apretar los labios. Por sus cabellos merodearon los dedos ajenos, junto con la nariz cual inhaló por encima de los mechones.
—Hueles a rayos. —Ramsay dijo con diversión.
—L-lo siento, mi Lord.
Ramsay le acarició las mejillas y le besó los labios. Theon jadeó cuando su boca fue brutamente presionada por la otra. El capitán le mordió el inferior para separarle los labios. Los dedos descendieron hasta su pelvis y regresaron a su pecho, las yemas se separaban lentamente causándole una sensación de hormigueo.
— ¿Te gustaría tomar un baño?
Mantuvo el silencio por unos segundos, dudando de si la pregunta fue hacia él. Con la enmascarada cordura en su mente distinguía que era extremada amabilidad para una noche. «Cuidado, ten mucho cuidado.» Con delicadeza perdió un dedo, un diente, piel y sangre. Con dulzura perdió más de lo que esperó encontrar el día en que juzgó su suerte y creyéndose más de lo que era saltó a la cubierta de su perdición.
—Sí, más que nada, mi Lord.
Los dientes de Ramsay brillaron en la larga sonrisa. Las rodillas de este se interpusieron entre sus piernas y se recostó en su pecho, la endurecida polla encerrada en los calzones latía sobre la suya. Las oscuras hebras del seco cabello caían en sus brazos y los labios en la X de su torso.
Theon gimió, su espalda se arqueó al tener la boca de su amo abriéndose en torno a las costras. Sus dientes crujieron y los contrarios mordían cerca de la cicatriz. Su cadera se meneó, rozándose contra la hinchazón del capitán. Quería finalizar con los juegos previos, quería terminar con Ramsay de una vez.
—Y un nuevo traje, tirar esos viejos harapos y vestir como un príncipe. ¿Qué te parece?
—Sí, mi Lord. —Gimoteó. —Lo que usted desee.
Él era un príncipe, tenía que vestir como tal. Ostentosas sedas, finas joyas de decoración, tantas cosas se borraban de su memoria. «Perro leal.» Y la criatura por fin se comportaría como tal. La criatura vería el mundo con otros ojos, el verdadero mundo. «Cuidado.» Aun pagaba el precio por su recompensa.
—Tengo muchas sorpresas para ti.
