- Rangiku... ¿Por qué estás tú aquí? ¿Por qué has decidido ser una mafiosa?
- Ahh... bueno pues... yo...
- Tranquila, no es necesario que respondas, creo que he sido algo impertinente con esa pregunta, lo siento. – Dijo Rukia con la mirada agachada, si algo había aprendido de su padre era que había temas personales de cada uno en los que ella no debería inmiscuirse a menos que esa persona decidiera compartírselos.
- N-no, está bien... – respondió Rangiku algo incómoda.
- Matsumoto, aquí estás, Hinamori te está buscando por todas partes y se veía algo molesta. Mejor te vas ahora.
- Demonios... olvidé por completo esconder las botellas de sake. – Pensó ella en voz alta. Salió corriendo a la velocidad de la luz y dejó sola a Rukia junto con Kaien.
Un increíblemente incómodo silencio se hizo presente entre los dos chicos que ahora se encontraban mirando el techo de la habitación como si fuera lo más interesante del mundo. Rukia no conseguía mirar a los ojos a aquel chico que horas atrás la había visto en ropa interior, era completamente vergonzoso recordarlo a pesar de haber sido un malentendido y lo último que quería era escucharlo ahora fanfarronearse de lo ocurrido. Kaien, por otro lado, se sentía atraído por aquella pequeña mujercita que no había visto jamás en su vida y no sabía cómo sacarle plática sin parecer entusiasmado ni nada parecido, aunque viéndola de reojo sentía que ya la había visto antes y su curiosidad le picaba en la mente y en los ojos que cada tanto los posaba sobre ella disimuladamente.
- ¡¿Qué tanto me ves?! ¿Acaso tengo algo en la cara, idiota? – preguntó Rukia visiblemente molesta, tenía un leve sonrojo en las mejillas y apenas él la vio directo a los ojos ella no pudo evitar desviar la mirada.
- Oye... te pareces a alguien que yo conozco. – dijo Kaien evadiendo su anterior pregunta y rascándose la barbilla en pose pensativa.
- ¿Eh? ¿A qué te refieres? – Rukia todavía no se acostumbraba a su nueva apariencia y ni siquiera se dio cuenta de que Kaien no la reconocía.
- Sí, es que jamás te he visto por aquí y aun así siento que ya nos habíamos conocido antes ¿Eres nueva en el clan? – Preguntó con una sonrisa cordial.
- S-sí, eso creo. – respondió en un susurro.
- Soy Kaien Shiba, es un placer conocerte linda chica. – Le dijo guiñándole un ojo a la par que le extendía la mano. Ella lo miró con los ojos entrecerrados ¿acaso era retrasado? ¿Cómo es que todavía no se daba cuenta de que era ella misma? Es cierto que ahora lucía diferente pero la voz no le había cambiado y no es como si se hubiera hecho cirugía plástica en la cara.
- Seguro, Kaien. – respondió fingiendo una sonrisa. – Debo irme, de seguro Ichigo debe estar esperándome y además necesito hablar con él. Nos vemos luego. – Y antes de que él siquiera pudiera responderle salió corriendo como Matsumoto de la habitación.
ooOoo
- Mataré a Rangiku en cuanto la vea ¿Cómo pudo hacer esto con Aizen cerca? – Momo había olvidado que se encontraba junto a Toshiro y seguía hablando consigo misma yendo de un lado a otro de manera mecánica, esas dos botellas vacías de sake cerca de la sala de entrenamiento debían ser obra de Matsumoto Rangiku y aunque se tratara de una amiga no la dejaría librarse de ésta.
- Ya cálmate ¿quieres? De seguro no lo hizo a propósito.
- ¿El qué? ¿El beber dos litros de sake o dejar las botellas de alcohol en un lugar donde hasta el Señor Aizen los puede ver? – Momo lo miraba encolerizada y éste vaciló antes de responder.
- ¿L-la segunda?
- Tú no entiendes, ella está bajo mi responsabilidad y no podría perdonarme el que algo le pasara, ella es muy irresponsable a pesar de ser mayor que yo y es mi responsabilidad corregirla ¿Qué pasaría si el Señor Aizen se enterara de esto? A mí me regañaría y de seguro a Rangiku... le haría daño. – Toshiro denotó preocupación en sus ojos y no pudo más que decirle que todo estaría bien y que tan solo debían ocultar las botellas en otro lugar.
- ¿Lo ves? No era tan difícil, no sé para qué tanto te quejas. – Le dijo él con los brazos cruzados y en tono burlesco una vez que ocultaron las dichosas botellas.
- Ya cállate ¿quieres? – respondió desviando la mirada y molesta por su comentario.
- ¡Oh! ¿Acaso a la gran Hinamori le da pavor reconocer sus berrinches de niña pequeña? – Momo, enrojecida por la furia al notar como ese idiota le picaba la mejilla con su dedo índice, lo tomó por la muñeca y girándolo sobre sí lo arrojó sin ninguna suavidad contra el piso.
- ¿"Berrinches de niña pequeña" dices? ¿Qué te pareció ese truco de niña berrinchuda? – Toshiro la miró algo sorprendido por aquella escena pero sonrió de lado y tomando el brazo de la chica que aún seguía agarrando su muñeca la giró dejándola de espalda a él y completamente inmovilizada. Se acercó a su oído y le susurró.
- Buen movimiento pero tenías la guardia baja, eso no fue nada. – la soltó y se levantó del piso mirándola con una sonrisa triunfante.
- ¿Y crees que lo tuyo fue algo para mí, Shiro-Chan? – le preguntó de manera retadora haciendo que éste borrara su anterior sonrisa en cuanto escuchó ese fatídico apodo que tanto odiaba.
- No me llames así. – Momo entrecerró los ojos y puso sus manos en la cintura acercándose a él a paso lento.
- Shiro-Chan. – Le susurró en cuanto estuvo a centímetros de su cara y luego se giró comenzando a correr. - ¡Si quieres negociar tu apodo entonces deberás derrotarme! ¡Claro, si me encuentras primero! – Toshiro la miró confundido por la anterior reacción, casi podía jurar que la vio sonriendo como... una chica normal divirtiéndose, "Esa chica sí que está loca" pensó para sus adentros, sonrió sinceramente y comenzó a correr tras ella antes de perderla de vista.
En cuanto él comenzó a correr no se dio cuenta de que alguien los estaba espiando, desde una pared del pasillo salió una joven de larga y ondulada cabellera que había escuchado todo lo ocurrido anteriormente.
- Ahh... menos mal que no me descubrieron. – se dijo a sí misma con una mano en el pecho y los ojos cerrados. – Ay, ay el amor, me alegro de que esos dos estén bien juntos.
ooOoo
Aizen conducía a Nozomi a una habitación un poco apartada de todos los demás, en todo el trayecto él no le había dirigido la palabra pero tampoco le soltaba la mano, algo que a Nozomi le desagradaba por completo. Al llegar frente a una puerta negra diferente a las demás, éste la abrió y dejó a la vista un acogedor cuarto de paredes blancas con muebles finos que ella no alcanzó a descubrir de qué madera eran, en el medio había una cama matrimonial con sabanas de seda y mantas de color rojo y marrón, estaba adornada con muchas almohadas que ambientaban más la habitación, era muy lindo y delicado todo.
- No hay mucha luz aquí ¿Seguro que quiere hablar en una habitación donde casi ni nos vemos? – preguntó nerviosa Nozomi, era una situación nada particular, no entendía por qué se sentía así, tal vez sería por lo que Ichigo le había advertido antes pero ese tipo que tenía cerca la tenía algo inquieta.
- Para hablar necesitamos nuestras voces, no nuestros rostros ¿no lo crees? – Aizen la miraba de una manera lasciva, algo que no pasó desapercibido para ella. Él se sentó en el borde de la cama y ella prefirió hacerlo en un sofá que estaba en una esquina cerca de la ventana. - ¿Por qué te sientas tan lejos de mí? ¿No preferirías sentarte a mi lado para que te escuchara mejor? Además yo no muerdo... mucho. – Le dijo en tono sensual mientras recorría su cuerpo con la mirada. A Nozomi se le puso la piel de gallina pero prefirió pasar por alto su pervertido comentario y sin poner objeciones se levantó del sofá y se acercó a la cama sentándose al lado de Aizen. – Mucho mejor ¿no lo crees? – le susurró este al oído y luego le besó el lóbulo de la oreja. – Bien ¿Quieres hablarme de ti cariño? ¿Qué te gusta hacer? ¿Haces algún deporte? ¿Bailas? – preguntó con un brillo en sus ojos que pasó inadvertido para la chica.
- ¿Acaso cree que soy idiota? Me tienen cautiva aquí contra mi voluntad y sin decirme por qué ¿y se atreve a preguntarme algo tan estúpido como mis gustos y pasatiempos? – Nozomi lo miraba a la cara sin rastro de emoción en su rostro. Aizen no perdió en ningún momento su sonrisa lujuriosa y le habló tranquilamente.
- Eres mala cariño...
- Soy N... Rukia.
- Eres mala Rukia, yo solo quería empezar con algo tranquilo antes de llegar a esa parte pero bueno... y no me trates de usted, dime Sosuke, eso me hace sentir más joven.
- Pero está claro que no lo es. – Le interrumpió ella con los brazos cruzados y una sonrisa de autosuficiencia.
- Ay Rukia... no me hagas poner triste... o enojar, no me quieres ver enojado ¿o sí? – al ver que ella borraba su sonrisa pero no mostraba ninguna pizca de emoción en los ojos prosiguió. – Te pareces a tu padre, con esa mirada tan vacía... – Nozomi desvió la mirada y se perdió por un momento en sus pensamientos, sus ojos se volvieron cristalinos y un nudo en la garganta la estaba asfixiando, lágrimas de coraje y decepción amenazaban con salir pero ella las reprimió disimuladamente. –...apuesto a que eso te agradaría ¿verdad Rukia? – ella lo volvió a ver confundida, para ese momento había dejado de prestarle atención y no entendía de qué estaba hablando aquel sujeto.
- ¿Eh?
- Que de seguro te agradaría ver cómo pronto asesinaremos a tu padre por ser tan canalla y ladrón.
- ¿Y por qué demonios eso me agradaría? – preguntó con el ceño fruncido.
- Creí que estarías odiando a tu padre por haberte abandonado a tu suerte.
- ¿A qué te refieres? – preguntó Nozomi confundida, Ichigo no le había dicho nada de eso.
- ¿No te lo contaron? – Aizen miró igual de confundido a la chica. – No te lo contaron. – afirmó ahora con una sonrisa vil. – Tu padre, Kuchiki Byakuya, te ha abandonado al decir que no pagaría un solo centavo por tu rescate y que todo lo relacionado a ti lo tenía ahora sin cuidado. – Nozomi abrió los ojos sorprendida por aquella revelación, y ella que creía que solo su padre podría ser la peor basura del mundo ahora se llevaba la noticia de que no era el único. – Sé lo que piensas pero no te preocupes, tengo mis propios asuntos para poder aniquilarlo y creo que además te estoy haciendo un favor ¿verdad?
- Seguro. – respondió ella con su rostro nuevamente inexpresivo.
- Creo que por eso me debes una ¿no linda? – dijo él pasando una mano por su cintura y atrayéndola hacia él al tiempo que la besaba repetidamente en el cuello haciendo que a Nozomi le recorriera un escalofrío en la espalda. – ¿Qué dices si me lo pagas por adelantado? – susurró sensualmente mientras con la otra mano masajeaba una de sus piernas con fuerza.
- ¿D-de qué hablas? – logró articular ella entre varios suspiros.
- Ya lo verás. – fue lo último que Aizen le dijo antes de agarrarla bruscamente por las caderas y arrojarla con la misma fuerza al medio de la cama.
Sin darle tiempo a que ella reaccionara la tomó por las muñecas y se subió sobre ella besándole con rudeza el cuello y el pecho por sobre la ropa. Nozomi intentaba zafarse de su agarre pero aquel hombre era mucho más fuerte de lo que creía, no supo en qué momento él se las ingenió para tomarle las dos muñecas con una sola mano y ahora estaba tocándola por debajo de la blusa mientras seguía besándola repetidamente en el cuello.
- Basta... déjame... ¡Me lastimas! ¡Suéltame! – gritaba desesperada esperando que Ichigo la escuchara, ahora sentía miedo de aquel tipo, quería alejarse de allí lo más pronto posible.
- ¿Crees que lo haré niña? Ahora serás mía, luego podrás morir pero esta noche me encargaré de hacerte lo que yo quiera. – Le decía mientras intentaba desprenderle el pantalón pero ella era bastante escurridiza y no lo lograba. - ¡Quédate quieta!
- ¡No! ¡Aléjate de mí psicópata! ¡AUXILIO! – gritaba desesperada Nozomi.
ooOoo
Ichigo se encontraba junto a Uryu y Renji sacando varios explosivos de unas cajas. Ichigo estaba más que nervioso, debía alejar a su tío de Nozomi sea como fuere y no tenía mucho tiempo, por eso en cuanto la perdió de vista por el pasillo corrió a buscar a Renji y sin decirle nada lo obligó a ayudarlo con el plan que había creado, ya sabía a donde la llevaría por eso debía apurarse.
- ¿Ichigo me dirás qué diablos está sucediendo o tendré que sacarte información a golpes? – preguntó enojado Renji al verlo tan desesperado.
- No hay tiempo ahora Renji, solo ayúdame con estas cosas y luego te explicaré.
- Ishida...
- Solo haz lo que dice. – le ordenó Uryu, a lo que el pelirrojo solo obedeció de mala gana.
Una vez llegaron al patio cerca de la habitación donde se encontraba Aizen con Nozomi, Ichigo comenzó a dar órdenes a Uryu y Renji para que colocaran algunos explosivos en lugares que él marcaba. Les tomó algunos minutos colocarlos de manera que estuvieran bien escondidos, pues de esa manera nadie lograría saber de dónde estallaron los explosivos y de quiénes eran, cuando por fin terminaron se acercaron a la ventana a tratar de escuchar lo que hablaban esos dos.
- Ichigo déjame oír lo que dicen – susurraba Renji empujando al aludido para que se corriera. – ¡Déjame un lugar, maldito bastardo! – gritaba en susurros empujándolo cada vez más.
- ¡Oye qué te pasa! – hablaba en el mismo tono Ichigo. – Ya déjame en paz y quédate quieto que no puedo entender lo que dicen. – mientras hablaba forcejeaba con Renji para quitárselo de encima, cuando quería ese idiota podía ser bastante odioso. - ¡Que me dejes te digo!
- ¡Déjame un lugar para escuchar a mí también! – seguía quejándose Renji mientras ahora le empujaba por el pecho.
- ¡Que te alejes maldito idiota! – y así lo empujó con tanta fuerza que logró desestabilizarlo y hacerlo caer al césped.
- Idiota... ¡Ya verás!
- Ahh... chicos... – Ishida observaba como ahora esos dos impulsivos se habían sumergido en una absurda pelea que incluía piñas, patadas y hasta cabezazos. – Recuerden que estamos para ayudar a Nozomi. – decía entre susurros tratando de separarlos inútilmente, pues ninguno escuchaba o hacía caso. – Dejen de comportarse como niños.
- ¡Él es el niño!
- ¡No, tú eres el niño!
- Ja, si yo lo fuera entonces no tendrías problemas para vencerme ¡cabeza de zanahoria!
- ¿Quieres apostar?
- Seguro. – de esa manera comenzó una persecución que llevaba a Renji en la cabecera gritando y sonriendo burlonamente, Ichigo detrás de él persiguiéndolo con una cara satánica y fuego saliendo de sus ojos, e Ishida corriendo en lo último intentando calmar a esos dos niños de cinco años.
Ninguno volvió a concentrarse en su real misión, que era la de socorrer a Nozomi en cuanto lo requiriera. Pero al final todo terminó en un enorme caos cuando Renji chocó contra Madarame y en vez de disculparse lo insultó llamándolo "calvito", ahora no solo era una pelea de tres hombres sino de un gran conjunto de idiotas que caían ante las provocaciones de los demás, incluso Yumichika y Hisagi se encontraban envueltos en ese lío.
ooOoo
- ¿Ese era Ichigo? – preguntó confundido al creer haber oído la voz de su sobrino del otro lado de la ventana.
Nozomi aprovechó ese descuido para encajarle un fuerte rodillazo en la zona donde más le dolería a un hombre, y en cuanto él se dobló del dolor se zafó ágilmente de su agarre y le clavó los dedos en los ojos para luego empujarlo lejos de ella. En el proceso Aizen dejó caer la llave de su bolsillo trasero y Nozomi la tomó para poder escapar de allí por sobre los gritos de aquel monstruo.
No sabía dónde demonios se encontraba pero si de algo estaba segura era de que debía huir de ahí con o sin Ichigo. Comenzó a correr con todas sus fuerzas hasta salir al inmenso patio lleno de árboles y arbustos, quiso correr aún más rápido pero al darse la vuelta para cerciorarse de que nadie más la seguía se torció el pie y cayó al césped.
- No, no ¡no! ¿Por qué ahora? ¡Demonios! – gritaba llena de rabia y golpeando el suelo con su puño cerrado al darse cuenta que tenía el tobillo quebrado. Como pudo se levantó y trató de seguir avanzando a pesar del terrible dolor que eso significaba para su pie derecho.
Rukia iba caminando sigilosamente en busca de Toshiro, ahora que ella ya no llamaba la atención y que su amigo significaba alguien de relativa confianza podrían escapar de allí sin ningún problema, solo debía encontrarlo.
- Tranquila Rukia, nadie sospecha de ti así que mantén la calma. – se decía a sí misma mientras caminaba mirando la noche nublada que amenazaba con arrojar una fuerte lluvia cuando de pronto se chocó con alguien y cayó sentada al césped.
- ¡Ayy! ¡Oye ten cuidado idiota! ¿Qué no ves por dónde caminas? – le gritó una chica de corto cabello verdoso que inmediatamente reconoció como Nozomi, la que se haría pasar por ella frente a Aizen.
- ¿N-nozomi? – preguntó confundida, se supone que debería estar con Aizen en esos momentos.
- N-no, yo soy... – pero se contuvo al entender que eso no la ayudaría en nada. – Sí, soy Nozomi ¿Y tú quién rayos...? – pero se detuvo al analizarla un momento, trató de recordarla y se dio cuenta de que ella era la chica de la que aquel sujeto hablaba. - ¿Tú eres Rukia?
- Sí ¿Qué haces aquí?
- No hay tiempo – decía mientras se levantaba rápidamente del césped y trataba de levantarla a ella también. – Aizen va detrás de mí y necesito esconderme ¡Ayúdame a ocultarme de ese psicópata! – Rukia no entendió todo lo que decía, pues hablaba rápido, pero al escuchar "Aizen" y "psicópata" entendió que no podría ser nada bueno. La tomó del brazo y la tironeó para que comenzara a correr pero al escuchar un quejido se dio la vuelta y la miró.
- ¿Qué pasa? ¿Qué tienes?
- Me lastimé el tobillo, no puedo correr.
- Entonces debemos escondernos. – Rukia miró hacia todos lados, árboles y arbustos en una noche oscura sin luna era el escondite perfecto para ambas. – Acompáñame.
Caminaron con cuidado pero con prisa entre todos los árboles que conformaban un pequeño bosque en aquel terreno. No lograban ver nada pero iban tanteando los troncos y no se soltaron las manos en los, aproximadamente, veinte minutos que llevaban caminando. Cada tanto Nozomi se quejaba por el inmenso dolor que latía en su tobillo pero trataba de aguantarlo hasta que se alejaran lo máximo de aquel infierno de lugar.
- No pensé que fuera tan grande este bosque, y eso que creí que era parte de un pequeño patio ¿Cuánto dinero podría tener Aizen para ser dueño de tan inmensa propiedad?
- ¿De qué te sorprendes? ¿Acaso tú no tienes propiedades similares? – Nozomi no pudo verla pero Rukia esbozó una triste sonrisa.
- Yo no tengo nada, pero escuché que Byakuya Kuchiki sí es propietario de lugares con extenso campo, aunque dudo que alguno tenga tantos árboles como éste.
- Creí que Byakuya Kuchiki era tu padre.
- Ya no lo es. Ese tipo es solo alguien más de todas las personas que conocí en mi vida, pero ya nada me relaciona con él. Lo odio y espero que algún día se pudra en el...
- Menos mal que piensas así. – la interrumpió su acompañante, por alguna razón le molestaba que alguien más además de ella misma pensara así de su propio padre. – Porque Aizen ha dicho que muy pronto le matará. – Rukia frenó en seco su andar y abrió sus ojos todo lo que su rostro le permitía, sintió como si la sangre se fuera de su cara y como un escalofrío recorría por todo su cuerpo. Nozomi al chocar contra su espalda hizo fuerza con su pie derecho haciendo que una punzada de tremendo dolor se hiciera presente en toda su pierna.
- ¡Oye qué te sucede! Eso me ha dolido.
- Lo siento ¿Qué fue lo que dijiste de Byakuya? – preguntó sin mirarla, aunque nada podría ver de todas maneras.
- Que Aizen planea matarlo pronto. No sé cuándo exactamente, no me lo dijo, pero sí me dijo que por ahora lo dejará tranquilo para que baje la guardia, de seguro ahora mismo debe estar con todo tipo de seguridad rodeándolo. – Nozomi no se dio cuenta de la sensación tan fría y dolorosa que había creado en el interior de Rukia, porque aunque la pelinegra tratara de borrar ese sentimiento aun le tenía algo de afecto a quien antes llamaba padre. Una lágrima cargada de muchos sentimientos encontrados se derramó por su pálida y fría mejilla pero ella la ignoró y siguió caminando con Nozomi agarrada de la mano. – O-oye... ¿Estás bien?
- ¿Por qué no lo estaría? Ese ingrato recibirá su merecido ¿Qué más me puede importar él a mí de lo que yo le importo a él?
- Es tu padre, no deberías hablar así de él. – le respondió con su ceño fruncido.
- ¿Y tú lo defiendes? – preguntó incrédula.
- No lo defiendo pero...
- A ti no te ha abandonado, – le dijo con dureza – a ti no te ha advertido de un secuestro por la mafia el mismo día que ocurriría ¡A ti no te ha mirado por primera y última vez a los ojos cuando te aseguraba disimuladamente que se estaba deshaciendo de ti, y de la manera más cruel posible! – Rukia rompió en llanto mientras se desplomaba en el suelo y arrancaba de a montones el césped que había entre sus manos. – A ti... no te ha entregado sin ningún átomo de culpa a un grupo de mafiosos que trafican toda clase de elementos nefastos por todo el mundo sin siquiera decirte lo siento o... adiós. – Rukia ya no luchaba contra las lágrimas que ahora salían a mares de sus ojos. Es cierto, saber que su padre jamás la quiso y que ahora había encontrado el mejor método para deshacerse de ella sin mover ni un dedo la hacía sentir miserable, despreciada, solitaria en un mundo completamente negro y vacío.
Nozomi no la veía prácticamente, pero la sombra que vio desplomarse a sus pies indudablemente era Rukia. Se arrodilló junto a ella cuidando de no forzar su tobillo y aunque le seguía doliendo, mayor era el dolor que sentía en su pecho por lo que aquella chica había dicho.
- Definitivamente no me han hecho eso... pero lo hubiera preferido mil veces antes que tener un padre que a pesar de no haberme deseado nunca desde las dos horas que estuvo en un hotel con mi madre... siempre estuvo intentando abusar de mi o matarme con sus propias manos. – Rukia dejó de llorar al escuchar aquello, levantó la vista y trató de divisar la sombra de Nozomi al menos, consiguiéndolo.
- ¿Q-qué has dicho?
- Mi padre jamás quiso tener nada que ver conmigo, al menos no en un ámbito de padre-hija, sin embargo cuando lo vi por primera vez a los seis años pude notar que me miraba muy extraño, no lo entendí al principio, yo era feliz con solo saber que mi padre había regresado por mí, que equivocada estaba. Fue la primera vez que lo vi pero no sabía que pasarían otros siete años para volver a verlo y aun así yo recordaba su cara. Esa vez él me cortejó con palabras muy lindas, yo para entonces ya trabajaba junto a mi madre pero él era mi padre y yo no habría pensado jamás que él tendría otro interés en mí... nos vimos varias veces antes de que yo se lo contara a mi madre, en realidad con ella jamás nos llevamos particularmente bien, pero esa vez fue la única que sentí su instinto maternal actuando para protegerme. Recuerdo sus exactas palabras "No quiero que te acerques a ese sujeto Nozomi ¿me has entendido? No lo hagas y ya, él... él te hará daño e incluso podría matarte. Nozomi por favor no vuelvas a acercártele ¿entendido? Prométemelo ¡Prométemelo Nozomi!" pero a pesar de sus intentos no le hice caso y seguí encontrándome con él repetidas veces. Dos meses después, cuando cumplí los catorce, él me llevó a un parque de diversiones que se encontraba de paso en el pueblo de Jiyunrinan, no era tan lindo o seguro que digamos pero era mi primera vez en un lugar así, para mí era un paraíso... sin embargo él intento seducirme y llevarme a un descampado cerca de ahí en cuanto anocheció, logré escapar de él, sin embargo a partir de entonces siempre me lo encontraba por todos lados y me amenazaba y trataba de tomarme por la fuerza pero siempre lograba escapar. Él junto a su pandilla de psicópatas me hicieron la vida imposible por un largo tiempo, hasta que un día Ichigo se cruzó en mi camino y me libró de él, jamás volví a verlo entonces. – Hizo una larga pausa, no esperando ningún comentario de la otra chica sino tratando de calmar sus emociones que le estrujaban el pecho. – Mi padre es un monstruo y yo lo creía un ser increíble, creí que quería ser un verdadero padre y recuperar el tiempo perdido pero solo quiso aprovecharse de mí en repetidas ocasiones. Realmente no creo que haya peor padre que él, incluso hubiera aceptado un padre como el tuyo en vez del que desafortunadamente me tocó.
- Pero el destino no siempre juega a nuestro favor – susurró Rukia más para sí misma. – a veces nos hace sufrir para probar qué tan fuerte y resistente somos. Por eso siempre que nos golpee hay que mostrar la otra mejilla, no para que no golpee nuevamente sino para demostrarle que no caeremos ante su juego. Odio a mi padre tanto como tú odias el tuyo, pero no por eso debemos mostrarles que caeremos rendidas, hay que salir adelante para que la próxima vez que los veamos podamos burlarnos en su cara. – Nozomi sonrío dejando escapar una lágrima.
- Yo... no lo odio. En verdad, no odio a mi padre. Le tengo lástima por la clase de monstruo que es... pero no lo odio. – Rukia escuchaba sorprendida y atenta. – A pesar de no tener una gran educación, la vida se encargó de ensañarme cosas importantes, como que uno recibe lo que se merece, y no sé qué es lo que habrá hecho Ichigo para alejar a ese pervertido de mí pero definitivamente se lo merecía.
- ¿Y qué hay de ti? ¿Estás mejor ahora? ¿Ichigo no te ha hecho nada? – preguntó desconfiada luego de recordar la broma pesada que le hizo esa misma tarde.
- Quiso ayudarme cuando yo lo necesité, quiso sacarme de aquel lugar, pero yo sé que no es lo que merezco en verdad, reconozco que no soy feliz viviendo como vivo pero para alguien como yo ésta es la realidad que valgo.
- Entonces ¿dices que Ichigo te dio la oportunidad de una mejor vida pero la rechazaste porque piensas que no lo vales? – Rukia miraba a la nada con una ceja levantada. – Nozomi, no sé lo que valgas realmente, no sé ni cuanto lo valgo yo, pero si en la vida alguien te da una mano no debes rechazarla, sé cuánto te ha lastimado tu padre pero no debes dejar que eso te siga afectando, Ichigo te dio una oportunidad de vida y no deberías pensar mucho en si lo vales o no, solo aceptarla porque alguien cree en ti, alguien confía en ti, y eso significa que lo vales para una persona. Además debes recordar esto siempre Nozomi, tú eres valiosa y siempre lo fuiste ¿sino por qué estás aquí? Debes creer tú misma que lo vales, siendo así ¿Qué importa lo que los demás crean?
Nozomi escuchaba atenta lo que esa chica decía, estaba sentada abrazando sus piernas y apoyando su cabeza sobre ellas mientras lloraba en silencio. No podía creer que todo lo que había escuchado era cierto, Rukia tenía razón, Ichigo confiaba en ella y eso era suficiente para pensar que era valiosa a los ojos de alguien más, jamás quiso ser como su madre, jamás quiso tener que usar nada de lo que la obligaban a vestir, no quería esa vida pero con el tiempo se había conformado a ella y comenzó a creer que para solo eso servía.
- A mí... a mí me gusta pintar. – confesó Nozomi tímidamente.
- ¡Pues pinta! Hay millones de cosas en el mundo que tú puedes retratar, e Ichigo te dio la oportunidad de seguir tu sueño. Nozomi hazlo, estudia, dibuja, pinta y no serás feliz solo tú... sino también yo. – Le dijo con sinceridad poniendo una mano sobre su hombro.
- ¿En serio lo dices? ¿Tú... confías en mí? – Preguntó con la voz quebrada y más lágrimas cayendo de sus ojos, pero lágrimas de felicidad.
- Oye... te has hecho pasar por mí a pesar de lo peligroso que sería eso ¿y aun preguntas si confío en ti? – dijo riendo la pelinegra causando el mismo efecto en Nozomi.
- Gracias Rukia, gracias por escucharme. Hace mucho que nadie me escuchaba y he estado sentada gritando en silencio por largo tiempo.
- Gracias a ti por confiar en mí. Eso me hace feliz y me hace sentir valorada ¿sabes? – ambas rieron una vez más, y sin decir nada se abrazaron para llorar unos minutos más.
Luego de un rato sentadas en el césped pensando cada una por separado pero sin ninguna incomodidad prefirieron seguir caminando para lograr escapar de allí. Luego de caminar por un largo rato llegaron hasta un pequeño riachuelo casi seco que dividía el terreno de Aizen con otro más, y más allá se lograban ver las luces de la ciudad.
- Hasta aquí llego yo Nozomi, a partir de ahora debes seguir tú sola. – le dijo mirando hacia el frente, la otra chica la miró confundida.
- ¿Qué? ¿De qué hablas Rukia? Ambas podemos escapar, viviremos nuestra vida de ahora en adelante como tú lo dijiste, podremos desenmascarar a ese desgraciado y...
- No, yo no puedo irme, no aún... Mi amigo sigue allí dentro con toda esa gente, no lo abandonaré, debo volver por él y cuando tenga que ser será, entonces escaparemos. Sin embargo tengo las esperanzas de que tú puedas ayudarnos, ahora que sabes sobre el clan, sobre Aizen, sobre el lugar donde nos encontramos, tú debes ir con las autoridades, solo así podré estar tranquila. No te preocupes por mí y vete antes de que alguien más nos encuentre.
- Nos volveremos a ver Rukia Kuchiki, lo prometo. – Abrazó a su amiga con todas sus fuerzas y luego se dispuso a correr pero inesperadamente alguien la tomó del brazo y luego le tapó la boca para que no gritara.
- Así que... Rukia Kuchiki ¿Entonces eras tú?
- Ja, y esta chica se quiso hacer pasar por ella ¿Increíble no? Aizen está muy enojada contigo pequeña, no le agradaría saber que has querido escapar.
Nozomi forcejeaba con la persona que la tenía agarrada pero él era más fuerte y la sostenía con una increíble rudeza. Rukia no estaba mejor, quien la había agarrado la tenía sujeta por el cabello y con la boca también tapada. Ambas estaban desarmadas, y temían lo peor.
Ok, subiré el siguiente capítulo cuando logre tenerlo bien completito :)
gwen-herreralopez sé que son cortos y lo siento por eso, intento superar un poquito la cantidad de palabras cada vez más... prometo que intentaré hacerlo más largo la próxima vez pero tenme paciencia! :3 y muchas gracias por comentar! O.-
JosueYrion en verdad que no entiendo lo que has querido decir con tu comentario, ¿Te molestaría explicármelo por favor? Gracias! :3
Bueno, espero que les haya gustado la historia hasta ahora... Nos leemos pronto! Bye! O.-/
