Perteneciente

Esa mañana Ramsay lo sorprendió con una tina llena de agua. El vapor se mezclaba en el aire. El agua llegaba hasta la mitad de la tina y al parecer era tibia, como su amo le prometió. No obstante, Theon no podía hacer más que observarla con deseo.

«Te lo mereces.» Pagó el precio por su recompensa y aun no era suficiente para el codicioso Capitán del Sangre. Tuvo que notarlo, fue demasiado fácil, tan fácil que era poco real. «Tonto, tonta criatura.» Era el castigo por el sueño que tuvo esa noche. La misma situación, un hombre arrodillado y encadenado, de larga cabellera negra y un granate resplandeciendo en una de las orejas. En los húmedos y gruesos labios del hombre una larga curva conformaba una sonrisa, no era una sonrisa que demostraba valentía ante la decisión de los dioses. Era una sonrisa burlona, se burlaba de él y el temblor en sus piernas. Tenía tanto miedo como cuando se trató del hijo del hierro, sin embargo sostuvo la espada con una irreconocible firmeza en sus nueve dedos. En esa ocasión no dudó y fue eficaz, cortó cada parte del cuello. Y con la caliente sangre salpicando su rostro, Theon no se lamentó. «Tan sucia, tan corrompida criatura.»

—Por favor, no. ¡No, no, no! —Chilló lastimando su garganta.

Las sábanas eran tan suaves como siempre, pero no un efectivo escondite. Su estómago rugió, necesitaba algo de vino y un trozo de pollo, al menos roer algo de los huesos de la noche anterior. Su amo estaba apurado y entusiasmado por una actividad distinta, era otra de esas mañanas que posponía su trabajo para estar junto a él.

—No te muevas. —Ramsay dijo con dulzura. —No puede haber errores. ¿No quieres que sea una creación perfecta?

—S-sí, mi Lord.

Ramsay le separó las piernas, parte del semen todavía se deslizaba por su piel. Su amo jamás le dejaba limpiarlo y el espeso líquido caía hasta sus tobillos, dejaba de ser molesto cuando se secaba. Theon se rascaba la picazón que se creaba y la mugre seca se encastraba debajo de sus uñas.

— ¿Por qué, mi Lord? No he hecho nada malo… fui bueno, leal… por favor. —Se encogió dando un saltito hacia atrás. —Por favor, mi Lord.

— ¿Por qué no? Esa es la pregunta, mi dulce criatura.

Ramsay le jaló las piernas. Ambos cuerpos estaban muy cerca, el calor del capitán chocaba contra su huesudo torso. Frunció el ceño ligeramente, su muslo derecho fue apretado, las uñas del capitán se clavaban sobre su frágil carne. Uno de los brazos rodeó su espalda, encarcelándolo.

—No puedo dejarte ir sin antes hacer esto, mi dulce criatura.

La punta del cuchillo se deslizó por la cara interna de su muslo. Theon apretó los dientes mientras la punta se hundía y deambulaba a lo largo, llegando a su rodilla. Sus manos se apoyaron en el desnudo pecho del capitán, acariciándolo con suavidad cuando en realidad deseaba aferrarse con fuerza y lastimarlo, casi tanto como lo hacía ese hombre con él.

—Mi soldado especial debe tener una marca que demuestre su valentía.

Con el primer y pequeño corte arqueó su espalda y un gritito se ahogó entre sus dientes. Fue rápido como el pinchazo de una aguja, apenas una gota de sangre salió al exterior. «Te lo mereces.» Se recordó, tomó una forzada respiración. Sabía que merecía un castigo por esa muerte, pero seguía sin conseguir hacerle frente al dolor.

—Por favor, no necesito una marca. No, mi Lord.

Ramsay levantó los hombros, suspiró y apartó el cuchillo. Había algo en esos claros ojos que le decía que no era un buen cambio, lo reconocía.

—La necesitas. —El capitán dijo acariciándole cada detalle en su rostro. —Te iras y tienes que llevar contigo un recordatorio. Debes recordar de quien eres y a donde perteneces.

—Yo sé de quién soy. Soy tuyo, mi Lord.

—Lo sé, lo sé, mi dulce criatura. Eres solo mío. —Ramsay le besó la mejilla. —Pero esas horribles criaturas no lo saben. Si tienes mi marca ellos no te mirarán, ellos no querrán separarte de mí.

—No los dejare, mi Lord. Quiero estar con usted, por favor, no quiero separarme de usted.

—Hablas demasiado. —El capitán ladeó la cabeza, la expresión de este se suavizó. —Sabes que no quiero lastimarte, pero me has dado muchas razones.

Theon inhaló y exhaló con lentitud, sus pies se juntaron en la pelvis de su amo y cerró sus ojos al tener el frio acero de nuevo en su muslo. La punta dio unos numerosos giros por encima de la piel, únicamente marcándola.

— ¿Qué marca combinaría con tu linda pierna? —Ramsay preguntó y Theon supo que si una respuesta se esperaba no sería la suya.

Ramsay acercó la nariz a su hombro. El olor a semen era mucho más intenso que el de la orina y sus heces, aguardaba con ansias su baño. Un escalofrío carcomía su espina dorsal cada vez que el aire de las exhalaciones quemaba su piel.

—Estás hediondo. —Ramsay murmuró. —Hediondo. Hediondo. Una criatura hedionda merece un buen nombre ¿no crees?

Theon asintió. Tenía sueño, él lo único que quería era dormir, despertar cuando todo se halla acabado. El tiempo pasaba con rapidez al soñar en su libertad, en su último castigo, en la muerte de su amo. La dulce y crédula criatura lo perdonaba en sus sueños.

—Reek. Se adapta muy bien. ¿Te gustaría llamarte Reek, criatura? ¿O prefieres ser Theon Greyjoy, el valiente príncipe?

—No, no, mi Lord. Reek, es un buen nombre. Yo soy Reek, soy su Reek.

Reek, un buen nombre para esa corrompida criatura. «Te lo mereces.» Seguramente debió agradecerle a su amo la gloriosa elección de nombre, no obstante, su voz no salió. La criatura había nacido con nada más que la piel que se pegaba en sus huesos y ahora era Reek, el perro leal de su afectuoso amo. Le debía demasiado.

—Entonces ya lo tenemos. Tendrás una hermosa marca, pequeño Reek. —Ramsay ronroneó. —Así podrás recordar tu nombre.

Theon gimió, la saliva chorreó por las comisuras de sus labios y la sangre siguió el andar del cuchillo en la conformación de la línea que inició la primera letra de su nuevo nombre. Primero una línea recta, después una en diagonal, por ultimo una curva y la R estuvo terminada.

Ramsay sonrió como un pequeño niño recibiendo su primer juguete o mascota. La inescrutable mirada de este examinó la letra contorneada por su sangre. Theon ya conocía el brillo de excitación en los labios del capitán.

La primera E tomó un amplio tiempo. Con los nuevos cortes el capitán era más cuidado y perfeccionista. Cada una de las nuevas líneas dolía más que la anterior, él se concentraba en pensar que nada de ellos estaba ocurriendo, tal como hizo el día en que arribó a Invernalia.

Sentía miedo, estaba solo rodeado de rostros desconocidos y una dulce voz de hombre en la que no deseaba confiar. Él se repetía una y otra vez que era un sueño, nada más que eso y que cuando despertara estaría entre los cálidos brazos de su madre. No fue así, nunca era del modo que Theon quería.

Sin embargo, junto a él siempre esperó Robb con una fraternal sonrisa y una alegre canción entre la chillona voz de niño. En el Sangre, sus oídos eran llenados por los repelentes gruñidos y flatulencias de los hombres, en sus ojos se impregnaban los cristalinos ojos, coloreados en maldad y recibía una sonrisa que prefería evitar.

— ¿Te gusta, mi dulce Reek? —Ramsay preguntó al terminar de moldear su piel.

Theon soltó en un largo y apesadumbrado suspiro los gritos que con posterioridad escondió en su garganta. Se rehusó a mirar la marca que consiguió con su lealtad, mas tuvo que ceder ante la caricia del capitán. Los dedos de este se posaron debajo de su barbilla y movieron su rostro con sutileza.

—Sí, me gusta, mi Lord. —Mintió.

Era un desastre de sangre y líneas deformes. La R era muchísimo más extensa que las otras tres letras y entre las E variaba el largo de las filas. En la K podría considerarse un buen trabajo de parte del capitán, las líneas eran finas y de un perfecto grosor, contrastaba el desperfecto de las otras.

— ¿No eres feliz, Reek?

Antes de que el agua se enfriara, Ramsay lo levantó desde la cintura y cadera, era una frágil pluma entre los gruesos brazos. Se estremeció y tembló dentro de la tina. El agua en verdad era tibia y tan real que podría llorar. La marca en su muslo ardió al instante en que el agua la tocó, quiso escapar trepándose de los brazos de su amo y en la desaparición del dolor bajó su cabeza.

—Soy muy feliz, mi Lord. —Trató de conseguir que la mueca en su boca se asemejara en algo a una sonrisa.

Sus músculos se relajaron y se acomodó a la harmonía de la tina. El agua se teñía de un opaco rosado con su sangre, era un buen tono. Hundió su rostro hasta las mejillas, si por el fuera mojaría por completo su cabeza y nunca más volvería a subir a la superficie. Pero era Reek, quien se enderezó al ver por el rabillo del ojo a Ramsay.

Se contrajo juntando sus brazos y piernas, el capitán apoyó uno de los brazos en el borde de la tina. Le apartó el cabello de la frente, mojándose los dedos y humedeciéndole algunas de las hebras superiores.

— ¿Cuan feliz eres, pequeño Reek?

Theon cauteloso impidió enlazar sus ojos a los contrarios mientras los dedos bajaban quedamente por su mejilla. Los dedos de su amo saltaron irregulares entre las hendiduras y montículos de su cuello.

Relajó sus hombros, su corazón latía despacio, no pensó que llegaría a sentirse tan bien junto a Ramsay Bolton y que no necesitaría otro trago más de vino. Resopló una vaga respuesta antes de dar la concreta, por lo bajó para que el único que lo oyera fuera el mismísimo Reek.

—Muy feliz, mi Lord.

En su sonrisa, pudo sentir la brisa golpear el hueco entre sus dientes y enfriar su hinchada encía. El capitán le sostuvo la barbilla, corriéndole el rostro hacia sí. Los disipados ojos de Reek se centraron en los pequeños de su amo.

—Bésame, mi dulce Reek. —Ramsay dijo sereno, un minúsculo alargamiento se dio en las comisuras de este.

El párpado superior de Ramsay bajaba y se unía con el otro, Reek perdió tiempo entretenido en el melodioso descender de las largas y definidas pestañas de este. Acomodó su espalda, alcanzando una posición en la que pudiera estar acorde con su amo. Sus manos se apoyaron entre las mejillas de este, unos cuantos de los secos cabellos las rozaban.

Con la relajación que obtenía de la calidez del agua, lograba encontrar una completa belleza en Ramsay. Desde la piel rellena de manchas, los juntos y diminutos ojos, los agusanados y entrecortados labios, la regordeta barbilla, las cicatrices que denotaban entre la camisa, y hasta la saliva que se le escapaba por las comisuras de los labios. El veía peculiaridades de un hombre al que con suerte y voluntad pudiera llegar a querer, si es que tuviera un corazón preparado para ello. Y no sintió pavor, en esos momentos el miedo no era bienvenido, porque sabía que esa bestia lo amaba.

Se mojó los labios y movió sus dedos acariciándole las mejillas al capitán. No recordaba haber recibido un beso de este que no fuera con brusquedad, por lo que sería la primera vez que sus labios se unieran con delicadeza.

No cerró sus ojos, quería ver cada insignificante cambio en la expresión de su amo. Realmente solo pensaba en lo atractivas que eran las pestañas de este, Reek se obsesionaría con estas, si supiera lo que fuera estar obsesionado en algo que no fuera una simple cena.

El gusto de la lengua de Ramsay era dulce entre toques. Esta vez sus dientes no se chocaban y no tenía que ocultar su inminente e inocultable disgusto. Theon memorizó a Robb en su mente, el Joven Lobo se veía tan hermoso en esos momentos en que sus mejillas se matizaban en rubor.

Reek le quitó ese pensamiento, el único allí con un progresivo tono rosado en las mejillas y orejas era Ramsay. Así, el capitán lucia como un hombre plenamente diferente. Sosegado, al igual que cuando dormía, Theon prefería verlo de ese modo.

La saliva acompañó el desenlace de las bocas, un hilillo de esta cayó en su mentón. Ramsay mantuvo los párpados bajos unos segundos más, los gruesos labios de este brillaban ante la luz de las velas y el registro de saliva que Reek le plantó.

Theon avanzó con sus manos hacia abajo, teniendo en vista el cuello del capitán. «Puedes matarlo. Puedes matarlo justo ahora.» Tuvo en su cabeza ese ridículo pensamiento de esperanza. Podría ahorcarlo, lo lograría con Ramsay estando tan dócil a su toque. No obstante, era Reek, nadie más que Reek, y Reek estaba al tanto de que eso jamás sería posible.

—Eres muy bueno, Reek. —Ramsay mostró sus claros y gélidos ojos de golpe, estremeciéndolo de la confusión. —Una buena, muy buena mascota.

El capitán le colocó los brazos en su espalda y al instante, antes de que Reek notara el accionar, estuvieron posados entre su pelvis y el comienzo de su trasero. Las manos presionaron la carne de sus nalgas, lanzó un gritito al menearse.

Ramsay se relamió los incisivos y Reek se mordió el labio inferior, su respiración se agitaba a causa de que los dedos de su amo se introdujeran en su cavidad. La dirección de sus ojos divagó en la sucesión de ingreso y salida que los dedos dominaban en su interior.

El calor se propagaba en cada zona de su cuerpo, Theon jamás lo habría admitido, pero el punto principal era en su entrepierna. En su vida hubiera imaginado que se colmaría de deseo, ni que se sentiría tan avergonzado por algo como una erección. Tampoco advirtió que podría caer tan bajo.

—Eres encantador, Reek.

Su amo pasó los dedos por su polla y Reek jadeó. Ramsay presionó sobre la punta, descendiendo en un firme enganche por el endurecido tronco. Reek acercaba su pelvis al borde de la tina, siendo arrastrado por las embestidas de los dedos en su posterior. Echó su cabeza atrás, el placer nublaba su razón.

—Tengo una noticia para ti, Reek.

Sus piernas temblaron, los dedos bajaban y subían con un aumento en la intensidad. Los que se encontraban en su cavidad, salieron de esta y reposaron en su suave piel. En su entrada persistía el ardor que la calidez del agua no dejaba extinguir.

—Escucha atentamente, criatura. —Ramsay inició. —Robb Stark está muerto. —Finalizó.

El entero ser de Theon Greyjoy se paralizó en ese momento. Su esencia aún seguía junto a los pelirrojos cabellos que se dispersaban en el aire mientras corrían por el bosque, y la aniñada, blancuzca y perfecta sonrisa que iluminaba su camino. Theon todavía continuaba al lado de Robb, aquel quien era mucho más hermano que cualquier otro.

—No, no es divertido. No me mientas.

Theon quiso apartarse, no quería seguir siendo tocado, nunca más. No había placer ni sentido en ello, siquiera Reek conseguía contradecirlo. Ramsay clavó los dedos en su cuerpo, impidiéndole realizar su deseo.

—No estoy mintiéndote, mi dulce Reek. —El capitán le tironeó la cintura, golpeándoselo contra la tina. Theon largó un fuerte grito. —Mi padre se aseguró de que estuviera muerto cuando le clavó una daga en el corazón.

«Te está mintiendo. Es mentira. Quiere probarte, quiere verte caer. Te está mintiendo. Recuerda que es un jodido mentiroso. No es verdad.» Lo real allí eran sus lágrimas y la repulsión que sentía al percibir los toques de los dedos de Ramsay sobre su polla. Su naturaleza también lo abandonaba, la dureza en su miembro se acrecentaba ante la incrementación de la cercanía con la mano ajena. Le cedió toda la culpa a Reek, este se apoderaba de su cuerpo. «No te está mintiendo. Te dijo la verdad. Él no te miente.» La sonrisa del capitán brilló con una detestable felicidad, una que afirmaba sus palabras.

—No, no, Robb no. —Lloriqueó. El agua de la tina se enfriaba tan rápido como su cuerpo y vida. —Por favor, no, detente.

Era demasiado inaceptable, el líquido pre seminal abordaba la punta de su sexo. No deseó creer que fuera por el hecho de tal noticia, no era bueno y ni siquiera excitante. Y aun así era tan desagradable, venirse al saber que su mejor amigo, su salvación, estaba muerto.

—No, por favor, deten esto. Por favor, dime que es mentira. Dime que Robb está vivo.

Sacudió su cabeza, negando cualquier cosa que hubiese escuchado. Ramsay sostuvo su barbilla, interrumpiendo su oposición. Las lágrimas cristalizaron sus ojos y mojaron sus mejillas. Tuvo que ver los claros ojos del capitán, pero en su radar únicamente se encontraban las azuladas gemas que constituían los ojos de Robb Stark. Situó el fino rostro de su mejor amigo en la grasa que se acumulaba y construía el de Ramsay Bolton. Los brillantes y rojizos rulos en el lacio y seco oscuro cabello.

Recordó cada mínima y bella facción de Robb. Y se reprochó no haberlo acompañado en ese crudo momento. El debió estar a su lado, no era una compañía ventajosa, no obstante, valdría para una muerte más placentera. Y a Theon le correspondió haber muerto junto a Robb, el único en esa vida que no lo juzgo por su un Greyjoy, el que lo comprendió y le brindó amor.

« ¿Dónde estaba yo? Debí haber muerto con él.» Theon viajó entre su memoria, el único lugar que le quedaba en el Sangre en donde pudiera sentir felicidad. La sonrisa y el fresco aroma de Robb siempre estaban presentes, y muy latentes el día en que juró ser su servicial soldado. Si hubiese sido al menos una diminuta proporción de lo que prometió, él no se encontraría en esa tina y Robb le estaría profesando su cariño.

—Mírame, tonta criatura. —Ramsay dijo con dulzura, dulzura que alguna vez se expulsó de la boca de Robb. —Deja de decir ese ridículo nombre. Solo di el mío, suena mucho mejor en tus lindos labios.