Pecador

El crujido que la madera soltó al tener las pesadas botas de Ramsay Bolton encima, el silbar de las sogas siendo movidas, los gritos y murmullos de los hombres que se hicieron más fuertes con la cercanía del capitán, los harmoniosos sonidos de la vela desplegándose... para Reek era todo reconfortante, casi tanto como el caliente palpitar del corazón de su amo.

Reek apenas abrió los ojos, pero cuando vio el mar se prometió nunca más volver a alejarse. El permanecería el resto de su vida en el Sangre, el único lugar en el que sentía placer y sus sentimientos eran correspondidos, junto al capitán y sus hombres, en quienes podía confiar.

Otra de las cosas que notó fue el hombre que Theon Greyjoy había matado colgado entre una de las velas, con su cuerpo despellejado. Lord Ramsay se encargó de ese último paso, fue tan cuidadoso como si se tratara de un dedo de Reek. Y él se mantuvo tieso mientras observaba, entretanto se ahogaba entre las náuseas y la bilis. Su amo le prometió que si no lograba mantener el vómito en su interior, le haría comer cada trozó de piel que arrancara del hijo del hierro.

Y para Theon Greyjoy era lo mismo, ese era el lugar en el que estaba libre de culpas. Allí no corrompía a nadie y ya no era un pecador. «Aquí no está Robb.» El no conseguiría matarlo de nuevo, en los brazos de Ramsay y en una constante lucha con sus pensamientos, descubrió que Roose Bolton clavó una daga en el corazón del Joven Lobo, pero Theon lo había matado hacia largos años. El día en que le contó las fantásticas aventuras de sus tíos, el día en que no tuvo la mejor idea de llevarlo a escondidas al puerto, el día en que prometió ser su leal servidor en los saqueos; cada uno de esos días Theon marcó la sentencia final de Robb. Únicamente el, solo el, Theon era el responsable de esa muerte, él fue el que clavó una imaginaria daga en ese cálido y pequeño pecho de niño.

Reek respiró profundo al hallarse en el extrañado camarote. El olor a tierra, semen, vino y sudor eran perfectos. Lo primero que su amo hizo fue depositarlo en la fría cama y cubrirlo con las sábanas. Ramsay le acarició los cabellos, tirando los mismos hacia atrás y descubriendo completamente su rostro. Tembló sorprendido, él estaba esperando un severo castigo, él prefería sentir dolor a tener cariño.

—Duerme bien, Reek. —El Capitán del Sangre murmuró. Su voz era suave y acaramelada, esta apaciguaba sus pensamientos.

—Mi Lord. —Clamó chillón. —Mi Lord.

— ¿Qué sucede?

Juntó su cuerpo en torno a las sábanas y el cuerpo de su señor. Este se encontraba sentado en el borde de la cama, tocándole las mejillas. Reek se aproximó al calor que este emanaba y ladeó la cabeza entre las palmas que lo sostenían, cerrando los ojos y gimiendo de regodeo.

—Por favor, dígame Reek. Por favor, mi Lord, diga mi nombre hasta que me duerma.

—Eres muy codicioso, Reek. Y yo no puedo negarte nada a ti.

—Más tarde puede castigarme por eso, mi Lord.

—Lo haré, Reek. —Ramsay dijo muy bajo. —Te prometo que lo haré. Lo haré, mi dulce Reek.

Reek sonrió, eso era lo único que deseaba escuchar. Se relajó y se durmió con el calor y la voz de su amo cerca. Soñó con la cena que se serviría esa noche, si había algo que anhelara mucho más que el severo castigo del capitán, sin duda era la espesa y blanca carne de pollo. Y Theon con los días en que corrió en medio de la nieve de Invernalia, esos días en los que tenía un medio hermano y una vida.

La tenue luz de la luna entró por el ojo de buey cuando despertó, bostezó y se rascó los cabellos al incorporarse, no recordaba que la cama fuera tan placida, hacía tiempo que no dormía de esa manera tan agradable.

Ramsay lo observaba sentado y cruzado de piernas en la silla de roble. Por lo que el tonto Reek pudo deducir este acababa de tomar un baño, las puntas de los oscuros cabellos goteaban una excesiva cantidad de agua y el ancho pecho al desnudo todavía estaba húmedo. Asimismo, los labios se apreciaban mojados por la saliva del mismo.

— ¿Dormiste bien, Reek?

—Sí, amo.

Reek tardó en conciliar el sueño, ladeó la cabeza e inquieto movió sus piernas muchas veces. Mientras tanto, el capitán tocó con delicadeza cada facción de su rostro, descendiendo un corto tramo por el cuello y haciéndole estremecer al tocarle las cicatrices. Reek; Reek; Reek; Reek; escuchó repetidas veces y recién en un adelantado número consiguió acceder al mundo de las pacíficas e imposibles fantasías.

—Muchas gracias, mi Lord. —Agregó cabizbajo.

El enamoradizo Reek se avergonzaba al ver el desnudo torso de su amo y percatarse de que este estuvo pendiente de su descansar durante todas esas horas. Después de todo, Reek no era más que una inocente criatura que con sencillez conocía al Sangre como único y verdadero universo.

—Tengo algo para ti, Reek.

Ramsay estiró la mano hacia la mesa de junto. Reek no prestó atención hasta el momento y ahora que lo hacía sentía miedo. Era una masa rojiza siendo aplastado por los dedos de su amo. Carne sin dudas, un corazón tal vez, pero de ningún animal que conociera.

—Ven aquí. Arrodíllate. Muy bien. —Obedeció sin perder tiempo. —Debes tener hambre, ¿no es así, Reek?

—Sí, tengo hambre. Mucha hambre, mi Lord. —Su estómago comenzó a rugir mucho antes de que se durmiera.

—Lo noto, Reek. Y es por eso que hoy tengo un menú especial para ti.

La sangre descendía por los dedos del capitán, mojando el vientre de este. La pálida piel se teñía de un liviano tono rosado, hasta el ombligo donde el líquido se acumulaba. El trozo de carne cruda se detuvo enfrente de sus labios, el hambre le daba la distinción de un delicioso olor emanante del mismo.

— ¿Q-que es esto, mi Lord? —Preguntó corriendo con disimulo y una corta distancia su cabeza.

—Un corazón, Reek. Un corazón para ti. —Ramsay se tomó una pausa para lamerse los gordos labios, una vez más. — ¿Recuerdas ese hombre que te forzó? ¿Ese hombre que te golpeó?

—Sí. —Respondió con voz queda. —Mi Lord. —Agregó apenas advirtió la ausencia en su obediencia.

—Me he encargado de el por ti, Reek. —Los helados ojos se abrieron con grandeza, las pequeñas pupilas en medio destellaron. —Porque tu no querías eso ¿no? Tú no deseas a otro hombre ¿cierto, Reek?

—No, mi Lord, yo no quería. Lo juro, no quería. No quería, mi Lord. —Negó acunando su cabeza entre las piernas contrarias. —Solo a usted. Solo lo deseo a usted, mi Lord.

—Así es Reek. Solo tienes que desearme a mí. Eres mío. Solo tienes que pensar en mí, tanto como yo pienso en ti. Me necesitas a mí y a nadie más que a mí. Soy el único que puede amarte de verdad, mi dulce Reek.

—Sí, sí, soy suyo, mi Lord.

Ramsay movió la muñeca, maniobrando así mismo un nimio cambio en la posición de los dedos sobre el corazón. Reek se hubiera llorado y lamentado por aquella víctima, si no fuera porque con ello disgustaría a su amo. Y así se confinaba en su interior como otra muerte sin sentido causando por la desobediencia de Theon Greyjoy.

Y con este caso, las ganas de abandonar el camarote eran nulas, de pensar que ese hombre podría estar distribuido a lo largo y a lo ancho del Sangre le daban nauseas. Por lo que ese cuarto de un magnífico diámetro era el doble de perfecto para Reek.

—Entonces, Reek, te invito a comer el amor que él tiene por ti. —Ramsay alzó las cejas y acentuó cada palabra dicha.

Los dedos se estiraron y podría confirmar que vio el fuerte palpitar del corazón, aún vivo y pegando saltos abismales. «No, no, no. No dejes que te vuelva loco.» Reek flaqueó, quería decir algo, oponerse y confrontarlo, mas enderezó su espalda y rozó la mano ajena.

Arrimó su rostro al frio y tieso corazón, cuanto más cerca más rojo era. Su boca se abrió y sus dientes de distanciaron entre sí. Al volver no acarrearon nada más que el aire y crearon un retumbante crujido al golpearse en la unión.

Respiró con toda la fuerza que sus pulmones albergaban y repitió la acción. Esta vez sus incisivos se bañaron en la sangre y cortaron con debilidad la carne, revolviéndole el estómago en el proceso. Y en su boca, lograba soportar las arcadas que llegaban consecuentes a la trituración. No era que supiera mal, era de un gusto dulce, el sabor a sangre que ya tanto conocía. No obstante, al recordar la procedencia cualquier delicia era apagada.

— ¿Es bueno, Reek?

—Es sabroso, mi Lord. —Relamió sus labios pintándolos con la sangre en la punta de su lengua y dio un veloz vistazo al expectante espectador, el brillo de la excitación llenaba de tonalidad los ojos de este.

La bilis subió a su boca con el segundo trozo que robó del corazón. El nauseabundo sabor de la secreción se impregnó en sus dientes y el hueco alrededor de unos de estos, aplacando la satisfacción que pudiera tener al comer.

En cierto punto evitó masticar, era difícil soportar. Por lo que empezó a tragar forzoso, rasgándose la garganta cuando los trozos aumentaban de grosor y ahogando unos chillones grititos en sus labios al acercarlos a la carne.

Reek suspiró y limpió los dedos de su amo al finalizar. Uno por uno, la saliva se mezcló con su saliva, descendiendo por las uñas y desembocando en la punta de su lengua. Ramsay le sostuvo unos mechones de su descolorido cabello y tiró con estos hacia abajo su cabeza, los dedos cosquillearon su paladar en la brusca y forzada intromisión. La sangre en sus dientes siguió ensuciando los dedos del capitán, haciendo el esfuerzo de Reek nulo.

—Estuve pensando sobre tu castigo, Reek.

« ¿Esto ya no lo es?» Theon se preguntó con ironía, demasiado bajo, ya no era tonto como para decirlo sin censura alguna. Reek inhaló un largo tiempo al tener su boca vacía, el gusto a madera en los dedos de su amo, la sangre en los mismos y también en su boca en conjunto con la bilis, resultaban de un peculiar y atrayente sabor.

—Es uno muy especial.

En los dedos de Ramsay bailó el filo del cuchillo, brillante como los ojos y sonrisa del mismo. Reek sofocó un sollozó en el regazo de este, estaba preparado para su castigo pero el daño que el toque del cuchillo le ocasionaba era inolvidable.

—Dame tu mano.

Con vacilaciones elevó su mano, con lentitud y temblores se estableció en el aire hasta que con implacable fuerza Ramsay se la tomó. Reek gimió y lloró con más entusiasmo, apocado, cerca de no soltar su voz.

—Mírame, Reek. —El capitán ordenó con dulzura y Reek obedeció primoroso. — ¿Estas arrepentido de lo que hiciste en ese horrible lugar, verdad?

—Sí, amo… arrepentido… Reek está muy arrepentido.

Sus dedos se vieron acorralados por los contrarios, cuales eran fríos como el hielo. Reek sintió a la vez correr un hielo por su entera espalda, mojándolo de sudor, entumeciéndolo y estremeciéndolo del pavor, cuando el cuchillo reposó en su palma y la mano del capitán lo soltó. Pensó que fue un simple descuido y olvido de parte de su amo, el jamás le había dado un cuchillo, siquiera para cortar la carne de pollo, todas las noches debía arreglárselas con sus delgados dedos o sus dientes. No obstante, estaba vez era diferente, era real y su amo no regresó por el cuchillo.

—Quiero que me demuestres cuan arrepentido estas.

— ¿C-cómo? —Su voz tembló.

—Tú sabes como ¿no es así, Reek?

Reek negó con la cabeza. Él sabía cómo y estaba asustado para decirlo.

—Oh, mi tonto Reek. —Ramsay relajó la mandíbula. —Hay algo que tú puedes darme para demostrar que estas muy arrepentido por ser tan mala mascota. ¿Un dedo, quizás? Te dejare elegir cual.

Reek tragó la saliva con sangre que aun perduraba entre la separación de sus dientes. Sus ojos se cristalizaron por las lágrimas y en la borrosa confusión alcanzó a distinguir la impaciente y amplia curva en los agusanados labios.

Reek bajó la mirada hasta sus pies, los dedos en estos eran relativamente más diminutos que los de las manos. Especuló que el dolor también sería más pequeño. Apretó el mango del cuchillo, Theon observó el hilillo de luz que recorría el acero y luego la que se detenía en los claros ojos de Ramsay. Y en ocasiones en el cuello de este, una vez más podría intentar matarlo y después cortar el de Reek, y nadie sospecharía del suicidio de dos amantes, nunca nadie desafió el amor de ambos.

Repetidas veces imaginó y miró la pálida piel, hasta que Reek asumió una valerosa decisión.

—Veo que has hecho una buena elección, Reek.

Separó los dedos de su pie diestro, sosteniendo por encima de los otros el primero. Preparó el cuchillo al cerrar los ojos, apretujando sus parpados con fuerza logrando que las lágrimas brotaran irritantes.

Un duro grito se escabulló de su boca en el acto de descendencia del cuchillo sobre su hueso. Fue veloz, tan veloz que el dolor apareció al tiempo en que el dedo cayó en la madera con un imperceptible sonido. La ardiente sangre salía sin pausa al igual que sus rasposos chillidos.

Soltó el ensangrentado cuchillo y buscó su dedo alrededor de la laguna de sangre en la madera.

—Es para usted, mi Lord. —Sus ojos se elevaron para captar el rostro de Ramsay y su mano se colocó en la de este.