Ichigo estaba estático en su lugar, Uryuu apenas y podía respirar, ambos sentían que el aire era denso en aquel lugar y que por algún extraño fenómeno se atoraba en sus gargantas asfixiándolos. Starrk y Yammy muertos... Lilynette huérfana, y un desconcertado Baraggan que no dudaría en tomar represalias frente a los desgraciados que hubieran asesinado a dos de sus grandes hombres... Sería el fin del clan Bleach ante el imponente clan Las Noches, de eso no cabría duda.

- I-Ichigo... ¿Qué ocurre? – preguntó tímidamente Nozomi al notar la tensión de la atmósfera. - ¿Quiénes son realmente estos tipos? ¿Y qué querían de nosotras?

- Lo que querían con ustedes no lo sé Nozomi, ni siquiera sé qué demonios hacían por aquí. Ambos son parte de uno de los mayores clanes mafiosos en todo Japón, Las Noches... bueno, lo eran... Ese tipo de allá – dijo señalando directamente a Yammi. – Se llamaba Yammy Llargo, y era el hijo de Baraggan, el cabecilla del grupo; aquel hombre del otro lado era Starrk Coyote, padre de la ahijada del mismo tipo. Fuera de lo que son relaciones fraternas, ellos eran dos de los grandes narcotraficantes que trabajaban directamente para Baraggan, nadie se metía con ellos y nadie lo pensaba siquiera, ya que eran famosos por su afán de matar a sangre fría sin titubear o jugar con su presa hasta dejarla más que perturbada para luego matarla lenta y dolorosamente. – A Nozomi se le desfiguró la cara del horror al escuchar tal barbaridad.

- ¿Jugar con su presa... para torturarla y luego matarla... lenta... y dolorosa... mente? – pregunto entrecortadamente debido al nudo que le apretaba la garganta y la obligaba a respirar cada vez más rápido y desesperadamente.

- No es lo peor, a lo largo de los años muchos rumores se difundieron de ellos dos como equipo y como singulares, cosas que ya no tienen sentido decírtelas, pero si de algo estoy seguro es que han tenido suerte, pura e infinita suerte al lograr vencer a estos dos tipos, pues cualquiera ya las habría dado por muertas. – Uryuu dijo cada palabra mirando hacia el vacío oscuro de la noche, al finalizar su comentario suspiró pesadamente y volvió a mirar a aquellas dos personas inertes tiradas en el piso.

- Si Rukia ha matado a Starrk... ¿Quién ha matado a Yammy? – Se preguntó a sí mismo Ichigo con el ceño fruncido, pero aun así siendo oído por los otros dos.

- Es cierto, él ha sido apuñalado por la espalda. – confirmó Uryuu adoptando la misma expresión que su amigo.

- He sido yo. – susurró Nozomi cabizbaja. – Él... estaba golpeando a Rukia y... y estaba por matarla, no tuve otra elección. Era él o ella, y yo no dejaría que a Rukia le hicieran daño por mi culpa. – declaró con los ojos llorosos pero sin mirarlos aun.

- Está bien Nozomi, has hecho bien. – le infundió ánimos Ichigo, ella levantó la vista hacia él y éste le regaló una sonrisa cálida y de apoyo, ella le correspondió aliviada.

- ¿Qué haremos ahora con...? – Uryuu no pudo terminar su pregunta al escuchar pasos cerca de ellos.

- Aizen. – logró articular Nozomi del terror que la había invadido.

- ¿Qué? – preguntaron al unísono.

- Aizen llamó a Yammy y le dijo que vendría para acá. De seguro es él. – susurró temblando.

- Hay que salir de aquí.

- Estoy de acuerdo. – le respondió Ichigo a su amigo. Sin tener idea del porqué, o tal vez para dejarle descansar, le quitó a Rukia de los brazos y la cargó él mismo con suavidad pero con firmeza a la vez y los tres comenzaron a correr lejos de ahí. Sin embargo, con el primer paso que dio Nozomi, su pie ardió del dolor y sin más dio un pequeño grito y cayó al suelo.

- Nozomi. – Uryuu se agachó junto a ella para preguntarle que le pasaba y al verla tomando su tobillo con ganas de llorar comprendió que estaba mal. – Ichigo...

- Ichigo. – repitió una voz demasiado familiar. Los tres dirigieron su vista hacia la persona de la manera más lenta que sus cuerpos podían, un escalofrío intenso recorrió cada uno de los cuerpos de los chicos y de repente el aire no entraba a sus pulmones fácilmente. - ¿Qué demonios haces aquí? – preguntó confundido y algo enfadado su tío.

- Tío... – susurró sin parpadear el aludido. – Yo...

- Te hice una pregunta Ichigo ¿Qué haces aquí? – alzó la voz de manera autoritaria, intimidando aún más al joven.

- Ahh... yo... es que...

- ¡Basura, aléjate de aquí! ¡Suéltame maldito! – todos los presentes volvieron la vista a la chica que se encontraba pateando al azar con los ojos cerrados. - ¡No me obligues a hacer algo peor! ¡Lárgate de aquí escoria! – Nozomi no podía dejar que los demás salieran involucrados en aquella situación ¿Quién sabe qué les pasaría si decían algo que no debían?

- Noz...

- ¿Noz qué? ¿Eh? ¿Qué quieres decirme basura? ¡¿Acaso quieres morir?! Que no se les ocurra acercarse a mí o lo lamentarán ¡Rukia Kuchiki ya no les temerá! – Aizen dio dos pasos al frente cerca de ella y aplaudió pausada y teatralmente mientras reía.

- ¡Qué increíble espectáculo cariño! ¡Increíble de verdad! Creo que debo darte crédito por entretenerme en esta noche. – todos temieron por lo que decía ¿A qué se refería con aquellas palabras? – No esperaba menos de una Kuchiki, eres tan impredecible como tu padre. – Dijo ensanchando su sonrisa.

- ¿A qué te refieres? – preguntó ella desafiante por fuera y atemorizada por dentro.

- Veo que han logrado encontrarla antes que yo muchachos, los felicito, me han ahorrado un problema. Sin embargo... ¿Dónde están Llargo y Coyote? – preguntó con el ceño fruncido y mirando hacia todos lados. – Tenían algo importante que decirme.

- Tío no creo que...

- Los he matado. – declaró rápidamente la chica interrumpiendo al otro. Aizen se quedó estático en su lugar, sin saber qué decir o qué hacer, las palabras huyeron de su mente así como levemente el color de su cara.

- ¿Q-qué? – logró preguntar finalmente.

- ¿Acaso no me has oído? – preguntó altaneramente Nozomi. – Te he dicho que...

- No juegues más conmigo pequeña – Aizen la tomó fuertemente por el cuello y la alzó del suelo dejando sus pies al aire. - ¿Que... los has... matado?

- S-sí. – respondió ella con el poco aire que le quedaba. Aizen la miró detenidamente, no mentía.

- Y... ¿Cómo lo has hecho si se puede saber? – le preguntó una vez que la soltó arrojándola lejos de él y estampándola contra el árbol a su lado. Ella al impactarse con el mismo, soltó un hilillo de sangre por la boca y luego le costó respirar. Ichigo y Uryuu la miraban horrorizados y sin saber qué decir para no meter peor la pata.

- Yo... le he roto el cuello a uno y he apuñalado al otro... – tosió un poco y se obligó a mirar a ese monstruo a los ojos. – Grandiosos secuaces en los que has confiado ¿eh? – Nozomi no dejaría entrever su miedo, debía demostrarle que no lograría nada en su contra, aunque ya lo hubiera hecho desde el principio.

- Te mataré por eso ¿Lo sabes? – declaró tranquilamente Sosuke mirándola de reojo. – Primero, tienes el descaro de enfrentarte ante mí y dejarme tirado en la habitación donde podríamos haber negociado tu posible liberación, y luego... luego te atreves a matar a dos sujetos que no tienes idea de quiénes son en verdad. Vaya que eres valiente, o más bien... idiota, Rukia. – con esa misma expresión serena que mostraba sacó del elegante saco que llevaba puesto una pistola calibre veintidós. Nozomi ahogo un grito de desesperación e Ichigo y Uryuu lo miraron anonadados.

- ¡Tío, no pretenderás...!

- Cierra la boca Ichigo... debí haberlo hecho desde un primer momento ¿Tienes idea de quiénes son esos tipos? Llargo Yammy y Coyote Starrk, miembros del clan Las Noches. Tendremos serios problemas si no solucionamos esto pronto, y comenzaré por esta chiquilla del diablo. – Sonrió sádicamente mientras apuntaba a Nozomi con la pistola. - Como buen... ¿villano? ¿Debería dejarte decir tus últimas palabras?

- Tío, ya déjala ¿No es suficiente tortura? – Ichigo se estaba desesperando y no sabía qué hacer.

- ¿Y a ti qué más te da Ichigo? Es solo una basura más que debe ser eliminada ¿Crees que no lo he hecho antes?

- ¡No frente a mí tío! ¡Ya basta!

- Aprenderás sobrino, te lo aseguro. Aprenderás qué es lo mejor para los tuyos y decidirás el bien de tu futuro clan.

Rukia escuchaba de lejos una voz desesperada y eso, por alguna extraña razón, la inquietaba. Intuía que algo no iba bien, y las sospechas eran mayores a medida que la claridad de esa voz aumentaba, intentaba abrir los ojos pero sentía como si de repente los tuviera echo de plomo al igual que todo su cuerpo, hubo un punto en el que la claridad de esa voz la hizo comprender que se trataba de Ichigo Kurosaki, el idiota de hace horas atrás, aunque... teniendo en cuenta que ahora la estaba salvando de su tío ya no lo consideraba tan idio... ¡No! De todas maneras seguía siendo un idiota. Sin saber cómo, fue abriendo los ojos lentamente, y ella no se daba cuenta ya que divagaba en los recuerdos de esa misma tarde, cuando el imbécil de Ichigo le había pedido... eso. Al percatarse de que había vuelto a la realidad y que ya estaba consiente, lo primero que vio fue al idiota de sus pensamientos con cara de espanto, se le iba a burlar pero entonces se dio cuenta de que la estaba cargando contra su pecho y la sostenía firmemente, como si la estuviera protegiendo. Se sonrojó, pues jamás había sido cargada de esa manera por nadie desde que tenía cuatro años, y las únicas que lo hacían eran las criadas de su padre... nunca un chico. Su agarre era fuerte pero irónicamente suave a la vez, sus brazos eran cálidos, ella se sentía segura... "¡¿Pero qué demonios piensas imbécil?! ¡Concéntrate, concéntrate!" se gritaba mentalmente una y otra vez en cuanto se dio cuenta de las estupideces que pensaba.

Inconscientemente dio un respingo que alarmó a Ichigo y le hizo bajar su vista unos segundos hacia la pelinegra que tenía entre sus brazos. Vio que lo observaba con los ojos sumamente abiertos, inmóvil aun pero manteniendo su vista fija en él.

- Rukia... – susurró él para que solo ella pudiera escucharlo, su voz sonó preocupada y a la vez desesperada, lo que hizo a Rukia volver a concentrarse en lo que intuía desde el principio.

- ¿Pasó algo? ¿Dónde está Noz...?

- ¡Vamos, habla! ¿O es que quieres morir en el silencio? – escuchó de fondo la voz de un hombre. Sin pensárselo dos veces giró bruscamente la vista hacia donde se encontraba el sujeto. Vio la sombra de Nozomi en el suelo, y la de aquel hombre apuntándola en la cabeza con algo.

- No...zomi. – Susurró entendiendo todo. Ichigo cerró los ojos con fuerza en cuanto Rukia volvió la vista hacia él y solo ahí cayó en la cruel realidad, iban a matarla. – No... ¡No! – Rukia comenzó a removerse entre los brazos de Ichigo tratando de zafarse de su agarre para correr e interponerse entre Nozomi y ese hombre pero él era más fuerte y no la soltaba. – Suéltame... por favor... – susurraba ella para que nadie más la oyera.

- No... no puedes, si vas ahora las matarán a ambas... – Decía él aun con los ojos cerrados, reprimiendo las ganas de llorar que tenía.

- No me interesa... prefiero morir con ella... – Decía en voz baja derramando una que otra lágrima.

- Entonces todo su sacrificio habrá sido en vano. – con eso logró que Rukia se calmara un poco, tenía razón después de todo.

- No he... tenido una grandiosa vida. – se escuchó que decía Nozomi, ahora mirando el suelo con los puños apretados. – Pero... he tenido un buen amigo – dijo sonriendo y dando a entender a Ichigo que hablaba de él. – y hace poco... conocí a una persona por la cual puedo estar ahora en paz. – Rukia cerró los ojos con fuerza y lloraba en silencio sobre el pecho de Ichigo mientras él apoyaba su mentón sobre la cabeza de ella. – En cuanto a ti Aizen... eres un cobarde, haces desaparecer a quien te conviene con tal de huir lo más que puedas de tus problemas. No te odio, me das pena – le dijo mirándolo directamente a los ojos y logrando que en éste surgiera una sensación inexplicable. –, me das tanta pena como mi padre, a quien tampoco odio... – Para entonces ella comenzó a llorar. – No me arrepiento de nada, y no quiero que nadie, NADIE, sienta pena o culpa por mí – dijo refiriéndose a las tres personas que se encontraban a unos metros de ella. – Yo elegí esta vida, y ahora pago las consecuencias sin remordimientos. – Tras unos segundos tortuosos de silencio, Aizen apretó el gatillo y un ruido sordo dejó a Rukia peor de lo que estaba. – Adiós y... gracias. – pronunció Nozomi al caer de espaldas al frío césped y cerrar por última vez sus ojos.

- Aprende, Ichigo. Cosas como esta, no son nuevas para mí, y si es por el bien del clan, entonces haré lo que sea. – dicho eso, Aizen comenzó a caminar a paso rápido para alejarse del lugar, era suficiente ya por ese día. Mañana pensaría en los dos miembros de Las Noches.

- Lo siento Nozomi... Lo siento... – Sollozaba Rukia aferrada a la remera de Ichigo. Él la abrazaba con fuerza para consolarla pero sabía que era inútil, Rukia no dejaba de llorar. – Lo siento, esto es mi culpa... yo debía ser quien muriera en tu lugar Nozomi... tú eres inocente, tú no tienes la culpa de nada... lo siento... – Lloraba con tanta fuerza que Ichigo temió que le hiciera mal.

- Ya está, ya... pasó Rukia... No llores. No llores... por favor... – Ichigo lo dijo con la voz entrecortada y Rukia entonces paró de llorar, solo para ver como silenciosas lágrimas comenzaban a rodar por las mejillas del chico que mantenía sus ojos cerrados con fuerza.

- Ichigo...

- Por favor... no llores... – repitió él, pero ella intuyó que lo decía más para sí mismo. Retiró su mano del pecho de él y la pasó por su mejilla izquierda, entonces fue que Ichigo cayó arrodillado al césped aun con Rukia en brazos, y lloró abiertamente la muerte de una buena amiga.

Fue el turno de Rukia tratar ahora de consolar al chico que la mantenía aferrada a su pecho y no la soltaba por nada del mundo. Sin embargo no sabía qué hacer, era la primera vez que se veía en una situación así y eso la desesperaba, pensó en las veces que ella se encontraba así de derrumbada, pensó en aquella vez que lloró por su muñeca rota a los nueve años, Toshiro le dio helado para calmarla, pero ahí no había helado; pensó en la vez que Byakuya la regañó por haber hablado con el grupo de empresarios que tan amables habían sido con ella a sus once años, Toshiro la llevó al cine a ver una película para distraerla "Demonios ¿es que no hay nada que haya hecho tan simple como para hacerlo ahora también?" Rukia maldijo el haber tenido siempre el dinero a su alcance. De repente un recuerdo fugaz agolpó su mente, y ella recordó la vez que había peleado con Ashido y le había dicho que no lo quería volver a ver, tenía catorce años y el corazón dolido, Toshiro la llevó a los jardines de la mansión y allí se sentaron en silencio, él hizo que recostara su cabeza en sus piernas y le acariciaba el pelo, mientras le cantaba una canción.

Rukia se removió entre sus brazos y logró zafarse de su agarre para ver como él apoyaba sus dos manos en el césped y bajaba la cabeza aun llorando. Miró a Uryuu que solo cerró los ojos y suspiró.

- Llevaré a Nozomi a un lugar más digno para enterrarla... luego les avisaré. – sin decir más, caminó hasta el cuerpo inerte de Nozomi y la cargó delicadamente entre sus brazos para retirarse del lugar y dejar solos a los otros dos. Ninguno le prestó atención, pero Uryuu también lloraba en silencio la muerte de aquella chica.

Rukia no perdió más tiempo y se sentó a un lado de Ichigo, hizo que lentamente éste fuera recostándose en el césped y apoyó su cabeza entre sus piernas. Ichigo se calmó, ya no lloraba pero tampoco decía nada, estaba recostado mirando el cielo nublado con sus insistentes relámpagos pero ninguna gota de lluvia. Rukia comenzó a acariciarle el pelo y sin decirle nada comenzó a tararear una suave melodía, al principio con voz ronca pero después de manera dulce y casi maternal.

- En mi corazón, tú vivirás... desde hoy será y para siempre amor... – Rukia no recordaba una mejor canción que esa, amaba escuchar en su Mp3 esa canción, pues la hacía recodar a su madre, esa madre que nunca había visto pero que aun así sentía que conocía. – En mi corazón, no importa que dirán... dentro de mi estarás... – vaciló antes de seguir, recordando a Nozomi sentía inmensas ganas de llorar pero se contendría por Ichigo, no sabía por qué pero quería ser ahora un soporte para él. Si a ella le dolía la muerte de la chica no quería ni imaginar cuánto lo sentía él que más la conocía. – Siem...pre...

- Gracias... – Susurró Ichigo. Rukia se sorprendió y lo miró confundida. Se encontró con que él la miraba directamente a los ojos.

- ¿Por qué? – preguntó aún confundida.

- Porque es la primera vez que siento el apoyo de alguien, que no... estoy solo. – Rukia lo miró con una sonrisa tierna en su rostro. – Nozomi, era una gran amiga y sé que no nos guardará rencor ni a ti ni a mí...

- Pero yo lo tendré conmigo misma.

- No lo hagas, de lo contrario la muerte de ella no habrá sido justa y no descansaría en paz. – Ichigo la miró suplicante y Rukia no pudo más que suspirar derrotada.

- Trataré de no culparme... tanto. Lo prometo. – le sonrió y él le correspondió. – pero a quien jamás perdonaré es a mi padre. – Dijo eso con tanto rencor que a Ichigo le pesó en el corazón "Perdonar... Si hubieras sufrido mi suerte sabrías lo malo de cargar con esa cruz..." pensó mirando el cielo y recordando a su familia. Cada vez la recordaba menos, y eso no lo dejaba dormir a veces, "Pero a ti no te olvidaré nunca Nozomi...".

- Trata de hacerlo, o jamás te perdonarás a ti misma luego. – Rukia lo miró nuevamente confundida pero él ya no la miraba, miraba el cielo que ahora si comenzaba a llover con gotas gruesas.

Ambos se quedaron ahí un rato más, mojándose con la lluvia y pensando en cómo seguiría esto sin Nozomi, en cómo acabaría todo al final.

- Hay que irnos o te enfermarás, enana. – Dijo Ichigo levantándose del suelo.

- Tsk, veo que ya estás mejor como para llamarme así. – Rukia se levantó del suelo y comenzó a sacudirse pero de repente se vio en vuelta por unos cálidos brazos en un fuerte abrazo que la sorprendió hasta hacerla sonrojar.

- ¿Q-qué haces?

- Trato de asfixiarte ¿No es obvio?

- Lo estás logrando. – dijo ella tratando de alejárselo.

- Vámonos. – sugirió Ichigo.

- No es que vaya porque te hago caso idiota, solo que no quiero empaparme aún más aquí. – Le respondió ella cruzada de brazos y desviando la mirada, lo que hizo que él sonriera más animado.

- Gracias – Susurró casi inaudible delante de ella, esperando que al final no lo hubiera escuchado.

- De nada. – Susurró aún más bajo ella, sí lo había escuchado pero entendió que no era lo que en verdad quería así que lo dejó pasar.

ooOoo

Uryuu iba caminando a paso rápido pero cauteloso entre la oscuridad del bosque, al llegar donde estaba su coche aparcado subió a Nozomi y le tomó nuevamente el pulso.

- Debo apurarme. – se dijo a sí mismo, corriendo hacia el lado del conductor. – No dejaré que mueras, lo prometo. – repitió una vez que se encontraban a varios metros de distancia de aquel lugar.

Llegó al hospital de su padre, y bajó apresuradamente con Nozomi en brazos.

- Alguien que me ayude por favor. – habló en voz alta y autoritaria logrando que varios médicos y enfermeros se acercaran a ayudar. – Llévenla a emergencias. – ordenó, a lo que todos los presentes obedecieron.

- ¿Qué ocurre Uryuu? ¿Quién es ella? – preguntó una voz a sus espaldas.

- Ryuken ¿Puedes encargarte de ella por favor? Fue un disparo directo al corazón, pero milagrosamente no ha llegado a penetrar, por lo que aún tiene pulso...

- No le queda mucho de vida, deberías saberlo. - Ryuken se dio la vuelta y comenzó a caminar por donde había llegado.

- ¡Pero tú puedes ayudarla! ¡Por favor, es necesario que lo hagas!

- ¿Y por qué razón habría de hacerlo? – Ryuken se detuvo y lo miró de reojo.

- Porque sé de tus negocios con Aizen Sosuke y al mismo tiempo con Baraggan Louisenbairn. – le dijo serio él. Su padre lo miró sorprendido al principio pero luego adoptó su misma expresión inexpresiva de siempre.

- Bien, lo haré.

- Una cosa más, nadie debe saber sobre ella, mucho menos Sosuke.

- ¿Crees que no me he dado cuenta ya de eso? Vete, veré qué es lo que puedo hacer por ella, pero no te prometo nada.

- Gracias...

- Solo vete. – volvió a repetir, con una voz más fuerte y autoritaria, casi enfadada.

ooOoo

- ¿Estarás bien? – preguntó con cierto tono de preocupación.

- No creo que Aizen venga a buscarme ahora que cree que Rukia está muerta. – respondió tristemente pero con un dejo de alivio.

- Sí, tienes razón. Vendré a verte mañana por la mañana, antes de que comiences a trabajar, para hablar sobre tu nueva identidad y todo eso.

- Sí, seguro ¿Crees que pasaré desapercibida?

- Lo harás para la gran mayoría de los trabajadores pero tal vez deba hablar con quienes ya han tenido contacto directo contigo.

- Tienes razón.

- Hinamori los controlará de todas maneras, así que no debes preocuparte por nada.

- ¿Tendré que trabajar como los demás? – preguntó algo desanimada, nunca había trabajado en su vida y hacerlo como una contrabandista no era para menos.

- Es la idea. También deberás entrenar con las mujeres, Matsumoto o Inoue ya te lo explicarán luego. – Se la quedó viendo a los ojos unos segundos. – Adiós. – terminó por decirle.

- Claro, adiós. – respondió ella al saludo y luego entró a su habitación sigilosamente para no despertar a Orihime.

- ¡Rukia! ¿Estás bien? No te ha pasado nad... Oh Dios mío, ¡Oh Dios mío! Rukia tu cara... ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué...?

- Orihime solo quiero dormir ¿bien? No estoy de ánimos para hablar ahora. – dijo dirigiéndose hacia su cama. Al recostarse le dolió hasta el alma pero trató de disimularlo para no tener que explicárselo a Orihime. Se durmió casi al instante.

Orihime la miraba perpleja ¿Qué es lo que había ocurrido con ella? Estaba toda golpeada y moreteada en la cara y sus brazos tenían cortadas por todos lados. Se acercó a ella y sin querer rozó su mano con su ropa cuando quiso taparla.

- Estás... toda mojada. – susurró volviendo a tocarla por todos lados.

Sin duda estaba desmayada, pues era imposible que ni siquiera se hubiera movido en todo el tiempo que ella le limpió las heridas y le cambió la ropa. No se preocupaba, en realidad varias veces había estado con personas en ese estado, como con Matsumoto y Hinamori, solo era cuestión de dejarla descansar un tiempo. Le aplicó una pomada en el rostro para curarla de las heridas y luego se fue a dormir, ella también estaba muy cansada por todos los nervios que había sufrido en el día.

- No sabes cuánto te admiro Rukia, eres la adolescente más valiente y fuerte que he conocido en toda mi vida. Si tan solo yo hubiera sido como tú en esos días... – Orihime se sumergió en sus recuerdos unos segundos pero tan pronto lo hizo sacudió su cabeza y sonrió con anhelo. – pero todo pasa por algo ¿No es así? espero poder saber pronto por qué tuvo que pasar esto. – se giró para ver a la pelinegra que dormía en la cama contigua y la observó por un rato. – No dejaré que nada malo te suceda cariño, lo prometo. – dicho eso último cerró los ojos y se sumergió en un profundo sueño.

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IchiRuki se ha dicho señoras y señores... *W* Espero que les haya gustado. Comenten lo que les pareció y lo que no...

Nos leemos pronto! Bye! O.-/

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Zona Spoiler-Manga:

Yachiru Mostró su shikai! Guuuaaauuuu! Es un shikai digno de la pequeña :'3 Menos mal que apareció Kempachi porque cuando ese maldito le rompió los brazos me agarró un no sé que...