Ella soñaba con el día de su décimo cumpleaños, aquel día en el que su abuelo Sojun, enfermo del corazón y con los días contados, le había organizado una pequeña fiesta con todas sus compañeritas del instituto. Fue algo sorpresa y a ella le había fascinado, había grandes y delicados regalos, atracciones divertidas en las que varias niñas ya se entretenían, ricos y sofisticados platillos de comida dulce y salada que no perdían su encanto colorido e infantil. Todo era perfecto, hasta ese enorme peluche de Chappy con un piyama a rayas morado que sostenía un corazón que decía "Feliz Cumpleaños Rukia", con ese regalo estaba tan rebosante de alegría que saltaba de un lado a otro sin importar las innumerables veces que se cayera y raspara las rodillas y los codos.
- Abuelo ¿Dónde está mi padre? – preguntaba con una sonrisa inocente y sus ojos llenos de esperanza. Desde que ella recordaba, su padre jamás pasaba los días en casa para la época de su cumpleaños, entendía que debía trabajar muy duro para mantener a la gran empresa de la familia, al menos eso era lo que los demás le decían, pero no podía evitar ponerse triste al sentirse sola pese a la gente que siempre la rodeaba en la mansión.
- Él… no ha podido venir hoy, ya sabes… es un padre muy ocupado y dedicado a su trabajo. – le respondió su abuelo con el corazón roto y maldiciendo a su hijo internamente al ver la desilusión que le causó a su nieta. – Sin embargo, sabes lo mucho que él te quiere, y me ha pedido que te desee un muy feliz cumpleaños.
- ¡¿Eh?! ¿Le has hablado por teléfono? ¿Y por qué no me has pasado con él? Yo quería hablarle… - A Rukia comenzaban a asomársele las lágrimas por los ojos, la voz se le había quebrado y eso le causó mayor dolor a su abuelo. – Yo quería decirle… que no importa si él no puede estar aquí conmigo hoy… que yo lo quiero y que no me pongo mal por cosas tontas, - comenzó a llorar mientras jugaba con sus manos nerviosamente. – sé que tiene mucho trabajo y que por eso no tiene tiempo de llamarme y aunque a veces me sienta sola siempre me pongo feliz al saber que tengo un padre tan bueno y trabajador como él… - Sojun No podía dejar de ver a su nieta con asombro y compasión, era increíble lo mucho que Rukia adoraba a su padre, y sin embargo ese ingrato se atrevía a abandonarla siempre que tenía la oportunidad. – ¡Por eso me hubieras dejado hablar con él! – le dijo levantando la vista y clavando sus hermosos ojos violetas en los de su abuelo. - ¡Quería decirle que no tiene por qué preocuparse por mí! ¡Que quiero ser una buena hija y siempre voy a esperarlo en casa obediente y feliz! – Ya no podía verla así de frágil, Rukia era tan solo una niña de diez años y se estaba obligando a creer en un cuento de hadas para no sufrir la falta de sus dos padres, sabía en el fondo de su corazón que Byakuya no la quería y aun así se obligaba a pensar en cosas positivas para justificar sus errores como padre y ser humano. Era solo una pequeña de diez años, queriendo vivir feliz como las demás niñas de su edad… y para eso reprimía sus verdaderos pensamientos y sentimientos en un intento de creer que todo estaba bien, que el comportamiento de su padre era normal y que no la odiaba. Sojun la abrazó, la abrazó tan fuerte que Rukia se sintió contenida y se permitió llorar por la profunda tristeza que sentía al no tener una familia de verdad, que la quisiera y que compartiera momentos especiales con ella.
- Él… te quiere. – Se obligó a decirle a su nieta para calmar ese dolor, pero… ¿Cuál de los dos? ¿Quería calmar el dolor que sentía su nieta por no tener a su padre cerca, o quería calmar ese dolor que sentía él por no poder entender a Byakuya en ese absurdo afán de despreciar infinitamente a su propia hija?
- Sé que me quiere… - sollozaba Rukia aferrada al pecho de su abuelo. – pero… ¿Por qué… no me habla? ¿Por qué siempre está enojado conmigo? A veces… me pregunto qué hice mal para que siempre estuviera tan enfadado conmigo. Quiero cambiar, ser una hija buena y obediente para que él no se avergüence más y se sienta orgulloso de mí, pero… no sé qué hacer…
- Tú no necesitas cambiar Rukia. – le dijo separándola de su abrazo y mirándola fijo a los ojos. – Tú eres perfecta justo como eres cariño, él… es solo que… él no entiende cómo ser padre aun y se siente… enojado consigo mismo, por eso se aleja de ti, no quiere lastimarte y por eso se siente asustado…
- ¿Asustado? – Rukia preguntó confundida pero con un pequeño atisbo de esperanza en sus ojos, ahora lo entendía mejor, solo debía hacerle saber que él era un padre genial. – ¡Tienes razón abuelo! – Sojun no supo qué responder. – Solo debo hacerle entender que no tiene de qué preocuparse, él es un padre perfecto justo como lo es y no necesita cambiar nada. ¡Muchas gracias abuelito! – le dijo abrazándolo efusivamente. - ¡Te quiero mucho! – y se alejó corriendo a jugar con otras niñas en el enorme trampolín. Sojun se mordió la lengua comprendiendo que le dio más falsas esperanzas a su pobre nieta para que creyera que su padre era un súper héroe cuando en realidad era un mal ejemplo de ser humano.
- Lo que sea por verla feliz. – se justificó viendo la cara sonriente y llena de felicidad que tenía su pequeña nieta.
Byakuya llegó a la mansión en su elegante auto negro y esperó pacientemente a que uno de los criados le abriera la puerta para bajar. Tomó su maletín y subió las escaleras con el rostro inexpresivo de siempre, sin embargo al llegar a la puerta notó que colgaba del picaporte un hilo rosa con dos globos al final, le pareció sospechoso pero aún más lo fue el hecho de que nadie le hubiera abierto la puerta como reglamentariamente deberían hacerlo.
- ¿Es que nadie sabía que llegaba hoy? – le preguntó al chofer del auto que amablemente se había acercado al notar tal fallo del personal.
- Tal vez… ellos estén ocupados alistando el interior de la casa para su regreso… y no han escuchado el motor del auto. – respondió temeroso el chico, abriéndole la puerta y reverenciándolo respetuosamente.
Byakuya no podía creer lo que sus ojos veían, su sofisticado y refinado hogar se había convertido en una circo de cambalaches con todos aquellos colores y globos, serpentinas, imágenes de conejos infantiles, etc., etc.
- ¿Pero qué…? – se contuvo de decir la última parte de la frase al escuchar cómo una de las mucamas dejaba caer una bandeja llena de trozos de pastel en cuanto lo vio parado en la puerta de entrada.
- Señor… Kuchiki ¿Q-qué hace usted aquí?
- ¿Qué? – preguntó molesto ¿Ahora debía darle explicaciones al personal de la mansión?
- L-lo siento, quise decir ¿No se supone que debería haber llegado sino hasta la próxima semana?
- ¿Y se supone que debo informarle de todos mis movimientos? Te has vuelto muy atrevida últimamente, Rin.
- L-lo siento Señor, no fue mi intención. – le respondió inmediatamente la criada reverenciándole.
- ¿Qué está pasando aquí exactamente? – preguntó aun molesto por tanto escándalo. Justo en ese momento un pequeño grupo de niñas pasó corriendo por el salón y una derramó un poco de jugo en el costoso tapete de piel de oso polar que se encontraba justo debajo del piano, ahora lleno de migajas en el teclado. Byakuya tenía el rostro más inexpresivo que Rin pudiera conocer pero sabía a la perfección que si a ese tapete importado desde América no se le quitaba la mancha de jugo en ese preciso instante, ahí iban a rodar cabezas… - ¿Dónde está Rukia? – la mucama rezó porque no le hiciera daño a la pequeña.
- ¡PAPI, VINISTE! – Rukia iba por detrás de esas niñas que correteaban por toda la casa cuando vio a su padre parado en la puerta de entrada, la felicidad que sentía no cabía en su pequeño corazón y comenzó a llorar sin darse cuenta de ello. La mucama quiso retenerla al ver la cara de pocos amigos que puso su Señor al percatarse de su presencia pero ella fue más rápida y corrió a abrazarlo. - ¡Sabía que sí vendrías! El abuelo dijo que estabas muy ocupado pero yo sabía que esta vez podrías lograrlo ¡Y que esta vez sí vendrías a mi cumpleaños! – Byakuya abrió los ojos sorprendido ¿Su cumpleaños? Lo había olvidado, ese era el décimo aniversario de la muerte de Hisana y él se había atrevido a olvidarlo; de repente sintió como se aferraban a su pierna izquierda y se escuchó un leve sollozo, miró hacia abajo y se encontró con la figura de su pequeña hija abrazada con todas sus fuerzas a él.
- ¿Por qué lloras? – le preguntó molesto por su actitud.
- Porque estoy muy feliz, papi. Sabía que tenías mucho trabajo y que no podías estar en casa hoy, pero en el fondo de mi corazón yo deseaba que tú pudieras venir, aun si el abuelo no hacía una fiesta de cumpleaños para mí yo quería que al menos tú estuvieras conmigo. – Rukia lo miraba con los ojos llorosos, sin embargo no surtía ningún efecto en el congelado corazón de su padre.
- Deja de llorar por algo tan trivial como eso. Eres una Kuchiki y debes comportarte como tal, no puedo estar lidiando con tus caprichos ni cumpliendo deseos de pequeña niña consentida. – Rukia al escuchar las duras palabras de su padre comprendió que se sentía molesto con ella como de costumbre, así que se secó las lágrimas con las mangas de su suéter y se quedó mirando el piso avergonzada. – Además no he venido para quedarme…
- ¿Qué? – preguntó en un susurro y profundamente desilusionada.
- …He venido a buscar una de las carpetas que he olvidado y ya me voy de regreso, vendré tal vez dentro de dos días más.
- Ya veo… - Rukia necesitaba soltar el llanto que se estaba guardando en su interior y sentía que no aguantaría más frente a su padre. – Te esperaré entonces. – Le dijo con la voz entrecortada por el nudo en su garganta y sin mirarlo. Hizo una reverencia torpe y salió corriendo rumbo a su habitación, decidida a no salir por el resto del día.
- ¿Señorita Rukia? – Toshiro se asomó tímido desde la puerta y la vio envuelta entre todas las sábanas de la cama, las almohadas estaban esparcidas por todo el suelo y la habitación más oscura de lo que estaría de noche. – Señorita Rukia, por favor no se aflija, sabe usted lo mucho que su padre hace por la empresa de la familia, él… vino a ver como estaba pero no tenía mucho tiempo así que…
- ¡No lo digas! ¡No lo defiendas Toshiro! – Rukia salió de su escondite y lo vio con las mejillas sonrojadas de tanto llorar. – Él no me quiere, cuando le dije todas esas cosas él ni siquiera se detuvo a pensarlo, me retó por ser tan infantil, ni siquiera me dijo feliz cumpleaños, yo… yo… no sé qué más hacer… quiero agradarle pero a veces siento que mi padre me odiará siempre… - Rukia lloraba desconsolada en el hombro de su mayordomo. Toshiro no sabía qué más hacer para animarla, simplemente la abrazó y la dejó estar un rato, hasta que ella se durmió…
Ooo
Despertó toda sudada en medio de la noche, su corazón latía tan fuertemente que dolía y casi no la dejaba respirar. Se llevó una mano al pecho como si intentara en vano de acallar esa extraña sensación de miedo que le recorría de pies a cabeza y le hacía sentir un profundo frío hasta obligarla a tiritar. Respiró profundo y contó hasta diez mentalmente, todo aquello era absurdo ¿Por qué ella, Rukia Kuchiki, sentiría miedo y de algo tan abstracto como aquello? Había sido solo un sueño, un maldito recuerdo de su infancia. Se removió en su cama para acomodarse mejor pero analizando mejor la situación se percató de que estaba toda mojada y debía cambiarse para no enfermar, "Genial… qué demonios planeo usar si no tengo ropa" pensó con ironía y se levantó para caminar un poco, al menos así dejaría secar un poco lo que llevaba encima.
Se dio cuenta que se encontraba nuevamente en la habitación que compartía con Inoue pero a ella no la veía en la habitación. Se preguntó qué hora sería al darse cuenta que allí no había relojes, y a juzgar por el oscuro cielo salpicado de estrellas concluyó que sería de madrugada. Ya que nadie había cuidándola decidió ir a caminar un poco por los alrededores, quería distraerse del sueño que había tenido recientemente.
Llegó hasta un pasillo tan oscuro como los demás con la diferencia de que ahí escuchaba murmullos provenientes de alguna de las puertas, vio por debajo de una de ellas que se mantenía la luz prendida, se acercó curiosa por saber quiénes estaban ahí y qué hacían a altas horas de la noche, y cuando pegó la oreja a la puerta pudo escuchar una voz muy conocida para ella.
ooOoo
- ¿Nos pides que la encubramos frente a tu tío? – Preguntó Renji asombrándose de tan rara decisión. Ichigo solo asintió seriamente y él comprendió que no estaba jugando. – Es muy arriesgado pero… - suspiró. – Está bien – dijo cerrando los ojos y cruzándose de brazos. – lo haré por ella.
Ichigo frunció el ceño ¿Por qué le importaba tanto esa niña? "Ni siquiera se tomó unos minutos para considerar realmente los riesgos" pensó con un atisbo de molestia en su interior, pero tan pronto se percató de eso se relajó y le restó importancia al asunto, la verdad no le interesaba en lo más mínimo las intenciones de Renji con la enana.
- No veo razón alguna por la cual debamos ayudar a esa chiquilla. – dijo Madarame indiferente. – Es solo un estorbo entre nosotros, además piensen ¿Qué ocurriría si Aizen nos descubre? ¿Acaso supones que saldríamos ilesos de él? ¿Vivos quizás? – preguntó con ironía. – No pienso exponer mi vida por algo tan absurdo como eso. – finalizó con una sonrisa arrogante y una mirada retadora en su rostro. Uryu lo miró con cara de pocos amigos ¿Es que se creía con derecho el de elegir? Iba a soltarle una serie de improperios para luego hacerle entender por las malas cuál era su situación frente a él y su amigo, sin embargo Ichigo se le adelantó.
- Yo me encargo. – le susurró para que solo él oyera. Uryu encontró su expresión serena, aunque tan bien lo conocía que se daba cuenta de lo molesto que ese comentario lo había puesto. – Ikkaku, nos conocemos hace tiempo ¿verdad? – el aludido solo levantó la ceja confundido. Ichigo solo lo miraba inexpresivo, algo inquietante para todos los que allí estaban presentes. – Uryu encárgate de ultimar detalles – le habló a su amigo sin dejar de mirar intensamente al otro. – Yo debo hablar con Ikkaku de algo importante.
El ambiente se tornó denso y turbio, nadie jamás había sentido tanta determinación y seriedad en Ichigo, sí enojo, pues era algo normal en él quien siempre estaba malhumorado, pero nunca así. Fue entonces cuando muchos se imaginaron a Aizen frente a ellos en vez de a su sobrino, y pensaron nerviosos qué ocurriría si hicieran enojar verdaderamente a Ichigo alguna vez. Sin duda alguna él se había ganado un buen porcentaje de respeto por parte de todos los presentes, o tal vez no todos…
Ikkaku tardó en reaccionar, pues tanta osadía en ese idiota lo había alarmado, aunque jamás lo admitiría. Lo siguió hasta la habitación contigua, era la misma donde ya varias veces había entrado junto a Aizen para torturar a diversas víctimas.
- ¿Por qué estamos aquí? – preguntó inconscientemente nervioso y aun así disimulándolo con su notable sarcasmo. - ¿Crees que torturándome a golpes conseguirás que tome en serio ese estúpido plan tuyo?
- Cállate. – le respondió él de la manera más frívola que Madarame oyó jamás. - ¿Recuerdas cómo nos conocimos? – Ikkaku abrió los ojos sorprendido, no era posible que aún lo recordara, no era posible que aun después de cinco años ese imbécil todavía recordara lo malditamente repugnante que era su vida antes de entrar al Clan Bleach.
- Tsk, ahora planeas refregarme el pasado en la cara para conseguir mi apoyo…
- Yo tenía trece años entonces… te vi desesperado mientras corrías hacia un callejón sin salida, unos tipos te seguían y tú te escondiste detrás de un basurero pero ellos…
- No me habrían encontrado de no ser por tu maldita lengua. – declaró recordando que el muy estúpido le había dicho a aquellos maleantes dónde estaba "su travieso amigo".
- Cierto, pero… aun así yo te ayudé. Al ver como comenzaron a pegarte entre los tres y tú ni siquiera podías defenderte no lo dudé y corrí ayudarte con Uryu. Recuerdo que esa noche ambos llegamos a casa con varias cortadas en los brazos y en la cara, tú desapareciste y no volvimos a verte hasta dos semanas después. – Ikkaku cerró los puños y los mantenía tan apretados que sus nudillos se pusieron blancos. Contenía sus ganas de gritar, de salir corriendo de allí. – Tú te encontrabas peleando con dos tipos más para robarles su dinero, creímos que estabas en problemas y nuevamente fuimos a ayudarte, cuando por fin los derrotamos tú nos miraste con asco y te fuiste…
- Pero me siguieron.
- Y suerte que lo habíamos hecho. Tu padre casi te mata a golpes esa tarde cuando no le llevaste el dinero que debías robar y si Uryu no hubiera intervenido posiblemente ese tipo te habría dado un golpe de muerte en la nuca. – Ichigo no se atrevía a mirarlo a la cara, imaginaba que si para él era duro recordarlo para Ikkaku sería aún peor revivirlo. – Te alojaste en mi casa por tres días y tres noches, mi tío te ayudó a salir de ese infierno… y yo te ayudé a comenzar de nuevo…
- ¿Tú? Fue Aizen quien me metió en el clan ¡No tú!
- ¿Crees que lo habría hecho si yo no se lo hubiera pedido? Mi tío no confiaba en ti, en esos tres días que estuviste en la mansión él no te quitó los ojos de encima, sin que tú lo supieras dos guardias te vigilaban todo el tiempo. Se negó a aceptarte en el clan y aun así hicimos hasta lo imposible con Uryu para evitar que tú volvieras a caer en el pozo de tu padre. Aunque no lo quieras aceptar hemos sido nosotros quienes te han ayudado a salir de tu infierno ¡Nosotros impedimos esa noche que murieras por esos maleantes! ¡Nosotros impedimos esa tarde que tu propio padre te matara!
- ¡Y QUÉ DEMONIOS SE SUPONE QUE DEBO HACER AHORA! ¡¿AGRADECERTE?! – Ambos estaban más que alterados y sus gritos podían escucharse hasta la otra habitación donde Ishida y los demás escuchaban incómodos la discusión. - ¡¿Quieres que me arrodille frente a ti y te bese los pies agradecido?!
- ¡Solo quiero que me ayudes a mi esta vez! – le gritó tomándolo por el cuello de la playera y estampándolo contra la pared. - ¡POR UNA SOLA VEZ EN TU VIDA FIJATE EN ALGO MÁS QUE NO SEA TU PROPIO BENEFICIO, MALDICIÓN! – Su respiración era agitada y su rostro enrojecido de la ira, soltó a Madarame con brusquedad y éste no pudo más que caer sentado en el suelo. Sorprendido y hasta algo avergonzado, miró hacia abajo y se obligó a reflexionar sobre lo que Ichigo le dijo, aunque le costara asimilarlo… él tenía razón.
- Como que me dé una razón para quitarle la vida con mis propias manos, juro que no le tendré compasión alguna. – dijo con la voz ronca mientras se levantaba del piso. – Y si llegara a estorbarme en cualquier cosa… olvidaré que es una niña y le daré su merecido. – salió de la habitación y se fue dando un portazo tras de sí.
Ichigo respiró profundo y se tranquilizó, cerró los ojos y sonrió inconscientemente. Sin quererlo, oyó un sollozo ahí mismo, dentro de la habitación, recorrió con la vista todo el cuarto; había cajas, envoltorios plásticos esparcidos por todo el suelo, cuatro o cinco mesas apiladas contra la pared, una silla en el medio con sogas colgando del respaldo y dos de sus patas y un estante roído con cinco cajones cerca de la puerta. Creyó que había sido simplemente su imaginación pero algo le decía que realmente había alguien más allí.
- ¿Quién está ahí? – preguntó autoritario y con el ceño fruncido. Nadie respondió. – Pregunté ¿Quién está ahí? Sal ahora mismo si no quieres que te saque a golpes. – Instantáneamente Rukia salió de su escondite y lo miró llena de miedo, temblando imperceptiblemente sus brazos. - ¡Rukia! – exclamó con total asombro al verla ahí parada y con la cara roja. Los ojos se le estaban curando con la medicina a modo de crema que Orihime le aplicaba todas las noches antes de dormir y en la mañana cuando despertaba, y ya casi no quedaban rastros de las cortadas en su rostro. - ¿Ya has… despertado?
- ¿Qué quieres decir? – preguntó cohibida y tratando de no mirarlo a los ojos.
- ¿Cómo te sientes? – preguntó él preocupado acercándose para ayudarla a sentarse en la silla.
- Bien, creo. Siento… siento mucho haber escuchado la conversación que tenías con ese chico, es que… simplemente… yo… - a Rukia se le entrecortó la voz e Ichigo no quería verla mal, no otra vez.
- N-no importa. Eso… lo que escuchaste… no tiene importancia, solo no lo digas…
- No quiero que nadie arriesgue su vida por mí. No quiero que nadie más muera por mi culpa. Escuchándolo a él me di cuenta que Aizen no es un hombre con el que se pueda jugar, él mató a Nozomi y no hay duda que mataría a quien se atreviera a desobedecer sus órdenes, por eso… yo prefiero terminar de una vez por todas con esto. Mientras Aizen pueda vengarse de mi padre no importa lo que ocurra conmigo, y prefiero morir antes de tener que seguir presenciando más muertes causadas por mi culpa. – Ichigo la escuchaba atento a sus palabras, cuando ella mencionó la venganza contra su padre se le puso la piel de gallina y suspiró molesto ¿No le importaba morir si de alguna manera se vengaba de su padre? No lo podía aceptar, y por eso con mayor razón necesitaba ayudar a esa enana.
- No me importa lo que creas que es mejor o no. – le respondió igual de molesto que con Madarame. – Independientemente de lo que pienses o no, harás lo que yo diga al igual que el resto del clan. – Rukia lo miraba suplicante y a punto de llorar otra vez. – No dejaré que mueras, es una promesa que te hago a ti y que me hago a mí. – Se arrodilló frente a ella y la tomó por los hombros mirándola con determinación. – Hoy, aquí y ahora, te prometo que no dejaré que mueras en manos de mi tío o de algún otro. Me prometo protegerte pase lo que pase y alejarte tan pronto pueda de este infierno.
"¿Por qué? ¿Por qué lo haces? No me conoces y aun así insistes en ayudarme cuando no te lo pido ¿Cuáles son tus motivos conmigo?" pensaba Rukia en su interior, sin embargo no pudo decir en voz alta ninguna de sus dudas ya que no tuvo las fuerzas suficientes, en lugar de ello solo atinó a llorar, llorar herida por todo ese pasado que ahora le echaba a perder su presente y que ponía en peligro su futuro. Ichigo la abrazó y la mantuvo así un largo rato hasta sentir que se dormía en sus brazos, la tomó con delicadeza cuidando de no despertarla y la llevó nuevamente a la habitación de Inoue, donde ésta ya se encontraba con Toshiro y Hinamori esperándola preocupada.
- ¡Ichigo! ¿Qué pasó? ¿Qué tiene? ¿Cuándo despertó? – preguntó atropelladamente Orihime al verla inconsciente en los brazos de él.
- Tranquila, ella está bien, solo se encuentra dormida, es todo. – le respondió mientras la depositaba suavemente en la cama.
- Estuvo llorando. – afirmó Toshiro al tocar sus mejillas y comprobar que estaban húmedas. Momo se acercó y la vio con ternura, verla así de frágil le provocaba querer cuidarla como si fuera su hermanita menor, por eso todas las noches se quedaba un rato con Inoue y la ayudaba con las medicinas.
- Debes darle tiempo, aun luego de cinco días de haber estado inconsciente debe recordar perfectamente lo que ocurrió con Nozomi, y no será fácil para ella asimilarlo. – le respondió Momo colocándole una mano en el hombro. – Mañana me encargaré de ella con Orihime, creo que es hora de que todos nos retiremos y la dejemos descansar en paz. – Todos los presentes asintieron y fueron retirándose de a poco dejando sola a Inoue en la habitación junto a Rukia.
- Te recuperarás pronto Rukia, ya lo verás. – le dijo dándole un beso en la frente mientras una silenciosa lágrima recorría su mejilla. La arropó bien y luego de colocarle la medicina en los ojos y las cortadas como todas las noches apagó las luces y se acostó ella también.
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Siento no haber actualizado antes, es que la escuela me tiene a full todo el tiempo (no es fácil estar en último año de la secundaria, además todavía debo empezar con el curso para ingreso a la universidad :B)...
Bueno, respecto al cap, espero que haya sido de su agrado. Ya saben, si quieren comentar qué les pareció y/o qué no, no duden en hacerlo! Me gusta saber qué piensan... :3
Prometo esforzarme más en el futuro para no decepcionarlos con el curso de la historia, solo... tengan paciencia conmigo (comencé a utilizar una libretita especial para anotar mis ideas donde sea que me encuentre O/O jeje)
Mmm... creo que eso es todo ¡Ah siii! Spoiler-Zone (quienes hayan leído el manga esta semana, quiero comunicarles que Kia-chan casi se ahoga de la impresión al leer el nombre de la espada de Zaraki O.O y por qué no decirlo... albergaba la esperanza de que Ichi-nii fuera quien detuviera al meteorito TnT)
misel-kuchiki: Creo que esa frase se le ha ocurrido a... mmm... tu pequeña cabecita de filósofa O.- jajaja pero es muy buena! creo que la agregaré a mi carpeta de frases (no miento, es en serio) Muchas gracias por el halago (se sonroja O/O) y también por comentar!
Ana: Jaja Santo Dios! Veo que Bya-kun tiene más fans que Ichi-nii (pobresito jaja), Byakuya es un poco complejo con sus emociones y te confieso que hasta a mí me cuesta comprenderlo veces... Espero que te agrade la continuación!
Loen: One Piece es muy cómico! Lo cierto es que por ahora estoy estancada en el cap, 7 porque la escuela no me deja avanzar (con sus malditos exámenes y todo eso...:P) sin emrgo a mí también me agrado bastante Zoro, aunque quien no me termina de agradar es Nami -.-'
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Nos leemos Pronto! Bye! O.-/
