Byakuya se encontraba hablando con un detective privado muy reconocido en todo Japón. No disimulaba su odio hacia él, después de todo se trataba del amigo y cómplice de la persona que más odiaba en la tierra, aquella que había hecho de su infancia la peor experiencia de su vida… tal vez no para exagerar así, pero sí que la odiaba, y como ese rubio había sido en varias ocasiones cómplice de esa… araña, también merecía su odio.

- Entonces Byakuya, veo que has recapacitado, aunque me sorprende de verdad que inviertas tanto en un rescate que no podría tener sentido, después de todo no sabemos si aún sigue con vida.

- Si tiene sentido o no, eso no te incumbe. En todo caso, solo ocúpate de investigar su paradero y estado. – respondió indiferente.

- Tranquilo, lo haremos. Solo digo que es extraño verte preocupado por esa niña. Hasta hace poco odiabas que te hablara o se te acercara.

- Te lo repetiré nuevamente, Urahara, si tiene sentido o no, eso no te incumbe. – repitió el pelinegro con su mirada casi asesina.

- Está bien, está bien, no me meteré más en tus asuntos…

- Te lo agradezco.

- … pero sé de alguien que no podrá con sus deseos de sí entrometerse.

- ¿Qué? – Preguntó alarmado – ¿Esa mujer también está a cargo? Urahara te he pedido que no la pusieras al tanto de esta situación. ¿Acaso eres tan incompetente para no poder seguir tan básicas instrucciones como esas?

- Ella es mi superior Byakuya ¿acaso quieres que muera por esconderle algo? – la expresión del pelinegro no necesitó palabras para entenderse.

- Eres un imbécil, siempre lo he sabido.

- ¡Yoruichi! ¿Ya has llegado? – Byakuya se tensó ante las palabras del rubio y proyectó su mirada hacia donde la de él se dirigía. – pero si estabas en Inglaterra hasta ayer.

- Lo sé pero en cuanto me contaste lo sucedido entre la pequeña Rukia y cierto cubo de hielo, no pude evitarlo. – Una mujer morena, alta y esbelta apareció por el umbral de su oficina. – Oh ¿Qué tal Byakuya? No había notado en lo absoluto que estabas aquí. – Le dedicó una sonrisa inocente y sorprendida.

- Por el contrario, me sería imposible no notar la presencia de una molestia como tú en mi casa, Yoruichi Shihouin. – Habló el aludido con desdén.

- ¡Ya, Byakuya! Por favor ¿es que todavía sigues con resentimiento? Sabes que éramos tan solo niños cuando peleábamos, te pedí perdón en varias ocasiones y tú me respondiste "sin resentimientos", creí que lo decías de verdad.

- No he dicho que no te haya perdonado, pero eso no significa que todo haya sido olvidado… y realmente eres una molestia.

- ¿Así que es eso entonces? ¿No olvidarás nunca el pasado? – Preguntó la morena comprendiendo por fin a su desdichado primo.

- Si el pasado se olvidara, entonces no podría caminarse hacia un mejor futuro.

- Ahh, eres un idiota. – le espetó Yoruichi caminando desde la puerta hasta donde él se encontraba. – Y con justa razón Rukia no podía entenderte nunca. ¿Sabes una cosa? Has hecho sufrir a esa niña como no te imaginas, - Byakuya desvió la mirada hacia el ventanal sin cambiar de expresión. – estoy segura… de que Hisana jamás te perdonaría…

Ooo

- Me lo prometiste, que jamás me abandonarías… - Byakuya recordó de repente el sueño de la vez anterior – ¿Cómo pudiste? ¿Abandonar así como si nada a tu propia hija? – Volvía a ver a Hisana llorar en silencio mientras apretaba su puño en su pecho – Me has abandonado a mí también Byakuya.

Ooo

- Basta…

Ooo

- Me has abandonado a mí también Byakuya.

Ooo

- Basta…

- ¿By… Byakuya? – Tanto Yoruichi como Urahara comenzaron a preocuparse al ver al pelinegro hablar solo y arrodillarse derrotado en el piso. – Kisuke, llama a Tessai, debe revisarlo.

- ¿Él se encuentra aquí?

- No habría venido sin él ¡Apúrate! – El rubio salió corriendo a buscar al paramédico del equipo mientras la otra se quedaba velando por un ahora inconsciente Byakuya. - ¿Qué te ocurre? – se preguntó preocupada.

ooOoo

- ¡RUKIA! – Se escuchaba gritar entre los pasillos del hotel. – Voy a asesinarla en cuanto la vea… - murmuraba a regañadientes mientras miraba hacia todos lados. - ¡Rukia! ¡¿Dónde demonios te has metido?! Si no te encuentro en este preciso instante juro que no te abriré la puerta de la habitación y dormirás junto a Yumichika e Ikkaku.

No recibió respuesta alguna, solo escuchaba el inmenso y pacífico silencio de aquel elegante pasillo. Estaba roja de la ira y ya iba a comenzar a gritar nuevamente cuando un hombre, de aproximadamente veinticinco años o menos abrió la puerta de una de las habitaciones y salió furioso a su encuentro.

- ¡Hey! ¿Pero qué demo… nios? – Su furia se desvaneció al ver a Matsumoto envuelta en un bata rosa que no le cubría totalmente los pechos y que para variar no llevaba sujetador debajo de la misma.

- ¿Eh? ¿Y tú quién eres? – preguntó confundida.

- ¿Y-y-yo? – le respondió tartamudeando sin dejar de ver esa zona de su cuerpo. Ella lo notó y no le agradó para nada.

- Sí, t-t-tú. – Imitó su manera de hablar mientras con su dedo hacía elevar su mirada desde sus pechos hasta su cara. – Aquí está mi cara, por cierto.

- Yo… yo… - el pobre seguía tan ensimismado que le costó volver a la realidad, pero en cuanto lo hizo se puso en su mejor pose de seductor. – Mi nombre es Sota Sarayuki, heredero de un vasto imperio de gimnasios en toda Asia.

- ¿Gimnasios? ¿Los gimnasios SaraGym? – A Matsumoto le brillaron los ojos al ver como aquel Sota se lo confirmaba, era su sueño poder tener pase libre a cualquiera de esos gimnasios de ensueño. – Soy… soy…

- ¡Matsumoto! – Se escuchó el grito desde el final del pasillo y a ella se le heló la sangre.

- Hi-Hitsugaya, ¿Q-q-q-qué hace por aquí tan tarde en la noche?

- ¿No es obvio? Te pedí que buscaras a Rukia y como te tardabas tanto salí a buscarlas a ambas. En vez de verte preocupada buscándola por el hotel veo que te diviertes platicando con un Playboy como éste. – Toshiro fulminó con la mirada al hombre que lo miraba con altivez desde el marco de la puerta y luego tomó a la mujer por la muñeca arrastrándola lejos de él.

- Je-jefe ¡Me duele! Déjeme el brazo, por favor, parece que me quisiera quebrar la muñeca… - Lloriqueaba la rubia como una niña.

- Me pregunto si debería hacerlo por desobediencia a tu jefe… - le respondió Toshiro más serio de lo que ella jamás lo había visto.

- Cariño ¿Te dejarás arrastrar por ese pequeño niño berrinchudo? – Le espetó con una risita burlona Sota, ahora acompañado por una mujer semidesnuda desde la puerta. – Ven a jugar conmigo, linda.

Toshiro paró en seco su andar y Matsumoto tembló al imaginarse lo que vendría luego.

- No debiste llamarlo… - pero no pudo decir más ya que el peliblanco se había acercado rápidamente a Sota y le asestó un golpe en la barbilla desde abajo con tanta fuerza que le hizo volar dos dientes de oro hasta Matsumoto. –… así.

- Vámonos, todavía no hemos encontrado a Rukia y conociéndola, de seguro se encuentra en la azotea del edificio. – La tomó nuevamente de la muñeca pero esta vez con un poco más de suavidad.

- ¡Bah! Como si alguien como ella interesara tanto. – gritó desde el suelo Sota mientras era ayudado por la otra mujer. – Preferiría acostarme con cien prostitutas antes que acostarme con una mujer de pechos falsos como esa cualquiera.

- No le hagas caso. – le aconsejó Toshiro pero aun así sintió un tirón en su mano. Matsumoto había parado su andar y miraba el suelo con los ojos sombríos. – Ya déjalo, no es necesario…

- ¡No! – Toshiro se sorprendió al verla llorar en silencio. – Déjame. – le dijo a la par que se soltaba de su agarre.

Se limpió las lágrimas con el dorso de su mano y lo miró dedicándole una sonrisa falsa de tranquilidad. Se dio la vuelta y miró al heredero de tan "vasto imperio" con la cara de una asesina en serie.

- ¿Qué? Me dirás ahora que te has ofendido. ¡Ja! Como si en tu vida no te hubieras acostado con más de…

Antes de que aquel imbécil pudiera seguir hablando Rangiku lo tomó por los hombros y lo inclinó dándole un rodillazo en el estómago que lo dejó sin aire, cuando éste se arrodillo del dolor le regaló una patada en la cabeza que lo dejó seminconsciente en suelo. Ella no lo dejó ni acomodarse cuando se sentó sobre él y lo tomó por el cuello de su bata, tanta rabia tenía que iba a seguir golpeándolo pero antes de que pudiera pegarle el primer puñetazo en su cara sintió como una mano sujetaba su muñeca en el aire, al levantar la vista pudo ver a su jefe con el rostro inexpresivo mirándola.

- Creo que es suficiente, déjame el resto a mí o tendrás problemas.

- Pero tú…

- Sé cómo soportar a Momo enojada. Ya es suficiente. – Rangiku lo miró y parpadeó varias veces antes de ponerse a llorar nuevamente y salir corriendo de allí sin decir palabra alguna.

Toshiro la vio alejarse, ya luego la seguiría pero antes tomó la anterior posición de la mujer y acercó el rostro de Sota al suyo.

- Ten en cuenta que la próxima vez que se te ocurra decirle algo a ella, te las verás conmigo y no vivirás para contarlo ¿Entendido? – Sota, temblando del miedo, movió su cabeza dándole a entender que lo había dejado en claro. Toshiro lo soltó con brusquedad y le escupió la cara antes de salir corriendo por donde Rangiku se había ido. – Antes de que me vaya, - le dijo desde uno de los extremos del pasillo. – Te conviene no decir una palabra sobre lo que ha ocurrido o sino… - Su mirada lo dejó en claro, y Sota entró a la habitación casi llorando como una pequeña niña y dejando a su pareja afuera. Por supuesto que todo había quedado más que claro.

ooOoo

La noche era bellísima con sus estrellas brillando como pequeñas lucecitas que guiaban a las personas hacia algún lugar.

Rukia y Kaien caminaban tranquilamente en un silencio tan cómodo como la compañía del otro, ella tomando un helado y él fumando un cigarrillo. Habían salido del hotel hacía aproximadamente una hora pero nadie sabía de ello.

- Rukia… hoy por la tarde… - la aludida lo miró y en su cara se notaba la alegría de una niña pequeña contenta de que la sacaran a pasear. Él al verla no aguantó soltar una pequeña carcajada. – Tienes… tienes la nariz sucia con helado.

- ¿Ah? ¿Q-qué? – Se sonrojó levemente mientras trataba de verse a sí misma la nariz, algo que hizo divertir aún más a Kaien.

Kaien la tomó con delicadeza por una de sus mejillas y con una servilleta que había tomado de la heladería minutos atrás le limpió la nariz.

- Listo. – Le dijo con una sonrisa tierna mientras miraba a Rukia a los ojos.

Ella lo miraba algo sonrojada, no sabía por qué de repente sentía tanto calor pero aunque quería alejarse de él sus piernas no respondían. Notó el leve rubor que el chico tenía en sus mejillas y supo que ella no era la única nerviosa en ese momento. Sonrió. Kaien se acercó a ella despacio y vio como cerraba los ojos, le daba permiso. Justo cuando iba a tocar sus labios con los suyos, escuchó muy cerca de ambos un carraspeo algo fuerte como para ser casual.

- ¡I-I-I-ICHIGO! – gritaron Rukia y Kaien al unísono a la par que se alejaban el uno del otro como si se quemaran al tacto.

- ¡Vaya! Pero si veo que se la pasan muy bien ustedes dos en estas vacaciones por Venecia. – Habló con ironía sentándose en una de las bancas de la plaza donde se encontraban. – Lamento arruinar el momento tan… empalagoso que ambos tenían; ciertamente sentía que se derramaba miel de esta escena pero debo hablar con Rukia.

- ¿Cómo supiste que estábamos aquí? – preguntó Rukia aun incómoda por las palabras del chico.

- No lo sabía, por si creías que los estaba siguiendo. Solo salí a tomar un poco de aire luego de todo el ajetreo de hoy, iba a sentarme frente al Río de Venecia pero ¡Oh casualidad! Los he encontrado a ustedes y en qué situación tan comprometedora, podrían irse al hotel si quisieran…

- ¡YA CIERRA LA BOCA, IDIOTA! – Le gritó Rukia más roja que el pelo de Renji.

- ¡¿A QUIÉN LE DICES QUE CIERRE LA BOCA ENANA?!

- ¿ACASO VEZ A ALGÚN OTRO IDIOTA AQUÍ?

- Enana del demonio…

- Ichigo… - Ambos pararon de gruñirse cuando sintieron que no estaban solos. – Podrían dejar de pelear y tal vez tú decirle lo que vienes a decirle. Yo ya me voy, hablaremos luego Rukia. – Le regaló una sonrisa de despedida y se fue caminando rumbo al hotel.

- ¿Qué fue… eso? – se preguntó Ichigo más confundido de lo que lo dejó la carta de Ishida.

Sintió un puntapié condenadamente doloroso en su lado derecho que casi lo hace caer al piso. Vio a Rukia con el ceño fruncido de la furia y se aguantó el grito que tenía atorado en la garganta para después.

- Idiota, lo has incomodado tanto que no encontró más opción que irse ¿Cómo demonios te atreves a decir tantas estupideces? ¿Qué nunca viste a dos personas hablando amenamente?

- Dos personas hablan amenamente con palabras, no mediante besos de novelas románticas. – Le dijo mientras trataba de pisar con su pierna lastimada.

Rukia le dio un nuevo puntapié del otro lado y al final, por culpa de ambos, tuvieron que quedarse sentados en el césped mirando el cielo.

- Eres una tonta, podríamos ir a comer ahora mismo pero en lugar de eso tenemos que estar aquí casi en la oscuridad porque se te ha ocurrido golpearme en las dos piernas.

- ¡Cállate! Si no hubieras dicho tantas estupideces te habrías ahorrado la necesidad de…

- ¿Estupideces? Estás loca, decir la verdad no es una estupidez. Es solo que tú te avergüenzas de ello.

- A menos que quieras un nuevo moretón en tu cuerpo deja de insinuar cosas sin sentido. – Ichigo resopló mirándola enojado. - ¿Qué querías decirme?

- Mañana irás conmigo y con Kaien a ver a Floro.

- ¿Floro? – Rukia ahogó una carcajada. - ¿Qué es ese nombre tan extraño?

- Es alguien que podría ayudarnos mucho.

- No es objetivo de esta "misión" ¿cierto?

- No, ya no lo es. Por el contrario, podría ser alguien que sepa algo de mi tío que yo no sé.

- ¿Y qué es eso? – Preguntó curiosa.

- No lo sé.

- ¿Qué? – Rukia lo vio con cara de incredulidad. – ¿Sabes que no sabes algo de tu tío pero no sabes qué es?

- Solo sé que no sé nada. – Esa frase hizo a ambos reír por unos segundos, quién iba a decir que lograrían entenderse mediante una frase filosófica.

- Tienes razón, después de todo la verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia. – Ambos rieron y se tumbaron en el césped mirando al cielo.

- Lo siento.

- ¿El qué?

- El no haber empezado bien.

- Bueno, yo creo que la frase la has dicho textualmente bien.

- Idiota, me refiero a nuestra relación. – Rukia se giró sobre sí, y quedó mirando a Ichigo de costado. – Siento que no hayamos podido empezar bien desde el principio.

- Yo no. – Le respondió girándose para quedar frente a ella. – Después de todo no podríamos habernos conocido de otra manera y tú estabas muy enojada con todos así que, en definitiva, no hay por qué disculparse. Además, nunca me arrepiento de mis acciones, sin ellas no habría de llegar al presente que vivo ahora.

- ¿Estás seguro de que no te arrepientes de nada? – le preguntó ella incrédula de su anterior respuesta. Ichigo se tomó unos cuantos segundos para responder, pensando en una respuesta comprensible.

- ¿Para qué lo haría? Somos humanos y nos equivocamos, no creo conocer a nadie perfecto, todos cometemos errores y al final siempre aprendemos de ellos por más dolorosa que haya sido la caída. No existe el "si hubiera" así que no existe manera de poder cambiar nuestro pasado. – Volvió a acostarse mirando al cielo y continuó. – Debo estar pendiente de mi presente si quiero cambiar mi futuro.

- Nadie sabe lo que pasará en el futuro.

- Pero eres la construcción de tus acciones. Piensa, si no me hubieras lastimado hace unos minutos atrás no habríamos estado hablando sobre Sócrates y filosofía, no habríamos reído como lo hicimos y no estaríamos hablando como lo estamos ahora. – Rukia lo reflexionó, tenía bastante sentido, al final no era tan idiota como ella creía.

- No eres tan idiota como pensé, aunque deberías dejar el tema de la filosofía a otros, a ti no te queda.

- A mí me queda todo lo que digo solo por ser yo.

- ¡Retiro lo dicho, sí eres un idiota! – comenzaron a reír nuevamente y al final solo se quedaron contemplando el cielo un rato más.

- ¡Mira, una estrella fugaz! ¡Pide un deseo Ichigo! – Le dijo exaltada Rukia e Ichigo solo asintió.

Ambos cerraron los ojos y pidieron un deseo.

"Dame una señal que me ayude a descubrir qué debo hacer"

Ichigo abrió los ojos y vio a Rukia con los ojos cerrados y sus manos juntas en el pecho. Se veía muy linda de esa manera y la brisa que justo chocó con ella hacía mover delicadamente su cabello que ondeaba como si bailara silenciosamente. Se sentó junto a ella y la contempló de más cerca solo para encontrarse con su mirada violácea confundida por la cercanía.

- Ichigo ¿qué…?

- L-lo siento, creí que tenías un insecto pero no es nada… De-deberíamos ir a algún lugar a comer para así explicarte lo de Floro. – Se levantó aun un tanto nervioso y le tendió la mano para que hiciera lo mismo, ella le correspondió. - ¿Te parecen… espaguetis?

- Cl-claro. – Ella también se sentía nerviosa, y si no fuera por la tenue luz él podría haberse dado cuenta del sonrojo en su rostro. – Vamos.

ooOoo

- ¡Matsumoto! ¡Matsumoto! Matsumoto ¿Dónde estás? ¡Matsumoto! – gritaba Toshiro cerca del laberinto jardín del hotel. Había visto correr a la chica hacia allí momentos atrás. – Demonios, Matsumoto ¿Por qué rayos te afecta tanto lo que diga un idiota como ese? – La regañaba por lo bajo mientras seguía buscando con la mirada. – ¡Matsumoto!

Se detuvo unos momentos para escuchar entre el silencio un débil sollozo que provenía desde algún lugar en el laberinto, "Tiene que ser una broma" se dijo así mismo Toshiro antes de suspirar resignado y entrar en el mismo. Se volvió loco intentando encontrar algún camino que lo condujera hasta donde, él creía, se encontraba Matsumoto, sin dejar de escuchar ese casi inaudible sollozo. Luego de uno quince minutos aproximadamente, llegó hasta lo que creía que era el centro del laberinto adornado con una hermosa fuente de aguas danzantes y lirios de diferentes colores a su alrededor. Matsumoto estaba ahí, estaba arrodillada con una mano jugando con el agua mientras susurraba cosas que él no alcanzaba a oír bien.

-… si no me hubieras dejado aquí sola. ¿Por qué lo hiciste? Prometiste no irte nunca, que te quedarías conmigo hasta el fin de los días… y me mentiste. Te quise… te quiero. No, te amo… vuelve a mí, por favor vuelve a mí. – "¿Estará hablando de su padre quizás?" – Te necesito tanto…

Toshiro se acercó a paso lento por detrás de la rubia, no sabía cómo hablarle en una situación así, no sabía cómo decirle que podía confiar en él a pesar de las peleas. No supo cómo ni cuándo, pero de repente se vio a sí mismo sentado en el borde de la fuente acariciando la cabeza de la chica que lloraba desconsolada.

- Ya no llores por palabras vacías que no significan nada. Sabes mejor que nadie que lo que ese sujeto dijo no es cierto.

- ¿Y tú lo sabes? – le preguntó aun sin mirarlo. Estaba recostada sobre sus brazos apoyados en el borde de la fuente. – ¿A quién le crees? ¿Cómo sabes que es él quien miente y no yo?

- No necesito confiar en personas así, y tú eres mi equipo, recuerda que Hinamori nos ha puesto a trabajar juntos ¿Por qué habría yo de sospechar de ti? Además eres una persona buena, honesta… realmente no creo en lo que ese tipo dijo de ti.

Rangiku miró a los ojos a Toshiro, él siempre estaba con la mirada endurecida, inexpresiva, a veces enojado pero nada más, pocas veces le había visto expresar otro tipo de sentimiento y eso solo ocurría cuando se encontraba con Momo o con Rukia. Verlo ahora con una mirada tierna en los ojos, transmitiéndole confianza, tranquilidad, afecto…

- Me recuerdas a él en estos momentos… - le dijo desviando la mirada y volviendo a apoyarse en sus brazos.

- A tu padre. – le afirmó él.

- ¿Qué?

- Recién estabas hablando sola. – le recordó acariciándole nuevamente la cabeza con ternura. – Hablabas de él ¿cierto? – Rangiku no respondió. – ¿De quién sino?

- De… Ichimaru Gin. Él era mi novio, íbamos a comprometernos y se parecía a ti en estos momentos. Prometió que siempre estaríamos juntos, que cuando lograra librarse de Aizen nos comprometeríamos y nos casaríamos pero un día desapareció y nunca más volví a verlo. Es por eso que estoy aquí, es por eso que trabajo para Aizen, porque tengo la esperanza de que algún día volveré a verlo y cumplirá su promesa. – Comenzó a llorar nuevamente aferrándose a un pequeño dije que colgaba de una cadenita plateada en su cuello. – Él me protegió siempre, desde pequeños la gente me molestaba por resaltar mucho entre las demás niñas. Cuando cumplí los doce comencé a desarrollarme físicamente y estuve envuelta en muchos problemas, Gin se hizo pasar por mi novio durante un tiempo y luego nos enamoramos, las demás chicas decían que era una aprovechada, que simplemente estaba utilizándolo, que de seguro lo había forzado a pagar una operación para así seguir estando con él. Muchos me tacharon de prostituta, y mis pechos no aminoraban las burlas, él me protegió y si debía meterse con quien dijera eso lo hacía. Como ambos éramos huérfanos y vivíamos en las zonas bajas de Jiyunrinan, buscábamos cualquier trabajo que nos ayudara a sobrevivir y así se encontró con Aizen… Nunca se lo dije pero yo no quería que trabajara para él, él era malo y le tenía miedo… Ahora sé que debería habérselo dicho, Aizen me lo arrebató y ya no sé en dónde buscarlo.

- ¿Qué ocurrió? – preguntó mientras seguía acariciándole el cabello.

- Una noche me dijo que Aizen le había encargado una cosa, no me dijo dónde ni qué. Prometió que volvería, que solo tardaría dos días… pero ya no regresó. Aizen nunca me dijo nada, siempre desviaba el tema o me golpeaba si insistía mucho. Los pocos que lo conocían evitaron hablar del tema, y poco después desaparecieron también. Solo uno me dio una pista por la cual empezar a buscar pero al día siguiente lo encontraron muerto y a partir de entonces tengo tanto miedo de contactar con este hombre que poco a poco voy perdiendo las esperanzas de si quiera saber si está vivo o muerto.

- No lo hagas, no pierdas las esperanzas. Tienes una pista desde hace ya muchos años y tienes miedo de lo que te puedan llegar a decir de él. – Toshiro se arrodilló a su lado y la tomó por los hombros obligándola a mirarlo a los ojos. – Matsumoto, Matsumoto mírame… mírame. Te prometo que te ayudaré a encontrar a Gin, lo encontraremos y así él podrá cumplir su promesa.

- No, no quiero que nadie más muera, ese hombre podría estar en peligro si contactamos con él, además quien sabe si aún está vivo.

- ¿Y si lo está? ¿Y si sabe algo sobre Gin? Te ayudaré, al llegar al clan nos pondremos en contacto con él. Todo estará bien, lo prometo. – Rangiku no pudo más y empezó a llorar con más fuerza mientras se abrazaba a Toshiro, quien la correspondió y la abrazó con mucha más fuerza, como queriéndola proteger, como si quisiera tomar por dos segundos el lugar de Gin Ichimaru.

- Gracias, Toshiro. – Le respondió Rangiku llorando en su pecho mientras temblaba del miedo.

ooOoo

En algún lugar de Japón, se encontraba un enorme complejo donde varios hombres se encontraban festejando el cumpleaños de una niña casi adolescente.

Lilynette Gingerbuck cumplía sus trece años, y todos festejaban su inclusión oficial al clan Las Noches.

- Ahora, querida mía, con tu nuevo apellido has sido bautizada como miembro oficial de este humilde clan. Recita el juramento a tu nueva familia. – Le espetó Baraggan desde su sillón en la punta de la extensa mesa a la que todos estaban sentados cenando.

La niña se levantó de su asiento y con una mano en el corazón y la cara más inexpresiva que cualquier niña de su edad podría tener, recitó de memoria:

- Yo, Lilynette Gingerbuck, al ser aceptada como un nuevo miembro del Clan Las Noches juro solemnemente servir con devoción y arriesgando mi vida si fuere necesario a todos mis hermanos y hermanas cumpliendo con todas y cada una de las tareas que me sean encomendadas. A sí mismo, juro no tener piedad a aquellos que atentaran contra la seguridad y la tranquilidad que vivimos día a día en Las Noches, todo enemigo de mis hermanos serán mis enemigos y así lo verán ellos también. – Todos los allí presentes se pusieron de pie y aplaudieron orgullosos de la pequeña Lilynette, Baraggan sonrió complacido y tomó de su copa de vino.

- ¡A la salud de mi nieta y nueva miembro del clan! ¡SALUD!

- ¡SALUD! – gritaron los demás al unísono y comenzaron a festejar con todo tipo de alcohol y música.

- Juro también vengarme de todos aquellos que tuvieron que ver con la muerte de mi padre. Vengaré tu muerte padre, te lo juro por mi vida que lo haré.

ooOoo

- ¿Por qué estás aquí? ¿Acaso no es hoy el cumpleaños de la nieta del Jefe Mayor? – preguntó Orihime mientras observaba acostada en su cama como Ulquiorra leía tranquilamente un libro en el sillón de su habitación.

- No me interesan ese tipo de festejos, además no estoy obligado a ir a eventos tan triviales como esos. Prefiero quedarme aquí a vigilarte mientras termino de leer este libro.

- ¿Puedo saber cómo se llama? – Volvió a preguntar con una imperceptible sonrisa en su rostro.

Ulquiorra levantó la tapa de su libro y ella pudo leer entonces que se trataba de "El Principito", algo que la hizo sonreír aún más.

- No sabía que tuvieras esa clase de gustos. – Él la miró de reojo interesado en lo que decía. – Yo lo leí de pequeña, cuando tenía diez u once años. Es increíble cómo una persona puede olvidarse de su niñez tan desconsideradamente ¿es que acaso el pasado no nos hace quienes somos hoy? Admiraba mucho al Principito, parecía un sabio en miniatura ¿no lo crees?

- Solo creo que es imposible conocer diferentes planetas con reyes tan absurdos en cada uno de ellos ¿y una flor que habla? ¿Dónde ves algo como eso?

- No lo ves, es un cuento, son fantasías que te enseñan algo al final. Si crees que no vale la pena entonces ¿por qué lo lees?

- Porque una vez que comienzo a leer un libro debo terminarlo. – le respondió indiferente.

- ¿Aun si no te gustara?

- No hay libro hasta el momento que me haya disgustado leer.

- Entonces éste te encantará.

- ¿Cómo puedes decir eso tan libremente? ¿Acaso conoces mis gustos, mujer? – le preguntó algo molesto por tal seguridad en sus palabras.

- Solo lo sé. – le respondió sentada en la cama y con una sonrisa amistosa.

Ulquiorra sintió su pecho oprimirse por un segundo, cerró el libro con lentitud y se levantó del sillón sin mirarla.

- Si estás tan segura, entonces terminaré de leerlo y vendré a verte y me hablarás de él. Si no me gusta, entonces tú deberás leer uno que yo te imponga.

Orihime lo vio confundida por sus palabras, se tomó unos segundos para comprender la situación y entonces se levantó rápidamente de la cama y corrió a su lado.

- Hecho. – Le respondió tendiéndole la mano y con una sonrisa. Ulquiorra no supo por qué pero se la estrechó desviando la mirada. Sintió como la mano de la mujer se deslizó por la suya hasta pender de su dedo meñique, cuando volvió su mirada vio como los meñiques de ambos se sostenían en el aire y ella lo miraba con determinación. – Es una promesa.

Soltó su mano al sentir nuevamente esa extraña opresión en su pecho y cómo luego comenzaba a latir con más rapidez. Salió de la habitación a paso rápido dejando a una Orihime confundida pero ilusionada.

"¿Qué demonios fue eso?" Se preguntaba a sí mismo Ulquiorra mientras trataba de calmar su acelerado corazón.

ooOoo

- Rukia ¿Qué quieres comer?

- ¿No se supone que comeríamos espaguetis? – Le preguntó confundida.

- Sí, tienes razón pero… cambio de planes, elige lo que quieras comer y yo lo pago. – Le respondió con una sonrisa amistosa que dejó Rukia perpleja.

- ¿Qué te ocurre Ichigo? De repente te has puesto amable y servicial, comienzas a darme miedo. – le susurró lo último con cara de espanto.

- Ya cierra la boca enana, solo pide algo para comer.

- Ya sabía que eso solamente era pura actuación, lo bruto no se te saldría de la noche a la mañana. Y no me digas enana, idiota. – Volvió su vista a la carta y se decidió por una lasaña y de postre helado. - ¿Entonces? ¿De qué querías que habláramos?

- Ishida ha tenido una urgencia, no me ha dicho de qué pero ha salido esta misma tarde rumbo a Jiyunrinan nuevamente.

- Sí, lo supe esta tarde luego de terminar con nuestra pelea de siempre. Ahora que lo recuerdo, también tenías algo que decirme esta tarde.

- Si pero ya no importa porque quiero pedirte otro favor…

- ¿Y qué es?

- ¡¿Puedes dejarme hablar?! – le gritó levantando los brazos a la par que ella se ahogaba con un vaso de agua.

- Imbécil, no grites. Mira como nos dejas en ridículo.

- Las cosas serían más sencillas si tan solo pudieras escucharme cuando te estoy hablando.

- Entonces dime de una vez qué quieres. – le respondió con una expresión de obviedad que enfureció aún más a Ichigo.

- Uno, dos, tres…

- ¿Qué haces? – le preguntó confundida al ver como cerraba los ojos y mientras contaba respiraba hondo.

- Pido paciencia ¿no se nota?

- ¿Por qué?

- Porque si pido fuerzas estoy dispuesto a matarte. – le respondió aun con los ojos cerrados y apretando fuertemente lo puños.

- Lo sé, lo sé, tiene aspecto de matón pero una vez que lo conoces es un cachorrito tierno y amigable. – Ichigo abrió los ojos y vio como uno de los meseros lo miraba asustado y tembloroso.

- Y-yo solo vengo a entregarles esta botella de champaña para ambos como regalo de la casa y decirles que el jardín está abierto a su disposición.

- ¿Y eso a qué se debe? – preguntó Rukia igual de confundida que Ichigo.

- Es que el dueño ha implementado una nueva promoción para parejas de novios que visiten nuestro restaurante y quiere que realmente se sientan a gusto aquí. Felicidades y buenas noches.

El pobre mesero se fue casi huyendo de la mirada de Ichigo y éste se quedó perdido en las últimas palabras de él.

- ¿Parejas de novios? ¿Acaso creyó… que somos novios?

- Eso parece… - Rukia volvió su mirada a la mesa y sonrió nuevamente. – Al menos tenemos champaña gratis, deberíamos hacerles creer lo que quieren, tal vez así nos ganemos alguna otra cosa ¿no te parece? – le dijo guiñándole un ojo.

Ooo

- Ichigo entremos a este bar, conozco una manera de hacer que nos den bebida gratis.

- Eres una aprovechadora, además no creo que haya manera de que unos desconocidos te den bebida gratis solo porque se los digas. – le respondió riendo.

- Tsk, qué desconfiado eres. Apostemos, si yo gano me invitarás a comer el fin de semana y si tú ganas…

- Me acompañarás a ver la película de la que te he hablado.

- ¿Qué? ¡No es justo! Esa película es muy sangrienta y aburrida. – le espetó haciendo puchero.

- Bueno… - se acercó a ella y se rebajó a su altura. – No hay trato entonces. – Ella se lo pensó, de todas maneras ganaba un tiempo a solas con él.

- Trato hecho. ¡Vamos!

- Nombres por favor. – le pidió un hombre enorme que se asemejaba a un gorila.

- Harugasaki Senna y Kurosaki Ichigo.

- ¿Tomarán la carta especial?

- Sí claro, ¿Por qué no? – le respondió a la par que le guiñaba un ojo a su amigo.

- Deben ser pareja para ello. – Ichigo abrió los ojos y su corazón dio un vuelco.

- ¿Y quién ha dicho que no lo somos? Casi estamos comprometidos, y nos casaremos luego de terminar nuestros estudios. – Senna tomó la mano de un perplejo Ichigo y comenzó a caminar hacia el interior del bar cuando una mano se lo impidió. - ¿Qué ocurre?

- Deben probar que son novios para poder pasar.

- ¿Qué? ¿Y por qué lo haríamos?

- No pasarán si no se besan delante de mí. – le dijo con voz firme mientras se interponía entre ellos y la entrada.

- No es necesario que vengamos aquí, evitemos el problema y vamos a otro bar. – le susurró por lo bajo al ver que muchas parejas detrás de ellos los miraban divertidos.

Senna escuchó como algunos comenzaban a hablar por lo bajo y aunque quería enviar a todos al demonio se calmó y le respondió también susurrando.

- No llegamos hasta aquí para nada y no dejaré que esos idiotas hablen mal de nosotros.

- ¿Qué piensas ha…? – Ichigo no terminó la frase ya que Senna se prendió de su cuello y lo besó, lo besó por primera vez desde que se conocían. Y no sería la última.

- Deberíamos hacerles creer lo que quieren, tal vez así nos ganemos alguna que otra cosa ¿no te parece? – Senna sonrió y entrelazó su mano con la de él mientras pasaban por la puerta al bar.

Esa noche Ichigo perdió la apuesta… y comenzó a salir con su amiga Senna.

Ooo

- Estás loca. – le respondió desviando la mirada. – Y… eres una aprovechadora.

- Ja, ja, no lo negaré, si alguien me ofrece algo ¿Por qué no aceptarlo? – Ichigo la vio y por dos segundos vio en ella a Senna, sacudió su cabeza para alejar absurdos pensamientos y se levantó. - ¿Qué te ocurre?

- Voy al baño, ahora vuelvo. Comienza sin mí si traen los platos. – Sin esperar contestación se retiró dejando a Rukia sola.

- Tsk, iba a hacerlo aunque no me lo hubieras pedido.

- ¿Qué me pasa? Ella no es Senna ¿Por qué demonios vi en ella a Senna? – abrió la canilla de agua fría y se mojó la cara con ella, se miró al espejo y sacudió la cabeza. – Estás volviéndote loco Ichigo Kurosaki… más loco de lo que ya estás.

Salió del baño y se dirigió nuevamente su mesa junto a Rukia, cuando se percató de que su asiento estaba ocupado por otro hombre que escudriñaba a Rukia con miles de preguntas incomodándola.

-… porque eres tan o más bella que una rosa violeta.

- Las rosas no son violetas imbécil, y ya vete o tendré que sacarte a patadas de ese asiento.

- No te precipites linda, encima de belleza tienes carácter, eso es lo que más me gusta de las chicas. – La examinó nuevamente deteniéndose en un punto particular. – Aunque podrías tener un poco más de pechos pero es mejor si eres natural. Indudablemente eres mi tipo. – Le afirmó tomándola de la mano por encima de la mesa.

- Qué tierno de tu parte, en serio. Pero tú no me interesas en lo absoluto ¡vete hora mismo!

- ¿Qué te parece si me voy… pero contigo? Nos alojamos esta noche en un hotel y…

- Te dijo que te fueras y si no le prestas atención a ella tendré que encargarme yo de esto. – Ichigo apareció por detrás de él sorprendiendo a Rukia pero no causando el mismo efecto en él.

- ¿Y tú quién eres, payaso de circo? ¿Crees que te queda bien ese color de cabello? Si querías ser original pues hubieras elegido un mejor estilo de ropa pero no arruinarte el cabello así.

- ¡Cierra la boca, imbécil! Deja a Rukia en paz y vete de aquí.

- ¿Así que esta lindura se llama Rukia?

- Gracias Ichigo. – le espetó ella desviando la mirada.

- Se llame como se llame, eso no te importa. Vete de aquí o seré yo quien te saque a patadas del restaurante. – El chico se levantó y le hizo frente.

Era igual de alto que él, su contextura física era más ancha que la Kaien, era un chico pálido con cabello negro medio largo y ojos color café. No estaba nada mal pero había algo que Rukia odiaba era la vulgaridad con la algunos hombres hablaban, hombres como ese por ejemplo.

- ¿Vas a decirme quién eres payaso o prefieres que te llame de esa manera? ¡Oh pero qué descortés soy! Mi nombre es Sojiro Kusaka.

- Ichigo Kurosaki. No te vuelvas a meter con ella.

- Tsk. ¿Quién me lo impide?

- Ya verás quien lo hace.

Ambos chicos se enfrascaron en una pelea muy igualada, pues los dos eran muy fuertes pero Ichigo tenía más experiencia en peleas de calle así que cada tanto lograba tomarle la delantera al otro. En pocos minutos llegó el encargado del lugar con una escoba en mano.

- ¿Qué demonios es lo que sucede aquí? – preguntó en voz alta incrédulo de tal situación.

- Si me permite unos segundos esta escoba yo acabaré con el circo señor, y… discúlpelos por favor. – Rukia tomó la escoba y la alzó por sobre su cabeza, golpeó a ambos chicos en la cabeza y de inmediato estos se separaron doloridos por el golpe. – ¡Ya dejen de pelearse par de idiotas! ¿Acaso no ven la mala reputación que le dejan al lugar? Este hombre no tiene nada que ver con sus absurdas peleas infantiles, si quieren pelear lo hacen afuera. – los retó mientras el pobre encargado solo miraba asustado de ese carácter femenino. – Y tú… - señaló con el palo de escoba a Kusaka. – Te irás ahora mismo de este lugar a menos que quieras que te golpee nuevamente con esta escoba.

- Tsk, ¿Yo, irme? Estás loca, este restaurante es de mi familia y si hay alguien que se irá es él. – señaló a Ichigo, quien aún se sobaba la cabeza por el fuerte golpe de Rukia.

- Por mí no hay problema. Vámonos Ichigo. – Sentenció la pelinegra soltando la escoba y dirigiéndose a la puerta de entrada.

- Tú linda puedes quedarte si quieres, es éste problemático quien debe irse.

- Yo he venido con él así que así me iré. Gracias por la preocupación, hasta nunca. – Ichigo lo miró y le sonrió triunfante antes de darse la vuelta y seguir a Rukia, al llegar a la puerta lo miró nuevamente y le dijo. – Y que te quede claro para la próxima vez que quieras acercarte a ella.

Salió corriendo para alcanzarla pero ciertamente tenía el paso muy rápido para solo estar caminando.

- ¡Rukia! ¡Rukia, espérame!

- Idiota ¿cómo pudiste dejarte humillar así? No debiste rebajarte a su nivel, además yo sé protegerme sola. Pero… aun así… gracias. – le dijo dándose la vuelta y mirándolo a los ojos.

Ichigo la miró a los ojos e iba a decirle algo pero calló. Sonrió y desvió la mirada.

- Creí que tu orgullo no te permitía agradecer.

- Tsk, idiota. – se dio la vuelta y comenzó a caminar rápido.

- ¿Eh? ¿Y ahora qué te pasa? – preguntó confundido mientras la seguía por detrás.

- ¡Lo arruinas todo! Si sigues así te aseguro que quedarás viejo y soltero por el resto de tu vida.

- Y si tú sigues de testaruda y enojona llegarás a la menopausia sin descendencia por falta de amor, ¡Estás loca!

Rukia se dio vuelta y se volvió hacia él dispuesto a darle un nuevo puntapié, a lo que Ichigo también se dio la vuelta y quiso comenzar a correr. Ella tropezó antes de poder alcanzarlo, él al escuchar su pequeño alarido se volvió sobre sí justo a tiempo para tomarla en sus brazos pero desafortunadamente perdió el equilibrio y cayó sobre ella quedando ambos en una posición un tanto comprometedora.

Rukia abrió los ojos al no sentir el fuerte impacto del suelo con su espalda y en lugar de ello se vio sujetada por los protectores brazos de Ichigo y el resto de él sobre ella.

- Ichi…go… - susurró ella mientras él desenterraba su cara de su cuello para mirarla a los ojos desde una distancia demasiado peligrosa.

Miradas avellana y violáceas se encontraron y ya no podían dejar de mirarse, a ambos se les aceleró el corazón y sentían el calor subir por sus mejillas pero no parecía incomodarles para nada la situación. Ella levantó su mano y tocó su rostro, él se estremeció al tacto pero aun así cerró los ojos disfrutando inconscientemente del momento.

¿Acaso el terrible choque que sentían el uno por el otro desde el primer momento que se vieron se había convertido de repente en una temible atracción?

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Lo siento una y mil veces por no continuar escribiendo, no daré vueltas: Sufre de anti-inspiración gracias al poco tiempo que tenía para mí, no miento y lo juro, los estudios ya me enfermaron (literalmente) y me tienen saturada... Pero sepan que no hubo un momento en el que haya olvidado este fic, y ayer me tome todo el día para escribirlo, así que los invito a que lo juzguen y me digan qué les pareció, cómo quedó...

Gracias a quienes siguen leyendo esta historia y por sus comentarios! Son los que me animan a seguir escribiendo... pero espero no haber arruinado sus ganas de seguir leyendo.

Ana, misel-kuchikiyMarylu Rguez veo que piensan parecido respecto al cap. anterior así que les agradeceré a las tres en conjunto y les diré que Ichigo no la tendrá fácil... al menos no en esta historia muaaajajajjaja jajaja

Nos leemos pronto! Bye! O.-/