"¡Oh! Qué niños groseros ¿Cómo se les ocurre hacer eso en un lugar público?"

"En mis tiempos las cosas se tomaban con calma… y decencia también"

"Madre Santa, creen que por no ser de estas tierras tienen derecho a hacer lo que les plazca"

Ichigo y Rukia aún se encontraban en el suelo, en una posición bastante comprometedora, cuando comenzaron a oír esos comentarios entre algunas personas que pasaban "casualmente" por allí. "Debe ser una broma" pensó Rukia sonrojada antes de golpear a Ichigo en sus partes nobles con su rodilla. El pobre se dobló del dolor y cayó a un lado, y fue entonces cuando la pelinegra se levantó de un saltó.

- ¡Q-Q-QUÍTATE DE ENCIMA MALDITO PERVERTIDO! – gritó Rukia hirviendo de vergüenza mientras empujaba con todas sus fuerzas al pobre pelinaranja que se alejó de ella a la velocidad de la luz. - ¡¿Q-QUÉ CREES QUE HACES?! ¡ERES UN APROVECHADO!

- ¡¿QUÉ?! ¿ESTÁS LOCA? FUISTE TÚ LA QUE CASI SE CAE, YO SOLO QUISE EVITARTE EL GOLPE.

- CLARO, Y ASÍ CAER SOBRE MÍ Y HACERME QUIÉN SABE QUÉ COSA.

- ¡¿HACERTE QUÉ?! POR SUPUESTO QUE YO NO ME FIJARÍA EN TI NI AUNQUE FUERAS LA ÚLTIMA MUJER DE LA TIERRA. LO SIENTO POR TRATAR DE SER CABALLEROSO. – Rukia lo miraba indignada.

- ¡Y YO SIENTO SER UNA MOLESTIA PARA TI! ¡IDIOTA! – Se fue dando grandes zancadas e Ichigo supo que había metido la pata otra vez.

- Demonios… - susurró para sí mismo. – Rukia, ¡Rukia vuelve!

- ¡Rukia detente! – le exigió tomándola por la muñeca y frenando su andar.

- ¿Qué quieres ahora? Ya entendí tus palabras la primera vez. – Ella lo miró con la cara más enojada que él se pudo haber imaginado. Con esa mirada todo pensamiento y explicación se disipó de la mente de Ichigo.

- Yo… yo… bueno, quería hablar de lo que pasó… y bueno…

- ¿Qué cosa pasó? – le preguntó desentendida.

- ¿Eh?

- Claro, el que me hayas dicho la verdad es un alivio. Mejor vivir siendo honesto que un maldito embustero ¿verdad? – Su tono de voz inquietaba a Ichigo y lo hacía creer que realmente había metido la pata hasta el fondo. – No te preocupes, tampoco era mi intención que me vieras como a una mujer, después de todo nosotros apenas logramos llevarnos bien y tú debes tener a tu novia escondida en algún lugar. – Él esquivó su mirada pensando dolorosamente en Senna, ella entendió y una pequeña punzada en su corazón la hizo entristecer… aunque ni ella entendía por qué.

- Yo no teng…

- No tiene importancia, mejor me dices lo que querías decirme. – se adelantó a responder, pues por alguna razón no quería escucharlo de su boca. – Por algo me buscabas ¿no es cierto?

Ichigo vio la falsa sonrisa que ahora ella le enseñaba, se sentía como el peor de los bastardos.

- Rukia yo…

- ¡Oh, vaya! Tengo hambre… ¿Te parece que volvamos al hotel ya? Rangiku y Momo deben estar buscándome y por no decir cómo estará Toshiro al no avisarle que saldría a caminar con Kaien; cuando quiere él pude ser como mi madre.

Comenzó a caminar rumbo al hotel siendo seguida de cerca por un silencioso y culpable Ichigo. "Tsk ¿Por qué demonios me dolieron esas absurdas palabras? Como si en verdad me interesaran sus comentarios" se decía mentalmente Rukia mientras miraba la piedra que cada tanto pateaba por el camino. "Además, él es parte de los enemigos. ¡Por Dios! No debo olvidar que es él quien me tiene sujeta a este grupo mafioso"

- ¿Te sientes bien? – preguntó el protagonista de sus pensamientos al ver como de la nada golpeaba su cabeza con los puños cerrados. Rukia abrió los ojos sorprendida y lo miró riendo nerviosamente.

- Ja, ja. Es… es que… me estaba durmiendo en el camino y bueno… hago eso para despertarme cuando ocurre. – Ichigo la miró incrédulo de sus palabras y prefirió callar un comentario de burla para no arruinar el momento.

- Si quieres puedo llevarte en mi espalda, por mí no hay problema.

"Claro, porque no te es incómodo llevar sobre ti a una que no ves como mujer" pensó resentida y automáticamente comenzó a golpearse la cabeza otra vez, ¿en qué cosas estaba pensando ahora?

- En serio, yo puedo…

- ¡NO! – le puso la palma de su mano a milímetros de su cara. – Déjalo así, está bien. Puedo caminar sola. – Apresuró el paso dejando al chico atrás con una cara de confusión total.

Al llegar al hotel, Ichigo le explicó sintéticamente el plan para el día siguiente, ella los acompañaría a Kaien y él en el encuentro con Ósteh. "Genial, trabajar en conjunto con las personas que más me incomodan." Pensaba ella a medida que el otro hablaba. Debería estar atenta ya que era un hombre bastante astuto en cuanto batallar y engañar, o al menos eso era lo que decía su tío.

- Buenas noches. Descansa. – le susurró Ichigo en la puerta de su habitación.

- Sí, igual tú. – Le respondió ella sin atreverse a mirarlo a la cara.

Ichigo la observó durante un par de segundos sin saber qué hacer, pues de seguro aún seguía algo resentida por lo que le había dicho en el parque.

- Lo siento mucho. – le susurró al inclinarse hasta su oído. Dudó en hacer su próximo movimiento pero temió que lo considerara una provocación de mal gusto así que solo se alejó y se dirigió hasta su habitación, sin saber que tras él dejaba a una muy sonrojada y acalorada Rukia.

Quiso abrir la puerta pero los músculos no le respondían, al menos no todos porque en cuanto estiró la mano para apoyarse sobre el picaporte casi se va de costado al suelo. Volvió su vista a la puerta y vio cómo Matsumoto estaba en guerra con su expresión facial, que iba del enojo a la curiosidad, pasando por el entusiasmo y volviendo nuevamente a estar tan seria como un oficial de guerra.

ooOoo

- ¡Bien, todo está listo! – exclamó entusiasmado y con los ojos brillantes.

- Sí, claro. No puedo creer que en serio hayas ahorrado tu paga de dos meses para desperdiciarlo de esta manera. – le reprochó el otro sentado frente a un espejo mientras se peinaba pausadamente.

- ¡Cierra la boca! ¡Tú fuiste quien me dijo que lo hiciera!

- Solo era utilizando un par de botellas de sake. Y sabes que éste no era el plan original.

- ¡Claro que no! Esta idea es mucho más excitante.

- ¿Excitante? ¿En serio? Dulces sin grasas, ESO sí es excitante.

- Ya vámonos. Ni Ichigo ni Hinamori están cerca.

- ¿A dónde vamos?

- Esto no me suena bien.

- Nada sonó bien desde el momento que esos dos actuaron amables y educadamente.

- ¡Cállense! – gritó exasperadamente Ikkaku. – Los invité a tomar con Yumichika y conmigo ¿Y así es como lo agradecen?

- A mí no me dijiste que invitarías.

- Y a mí me obligaste a venir y traer dinero suficiente para otras dos personas.

- Ja. No sé ustedes pero a mí me han insistido no traer un solo centavo.

Los tres hombres pararon en seco y quedaron observando meticulosamente a Yumichika e Ikkaku.

- ¡¿QUÉ ESTÁS TRAMANDO MADARAME?!- gritaron al unísono.

- Tsk. Recuérdenme la próxima vez invitar solo a Kaien y Kira. – Respondió el aludido ofendido.

- Solo queremos… festejar el cumpleaños de Abarai como buenos amigos. Solo eso. – Yumichika intentaba calmarlos a todos con un aire desinteresado. Sin embargo, Renji lo miró negando con la cabeza.

- Mi cumpleaños no es sino hasta dentro de dos meses más.

- ¿Pero quién sabe si aún seguirás con vida para entonces? – Espetó el pelinegro.

- Tiene razón. Podría pasarte un camión por arriba esta misma noche. – inquirió Madarame con un brillo de malicia en los ojos que no pasó desapercibido.

- Es algo macabro, pero creo que tienen razón en cierta forma. – le dijo Hisagi con pesar mientras Renji los veía anonadado.

- G-gracias… supongo…

- Sabía que era mala idea aceptar salir con estos inútiles… - suspiró desanimado Toshiro mientras los seguía a un bar de aspecto sospechoso.

Esa noche, Madarame, Yumichika, Hisagi, Toshiro y Renji iban a festejar el cumpleaños del último con dos meses por adelantado, pero lo cierto era que Ikkaku por fin se vengaría por cómo una vez ese idiota cabeza de flamitas lo había llamado. La idea era establecer una buena amistad con él, para luego apuñalarlo por la espalda y humillarlo frente a todos en el clan. Esa noche, por fin luego de dos largos meses había juntado lo suficiente como para invitarlo a beber por ahí y así poder emborracharlo consumando la primera fase de su plan, sin embargo Renji se resistía a salir con ellos a menos que Hisagi y Toshiro los acompañara, aunque de todos modos eso no afectaba en nada sus planes porque así habría más espectadores ante la derrota de Abarai Renji.

Una vez dentro, y pasadas unas tres horas, Madarame logró su objetivo: Renji estaba fuera de sí, emborrachado hasta su última neurona… el problema era que no solo él lo estaba, Hisagi y Toshiro estaban en igual estado, pero el mismo Ikkaku estaba aún peor. El único en sus cinco sentidos era Yumichika, pero lo que menos quería era tener que estar empujando a cuatro borrachos hasta un hotel cuatro estrellas, ¡qué horror! Su bella imagen y reputación quedarían totalmente manchadas y ni hablar del sudor asqueroso que eso le dejaría en su tersa piel.

- Ja, ja, ja, y recuerdas cuando… cuando te llame ¡CALVITO! – los tres estallaron en carcajadas mientras un desorbitado Madarame intentaba analizar la situación "¿Acaso… se ríen de mí… o se ríen conmigo?"

-Sí, bueno… creo que nada como cuando te llamó a ti FLAMITAS – otro coro de risotadas llamó la atención de los pocos clientes que, gracias al sake que los tenía en una situación de borrachera semejante a la de esos cuatro, se reían junto a ellos.

- ¡Oye! Creo que era Cabeza de Fosforito…

- No, era Cabecita en Llamas… creo.

- ¡CÁLLENSE! Son todos esos y más apodos… pero creo que cada uno de ellos le queda perfecto… y cuando mi venganza culmine esta noche Abarai aprenderá a no llamarme nunca más de esa manera ridícula. – comenzó a reír como un desquiciado mientras los demás trataban de comprender lo último.

- ¿Y… entonces esto es una venganza? – preguntó confundido Renji.

- Vaya venganza que se les ha ocurrido… - le susurró Hisagi a Toshiro. – Recuérdeme, Jefe Toshiro, molestarlo así por la mañana. – Toshiro se cruzó de brazos y asintió seriamente, tal vez pensando en hacer lo mismo.

Yumichika golpeo su frente con la palma de su mano, dejando una gran mancha roja que lo alarmó haciéndolo huir hacia el baño y gritando "Mi bello rostro, mi bello rostro"

- JA, JA, JA, JA ¿VIERON CÓMO HA SALIDO A TODA VELOCIDAD? – las risas de Madarame contagiaron a todo el grupo y gran parte de los que estaban en el bar. – PARECE UNA PEQUEÑA PRINCESITA DE PORCELANA, JA, JA, JA, JA…

- COMO LA PRINCESITA DE LA LEYENDA DE CHINA. – vitoreó Renji.

- ¡Ah sí, tienes razón! – recordó Hisagi frenando sus risas. – pero ella era solo una niña.

- Ni siquiera era una niña ¡Qué rayos dicen huecos! – los regañó Ikkaku. – esa mocosa era una recién nacida solamente.

- ¡Ya lo recuerdo! – gritó nuevamente Renji golpeando la mesa con uno de sus puños. – Era la pequeña hija clandestina del emperador a la que asesinaron junto a su madre durante la guerra.

- ¿Cómo demonios hemos llegado a hablar de una leyenda? – se preguntó Hisagi mirando a lo lejos y tratando de recordar bajo los efectos de casi dos litros de sake sobre sí.

- No recuerdo bien la leyenda… era… era la hija del emperador y la sirvienta…

- No, no, no. Era hija de la aventura que había tenido con la panadera del pueblo.

- ¿No se trataba de su hermana?

- ¡Cierren la boca! – les gritó autoritario Toshiro. - ¿Quieren saber cómo es en realidad la historia de la niña que pudo tal vez haber sobrevivido a la muerte? – les preguntó con un aire misterioso, a lo que todos en el bar se acercaron rodeándolo, ansiosos por escuchar.

Ooo
Hubo un tiempo en el que los emperadores gobernaban sobre las tierras de China, en la que los herederos al trono debían estar comprometidos antes de cumplir los dieciocho años y así, una vez que su tiempo llegase, ellos podrían asumir sus responsabilidades con la absoluta seguridad de concebir un siguiente heredero. Era una obligación que los ataba a una tradición real, que era la de casarse con la persona elegida por sus padres poco antes de que el heredero naciera.

El último heredero al trono había perdido a su prometida en una guerra civil, poco antes de cumplir sus veinte años. El imperio había acompañado al joven en su duelo de tres días y tres noches con suma tristeza en sus corazones, pues bien sabían cuánto él la amaba a pesar de ser un compromiso arreglado. Y no fue la única tragedia que tuvo que soportar ese mismo año, en un atentado al palacio, el emperador y su esposa murieron en manos de unos bandidos que poco después fueron capturados y sentenciados a muerte; el joven debió asumir sus responsabilidades como nuevo emperador de China a una temprana edad y sin una esposa en la cual apoyarse en los tiempos difíciles.

No lo llevó tan mal, logró llevar adelante tan vasto imperio durante diez años. Todos creían que a pesar de no tener esposa o prometida, el joven emperador era feliz con su vida, pero no todo era cierto. Era feliz, pero eso no significaba que no tuviera a alguien a su lado; nadie lo sabía, pero el joven tenía una relación clandestina con la hija no reconocida de su consejero real. Sucedió que una vez, aquella extraña señorita había hecho un alboroto en las puertas del castillo reclamando la atención de su padre, el Consejero del Emperador, por supuesto y como era mal visto por la sociedad, el hombre la sacó muy groseramente de allí y sin cuidado alguno, la arrojó junto al fango de los alrededores del castillo. El emperador no lo pensó dos veces y la ayudó; desde ese momento comenzaron a verse innumerables veces durante un largo tiempo, y una repentina amistad se convirtió en una furtiva relación de amor.

Todo iba en perfecto estado y el emperador estaba por anunciar su relación con la plebeya cuando una nueva guerra estalló. No supo en qué momento ocurrió, a sus ojos todo iba bien y ahora no entendía nada. Cuando menos se lo esperó lo tomaron unos bandidos y lo mataron a varias puñaladas. El imperio se sumergió en tiempos de caos y terror, los jefes de dicha anarquía descubrieron que el maldito había dejado descendencia, y una pequeña niña recién nacida vivía en las tierras bajas del imperio junto a su madre. Cuando llegaron a buscarlas, violaron a la mujer y luego la mataron, junto a la niña.

Ooo

Varios hombres en el bar se quedaron en un silencio sepulcral mientras otros moqueaban con los rostros bañados en lágrimas.

- Eso… ¡ES TAN TRISTE! – soltó uno comenzando a lloriquear a la par que unos de sus compañeros le golpeaba la espalda en señal de consuelo.

- Eso no es todo. – dijo Toshiro a regañadientes al verse interrumpido.

- ¡Entonces termina de una vez! – le obligó Madarame desesperado por oír el final de tan emocionante historia.

Toshiro suspiró, de verdad que detestaba mezclarse con semejantes idiotas pero ya que había comenzado la historia debía terminarla.

- Lo cierto es que la mujer vivía junto a seis hermanos y una madre enferma, a la madre también la mataron para callarla antes de que despertara esa noche, los hermanos estaban todos en una fiesta que se organizaba en un pueblo vecino, así que cuando regresaron temprano por la mañana y vieron la sangre esparcida por el piso junto a su madre muerta pensaron lo peor de su querida hermana y sobrina… pero los cuerpos de ambas ya no se encontraban allí…

- ¡Es obvio que los bandidos se lo llevaron para hacerles quién sabe qué! – exclamó Renji furioso al imaginárselo, a lo que todos coincidieron con su opinión.

- No. – les respondió el peliblanco calmado. – Al día siguiente los bandidos regresaron para quemar los cuerpos, solo por si acaso. Se llevaron la misma sorpresa que los hermanos al saber que ninguno los conservaba. Buscaron por días y días algún indicio de su paradero, pero jamás hallaron nada que se relacionara con ellas. Por eso la leyenda cuenta que a pesar de que el imperio se disolvió con la muerte del último emperador, la hija clandestina que tuvo con esa plebeya pudo haber sobrevivido y dejado descendencia con sangre real a lo largo de todos estos años.

- Hay algo que no termino de comprender. – Yumichika se encontraba frente a Toshiro con una bolsa de hielo en la frente, provista por el buen barman del lugar. – ¿Por qué comenzar una guerra civil cuando tenían una buena vida? Has mencionado dos, una que acabó con la prometida y los padres del emperador, y la otra que acabó con el mismo emperador.

- Por esos tiempos, se andaba en busca de las Sagradas Escrituras. Éstas le daban a su propietario la autoridad máxima que doblegaba al del mismo emperador, en otras palabras, quien lo tuviera era una especie de Dios humano para la sociedad.

- ¿Y qué ocurrió con ellas? – Preguntó interesado Hisagi.

- Las encontraron. Pero tomarlas era el problema. Están selladas en algún lugar de China, y según la leyenda, solo quien posea sangre real será capaz de cancelar el sello. Por eso también se esforzaron por encontrar el cuerpo de la niña.

- ¿Están selladas? – preguntó el barman desde su puesto detrás de la barra. – ¿Quieres decir que aún existen?

- Es solo una leyenda, ¿Quién sabe?

- Bueno… más que leyenda parece un cuento de hadas. ¿Un sello que solo es abierto con sangre real? Tsk, eso es completamente estúpido.

- Tiene sentido si te pones a reflexionar sobre las antiguas creencias de este continente.

- Yumichika tiene razón, Ikkaku. Hasta hoy, algunas personas creen que espíritus errantes viven a nuestro alrededor, que demonios son capaces de devorar las almas de esos espíritus y que dioses de la muerte están aquí para protegerlos y protegernos. No es de extrañarse que creyeran que sellos hechos por la alta sociedad solo podían ser abiertos de una manera tan… poco usual… - aclaró Hisagi.

- Tsk, toda esa sociedad y ésta son puras idioteces, me vale muy poco lo que gente maniática crea. Como sea, esta noche se ha arruinado mi plan con esos cuentos para niños, yo me largo. – sentenció Madarame levantándose de su asiento y dirigiéndose a la salido.

- Primero debe pagar la cuenta…

- Abarai lo hará. Nos vemos.

Se fue dando un portazo y dejando con una cara de terror al pobre Renji, que ahora trataba de escapar de la mirada inquisitiva que el barman le daba desde el otro lado de la barra. La respiración se le cortó de repente y cayó de espaldas al piso siendo observado desinteresadamente por Yumichika, Hisagi y Toshiro.

- Bien, lo siento pero yo me largo. Debo dormir mis ocho horas diarias si no quiero tener ojos ojerosos y patas de gallo a temprana edad. Nos vemos. – Yumichika se levantó dejando su parte del dinero y se fue tranquilamente del bar.

- Supongo que deberemos ayudar a Abarai a… - Hisagi se alarmó cuando vio a Toshiro alejarse hacia la puerta tan tranquilamente. – ¿A-a-a dónde cree que va jefe?

- ¿A dónde más? De vuelta al hotel, Momo ha de estar esperándome y la verdad no tengo muchas ganas de escuchar mucho tiempo sus quejas sobre llegar tarde y despertarla para que me abra la puerta del dormitorio. Además, debía ayudarla con unos papeles que Kira necesitaba para cuando volvamos al clan. Demonios… esta será una noche bastante larga… - susurró lo último para sí mismo bajo la mirada de un confundido Hisagi. – Nos veremos por la mañana, Hisagi.

- ¿Q-q-q-qué… qué debo hacer? – Se dijo a sí mismo mirando a Renji que estaba tirado en el suelo aun inconsciente por el trauma.

- ¿Va a pagar, Señor? – El barman apareció detrás de él sin saber en qué momento. Hisagi se asustó y sintió como si todo tipo de explicación se escapara de su mente.

- Y-y-yo… - suspiró resignado. - ¿Cuánto es?

- Dos mil doscientos dólares. – le respondió como si nada, a lo que Hisagi cayó también desmayado por el detalle, y el Jefe Hitsugaya no había dejado su parte del dinero.

ooOoo

- ¿Qué demonios fue eso, Rukia? – le espetó Matsumoto entre una mezcla de satisfacción y enojo. – ¿Cómo es que te has ido con Kaien y has vuelto con Ichigo?

- ¿Quién te lo ha dicho? ¿T-Tu lo sabías?

- Me lo acabas de decir, "pequeña cabecita de enamorada" – le respondió golpeándole la cabeza juguetonamente. – pero creo que no deberías ilusionarlos así, cuando llegué a la habitación vi por la ventana que Kaien llegaba muy sonriente y supuse que se debía a ti, pero ahora te veo llegando con Ichigo ¡Y lo peor de todo es que por poco te besa! No sé cómo sentirme al respecto, por un lado es genial que una persona tan honesta como tú despierte a Ichigo de su estúpido mundo, pero Kaien de verdad parece quererte y creo que si él no te gusta deberías decírselo para ahorrarle dolor.

- O-o-o-oye Rangiku… yo jamás dije que él no me gustara…

- Entonces sí te gusta. – afirmó la rubia fingiendo desinterés, aunque por dentro se moría de la emoción.

- T-tampoco dije que sí.

- Entonces te gusta Ichigo.

- ¡NO! Bu-bueno… sí pero… no quise decir… NO, yo no… es que… - Rukia estaba tan roja como un tomate y sentía que ninguna frase coherente se dignaba a ordenarse en su cabeza. Rangiku la miró con ternura mientras sonreía aguantándose la risa.

- ¿Puede ser que… te gusten ambos? – Rukia abrió los ojos desmesuradamente y no supo qué responder ¿Sería cierto? ¿Le gustaban los dos a la vez?

- Yo… no lo sé... – respondió al fin agachando la mirada. – No sé qué siento por Kaien, pero sé que a Ichigo me gustaría que lo pisara un camión. – Matsumoto la miró incrédula ¿Qué demonios acaba de decir? – es tan… desesperante cuando dice las cosas sin pensar; odio cuando me llama "enana" o "idiota", y juro que podría golpearlo en medio de su idiota cara si tuviera la suficiente fuerza en cuanto me trata como a una niña… - vaciló antes de continuar y Rangiku lo notó.

- ¿Pero…?

- Pero tiene sus momentos tiernos y graciosos. Puede ser un chico increíble cuando quiere, y siempre está dispuesto a ayudar y proteger a los demás, me gusta eso de él…

Rukia recordó una vez de niña cuando un hombre llegó a su casa de improvisto sin que su padre estuviera allí. Su abuelo lo atendió y lo trataba tan familiarmente que decidió ir a saludar. El hombre la trató como si ya la conociera de toda la vida y le presentó a su hijo, un niño de casi su edad, tal vez dos años mayor, que tenía una sonrisa amistosa y tierna. Nunca supo su nombre pero anheló volver a verlo otra vez, algo que nunca pasó. "Ja, ja, tal vez lo recuerdo porque Ichigo se parece a él en momentos buenos".

- Rukia…

- Lo siento Matsumoto, no quiero pensar en eso. Ciertamente estoy aquí en contra de mi voluntad, más allá de que haya hecho buenas amigas y ahora conozca un poco mejor la personalidad de algunos de ustedes. Sé cuál es mi posición aquí y no puedo perder de vista la causa de todo esto. Aprecio el que quieras ayudarme a descubrir mis verdaderos sentimientos pero no quiero tener que relacionarme más de lo que ya estoy con ninguno de ellos. Buenas noches. – se quitó los zapatos y el suéter que llevaba puesto y se acostó en su cama dándole la espalda a Rangiku, quien sonrió con tristeza y tomó su dije apretándolo con fuerza.

ooOoo

Ya era de día cuando Matsumoto y Rukia fueron despertadas por el susto que les causaron los terribles golpes que amenazaban con romper la puerta de la habitación.

- ¡YA DESPIERTEN DE UNA VEZ SI NO QUIEREN QUE TIRE ESTA PUERTA ABAJO ANTES DE QUE PUEDAN CAMBIARSE LA PIYAMA! – la voz de Momo ya no sonaba autoritaria, más bien era similar a la de un sargento sanguinario con su escopeta en mano.

- M-Momo… Es temprano aún… danos veinte minutos y bajaremos…

- ¡¿TEMPRANO?! ¡MIRA TU MISERO RELOJ MATSUMOTO, SON LAS 10 AM! ¡SE SUPONE QUE PATIREMOS EN QUINCE MINUTOS! SI NO ESTÁN LISTAS EN CINCO MINUTOS EN MI HABITACIÓN HARÉ QUE SE VAYAN A PIE.

- Pe-pero no conocemos el lugar Hinamori. – le respondió esta vez Rukia temerosa.

- Ja. – Se escuchó del otro lado de la puerta. – Averígüenlo por sí mismas niñas, tienen cuatro minutos.

-¿QUÉ? ¿ACASO NO ERAN CINCO? – exclamó Rangiku saltando de la cama al igual que Rukia.

- Mientras sigamos hablando el tiempo se reduce cada vez más. Les quedan tres minutos. – A lo que recibió como respuesta un grito de desesperación de Matsumoto.

- Eres bastante dura con ellas, apenas son las nueve y media. – le reprochó Toshiro divertido a su lado.

- Me he levantado de buen humor, tenía que divertirme con algo ¿no crees?

- ¿No fue suficiente conmigo?

Ooo

Toshiro colgaba uno de sus brazos por el costado de la cama mientras dormía como un niño. Fue despertado por una trompeta que sonó sobre su oído y que lo aturdió hasta sentir que ya no tenía tímpanos.

- ¿Pero qué dem…? – el golpe en la cabeza que le generó levantarse tan abruptamente sin percatarse de que la trompeta estaba encima de él lo llevó a maldecir mentalmente a todos los santos y hombres por la existencia de esa maldita cosa.

- ¡ES HORA DE LEVANTARSE! QUIERO CINCUENTA LAGARTIJAS EN ESTE MISMO INSTANTE.

- Momo ¿te has vuelto loca?

- ¡NO ME RESPONDAS! SOLO HAS LO QUE DIGO – Momo lo miraba con las manos en su cintura y un brillo extraño en los ojos.

- Ni creas que… - Momo lo tomó del brazo antes de que pudiera acostarse y lo arrojó sin piedad al suelo sentándose sobre su espalda. – ¿ Qué es lo que…?

- AHORA, LAS CINCUENTA LAGARTIJAS. APRESÚRATE QUE NO TENGO TODA LA MAÑANA.

- Maldita… me las pagarás…

- ¿Eh? ¿Es que no te atreves a hacerlo conmigo sobre ti? ¿Acaso eres tan cobarde como para rechazar mi reto? – Toshiro la miró sin comprender. – TOSHIRO HITSUGAYA ¡TE RETO A QUE HAGAS CINCUENTA LAGARTIJAS CONMIGO SOBRE TU ESPALDA!

- Eres verdaderamente una molestia. – Hinamori lo miró esperando su contestación, aunque supiera de sobra cuál sería. – Acepto. – Ella sonrió con satisfacción y orgullo, de alguna manera sabía que aceptaría su desafío.

Ooo

- Aunque fue gratificante ver cómo caías en mis provocaciones… no, no lo fue del todo. Necesitaba molestar a alguien más, y a parte de Matsumoto, sé perfectamente a quién más molestar. – Momo sonrió de la manera más tenebrosa que Toshiro le vio antes y temió por quien fuera su próxima víctima.

- ¡SANTO CIELO YUMICHIKA! – el alegado se sentó en la cama sorprendido por el grito y se quitó la mascarilla que usaba para dormir. – EL RECEPCIONISTA DEL HOTEL ME HA DICHO QUE LA MARCA QUE TANTO TE GUSTA HA DEJADO UNA CARGA COMPLETA DE NUEVOS PRODUCTOS. HAY CREMAS, EXFOLIANTES, Y MUCHAS OTRAS COSAS MÁS, Y LO MEJOR DE TODO: ¡TODO ES GRATIS! – Antes de que Momo terminara de hablar, Yumichika saltó a la puerta y salió a la velocidad de la luz rumbo a la recepción del hotel ¿exfoliantes y cremas gratis? Eso debía ser suyo, solo suyo.

Al llegar no vio más que gente bien vestida que circulaban por allí mirándolo como si se tratara de un bicho raro… aunque pensándolo bien ¿Qué hombre en su sano juicio bajaría a la recepción de un hotel cuatro estrellas vestido con un piyama rosa con dibujitos de corazones? Tratando de disimular su vergüenza volvió a subir a su habitación tomando el elevador, lo que fue mala idea ya que cinco personas más ahí dentro lo miraban aguantando la risa. "Mataré a esa desgraciada, juro que la mataré" sentenció Yumichika con lágrimas ridículas en los ojos y una cara más roja que el pelo de Renji.

En su habitación, Momo se partía de la risa mientras era observado por Toshiro, quien la miraba divertido y contento de verla en ese estado.

- ¿Lo… lo viste? Porque creo que yo no, ja, ja, ja, ja – trataba de hablarle mientras se sostenía el estómago con una mano y limpiaba sus lágrimas con la otra.

- Eres… olvídalo. - le dijo él con una sonrisa resignada. Era toda una caja de sorpresas.

- Es que… es que… ja, ja, ja, ja, ja

- Ya, Momo cálmate. – trataba de pararla siendo un poco serio, aunque viéndola así solo quería seguir riendo con ella. – No me obligues a hacer lo que no quiero. – la amenazó con una sonrisa torcida en su rostro.

- ¿Eh? ¿Y qué podrías hacerme tú para que te tenga miedo? – le respondió parando de reír para prestarle atención.

- ¿En serio quieres saber? – Hinamori solo asintió y él se lanzó sobre ella en la cama y comenzó a hacerle cosquillas por todas partes mientras ella se torcía de la risa y le pedía que por favor parara. – No me dejaste opción, Hinamori. Ahora sufrirás mi terrible furia. – le gritó mientras seguía haciéndole más y más cosquillas hasta que en un momento cayeron ambos al suelo y ella quedó sobre él.

- Ahora, espero que tú no tengas cosquillas o sufrirás MI furia. – le dijo Hinamori con una sonrisa de oreja a oreja.

- N-no lo harías. – le respondió nervioso tratando de quitársela de encima.

- ¿Quién dice que no? – esta vez era Toshiro quien le suplicaba que lo dejara en paz mientras Hinamori reía divertida sobre él, se torcía de la risa mientras Momo le hacía cosquillas por todos lados.

Rukia y Rangiku llegaron sin aire a la habitación de Momo. Cuando Rukia escuchó los gritos de Toshiro se alarmó, y Rangiku también al sentir las risas inusuales de Momo.

- ¿Qué es lo que sucede ahí dentro? – preguntó preocupada Rukia mientras Matsumoto abría sigilosamente la puerta.

- No lo sé, pero la puerta está abierta, veamos. – le respondió ella asomándose por el pequeño espacio que dejó abierto.

Ambas se sorprendieron de verlos a los dos chicos jugando como niños pequeños ¿acaso se estaban haciendo cosquillas? Aunque al principio les pareció utópica la situación comparándola con la actitud seria que ambos tenían siempre, pronto debieron aguantarse las risas para que no las descubrieran.

- Creo que mejor nos vamos a desayunar, aún nos quedan quince minutos para partir.

- Tienes razón. – le respondió Rukia dirigiéndose al elevador. Una vez dentro comenzaron a bajar. – Tal vez nos encontremos con Madarame y Yumich… - dejó de hablar al ver que los dos chicos se subían al elevador, el último con un mal humor que se le notaba hasta en el alborotado cabello.

- ¿Es que te has peleado con el cepillo? Tu cabello es un desastre, Yumichika – lo acusó Matsumoto casi gritándole.

Yumichika solo la miró con el ceño más fruncido que el de Ichigo y con unas ojeras de abuelo, murmuraba cosas sin sentido, y ellas solo decidieron dejar de mirarlo, solo por si sus ojos no terminaban convirtiendo en piedra a quien lo mirara directamente.

ooOoo

Kaien iba manejando una camioneta negra, Ichigo iba a su lado y Rukia en los asientos traseros. El ambiente estaba tenso, se sentía una atmosfera incomoda alrededor de los tres, ninguno hablaba o se miraba si quiera. El hecho es que solo Rukia sentía eso, porque ni a Ichigo ni a Kaien les molestaba el silencio, habían ultimado detalles antes de partir y ya no había necesidad de seguir dándole vueltas, pero Rukia prefería un millón de veces compartir el transporte con Toshiro, Momo y Rangiku o incluso con Madarame y Yumichika, pero estar entre los dos hombres que últimamente la confundían con sus acciones la estaba matando. Ni siquiera Ishida estaba ahí para salvarla, al menos así estaría regañando a Ichigo por algo, o hablándole amablemente a ella para que no se aburriera, "¿A dónde te has ido en momentos críticos como este Ishida?" lloraba mentalmente Rukia.

- Ahh… ¿Podrían… podrían poner la radio para escuchar algo más que este aburrido silencio y el molesto ruido del motor? – preguntó tratando de sonar natural.

- ¿Qué te molesta enana? Es mejor así…

- No te preocupes Rukia, enseguida lo hago yo. – le respondió amablemente Kaien ganándose una sonrisa de parte de ella. Algo que molestó ligeramente a Ichigo.

- Mantén tu vista al frente, vas a una considerada velocidad. Yo lo haré. – le respondió de mala gana, a lo que Kaien lo vio extrañado por su actitud.

Sintonizó una radio en la que pasaban música lenta y romántica, no encontró ninguna otra que se escuchara bien así que se resignó a escuchar esa.

- ¿Podrías subirle el volumen? – le preguntó Rukia animada. Ichigo solo bufó y subió le volumen.

Rukia comenzó a cantar la canción en voz baja pero de todas maneras los dos chicos lograban escucharla y se deleitaban con su voz.

- Mi abuelo me la cantaba cuando era una niña.

- Ya veo. Cantas muy bien, Rukia. – ese comentario alegró a Rukia pero también la hizo sonrojar.

- ¿Me han oído?

- No teníamos opción si cantabas más alto que la misma cantante. – respondió de mala manera Ichigo, por lo cual recibió un golpe desde atrás.

- Ja, ja. No te preocupes Rukia, yo creo que tienes talento. – Kaien la vio a través del retrovisor y le guiñó un ojo, sonrojándola aún más y haciendo que desviará la mirada hacia la ventana a su lado.

- ¿Eh? – él se preocupó por esa reacción – ¿Qué pasa? ¿He dicho algo malo?

- ¡No, no! – se apresuró a corregir ella. – Para nada. Gracias por el cumplido. – y esta vez fue el turno de Kaien de sonrojarse y desviar la mirada.

- N-no… no hay de qué…

Ichigo agradeció de ver a lo lejos un túnel que posiblemente llevaba a las minas de la ciudad, donde posiblemente estuviera Floro. Sonrió con determinación y le pidió a Kaien que acelerara el motor, pronto llegarían.

Al llegar, bajaron y esperaron a que las otras dos camionetas llegaran por detrás, una vez listos, se adentraron a la mina con paso firme y seguro. Pronto un hombre alto y forzudo detuvo su andar y les preguntó sus nombres.

- Soy Kurosaki Ichigo, y venimos a ver al Señor Ósteh. Tengo entendido que él trabaja supervisando estas minas de esmeralda.

- Eso es cierto, él se encuentra en estos momentos trabajando en…

- ¡Maiko! – se escuchó una voz ronca a sus espaldas. - ¿Quiénes son estos hombres? – un hombre de mediana edad apareció desde sus espaldas caminando tranquilamente con ayuda de un bastón. No era bajo, ni encorvado, no se asemejaba a los viejos de las películas de Hollywood; era un hombre alto, de buen porte, cabello oscuro y cara de buen tipo pero serio, no podían ver mucho más con la luz de los pequeños faroles que iluminaban allí dentro.

- ¡Señor Ósteh! – exclamó el primero con sorpresa. – Lo siento, estos hombres han ingresado sin permiso preguntando por usted. – Ichigo miró una vez más al hombre del bastón, así que ese era Ósteh Floro.

- Pues bien muchachos ¿qué les parece si vamos un momento afuera y hablamos tranquilos? Aquí no solamente les molesta la vista a ustedes, también ustedes molestan a quienes están trabajando. – les dijo mirándolos seriamente pero sin rastro de enojo o molestia.

Una vez fuera, el grupo se quedó detrás de Ichigo mirando al hombre frente a ellos. Ahora que lo veían mejor, a pesar de su físico, su rostro presentaba algunas arrugas y signos de envejecimiento; tenía el cabello caoba pero canoso, las arrugas alrededor de sus ojos le denotaban una edad aproximada de cincuenta y tantos de años. Rukia notó que al caminar, su pierna izquierda no se movía y por eso se ayudaba con un bastón. Sus ojos eran color verde esmeralda, algo irónico pensando en qué tipo de mina trabajaba.

- ¿Y bien? Han venido hasta aquí para preguntar por mí ¿Qué es lo que precisan de mí, niños? – preguntó amablemente pero serio a la vez.

- Entonces ¿usted es realmente Ósteh Floro? – el hombre en cuestión solo asintió afirmativamente. - ¿Qué relación tiene usted con mi tío Aizen Sosuke? – le preguntó directamente dejándolo sorprendido y sin saber que responder. – Respóndame, ¿Qué relación tiene usted con Aizen para que él esté tan enojado con usted?

- ¿Qué… han venido a hacer ustedes aquí? – les preguntó él con un hilo de voz.

- Él nos ha mandado… - no quiso decir lo último pero se sintió obligado. – matar a su familia.

Floro abrió los ojos desmesuradamente y el color se le fue del rostro, su respiración era antes tranquila y acompasada; ahora respiraba agitado por el impacto de la noticia, no era en serio eso ¿o sí? Aizen no llegaría tan lejos por un poco de información, no lo haría.

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Muchas gracias por leer y comentar! Sinceramente sus comentarios me animan y mucho, desde la publicación anterior estuve escribiendo cada día un poquito más para completar este cap. así que espero que les haya gustado.

Respecto a los comentarios, no puedo responderlos por separado ahora porque me parto del sueño (pese a que todavía no sea medianoche) pero sepan que los leí a todos una y otra vez para incentivarme a la hora de escribir, muchas gracias de verdad :3 Me alegro de que aun sigan la historia y les guste!

Nos leemos pronto! Bye! O.-/