– Entonces... ¿Qué es esto?
– Contrato de silencio por el mínimo de dos horas hasta que acabemos de hablar. – respondió Floro mirándolos serio.
– Está escrito en una servilleta de papel. – habló Rukia mirándolo como si tratara con un loco.
– Lo sé.
– ¿Cómo es que...?
– Es un contrato entre nosotros. Si ustedes hablan o discuten nuevamente luego de haber aceptado las condiciones del contrato yo me iré y no les contaré nada de lo que quieren saber.
– ¿Es broma? Nos está tratando como a niños. – dijo lo último a Ichigo con un tono de incredulidad.
– Señor Ósteh, yo no creo que...
– Han estado discutiendo y peleando durante casi media hora, ¿Creen que han pasado desapercibidos? – Floro se cruzó de brazos y los miraba enojado, casi parecía que los estaba reprendiendo como a verdaderos niños. – La única razón por la que todavía no nos han sacado a patadas de aquí es porque soy buen amigo del dueño y él me debe un favor. De todas maneras, espero que sea la última vez que se comportan de esa manera, son adultos y parecen niños. – Tanto Ichigo como Rukia se quedaron pasmados ante tal sermón, ambos pudieron ver en el hombre ese modelo de padre que no habían tenido.
– Lo siento... – se disculparon los dos cabizbajos.
– Bien... Pero firmen. – un aura de pesadumbre rodeó a los jóvenes y Floro sólo sonrió. – Supongo que entonces puedo seguir contándoles lo que tanto los inquieta ¿verdad? – Ichigo y Rukia asintieron y él prosiguió. – Yun había tenido una hija con una mujer del pueblo luego de haber asumido como emperador. Cuando lo mataron y quemaron sus restos fueron a por la niña y su madre, todos creyeron que habían muerto esa noche pero lo cierto es que los cuerpos jamás aparecieron. Por años buscaron encontrarla para poder obtener las Sagradas Escrituras pero cuando ya se dieron por vencidos decidieron abandonar toda la historia como si tan sólo se tratara de un leyenda.
– Entiendo todo eso, de verdad que lo hago pero... Aún no logro comprender qué relación guarda esta historia con nuestros padres. – preguntó todavía confundido Ichigo.
– Ya, ya, no te apresures necesito explicar todo desde el principio para que ustedes no se confundan aún más. – Hizo una pausa y miró sus manos sobre la mesa. Le sería un poco más complicado de explicar desde ahora, no tanto por cómo lo diría sino por cómo se lo tomarían. – Creo que a partir de aquí ya ninguno conoce de lo que voy a hablar... Cuando la mujer y su hija desaparecieron no fue casualidad ni magia, Yun sabía que tarde o temprano irían a por ellas así que puso uno de sus guardias más cercanos a su cargo. Kenta Kusaki, además de ser su guardaespaldas era pariente de la mujer, las ayudó a escapar y las mantuvo escondidas, rehicieron sus vidas lejos del antiguo imperio. Así creció la pequeña Lyn, sin saber la verdad acerca de su padre y con un nuevo apellido, "Shirayuki". – Rukia abrió los ojos tan desmesuradamente que dolían. Ichigo alternaba su vista entre ella y el hombre, pues a pesar de haber prestado atención a todo el relato no conseguía comprender una sola palabra. – Por su parte, Kenta también tuvo hijos, su primogénito se llamaba Yun en honor al emperador, con Lyn se llevaban sólo tres años de diferencia pero Kenta lo había educado en el deber de protegerla siempre. Así como se decidió que la niña cambiara su apellido para protegerla, Kenta decidió que lo mejor era hacer lo mismo con el pequeño Yun, de esta manera el apellido Kusaki pasó a ser... – Miró a Ichigo directo a los ojos y respiró profundo. – Kurosaki.
Pasaron varios minutos antes de que alguno pudiera volver a hablar, era mucha información para ellos y si era como creían entonces su encuentro no fue una mera coincidencia.
– ¿Qué... qué significa todo esto entonces? – se animó a preguntar aún cabizbaja Rukia.
– Los Kurosaki juraron desde entonces que estarían velando por la seguridad de los Shirayuki, aunque fuera entre las sombras. La razón por la que sus padres se conocieron fue porque Isshin sabía lo que debía hacer pero Hisana no tenía idea de su condición; Isshin se acercó a ella como si nada fingiendo una simple amistad que luego se formó en un lazo muy fuerte, eran como hermanos... En todo sentido... – dijo lo último para sólo escucharse él.
– ¿Y cómo es que usted los conocía? – siguió preguntando Rukia a lo que él solo sonrió nostálgico y luego miró a Ichigo.
– Hemos sido amigos con tu padre desde que usábamos pañales, más bien… al principio nos llevábamos como perro y gato a pesar de que nuestras madres eran como hermanas pero con el tiempo nos volvimos tan compañeros que nos confiábamos nuestros secretos el uno al otro. Cuando supo de Hisana me lo contó todo acerca de los Shirayuki y los Kurosaki, me pidió ayuda para poder acercársele sin que ella supiera verdaderamente quién era él; recuerdo que comenzamos mal y Hisana nos llamaba acosadores de famosos pero luego se volvió una persona muy importante para nosotros y comenzamos a sentirnos como una pequeña familia. Ellos dos se llevaban tan bien que hasta se unían en secreto planeando ideas para molestarme. – Sonrió ante el recuerdo. – El tiempo pasó y las cosas cambiaron… – Rukia al ver que Floro vaciló preguntó qué pasó y éste la miró con los ojos perdidos. – yo viaje para estos lugares y en consecuencia del amor decidí quedarme aquí junto a la persona que hoy es mi esposa, Isshin conoció a Masaki y Hisana a Rei. Aun en la distancia seguíamos comunicándonos e Isshin me contaba que hacía lo imposible por separar a Hisana de ese hombre que sólo la maltrataba y la usaba por su fama, sin embargo no podía hacer mucho, ella no conocía la historia, le reclamaba constantemente que era su vida y su decisión, que no se entrometiera. – suspiró largo y cansado, pues contar la historia era mucho más difícil de lo que parecía pero aun así debía continuar, esos chicos merecían saber la verdad. – Al poco tiempo naciste tú, – dijo mirando a Ichigo. – Isshin y Masaki eran realmente felices y Hisana por su lado ya había conocido al Kuchiki, me llevé una gran sorpresa cuando dos años después me enteré de que ella estaba embarazada y el Kuchiki no se haría cargo pero Isshin le abrió las puertas de su casa y por los próximos nueve meses Hisana prácticamente vivió con los Kurosaki. No soporté saber que ella había muerto al dar a luz y aun así Masaki me contó que Hisana ya lo sabía y aun así había elegido morir por la segunda persona que más amó en el mundo, a ti Rukia. – la mencionada se encontraba cabizbaja llorando en silencio, cada vez que oía de su madre se sentía más y más orgullosa de ser su hija. – Traté incontables veces de verte en la mansión Kuchiki pero ese hombre no me lo permitió, nunca nos dejó a mí o a Isshin; a pesar de todo él lo logró, tu abuelo era un aliado de Isshin que le avisaba cuando ir a la mansión, él se encargó de llevar a Ichigo algunas veces para que ambos se conocieran y entablaran amistad…
– Pero yo no recuerdo haberlo visto nunca cuando era pequeña.
– Yo tampoco la recuerdo…
– No sé qué fue lo que pasó, lo último que he sabido de Isshin fue a través de una carta hace ocho años donde me contaba que ya no podría llamar más ni mandar cartas por mi seguridad, unos bandidos estaban en su contra y había decidido desaparecer un tiempo, tú y tus hermanas se quedarían con Aizen hasta que regresaran, sin embargo… jamás volví a saber de él…
– Él está muerto. – declaró Ichigo en un susurro apagado, sin vida. Sin embargo, para Floro fue un grito que resonó una y otra vez en sus oídos, ¿Había oído bien? ¿Isshin estaba… muerto?
– ¿Qué… has dicho? – fue lo único que salió de su boca y sin él quererlo, las palabras daban vuelta en su mente sin cobrar sentido alguno.
– Mi padre ha muerto junto a mi madre y hermanas cuando yo tenía diez años. – confirmó el chico sin atreverse a enfrentarlo con la mirada, sentía que si lo hacía él también quedaría en trance. – Una noche… – vaciló. – mi tío me contó que una noche ellos salieron a encontrarse con los jefes de ese grupo de bandidos, a pesar de que mi padre no quería involucrarnos a ninguno mi madre decidió no abandonarlo. Se suponía que mis hermanas estaban durmiendo y yo desperté justo para verlos partir, luego de un rato subí a verlas pero ellas no estaban en la cama ni en ningún lugar de la casa… al día siguiente los oficiales confirmaron a mi tío que en el auto se hallaron los cadáveres de mis padres y las dos niñas.
El silenció reinó entre los tres integrantes de la mesa diez en Al Theatro. Ichigo no era capaz de recordar esa parte del pasado sin sentir morir una parte de él cada vez que lo hacía; Floro aun trataba de comprender lo que acababa de contarle, tantos años y él creyendo insulsamente que su amigo estaba refugiado en algún lugar; por otro lado y a pesar de que lo último no la implicaba a ella, Rukia se sentía completamente confundida y vacía, pues si antes no sabía quién demonios era ella ahora estaba más perdida que botón en el mar. La música de fondo era relajante y ambientaba elegantemente al lugar, sin embargo era ajeno para ellos que se encontraban perdidos cada uno en su propio mundo.
Rukia no aguantó mucho más tiempo y comenzó a llorar totalmente derrumbada, se tapó la boca para evitar dejar escapar sus sollozos pero era inútil, no se podía controlar, toda esa información, todo lo que ese hombre le había dicho era… simplemente increíble en todas sus interpretaciones, quería descargarse con algo, sentía la necesidad de golpear algo y romperlo hasta que no quedara más nada de ello, quería… ya ni siquiera sabía lo que quería, ni siquiera sabía quién era.
– Lo siento… necesito ir al baño. – Corrió hasta llegar a uno de los cubículos y se encerró en él para luego desplomarse en el suelo y vomitar dentro del retrete, todo le daba vueltas y se sentía enferma pero ya no le importaba, si se sentía vacía en alma estar vacía en el estómago no era la gran cosa. Cuando por fin acabó, salió del cubículo y se enjuagó la boca, tomó varias de las mentas que había en una cesta y se los llevó a la boca, se miró al espejo: pálida, ojerosa, con los ojos rojos e hinchados, su cabello antes arreglado en una hermosa coleta alta ahora estaba despeinado, ella temblaba, se sentía un insecto al lado de cualquier cosa, insignificante y solitario. Salió del baño después de estar pensando en nada durante quince minutos, decidió que era hora de volver a la mesa aunque no quisiera a menos que estuviera de ánimos para escuchar los sermones de Ichigo, aunque a juzgar por su anterior aspecto de seguro él tampoco estaba de humor para nada, ni siquiera para reclamar.
– Te tomas tu tiempo. Sí que sabes cómo preocupar a los demás, enana hueca. – Rukia paró como si nada su andar y volvió la vista hacia atrás, Ichigo se encontraba recargado sobre la pared al lado de la puerta del baño con los brazos cruzados. – ¿Te encuentras bien?
– Lo siento, ahora lo estoy. ¿Has estado aquí mucho tiempo?
– No te preocupes, vamos. – Ambos volvieron a la mesa donde el señor Ósteh los esperaba con la mirada perdida en la enorme pecera del restaurante.
– Lo siento. – Se disculparon ambos jóvenes sin atreverse a mirarlo a la cara. Floro sólo asintió y los tres volvieron a ese incómodo silencio que duró casi diez minutos.
– De seguro no creen ni una sola palabra de lo que les he dicho ¿verdad? – él tampoco era capaz de mirarlos a los ojos, se sentía muy deprimido por la última conversación.
– No es que no queramos hacerlo – Habló Ichigo en representación de ambos sin esperar aprobación de la chica. – pero ¿Cómo sabemos que no ha inventado todo eso? Ya de por sí es bastante fantástica la leyenda de las Sagradas Escrituras, es imposible siquiera poder creer sin más que nosotros somos parte de toda esa historia.
– Entiendo lo que quieres decir Ichigo, créeme cuando te digo que yo pasé por lo mismo que tú cuando Isshin me lo contó pero a diferencia de ti yo tuve que confiar en la palabra de mi mejor amigo, en cambio tú… bueno, yo puedo darte una prueba de que todo lo que dije es cierto. – Ichigo lo miró sorprendido. – La verdad no entendía por qué demonios tu padre había adjuntado con esa carta que me envió el libro del emperador y la libreta de Yugao, tu tatarabuela, supongo que ahora comprendo que él siempre supo que podría llegar a morir. – Floro sacó de su portafolios una pequeña cajita de color negro y se lo entregó al chico que sólo lo recibió sin nada que decir. – Lo siento, Rukia, pero no tengo nada para ti que pueda probar lo que te he contado acerca de tu madre, pero… puedo darte esto. – sacó del mismo lugar un álbum de fotos blanco con flores azules.
– ¿Qué es esto? – preguntó curiosa pero sin animarse a ver el contenido.
– Verás que tu madre amaba sacarse fotos, creo que se quería mucho a sí misma. – sonrió por ese comentario, ella también era un poco ególatra a veces, aunque nunca lo admitiría. – Este era un álbum de fotos que ella convirtió en su diario personal, no dejaba a nadie verlo o tocarlo pero de seguro tú serás la única a la que ella estará feliz de dejárselo abrir. – Rukia lo abrazó a sí misma y se aguantó las lágrimas.
– Gracias… de verdad, muchas gracias. – le susurró con la voz quebrada, él sonrió y luego suspiró.
– Bueno… creo que esta ha sido una velada bastante larga y Ana no me abrirá la puerta si no llego en una hora. Pueden llamarme cuando lo necesiten, – les dijo entregándoles una tarjeta a cada uno. – prometo que siempre estaré ahí para ayudarlos en lo que pueda. ¡Bien, nos vemos niños! ¡Ah! Y pórtense bien, el contrato ha caducado. – les sonrió cálidamente y luego se fue dejando a ambos chicos pensativos.
– Ichigo…
– ¿Mmh?
– No ha pagado su parte de la cuenta ¿verdad?
– Eso creo.
– Ichigo…
– ¿Mmh?
– Yo… creo que he olvidado mi cartera en el auto cuando veníamos…
ooOoo
– ¿Qué escuchas? – preguntó entrando a la habitación sin avisar antes.
– Ven, escucha. – Toshiro se acercó a la cama y se sentó junto a ella. Hinamori le pasó uno de los auriculares y él pudo escuchar la voz de una mujer.
– Veo que esta canción te anima mucho.
– ¿Por qué lo dices?
– Normalmente me responderías "¿Qué te importa?" o "No tengo por qué responderte" y más luego de lo que ha sido esta noche.
– Tsk. – Toshiro sonrió y se acostó a su lado.
– ¿Cómo se llama?
– Hikaru Nara.
– Goose House.
– ¿Los conoces?
– Rukia solía escucharlos a veces. – Hinamori dejó de sonreír de a poco, él y Rukia parecían llevarse muy bien y a pesar de que eso no debería importarle le molestaba un poco.
– Se llevan muy bien ¿verdad?
– Siempre hemos sido muy unidos, desde niños mi padre me ha criado en el deber de protegerla como su guardaespaldas, también era su mayordomo pero a ella nunca le gustó verme de esa manera, prefería que la llamara por su nombre en vez de Señorita Rukia o Señorita Kuchiki. Nos conocimos cuando ella tenía cuatro años y yo solía ir a jugar a la mansión cuando su padre estaba de viaje y su abuelo me lo permitía; cuando cumplí los ocho el Señor Kuchiki decidió que yo crecería junto a Rukia como su mayordomo y guardaespaldas y aun así Rukia me siguió tratando como uno de sus mejores amigos. Siempre estuve ahí para lo que necesitara y de la misma manera ella lo fue conmigo. – Toshiro rió al recordar una vez cuando Rukia tenía catorce años y la ayudó a escapar a la fiesta de una de sus amigas, esa noche ambos volvieron pasados de copas y casi fueron atrapados por los perros de seguridad de no ser porque Riruka los ayudó a pasar desapercibidos.
Momo vio como esos ojos celestes brillaban al recordar lo vivido con Rukia y eso la desanimó un poco. La canción en su Mp4 se repitió una vez más y ella sólo sintió que no era para ella.
–…por eso podría decir que somos como hermanos, – Momo abrió los ojos sorprendida. – más bien ella es como mi pequeña hermanita torpe a la cual no puedo perder de vista. – sonrió y rió por tal ocurrencia. Hinamori lo vio de perfil y sintió como se aceleraba su corazón.
– Te quiero – cerró los ojos y sonrió, ese pensamiento la dejó sin más palabras, no podía creer que se había encariñado con ese idiota en tan poco tiempo pero lamentablemente así se sentía.
La canción terminó y volvió a empezar, intencionalmente ella había programado al Mp4 para que se repitiera la canción hasta que ella lo quisiera. Al sentir una mirada intensa sobre sí abrió los ojos y se dio cuenta de que Toshiro la miraba fijamente con los ojos bien abiertos, como si estuviera sorprendido.
– ¿Qué pasa? – preguntó confundida.
– ¿Qué has dicho?
– Te pregunté qué pasa, tonto. Ja, ja, pareces idiota mirándome así, aunque pensándolo bien siempre te ves como idiota. – dijo llevándose una mano a la barbilla.
– ¿Me quieres?
– Tsk, idiota ¿cómo es que…? – fue entonces cuando Hinamori reparó en lo que había preguntado. Cómo él había reaccionado. La pregunta… "Demonios, ¿Qué he dicho?", ahora sí era un pensamiento.
– ¡ERES UN IDIOTA! – le gritó completamente roja como un tomate, lo empujó con tanta fuerza que lo terminó tirando de la cama y luego salió corriendo de la habitación dejando a Toshiro aún más confundido.
– Pero… ¿ahora qué fue lo que yo hice? – se preguntó tumbado en el suelo.
.
Hinamori llegó a la fuente del gran parque detrás del hotel, de tanto correr se había agitado y le costaba respirar, sus sentimientos eran un tormento sin freno, se estaba ahogando en sus pensamientos, definitivamente lo que había dicho era un completo error, era mentira, sólo un pensamiento de su subconsciente…
– ¡NO! ¡No, no, no, no! No es nada… – se agarró la cabeza y comenzó a sacudírsela desenfrenadamente. – No lo dije en serio, no es verdad, fue una mentira, algo que dije descuidadamente sin pensar…
No iba a caer de nuevo en el mismo juego, no. Ya había perdido una vez cuando decidió dejar entrar a Yukiko, él le había destrozado el corazón y de seguro reía tras su espalda, había aprendido gracias a él que no se podía confiar en los hombres por más honestos que éstos parecieran, todos eran iguales y querían divertirse para luego abandonarte como si fueras un animal.
– No voy a caer de nuevo en ese estúpido juego y Toshiro Hitsugaya no es nada para mí. – declaró decidida a las estrellas que había esa noche.
ooOoo
– Muy bien chicos, los he llamado esta noche porque tengo una misión muy importante que cumplir y no me será posible a menos que ustedes me presten de su preciada ayuda. – Matsumoto se veía tan seria que asustaba, Renji, Yumichika y Madarame se vieron entre ellos y asintieron dispuestos a ayudar en lo que hiciera falta. – ¡Perfecto! Muchas gracias, chicos.
– Dinos qué debemos hacer. – le dijo Renji ansioso por saber de la misión.
– Muy bien… primero se pondrán estos hermosos trajes junto a estas gafas negras. ¡Ah! Y Yumichika les prestará el gel de ultrasecado que sé que tiene escondido entre sus cosas.
– ¡¿QUÉ?! ¡E-ESO NO ES CIERTO! ¡Y TAMPOCO SE LOS PRESTARÍA! – exclamó nervioso ante tal acusación.
– Bueno, de hecho sólo deberías prestárselo a Renji ya que… – Miró a Madarame sin saber bien qué decir, el aludido se sintió observado y los miró a todos inquisitivamente.
– ¿Qué demonios es lo que…?
– ¡JA, JA, JA, JA! – explotó en risas Renji señalándolo con una mano y sosteniéndose el estómago con la otra. – ¡ESO ES PORQUE ERES CALVO, IDIOTA! ¡JA, JA, JA, JA! – Madarame apretaba los dientes mientras su cara iba tiñéndose de bordó. – ¡JA, JA, JA, JA, AHORA PARECE UN BALÓN ROJO!
– Como sea… sólo hagan… – no terminó de hablar cuando vio cómo Renji volaba hasta la cama de Rukia impulsado por el gran puñetazo que le propinó Ikkaku. – Demonios. – susurró Rangiku al ver cómo el pelirrojo quedó inconsciente y con un diente roto. – ¡¿Es que eres idiota o te pagan por serlo?! – gritó furiosa Matsumoto, asustando tanto a Madarame como a Yumichika. – ¡Ahora gracias a ti tendré que llamar a Kaien para que tome el lugar de Renji!
Entre los gritos Renji recobró la consciencia y se levantaba sobándose la barbilla. Se dirigió hacia Madarame sin que éste se diera cuenta y le devolvió el golpe justo en la mejilla derecha haciéndolo chocar contra Yumichika y a éste contra la pared.
– Je, je, lo siento, es que no me gusta deberle nada a nadie. – respondió a la mirada asesina de Rangiku para luego sentir que su cabeza se pegaba a su cuerpo quedándose sin cuello. – ¿Q-qué demon…?
– Asesinaré al primero que deje inconsciente al otro. – le respondió de antemano la rubia con voz de ultratumba. Renji tragó grueso y calló sintiendo escalofríos. – Ahora vayan todos a cambiarse, ¡los quiero aquí en diez minutos! – y cómo si se tratara de la mismísima Hinamori Momo, los tres obedecieron a la orden.
En menos de cinco minutos los tres chicos estaban cambiados, peinados y hasta se sentía un rico aroma a perfume de hombre. Rangiku se sonrojó un poco al verlos tan bien vestidos, si tan sólo tuvieran esa presencia siempre podrían ser incluso hasta modelos de revista, "Bueno… todo no se puede en la vida" pensó sonriendo divertida.
– Bien, les contaré la misión y el plan, ¿están listos? – al no recibir respuesta de ninguno de los hombres apretó un puño y los miró con un brillo sanguinario en los ojos. – Les he dicho, ¿están listos?
– ¡Sí, Señor! – respondieron como soldados.
– Bien, empecemos. – vio cómo Yumichika suspiraba y se masajeaba el puente de la nariz. – ¿Qué pasa soldado? Estás más preocupado que pavo en época de festividades.
– ¡Cállate! Estando contigo al mando nunca suceden cosas buenas.
– Ja, qué gracioso. – le respondió ella sarcásticamente. – Ya verás cómo esta misión será un éxito y ninguno de los jefes se enterará.
.
– No es enserio ¿o sí? – pregunto por décima vez Renji.
– Ya te dije que será sólo por esta vez, no molestes. – respondió Rangiku molesta.
– Eres un dolor de cabeza.
– Cálmate, Ikkaku, de todas formas no teníamos opción.
– Yumicihika tiene razón, a menos que quisieran que las fotos lleguen a las manos de Momo deben ayudarme con este pequeño e insignificante favor.
– De todas formas ¿Cómo lo has hecho? – preguntó curioso el pelinegro.
– Sólo tuve que seguirlos la noche que sospechosamente salieron casi todos los hombres por la madrugada hacia un bar desconocido.
– Maldita…
– ¡Muy bien! Repasemos el plan: soy una modelo famosa de Japón y ustedes son mis guardaespaldas, necesito que cuiden de mí mientras yo hago lo que debo hacer ¿entendido?
– Ingenioso plan, cerebrito. – la molestó Yumichika ganándose un golpe de su parte.
– ¡Vamos!
Los cuatro se dirigieron a la puerta del casino donde un enorme hombre los esperaba parado como una estatua. Éste reparó en la hermosa mujer rubia que se acercaba, vestida con un atrevido pero elegante vestido rojo y los labios pintados de rojo carmesí, no pudo dejar pasar que venía acompañada de tres sujetos con presencia misteriosa, de seguro se trataba de sus guardias.
– Nombre señorita. Espero que esté al tanto de la situación, sólo gente reconocida puede acceder a este lugar. – articuló de manera monótona y con voz gruesa.
– Kasumioji Rangiku, miembro de la gran familia Kasumioji y modelo famosa de Japón.
– ¿Kasumioji? Entiendo, disfrute del ambiente, Señorita Kasumioji. – el hombre hizo una reverencia y les cedió el paso.
Una vez dentro, Rangiku se deleitó con la presencia de cada una de las máquinas que allí se encontraba, era un mar de gente embobada en las pantallas digitales y otra tanta en el juego de la ruleta. Sus ojos brillaban como los de una niña con juguete nuevo y las manos le sudaban por las ansias de comenzar de una vez por todas.
– Esto es todo, – sacó de su bolso un par de billetes y se lo entregó a cada uno de los tres chicos. – ¡Diviértanse, chicos! – lo último que vieron de Rangiku fue la sonrisa de quien planeaba una estupidez.
– Esto es… la calma antes de la tormenta. – susurró Yumichika, los otros dos sólo asintieron concordando con él.
– Creo que iré al bar a esperar a ver cómo sacan a la "Señorita Kasumioji" del lugar.
– Será un gran espectáculo…
– No me lo perdería por nada…
ooOoo
– ¡Me duelen los pies! – Y al verse ignorada por el chico que iba unos pasos más adelante de ella bufó cosas inentendibles por lo bajo. – ¡ICHIGO, ESTOY CANSADA!
– ¡¿Y QUÉ DEMONIOS SE SUPONE QUE HAGA YO?! – le gritó acercándose a ella.
– ¡IDIOTA, NO ME GRITES!
– ¡NO ME GRITES TÚ, ENENA HUECA! – Rukia lo miró apretando los dientes y preparando nuevamente su puño, a lo que Ichigo solo suspiró y se calmó. – Si tan sólo hubieras reparado en tu cartera antes de bajar del auto, tal vez no tendríamos que volver caminando al hotel.
– Ya te dije que lo sentía… ¡Además tú eres el hombre, tú deberías tener suficiente dinero para salir a una cita!
– ¡¿Y quién demonios ha dicho que esto era una cita?! Además, nunca supe de Al Theatro antes de venir hoy, de haber sabido que era tan costoso los habría invitado a comer hamburguesas en algún carro de por ahí… Como sea, ¡¿Esperabas que yo pagara todo esta noche?! ¿Cuándo notaste que no tenías la cartera? ¡Eres una aprovechadora!
– ¡Idiota!
– ¡Hueca!
– ¡Te odio! – gritó dando grandes zancadas y alejándose de él.
Caminaron por varios minutos más antes de que Rukia se desplomara en una de las bancas que había en el parque donde se encontraban. Ichigo la vio y se acercó a ella para cerciorarse de que estuviera bien, observó cómo se quitaba los zapatos mostrando sus pies rojos y callosos, quiso preguntarle si le dolía pero su cara lo decía todo, Rukia estaba al borde del llanto y en vez de eso temblaba y apretaba con fuerzas sus puños.
– Esta bien, descansemos un rato. – le dijo sentándose a su lado despreocupadamente.
– Iba a hacerlo aunque me hubieras dejado aquí sola. – le respondió ella con la voz algo quebrada y mirando el piso mientras se masajeaba con cuidado los pies.
Nuevamente en el ambiente reinó el silencio, sin embargo en esos momentos era incómodo, ninguno sabía qué decir para romper la tensión que prácticamente ya se palpaba entre ellos. El viento sopló y al levantar la vista ambos notaron que las nubes amenazaban con llover en cualquier momento.
– ¿En qué momento…?
– Recuerda que hemos salido de Al Theatro hace ya como dos horas, para entonces todavía estaba despejado pero de a poco comenzó a nublarse todo. – respondió por anticipado la pelinegra. Sin embargo, Ichigo ni siquiera la había escuchado, pues estaba concentrado en la situación de la chica, no sólo tenía todos sus pies lastimados, sino que estaba temblando como una hoja por el frío, "Claro, cómo iba a darme cuenta cuando vengo prácticamente todo cubierto" se reprochaba él mentalmente. Rukia vio cómo se quitaba su saco para luego ponérselo a ella, a pesar de que se sorprendió por la actitud del joven tomó el saco con ambas manos y se cubrió aún más con él, cerró los ojos y se concentró en el aroma que desprendía el abrigo. – ¿Tú no tienes frío?
– Un poco, pero es más probable que tú te enfermes si no te abrigas. No te preocupes, estaré bien, además… supongo que es mi deber proteger a la descendiente del emperador. – trató de bromear Ichigo, sin embargo vio cómo los ojos de la pequeña se tornaban preocupados. – O-oye, era una broma…
– Lo sé pero no puedo dejar de pensar en lo que ese hombre nos ha contado. Una parte de mí no quiere creer en una sola palabra de todo ese cuento pero algo me dice que él no miente… y eso me asusta.
– Ahora que lo dices, yo también me siento de la misma manera. El Señor Ósteh dijo que los Kurosaki somos descendientes de Kenta Kusaki, el encargado de cuidar a la heredera del trono pero no puedo estar seguro de nada hasta que no revise todo lo que hay en estos libros. – dijo señalando la cajita negra junto al libro que se encontraban descansando en sus piernas. – Por otro lado, – tomó el librito que en realidad se trataba del álbum de fotos que Floro le había entregado a Rukia. – tú tienes el álbum que te ha dejado tu madre ¿verdad? – Rukia asintió. – Bueno, ¿Qué dices si lo vemos juntos?
– Aun no. – sentenció la pelinegra antes de que Ichigo pudiera abrirlo. – Yo… no me siento lista para abrirlo todavía.
– ¿Pero qué dices? Sólo es un álbum de fotos y por lo que sé tú no sabes mucho sobre ella, ¿No te gustaría averiguar cómo era?
– Lo sé pero tengo miedo…
– ¿Miedo? ¿De qué?
– No lo sé, de que ella no sea como me la imaginé. – Ichigo la vio de perfil y divisó una lágrima rebelde cayendo por su mejilla.
– Tranquila, ella era modelo ¿no es así? De seguro es hermosa, después de todo tú debiste salir de algún lado y Byakuya no es tan apuesto como algunos creen. – Rukia abrió los ojos y sintió a su corazón latir como nunca antes, un sentimiento cálido inundo todo su ser y de repente tuvo ganas de reír desde el fondo de su corazón.
Ichigo iba a abrir nuevamente el álbum de fotos cuando sintió que caía hacia un costado impulsado por un peso ligero pero que lo había tomado desprevenido. Ambos cayeron al suelo pero Rukia seguía abrazándolo con todas sus fuerzas, ya no tenía frío y no le importaba el dolor en sus pies, ese idiota cabeza de zanahoria había conseguido alegrarla y por un momento dejó de preocuparse por su identidad, estaba agradecida.
– O-o-oye Rukia… ¡Rukia! S-suéltame ¿qué rayos te sucede? – preguntaba Ichigo con el rostro totalmente rojo de la vergüenza y mucho calor.
– Gracias, Ichigo. – ¿pero qué es lo que había dicho? El pobre no entendía nada y esa enana hueca no se explicaba bien.
– Pe-pero yo… ¿Qué fue lo que…? – ¿Tal vez sería porque indirectamente la llamó hermosa?, "¿Acaso sería por eso?" se preguntó confundido. Suficiente, no había manera de comprender a las mujeres, en un momento se encontraban mal y perdidas y al segundo siguiente se encontraban eufóricas por unas simples palabras. Suspiró derrotado. – Olvídalo. – susurró mientras correspondía al abrazo y sonreía.
.
Ya estaban cerca del hotel cuando comenzó a llover, Ichigo apresuró su paso hasta uno de los negocios que tenía un árbol frondoso para usarlo como refugio. Rukia se había dormido en su espalda pero estaba protegida de la lluvia gracias al saco que todavía llevaba puesto, se acercó al pie del árbol y la depositó sobre él para luego sentarse a su lado; la contempló mientras dormía, de verdad era muy hermosa y sus palabras no habían sido mentiras, "¿En qué demonios estás pensando, Ichigo?" pensó sacudiendo su cabeza para despejarse la mente. Sacó su celular y observó fijamente el dije que colgaba de él, "Senna…" pensó para sus adentros.
– ¿Debería… llamarla? – se preguntó para luego reparar en la hora, ¡eran las cinco de la mañana!
No pudo pensar en nada más ya que observó en cámara lenta cómo su celular era cubierto desde arriba por una sustancia blanca y olorosa, levantó la vista y vio como si un pájaro estuviera riéndose en su cara. "¿Se está… burlando de mí?"
– ¡MALDITO! – resonó el grito de Ichigo despertando no sólo a Rukia sino a todas las aves que se encontraban descansando en ese mismo árbol. – ¡ME LAS PAGARÁS! – tiró una piedra hacia arriba y con eso logró que una lluvia de "sustancias blancas y olorosas" cayeran en su dirección y en la de Rukia, al sentirse acosadoramente observado y una terrible aura asesina detrás suyo se dio la vuelta muy lentamente.
– ¡ICHIGO ERES UN IDIOTA! – gritó enfurecida una Rukia bañada en excremento de aves.
.
Llagaron al hotel más rápido de lo pensado, sin embargo ni el portero ni el recepcionista alcanzaron a ver bien de quiénes se trataba, aunque al oír el potente grito de la mujer no sintieron necesidad de verificar de quiénes se trataba.
– El Señor Kurosaki y la Señorita Rukia han vuelto. – dijo tranquilamente el recepcionista.
– Eso parece. – respondió el portero con una sonrisa gentil. – Y parece que están de buen humor.
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– ¡TE MATARÉ, MALDITO IMBÉCIL! – gritó Rukia frenando en seco y arrojando uno de sus zapatos tan lejos como se encontraba Ichigo aun corriendo. El mismo lo alcanzó y pegó en el objetivo como si fuera el blanco perfecto, Kurosaki Ichigo yacía noqueado en el suelo con un pequeño lago rojo rodeándole la cabeza. – Eso debería bastar por el momento. – se dio la vuelta y caminó rumbo a su habitación ignorando olímpicamente las miradas aterradas de algunas personas que miraban la escena desde la puerta de su habitación. – Tranquilos, – habló con naturalidad. – Eso no es suficiente para acabar con el hueco de Ichigo. Despertará en algunas horas. Ahora si me disculpan iré a tomar un largo baño para quitarme esta porquería de encima. – se alejó del pasillo como si nada malo hubiera ocurrido.
– Ya… verás… maldita… te mataré… – susurró Ichigo haciendo que las dos mujeres que se habían acercado a cerciorarse de que no estuviera muerto salieran huyendo y gritando.
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Hola! he vuelto con un nuevo capitulo salido del horno. Es más largo que el otro y tiene mucha info como pueden ver (es en compensación de la flojera que ha denotado el anterior lo siento, nuevamente)
En fin, creo que va tomando la verdadera forma de la trama que lleva este fic así que si quieren criticar, reclamar, sugerir algo, obviamente que no tienen que dudar en hacerlo...
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HinaHitsugaya: Muchas muchas y miles de gracias! Me agrado leer tu comentario, me llenaste de energía y aliviaste un poco la culpa que tenía :'D Espero que te haya gustado esta conti!
NekoMimiR: Jajaja una vez más. lo siento! prometo no preocuparlos más y seguiré actualizando hasta el fin de mis días! ok no ._. sólo hasta que acabe con el fic jajaja
marylu Rguez: Muchas gracias! Eres muy buena! (inunda su habitación en lágrimas o.o) Lo siento, una vez más, ya no me perderé como la última vez prometido y requeterecontra prometido O.- , espero que con este cap. las dudas sobre Floro se te hayam disipado, como sea aun le falta participación :D
Ana: *O* (grito fenomenal!) Eres la esposa de Floro! (reverencia) Mis respetos -W- jajajajaja Espero que te haya gustado el cap. (espero que no te enoje que haya utilizado tu nombre) y tienes razón, Ichigo y Rukia son tan peleadores que mira lo que tuvo que hacer el pobre de Floro! qué vergüenza jaja. Mmm...no sé qué responder en cuanto a Ulqui-chan, dejemos que la historia lo decida O.- Y respecto a lo de Bya-kun y Yoruichi, sinceramente no lo recuerdo y he revisado todos los capitulos pero no lo encuentro... :/ puedes pasarme el cap. donde lo leíste por favor? :)
misel-kuchiki: Cierto! Mucho mucho tiempo! Lo siento! me alegro de que te haya gustado, espero que este capitulo también haya sido de tu agrado!
Muchisisisisimas gracias por leer y comentar! Por ustedes este fic sigue hacia adelante.
Prometo no defraudarlos y seguiré esta historia hasta el final!
Nos leemos! Bye! O.-/
