.

Inoue escuchaba pasos lentos detrás de la puerta que se iban acercando a su habitación; sabía que no era Ulquiorra porque luego de pasar tanto tiempo encerrada en aquel lugar ya se había memorizado su manera de caminar y el sonido que sus zapatos provocaban al pisar. Sea como sea, quien venía no era él, eso era seguro, pero entonces ¿quién?

De repente los pasos dejaron de escucharse y como la habitación estaba a oscuras se notaba la sombra de aquella persona por la rendija de la puerta, Inoue cerró los ojos en un intento de hacerse la dormida. La puerta se abrió y luego se cerró, escuchó el momento en el que encendieron las luces y dejaron una bandeja en la mesa con ligera brusquedad.

– No intentes hacerte la dormida cuando ambos sabemos que aquí adentro de lo que más estás cansada es de leer, dormir y no hacer otra cosa. – le dijo una voz varonil mientras el dueño de esa voz la tomaba por el brazo con fuerza y la sacudía en el aire para que abriera los ojos.

Orihime abrió los ojos sin atreverse a mirarlo a la cara, le temía con sólo escucharlo hablar. Unas lágrimas se le escaparon al igual que un pequeño sollozo, aun así no tenía la valentía ni las fuerzas para pronunciar palabra alguna; ante semejante escena de debilidad el chico se asqueó y la arrojó con fuerza nuevamente a la cama.

– Tsk, ahora lloras, ¿qué demonios le pasa a la gente débil que lo único que sabe hacer cada vez que sufre un pequeño susto es llorar y hacerse tan pequeño como un ratón? – Inoue trató de verlo de reojo pero algo se lo impedía, él tenía razón, estaba asustada. – Mírame. – le ordenó. – ¡Que me mires! – le gritó desaforado al ver que la mujer no acataba sus órdenes.

Orihime giró lenta su cabeza para mirarlo directamente, en cuanto sus miradas se encontraron ella sintió un escalofrío recorrer su espalda. Un hombre alto y bien formado, cabello corto teñido de azul que hacía juego con sus ojos, expresión bravucona en su rostro y vestido con un pantalón blanco, similar al de Ulquiorra, estilo hakama, y una chaquetilla del mismo color que dejaba al descubierto su bien trabajado abdomen. Éste sonrió de manera cínica y se acercó nuevamente a la chica, se sentó a su lado y tomó su barbilla acercando su cara a la de ella.

– Así que tú eres la princesita ¿verdad? No estás tan mal. – susurró lo último de manera lujuriosa, lo que hizo a Orihime temblar. – Oh, ¿me temes? Lo siento, causo esa primera impresión en todas las mujeres, sin embargo luego no se pueden despegar de mí. – Acortó la distancia y la besó en los labios, sorprendiéndola y dejándola en blanco. – ¿Qué dices? ¿Quieres divertirte un poco conmigo? – Orihime no reaccionaba a nada, se había quedado completamente desarmada con lo anterior. Sin que supiera cómo terminó de aquella manera, ahora ese sujeto se encontraba encima de ella y besaba intensamente su cuello.

Comenzó a recordar fragmentos de su pasado, ese pasado tan perturbador que había creído enterrado en lo más profundo y oculto de su corazón. Esa sensación que alguna vez sintió cuando era tan chica que ni siquiera debería haber experimentado.

Ooo

Llegas tarde.

Lo siento mucho, padre.

¿Lo sientes? ¿Qué demonios hacías fuera a estas alturas del día?

L-lo siento, padre, es que unas niñas del colegio me invitaron a jugar en el parque y yo…

No me interesa, ¿Quién crees que nos haría de comer? Por si no te has dado cuenta ya son las siete ¿A qué hora planeas cocinar, niña inútil?

Lo siento, lo haré tan rápido como pueda.

Ooo

Esto está asqueroso, ¿Quieres que te castigue por tratar de matarme con esta comida asquerosa?

L-lo siento, hice lo que pude, yo… yo no puedo hacerlo…

¿Lo que pudiste? ¿Quién demonios te crees que eres para hablarme de esa manera? ¡Eres una maleducada, niña del demonio! ¡Me las pagarás!

Ooo

Una pequeña niña de siete años fue arrojada con brutalidad a una cama desarreglada mientras dos niños más grandes observaban la escena con grandes sonrisas de burla, otro hombre se desprendía el cinturón que sujetaba sus pantalones y se acercaba peligrosamente a la pobre que temblaba del miedo.

N-no, no, por favor, lo haré bien la próxima vez, lo prometo, papá…

No hay pero que valga, te castigaré como es debido, pequeña mocosa. – la tomó del brazo y la atrajo hacia él. Comenzó a besarle el cuello casi como devorándoselo y le bajó los pantalones para tocarle sus partes íntimas.

Orihime lloraba desconsolada mientras rogaba a su padre que la dejara, pronto éste le pegó una fuerte cachetada para callarla, entonces se desabrochó sus pantalones y comenzó la tortura para la pequeña niña. Esa noche, fue la primera vez que la violaron.

Ooo

– Aléjate… por favor, déjame… – susurró Inoue aun con la mirada perdida y estática en su lugar. El hombre la escuchó pero la ignoró, comenzó a tocarla por debajo de la blusa y pronto ella notó como él frotaba su parte baja contra la suya. – Por favor, ya para, por favor… – lágrimas silenciosas comenzaron a caer de sus ojos y hacia sus orejas, no podía estar repitiéndose, ese pasado olvidado… no podía ser.

– ¡Grimmjow Jaegerjaquez! – se escuchó desde el umbral de la puerta. El aludido paró su accionar para mirar al infeliz que lo interrumpía. Efímera fue su sorpresa al ver que se trataba de Ulquiorra, después de todo era sabido que el idiota ese no podría irse a dormir sin antes ver a su princesita, aun así no esperaba que se encargara de sus deberes tan rápido. Se levantó con suma tranquilidad y caminó a su encuentro dejando a Inoue tan aturdida como al principio.

– No creí que terminaras con el trabajo que el jefe te dio tan rápido. – le dijo con tranquilidad pasando por alto lo ocurrido anteriormente.

– ¿Qué demonios estabas haciendo? Sólo te ordené que le trajeras la cena. – podía notarse el enojo en sus frías palabras.

– ¿En serio? Podría jurar que me dijiste que hiciera lo que quisiera. Bueno, tal vez me he equivocado, y es que siempre eres tan desinteresado con las acciones de los demás que creí innecesario tener que preguntarte, lo siento. – sonrió y lo miró de reojo.

Ulquiorra apretó los puños y trató de calmarse antes de armar tremendo escándalo en la puerta de la rehén.

– Retírate y no vuelvas a acercarte a esta habitación jamás o pediré al jefe el permiso de golpearte en cuanto lo hagas. Sabes que lo puedo hacer. – finalizó antes de escucharlo decir cualquier cosa.

– Tsk, no cuides mucho de la princesita, después de todo el mismo jefe puede decidir matarla en cualquier momento. Espero que para ese entonces no le hayas tomado especial cariño o sino sufrirás mucho, Cifer.

– Vete.

Una vez que Grimmjow se fue Ulquiorra cerró la puerta con cuidado de no hacer mucho ruido y miró nuevamente a la mujer que estaba aún acostada mirando hacia la nada y llorando en silencio. Se acercó a ella sigilosamente y se sentó a su lado, iba a preguntarle cómo estaba pero en el momento que puso una mano en su hombro ésta despertó de su trance y reaccionó de la peor manera. Se alejó por completo del chico y se acurrucó en una esquina de la cama gritando que no la tocara y se alejara de ella. Ulquiorra la miró sorprendido a la par que se levantaba rápidamente de la cama; ese maldito, juraría que conseguiría ese permiso para golpearlo hasta dejarlo inconsciente.

– ¿Qué te ocurre? ¿Qué te ha hecho Grimmjow?

– No te acerques, aléjate de mí… aléjate… – murmuraba Inoue mirándolo pero sin verlo a él precisamente, notaba la lejanía de su mirada.

– Inoue Orihime, no te haré daño, sólo quiero hablar contigo.

– A-aléjate… n-no, no te acerques… – seguía murmurando mientras temblaba del miedo, ajena a las palabras del pelinegro.

– Inoue Orihime… mírame. Soy Ulquiorra Cifer ¿puedes reconocer mi voz? – preguntó mientras se agachaba a los pies de la cama para encontrar su mirada con la suya.

En el momento que Orihime lo vio a los ojos volvió en sí. Las lágrimas que antes salían en un pequeño río por sus mejillas, dejaron de contenerse para salir todas juntas a la par de fuertes sollozos que surgían desde el fondo de su corazón. Se lanzó sin pensárselo para abrazar a Ulquiorra, que por acto reflejo abrió los brazos para atraparla y no se golpeara al caer, en consecuencia éste cayó de espaldas con la mujer encima, quien ahora lloraba sin poder parar en su pecho. Le pareció una escena bastante extraña, quería escapar de ella a como diera lugar y a la vez no, quería alejarla de él pero también sentía que quería estrecharla entre sus brazos protegiéndola.

– Yo… yo… tenía mucho miedo… – pronunció en un susurro una vez que se calmó. – Estaba muy asustada…

– No entiendo por qué no te protegiste o al menos gritaste para que alguien más viniera en tu ayuda. – respondió él en la misma posición que quedó cuando cayó con ella encima.

– No… no pude…

Ambos se quedaron en silencio por unos minutos, cuando Ulquiorra iba a volver a hablar reparó en que la mujer se había dormido en su pecho. Trató de moverla para poder salir pero al final ella se abrazó más a él y entre sueños le pidió que por favor no se alejara. Terminó acomodándose como pudo y tiró de la sábana hasta que ésta cayó al suelo y los tapó a ambos.

A la mañana siguiente, Orihime despertó algo incómoda y con un aire tibio que soplaba sobre su cabeza de manera pausada, como si se tratara de una respiración. Abrió los ojos y trató de asimilar en dónde se encontraba, cuando lo logró el corazón comenzó a latirle tan fuerte que parecía querer salirse de su pecho; muy cuidadosamente, pretendiendo no despertarlo, miró por encima de su cabeza y observó el semblante tan pacífico de Ulquiorra durmiendo y se sonrojó. Verlo tan tranquilo de esa manera era una hermosa imagen, apoyaba su cabeza sobre uno de sus brazos y el otro lo mantenía rodeando su cintura, como si la abrazara. En tanto, sintió como ella estaba completamente sobre él, apoyando sus manos en su abdomen y su cabeza en su pecho; cerró los ojos concentrándose en los latidos de su corazón, acompasados y tan tranquilos como su rostro; volvió a mirarlo e inconscientemente se acercó a su cara, lo miró una última vez para luego acortar la distancia entre ambos y rozar sus labios con los suyos. Fue un beso corto y tímido pero que llevaba consigo sentimientos que en palabras eran imposibles de decir. Luego de ello, volvió a recostarse en su pecho y se durmió un rato más.

Ulquiorra se había despertado minutos antes que ella, sin embargo cuando sintió el corazón de la mujer acelerado supo que ésta había despertado, así que cerró los ojos haciéndose el dormido. Grande fue su sorpresa al sentir el contacto de sus labios con los de la mujer; fue un beso dulce, que transmitía todos los sentimientos que ella deseaba demostrarle, le habían llegado, y sin quererlo él los aceptaba feliz. No tuvo tiempo de corresponderle, pues había sido un beso corto, aun así se alegraba de no hacerlo porque pudo sentir además la timidez que ese beso suponía para la mujer, tal vez si él hubiera reaccionado ella se habría asustado y se hubiera alejado de su lado, quién sabe si después las cosas hubieran seguido como hasta ahora, era lo que menos quería, y de todas maneras tampoco sabía a ciencia exacta lo que sentía por esa mujer, hasta que no lo entendiera por completo no haría nada. Inoue Orihime… ¿Qué era eso que le hacía sentir cada vez que estaba con ella? No podía entender cómo es que sintiendo el duro suelo y el dolor que causaba a su espalda no era capaz de apartarla de sí para irse de una vez a su habitación y dormir como debería ser, no podía entender cómo es que prefería estar en esa situación más que solo en su tranquila habitación… Simplemente, no lo entendía.

.

ooOoo

.

– ¿Q-Qué… es esto? – preguntó una vez más Byakuya observando las hojas que sostenía en sus manos.

– Podrías darme una pista al menos ¿no lo crees? Aun no soy adivina ni nada de eso. – le respondió Yoruichi estirándose en su asiento frente al escritorio del hombre.

– ¿De dónde has sacado esto? – preguntó con un hilo de voz.

– Estaba entre los recibos de pago. ¿Por qué? ¿Qué es? ¿Me lo dirás de una vez o te lo tendré que sacar a golpes como cuando éramos niños?

– Cállate, no es tiempo para juegos. Esta carta… esto es imposible. – fue su veredicto final apoyando con ligera brusquedad el papel sobre el escritorio y girando su asiento para ver a través del ventanal.

Yoruichi no comprendía su actitud nerviosa, se acercó al escritorio y hecho un vistazo a las hojas que momentos antes sostenía él.

– ¿Puedo? – preguntó en referencia a los papeles. Al no obtener respuesta por parte del pelinegro, asumió que le daba el permiso, así que lo tomó y comenzó a leerlos con cuidado:

Querido Byakuya:

O tal vez debería decir Señor Kuchiki ¿no? Es algo complicado escribir una carta cuando lo cierto es que debería decírtelo todo de frente, pero lo siento mucho, yo no tengo la valentía suficiente para hacerlo así que me valgo de esta carta para decirte una verdad que me guardé durante mucho tiempo y con culpa.

No sé si me creerás o no pero a estas alturas ya no importa, ya no hay nada que se pueda hacer. Lo cierto es que eres padre, Byakuya, así como lo escuchas es cierto, eres padre de una pequeña niña que di a luz cuando sólo tenía diecisiete años. De seguro ahora te preguntas cómo puedo estar diciéndote esto cuando han pasado quince años, y es que antes siempre tuve miedo, aunque francamente no sé de qué, tal vez de que vinieras a buscarme para burlarte de mí o para insultarme por creer que fuera una broma de mal gusto, o de que ocurriera lo mismo que con Hisana ¿O es que creías que no la conocía? Mi esposo era buen amigo de su infancia. El hecho es que luego de haber terminado nuestra relación, me enteré de que yo estaba embrazada de una niña, y era tuya; mi emoción era tan grande que también lo fue mi miedo al tener que decírtelo, lo mantuve en silencio para no darte problemas a ti ni a tu familia, sin embargo cuando por fin llegó el momento mis padres me la arrebataron y la llevaron lejos de mí. Por mucho tiempo la busqué con la esperanza de que algún día la encontraría y estaríamos por fin juntas. Hace tres meses logré dar con la familia que la había criado, no fue fácil ya que ella no figuraba en ningún registro civil como hija de nadie, creció sin una identidad legal, Byakuya. Lo cierto es que esa gente, esa maldita gente la ha matado, estoy segura de que así fue, me han dicho que la pequeña siempre fue una malcriada y una maleducada, rebelde y buscapleitos, un día desapareció y ya no la volvieron a ver, y unos días después de su desaparición unos vecinos le dijeron que encontraron su cuerpo sin vida cerca del río pero ¿qué se podía hacer? Ella se lo había buscado y además ya nada quedaba si estaba muerta. ¿Puedes creerlo? ¿Qué clase de padres dicen eso sin un poco de sensibilidad en sus palabras?

En fin, te estoy diciendo todo esto porque no sé si serán las últimas palabras que pueda dirigirte en esta vida, mi familia está en peligro ahora mismo pero eso es otra historia que sólo nos compete a nosotros; yo necesitaba decírtelo. Estás en tu derecho de odiarme, cargaré con ese peso pues yo misma me odio por no haber tenido el valor de decírtelo cuando tenía que hacerlo, tal vez las cosas hubieran resultado de otra manera.

Sólo unas últimas palabras, la niña, nuestra hija, se llamaba Orihime.

Kurosaki Masaki.

Al terminar de leer la carta, Yoruichi no podía más que tratar de comprender por completo la situación. Si todo lo dicho por Masaki en estas últimas palabras era cierto, entonces ¿Byakuya tuvo una hija no reconocida? Y ahora no sólo no podía pedirle explicaciones a ella sino que tampoco podría conocer a la niña, quien de seguro ahora ya sería toda una mujer, pues ambas estaban muertas.

– Byakuya qué dem…

– Yo tampoco lo entiendo. No es posible, Masaki nunca…

– ¿Te lo habría escondido? Byakuya, tu actitud a esa edad no era mejor que la de ahora, por supuesto que Masaki iba a escondértelo, tenía miedo, imagínate lo que tuvo que haber pasado con sus padres si ellos no aceptaban su condición, supongo que habrá creído que era suficiente dolor como para aguantar tu reacción. Y como si fuera poco, también sabía sobre Hisana, por lo visto eran amigas, si alguna vez había pensado en decírtelo de seguro toda esperanza se esfumó al enterarse de que habías abandonado a Hisana. Sin embargo… ya no importa, ambas se han ido.

– No, eso no es cierto. – Byakuya apretaba ambos puños con suma impotencia, ahora entendía, ahora lo entendía bien, porqué esa chica se le hacía tan familiar. Inoue Orihime, no podía haber equivocación, ella era la niña de la que Masaki hablaba en la carta, ella era su hija. – Yo… la vi, hace algunos meses atrás, el día que secuestraron a Rukia. – Yoruichi se quedó pensativa unos instantes.

– Espera, ¿dices que tú ya sabías sobre esta chica Orihime?

– ¿Cómo puedes decir eso? Me refiero a que ya había visto a una chica muy parecida a Masaki una vez, no me di cuenta en ese momento pero ahora que lo pienso también llevaba el mismo nombre, se llamaba Inoue Orihime.

– Imposible… – Musitó Yoruichi sorprendida por todo aquello. – Eso significa que una de tus hijas es cómplice de la persona que secuestró a su hermana… bueno, media hermana. –Byakuya no respondió, era una manera muy arrebatada de decirlo pero ella tenía razón, lo peor de todo es que ninguna de las dos lo sabía. – ¿Crees que ella sepa algo? – Tampoco respondió, de seguro no, no lo sabía. – Supongo que ahora debemos rescatar a ambas niñas.

– Yo no he pedido nada como eso. – habló indiferente.

– Tranquilo, tranquilo. – le respondió la mujer colgándose del respaldo del asiento y acercándose a su cara. – No voy a cobrarte por ello, lo haré como los grandes amigos de infancia que somos, ¿Qué dices? Por los viejos tiempos. – Le guiñó un ojo y sonrió entusiasmada como si Byakuya al verla retrocediera varios años en el tiempo recordando a la pequeña "gata" como él la llamaba.

– Has lo que quieras. – le dijo fingiendo indiferencia luego de desviar la mirada al notarse detallando el cálido rostro de aquella mujer. "Demonios, ¿qué acaba de ocurrirme?" se preguntó alarmado, era algo nuevo para él sentir su corazón palpitar acelerado cuando no había hecho ninguna actividad física, ¿y qué ocurría con el sistema de ventilación en la mansión? ¿Por qué de repente hacía tanto calor? – Voy a despedirlo. – susurró para sí mismo refiriéndose al pobre electricista de la familia.

– ¿A quién? – preguntó inocentemente Yoruichi.

– ¿A quién qué? – hizo lo mismo el pelinegro sin percatarse de que lo anterior lo había dicho en voz alta.

– ¿A quién vas a despedir?

– Ocúpate de tus asuntos si no quieres que sea a ti. – respondió con el ceño nuevamente fruncido retirándose del salón y dejándola aún más confundida.

– Tsk, ¿Quién te entiende? Eres peor que toda una mujer. Ahora entiendo por qué tu relación con Masaki o Hisana no han funcionado. – Byakuya paró en seco su andar deteniéndose junto a la puerta. – Eres malhumorado sin razón, no demuestras sentimiento alguno y en consecuencia eres tan frívolo que incluso un iceberg podría ser más cálido que tú. – No dijo nada más esperando que él reaccionara y al menos comenzara a discutir con ella, sin embargo podía compararse con una estatua por la manera en la que se quedaba estático observando la puerta. – ¿Sabes una cosa? Recuerdo bien cuando éramos niños, tú solías practicar kendo con tu abuelo y él te regañaba muy a menudo cuando no hacías las cosas como debías, por eso tú practicabas muy duro en el jardín cuando nadie te veía, incluso de noche. – sonrió recordando. – Solíamos pelear mucho y tú me llamabas "gata" por la manera en la que me trepaba a los árboles y al tejado de la mansión…

– No dista mucho de nuestra relación ahora. – respondió sin más.

– Cierto, pero en esos tiempos era más divertido pelear contigo, creo que esa era nuestra manera de jugar como niños normales lo harían. Cada vez que mis padres decían de ir a visitar a los tíos Kuchiki me alegraba y esperaba ansiosa el poder verte, así podría molestarte y jugar otra vez. ¿Recuerdas cuando competíamos por ver quién de los dos era el más rápido?

– Sí, tú te encargabas de llevarme por los lugares donde ponías trampas, esa era tu manera de ganarme. – Yoruichi carcajeó fuerte y Byakuya hizo un ademán de sonreír.

– No me culpes por ser tan tonto, además eran dos o tres pequeñas trampas de niños, no puedes decir que no te dabas cuenta de ellas. De todos modos, no es lo único en lo que te ganaba, el kendo también se me daba muy bien y ahí sí que no había forma de hacer trampa. – vio cómo Byakuya se giraba lentamente y le daba la cara. Ambas miradas se cruzaron y eso le dio el valor para poder terminar de decir lo que tanto la inquietaba. – Como sea, el punto es que me gustaba molestarte, al menos tú reaccionabas y me contestabas, defendías lo que creías importante para ti… Ahora siento que ese pequeño Byakuya se ha ido completamente, eres indiferente con todo el mundo, no intentas relacionarte con nadie, incluso con tu familia; creo que Rukia siempre esperó aunque sea un pequeño atisbo de cariño de tu parte, y aun lo sigue esperando. Tal vez esa chica que viste sea la niña de la que Masaki habla o tal vez no, pero eso no importa, deberíamos salvarla, a las dos. Y así tú podrás recuperar el tiempo perdido con ambas, siendo el padre que sé que puedes ser.

Byakuya no podía despegar la mirada de los ojos dorados de aquella mujer, aunque tampoco así lo quería. Odiaba tener que admitirlo pero ella no se equivocaba en nada, sabía que todo lo que decía era pura verdad, tanto tiempo a solas lo había hecho pensar, una y otra vez, en lo que había estado haciendo durante todo ese tiempo. Masaki, Hisana, Rukia, y ahora Orihime también. Por si eso fuera poco, también se daba cuenta de lo insensible que había sido incluso desde pequeño, de seguro Yoruichi Shihōin había sido su única amiga durante todo este tiempo, y él jamás lo había pensado, jamás la había tomado más que como una simple molestia. "Eres un idiota, siempre lo fuiste. Has lastimado a una gran cantidad de mujeres en tu vida y lo más probable es que lastimes a otra en cuanto se entere de la verdad" se decía a sí mismo pensando en las únicas cuatro mujeres que habían intentado entenderlo, durante su infancia, durante su juventud, durante sus peores tiempos… y ahora lograría arruinar la vida de otra inocente al reconocerle que era su padre, "Eres un completo incompetente, Byakuya Kuchiki.".

– Sólo intenta cambiar un poco, por tu bien y el de todos los que te quieren

– ¿Tú me quieres? – preguntó sin percatarse hasta el último segundo de lo que había dicho.

– ¿Eh? Ahh… yo… yo… n-no es lo que… yo no quise… ahh… – Yoruichi de pronto comenzó a sentir encendido su rostro, balbuceaba sin parar cosas inentendibles, y es que ni ella misma entendía lo que trataba de decir. Negaba profusamente con la cabeza y con las manos, se preguntaba cómo demonios había llegado a semejante situación, hasta que escuchó unas leves risas desde la otra punta de la habitación, justo desde dónde se encontraba Byakuya. – ¿Has dicho algo? – Preguntó confundida.

– ¿Mmh? No lo creo. – respondió nuevamente con su rostro serio e indiferente.

– He visto que te has reído. – lo señaló acusadoramente.

– No es cierto.

– Sí lo es.

– No lo es.

– Sí lo es.

Byakuya no respondió, en su lugar trató de decir algo pero no podía, miraba el suelo como perdido y cada tanto abría la boca para luego cerrarla.

– G… – vaciló y luego tragó en seco. – Guarda tus sermones para otro momento y vuelve a tus deberes, dudo que tengas tiempo de sobra. – La sermoneó saliendo de la oficina. Yoruichi abrió la boca como si todo hubiera sido parte de una broma. ¿Era en serio? ¿Acaso de veras creía que alguien como él podría cambiar tan de repente con sus palabras? Si a parte de todo él la odiaba, ¿qué garantía tenía de que ese idiota hubiera escuchado la milésima parte de lo que le decía?

– Idiota. – susurró saliendo de la oficina también.

.

ooOoo

.

Kisuke caminaba a través del hall de un restaurante de cinco estrellas, vestido elegantemente con un traje negro y corbata roja que hacía juego con el hermoso vestido que llevaba puesto Soi, de color rojo también, corto por delante y con una caída hasta los tobillos por detrás, con un escote recto y dejando su espalda al descubierto. Soi calzaba unos tacones de color negro adornados con una flor del mismo color a un lado de cada uno de ellos, su peinado era recogido hacia un costado con el cabello cayéndole en forma de cascada y su flequillo corrido hacia ambos lados de su cara luciendo su sutil maquillaje que resaltaba los ojos. Kisuke, por otro lado, había dejado esa noche su sombrero blanco a rayas verdes y su bastón de madera, su cabello lucía rebelde como siempre pero no por eso desentonado a su actual apariencia, y en cambio su mano rodeaba la cintura de la chica en una pose posesiva.

– No quieras propasarte… q-q-querido. – pronunció con asco la pelinegra, levantando sutilmente la mano de su acompañante hacia donde verdaderamente estaba su cintura.

– Oh, dime una vez más esa última palabra ¿Cómo era?

– Ya, en serio, no quieras propasarte porque, al demonio con lo que ha pedido mi tía, te golpearé tanto que no podrás tener día del padre jamás en tu vida.

– ¿Eh? ¿Es que a la pequeña Soi Fong le interesa que tenga o no día del padre? Eso no es correcto para una niña como tú.

– Cállate, pervertido, tengo veintiuno por si no lo sabías.

– Entonces sí te interesa. – espetó con una sonrisa triunfante.

– ¡Qué cierres la b…! – Kisuke la calló de una manera que cualquier desconocido calificaría como tierno, sin embargo no para ella.

Ya entre medio de las mesas del lugar, todos los presentes pudieron ser testigos de la hermosa escena que protagonizaba una pareja de enamorados. Ese chico rubio, elegante y con buena presencia, tomaba delicadamente la cintura de su pareja y la acercaba hasta sí, mientras que con la otra mano sostenía su mentón para nivelarla hasta su altura y así poder besarla con devoción. Por su parte, la chica se encontraba tan sorprendida por la espontánea acción de su novio que sólo apoyaba sus manos en el pecho del hombre y se dejaba besar algo sonrojada de la vergüenza.

Qué equivocados estaban todos.

Soi metió la mano por el saco de Kisuke y lo pellizcó a un lado de su pecho haciendo que éste se alejara de ella instintivamente.

– Pequeña Soi, no sabía que fueras tan apresurada, pero sé paciente, no podemos hacer "esas" cosas aquí o la gente pensará mal de nosotros. – le dijo con una mano levantada.

– Mal pensados y un… – se abstuvo de decir lo demás por la señal de Urahara. – Tú eres el mal pensado aquí ¿Quién demonios te crees para besarme de esa manera? ¿Acaso quieres que en serio te deje sin día del padre?

– No tenía manera de callarte, ibas a armar un escándalo y se supone que debemos pasar desapercibidos en este lugar, recuerda para lo que hemos venido.

– Está bien, ya lo sé. Deja de comportarte como mi jefe. – susurró entre dientes.

– Es que lo soy, al menos por esta misión.

– Tsk.

Llegaron a su mesa guiados por el recepcionista del lugar y tomaron asiento. De inmediato comenzaron a registrar visualmente todo el lugar. Se trataba del mayor y más elegante restaurante de todo Jiyunrinan, "El Palacio del Rey", las mesas estaban cubiertas con los manteles más finos de todo Japón, los asientos no eran sillas cualquieras, y los cubiertos eran de la plata más cara; el ambiente también era muy elegante, adornado con candelabros de oro y plata por todo el lugar, una orquesta que tocaba piezas de Chopin hasta Beethoven, sin dejar atrás a Mozart, Bach, Debussy, entre otros grandes del clásico, aun así tocando también piezas de otros estilos como jazz y tango. Se decía que había que ser más que simplemente adinerado para poder darse el lujo de comer ahí, y no era mentira, tanto Kisuke como Soi casi se atragantaron con su propia saliva al abrir la carta de menú del lugar, comer sólo la entrada menos costosa equivalía a todo el sueldo de un mes del rubio, y eso pensando solamente en él. Para suerte de ambos, Yoruichi presionó un poco a Byakuya para que les adelantara parte del dinero que recibirían por el trabajo, y más la suma de dinero que ella misma había aportado para la causa junto con todo lo que tenían ambos chicos era suficiente para fingir ser una pareja de ricachones sólo por esa noche.

– Siento que debería guardar esta copa de agua y llevarla al banco. – musitó Kisuke con un hilo de voz.

– ¿P-por qué dices eso, idiota?

– Porque posiblemente hasta un sorbo de esta agua valga una fortuna.

Luego de un rato de "deleitarse", si es que así se le podía decir, de los platos y precios de cada uno de ellos, Soi sintió que detrás de ella comenzaban a acomodarse un grupo de personas que hablaban amenamente de algo que no comprendía del todo, miró inmediatamente a su compañero y éste asintió sutilmente con la cabeza dándole a entender que ya habían llegado.

– ¿Cuánto más debemos esperar por él?

– No creo que mucho, ya ha de estar por llegar.

– Bien, porque tengo hambre.

.

.

Quince minutos después, el hombre al que estaban esperando llegó. Kisuke pudo notar que era alto, bien formado, de tez blanca y cabello grisáceo; saludó a todos los presentes con una leve reverencia y se sentó de perfil hacia él. Una vez pedido lo que cada uno de ellos iba a cenar miraron al recién llegado esperando a que éste hablara de una vez.

– Urahara, ¿Cuántos son? – preguntó Soi reprendiéndose por qué demonios no había elegido ese lugar, ahora se estaba perdiendo de casi todo.

Kisuke tomó una servilleta de papel que amablemente le había pedido a uno de los mozos del lugar minutos antes y comenzó a escribir, al cabo de unos segundos se lo pasó a Soi por un costado de la mesa, justo por el que ninguno de esos sujetos podía verlos, ella al tomarlo extrañada leyó que en él decía:

No te apresures, yo me encargaré de ver sus movimientos, tú los escucharás. De eso se trata el haber venido juntos, tú serás los oídos y yo los ojos.

Volvió la vista hacia el rubio sentado frente a ella y asintió.

– El Señor Aizen se disculpa por no haber podido venir a su cita esta noche. – habló el último hombre luego de beber de su copa.

– Eso ya lo sabemos muy bien, nuestro jefe nos lo ha dicho esta tarde.

– Entiendo. Bien, pues me ha encargado informarle de todo lo que puede serles útil para su… misión.

– También sabemos eso, idiota. Sólo habla de una vez, no hemos venido a jugar contigo.

– Oh, pero qué groseros resultaron ser. Sólo quiero ser un poco enigmático, y así hacer de este encuentro un poco más… misterioso, ¿no lo creen? – los demás hombres se miraron entre ellos y luego a él.

– ¿Estás bromeando? ¿Acaso nos estás tomando a la ligera? – el hombre los miró con una sonrisa que mantenía desde que había llegado al lugar, sin responder, sin verlos directamente.

Kisuke tomó otra servilleta de papel y comenzó a escribir rápidamente sobre ella, sin embargo, una mano pegó contra su escrito sorprendiéndolo tanto a él como a Soi.

– Veo que eres una muy hermosa mujer, ¿Quieres bailar conmigo? – Preguntó el mismo hombre de hacía unos segundos mirando a Soi. Kisuke, por otro lado, no era capaz de levantar la vista más allá del rostro de su compañera; estaba seguro, ese tipo los había descubierto, al menos en la parte de vigilarlos.

– ¿E-eh?

– ¿Qué si quieres bailar? ¿Qué pasa, me tienes miedo? – volvió a preguntar sin quitar su misteriosa sonrisa.

– Discúlpanos pero venimos juntos, yo soy su pareja. – respondió Kisuke con tono firme en su voz.

– Oh, lo siento. Creo que interpreté mal la situación. Si me disculpan… – le dijo alejándose de la mesa e invitando a otra mujer al centro de la pista.

Ambos chicos suspiraron de alivio y pronto Kisuke se dio cuenta de que la servilleta había desaparecido, al buscar con la mirada al sujeto de momentos antes pudo ver que éste le hacía burla con la servilleta en manos. El rubio sonrió con autosuficiencia y el hombre al terminar de leer lo que en él había escrito frunció el ceño y la tiró volviéndose a su compañera de baile.

– ¿Qué demonios decía el papel para que lo tomara de esa manera? – preguntó por lo bajo Soi.

– Nada, ¿Quieres bailar? – peguntó cambiando de rumbo la conversación.

– ¿Qué?

– Mejor dicho, vamos a bailar, ese sujeto comienza a sospechar de nosotros, hay que despistarlo. – le dijo levantándose y tomando de la mano a Soi para arrastrarla hasta la pista de baile. – ¿Sabes bailar tango? – le preguntó al oír el cambio de la música.

– Eso debería preguntártelo yo a ti, creí que eso no sería lo suficientemente "sexi" para alguien como tú. – respondió con ironía e indiferencia a la vez.

– Por favor. No hay nada más sexi que un hombre bailando tango con una mujer. – contraatacó el rubio.

– Seguro.

La melodía comenzó y con ella los pasos de baile, tal como Urahara lo había dicho, no había nada más sexi para las presentes en el lugar que un hombre bailando tango con su pareja. KIsuke se lucía con su presencia para el tango y destacaba los movimientos de Soi que para nada se rebajaban de la experiencia de su compañero. Ambos eran las figuras principales de la pista, y las demás parejas, opacados por ellos, se fueron retirando de uno para poder observar desde sus asientos el maravilloso show que éstos les brindaban.

– No lo haces nada mal, pequeña Soi.

– Tampoco tú, para ser tan viejo. – su conversación fue interrumpida por unos movimientos rápidos y bruscos hechos en el momento.

– No me subestimes, aun soy lo suficientemente joven para llevar tu ritmo. Aun no llego a los veintiocho. – alcanzó a decirle cuando la sujetó durante unos segundos en una figura bastante provocativa a ojos de las demás parejas en el salón.

– ¿Es eso un intento de alago?

– Sólo un "intenta observarme como a un hombre y no como a tu padre o abuelo" – la pelinegra sonrió por el comentario, lejos de lo que otro pudiera creer entendía lo que Kisuke quería decir, pues de niña siempre lo había tratado como a un viejo, aun cuando sabía que tan sólo se llevaban cinco años, sólo que era divertido para ella.

Una vez terminada la pieza de tango, ambos jóvenes estaban tan exhaustos que respiraban cansados. Volvieron a su mesa sólo para percatarse de que ya ninguno de los hombres estaba ahí, todos se habían ido.

– Demonios… – susurraron al unísono.

– No subestimen al Señor Aizen Sosuke, podrían llegar a lamentarlo. – sintieron susurrar a su espalda. Sin embargo, debido a la sorpresa, no lograron moverse sino hasta unos segundos después, lo que fue tarde ya que nadie sospechoso se encontraba a su alrededor, habían perdido definitivamente la oportunidad de acercarse más a su objetivo.

.

ooOoo

.

– ¿Estás segura de que vas a irte?

– Por enésima vez te digo que sí. Es estúpido tratar de quedarse en un hospital cuando ya no hay nada que me sugiera quedarme aquí.

– ¡Bueno, yo lo hago! – respondió ofendido.

– Me refería a una enfermedad o tipo de lesión.

– ¿Pero al menos sabes a dónde irás, o qué harás? – La chica se terminó de poner sus zapatillas y lo miró.

– No… y no. Supongo que lo primero es buscar un trabajo y luego un lugar dónde dormir.

– Bueno, no conseguirás eso gratis ni tan fácilmente ¿sabes? – respondió irónico.

– ¡Deja de hacerte el tonto! Eso ya lo sé pero ¿qué más puedo hacer? Debo empezar desde cero pero debo empezar ahora. ¿Sabes? No sé por qué pero recuerdo que le he prometido a alguien que volveríamos a vernos, creo que si comienzo a trabajar conoceré a mucha gente y tal vez entre ellos pueda volver a ver a esa persona, es la única que puede hablarme algo de mi pasado, esa persona es mi única pista y necesito encontrarla. – dijo más para sí misma que para con quien hablaba.

– Nozomi, no te apresures, juntos la vamos… o lo vamos a encontrar quien quiera que sea esa persona pero no intentes apresurarte porque no sabes con lo que puedas encontrarte allá afuera, todavía estás recuperándote.

– Ya te dije que no puedo seguir ocupando lugar aquí para nada y tampoco voy a pedirte que me alojes en tu casa porque eso sería desubicado. Y no, no voy a quedarme en tu casa por más que seas tú quien me lo pida. – se apresuró a responder antes de que el chico pudiera hablar.

– Bueno, no iba a decirte que te quedes en mi casa porque también creo que sería algo desubicado. Iba a ofrecerte el departamento que alguna vez fue de mi madre y que ahora ya no lo necesitamos.

– ¿Tus padres no viven juntos? – preguntó inocentemente.

– Mi madre murió cuando yo sólo era un niño. – respondió naturalmente haciendo que la chica se avergonzara. – ¡Ah pero no te incomodes, ya lo he superado! Como sea, ese departamento era de cuando mi madre todavía no conocía a mi padre, nunca lo vendió porque todavía había veces que lo usaba, cuando tenía sus peleas con él, por ejemplo. Cuando murió, él no quiso abandonarla porque… en realidad, simplemente no podía. – dijo sonriendo mientras se tallaba la nuca. – El hecho es que ese departamento está deshabitado la gran mayoría del tiempo, creo que podrías darle un buen uso y a ti puede ayudarte por el tiempo que busques otro lugar en donde quedarte ¿verdad? – viéndolo desde ese punto Ishida tenía razón, no es que luego no le pagara el tiempo que se quedó allí y por el momento de verdad que lo necesitaba.

– De acuerdo pero sólo será por un tiempo. – le advirtió al pelinegro.

– Hecho.

– Hecho.

.

.

Una vez llegados al departamento, Nozomi se quedó sin habla, era realmente una casa dentro de un edificio, llena de lujos y todo tipo de comodidades. La chica se dio la vuelta y salió del departamento con pasos mecánicos e Ishida, sin entenderlo, fue por detrás.

– ¿Nozomi, qué ocurre? – preguntó extrañado por el accionar de la chica.

– Siento que es demasiado lujo para mí. Creo… creo que mejor me busco otro lugar. – respondió casi como si fuera un robot.

Uryu suspiró pesadamente, era tan terca como la recordaba.

Ooo

¿A quién demonios dices que vamos a ver?

Ya deja de maldecir, idiota. Te dije que visitaremos a una amiga, además tú ya la conoces. dijo Ichigo con una sonrisa mirando hacia el frente.

Entonces no entiendo por qué no puedes decirme de quién se trata.

¿Ansioso?

Molesto.

Luego de otros quince minutos manejando por la ruta que conducía hacia las afueras de Jiyunrinan, ambos chicos llegaron a donde se proponían ir.

¿Por qué simplemente no me dijiste que veríamos a Nozomi? Además, en unos días comienzan los exámenes finales del instituto, sabes tan bien como yo que debemos estudiar si no queremos que…

¡Ya cállate! A veces hablas tanto que termino por oír sólo un murmullo a lo lejos. Sólo la saludaremos, le preguntaremos si ha aparecido ese sujeto otra vez y nos vamos. No tardaremos mucho.

Lo mismo dijiste cuando fuimos a ver a Senna.

¿Ichigo? ¿Qué hacen ustedes dos aquí? preguntó una chica de cabello verde y ojos color violeta con su usual carácter frívolo.

Tanto tiempo, Nozomi. ¿Qué cuentas?

En serio, ¿qué hacen aquí? Mejor váyanse antes de que mi madre los vea, no tengo ganas de lidiar otra vez con ella.

Bueno, no deberías si tan sólo hubieras aceptado mi oferta de…

Ya te dije que no ¿bien? Así vengas diez veces a visitarme, once veces te diré que no, no insistas.

No entiendo por qué no quieres, cualquier persona en su sano juicio aceptaría sin siquiera pensárselo. reclamó Ichigo nuevamente enojado como cada vez que iba a verla.

¡Pues discúlpame por ser la única loca que se piensa las cosas antes de actuar!

Sabes que no me refería a eso. le dijo apuntándola acusadoramente. Como sea, al menos creo que podrías darme una razón coherente del por qué no querer cambiar para bien.

Mi vida se reduce a esto, Ichigo, no puedo aceptar algo tan… completamente diferente a lo que siempre he tenido. Agradezco de verdad todo lo que has hecho por mí, en serio lo aprecio, pero creo que hasta aquí llegó todo, no puedo seguir pidiéndote más, no soy igual a ellas y no me aprovecharé de la situación. Se quedaron viendo el uno al otro varios segundos hasta que una voz bastante familiar para Nozomi se hizo escuchar a lo lejos. Creo que mi madre me llama… murmuro con hastío. Por supuesto que siempre que necesites algo puedes pedírmelo, en compensación por la ayuda que me has prestado la última vez. Nos veremos pronto, Ichigo, Ishida.

Ooo

– Supongo que no cambiarás por más que tengas amnesia. – susurró para sí mismo al ver que Nozomi se alejaba nuevamente del departamento con pasos de robot.

Luego de discutir durante varias horas, por fin Ishida logró su objetivo y Nozomi se quedaría a vivir por un tiempo en el departamento de su difunta madre, al menos hasta que pudiera encontrar y costear uno acorde a sus gustos y presupuesto. Como ella no recordaba nada de su pasado y por el momento él debía fingirse un desconocido cualquiera, el próximo paso fue convencerla de ir de compras, motivo por el cual se la pasaron discutiendo otras dos horas más hasta llegar al acuerdo de que ella se lo devolvería en cuanto pudiera.

– Gracias por todo, Ishida. – le dijo ya caminando por el centro comercial, algo sonrojada sin atreverse a mirarlo a la cara.

– Es la sexta vez que me lo dices en el día, creo que si lo vuelvo a escuchar en lo que resta de la tarde enloqueceré y te tiraré desde el último piso del edificio donde vives. –le respondió naturalmente.

– Bien… pero sabes que te lo pagaré en cuanto…

– También lo he oído varias veces, ¿es que en serio quieres verme de mal humor?

– Lo siento… – lo miró de reojo y queriendo romper el tenso silencio que se había formado, a su parecer, comenzó otra vez. – Gra…

– ¡Cierra la boca! – gritó ya harto de escucharla con las mismas líneas una y otra vez.

"Mira qué joven más irrespetuoso", "Es un monstruo", "Pobre de su novia", "¿Cómo lo aguanta?", eran algunos de los rumores de las viejas chismosas que pasaban cerca de la pareja justo cuando el pelinegro gritó. Al instante, Uryu carraspeó sonoramente y habló en voz alta.

– A lo que me refiero es que… ¡Cierres la boca y sólo elijas todo aquello que quieras comprar, te daré todo lo que pidas! Ja, ja, ja, ja, ja… – reía nerviosamente. Las mujeres que lo oyeron cambiaron de opinión en el acto y se volvían a verlo como si se tratara de todo un príncipe encantador.

– Eres un tramposo.

– Y tú una… ah… mmh… sólo cállate y busca qué más necesitas. – dijo en un susurro alejándose con el ceño tan fruncido como el de su amigo. Ahora comprendía por qué Ichigo se mostraba serio y molesto cada vez que estaba con Rukia, a veces las mujeres podían ser tan desesperantes…

– ¡Oh, mira, es un lindo cachorrito! – gritó de emoción llamando la atención del chico.

– ¿Q-qué?

– Por favor, por favor, por favor, ¿podemos llevárnoslo? Es tan tierno. ¡Míralo! Dice que quiere venir con nosotros.

– ¿Hablas con los perros ahora? – preguntó incrédulo. Sintió detrás de sí, varias miradas filosas que apuntaban hacia ambos, al girarse pudo notar a varias mujeres, curiosamente las mismas que hablaban momentos atrás, a la expectativa de sus movimientos y acciones, definitivamente estaban esperando una respuesta de su parte, sólo "una" en particular. "Demonios, debo decir que sí o me matarán." Pensaba mirando con nervios cómo Nozomi no daba señales de querer dejar al cachorro en paz. – Ahh… c-claro… ¿Por qué no?

– ¡OWWWWMMMM! – Se escuchó por todo el centro comercial luego de la tan ansiada respuesta. Todas las mujeres miraban al chico preguntándose dónde conseguirían a alguien como él en sus vidas, mientras que los hombres miraban al mismo objetivo con recelo y ganas de golpearlo.

.

.

Una vez salidos de la tienda de mascotas, Nozomi llevaba encima un cachorro de Cocker de cuatro meses, color marrón y una mancha blanquecina en su cuello.

– ¿Y cómo lo llamarás?

– Mmmh… no lo sé.

– Pues debes pensar un nombre para él ¿No lo crees?

– ¿Qué te parece Kon?

– ¿Kon? ¿Quién demonios se llama Kon? ¿Existe si quiera ese nombre? – preguntó con el ceño fruncido nuevamente y malhumorado.

– Es como el de la película esa… ya sabes, la del mono gigante.

– ¿King Kong? – preguntó confundido.

– ¿Eh? ¿Se llamaba King Kong? Bueno, me gusta Kon de todas formas…

– Eres un caso perdido. – se rindió suspirando largo y cansado.

– No te enojes tan fácilmente, ya comienzas a parecerte a Ichigo.

– Sí claro, y pronto me teñiré el cabello de anaranjado ¿Qué di…? – Ishida paró en seco su andar al reparar en lo que la chica había dicho ¿Había escuchado bien? ¿Acaso había mencionado a Ichigo? – Nozomi ¿recuerdas a Ichigo?

– ¿A quién? – preguntó extrañada.

– A Ichigo.

– No conozco a ningún Ichigo. – aclaró luego de pensárselo un poco.

– Acabas de nombrarlo.

– No lo creo.

– Sí lo hiciste.

– ¿Lo hice? Tal vez habrá sido inconscientemente pero no recuerdo haber conocido a ningún Ichigo… ¿Por qué? ¿Acaso tú sí? – preguntó con recelo.

– N-no ¿De qué hablas? Lo dije porque creí que tal vez comenzabas a recordar algo que nos ayude a averiguar tu pasado.

– Ah, claro, cierto. Prometo que pensaré en quién es él y te avisaré si se me ocurre algo. Pero por el momento creo que es mejor volver a ca… – antes de poder terminar, su estómago rugió como el de diez soldados juntos. Nozomi se sonrojó hasta las orejas y miró a Uryu avergonzada.

– Sí, bueno… creo que sería mejor que vayamos a algún lado a comer. No quiero que termines por comerte mi brazo en cualquier momento. – dijo con una sonrisa irónica al pasar por su lado.

– ¡Deja de burlarte, idiota! – le gritó ella aun sonrojada y avergonzada. Kon comenzó a ladrarle al acompañante de su nueva dueña, se removió un poco entre los brazos de Nozomi y en cuanto ésta lo soltó el pequeño salió corriendo hasta alcanzar a Ishida y morderle el tobillo derecho.

– ¿Pero qué…? – exclamó al sentir una pequeña molestia punzante en su pie derecho. Al percatarse de que el pequeño Kon lo miraba enojado y gruñendo mientras se encargaba de masticarle el tobillo con sus diminutas fauces miró a Nozomi y ambos comenzaron a carcajear fuertemente contagiando al cachorro que ahora había soltado a Ishida y movía su cola saltando y ladrando de alegría. – ¡Mira! Ya tienes un nuevo amigo, Nozomi. – La chica lo miró y asintió feliz, ahora, además de Ishida, ya se sentía en compañía.

.

ooOoo

.

Una mujer de aproximadamente cuarenta años se encontraba mirando un álbum de fotos familiar con ojos tristes y cansados, sentía que cada vez que abría ese libro su corazón se estrujaba impidiéndole respirar con normalidad, sin embargo creía que debía hacerlo, debía recordar para no olvidar, pues si olvidaba estaba segura de que jamás se lo perdonaría. Un pequeño sollozo escapó de su boca reseca y pálida, su mentón temblaba tratando de reprimir las lágrimas que amenazaban con salir a montones, les había prometido no llorar otra vez sólo por no prometer no volver a abrir el álbum de fotos, sus hijas y su esposo ya no soportaban verla tan demacrada, llevaban años escondiéndose en un clan amigo, años sin comunicarse con sus tan queridos amigos, años sin volverlo a ver…

– Mamá, creo que… – Una niña de trece años, cabello y ojos color negro, apareció por la puerta interceptando a su madre en el momento que ésta se secaba las lágrimas que aún no terminaban de caer de sus ojos. Se acercó a paso firme hasta ella y tomó el álbum de fotos sin decir palabra alguna, salió por donde había entrado y a los pocos minutos volvió a acercarse a su lado. – Listo. No puedo seguir viéndote de esa manera, sabes que a papá no le gusta.

– Lo siento… no se lo digas.

– Está bien, está bien, será nuestro pequeño secreto pero ya deja de pensar tanto en eso, verás que tan pronto volveremos a estar todos juntos que no tendrás ni tiempo de pensar cómo sucedió. – tomó la mano de su madre y la ayudó a levantarse. – Por lo pronto, deberás irte a bañar y te pondrás linda, esta noche papá nos ha dicho que iremos de paseo.

– ¿De paseo? – habló la mujer con voz un tanto ronca. – Hace tiempo que no salimos todos juntos ¿Qué es lo que pasa? – preguntó extrañada.

– No lo sé, pero recuerda que pronto será tu cumpleaños, mamá…

– ¡Mamá! Papá dice que…

– Ya se lo he dicho yo. – respondió indiferente.

– ¿Eh? Pero quería ser yo quien se lo dijera, eres mala. – le respondió haciendo un puchero.

– Tranquila, cariño. Me alegra de que ambas hayan venido a contármelo, de hecho necesitaba algo de compañía. Pero ahora que lo pienso… ¿Qué debería ponerme?

– ¡Yo te ayudo! – respondieron ambas hermanas al unísono corriendo hasta la habitación de sus padres.

Recargado en el marco de una puerta en la otra esquina de la habitación, un hombre había observado todo con una sonrisa anhelante, se culpaba por haber hecho de todos esos años un infierno para su querida esposa e hijas, pero se prometía así mismo que pronto todo acabaría y al fin podrían estar todos juntos como una familia de verdad.

– ¿Pensando, amigo? – preguntó un hombre de cabello negro y peinado hacia atrás, vestía pantalones y chaqueta negra junto a una camiseta blanca y un característico collar en forma de cruz.

– Oh, no es sólo que… ah… yo…

– Tranquilo, no tienes por qué esconderme nada, ya compartimos todo durante estos años, y con eso me refiero a "todo".

– No me lo recuerdes, aún tengo pesadillas con eso.

– Sí, igual yo. – miró de reojo a su amigo, podrían haber pasado ocho años desde que él y su familia estaban al cuidado de su clan, y aun cuando ambos se habían encargado de innumerables misiones viviendo gloriosos momentos, aun cuando su familia hubiera cambiado por completo la forma de pensar de sus miembros llegando a verlos a todos como parte de una enorme familia, el dolor y el sufrimiento que conllevaba la enorme carga sobre sus hombros era tal que en sus ojos y en los de su familia notaba el cansancio del pasar de los años. Ya no era el mismo que había conocido antes de que toda esa desgracia comenzara. – Él está bien, estoy seguro. – susurró colocando una mano en su hombro sorprendiéndolo. – Recuerda que es hijo de ustedes dos, no es un hueso duro de roer.

– No sólo me preocupo por él ¿sabes? Masaki ha cambiado mucho desde la última vez que lo volvimos a ver, parece… muerta en vida. – habló con un hilo de voz.

– No es la única que ha cambiado. Aun así, creo que todos ustedes son personas admirables, creo que yo me hubiera vuelto loco… ustedes se mantienen unidos dándose fuerzas los unos a los otros, e incluso son capaces de ablandar el corazón de los demás. – El pelinegro a su lado lo miró extrañado por su comentario. – Este clan siempre ha servido al gobierno, encargándose de todos aquellos contrabandistas que quieren burlarse del Estado, somos personas que luchan por el bien, sin embargo no somos como los niños creen que serían los superhéroes, en nuestro clan siempre había discrepancias llegando incluso a discusiones que podían terminar a los golpes serios. Es increíble cómo ha cambiado todo desde que ustedes están aquí, ahora puedo ver que son como… como una familia, y eso se lo debo a la tuya. – le dijo sonriéndole. – Te prometo que no pasará mucho hasta que encontremos a tu hijo.

– Es sólo que no soporto no saber qué es de él, de seguro A…

– Hace poco he escrito al gobernador para que nos dejara movernos por nuestra propia cuenta, al menos sólo por esta vez.

– ¿De qué… de qué estás hablando? ¿Al gobernador?

– Sabes que no es fácil tratar con él, es una persona que no suele escuchar a los demás a menos que trataran algo de su absoluta conveniencia.

– Lo sé… lo sé perfectamente. – contestó nervioso sin entender muy bien de lo que hablaba. – Hemos acudido a él desde un principio para poder depender de su armamento y rescatar a mi hijo pero siempre se ha negado…

– Ha costado trabajo pero… una vez que Yukio vuelva de Venecia podremos comenzar con la operación de rescate para Ichigo… y no sólo su rescate, también el de Inoue Orihime.

– ¿Q-qué? – musitó totalmente en blanco.

– Es… es de lo que quería hablarte a ti y a tu familia en la salida de esta noche pero veo que se me ha escapado. – sonrió nervioso.

– Gin…jo…

– No me lo agradezcas, recuerda que tú has sido de los mejores amigos de mi padre, y te considero un miembro de mi familia más que como mi amigo, Isshin.

Isshin iba a responder, sin embargo nada salía de su boca y nada lograba ser rearmado en su mente, estaba en blanco.

– ¡Papá! ¿Qué demonios haces ahí parado como una estatua? – Isshin salió de su ensimismamiento para darse cuenta de que Ginjo ya se había ido de la habitación.

– ¿Cu-cuánto tiempo he estado ahí parado sin hacer nada? – se preguntó confundido.

– ¡Y yo qué sé! Pero si quieres puedes decirme qué te ocurre que andas como bobo mirando hacia la nada. O mejor no, ¿sabes qué? Mejor no me cuentas nada y te metes al baño, hueles a cigarrillo y no quiero que estés así junto a mamá.

– ¡Karin, no regañes a papá! Recuerda que él es mayor que tú, debes respetarlo. – la regañó una niña de su misma edad pero con ojos y cabello color marrón sujeto a dos coletas bajas y adornado con un broche en forma de fresa a su lado izquierdo.

– ¡Claro, Yuzu, tú defiéndelo! Por mi parte ¡voy a respetarlo cuando comience a comportarse como alguien normal! – espetó malhumorada yéndose a su habitación. – ¡Me bañaré yo primera, Yuzu!

– Qué grosera… – susurró para sí misma Yuzu.

– Está bien, está bien – dijo su padre colocando una mano sobre su cabeza y despeinándole un poco el cabello. – Tu hermana está en una edad bastante dura, no la culpes por ser una adolescente, papá está muy contento de tenerlas a ambas.

– ¿También a Ichigo? – preguntó preocupada y con inocencia. Isshin la miró a los ojos y se quedó pensativo por unos segundos, luego sonrió como habitualmente lo hacía y le revolvió otra vez su cabello.

– ¿Pero qué cosas dices? Por supuesto que también estoy contento de tener a tu hermano, y ya verás que pronto volveremos a estar todos juntos.

Yuzu sonrió como una niña pequeña y llena de esperanzas, pero tan pronto lo hizo borró su sonrisa y corrió histérica hacia el espejo de aquella habitación, el peinado por el que había pasado tiempo en su habitación ahora estaba arruinado.

– ¡PAPÁ! – gritó enojada corriendo de nuevo hacia el baño.

– Ja, ja, ja, ja. Veo que las has hecho enojar a ambas. – susurró una voz a su espalda. Isshin al girarse pudo ver la hermosa imagen de su bella esposa. Llevaba puesto una falda beige hasta las rodillas y una blusa color verde, junto con un bolso del mismo color que la falda y un peinado hecho por Yuzu, que recogía parte de su pelo hacia atrás y lucía sus ondas naturales.

No se cansaría jamás de verla, era como si todos los días se volviera a enamorar de la misma mujer, la sentía el centro de su mundo, la persona que lo mantenía en la realidad por dura que sea.

– Te amo. – le dijo sin pensar. La mujer lo vio sorprendida para luego sonreír como sólo ella sabía hacerlo, se acercó a su esposo y luego de acariciarle la mejilla lo besó dulcemente y lo abrazó.

– Pronto será su cumpleaños.

– Cumplirá diecinueve pero para eso faltan siete meses todavía ¿no lo crees?

– Bueno… sí pero siete meses no son nada, se los lleva el viento. – Isshin rió por lo bajo al escuchar a su esposa protestar.

– Te prometo que para entonces volveremos a estar todos juntos. – Masaki lo miró a los ojos y él pudo ver que las lágrimas amenazaban nuevamente con aflorar.

– Sé que cumples todas tus promesas pero… por favor no lo hagas, no sabemos qué ocurrirá de aquí a unas cuantas semanas, no podemos decir lo que no sabemos si podremos lograr así de fácil.

– Porque nunca fallo a mis promesas, esta vez te estoy prometiendo que volveremos a estar juntos para su próximo cumpleaños. ¿Confías en mí, Masaki? –la aludida lo miró y sin decir nada lo volvió a abrazar. Se quedaron en esa posición durante unos minutos y luego se separaron.

– ¿Recuerdas a la hija de Hisana?

– ¿Rukia? – preguntó extrañado. – ¿Qué ocurre con ella?

– El próximo mes es su cumpleaños. – le dijo con una sutil sonrisa.

– ¿Y qué con eso?

– Nada, sólo me pregunto cómo estará. Jamás la he visto, incluso cuando nació, Byakuya no la llevó al funeral de Hisana.

– Por lo que me había dicho su abuelo, ella había quedado al cuidado de Riruka, una empleada de la mansión.

– ¿Sabes? No quiero… no quiero que pienses nada extraño, ni que creas que es lo que yo quisiera pero…

– ¿Qué? – preguntó curioso al ver que vacilaba.

– Se acerca navidad, ¿no crees que sería grandioso que si Ichigo y Rukia se conocieran pudieran pasar las fiestas juntos? – Isshin la miró sin comprender.

– ¿De qué hablas? – Masaki sonrió y negó una y otra vez con la cabeza.

– No es nada, ja, ja, cosas mías. ¿Crees que las niñas ya estarán listas? – preguntó desviando el tema.

– ¿Pues tú que crees? Papá ha despeinado a Yuzu y ahora está como loca tratando de poner ambas coletas a la misma altura. – la pelinegra tomó asiento y recargó su cabeza en una de sus manos mirando de manera filosa a su padre. – Esto puede ir para rato. – finalizó con un suspiro.

– Creo que mejor la voy a ayudar si queremos partir pronto. – dijo Masaki caminando ya hacia las habitaciones.

– Oh no… – exclamaron ambos pelinegros, padre e hija, al entender que entre ellas dos la cosa llevaría el doble de rato, pues si una era perfeccionista con su peinado era porque lo había heredado genéticamente de su madre.

– Hija, agradezco que tú hayas salido con la mayoría de los genes de papá. – le susurró triunfante.

– Ya cállate, papá. No voy a lidiar mucho tiempo con mi cabello, además no es como si fuéramos de fiesta a una cena de gala, sólo iremos a comer por ahí. – pronto Karin pudo notar una sonrisa misteriosa y un tanto perturbadora de parte de su padre. – ¿Po-por qué me miras así, viejo?

– ¿En serio osas subestimar a tu increíble padre? Te sorprendería el lugar a donde puedo llevarlas, pequeña Karin. – la mencionada abrió los ojos espantada y salió corriendo del lugar, gritándoles a su madre y hermana que llevaran un pequeño bolsito con ropa fina y zapatos de tacón.

Isshin suspiró luego de reír por lo bajo.

– Los adolescentes de hoy en día y sus preocupaciones…

.


.

.

HOLA MUNDO! He vuelto para cumplir mi promesa, así que díganme ¿Qué les ha parecido este nuevo capítulo? Recuerden que es el primero de los dos capítulos extensos que prometí, el otro estará listo de aquí a dos días más así que por favor sean pacientes, por el momento me gustaría saber qué piensan acerca de éste.

.

En cuanto a mi examen de ingreso, quiero disculparme con aquellas personas que creían en mí, tuve muy presente sus ánimos, pero... no lo logré, no quedé en la facultad de Medicina este año… sin embargo eso no significa que vaya a bajar los brazos, no pienso rendirme hasta conseguir mi objetivo (gracias Ichigo y Naruto por enseñarme eso TwT). Me han surgido dos oportunidades bastante lindas entre tantas, comenzar a estudiar en la UBA (Universidad de Buenos Aires) a partir de mediados de este año o realizar un curso para paramédicos este año mientras me prepare para el ingreso del próximo año, y todavía estoy viendo qué hacer.

.


Zona de agradecimientos:

NekoMimiR: Jajaja veo que he te dejado sin palabras en todas las áreas, gracias por tus ánimos! Espero que te haya gustado este capítulo.

HinaHitsugaya: Muchas gracias por tu apoyo, espero que a ti te haya ido bien, y si no has rendido todavía ten presente lo que yo, "100% confianza, 0% nervios. Todo va a estar bien. Será lo que tenga que ser.", gambatte! :D

Ana: Muchas gracias Ana por el ánimo, espero que tu espera no haya sido en vano y el capítulo no te haya defraudado!

nay: Siento mucho la espera, espero que te haya gustado la conti!

Loen: Jajajaja lo siento! Ya he vuelto y ahora volveré a actualizar con más regularidad, espero que te guste la conti (y siento que aquí no haya lo que de seguro esperabas jaja)

.

Nuevamente, muchas gracias a todos, y esta vez me refiero al aguante que tienen por esta historia. Setenta comentarios, veintiún seguidores, veintisiete favoritos y siete mil visitas; no tienen idea de lo mucho que significa para mí, de verdad que lo aprecio y muchísimo. Siempre pensé y pensaré que un escritor escribe por y para sus lectores, así que...

¡Arigato Gozaimashita!

Nos leemos pronto! Bye! O.-/