La mañana había comenzado bien, es decir, un buen café y lectura histórica a cortesía de su tátara abuela te subían el ánimo y hasta por las nubes. Ichigo arrojó esa maldita libreta lejos de él, aunque, claro, se arrepintió por ello, esa cosa tenía tantos años que un mal golpe haría desparramar las hojas por los suelos y él no quería eso, al menos no tanto por ahora.
– Al menos esa estúpida enana no está –susurró suspirando por enésima vez en el día.
Nell había congeniado muy bien con Rukia, aunque la reacción no hubiera sido mutua, y había decidido la noche anterior que ambas se tomarían el día siguiente como un día completo de amigas. Irían de compras, al spa y demás cosas a las que muy poca atención les prestó como para seguir escuchando. Lo único bueno que había acontecido ese día, era el estar solo, él con sus pensamientos, sus pensamientos con él. Y no es como si Rukia no lo disfrutara, la última vez que la había visto esa mañana la pelinegra tarareaba mientras daba brinquitos de un lado al otro antes de salir con su nueva mejor amiga; vaya hipócrita, pensó él al percatarse de que lo único que quería era derrochar dinero a dos manos, al parecer tener que alistarse todas esas noches en Venecia para ir a ver al Señor Ósteh la habían devuelto a su mundo de plástico y ricachones. Al diablo con ella y su estupidez adolescente.
Volvió su completa concentración a las hojas amarillentas de esa vieja libreta, por más que le pesara esa era una de las pocas pistas que tenía acerca de su pasado y el de su familia. No podía simplemente ignorarlo, mucho menos cuando su padre lo había abandonado antes de poder siquiera conocer el principio. Bien, nunca había sido muy bueno con los estudios –y sus honores al terminar la preparatoria no eran excusa alguna–, odiaba estudiar y sólo lo hacía para complacer a su tío, así que su concentración no era la más… adecuada en cuanto investigaciones; en otras palabras, leer la libreta de Yugao se resumía a simplemente saltear páginas y más páginas leyendo las palabras que se interpusieran primero en su vista, estaba tan aburrido…
"¿Y si el futuro nos uniera?"
Ese fue el título que captó su atención de forma casi instantánea. Se tomó unos segundo para volver a encontrar la página, pues las pasaba tan rápido que cuando consiguió comprender las palabras ya había pasado a muchas hojas más allá de la que quería.
Sé que lo que me ocurre respecto a Shin es una estupidez, sé cuál es mi deber y lo que debo hacer. No dudo de mí capacidad para proteger al linaje Shirayuki pero…dudo de mi capacidad de abstenerme de esos sentimientos impuros que me atraen a él…
– ¿Impuros? Tsk, casi puedo afirmar que querías que él fuera mi tátara abuelo –se burló Ichigo recostándose en el sofá para estar más cómodo.
…cuando ambos peleamos siento una calidez tan profunda que me envuelve placenteramente. No es enojo, ni odio. Sé que me agrada. Él me agrada. No quiero ni pensar lo que dirá mi padre si se entera de los pensamientos tan prohibidos que tengo acerca de mi objetivo a proteger.
– Es tu vida, abuela –comentó con ironía a una libreta inanimada–. A lo máximo te alejaría de él, te mandaría a casa de una tía lejana que ni tú conocías y no volverías a verlo jamás en tu desdichada vida; pero luego podrías vivir sin problemas. Y parezco un idiota hablando con una vieja libreta –sentenció como si nada–. Rukia se reiría en mi cara de verme así.
Sacudió su cabeza, no era momento de estar pensando en esa odiosa persona que tenía como compañera en esa descabellada e increíble –en su real significado– aventura de escalofríos.
¿Y si algún día el destino une a ambas familias? Una Shirayuki de Kurosaki, o mejor aún, una Kurosaki de Shirayuki…
– Pues, entre la enana y yo, por supuesto que sería una Kuchiki de Kurosaki, nuestro apellido será el que perdure en el tiempo, abuela –sonrió y se dejó imaginar un poco–. Rukia Kurosaki, no suena para nada mal, incluso a una enana enojona y mandona como a ella le queda bien mi apellido –se detuvo de inmediato tras comprender lo que estaba haciendo. Sacudió su cabeza y se levantó de un salto–. ¿Pero qué cosas estúpidas dices?
No es justo pensar de esta manera pero he observado a mi madre más curiosa de lo normal por estos días. Siempre la encuentro en mi habitación, hurgando entre mis cosas o simplemente buscando algo con la mirada. ¿Acaso ha descubierto algo?
Mi padre ha dicho que nuestra historia y la de Shin es un secreto que ha pasado por generaciones, nadie jamás ha sabido de él a excepción de los Shirayuki y los Kurosaki. El día que me case tendré que imponer mi apellido por sobre el de mi marido o simplemente no podré casarme, pues es una condición aplicada por nuestro ancestro, Kusaki, que el apellido Kurosaki jamás se pierda en la historia, tampoco el de los Shirayuki, otra razón por la que jamás podré estar con Shin.
Recuerdo haber hablado ya acerca de la familia de mi madre, tan codiciosa y sedienta de poder. No son ideas mías, mi padre, a pesar de amarla, también siente que ella es muy parecida a sus padres y hermanos; ávida y suspicaz en cuanto a negociaciones de familia, manipuladora y superficial. No es que no tenga su lado suave y tierno, a pesar de esos defectos es una madre muy sobreprotectora y una esposa muy cariñosa y celosa pero… como miembro de la familia Aizen que es, creo que no se puede esperar otra cosa.
– ¿Familia… Aizen? –Vaya coincidencia. La historia no podía haber sido tan pacífica ni siquiera para su tátara abuela y su protegido. Pasó la página sin cuidado alguno, pues debía seguir leyendo de inmediato.
"Shin no debe enterarse"
Otro pasaje. Yugao dejó inconcluso su presentimiento acerca de su madre. La fecha que se presentaba ahora era la de aproximadamente tres semanas posteriores al pasaje anterior.
Lo sabía. Yo tenía razón. Mi madre ha sabido de la historia de mi familia desde hace mucho tiempo. Me confesó que lo supo desde que mi padre me lo contó hace años atrás. Lo que significa… que los Aizen lo saben también, a pesar de que ella lo niegue, sé que así es. ¿Y si supiera de Shin? ¿Acaso nos habrá seguido aquel día en el que mi padre me presentó a Shin Shirayuki?
He hablado del tema con mi padre pero no ha sido una buena idea, hasta hace unos momentos escuché los gritos de su discusión, me pregunto si él se habrá interpuesto en la decisión de los Aizen.
Mi madre quiere desposarme con un Aizen.
Definitivamente su ancestro no la había tenido para nada fácil, mucho menos habiendo tenido que lidiar con los Aizen tan directamente, pues recordaba que su madre no era una persona a la que querrías ver enfadada, de seguro la madre de Yugao era igual.
La siguiente entrada figuraba con la fecha de una semana después de la anterior.
"¿Este es el fin?"
Mi padre ha hecho cuanto estuvo a su alcance para librarme de esta pena a la que mi madre me condena. Hasta el momento, todo indica que mi boda con Suigetsu Aizen será dentro de tres meses y luego viviremos "felices y comiendo perdices". Shin se siente traicionado y no he conseguido una oportunidad para contarle toda la verdad, no me deja acercarme a él, así que debo vigilarlo entre las sombras, como las primeras veces luego de conocernos, pues nos repudiábamos y no podíamos estar cerca el uno del otro.
Nunca creí que mi vida estaría destinada a esto, ¿de verdad tendré que casarme con un Aizen? Mi padre dice que la única razón detrás de toda esta blasfemia es que quieren tener acceso a toda la información que envuelve a mi familia y a los protegidos que parecen ser descendientes de un emperador. Ah, cierto, ellos no saben de la verdadera identidad de Shin, ni de su ascendencia real, no saben del emperador o de las Sagradas Escrituras. La próxima semana es posible que mi padre hable con los Shirayuki para que nos den el permiso de escapar con Shin a donde no nos encuentren jamás, aunque sinceramente… dudo que mi padre esté dispuesto a abandonar a mi madre así sin más, la ama demasiado como para hacerlo.
Lo más lógico sería creer que Yugao se había casado con Suigetsu y por esa razón ahora su tío Sosuke sabía todo de él, porque de eso ya no había dudas, Sosuke Aizen lo sabía todo. Sin embargo, no era eso lo que la siguiente entrada decía.
"Es el fin del gran secreto…"
Mi intuición nunca me ha fallado y esta vez no es la excepción, sabía que mi padre sería muy débil frente a mi madre y… al final se ha dejado engañar por su cariño. Jamás creí que esa era mi verdadera madre, aun me rehusó a aceptar que ella haya doblegado a mi padre hasta el punto de conseguir toda la información que los Aizen buscaban. Su condición para dejarme libre del matrimonio fue que le contara todo a ella, y a pesar de mi entrometimiento defendiendo mi apellido y mi historia ella me golpeó por primera vez para que callara. Mi padre finalmente le contó todo, todo… y ahora los Shirayuki corren peligro, pues aunque haya prometido no decir ni hacer nada en su contra, sé que los Aizen ya lo saben y algún día tomarán cartas en el asunto. Sólo espero que Shin no corra ningún tipo de peligro.
¿Si tenía ganas de seguir leyendo? Seguro que sí, hasta podría recomendarle a Rukia el verdadero drama que escondía esa vieja libreta, pero primero a lo primero y eso significaba encontrar la manera de alejar a Orihime y a Rukia del monstruo de su tío.
Dejó la libreta de Yugao sobre mesa de noche de su habitación para luego tomar de entre sus cosas la libreta de bitácoras de Hinamori. Era un pequeño cuaderno con muchas de sus hojas escritas, la gran mayoría acerca de las distintas acciones durante sus misiones, incluso de la vez que fueron a secuestrar a Rukia, pero ahora poco importaban si lo que necesitaba era algo que lo ayudara a llegar a Las Noches. Llamó su atención una página en la que simplemente se dejaban escritas unas pocas palabras acerca de la localización del Clan Xcution; ya había escuchado antes que era el Clan más odiado por su tío por haberlos engañado una vez durante una misión bastante grande e importante, y al parecer eran de esos agentes encubiertos que trabajaban para el gobierno, en otras palabras se podría decir que Xcution estuvo a centímetros de cazar al Clan Bleach. Tal vez… ellos podrían ayudarlo a descubrir más cosas de su tío y algo acerca de Las Noches, a cambio él les daría información sobre Aizen.
"Clan Xcution
Localización: 7-1 de la Séptima Calle del distrito de Chobara, en la ciudad de Naruki."
Perfecto, ese era el mismo Clan al que su tío aniquilaría tan pronto pudiera, o al menos es lo que le hizo saber una vez hace años. Tomó su chaqueta y llevó consigo la libreta de Hinamori y la de Yugao, por si acaso. Rukia lo mataría al enterarse, y ni qué hablar de Ishida, pero si no les decía nada era porque esa visita podría resultar no tan agradable o segura.
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El día estaba fresco, nublado y algo ventoso, podría decirse que acompañaba a la perfección al semblante nervioso y poco disimulado de Ishida, pues le había prometido a Ichigo encargarse de los del Clan, ahora el cómo era la gran incógnita. Matsumoto y Abarai lo arrebatarían con incansables preguntas hasta decir la verdad completa, y si no fuera así entonces entrarían Hinamori y su pseudo-novio en acción, torturándolo de mil maneras hasta que se dignara a abrir la maldita boca. Maldito sea el día en el que comenzó a considerar a Kurosaki su amigo, desde entonces se metía en más problemas de los que quería.
Como si los primeros hubieran sido invocados por su pensamiento traidor y su miedo burlista, Matsumoto Rangiku y Abarai Renji se encontraban custodiando la puerta principal con su mejor pose de hasta-aquí-llegas-amigo-mío, y no podía ser cierto que Madarame se hubiera unido al par de idiotas y estuviera detrás de ellos enseñándole una hermosa cuerda de tres centímetros de diámetro con la que de seguro planeaba atraparlo, pero… ahí estaba.
– Ahh… ja, ja, ja… creo… creo que olvide mi portafolio en la mesa, iré a por él –demasiado tarde, no logró meter un solo pie en el auto cuando los tres sujetos lo tomaron por la cabeza, los hombros y los pies para luego sedarlo con cloroformo impregnado en un calcetín que olía de lo peor. Al final no supo si lo desmayó el líquido o el hedor natural de la prenda.
Despertó en la famosa sala de torturas, sentado en la silla especial para esas tareas y atado no sólo de pies y manos a la misma, sino envuelto con esa cuerda que Madarame tenía hacía unos momentos atrás. Demonios, al diablo con la idea de engañarlos. "Lo siento, Ichigo, Rukia"
De repente, Renji e Ikkaku aparecieron en la habitación vestidos de negro y con gafas negras al mejor estilo Hombres-de-Negro versión mafia Bleach. ¿Era una broma? Para nada, Rangiku se dejó ver a los pocos segundos tras hacer notar sus sonoros tacones sobre el suelo, la muy maldita iba vestida de militar, con una falda extremadamente corta en color verde militar y en conjunto con una camisa de camuflaje demasiado ceñida a su cuerpo, apenas llegaban a tocarse los botones y la parte superior cubría su busto escasamente. Dudaba que en realidad no fuera de Hinamori.
– Rangiku ¿Qué demonios haces vestida así? –preguntó rodando los ojos y desviando por fin la mirada.
– ¡A callar, prisionero! –lo hizo sobresaltar con ayuda de un látigo negro que blandía gatunamente–. Aquí yo me encargaré de las preguntas –lo sermoneó sensualmente mientras se sentaba en sus piernas.
– Acordamos que serías el plan B.
– Yo nunca prometí nada, mi querido Renji, y no me gusta ser la opción B.
– Aléjate del rehén o le diré a Hinamori dónde escondes tus licores venecianos –la amenazó Madarame logrando el efecto deseado.
– Bien. Creo que eres consciente de lo que haces aquí, ¿verdad, Ishida? –comenzó con el interrogatorio Renji.
– No sé de qué hablan.
– ¿Ah no? Ichigo y Rukia, a ellos me refiero, Uryuu.
– Entonces ustedes tampoco saben en dónde se encuentran –afirmó con serenidad y confianza.
– Nosotros no pero tú sí.
– ¿Tan confiado en ello estás, Abarai? –lo desafió con la mirada.
– Habla, sabandija. No querrás que esto sea peor para ti –lo encaró sin retraerse.
– Ja, no conseguirás nada con amenazarme.
– Pruébame.
– Te reto.
Minutos después Ishida se estaba jugando la vida por el imbécil de Ichigo. Los sádicos de Rangiku, Ikkaku y Renji lo habían colgado –con silla y todo– con unas cadenas a varios metros del suelo y con su cabeza colgando hacia abajo, en otras palabras, en la mejor posición para que la sangre se acumulara en su cerebro y así se le ocasionara una saturación de sangre y por consecuencia un derrame cerebral, aunque, claro, ellos no sabían eso sino que querían imitar a los mafiosos malvados de esas películas baratas que pasaban en el televisor durante sus tiempos libres.
– ¡Qué me bajen les digo, malditos idiotas! –Gritó al borde de la desesperación mientras intentaba mantener su cabeza a la altura de sus piernas, aunque era casi imposible ya, su rostro estaba rojo y sus fuerzas disminuían por el cansancio– ¡Imbéciles, podría sufrir daños cerebrales severos y todo será por su culpa! ¡Ya bájenme de una buena vez!
– ¿Nos contarás acerca del paradero de Rukia e Ichigo?
– ¡No sé nada de esos dos!
– ¡Mientes!
– ¡Qué no!
– ¡Sí!
– ¡Matsumoto! Si no me bajas ahora mismo serás responsable de mi muerte y Aizen lo sabrá.
– Idiota, eso no es suficiente para convencer a Ran…
Y de repente, Ishida se estampó contra el duro suelo de la habitación, partiendo sus lentes y quedando inconsciente en el acto. Rangiku lo había soltado de buenas a primeras, pues una amenaza como aquella era demasiado para ella.
La silla estaba hecha pedazos y al final tuvieron que improvisar una nueva silla torturadora para seguir con el plan. No les quedaba de otra, si el muy maldito no quería hablar entonces… procederían con el plan B.
Uryuu despertó nuevamente atado a una silla pero esta vez con sus pies en el suelo. Tardó en recordar lo que había sucedido, sin embargo en cuanto lo hizo abrió sus ojos en su máxima expresión buscando a los culpables de semejante golpe. Los tres ángeles de Satanás lo miraban como si nada desde una esquina de la habitación.
– ¡Oh, miren! Ya despertó.
– Tu turno, plan B –Ikkaku recibió un buen golpe en la boca del estómago que lo dejó doblándose del dolor por unos segundos.
Rangiku suspiró y lo miró con sus ojos llenos de… algo misterioso que el pelinegro no pudo descifrar qué era.
– Sé que estás cansado de estar en esa posición por tantas horas, cariño –le dijo sentándose nuevamente sobre sus piernas y rodeándole el cuello con su brazo–. ¿Por qué mejor no bebemos algo? ¿Quieres? –le ofreció un par de botellas de sake que Dios sabrá de dónde habían salido. El aludido la miró confundido y rezando a todos los santos que lo salvaran sólo una vez.
Quince minutos, sólo esa cantidad de tiempo para lograr en el joven Ishida una borrachera nivel al que sólo Matsumoto Rangiku podía llegar con sus víctimas.
– E-enton…ces y-yo le dije que me-dejara pero el muy imbécil tuvo qui insistir en que él paga…pagaría… ja, ja, ja, ¡idiota!
– ¡Ja, ja, ja, ja, buena esa, Ishida! –le festejó Rangiku sin perder los sentidos. Estaba más lúcida que nunca–. Y dime, ¿qué pasó con Ichigo luego de que… ahh… hayamos vuelto de Venecia?
– Ja, ja, ja, ja, ¿Estás loca, Ran? Mi cortaría la lengua si te lo… dijera.
– Entonces sí lo sabes –afirmó Renji con una sonrisa triunfal.
– ¿El qué?
– Dónde están Rukia e Ichigo. ¡Concéntrate, idiota! –Madarame le dio un buen golpe en la nuca que sólo aumentó las carcajadas del chico.
– No –canturreó con burla–. Yo no sé nada.
– ¡Sí sabes! –le reprocharon los otros tres al unísono.
– ¿El qué?
– Dónde están Rukia e Ichigo.
– ¿Quiénes son ellos?
– ¡Vete al infierno, imbécil! –gritó ofuscada Rangiku antes de salir de allí con un humor de perros.
– Creo que se enojó –volvió a canturrear con esa molesta voz.
Definitivamente no volverían a emborrachar a Ishida, jamás.
Pasaron aproximadamente dos horas antes de que los dos hombres lograran convencer a la rubia de volver con Ishida, la pobre casi lloraba de la ira al notar que, por primera vez, su magnífico plan había fallado, pero al final acepto. Al entrar a la sala despertaron a Ishida que, por cierto, parecía haber dormido durante todo el tiempo que ellos se habían ausentado.
Renji le arrojó un vaso de agua, Madarame le dio una cachetada en la mejilla derecha y luego Rangiku en la otra mejilla. Ishida iba a protestar pero la rubia lo amenazó con la mugrosa media que lo había desmayado. Sí, mejor callar.
– Te lo preguntaré una última vez, Ishida, ¿Dónde demonios están Ichigo y Rukia? –le preguntó Renji demasiado cerca de su rostro y conteniendo toda su ira.
Él le devolvió la mirada sin rastro de sentimientos. Sus ojos reflejaban el frío glacial de alguien que estaba siempre dispuesto a desafiar a la misma muerte.
– No te temo, Abarai. No te diré nada porque no sé nada –casi lo dijo escupiendo en su rostro.
Madarame agachó la mirada y apretó sus puños fuertemente, Rangiku casi hizo rechinar sus dientes a la par que dio una patada nada sutil a lo primero que tuvo a su alcance, y Renji se alejó del rehén dos segundos para inspirar todo el aire que podía mientras controlaba sus ansias de querer arrancarse todos y cada uno de los pelos de su cabeza. Mejor descargar parte de su ira en el sospechoso. Ishida sintió cómo la comisura de su labio inferior era prácticamente partida con el puñetazo que el pelirrojo le propinó sin remordimientos.
– ¡TODOS ESTAMOS PREOCUPADOS, MALDICIÓN! ¡¿QUÉ, NO LO ENTIENDES?! QUEREMOS A ESOS DOS COMO SI YA FUERAN PARTE DE NUESTRA FAMILIA.
– Nunca creí que en un Clan de mafiosos se consideraran familia los unos a los otros –le respondió luego de escupir un poco de sangre.
– ¡NO SOMOS UN CLAN NORMAL Y TÚ LO SABES! NOS PREOCUPAMOS POR ELLOS Y NI SIQUIERA HAN SIDO CAPACES DE DESPEDIRSE DE NOSOTROS. ¡ABRE LA BOCA DE UNA MALDITA VEZ Y DINOS LA VERDAD, ISHIDA! –el pelinegro lo miró directo a los ojos para descubrir que cada una de sus palabras eran ciertas, todos ellos estaban preocupados–. Sólo queremos ayudarlos –le suplicó en casi un susurro.
– Se encuentran escondidos en el penhouse de la actriz Nelliel Tu Odelschwanck. No creo que necesiten más información, Rangiku ya debe saber dónde es eso.
– ¿Nell Tu? –preguntó sin poder creérselo la rubia.
– Así es –suspiró y se reprendió mentalmente por aquello, aun sabiendo que era lo mejor para todos–. Ellos van a…
Se cerró a la posibilidad de seguir con su relato en el preciso momento que vio a Kaien entrar por la puerta. No había dudas de que él había escuchado lo anterior.
– Kaien –musitó la rubia sin poder creérselo–. ¿Qué… qué haces aquí? Tú… ¿has escuchado…?
– Sí, todo –declaró sin despegar la vista de Uryuu–. Sólo tengo que pedirte la dirección de esa chica e ir a por Rukia –la aludida negó con la cabeza dándole a entender que no lo haría–. Si no lo haces lo conseguiré por mí mismo, pero iré a ver a Rukia y cerciorarme de que todo está bien.
Iba a retirarse del lugar cuando sintió su brazo apresado por la mano de Renji.
– Espera un segundo. Nosotros…
– No puedo creer que los creí mis amigos. Pensé que confiarían en mí como para compartir toda información que consiguieran de Rukia… y de Ichigo, también –agregó lo último sin mucho mejor ánimo.
– Íbamos a hacerlo, viejo –comenzó Ikkaku sin atreverse a mirarlo.
– No crean que no sé que lo que él dijera quedaría entre ustedes nada más. Ya no soy el novato de años atrás.
– Kaien, entiende, Rukia es como una hermana para mí y para Renji, e Ichigo lo es así para Ikkaku –el mencionado no respondió–. Son demasiado importantes para nosotros…
– ¿Y crees que para mí no? También son importantes para mí… y para Toshiro y Hinamori –se corrigió antes de declarar algo que no quería en realidad–. No pueden dejarme fuera de esto. Al menos no a mí –todos los presentes miraron furtivamente al rehén aprisionado en la silla torturadora. Kaien lo comprendió–. Ishida, por favor, confía en mí, ¿de acuerdo? No diré nada.
– Deben jurarlo los cuatro –así lo hicieron–. Ichigo me matará por esto y Rukia lo ayudará a esconder mis partes –se lamentó en voz baja.
No hubo detalle que no les contara acerca de los planes que ambos tenían hasta el momento, o al menos por lo que él conocía. Los cuatro chicos escucharon todo con suma atención, de principio a fin, sin rechistar. Por supuesto que omitió ciertas partes morbosas que alarmarían lo suficiente a los cuatro chicos como para dejarlo allí atado mientras iban a buscar a los otros dos a punto de mordazas y cadenas, no debían saber acerca de Szayel o el plan que Aizen tenía acerca de la sangre de Rukia.
Su teléfono comenzó a sonar anunciando la entrada de una nueva llamada e Ishida supo que la suerte no estaba de su lado ese día, para nada.
– ¿Nozomi… Kujo? –indagó Kaien confundido al comprender lo que ese nombre significaba. Miró al dueño del teléfono pidiendo explicaciones.
– Yo…
– Sólo respóndele, estará en modo conferencia para ser escuchada por todos.
Así, Kaien aceptó la llamada y lo dejó en modo conferencia mientras Ishida le respondía a la chica.
– Todo esto es una locura, Uryuu. Siento mucho no haber llegado a casa anoche pero… no lo sé, todo… es muy confuso e increíble que no tuve tiempo… ellos me dijeron… ¡por Dios! Si supieras lo que…
– Nozomi, cálmate, no puedo comprenderte si ni siquiera eres capaz de terminar una frase.
– Sí, claro. Lo siento. Ayer cuando fui a la mansión Kuchiki me enteré de tantas cosas que no sé si me siento feliz o aterrada, a Rukia la envuelve una historia demasiado oscura y ahora mismo Yoruichi teme que pueda estar dirigiéndose a una emboscada.
– ¿Quién es Yoruichi? –exclamó Renji dejándose llevar.
– ¿Hola? ¿Uryuu, eres tú? ¿Alguien más está ahí contigo?
– No te preocupes. Te pregunté que quién es esa Yoruichi de la que hablaste.
– Es una investigadora especializada en el caso de Rukia. No lo puedo creer, Byakuya, el padre de Rukia, está dispuesto a encontrarla a como dé lugar. Él sí la quiere, Uryuu, ¡Sí la quiere! Haré todo lo que pueda por ayudarlo a encontrar a su hija.
– Entiendo. Eso es bueno.
– ¡Claro que lo es! –Se la escuchó reír del otro lado de la línea–. ¿Sabes? Te contaré todo en cuanto vuelvas, así que llega temprano de sea lo que sea que estés haciendo. Nos vemos luego –fue lo último que se escuchó antes de que cortara la comunicación.
– Supongo que ya lo saben –se animó a romper el hielo cuando ninguno dijo nada después de varios minutos.
– Nozomi está viva –dijo sin poder creérselo Rangiku.
– Y ni Rukia ni Ichigo lo saben –completó la frase Renji.
– Y no deben saberlo.
– ¡¿Qué?! –exclamaron los dos al mismo tiempo.
– ¿Acaso te has vuelto loco? ¿Sabes lo que han sufrido por esa chica? No es justo ocultarles esto –le recriminó Kaien con su voz monótona.
– Tampoco es justo sumarles preocupaciones. Suficiente tienen por ahora con Aizen y el secuestro de Inoue.
– ¿Preocupaciones? ¿Crees que esto es un tipo de preocupación? Más bien yo lo veo como un pequeño rayo de luz en todo el tormento que ambos están pasando. Rukia podría volver con su padre. ¡Estaría a salvo, maldición!
– Recuerda que ella siente odio por su padre…
– Eso no es cierto, ella está confundida.
– Confundida o no, lo único que le causarías es un mal momento y mayor confusión. Nada nos garantiza que ella pueda tomar bien la reaparición de Nozomi cuando durante mucho tiempo lucho contra la depresión y el shock de haberla visto morir.
– Pero ella no murió.
– Eso no es lo que cree Rukia y aun trata de superarlo. ¿Quieres causarle otro shock traumático ahora que debe concentrarse en sus propios problemas? –Punto para Ishida, Kaien no tuvo respuesta que dar–. Esto quedará entre nosotros y nadie más lo sabrá, ¿de acuerdo? – todos asintieron y al final liberaron al pelinegro de la silla torturadora.
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Sabía la importancia que Rukia era en su vida, pues ella era como su pequeña y tonta hermana, siempre metiéndose en problemas, sin embargo tenía esa extraña sensación de alivio y tranquilidad al recordar que no estaba sola sino con Kurosaki. Si tuviera que preocuparse por alguien, en realidad sería por ese chico pero qué más daba si jamás le había agradado lo suficiente.
Ahora lo primordial era el asunto que ataba a Matsumoto al Clan Bleach y sus mafiosos. Imaginar lo terrible que hubiera sido para ella unirse a un monstruo como Aizen sólo por querer encontrar a ese tal Gin Ichimaru lo ponía nervioso, pues no confiaba para nada en ese tipo.
– Estás listo.
– Sí.
– No te lo pregunte. Baja ya –siempre tan sutil su novia.
Habían hurgado entre las cosas de la rubia hasta dar con el mísero papelito que guardaba la información de aquel tipo. Según lo que Toshiro sabía, Rangiku jamás se había atrevido a hablar con ese sujeto por temor a que lo lastimaran como a los demás pero ya era tiempo de saber si él aún seguía con vida, pues lo más probable sería creer que lo hubieran asesinado por seguridad. Lo cierto es que dicho papel estaba guardado en el diario íntimo de Rangiku y en él sólo se leía el nombre de la persona y su posible número de teléfono; luego de tanto rogar porque aun existiera su contacto, él respondió la llamada y acordó encontrarse con ambos en su guarida. Lugar en el que estaban ahora.
– Han venido solos, ¿verdad?
– Sí –respondió Hinamori por los dos.
A juicio de Toshiro, aquel hombre tenía aspecto de matón, cómo la mayoría de los que trabajaban para Aizen, pero su mirada reflejaba cansancio y dolor, todo un misterio. Joven, moreno y forzudo, vestía una camiseta sin mangas y pantalones de motociclista, mientras que alrededor de su cuello descansaban unos grandes auriculares; su barba era corta y de un color café oscuro al igual que parte de su cabello, a excepción de su llamativa cresta anaranjada. En definitiva, no aparentaba ser mayor de treinta y cinco años.
– No pueden estar aquí por mucho tiempo, los descubrirán y también a mí.
– Eso sólo si alguien nos viera y ese no es el plan.
– Nos ven, siempre nos ven, niña.
– Deja de llamarme así, Koga.
– Mejor hacemos esto rápido y nos ahorramos el peligro. ¿Qué es lo que quieren saber de Ichimaru Gin?
– Todo –respondió Momo sin titubear. La determinación en sus ojos sugirió a ambos hombres que no se iría hasta saber el más mínimo detalle de ese sujeto.
– Bien –suspiro y guardó sus manos en los bolsillos de su pantalón, a pesar de ser un hombre con poco frío se regañaba por no haber tomado su chaqueta esta vez–. Gin es un hombre de los más raros, siempre lo he creído así. Trabajó para Aizen desde antes que yo apareciera y aun así lo odiaba con sólo escuchar decir su nombre. Odiaba mentirle a su chica, a la rubia, ¿cómo se llamaba?
– Matsumoto.
– Claro, ha pasado tanto tiempo que ya no las recuerdo, incluso habiendo trabajado en el mismo Clan nosotros no nos hablábamos. Como sea, Gin decía que lo que menos quería era tener que engañarla cada vez que Aizen le encargaba una misión, sufría por no poder pasar tiempo con ella y lo peor era cuando la dejaba sola sin siquiera decirle por qué, a veces desaparecía por días y al llegar a casa ella no le reclamaba nada, sólo lo esperaba con una sonrisa y botellas de sake –Toshiro sonrió, qué más podías esperarte de Matsumoto sino unas cuantas botellas de alcohol a su alrededor–. Aquella última vez que la vio, ella estaba enredada entre las sábanas y durmiendo tan revoltosa como siempre, o eso es lo que me contaba con dolor antes de despedirse de mí también, me dijo que jamás se perdonaría lo que vendría después, que si ella terminara odiando por sus acciones se lo tendría bien merecido y que nunca le reprocharía nada, pero si yo tenía la oportunidad de algún día hablar con la rubia, que le dijera cuánto la amaba y la amaría por el resto de su vida.
– Dijo odiar a Aizen pero al parecer su última acción fue en fidelidad al Jefe –analizó Momo con seriedad–. Tienes razón, es de lo más raro ese tipo.
– Raro o lo que sea, Gin siempre ha sido un buen hombre. Nunca he tenido la oportunidad de preguntarle acerca del por qué se introdujo a un mundo tan oscuro como éste, la verdad es que no tuve el valor de hacerlo. Puedo afirmarte sin dudar que su corazón era bondadoso pero no por ello puro, durante las misiones él se destacaba por su agilidad y habilidad con las armas, sus enemigos lo llamaban "La Serpiente" por su manera de ser tan escurridiza, que yo recuerde nadie ha podido herirle desde que lo conozco pero él tiene el record de matanzas a sangre fría en todo el Clan. A quien quiera que le preguntes te responderán por La Serpiente, mas no todos conocen de su identidad, al menos no los más nuevos.
– Eso explica por qué nadie conoce a Ichimaru Gin –intervino Toshiro llamando la atención del otro hombre.
– Cuando Gin dejó de ser uno más del Clan, Aizen Sosuke supo de inmediato que la chica iría a por él. No hizo sus movimientos hasta que ella no hubiera comenzado. En el momento que Matsumoto se infiltró en el Clan con la excusa perfecta de querer vengarse de tres violadores, el Jefe supo que su verdadera intención era encontrar a Gin. Hubo amenazas frecuentes que limitaron a quienes lo conocíamos a cerrar la boca y hacer la vista gorda, sin embargo la pobre daba lástima y más de uno cayó rendido ante ello, otros eran seducidos por su belleza y astucia. Al final, todos los que osaban abrir de más la boca eran asesinados al día siguiente, era como si las paredes escucharan y no pudieras confiar ni en tu propia sombra; con el paso del tiempo ya ni siquiera se nos permitía hablar de Gin entre nosotros. Nadie que lo hubiera conocido quedó vivo excepto yo, supe que era cuestión de tiempo antes de que él se diera cuenta, sin embargo una vez se acercó a mí y me dijo que yo era una pieza clave y que por eso no me mataría aún, sólo no debía abusar de aquella confianza.
– ¿Qué pasó luego? Dudo mucho que el Señor te haya dejado libre así sin más.
– Ni siquiera yo sé lo que pasó. Sólo sé que después de ese cruce jamás lo volví a ver, mis tareas en el Clan cada vez disminuían más y más hasta que casi se trataba de deambular por los pasillos. Nadie notó el momento en el que desaparecí, al menos así me lo hicieron saber cuando luego de tantas semanas desaparecido nadie vino a por mí. Aun así siempre evité hablar de Gin. Mentiría si dijera que a veces me siento perseguido y como si varios pares de ojos me estuvieran vigilando, es por eso que he dudado al acceder a su petición. Sin embargo… Gin Ichimaru fue un gran amigo mío al que siempre recordaré como un sujeto de buen corazón. Saber que su chica no ha bajado los brazos a pesar del tiempo me da la valentía de querer ayudar a como dé lugar, así que cuenten conmigo para lo que necesiten.
– Eres un buen hombre tú también, Koga Go –lo alentó Toshiro con sus facciones más relajadas. El aludido tan sólo asintió y sonrió a duras penas.
– Aun no entiendo qué ha sucedido con Gin Ichimaru, ¿Él está muerto? –preguntó Momo dando a entender que aún no habían conseguido la información más importante.
– ¿Muerto? No lo creo. Él ha de estar más vivo que todos ustedes, quienes se arriesgan día tras día en las misiones suicidas que Aizen les encarga.
– ¿Qué? Es decir que hay posibilidades de que él y Matsumoto vuelvan a verse –comentó Toshiro esperanzado.
– Tal vez. Es sólo que él ha decidido jamás volver a verla, sería difícil si él se diera cuenta de que ella aun lo sigue buscando.
– Dinos dónde está, Koga –ordenó Momo.
– No les gustará escuchar esto pero… Bueno, Gin ahora está…
La única razón por la que venían a ver a Koga se fue por la borda cuando sintieron unos disparos desde varios puntos alejados de ellos. Los habían atrapado.
– ¡Vengan, por aquí! –los guió Koga adentrándose más a la guarida mientras los tres corrían y se escondían.
Se escondieron detrás de varios trozos de autos oxidados y metales de gran tamaño que simulaban una tranquera, al fin y al cabo ese lugar era un extenso galpón abandonado y alejado de la ciudad que se continuaba bajo tierra. Koga sacó de sus bolsillos dos pistolas pequeñas pero de buen alcance, una la preparó para él mientras le arrojó la otra a su compañero. Toshiro la tomó en el aire y la preparó en cuestión de segundos para comenzar a responderle a los cobardes que no se dignaban a mostrarse, con su primer disparo le dio de lleno a uno de los atacantes y casi consigue perder un ojo en el momento que una bala le rozó la cara.
Hinamori volteó a ver a Koga con su mejor cara de reproche, ¿Acaso ese idiota ya había olvidado aquellas misiones en la que trabajaron juntos? Podría jurar que ella era mejor en el uso de las armas que él. El aludido la pasó por alto, la ignoró sin la más mínima consideración y ella sintió increíbles ganas de asesinarlo. Al instante se percató del contacto de su mano con la de su novio, Toshiro la miró y le sonrió infundiéndole confianza, algo que logró tranquilizarla.
– Sé que no eres débil, Momo, pero sólo por esta vez te pediré que no te separes de mi lado y me dejes protegerte –le susurró a la par que disparaba en dirección al viejo auto que escondía a uno de los atacantes.
– Tendremos que salir y encararlos, o esto no acabará. Ya no me quedan demasiadas balas y al parecer son como cuatro.
– Perfecto, dos para ti y dos para mí –bromeó Toshiro sin reír.
– Pensaba dejártela fácil y que te encargaras sólo de uno, novato.
– No me subestimes, podría hacerlo hasta con los ojos vendados. Sólo asegúrate de no morir antes de decirnos dónde demonios se encuentra el imbécil de Ichimaru. Momo, no te dejaré por mucho, no hagas ninguna estupidez –le aconsejó dándole un corto beso.
– ¡Andando!
Ambos hombres salieron de su escondite y enfocaron dos tiros a sus respectivos adversarios –no era broma lo de repartir a sus objetivos–, para mala suerte no lograron darle a ninguno. Pronto debieron esconderse detrás de los pilares del galpón.
– Maldición. Sólo tengo para cinco tiros –se lamentó el peliblanco golpeando su cabeza con el pilar. Debía pensar, y debía hacerlo rápido.
Por su parte, Koga no iba mejor, pues a él sólo le quedaban para tres tiros y no confiaba en poder lograrlo con tan poco. Miró a Hinamori y vaciló antes de poder susurrarle unas pocas palabras. La aludida abrió sus ojos los más que pudo y no alcanzó a reclamarle nada. Koga había salido de detrás del pilar para utilizar sus últimas balas, y sólo un disparo salió del arma antes de que él cayera de bruces contra el suelo a causa de cuatro disparos.
– ¡KOGA! –fue el grito desgarrador que logró darle a entender a Toshiro la caída del hombre. Tan concentrado estaba en sus contrincantes que a poco fue capaz de escuchar a Hinamori.
– Koga… –musitó sin poder creérselo. El cuerpo de su aliado yacía en el suelo desangrándose de a poco.
Y pronto él estaría en una situación similar cuando, por su descuido, recibió el impacto de tres balas en su abdomen.
– No –susurró la chica con un hilo de voz al percatarse de que ahora Toshiro se encontraba en peligro de muerte como Koga.
Debía hacer algo o la única que quedaba con vida correría la misma suerte. No podía dejar que eso pasara, aún tenía que encontrar esa carta, tenía que decirle a Rangiku sobre el posible paradero de Ichimaru Gin.
Respiró hondo y trató de tranquilizarse, actuar como loca en una situación así no la ayudaría en nada y sólo empeoraría las cosas. Ella era Momo Hinamori, La Desalmada sin sangre, así la conocían muchos de sus enemigos, y debía hacer honor a su pseudónimo. Se preparó para la carrera y salió de su escondite para rodar por el suelo entre varios disparos dirigidos a ella y, tomando la pistola de Koga, llegó hasta el pilar que la cubriría.
– Bien, perfecto. Primer acto, un idiota impulsivo que se arroja a las balas de sus adversarios –le dijo al aire mientras respiraba con agitación–. Sólo dos tiros, genial. Gracias Koga –le agradeció sarcásticamente al cuerpo inerte del hombre luego de revisar las balas del arma.
Se tomó el tiempo de estudiar la dirección de las balas para determinar la exacta posición de cada uno de los atacantes, no por nada se había ganado el honor de superar el record de La Serpiente –quien ahora sabía que se trataba del mismo Ichimaru–, sería muy fácil aniquilarlos a todos en cuestión de segundos si los muy idiotas no sabían cubrirse bien. Los primeros en pasar al siguiente mundo serían los de la derecha, con el arma de Toshiro se encargaría de los restantes.
Inspiró fuertemente y salió de su escondite rumbo al pilar que antes ocultaba a Toshiro. En el trayecto disparó dos veces dando con uno de los sujetos, no así con el segundo en cuestión que, a cambio, logró dispararle en el hombro derecho. Consiguió tomar la pistola de Toshiro y arrastrarlo a él hasta el escondite, ganándose una segunda herida en la pierna izquierda.
– Segundo acto, un idiota distraído atrae tres balas de sus adversarios –susurró entre furiosa y adolorida por los disparos que la alcanzaron–. Shiro, ¿cómo te encuentras?
– No te preocupes por mí, estaré bien –logró decir a duras penas intentando recuperarse del impacto de las balas.
– No te hagas el héroe, imbécil. No puedes mantenerte parado y lo sabes. Yo me encargaré –lo regañó a la par que chequeaba las municiones que a esa arma le quedaban–. Al menos tú tienes un tiro más. Quédate aquí, no tardo.
Se tomó sólo tres segundos para volver a analizar la posición de los tres hombres que restaban a partir de la trayectoria de las balas. Esta vez sería la última, para ellos.
– Tercer acto, una idiota vengadora que intenta, oh casualidad, vengar a sus dos idiotas amigos.
Salió de detrás de la columna cargada con ambas armas y señaló con cada una de ellas a dos de los tres adversarios.
– ¿Cómo se llama la obra?
Un tiro. El segundo de la derecha se dejó ver, ahora muerto. Dos tiros. Los dos de la izquierda no tardaron en caer como el primero.
– Idiotas suicidas en acción.
Juego terminado. La Desalmada sin sangre había acabado con ellos.
– ¡Koga! –exclamó soltando sus armas y corriendo la distancia que lo separaba de su viejo compañero de batallas.
Pero ya era muy tarde, él estaba muerto.
Ooo
– Primera puerta a la derecha en el subterráneo. La caja fuerte tiene lo que buscas. Ayuda a Gin y a Rangiku.
Ooo
– Sí has sido de mucha ayuda. Rangiku y yo siempre te recordaremos –apretó sus párpados evitando las ganas de llorar y antes de irse posó una mano en su pecho y con la otra le cerró los ojos, al menos así descansaría en paz.
Ayudó a Toshiro a levantarse y, con dificultad, llegaron hasta la habitación que Koga le había dicho a Hinamori. Antes de hacer nada, tomó un recipiente oxidado, pero al menos entero, y lo llenó de agua del pequeño baño que había a la derecha; encontró también vendas, algo maltratadas pero sin usar, y trató de limpiar la sangre del abdomen de Toshiro para luego vendarlo y así parar un poco la hemorragia, debía llevarlo cuanto antes a urgencias.
Ignorando sus propias heridas buscó con la mirada la dichosa caja fuerte y la encontró abierta en un rincón de la habitación. Se apresuró a llegar hasta ella y tomó lo único que había dentro, la carta.
– Maldito… ya sabías que morirías –susurró con enfado al entender el porqué de la caja abierta.
No se tomó el tiempo de leerla o abrirla siquiera. Toshiro estaba primero. Guardó la carta en el bolsillo interior de su tapado negro y obligó a Toshiro a subirse en su espalda.
– Tú estás herida también.
– Yo puedo resistir, tú ya te has desangrado bastante y esas pobres vendas no resistirán por mucho. Además, tú lo dijiste, no soy una niña débil.
– Pero sí eres una niña demasiado obstinada.
– Y así me quieres.
Llegaron a la camioneta y Hinamori dejó a Toshiro sentado en el asiento del copiloto. Al cerrar la puerta sintió un fuerte mareo que casi la tira sin piedad al suelo terroso del lugar, miró hacia atrás y comprobó que en el trayecto ella había perdido demasiada sangre también. Debía apresurarse y llegar pronto con ellos o ambos morirían desangrados.
Arribó a un lugar para nada cercano al Clan, donde dos personas se encontraban entrenando en el patio y vieron con auténtica sorpresa de quién se trataba. Hinamori bajó de la camioneta y su rostro pálido causó mayor conmoción en los dos presentes.
– ¡HACHIGEN! ¡HACHI, VEN AQUÍ AHORA MISMO! –ordenó más con tono de súplica.
El aludido salió de inmediato junto a un grupo de personas alarmadas por los gritos. Todos adoptaron la misma expresión que los dos primeros, no lograban comprender que Momo Hinamori estuviera frente a ellos después de tantos años.
– Por favor, te ruego que te encargues de la persona que está en esa camioneta. Hachigen, por favor, sálvalo –le pidió de rodillas y con la cabeza agachada, pues ya casi no tenía fuerzas y Toshiro había quedado inconsciente desde hacía ya varios minutos.
De inmediato, Hachi se dirigió hacia la camioneta y tomó en brazos al muchacho del que ella hablaba. Sin decir una sola palabra se lo llevó al interior del cuartel.
– Rojuro, Risa*, encárguense de Hinamori antes de llevarla a la sala –ordenó un hombre de cabellos cortos hasta los hombros y rubio.
– Entendido, Jefe –respondieron los mencionados.
Al cabo de media hora, Hinamori estaba sentada en un sillón de la sala principal del cuartel, esperando porque el Jefe se dignara a aparecer. Logró escuchar los gritos de Hiyori, era imposible no hacerlo, de seguro estaría riñendo con Hirako.
– ¡Ya te lo he dicho varias veces, eres un mono feo y salvaje! –Antes de que la puerta se cerrara una sandalia dio de lleno contra su rostro–. ¡Lunática! –Gritó antes de cerrar la puerta.
No había cambiado nada en todo ese tiempo, seguía siendo el mismo hombre delgado y alto que recordaba, incluso el tiempo iba a su favor y no presentaba ni una sola arruga en su perfecto rostro.
– El tiempo parece no haber pasado para ustedes. Están igual que la última vez que los vi, incluso sus cortes de cabello.
– ¿Qué dices? Hiyori ha crecido dos centímetros más y yo he cortado mi cabello –tomó asiento frente a ella–. ¿Qué demonios haces aquí, Momo?
Silencio. ¿Qué responder? No tenía vergüenza al ir corriendo por ayuda de los Vizard cuando años atrás los había abandonado sin decir una palabra.
– Shinji te ha preguntado algo, lo mínimo que podrías hacer es responder si nosotros les hemos salvado el trasero a ti y a tu lindo noviecito –En el marco de la puerta se encontraba la dueña de la sandalia voladora.
Hiyori llevaba aun sus dos coletas altas y sus prendedores. Hirako tenía razón y al parecer había crecido un par de centímetros más, sólo uno, y aun así seguía siendo bajita. Su ceño fruncido hacía temer hasta al más vil villano del mundo pero no a ella que la conocía de verdad.
– Yo… yo… No lo sé –se limitó a contestar luego de unos segundos–. Cuando a Toshiro le dispararon entré en pánico y sólo se me ocurrió pensar en Hachi. Ha… ha sido un impulso venir hasta aquí.
– No. Has venido aquí porque frente a una situación de tal gravedad jamás llevarías a tu novio al hospital de urgencias para que allí les hicieran mil preguntas que ustedes no sabrían responder. Temías que sospecharan de ti y un posible encuentro entre delincuentes –la acusó la rubia sin pizca de sentimientos–. Era de esperarse de una persona que ya nos engañó una vez.
– Yo no los engañé –respondió firmemente.
– ¿Ah, no? Shinji, ¿por qué no le preguntas lo que me has preguntado a mí la semana pasada? Pregúntale, ella debe saber mejor que yo cómo se encuentra Kensei. Claro, si no es que ya lo han matado en una de esas misiones mafiosas.
– Nosotros… ya no hablamos mucho. Él no habla mucho –respondió estoicamente.
– Ya no recuerdo cuánto tiempo hace que no vemos a nuestro amigo y hermano. Tú nos lo arrebataste y te lo llevaste contigo al lado oscuro –comentó Hirako pasivamente.
– Ésta no es tu película de Star Wars, idiota, ¿De qué lado oscuro hablas? Eso se llama la mafia.
– Tú eras como una pequeña hermanita para él y dudo mucho que aún no lo seas. No sé qué habrá pasado entre ustedes y tampoco me interesa pero si él no sabe que tú estás aquí se preocupará.
– Nuestra relación no es la misma desde que… –Alto. Ese ya era un terreno privado, no tenía por qué decírselos y tampoco lo haría.
– ¿Desde que…? –la apresuró el chico.
– Desde que… entramos al Clan. No tienen derecho a saber nada de eso, así que no insistan.
– Ya te dije que no nos interesa.
– Perfecto –el intenso silencio la abrumaba y comenzaba a ponerla nerviosa. Ya no podía con ello.
Adoptó una pose tradicional, arrodillándose en el suelo, sentándose en sus piernas e inclinando su cabeza casi hasta tocar su frente con sus manos que reposaban en el mismo suelo. Se estaba disculpando formalmente como sólo los orientales eran capaces de hacerlo.
– Lo siento muchísimo. Por favor, perdónenme.
Todos los integrantes de la agrupación civil de policías, Vizard, estaban presentes en el momento que Momo se disculpó. Ni siquiera Mashiro, la más joven y cercana a su edad, podía creer que la misma Momo Hinamori, que en sus tiempos era la más orgullosa de la familia Hinamori, estuviera realizando semejante acción.
– No es cosa de todos los días ver a la pequeña princesita Hinamori suplicar por perdón –comentó Hiyori con desdén, acuclillándose frente a ella y sonriendo de lado.
– Hiyori, basta.
– No me calles, Shinji. Al final, tú también piensas lo mismo –el rubio desvió la mirada omitiendo palabra alguna–. Dinos la verdad, princesa estirada, ¿Qué es lo que quieres?
Momo alzó la vista y la enfrentó con fiereza, recorrió las caras de sus antiguos amigos y compañeros recordando viejos tiempos de cuando aún era una inocente pequeña con aires de justiciera. Qué lejos estaban esos días.
– Tienes razón, no es una simple disculpa –confesó tranquilamente levantándose del suelo–. Aun así mis disculpas son sinceras, la razón por la que no he venido antes es que no me sentía cómoda.
– ¿Por qué? ¿Ahora lo estás?
– Hiyori…
– ¡Cierra la boca, Risa! Hago las preguntas que ustedes no se atreven a hacer, cobardes.
– Pero…
– Tranquila, Risa, entiendo que aun sigan creyendo que soy una traidora y tienen derecho a odiarme.
– Oh no, querida, no creas que has sido el centro de nuestros pensamientos todo este tiempo –La interrumpió la rubia acercándose hasta ella y quedando a su altura–. Hemos aprendido a vivir con tu traición y la de Kensei desde hace mucho tiempo, es sólo que jamás creímos que te rebajarías tanto como para venir hasta aquí a disculparte, tal vez una carta te habría sido de ayuda pero nada más. Lo siento por subestimarte.
– Deja a Kensei fuera de esto, sabes que él no tiene nada que ver con…
– Tienes razón. Él no tiene nada que ver con esto. Kensei es un buen hombre, sólo que tiene el corazón demasiado grande como para olvidar el favor que tu padre le hizo alguna vez. Por culpa de eso ahora tiene que estar involucrado en una calumnia tan grande en la que tú lo has metido.
– Yo no lo obligué a nada.
– Claro que no pero tampoco lo detuviste, ¿o me equivoco, pequeña Momo? –la desafió con la mirada.
– Tú no tienes idea de nada –respondió evitando mirarla con todo el miedo que le tenía a los fantasmas de su pasado.
Sin embargo, Hachigen Ushoda, el mismo hombre de grandes dimensiones que había llevado a Toshiro para sanar, supo de inmediato que algo no andaba bien con ella. Había estado al servicio del cuartel de policías de los Hinamori desde hacía tanto tiempo que conocía a Momo desde que era una recién nacida.
– ¿Cómo puedes…?
– Hiyori, ya basta.
– ¿Qué? ¿Acaso piensas defenderla tú también, Hachi? –indagó incrédula por su llamado de atención.
– Hiyori… –fue lo único que bastó decirle de su parte para que ella se aparte de una muy ida Momo.
– A pesar de que Hiyori haya dicho la verdad, verte aquí nuevamente, después de tantos años de haberte perdido, creo… que vuelve a abrir la herida –comentó Hachi acercándose a ella y posando su mano en el hombro de la chica.
Momo lo miró directo a los ojos, siempre del característico marrón pero ahora con unas pequeñas arrugas que los rodeaban. Tal vez el tiempo sí hubiera pasado para algunos de ellos. El llamativo rosa de su cabello, que tiempo atrás había sido el blanco de sus bromas, comenzaba a escasear y era cada vez más pálido, abundando en numerosas canas blanquecinas.
– Aun así, estamos contentos de saber que sigues bien y que has crecido como una bella mujer –sonrió como siempre lo hacía cada vez que quería consolarla. Instintivamente sintió la necesidad de rodear lo que podía de su cuerpo con sus manos. Momo lloraba sin poder evitarlo–. No tengo derecho a preguntarte lo dura que ha sido tu vida en estos últimos tiempos, pero sí puedo decir con orgullo que Kensei ha estado cumpliendo su promesa de protegerte –Momo afianzó su agarre y se negó a soltarlo por los próximos diez minutos en los que nadie se atrevió a decir una sola palabra, ni siquiera Hiyori.
– Yo… yo… –trató de hilar respuesta mientras alejaba el resto de las lágrimas en su mejilla con el dorso de su mano.
– Dinos lo que necesitas y veremos en qué podemos ayudarte.
– Una amiga ha sido secuestrada por un grupo mafioso llamado Las Noches.
– ¡Las Noches! He oído que es uno de las bandas mafiosas más escurridizas de todo Japón –exclamó Mashiro desde su lugar.
– Y lo es –afirmó ella, muy a su pesar–. Aun así, mis compañeros y yo estamos seguros de que ha sido todo un plan de parte de nuestro Jefe para atrapar a su sobrino y Rukia.
– ¿Rukia?
– ¿Hablas de la hija del poderoso Kuchiki…?
– Ese mismo, Hirako. Veo que están enterados de algo.
– Una de nuestras superiores está trab… –una sandalia viajó directo a su rostro, callándolo y noqueándolo de paso.
– Continúa –exigió Hiyori.
– Hay un oscuro misterio que envuelve a Kuchiki Rukia, el cual no tengo muy claro; posiblemente Ichigo ya lo sepa y por eso ha desaparecido con ella a cuestas. Ambos planean salvar a esta amiga por sí solos pero lo más probable sea que mueran en el intento, son tan ingenuos que no llegarían ni a la entrada de su escondite. Es por eso que necesito de su ayuda.
– Sí sabes que buscaremos la ocasión para apresar a tu Jefe y al de Las Noches, ¿verdad? –la alertó Love, otro de los integrantes Vizard.
– No será necesario. Yo les daré todas las pautas y detalles para que lo hagan. Si no lo mato yo primero –declaró Momo sin ápice de emoción, algo que sorprendió a más de uno en la sala.
– Has crecido y cambiado mucho, Momo –soltó Hachi sin dejar de verla–. ¿Qué ha ocurrido? ¿Es por ese chico?
Momo abrió los ojos más de lo normal y su corazón comenzó a latir casi como galopando. ¿Ella? ¿Cambiado? Posiblemente así fuera, todas las situaciones afrontadas en su vida la habían hecho una mujer dura y terca, incluso mucho más que cuando estaba con su padre y los Vizard. Pero… desde la llegada de Toshiro Hitsugaya el cambio había sido aún más drástico. Y no es como si ello no le agradara.
– Sí, tal vez tengas razón. He cambiado mucho y todo ha sido a causa de él.
– Tu padre estaría muy orgulloso de ti si estuviera aquí ahora.
– ¿Mi padre? –preguntó confundida–. ¿Por qué lo dices como si ya no estuviera aquí? –Todos se removieron en sus lugares algo incómodos por la pregunta. Tarde o temprano debería enterarse de ello, y lamentablemente ese tiempo era ahora.
– Momo… tu padre… –comenzó Hachi sin atreverse a mirarla a la cara. ¿Cómo decirlo sin lastimarla aún más de lo que ya estaba?–. Verás… él… Bueno, él…
– ¡Habla ya, Hachi!
– Hachi, eres peor que Shinji explicando –lo regañó Hiyori–. Trata de no morir tú también al escucharlo…
– ¡Hiyori! –trataron de interrumpirla en vano.
–…pero tu padre ha muerto hace varios meses atrás –la pelinegra quedó sin habla por los próximos minutos.
Su padre había muerto. Él… estaba muerto. Su padre. No podía ser cierto.
– N-no… Él…
Toshiro despertó en una habitación que, supo de inmediato, no era la suya o alguna del clan. Tampoco era de un hospital, pues no olía a uno o estaba ambientado como tal. ¿Dónde demonios estaba? Se incorporó lentamente al sentir la herida aun latente en su abdomen, ya recordaba lo que había sucedido momentos atrás… lo que había sucedido…
– ¡MOMO! –exclamó olvidando su dolor e incorporándose, esta vez, por completo.
Salió de la habitación luego de colocarse la playera que alguien le había dejado preparada en una silla y sus zapatillas. Todo en tiempo record. Buscó por el pasillo hasta que dio con una puerta corrediza, al abrirla vio a varias personas paradas alrededor de Momo. "Ella está bien" pensó aliviado.
– Vámonos, Toshiro –tomó la mano de su novio y se encaminó hacia la salida–. Siento haberles ocupado su tiempo –Y dicho eso último, se retiraron ambos sin Toshiro haber sido capaz de agradecerle a quien sea que lo hubiera sanado.
– M-Momo… ¿Qué ocurre? ¿Quiénes son esos tipos? ¿Dónde estamos? –preguntó atropelladamente sin obtener respuesta alguna por parte de la chica.
Ambos subieron a la camioneta y Hinamori arrancó con demasiada fuerza.
– Al menos respóndeme que ha sucedido –exigió perdiendo la paciencia.
– Estás vivo, ¿verdad? Hazte a la idea –respondió tajante con una sonrisa amarga y sin mirarlo.
– ¿Qué ha pasado con Koga?
– Él… no ha tenido tanta suerte. La bala dio de lleno a su corazón.
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ooOoo
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Su cadera zarandeaba de un lado al otro como quien intenta seducir a su presa, tal vez el único problema fuera que no había ninguna presa a la vista. Riruka sabía que la vigilancia de turno la veía desde las sombras y esperaba a que ella llegara a la "X" del lugar. Cuando eso hubo sucedido, varios hombres aparecieron desde diferentes lugares dispuestos a atacarla, ¿Qué, acaso no sabían quién era ella?
Uno de ellos se le acercó primero sin ningún arma, la atacó de frente pero ella logró esquivarlo. No así la patada que le dio un segundo en sus pies, lo que logró desestabilizarla hasta tirarla sin piedad al suelo. Inmediatamente el primer hombre se arrodilló a su lado dispuesto a asestarle un golpe en la cara, Riruka lo esquivó y rodó tres veces antes de poder levantarse y evadir la patada que un tercero arrojó directo a su cabeza. ¿Qué demonios era ese entrenamiento que les estaba dando Ginjo? Por poco, fue capaz de eludir el palo que voló directo hacia ella, aunque no supo adivinar de parte de quien había sido. Un tipo la tomó de ambos brazos y la aprisionó contra él, esperando a que su compañero llegara hasta ellos; cuando así fue, Riruka utilizó el agarre de su adversario y se impulsó con ambas piernas hacia arriba, dejando que el golpe de quien venía hacia ellos diera de llenó contra el estómago de su camarada. Éste se dobló hacia adelante y ella cayó sobre él. No pudo evitar la navaja que ahora la apuntaba.
– Un juego bastante sucio si consideramos que yo no vengo armada.
– Tú sabes cómo es esto.
– Y tú sabes quién soy. ¿Por qué mejor no nos dejamos de juegos y me llevas directamente con Ginjo? Debo hablar con él.
– Órdenes específicas, linda. No debo dejar pasar a nadie.
– Vete al infierno.
– Primero las damas.
Riruka apartó su mano e hizo volar la navaja lejos de ambos. El hombre dio un puñetazo pero que dio en la cara de su aliado que previamente estaba debajo de la chica, ella lo usaba de escudo. La haló del cabello haciéndola gritar pero ésta fue más rápida y le devolvió la agresión lanzando una patada hacia el costado derecho del adversario. Nunca llegó, él la tomó en el aire y la acercó a su cuerpo mirándola con lujuria, algo que hizo a Riruka asquear.
– No debiste hacer eso, linda –le advirtió con su voz ronca.
– No me llames linda –contestó ella forcejeando con él sin poder liberarse.
Se dio por vencida en cuanto a esa táctica y recurrió al plan B. Dolería dentro de unos segundos. Se abrazó al cuello de aquel sujeto y se alzó sobre él para darle una patada, con su otro pie, en la boca del estómago. En cuanto él cayó ella también lo hizo sentada, no cabían dudas, su trasero le reclamaba tal descuido. Quiso ponerse de pie para darle el último golpe, mas los hombres que antes la habían enfrentado ahora la rodeaban en pose de batalla.
Alguien apareció desde las sombras aplaudiendo pausadamente, el ruido de sus zapatos chocando contra el suelo hacían eco en todo el lugar. En cuanto Riruka dirigió su vista a aquel hombre, notó sin problemas que se trataba de Ginjo.
– No lo has hecho mal –la halagó por su reciente batalla, instando a los demás hombres a retirarse–. Aunque los dos sabemos que te has dejado estar. Te ves algo oxidada, Riruka.
– Podrías haberme evitado la bienvenida.
– ¿Dónde quedaría la gracia entonces? –Ginjo la atacó con un palo de madera sin previo aviso–. Quiero creer que no estarás igual en cuanto a este tipo de armas. Digo, a juzgar por tu actual empleo de sirvienta este tipo de artículos son usuales para ti –la desafió a la par que forcejeaba el palo mientras ella intentaba pararlo con sus manos desnudas.
Riruka logró alejarlo, o tal vez él hubiera retrocedido, no sabría decirlo con exactitud. Al final le arrojó el objeto mientras él tomaba otro que había estado llevando en la espalda todo ese tiempo. Tomó el palo y se colocó en pose de batalla.
– ¿Qué ha sido de tu vida todo este tiempo, Riruka? –preguntó con total normalidad a la par que comenzaba el encuentro chocando ambos palos.
– Nada interesante que contar de mi vida –respondió intentando por el costado derecho, sin éxito, claro.
– ¿Tal vez de Kuchiki? –preguntó esta vez dando golpes con los que la chica retrocedía sin poder evitarlo.
– Si me dejaras explicártelo con calma –comenzó a responderle haciéndolo retroceder esta vez a él–, podrías escuchar detalladamente las noticias. ¡AHHH! –con un último golpe logró romper el palo de Ginjo por la mitad.
– Ohh… –sopesó Ginjo mirando el pedazo de madera que aun descansaba en su mano–. Éste era mi favorito.
– Luego te compras otro nuevo –lo regañó cruzándose de brazos. El hombre suspiró derrotado.
– Bien, sígueme. Nos esperan.
Caminaron por tres diferentes pasillos en penumbras hasta llegar a una puerta semi-abierta. Ginjo la hizo entrar y Riruka se sentó a un lado de la gran mesa que había en medio de la sala. La sala de reuniones. Casi al instante, dos personas más entraron sin sorprender un poco o nada a la chica, por supuesto que ellos también tendrían preguntas que hacerle.
– Hola, Riruka –saludó la mujer amablemente.
– Buenas noches, Señora Kurosaki –saludó formalmente.
– Varias veces te he pedido que me llames por mi nombre, sólo Masaki.
– Y yo varias veces le he respondido que no puedo tratarla de esa manera, no sería correcto –Masaki sonrió y se sentó frente a ella.
– ¡Riruka! qué gusto volver a verte luego de… ahh…
– Dos años, Señor Kurosaki.
– ¿Ya? ¡Vaya que el tiempo se pasa en cuestión de segundos! –Isshin rió contagiando a su esposa y a su compañero. Riruka sólo esbozó una sonrisa.
– Bien. Dinos lo que sepas.
– El Señor Kuchiki ha comenzado la búsqueda de su hija, aunque creo haberlo mencionado en mis informes –Ginjo asintió y ella continuó–. Para ello ha buscado la ayuda de viejos amigos, o algo por el estilo. Yoruichi Shihouin y Kisuke Urahara están involucrados en el caso de Rukia –Masaki tomó la mano de Isshin y lo miró esperanzada.
– Con ellos dos… No me sorprende que haya ido en su búsqueda, por lo que sé Shihouin y Urahara son dos detectives muy reconocidos entre la mafia japonesa –Reconoció Ginjo sonriendo de lado.
– Por lo visto, una muchacha, de nombre Kujo Nozomi, ha tenido contacto con Rukia e Ichigo en el Clan. Ha venido ayer a la mansión para contárnoslo todo y al parecer Aizen la ha matado creyendo que era Kuchiki Rukia. Soi Fong, la sobrina de Shihouin, ha investigado hasta encontrar que él ya sabía la verdad incluso desde antes que la matara. Ahora mismo, están investigando acerca de Inoue Orihime, han encontrado que ha partido con Aizen hacia a América hace como dos meses atrás pero ella no volvió. Está presa en el Clan Las Noches.
– ¡¿Qué?! P-pero… no puede ser, ¿cómo? –Masaki comenzaba a agitarse con sólo haber escuchado que su hija estaba secuestrada por la mafia.
– Es una trampa. Aizen quiere a Rukia y sabe que la única manera de llevarla hasta él es con una situación de peligro.
– Pero Rukia apenas debe conocer a Orihime.
– Pero para Ichigo ella es una preciada amiga. Con lo investigado han llegado a la conclusión de que Ichigo y Rukia han formado un vínculo lo bastante fuerte que no les permite estar muy alejados el uno del otro. Aunque ella no quiera irá detrás de Ichigo para salvar a Orihime, de esa manera estaría cayendo en la trampa.
– Pero… dices que Orihime está en Las Noches, ¿Por qué Aizen la llevaría hasta allí?
– No es necesario hablarles acerca de quién es Szayel Aporro Granz. Él trabaja directamente para Las Noches –Masaki comenzó a temblar a la par que gruesas lágrimas recorrían silenciosamente su rostro. Isshin, aunque quería, no podía consolarla, él estaba tan consternado como su esposa–. Hay algo más. La carta que la Señora Kurosaki le envió al Señor Kuchiki hace algunos años atrás. Esa carta… llegó ayer mismo. Es otra de las razones por las cuales todos sospechan que Aizen sepa acerca del parentesco entre Ichigo, Orihime y Rukia.
– Entonces, no sólo está convocando a los dos para atrapar a Rukia sino para confundir y perturbar sus mentes –dedujo Masaki tapándose la cara con ambas manos. Esa situación ya la estaba cansando demasiado como para soportarlo–. ¿Qué tan cruel se puede llegar a ser sólo para conseguir oscuras metas? ¿Por qué arruinar la vida de tres pobres jóvenes de esa manera? –exigió saber sin poder parar de llorar.
– Masaki… –la llamó Isshin en vano.
– No se preocupe, Señora Kurosaki. Con toda la información que Kujo les pueda proporcionar a los detectives y con lo que ellos mismos investiguen, han prometido al Señor Kuchiki que encontrarían y salvarían a sus hijas. Yo confío en esas personas –Masaki calmó su llanto y la vio con las esperanzas casi completamente rotas–. Ellos serán de gran ayuda –estiró su mano y la tomó por arriba de la mesa brindándole una sonrisa cálida.
– Debo ir con Byakuya para explicarle todo –expuso a la par que se levantaba de su asiento para arreglarse antes de partir–. Karakura no está muy lejos de aquí, sólo a unas cuantas horas.
– Masaki…
– Yo no he podido venir antes porque se han cortado las líneas que comunican con Karakura. Al parecer hubo un incendio forestal y por eso han interrumpido el paso. He tenido que usar otros métodos para lograrlo.
– Dime cómo y lo haré también.
– Dudo que tenga algún vecino con afición por los aeroplanos. Sólo eso se me ha ocurrido después de esperar toda la tarde.
– Algo se me ocurrirá –afirmó Masaki con determinación.
Antes de poder salir de la habitación uno de sus brazos se encontró aprisionado por la mano de su esposo. Volvió su vista hacia él exigiendo con la mirada que la soltara pero no lo hizo.
– Debo ir. Él debe estar demasiado afligido por la noticia. Debo… ayudarlos. ¡Isshin, es mi hija!
– Lo que la convierte en mi hija también, no lo dudes. Aun así debes recordar que nosotros estamos muertos para el mundo, no es tan sencillo como lo crees.
– Isshin tiene razón, Masaki –intervino Ginjo–. Mejor déjanoslo a nosotros. Recuerda que tenemos la ventaja de tener a Riruka allí por nosotros. Primero que nada, enviaremos una carta de parte de Xcution para hacerles saber la verdad, luego acordaremos un día y un lugar para encontrarnos. Ese será el momento en el que todos se verán la cara nuevamente. Si Orihime Inoue es la carnada para que su hijo y Kuchiki vayan hacia la trampa entonces no debemos preocuparnos, Orihime estará bien.
– Confía en ellos, Masaki –trató de convencerla su esposo. Masaki se tranquilizó y dejó de forcejear. Sólo entonces él la liberó.
– Disculpen la interrupción pero… –Jackie miró directamente a Ginjo–. Kurosaki Ichigo está aquí.
– ¡¿QUÉ?! –fue la pregunta unánime de todos los presentes.
– Nadie sabe cómo ha logrado encontrarnos pero ahora mismo está en la entrada peleando con los guardias.
– ¡Ichigo!
– Espera… ¡Masaki! –Isshin no pudo evitar que su esposa saliera corriendo hacia la entrada de la guarida. Al final, fue corriendo detrás de ella siendo seguido por los demás.
Al llegar, fue testigo de la dura batalla que su hijo libraba en contra de los demás hombres encargados de la vigilancia. Sabía que no sería capaz de resistir por mucho, esos tipos eran expertos en combate, sólo que no sabía cómo detenerlos.
Ichigo no estaba de humor para estupideces, aun así no pudo evitar ser interceptado por quienes de seguro estaban encargados de la entrada del lugar. Claro, cómo no, era obvio que debía haber seguridad para un lugar como ese. Recibía más golpes de los que él podía dar, esos hombres eran mucho más habilidosos que los del clan. Ahora entendía por qué su tío había estado de acuerdo en trabajar con Xcution.
Un hombre lanzó una patada directo a su pecho que él pudo eludir sin problemas. Por detrás, otro se lanzó en un salto dispuesto a dar un puñetazo en su cara, sólo lo esquivó regalándole una no muy sutil patada en el abdomen. A cambio, un tercero logró asestarle otra buena en las piernas que lo desestabilizó haciéndolo caer al suelo, tan pronto eso sucedió Ichigo se levantó saltando hacia adelante. Sólo que… el mismo tipo le dio un buen puñetazo en el abdomen.
– ¡ICHIGO! –gritó Masaki reaccionando por fin. Haberlo visto por primera vez luego de tantos años, y no por una foto, la tuvo estática en su lugar por un buen rato. Verlo batallar tan decididamente la llenaba de orgullo, su hijo era todo un hombre.
– ¿Mamá? –se preguntó al oír la clara voz de su madre en la lejanía.
Mala idea. Su descuidó ocasionó la oportunidad perfecta para noquearlo.
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ooOoo
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– Este es el lugar. Su celular muestra que ha estado aquí desde ayer.
Miró una última vez el mapa de su celular. Utilizando el Google Maps pudo ver los edificios de la calle que buscaba y, sin duda, el edificio que tenía en frente era el mismo que se mostraba en la pantalla de su teléfono.
– Me sorprende que ahora viva en un penhouse. Aunque tiene muy buen gusto –sin más, guardó su teléfono y entró al edificio dirigiéndose a la recepción–. Buenas noches, vengo en busca del Señor Kurosaki.
Bawa dejó de escribir en su ordenador y giró mecánicamente su cabeza hacia la presencia de la muchacha. Sonrió nerviosamente y sintió como el sudor se hacía presente bajo sus axilas.
– B-buenas noches, Señorita…
– Harugasaki, Senna Harugasaki.
– Ahh… claro. Buenas noches, Señorita Harugasaki. Lamento tener que informarle que el Señor Kurosaki Ichigo no vive en este lugar.
– ¿Ah, no? – Preguntó irónicamente apoyándose sobre el mostrador–. Pues dígame, ¿Cómo sabe usted, entonces, que le hablo del Señor Kurosaki Ichigo?
– ¿E-eh? ¿U-usted no me lo dijo?
– Claro que no. Yo sólo pregunté por el Señor Kurosaki, nunca di su nombre.
– Sí, sí lo hizo.
– No, no lo hice.
– Sí lo hizo.
– ¡Que no!
– Sí.
– No.
– ¡Arg! –exclamó ofuscada ante la infantil reacción del hombre. Como si ella fuera a creerse que su Ichigo no estaba ahí. ¡Su celular lo decía! Y el chip cargado en el móvil del chico no mentía. Él estaba ahí.
A lo lejos logró captar a Rukia esperando por el elevador. Inmediatamente sus celos afloraron al creer que Ichigo se estaba quedando con esa horrible chica en el mismo lugar. Sin escuchar las advertencias de Bawa se acercó a grandes zancadas hasta donde la pelinegra se encontraba. Ya comenzaba a preparar su repertorio de insultos para reclamarle su osadía al estar con un chico que aún seguía estando enamorado de otra. Hasta que la persona a su lado la hizo olvidar de todo lo pensado.
– Nelliel Tu… Odelschwanck –musitó sin podérselo creer. Ella era su ideal de mujer perfecta. Su modelo a seguir… ¿Y estaba con Rukia?
Rukia hablaba animadamente con Nell luego de haber pasado todo un día en el spa y de compras. Definitivamente había recordado lo mucho que me amaba realizar esas actividades y había sido increíble. Incluso su buen humor le permitió comprarle ciertas prendas de ropa a Ichigo, más algunos accesorios –como la increíble bufanda roja a juego con la suya– que de seguro le quedarían perfectos. En el momento que las puertas del elevador se abrieron ambas subieron esperando llegar directo hacia sus camas.
Pero las puertas jamás lograron cerrarse por completo.
– Hola –saludó Senna con su bien fingida sonrisa.
– H-ho…la –musitó Rukia sin poder creérselo.
– Oh no… –suspiró Nell cansada de esas escenas. Mataría a Bawa más tarde por su incompetencia–. ¡Seguridad! ¡Por favor saquen a…!
– Oh, no te preocupes, Rukia y yo nos conocemos muy bien, ¿verdad, Kia? –preguntó aparatosamente.
– Ahh… b-bueno, en realidad…
– ¿Eh? ¿Así que tú y Rukia se conocen? –Senna asintió efusivamente–. Eres la primera a la que escucho llamarla con ese apodo sin que se enoje. Cuando yo quise hacerlo casi se vuelve a casa sin haber llegado a las puertas de spa. De haberlo dicho antes, ¡Ven, sube! –sin dejarle tiempo a su compañera de compras para que respondiera, Nell volvió a apretar el botón que cerraría las puertas y las llevaría directo a su casa… junto con Senna.
Una vez dentro, Nell tomó las bolsas de Rukia alegando que ella se encargaría de dejar todo en su habitación, así ellas no perderían el tiempo y podrían ponerse al día. En cuanto la actriz desapareció, Senna comenzó su civilizada plática.
– Eres una chica demasiado simpática a juzgar por tu apariencia. Me refiero a que ¿has visto cómo puedes cazar a cualquiera con tu papel de niña buena o damisela en apuros? Sino no veo por qué otra razón Ichigo ha decidido venir aquí contigo, o por qué la famosa Nell Tu les ha dado estadía en su fabuloso penhouse de ensueños. ¡Oh, ya sé! Tal vez has arrastrado a mi Ichi diciéndole que vivirían como reyes en un hermoso castillo y ¡bam! Luego encontraste a Nell para cumplir con tu promesa. Debo admitir que eres una muy buena mentirosa, casi… como una actriz. Te felicito.
– ¿"Mi… ichi"? –Rukia había dejado de escuchar luego de ese fragmento. A decir verdad, poco le importaba lo que esa loca pudiera pensar acerca del idiota de Ichigo pero no dejaría que la tratara de aquella forma–. ¿Quién te crees que eres para tratarme como se te dé la gana? –le cuestionó adoptando ese aire Kuchiki que tan bien le quedaba en momentos como ese–. Me importa muy poco que seas la exnovia de Ichigo, por mí puedes volver a conquistarlo o hacer de él lo que te plazca. Sólo intenta dejarme fuera del juego, no estoy con él porque así lo quiera.
– Entonces no te importará decirme el por qué –la desafió con su manos en la cintura.
– Sí, claro que me importa, porque aun así ese tema sigue siendo de él y mío. No tengo por qué estar dándote explicaciones a ti, una resentida y amargada exnovia –eso fue el colmo para Senna. La expresión en su rostro denotaba toda la frustración y humillación que sentía al haberse visto rebajada por una ingrata como esa.
– ¿Resentida y amargada dices? ¿Y quién es la exnovia de quién? Ichi es mi novio y siempre lo ha sido. Es mío y de nadie más. Deberías saberlo ya –sonrió de lado y se le acercó–, ¿Acaso él te ha dicho algo bonito y por eso te has ilusionado? Eso es algo que suele hacer siempre, pero no es por mujeriego, no, es por inocente, no quiere ser grosero con las chicas, aunque sean feas.
– ¿Y eso lo sabes por las veces que lo has estado espiando con tu chip de rastreo? –preguntó Rukia sin retroceder por la supuesta ofensa anterior.
– ¿Me estás llamando acosadora?
– No lo he dicho yo sino tú. Si te has sentido de esa manera no es mi culpa, cariño. Ichi también lo cree –le respondió imitando su forma de llamarlo al idiota ese.
– ¿Cómo te atreves a insultarme de esa manera cuando tú eres peor que yo?
– ¿Qué? –preguntó molesta por la comparación.
– Sí, mírate, estando con un hombre que aún no supera a su ex. Eres algo así como… una cualquiera.
– ¡Cierra la boca, acosadora! Ichigo no es un hombre desesperado, si quisiera ya te habría cambiado por algo mucho mejor.
– ¡Deja de llamarme acosadora!
– ¡Sólo cuando te retractes de haberme llamado una cualquiera!
Nell, quien había salido de su habitación para tomar un vaso de agua, fue testigo de la increíblemente estúpida escena que esas dos amigas estaban armando en la cocina de su penhouse.
– O-oigan… ¿Qué sucede? Creí que ustedes dos eran buenas amigas.
– ¡Jamás me relacionaría con una cualquiera!
– ¡Crees que podría acercarme a una acosadora! Tal vez así me colocarías un rastreador a mí también.
– Podría considerar una bomba en vez de un rastreador.
Ambas se halaban el cabello y se daban manotazos en el aire. Tropezar con el sofá no fue impedimento para que siguieran con su batalla campal en el suelo. Nell agradeció que Dondochakka hubiera alejado las cosas frágiles de esas dos mujeres furiosas, tal vez él lo habría intuido desde el principio. ¿Y si considerara darle un aumento…?
– ¡… porque tú eres una maldita acosadora! ¿Por qué crees sino que te han echado del penhouse ayer por la tarde? –al diablo con el aumento, ¿Cómo que ayer por la tarde?
– ¿De qué hablas? He llegado a Japón esta misma mañana. No sé a qué te refieres con ayer por la tarde –Rukia dejó de forcejear con Senna y se levantó mirándola confundida.
– ¿Cómo que "de qué hablo"? Bob ha dicho ayer por la tarde que alguien quería ver a Nell.
– ¿Bawa? –preguntó la mencionada siendo completamente ignorada.
– Ichigo y yo creímos que serías tú, así que me hice pasar por ella y le pedí que te fueras –Nell se acercó a ellas corriendo.
– Pues te has equivocado, tonta. No he sido yo.
– Entonces… ¿Quién?
– ¡Ha sido Paulo Couchi! –gritó Nell asustada y desesperada.
– ¿Quién? –fue la pregunta unánime de ambas pelinegras.
– ¡Paulo Couchi! El mejor diseñador de modas de toda Italia. ¿Cómo que tú lo has echado? –peguntó a Rukia sin poder creérselo.
–No he echado a ningún Paulo… Gochi.
– ¡Couchi!
– Sí, ese. Bob no me ha dicho quién era.
– La agencia me dijo que él se presentaría entre ayer y hoy para la oferta de trabajo. Se suponía que la próxima semana estaría viajando rumbo a la bella Italia –dijo lo último con tono italiano–. No puedo creer que lo hayas echado sin preguntar quién era.
– Ja, ja. Eres una incompetente, Rukia –se mofó Senna con una sonrisa socarrona.
– ¡Y tú cierra la boca! –la regañó Nell señalándola acusadoramente.
– ¿Pero yo que hice? Ha sido Rukia quien lo ha echado.
– Si no fuera por tu obsesión con Ichigo entonces Rukia no se habría visto obligada a decir esas tonterías. ¡Ambas son unas idiotas! –exclamó descontrolada.
– ¡OYE! –gritaron las dos pelinegras, nuevamente, al unísono.
La batalla campal se convirtió en una contienda de tres participantes que se atacaban sin piedad entre ellas, ninguna era una aliada, todas eran enemigas. Sin querer, el botón del intercomunicador fue encendido, y ahora Bawa era capaz de oír todos los gritos de las tres muchachas que momentos atrás habían subido alegremente al piso de la Señorita Odelschwanck.
– ¡ICHIGO ES MÍO!
– ¡DEJA DE DECIR ESTUPIDECES, ACOSADORA!
– ¡DEJEN AL POBRE ICHIGO EN PAZ!
Sí, sin duda ese chico raro de cabello teñido y ceño sumamente fruncido era un suertudo al vivir con la Señorita Nell Tu, esa linda muchachita de ojos violáceos y ahora con la llegada de una tercera en discordia.
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*Risa: Es así como se llama la vizard a la que en solemos reconocer como Lisa, o al menos es lo que Bleach Wikia me hizo entender.
¿Han notado la dirección de Xcution? Es la real (del anime), lo he encontrado cuando reviví los capítulos de "El agente perdido" :'3
Entoooooonces... :D Jejejeje I'm back. Esta vez sí deben perdonarme, es decir, ¡miren! el tiempo que he desaparecido ha sido para escribir la conti (junto con demás One-Shot pero eso no importa :D). ¿Qué dicen? Mi esfuerzo ha valido la pena ¿Verdad? Sé que sonará presumido pero yo creo que es el mejor capítulo que he escrito hasta ahora (y no lo digo sólo por su extensión), una lectora me sugirió colocar acción y batallas, y lo tuve muy en cuenta. Sólo que esto se parece un poco a la Guerra Fría luego de la Segunda Guerra Mundial, si entienden a lo que me refiero... peleas que no son las principales. Sólo esperen, debo pulir mi escasa habilidad para relatar batallas (iré a leer... ._. policiales y de acción TvT)
En fin, ustedes dirán. No sé si les haya agradado la idea de colocar un capítulo extremadamente extenso, es sólo que -*redoble de tambores por favor*- ¡HE FINALIZADO CON EL RESUMEN! ok miento un poco, aun me falta el final, y es que taaaan difícil pensar en un final para las historias (ahora entiendo porque Kubo-sensei se tarda tanto jaja -te caché, Kubo-san -w-)
HinaHitsugaya: Me alegro de que aun sigas leyendo este humilde fic :3 Espero que no hayas muerto luego del accidente con Shiro-chan O.O Hina? Sigues ahí? D:
NekoMimiR: Jajaja Siento mucho, mucho la demora, con el anterior y con este, pero me he reivindicado con esta conti ¿a que sí? jajaja Si antes habías odiado a Senna espero que no la odies mucho con este cap -a quién miento, yo tampoco la soporto, ni siquiera me agradaba en Memories of Nobody o.Ó
Espero que les haya gustado, si quieren pueden comenta qué les pareció y qué no. Me encanta leer sus comentarios!
Nos leemos pronto! Bye! O.-/
