The Shortman's
Capítulo II
Clara al rescate
Era un bello día en la primaria 118. Los alumnos se encontraban en los pasillos esperando que la campana sonara y entrar a su siguiente clase.
Phill Shortman tomaba algunos libros de su casillero con una afable sonrisa en el rostro. Cuando confirmó que eran los que necesitaba se dispuso a irse, pero una voz femenina detrás de él detuvo su partida.
-Ho…hola Phill- El chico giró para ver de quién se trataba
-Ah, Hola Clara ¿Cómo estás?- dijo con un tono bastante alegre
-Oye, mira, sé que esto va a sonar extraño, tal vez demasiado, pero, bueno… no sé si deba….-
Clara estaba notoriamente nerviosa, miraba hacia todas partes intentando distraerse mientras movía incesantemente con la yema de sus dedos
-Clara soy tu mejor amigo, sólo dilo-
-Okey- dijo resignada soltando un fuerte suspiro- Phill siempre me has gustado, estoy… bueno… muy, muy enamorada de ti ¿vale?- Confesó con un brillante sonrojo en sus mejillas
-¿Enamorada? ¿Es una broma?-
-¡No, no lo es! Mira, sé que es extraño- se rascó la nuca intentando encontrar las palabras correctas- pero tal vez podría funcionar ¿Qué dices?-
-¡Por supuesto que no!-
Clara retrocedió impactada por la respuesta
-¿Qué?- murmuró con tristeza
Phill estaba muy molesto, con el ceño fruncido y los puños cerrados. Las palabras salían hirientes entre sus apretados labios
-Se supone que eres mi amiga, y ahora lo echaste todo a perder- enfadado, Phill se alejó por el pasillo. Clara intentó seguirlo pero una luz segadora detuvo su camino. Desde su lugar Clara gritó con fuerza.
-¡Phill, lo siento! ¡No te vayas por favor! ¡No me dejes sola! ¡Phill!...-
-¡PHILL!- Clara despertó de golpe, con los ojos bien abiertos y el brazo extendido como si quisiera alcanzar algo. Después de regular su veloz respiración se llevó una mano al pecho y con la otra secó el sudor que tenía en la frente. El radio-despertador al lado de su cama se encendió y la voz gangosa de un locutor comenzó a oírse:
"¡Buenos días, buenos días!, es una bella mañana en la ciudad de Hilwood, hoy todos quieren sonreír y llegar a sus actividades lo antes posible. ¡Qué no se les haga tarde! porque hoy es un excelente…"
Antes de que la voz del comentarista terminara de hacer su anuncio Clara golpeó con fuerza el aparato.
-Bella mañana ni qué nada- Se talló los ojos con fuerza y dio un gran bostezo estirando los brazos para terminar de despertar. El cuarto de Clara era grande y decorado estilo gótico. Con la combinación negro y rosa por todas partes (aunque Clara odiaba el color rosa) sus cortinas eran púrpura al igual que su ropero. Los muebles al lado de su cama eran blancos al igual que su tocador. El candelabro dorado que colgaba del techo le daba un toque de sofisticación. Las paredes estaban pintadas de fiusha con los bordes negros y algunos posters pegados, la alfombra coral que cubría todo el piso hacía que tuviera un poco de estática en sus calcetines. Su cama estaba adornada con sábanas blancas y cobijas negras y rosas. Y finalmente un espejo de cuerpo completo en la esquina de aquella lúgubre pero elegante habitación.
Clara se dirigió a su inmenso ropero, arrojó varias prendas de forma descuidada, cuando encontró lo que buscaba se quitó la pijama. Después de meter la ropa que había tirado de vuelta en el ropero fue a la esquina de su habitación para mirarse en el espejo.
Su look era el mismo de siempre. Una sudadera lila, pescadores azules, sus tenis morados y su cabello teñido agarrado en una coleta alta con su flequillo levantado para no estorbarle.
-Falta algo- Clara se observó detenidamente hasta que notó un espacio vacío en su cabeza y recordó lo que era. Revisó debajo de su cama y sacó una vieja boina color azul, la colocó detrás de su flequillo -¡Ahora sí! ¡Todo listo!-
La chica bajó las escaleras que llegaban directo a la sala, también había escaleras del otro lado pero ella usó las que quedaban más cerca de su cuarto. Ese era un sitio muy amplio con una alfombra naranja. Las paredes pintadas de amarillo primaveral que combinaban con los sillones. Una televisión de plasma en un centro de entretenimiento con todos diversos y costosos aparatos. Clara miró a su alrededor un poco dispersa hasta enfocar su vista en el reloj negro en forma de búho que colgaba de la pared –Estúpida pesadilla, todavía es muy temprano- lanzó un bostezo y se encaminó a la cocina detrás de ella.
-¿Eleonor? ¡Eleonor!- Clara gritaba disgustada intentando buscando a dicha persona. Una puerta metálica en la angosta cocina se abrió y una mujer bajita, con anchas caderas, de brazos y piernas extremadamente delgados, morena y aspecto desaliñado entró y se dirigió a la niña
-¿Qué es lo que quieres mocosa? ¡No ves que estoy lavando la ropa de tu desagradecida madre!-
-Ese no es mi problema Eleonor ¿En dónde está mi desayuno?-
-¡Oh por su puesto!- dijo la cínica mujer- permítame servirle su comida madame- tomó un gran cucharón del lavadero y lo sumergió en una cubeta que tenía en la mano. Sacó un plato del gabinete y con un estrepitoso movimiento azotó la ropa interior de la madre de Clara en él y lo puso sobre la mesa -Ahí tiene, disfrute su desayuno-
La anciana se secó la saliva con su esquelético brazo, tomó la cubeta y salió para continuar con sus labores. Clara apretó los dientes y tiró el plato con ropa a la basura.
Salió furiosa de la cocina tomando su mochila para ir a la escuela. Justo antes de abrir la puerta escuchó los tacones de su madre bajar por las escaleras laterales.
-Buenos días Clarita- una mujer alta de cabello corto y negro vestida con camisón rosa se acercó a la niña
-Madre, ¿cuántas veces te lo tengo que decir? ¡No me gusta que me digas Clarita!-
-Pero es un nombre tan precioso para una niña tan encantadora- dijo de manera melosa presionando las mejillas de Clara
-¡No hagas eso!- exclamó retirando las manos de la mujer-¿Oye en dónde está mi padre?-
-¡No puede ser!- dijo la mujer sobre actuando y llevándose las manos a la boca- ¿Ya estás pasando por esa etapa? ¿Es eso cielito? ¿Quieres saber quiénes son tus verdaderos padres?- Clara retrocedió sorprendida- ¡Oh sabía que éste día llegaría!- dramatizó su madre echándose sobre el sillón, la paciencia de Clara alcanzó su límite.
-¡No mamá, no quiero saber quiénes son mis verdaderos padres!- se acercó a la mujer amenazando con el dedo índice–Y más vale que no le hayas contado a nadie que no soy hija tuya, ni siquiera a tus "amiguitas burguesas"-
-Clarita yo jamás diría eso, ya de por sí nos critican por que tú eres tan- la miró de pies a cabeza con una desagradable mirada a lo que Clara respondió sólo cruzándose de brazos- pues eres tan tú. Lo último que necesitamos son chismes de que andamos recogiendo pequeños vagos-
Clara rodó los ojos fastidiada por la hipocresía de su madre.
-Te pregunté dónde está mi padre porque quiero enviarle una carta para Julio-dijo mostrándole a su madre un sobre que sacó de su mochila-Escuché que van a estar en el mismo campamento ésta semana-
La mujer se rascó la cabeza intentando recordar lo que Clara preguntaba
-Creo que iban a estar en Vietnam, o… ¡Ah no espera!, en Rusia o Italia, ¿O era en París?-
Clara apretó fuertemente los puños conteniendo toda la desesperación que le provocaba aquella mujer
-Te pregunté sobre el campamento militar no sobre a dónde has ido de compras- la niña negó con la cabeza intentando aliviar el estrés- Olvídalo madre, ya lo investigaré después-
-Clarita ¿por qué siempre le envías cartas a tu hermanito y nunca al General Smith? Sé que a él le encantarían-
-Sí claro madre, para usarlas de leña o papel reciclado ¿No?-respondió molesta- sabes qué, no importa. ¿Puedes darme algo de dinero? Eleonor me dio tus calzoncillos como desayuno y ya me tengo que ir-
-Sí, debe haber por algún lado, ya sabes que somos muy ricos-
-Ajá- Clara miró hacia otro lado disgustada de que su madre fuera una persona tan ególatra, pretenciosa y avariciosa.
La mujer se dirigía a su bolsa cuando sonó el teléfono junto al sillón. Ella contestó con una endulzada voz a la mujer del otro lado de la línea y se recostó en el sillón para platicar más a gusto. El chisme le parecía tan entretenido que se quedó hablando plácidamente sin importarle el mundo a su alrededor.
Clara avanzó hacia ella para captar su atención
-¡Hey! ¡Mamá! ¿Y el dinero?-
La mujer sonreía sumergida en su plática. Apenas volteó a ver a su hija e hizo una seña con la mano despidiéndose de ella-Sí, sí, yo también te quiero Clarita- regresó a ver el teléfono -¿Y qué más le dijo?... ¿En serio?-
Clara se encogió de hombros preguntándose a sí misma "¿Por qué a mí?" y salió desanimada a la calle.
El lugar donde ella vivía era un edificio de cinco pisos dividido en dos secciones. Clara y su familia estaban en la sección más alta. A pesar de ser un edificio compartido, era bastante lujoso, amplio y muy moderno.
A Clara no le importaría si pudiera vivir ahí sólo con su hermano. Por desgracia lo habían enviado a la escuela militar el mismo año que a ella la enviaron al templo de "Santa Paloma" con el objetivo de que se convirtiera en monja. Para su suerte ella consiguió que la corrieran de ahí. Por poco también la exorcizan. Pero su hermano no podía tener esa suerte pues su General era también su padre. Y siendo él su primer hijo (su único hijo en realidad) no se iba a rendir tan fácilmente para convertirlo en un soldado digno de servir a la Nación.
Después de bajar las escaleras en caracol al lado del edificio, Clara pasó junto a una casa azul, con las tejas coloridas y símbolos de "Peace and Love" por todas partes. Desde una ventana en el segundo piso asomó su cabeza una alegre chica. Su cabello era rizado, pintado de varios colores llamativos y fosforescentes. Todo levantado sin cubrirle el rostro gracias a una diadema color gris.
La piel un poco bronceada de la chica resaltaba su revoltoso y enmarañado cabello. Agitando una mano para llamar la atención de la niña que caminaba por la calle. La chica gritó:
-¡Clara! ¡Hola Clara! ¡Buenos días!-
-Buenos días Bee-Effi – respondió tranquilamente al saludo escandaloso de la chica
-¿Oye ya te vas a la escuela? ¿Quieres que te lleve?- Bee-Effi señaló una minivan estacionada al frente de su casa
-No gracias, me levanté muy temprano, no quiero llegar tan pronto-
Bee-Effi rió por el cometario de la pequeña –Está bien Clara, oye y no olvides que el próximo fin de semana hay que retocar tus rayos morados-
-Tal vez en otra ocasión Bee, ahora no tengo dinero-
-Tranquila- dijo guiñándole un ojo- Como eres mi cliente favorita la siguiente va por mi cuenta-
Clara sonrió divertida –De acuerdo ¡Suerte en la Universidad!-
-¡Gracias! ¡Suerte en la escuela!- la chica finalmente entró a su recámara para seguir arreglándose
Clara no era muy buena relacionándose con las demás personas, sin embargo Bee-Effi era una adolescente muy alegre y simpática. Sabía escuchar y era buena dando consejos. Clara la veía como una hermana mayor en quien ella confiaba.
Después de reflexionar lo que esa alocada chica representaba para ella se sentó en una banca a esperar el autobús. Su estómago gruñó recordándole que no había desayunado y tampoco llevaba dinero para el almuerzo. –Oh cierto. Estúpida Eleonor- frustrada y hambrienta llevó sus manos a su nuca, echó la cabeza hacia atrás y recargó su pie derecho en el poste que estaba frente a ella –En serio es muy temprano, de no ser por esa pesadilla seguiría durmiendo tranquilamente en mi cama- La mirada de Clara se entristeció ante su recuerdo –Phill ¿realmente dirías algo así si te digo lo que siento? Si te dijera, que estoy enamorada de ti- la niña cerró sus ojos intentando aliviar un poco la presión que sentía en su pecho. Una voz familiar sonó tras de ella
-Hola Clara, buenos días- Clara abrió repentinamente los ojos para encontrarse al mismísimo chico que en sus pesadillas le atormentaba.
-¡Phill!- Fue tal su impacto y nerviosismo que estiró sus piernas provocando que la banca se desequilibrara y cayera hacia atrás ante los pies del niño que la miraba angustiado
-¡Clara! ¿Estás bien?-
-¿Oíste lo que estaba diciendo?- preguntó preocupada aún acostada en el suelo
-No, sólo vi cuando te caíste- dijo mientras le ayudaba a levantarse. Clara retiró de manera brusca su brazo de las manos del niño
-Por supuesto que estoy bien pequeño descerebrado, dime ¿A quién se le ocurre llegar así de la nada y asustar a la gente con una cara de bobito diciendo "buenos días"?- Phill rió ante el comentario de la chica mientras ponía la banca nuevamente en su lugar- ¿Se puede saber qué es tan gracioso?-
-Nada, nada- respondió de manera burlona– ¿hambre o sueño?-se aventuró a preguntar mientras ambos tomaban asiento
-¡Agh! ¡Ambas! – exclamó levantando los brazos como si fuera algo obvio el motivo de su mal humor
-Entiendo- Phill sacó de su mochila un sándwich y un envase con queso cortado en pequeños cubos. –Aquí tienes- dijo con una amable sonrisa. Clara recibió el alimento algo desconfiada.
-¿Y tú qué vas a comer cabezón?- preguntó enmarcando una ceja
-Mamá envió dinero extra por si hacía falta, no sabes cómo es ella con el tema del almuerzo-
-Bueno agradece que tienes una madre a quien le importa que su hijo no muera de inanición- dijo llevándose un enorme bocado de sándwich- A propósito ¿Qué haces aquí tan temprano?-
-Corín tiene que ir a recoger unos papeles para su campamento papá la va a llevar a la escuela para que no se le haga tarde. Jack aprovechó para dormir más y Emily y Mei se van a ir juntas después de que Emily termine su sesión de maquillaje-
-Y tú como siempre eres el niño bueno que se apresuró a tomar el autobús-
-En realidad esperaba encontrarte aquí, siempre es genial estar contigo-
Clara soltó una fuerte carcajada intentando ocultar los nervios que le provocaban los comentarios de su amigo- ¡Buena broma cabezón!- respondió dándole un ligero golpe. Phill también rió sobándose el hombro.
-Sabes bien que no estoy bromeando- dijo con una sincera sonrisa - Por lo menos ha servido para que comieras un poco-
-Sí. Supongo que tienes razón- Clara miró la mitad de sándwich que aún tenía entre sus manos- Oye Phill-
-¿Qué pasa?- dijo de manera despreocupada
-Hipotéticamente hablando, si yo te preguntara… bueno, si yo te dijera…-
-¿Qué cosa Clara?- preguntó un poco más insistente
-Si te dijera… que…tú…- Clara sentía cómo el sudor invadía su cuerpo, tragaba saliva y su miraba danzaba entre todas las cosas a su alrededor. Cerró los ojos con determinación dispuesta a decir esas palabras que tanto había estado guardando en su mente, sin embargo sólo exhaló resignada y volvió a hablar de manera natural- ¿Qué crees que pasaría si tú quedaras varado en una isla desierta?
-Pues supongo que sobreviviría, tal vez intente volver a casa, no sé qué haría sin mis videojuegos-
Clara rió aún sintiendo su cuerpo relajarse después del ataque de nervios -¡Qué nerd eres! a veces me pregunto por qué me sigo juntando contigo- A pesar de todos los comentarios hirientes que Clara pudiera decir, Phill no hacía más que burlarse de ellos. No le molestaban para nada pues estaba consciente de que ella no hablaba realmente en serio. Era de esas personas que pretendían ser muy agresivas pero en el fondo no lo eran tanto. Conocía bien esas reacciones teniendo una familia como la que tenía.
-Debe ser porque en el fondo estás enamorada de mí-
Esta vez el sonrojo inundó las mejillas de la chica casi de inmediato. Se levantó rápidamente tratando de que Phill no viera su cara –Ahí viene el autobús-
-¿En serio?-inocentemente Phill volteó hacia el lado opuesto intentando divisar el autobús, Clara aprovechó para derribarlo y aplicarle una llave de lucha en su espalda. Con la cara pegada en el suelo Phill se retorcía tratando de zafarse.
-Creo que el suelo está más enamorado de ti Phill, con tantas veces que acabas besándolo seguro ya hasta te quiere pedir matrimonio-
-Está bien ya entendí, no más chistes de amor-
-Bien- dijo Clara con una gran sonrisa de satisfacción mientras lo soltaba
-Sabes debería ser yo el que se pregunta por qué me junto contigo- masculló mientras intentaba borrar la enrojecida marca en su mejilla que le provocó estar aplastado contra el suelo.
-Debe ser porque te fascina perder y que te den palizas y a mí me encanta ganar y dar palizas-respondió triunfante- de ese modo el equilibrio es perfecto. Además recuerda una cosa- dijo sujetándole el cuello con un brazo y despeinando su espeso cabello con su mano libre- de no ser por mí tu vida sería muy aburrida-
Phill tomó con ambas manos el pequeño e igualmente fuerte brazo que amenazaba con ahorcarlo, intentaba estar serio pero las palabras de su amiga extrañamente le provocaban gracia en lugar de molestia. La risa terminó apoderándose de él y Clara tampoco evitó ser contagiada por la misma.
-Clara aquí viene el autobús- dijo el niño separándose de su compañera y recuperándose después de la prolongada carcajada que había tenido
-Oh es cierto cabezón- respondió secándose las lágrimas que fueron producto de la risa. Antes de subir al autobús Clara mencionó para sí misma- Después de todo éste pinta a ser un buen día-
Como era su costumbre cuando ambos tomaban el autobús, se sentaron juntos. Al llegar a su escuela, Phill se detuvo antes de dar vuelta en el pasillo que los llevaría a su salón
-Necesito preguntarle algo al profesor de artes, ¿Me acompañas?- dijo el pequeño señalando las escaleras
-Pensé que no éramos de esas amigas que se acompañaban a todas partes y preguntaban sobre su maquillaje y si no se ven muy gordas con esa falda- sonrió burlona
-Ha, ha, muy graciosa- respondió Phill con sarcasmo- tú estás en la misma clase por eso pensé que te podía interesar-
-Sólo iré por algo a mi escritorio, te alcanzo allá-
-Bien nos vemos-
Clara entró al salón, pensaba que no encontraría a nadie por lo temprano que era, para su sorpresa Corín estaba ya en su lugar tratando de equilibrar un lápiz entre sus labios y su nariz
-¿Corín?-
-Ah, hola Clara- respondió algo despistada mientras retiraba el lápiz de su rostro
-¿Qué haces aquí? Pensé que ibas a recoger unos papeles o algo así-
-No nos tardamos nada, de hecho fui la primera en entregarlos. No quería llegar tarde así que le pedía a papá que me trajera-
-Ya veo- afirmó con la cabeza- bien tengo que irme-
-Espera, antes de que te marches…- Corín revolvió las cosas en su pupitre hasta sacar un sobre blanco- el entrenador me dio esto para ti-
-Olvídalo- Clara se cruzó de brazos y se dio la vuelta mirando de perfil a su amiga- ya sé que es otra absurda invitación a participar en su equipo de voleibolistas retrasados-
-¡Oye yo estoy en ese equipo!- se quejó la pequeña rubia
-Corrijo, en el equipo de voleibolistas retrasados y tú-
-Mejor, pero aún no me convence- dijo Corín cruzándose de brazos
-Bueno debo irme, nos vemos en un rato-
-¡No te tardes las clases comienzan pronto!-
Clara apenas alcanzó a escuchar las palabras de su amiga.
"Puede que sean muy diferentes, pero ambos no dejan de ser niños bien portados después de todo" pensó la niña mientras subía las escaleras.
Finalmente llegó al pasillo donde estaba el club de artes, hizo señas tratando de captar la atención del niño parado frente a la puerta. Clara fue disminuyendo su acelerado caminar al darse cuenta del estado del éste.
Phill veía detenidamente la puerta de entrada al club, con una mirada perdida. Clara se acercó a él con calma.
-¿Phill? ¿Qué pasa? ¿Por qué te detienes?-
-Mira- respondió señalando una hoja color crema pegada a la puerta del salón. La cara de Phill lucía como si hubiera visto un fantasma. La hoja decía con letras negras y grandes "CLAUSURADO". El niño despegó el pedazo de papel y volvió a leerlo -¿Clausurado? ¿Por qué?-
Clara le arrebató la hoja y leyó una vez más el contenido
-No puede ser ¿Clausuraron el club de artes? ¡Pero es el único club donde estamos junto…- Phill miró a Clara ingenuo y con un poco de extrañeza, rápidamente la chica corrigió sus palabras- es el único club donde estamos junto a la ventana-
-Pero en el salón también estamos junto a la ventana-
-¡Sí cabeza de sandía! ¡Pero no es lo mismo estar junto a la ventana en el segundo piso que en el cuarto piso! ¡¿Te quedó claro?!-
-Sí, ya, lo siento- a pesar del temor que su amiga podía provocarle no se olvidaba de su triste acontecimiento, con calma tomó nuevamente el anuncio que entre tanto alboroto se había caído al suelo y lo releyó una vez más- No lo entiendo ¿Por qué lo cancelarían?-
En ese momento la puerta frente a ellos se abrió. Apareció un hombre de estatura mediana y delgado, de cabeza cuadrada con una puntiaguda y pequeña barbilla, su cabello esponjado y grisáceo hacia los lados con apenas tres pelos gruesos en la parte de arriba para simular una pronta calvicie; con un bigote largo e igualmente esponjado. Sus enormes gafas apenas se sostenían con sus pequeñas orejas. Tranquilamente respondió a las preguntas del chico mientras cerraba la puerta.
-Se acabó el presupuesto joven Phill-
-¡Profesor Stein!- el pequeño castaño pego un brinco al escuchar la voz rasposa de su maestro. Cuando pudo relajar su cuerpo se dirigió al hombre - ¿El presupuesto? ¿A qué se refiere?-
-Verá joven Phill, la escuela apoya más a otros clubes, sobre todo de deportes, porque continuamente hacen competencias, obtienen premios, trofeos, reconocimientos que ayudan a la imagen de la escuela, en cambio el club de artes, bueno, no aporta nada de eso. El director decidió recortar el presupuesto, en el cual iba incluida mi paga y el mantenimiento para el club-
-Pero ¿se puede hacer algo no?- insistió el pequeño- Podríamos hacer una galería, vender nuestros trabajos, participar en concursos de la ciudad-
Al ver la desesperación en la mirada de Phill, Clara se acercó para poder apoyarlo
-Es cierto, el club de artes no puede cerrar así de la nada, algo podremos hacer ¿No profesor?-
El maestro negó frustrado con la cabeza. La profunda tristeza era compartida por las tres personas en el corredor
-Lo siento señorita Clara pero no hay nada que se pueda hacer, nos tomaría demasiado poder recaudar los fondos necesarios. Mientras la escuela no nos apoye, lo mejor es retirarnos con dignidad-
-Y ¿qué pasará con nosotros?- cuestionó el niño
-Si no eligen un nuevo club entonces se les asignará uno. Supongo que será de deportes o matemáticas, ya que éste es el único club de arte- el hombre lanzó un pequeño suspiro por la frustración que sentía al pronunciar esas palabras y más aún al ver cómo la mirada del joven frente a él bajaba con el mismo sentimiento –Bien niños, si me disculpan, debo retirarme. Con permiso joven Phill, con permiso señorita Clara-
Dicho eso, el hombre siguió su triste caminar. Inmediatamente Clara miró a su amigo imaginando lo que debía estar sintiendo en ese momento.
-Lo…lo siento, Phill- intentó consolarlo en vano. El chico levantó la mirada con gran pesadez, la enorme tristeza que sentía por dentro podía reflejarse a través de sus ojos, aún así con poco ánimo mostró una exageradamente forzada sonrisa con la intención de no preocupar a su amiga.
-Descuida, ya escuchaste, podremos inscribirnos a otros clubes ¿no?-
-Bueno… sí pero…-
-Está bien Clara. Mejor vámonos o se nos hará tarde-
Ambos se dirigieron al salón de 4°, Clara no podía olvidarse de lo que acababa de pasar y podía asegurar que su compañero no sólo no lo olvidaba sino que lo sufría. Durante los siguientes tres días Phill estuvo distraído, más que de costumbre, y no se le podía reprochar. El club de artes era su refugio después de estar todo un día rodeado por personas que le fastidiaban. Era un lugar tranquilo donde podía pasar la tarde pensando en cualquier cosa y nadie lo molestaba; donde podía pintar todo lo que su imaginación y su mano izquierda pudieran plasmar. También podía irse de vago junto con Clara cuando las clases terminaban.
Phill se tomaba tan en serio su trabajo que sólo se dedicaba a eso en las clases, no charlaba con los demás y todas las personas a su alrededor hacían lo mismo, por lo que no había nada más que un largo y acogedor silencio que sólo se rompía ocasionalmente cuando el maestro ponía música para que se inspiraran.
Y el hecho de que el pequeño castaño estuviera tan perdido en sus pinturas era bastante conveniente para cierta niña con un amor platónico por el chico. Podía pasar horas observándolo y él ni se percataba. No había mejor club que el de artes, un lugar que ambos podían compartir y en el cual se sentían a gusto, cada uno haciendo lo que más le gustaba. Pero si bien Clara lo contemplaba durante las clases de arte, también lo hacía el resto del día; en cambio Phill; él no tenía otro lugar para desahogar toda su creatividad encerrada por 22 horas al día. En casa no quería que sus hermanos lo estuvieran molestando, y en la escuela, ni se diga, nadie tenía cuidado de no pisar sus cosas mientras trabajaba. En ambos casos el ruido era casi insoportable para trabajar.
Clara sabía eso perfectamente, después de todo como su mejor amiga, y también la chica secretamente enamorada de él, conocía esos detalles que marcaban tanto su vida.
Angustiada por sus propios pensamientos intentaba entre clase y clase encontrar una solución. Repetidas veces miró a Phill para descifrar su estado de ánimo, el cual no mejoró en todo ese tiempo. El chico sólo miraba su libreta, la misma libreta sin apartar su vista. Ni siquiera salía a comer a la hora del almuerzo.
Tal vez era una de esas crisis de artista, fuera lo que fuera ya empezaba no sólo a tenerla al pendiente sino a preocuparla. Fue entonces que recordó algo, inmediatamente corrió al club de voleibol y con una enorme determinación se dirigió al entrenador.
-¡Disculpe Sam!- dijo tocando la espalda del fornido hombre
-¡Soy el entrenador Hikshtonking!- exclamó el hombre dándose vuelta para hablar con la niña
-Sam le queda mejor. Además nadie sabe pronunciar su apellido-
-Bueno eso es cierto- aceptó el hombre acariciando su barbilla- dime ¿Quién eres tú pequeña?-
-Soy Clara- el entrenador se rascó la cabeza intentando recordar ese nombre-¿Clara Smith?-
-¿Clara Smith? ¡Oh! ¡Clara Smith!- el entrenador saltó de felicidad-eres la niña que habíamos estado buscando ¿finalmente aceptaste unirte al club de voleibol?-
-Por desgracia- respondió Clara rodando los ojos fastidiada por la situación
-¡Sí! ¡Lo logré! Y dos semanas antes del campeonato- el hombre empezó a bailar algo parecido al break dance sin importarle que todos sus alumnos estuvieran observándolo - ¡Clara Smith está en mi equipo y en el de ustedes no! ¡Clara Smith está en mi equipo y en el de ustedes no!- cantaba triunfante.
-Oiga pero sólo entraré en su bobo equipo con una condición- señaló Clara haciendo que el entrenador detuviera su baile –Si el equipo gana el campeonato le dará las ganancias económicas al club de artes-
-¿Qué?, pero pensaba ocupar las ganancias en una membrecía para el club campe…- el entrenador bajó el tono de voz al sentir la mirada acusadora de Clara- es decir, para reparar el techo, comprar lámparas, balones y esas cosas- respondió con un semblante que delataba sus mentiras
-Si no dona sus ganancias al club de arte, olvídese de que esté en su equipo- Clara se dirigió a la puerta de salida
-¡Espera!, está bien, está bien, las ganancias serán para el club de artes- Clara volvió a ver al entrenador con una mirada de satisfacción- Pero sólo si ganamos el campeonato-
-Delo por hecho Sam- dijo estirando su mano para que formalizaran el acuerdo con un apretón de manos.
-¡Que soy el entrenador Hikshtonking!- aún con la mano de Clara estrechando la suya, el entrenador pudo sentir cómo sus dedos era estrujados fuerte y dolorosamente. Entendiendo la indirecta mandada con esa acción se retractó- Pero tú puedes llamarme Sam-
-Me parece bien- sonrió malvadamente la niña.
Lo que acababa de pasar era mejor que un plan perfecto. Simple lógica o por lo menos así lo creía la fantasiosa chica. Phill acababa de perder algo sumamente valioso, ella sólo tendría que aparecerse ahí como su salvadora, la persona que le devolvería eso que tanto amaba, y por ende él se enamoraría de ella. Sí, definitivamente el plan perfecto, excepto por un pequeño detalle…
-¡No sabes jugar voleibol!- Corín se sostenía la cabeza intentando no caerse por la impresión
-Pues no, pero no debe ser tan difícil ¿cierto?-
Corín se golpeó la frente con la palma de su mano -¿Cómo te metiste en algo así sin saber jugar voleibol? Pensé que eras buena y por eso los instructores insistían tanto en que te unieras a los clubes de deportes-
-Ya sabes cómo es esto, vas, golpeas a un par de sujetos rudos y ya creen que eres una aspirante a cargar pesas en las olimpiadas- respondió con sarcasmo- Pero bueno ya acepté, y definitivamente debo ganar ese campeonato-
Corín se cruzó de brazos y miró a su amiga enmarcando una ceja
-El hecho de que mágicamente hayas aceptado unirte al club de voleibol y ganar el campeonato no tendrá relación con que inesperadamente el entrenador más tacaño del mundo done el premio económico al club de artes ¿o me equivoco?-
Clara tragó saliva con fuerza, sentía los nervios recorrer una vez más por su espalda hasta llegar a su garganta impidiéndole hablar. Corín no había cambiado su expresión. Impaciente esperaba una respuesta que nunca llegaría por parte de su amiga. ¿Por qué actuaba de ésta manera? Por la sencilla razón de que ¡era su amiga! Puede que ambas no fueran el tipo de niñas modelo, como todas las demás quisieran ser, o el estereotipo de niña de nueve o diez años, sumisa, bien portada, educada, delicada y femenina; pero la personalidad de Corín se distinguía sobre todo por la lealtad; a quien ella entregara esa lealtad sería para toda la vida, y su amiga se había ganado de una manera sorprendentemente veloz esa enorme lealtad. De esa manera, se tratara de su hermano, del vecino, de un alienígena o de quien fuera, si por ello Clara estaba sufriendo no podía hacerse la indiferente y fingir que nada pasaba, aunque no supiera cómo resolverlo por lo menos comenzaría por intentar saber cuál era dicho problema
-¿Y bien Clara?-
-Eso no importa ¿sí?- respondió la chica intentando cambiar el tema- Lo hice porque el club de artes me agrada, además no es justo para el profesor Stein-
-¿Y desde cuándo te preocupas por un profesor, o una materia? Es más, ¿desde cuándo te preocupas por alguien?-
-¿Vas a ayudarme o no?- Clara se cruzó de brazos disgustada por todas las preguntas que su amiga le arrojaba. Corín sabía que su amiga ya no diría nada al respecto, se golpeó la frente con la palma de su mano y rodó los ojos desesperada por la terquedad de la chica.
-Está bien, está bien, te veré en el club deportivo mañana a primera hora-
-Ahí estaré- conforme, la chica se retiró para ir a su casa.
Al día siguiente Clara y Corín se encontraron en el lugar y la hora acordados. Corín llevaba su ropa de deportes: una camiseta blanca y unos shorts azules con rayas blancas, tenis blancos y muñequeras.
-¿Estás lista Clara?-
La chica terminaba de colocarse una cinta alrededor de la cabeza para que el cabello no cayera sobre su cara mientras jugaba. Tenía una playera con pants rojos.
-Lista ¡Lánzalo pequeña!-
Antes de lanzar el balón Corín fulminó a Clara con la mirada
-Mido sólo dos centímetros menos que tú-
-Pero qué delicada- respondió burlona
Intentando ignorar el comentario de la chica, Corín lanzó suavemente el balón. No debía olvidar que era la primera vez que su amiga practicaba ese juego. La rubia lo golpeó de tal manera que llegara directamente a los brazos de Clara, sería un golpe fácil sin clavadas, básicamente sin ningún movimiento. Lo único que tenía que hacer era juntar ambas manos y golpearlo.
En cuanto el objeto esférico se aproximó, Clara lanzó ambos brazos juntos al aire con enorme fuerza, fue tal que incluso ella se cayó de espaldas y perdió la conciencia por un momento, intentó incorporarse lo más pronto posible.
-¿Hasta dónde llegó? ¿Qué tan fuerte le di?- como ella suponía, ese había sido un golpe merecedor de estar en un libro de récords. Sin embargo…
-Clara-Corín que miraba a su amiga del otro lado de la red señaló hacia el suelo. En la arena al lado de Clara estaba clavado el balón.
-¡Pero cómo!- exclamó su confundida amiga. Corín volteó al cielo casi pidiendo un milagro
-Esto va a ser más difícil de lo que creí-
Estuvieron todo el día practicando. Clara no logró darle ni una sola vez al balón, ni siquiera cuando le tocaba sacar. Resultó más golpeada de la cara que de las muñecas. Así transcurrieron las horas, después los días y las noches. En todo ese tiempo la chica había conseguido darle sólo una vez al balón, y fue con el pie; además de que en ese único "éxito" golpeó a un par de ancianos y rompió varias ventanas del club deportivo, ventanas que Corín tuvo que pagar pues la membrecía era de su padre y Clara casi nunca llevaba dinero encima. La rubia ya estaba más que exhausta.
-Vamos Corín sólo una vez más- insistía la chica de rayos púrpura.
-Clara, faltan tres días para el campeonato, el club deportivo cerró hace media hora, ya es de noche, hace frío, estoy hambrienta y también cansada ¿podemos irnos?-
Clara sabía que si cedía ante las quejas de su amiga significaba que le estaba dando la razón y por ende estaba aceptando que no lograría jugar voleibol ni salvaría el club de artes.
-¡No! ¡Aun no podemos darnos por vencidas!-
-Si me voy ¿vas a quedarte aquí practicando toda la noche verdad?-
-Así es-
Corín tomó el balón y lo arrojó a los brazos de su amiga.
-Entonces te veo mañana, si algún guardia te ve aquí, yo no te conozco- la rubia tomó sus cosas y se retiró del parque. Clara se dispuso a continuar con su práctica, pero las palabras de su amiga le hicieron reflexionar y prefirió irse también.
Cuando llegó a casa su madre tenía nuevamente el teléfono en sus manos, con el mismo camisón rosa. Eleonor veía las luchas en una pequeña televisión en blanco y negro que había en la cocina. Como era costumbre nadie notó su presencia. Subió a su habitación y se recostó en la acolchonada cama. Antes de que el cansancio terminara por hacerla caer en un profundo sueño, una bella melodía se deslizó alegremente por su habitación. El sonido de un pequeño violín bastó para hacer que la niña se levantara y se asomara por la ventana a examinar de dónde provenía.
Siguió la música hasta la casa de su alocada y divertida vecina. Clara caminó apoyándose sobre unos tabiques sueltos. Arrojó unas cuantas piedras a la ventana de la chica hasta que ésta se asomó. Cuando vio a Clara prácticamente sosteniéndose con los talones en la orilla del edificio de junto no pudo evitar preocuparse.
-¡Clara! ¿Qué haces ahí? ¡Bájate!-
La chica respondió en un tono más bajo pues ya era de noche y no quería despertar a sus vecinos
-En un segundo Bee- con gran agilidad saltó hacia el tejado de su vecina y se deslizó por la tubería exterior, caminó por las ramas de un enorme árbol hasta aproximarse a la ventana de Bee-Effi
-Clara no vuelvas a hacer eso es peligroso-
-Tranquila, lo hago todo el tiempo- dijo encogiéndose de hombros -¿Qué estabas tocando?-
-Es una pieza que yo misma compuse, la llamo "Bloqueo interno"-
-No es un nombre muy atractivo para una pieza musical-
-Se llama "Bloqueo interno" porque es justo lo que tengo y no la puedo terminar- Clara soltó una pequeña carcajada sin la intensión de molestar a la chica- ¿Y qué te trae por aquí traviesa? ¿Quieres retocar tus rayos?-
-No exactamente Bee- respondió algo tímida, la joven universitaria la miró con seriedad
-¿Qué ocurre Clara?-
-Bee, en serio no me gusta hablar de éstos temas, pero verás… hay un chico…-
-¡Un chico!- la joven pegó un brinco de felicidad, emocionada corrió a abrazar a Clara que estaba sentada en el marco de su ventana- ¡Es él verdad! ¡El chico con una cabeza grande que va contigo en la primaria! ¿Se te declaró? ¿Te le declaraste? ¡Cuéntamelo todo!-
-No, Bee…-
-¡Espera! ¡Espera! ¡Voy por mi diario, esto se tiene que registrar palabra por palabra!-
-¡Bee-Effi!- Clara azotó el pie contra el suelo furiosa y desesperada de que la muchacha no le prestara atención- No se me declaró, ni me le declaré, ni se abrió el cielo y empezaron a llover gomitas de todos colores ¡¿De acuerdo?!-
-Owww pero me gustan las gomitas- dejo Bee-Effi haciendo pucheros
-Escucha, no sé qué hacer, he estado trabajando muy duro porque quiero darle algo que es muy especial para él, pero no importa cuánto lo intente ni siquiera estoy cerca de mi objetivo-
Clara suspiraba cabizbaja desde la brillante ventana blanca, Bee-Effi se acercó y cariñosamente puso su mano sobre el hombro de la niña
-Clara, siempre me he preguntado ¿Por qué es tan especial ese chico? ¿Por qué te esfuerzas tanto por él?-
La pregunta del millón. Lo que Corín daría por saber la respuesta, la razón por la que Clara no se la había dado es porque no la comprendería, aún si le explicara palabra por palabra. Pero Bee-Effi era una chica mayor, casi una adulta, tal vez ella podía entender sus razones mejor que una chica que tenía como concepto de amor un emparedado de pastrami con rodajas de piña en forma de corazón.
-Bien- comenzó a argumentarla niña- Es porque, bueno, no lo sé, simplemente es especial- intentaba explicarse pero parecía que sólo confundía más a la chica de cabello multicolor- es el tipo de chico con quien puedes hablar y, nunca te va a decir "Oye eres una mala persona" o tampoco "que poco femenina te ves con esa ropa", no le interesa criticar a otros, a menos que se trate de sus hermanos- declaró con una pequeña sonrisa en sus labios -Él se preocupa por los demás, o por lo menos lo hace conmigo. Es…- su tono de voz se volvió más soñador, como si estuviera relatando un cuento de hadas- es el tipo de chico con el que puedes pasar de tener una absurda pelea a reír como si nada, estar con él te hace olvidar, aunque sea por un breve momento, todos los problemas que deberías dejar atrás- su expresión cambió haciéndole ver molesta- ¡No es justo que alguien le arrebate sus sueños a un niño tan simplemente estúpido! ¿Acaso no se dan cuenta de lo mucho que le puede doler a ese pobre iluso? ¡¿Por qué nadie es capaz de preocuparse por él tanto como él se preocupa por los demás?!-
-Creo que si lo hay- sonrió tiernamente la joven al escuchar las palabras de su pequeña amiga. Clara no pudo evitar sonrojarse ligeramente sintiéndose avergonzada por el comentario.
-¿Y de qué me sirve si ni siquiera lo puedo ayudar?-
-Lo lograrás Clara, piensa todo eso que me acabas de decir y recuerda, la fuerza no se mide por el tamaño del cuerpo sino del espíritu-
-¡Qué frase tan cursi y empalagosa!- exclamó mofándose del comentario de la joven
-Pero es cierto Clara- expresó con una suave voz y una cálida sonrisa –sólo sigue tus instintos-
-Lo que diga Bee- respondió la chica que aún no estaba tan convencida- Bueno, debo irme-
-Sí ya es muy tarde, es hora de dormir-
-No voy a dormir Bee, recuerda que éste día tengo mis lecciones de…- Una idea, aparentemente muy buena deslumbró la mente de Clara- ¡Eso es! ¡Es justo lo que necesito!- La niña saltó por la ventana hacia el árbol, antes de salir corriendo giró para despedirse de su vecina- ¡Gracias Bee!-
-¡No hay de qué Clara! ¡Recuerda no desvelarte demasiado!-
-¡No prometo nada!- respondió alegremente.
Sintiéndose feliz de que su pequeña amiga estuviera de mejor humor Bee-Effi cerró su ventana para irse a dormir.
A la mañana siguiente Clara se había reunido nuevamente con Corín, sólo que ésta vez fue en un callejón.
-¿Qué rayos estamos haciendo aquí Clara? – cuestionó la rubia evidentemente disgustada por el sitio de encuentro
-Corín, ayer se me ocurrió una grandiosa idea- dijo encaminándose al interior del deteriorado espacio- ¿Alguna vez te conté sobre mis "lecciones nocturnas"?-
-¿Hablabas en serio? Creí que era algo que sólo decías para impresionar-
-Pues no es así- respondió la niña deteniéndose justo frente a una pared que obstruía su paso- Te presento a la banda-
En cuanto Clara terminó de pronunciar sus palabras cinco chicos de aspecto andrajoso y extravagante saltaron por encima de la pared y cayeron justamente delante de las niñas. Corín quedó pasmada por la impresión. En el grupo sólo había una mujer con la mitad de la cabeza rapada y atuendo estilo gótico, dos gemelos con playera naranja y jeans holgados y un chico bajito y moreno con piercings. El más alto de todos se acercó a ellas. Usaba una gorra verde por la que sobresalían mechones rubios, unos visores azules enormes, casi tan grandes como su nariz, un chaleco café sobre su playera blanca y unos pantalones rojos holgados.
-Hermana Púrpura, tienes una pequeña amiga- dijo el despreocupado joven con una voz muy lenta y relajada
-Así es J. K., ella es mi mejor amiga: Corín Shortman- respondió mientras abrazaba el cuerpo estático de la chica que no salía de su sorpresa- Corín, te presento a la banda-
La pequeña rubia jamás se imaginó que los amigos de Clara fueran chicos universitarios, que aparentemente eran pandilleros. No pudo evitar preguntarse entonces ¿qué lecciones eran las que Clara tomaba por las noches con éste tipo de personas? ¿Robarían bancos? ¿Asaltarían ancianas? ¿Apostarían en bares de mala muerte como los vaqueros del oeste? No, en todo caso si Clara hiciera alguna cosa fuera de la ley no tendría que ver con ganancias monetarias porque la chica siempre le quedaba a deber, a menos que se estuviera guardando todo el dinero para sí. También existía la probabilidad de que usurparan restaurantes, eso tendría más sentido puesto que Clara parecía un pozo sin fondo que siempre tenía hambre.
Todas esas ideas pasaban por la mente de Corín mientras la niña de mechones púrpura presentaba a sus colegas, apenas reaccionó cuando el gigantesco chico extendió amablemente su mano hacia ella
-Mucho gusto hermana- la rubia finalmente respondió al saludo un tanto desconfiada, el chico no quitaba su simpática y calmada sonrisa- me llamo Joseph Kipling pero puedes llamarme J.K., ellos son Morita, Ying y Yang y Gigante- el chico se acercó a Clara para poder murmurarle al oído- Le dije que se pusiera "Gruñón" como apodo pero ya sabes cómo es-
Todos los jóvenes movieron la mano saludando a Corín y ésta correspondió el gesto un tanto nerviosa.
-Es un placer, supongo… ¿me permiten un momento a solas con mi amiga?-
-Seguro pequeña-
Corín tomó a Clara por los hombros y se dirigieron al lado opuesto de donde estaba el grupo.
-Clara ¿qué está pasando? ¿Quiénes son ellos y cómo se supone que te van a ayudar?- susurró verificando que no las estuvieran escuchando
-¡Ya lo verás!- exclamó despreocupadamente la chica dándose vuelta para hablar con el grupo a sus espaldas –Bien muchachos, los cité aquí porque todos ustedes van a enseñarme a jugar voleibol-
-¿En serio vamos a hacer eso?- preguntó con molestia el chico que se hacía llamar Gigante.
-Viejo, la hermana Púrpura necesita nuestra ayuda, yo digo que le brindemos nuestra mano amiga. Si lo que quiere es llegar a la luna, aquí mismo construiremos un cohete con botes y cajas de cartón- dijo el relajado chico motivando a su grupo
-Gracias J.K., pero no necesito ningún cohete. Verán dentro de tres días hay un torneo de voleibol que no sólo necesito, sino debo ganar. El hecho es que no sé nada sobre ese bobo juego, pero tal vez entrenando con ustedes pueda entenderlo mejor, ya que lo que nosotros hacemos es el único deporte que he practicado-
Corín, que ya se encontraba al borde de su paciencia, avanzó nuevamente hacia la chica que pronunciaba el discurso.
-Pero Clara ¿Cuál deporte? ¿Ahora de qué estás hablando?-
-Te lo mostraré- con una sonrisa se dirigió al grupo de jóvenes- ¿Chicos me harían el honor?-
-Será un placer hermana-respondió sonriente J.K.
Los cinco chicos comenzaron a saltar en las paredes de los edificios, a pesar de que lanzaban sus cuerpos muy cerca los unos de los otros, ninguno llegó a chocar, ni siquiera a rozarse. Apoyados únicamente por manos y pies daban piruetas, subían y bajaban con extrema facilidad, los gemelos incluso llegaron a la cima de ambos edificios y se lanzaron al vacío donde se encontraban las niñas. Corín se cubrió la cabeza sintiendo que los dos enormes hermanos caerían sobre ellas, sin embarga cuando abrió los ojos éstos se encontraban haciendo equilibrio sobre un tendedero tres metros arriba. Cuando J.K. dio la orden todos aterrizaron en sus mismas posiciones con las que despegaron.
Corín estaba asombrada, ésta vez por el talento de los jóvenes más que por su agresiva apariencia, aplaudió ante el sorprendente espectáculo
-Wow eso fue increíble… ¿Qué fue eso?-
El joven líder se acercó orgulloso para responder.
-Nosotros le llamamos la danza del simio salvaje, pero oficialmente se le conoce como estilo libre-
-¿Estilo libre?-
Clara se acercó y tomó a su amiga nuevamente por la espalda
-Así es, una especie de deporte ninja que te da la habilidad de pasar prácticamente cualquier obstáculo, no importa si es alto, duro, estrecho, frágil, lo que sea se puede traspasar. Tu cuerpo es la mejor herramienta que tienes para trasladarte a cualquier parte. Lo único que se podría considerar "ilegal" es pisar las azoteas de la gente, pero nadie se da cuenta- explicó la niña encogiéndose de hombros
-Tal vez podríamos intentar hacer una mezcla del voleibol y el estilo libre, es decir- corrigió- la danza del simio salvaje. Sólo requiere un poco de planeación-
-¿De verdad vas a ayudarme?- Tampoco era como que Clara estaba segura de que convencería a su amiga. Sabía que Corín era una gran chica y siempre la apoyaría, pero también solía ser de las que abandonaban el barco si se daba cuenta de antemano que las cosas no iban a tener un buen resultado.
- Creo que estoy apostando demasiado a que ese descabellado plan funcione, pero…- dijo aceptando su situación- vale la pena intentarlo-
Clara sonrió complacida y tomó a Corín del brazo arrastrándola con ella y su extraño grupo
-¿Qué estamos esperando? ¡Vamos con todo!-
Los siguientes tres días fueron realmente agotadores, los chicos tuvieron que adaptar dos deportes distintos y luego entrenar con esa extraña combinación. Clara poco a poco aprendió a darle al balón en el aire. Sus compañeros hicieron que visualizara el objeto como si fuera un obstáculo en su camino, sólo que en lugar de evitarlo debía golpearlo.
Las primeras veces que la chica corrió por las orillas de los tejados casi se cae por la velocidad en que le arrojaban los balones. Pero al finalizar el periodo acordado podía golpear el balón con una sola mano hasta subida en la punta de un poste de luz.
El día del campeonato finalmente había llagado. Todos los alumnos de distintas escuelas se habían reunido en el estadio de Hilwood y gritaban entusiasmados apoyando a los grupos de sus respectivas escuelas. Los alumnos de la escuela 118 animaban con gritos, silbidos y una gran banda a su equipo de voleibol.
En las canchas el entrenador se paseaba orgulloso trayendo consigo al equipo femenil. Todas las niñas llevaban una playera blanca y unos shorts negros con franjas blancas. Clara era la última del grupo, que además de su uniforme deportivo, tenía muñequeras moradas y una banda negro con morado en su cabeza.
La audiencia clamó un alarde más poderoso cuando hizo aparición hasta atrás de la fila la chica de mechones púrpura. Después de todo no sólo eran algunos profesores los que tenían fe en la fuerza y habilidad de la pequeña Clara sino también sus propios compañeros.
Ninguno de los presentes tenía idea de qué hacía ese extraño grupo de chicos callejeros universitarios en una competencia para niños de primaria sumándose a la porra con gritos y una enorme manta que decía "Go School 118!". Afortunadamente nadie se quejó y no pasó a más de unas cuantas miradas confundidas.
Los rumores comenzaron a crecer entre las personas en las gradas. Todos eran sobre Clara y Corín, el par de chicas más poderosas en el equipo de la 118.
Un chico delgado de cabello revoltoso anunció el inicio del evento y los equipos no tardaron en lanzar su primer saque, todos con la mirada fija en la victoria.
El entrenamiento que Clara tuvo en tan pocos días le había sido suficiente para establecer confianza y arrasar juego tras juego. Corín y ella escasas veces tocaron las bancas para descansar entre los partidos. Clara podía recibir lanzamientos con enorme facilidad y devolverlos con tanta rapidez que el otro equipo apenas se enteraba de que ya su contrincante había devuelto el golpe. Sin embargo los saques habían sido un gran movimiento que la chica no pudo aprender, y por lo consiguiente mientras estuvo jugando no pudo lanzar correctamente en todas las ocasiones que le correspondía sacar. Se las arregló como pudo para no dejar caer el balón y lanzarlo más o menos derecho. El entrenador estaba sumamente preocupado y temeroso por el resultado al final del campeonato. El trofeo, los reconocimientos, el premio económico y su imagen como entrenador dependían de una niña que medía tres veces menos que él. Su tensión se elevó al máximo cuando fue anunciado el último partido.
-Una vez más gracias por haber venido amigos míos, el último encuentro del día será entre el equipo femenil de la escuela 118 y el equipo femenil de la primaria 110-
Clara dio una ligera revisión al equipo contra el que competiría, efectivamente eran niñas de primaria, pero todas de 6° grado, algunas parecían haber repetido año pues tenían un tamaño y musculatura colosal.
La chica no se impresionó con tan peculiar grupo, pero no pasó lo mismo con el resto de su equipo que sentían las piernas temblar cual gelatina sólo de ver a las chicas con quienes se iban a enfrentar.
Hubo un descanso para que las niñas se prepararan para el siguiente partido. Clara se acercó a una maleta blanca con franjas moradas, sacó de ahí una botella con agua y una toalla para secarse el sudor. Miró por un momento a las chicas que conformaban su equipo, a excepción de Corín todas parecían ya haberse dado por vencidas o al menos eso demostraban con sus miradas cabizbajas.
La chica dobló y guardó la toalla en su maleta, iba a hacer lo mismo con la botella pero fue distraída con la sombra de una persona que se paró frente a ella, levantó la vista para descubrir de quién se trataba
-¿Clara?-
-¡Phill!- retrocedió sorprendida dejando caer un poco de agua sobre su uniforme
-Clara, lo siento, yo…-
-Sí, sí, ya sé, no querías asustarme- masculló con sarcasmo secándose con la toalla- ¿Qué estás haciendo aquí? Creí que no vendrías porque no te gustaban éste tipo de eventos-
-¿Desde cuándo estás en el equipo de voleibol?- el chico estaba más interesado por saber qué hacía su amiga metida en un deporte que tanto decía odiar que el explicar sus motivos para estar ahí.
-Responder una pregunta con otra es de gente estúpida-
-También lo es no confiar en tu mejor amigo- El chico se cruzó de brazos enfadado por la terquedad de la niña, pero ella, al ver la seriedad en su mirada, decidió contarle lo que pasaba.
-Bien. Entré al equipo hace dos semanas, Corín me ha estado ayudando a entrenar. ¿Ahora me quieres decir qué haces aquí?-
-Vine en cuanto me enteré que tú participabas- la completa sinceridad e inocencia con la que el chico decía esas palabras en seguida pusieron rubor en las mejillas de Clara, suerte para ella que podía justificarse con haber estado haciendo ejercicio y por eso su piel enrojecía -¿Por qué no me dijiste antes? ¿No querías que viniera a apoyarte?-
De acuerdo, por lo general Clara tendría un plan para responder en éste tipo de situaciones, pero francamente no se había planteado la posibilidad de que su mejor amigo fuera a aparecerse de repente, justo antes del partido final. Había estado tan confiada y tranquila todo ese tiempo porque todas las miradas puestas sobre ella aquel día no le pesaban en lo absoluto; el pánico escénico no era parte de su forma de ser, a menos que se tratara de ese chico en particular. Con la simplicidad de su presencia ella se desconcentraba por completo. Ahora ese mismo chico estaba parado frente a ella, pidiendo prácticamente que revelara el motivo no sólo de su participación sino de sus sospechosas desapariciones las tardes que se iba a entrenar. Era más sencillo simplemente declararse y resumir todos sus motivos en una frase que tener que arrojar en un discurso todos esos sentimientos con palabras cursis que ella tanto odiaba pronunciar.
Ante el largo silencio y miradas nerviosas que Phill obtuvo como respuesta por parte de su amiga sacó su propia deducción:
-Ya sé por qué lo hiciste-
La intranquilidad de chica aumentó de golpe hasta sentir completo desconcierto y desesperación. Siempre estaban bromeando sobre que Phill era adivino y podía leer su mente, ¿y si era cierto? En momentos como éstos Clara olvidaba lo que era el sentido común y podía formularse todo tipo de locas conclusiones totalmente irreales, ilógicas o fantasiosas.
-Querías salvar el club de arte…- el principio ya se acercaba a lo que había pasado- Te metiste al equipo y obligaste al entrenador para que donara el premio económico a ese club en especial, y lo hiciste porque…-
Con la incertidumbre formando un nudo en su garganta, la chica apretó los labios y cerró fuertemente los ojos preparándose para recibir las palabras de su amigo.
-En el fondo eres una buena persona que sólo quiere ayudar a otros- pronunció con una enorme sonrisa. Clara apenas podía creer lo que acababa de escuchar. Ella ya había creado toda una serie de ideas en su cabeza que nada tenían que ver con la explicación de su amigo. Frustrada y enfadada relajó su cuerpo y se cruzó de brazos volviendo a su actuar normal. El chico continuó dando su explicación.
-Y la razón por la que no me lo dijiste es porque odias que los demás crean que eres buena, siempre te guardas toda tu bondad para ti sola- concluyó finalmente el chico, feliz de suponer que estaba en lo cierto
-Sí, claro cabezón se trata de eso- respondió con su usual tono sarcástico, había caído una vez más esperanzada de que el chico sabría por lo que estaba pasando. Qué ingenua -En fin, ya me tengo que ir, a mi equipo casi le da un paro cardíaco y tengo que reforzar su espíritu-
-¡Espera!-Clara se dispuso a irse pero el niño la tomó del brazo haciendo que volteara hacia él –Sé que debes estar muy nerviosa por el resultado. No lo dices, pero se nota en tus ojos. Quiero decirte que pase lo que pase yo te apoyaré, incluso después de que todo termine nos inscribiremos en el mismo club, no importa si es de arte, de deportes o de lo que sea, lo importante es estar juntos- el chico retrocedió un poco mostrando su motivadora sonrisa –Es lo que hacen los amigos ¿cierto?-
-Lo que tú digas cabezón- la chica había escuchado atentamente cada palabra, no es como si no le hubiera importado lo que dijo su amigo, mejor dicho, le importó demasiado. Acababa de darle prácticamente todos los beneficios diciendo que estaría a su lado. Si se ponía a pensar en esa posibilidad, incluso sería mejor que antes. Con su nueva técnica de entrenamiento aprendería rápido si se trataba de deportes y podría ayudarlo siempre que lo necesitara. Algo similar pasaría en el club de matemáticas, sólo que en ese caso sería él quien estaría explicándole todo, siendo que ella había fingido ser una ignorante de la materia, situación de la que no se arrepentía.
Se detuvo tanto a pensar en ello que el tiempo de descanso terminó sin que pudiera hablar con su equipo. La chica se planteó la posibilidad de perder a propósito, pero sería muy cruel de su parte, así que sólo se concentró en jugar de manera normal, sin poner tanto esfuerzo en sus golpes. Pensaba que si a final de cuentas el equipo estaba destinado a la victoria llegarían por cuenta propia sin su ayuda.
Debido a su decadente actitud el entrenador decidió ponerla en la banca. Phill que estaba sentado en las gradas le hizo señales de que todo estaba bien y que se siguiera esforzando. Ella lo ignoró volviendo a beber de su botella cuando un fuerte grito resonó por todo el campo.
En seguida las jugadoras y los paramédicos se amontonaron en el centro de la cancha. Clara se acercó abriéndose paso de manera veloz entre las personas.
Corín estaba tirada en el suelo sujetándose el brazo. Apretaba los labios intentando con todas sus fuerzas contener el llanto de dolor, apenas lanzaba unos cuantos gemidos cuando el hombre que la atendía tocaba su codo.
-Parece una fractura leve, aun así ya no puede seguir jugando, debe ser llevada inmediatamente a un hospital-
-¡Nada de hospitales!- vociferaba la niña intentando ponerse de pie
Clara se agachó para poder hablar con su amiga
-¿Corín qué rayos pasó?-
-¡Le pegué mal a ese estúpido balón y caí sobre mi codo!- respondió furiosa reprochándose a sí misma por dentro –Al menos lo salvé antes de que tocara el suelo-
-Hay que llevarla a un hospital- insistió el paramédico, el entrenador estaba al borde del pánico
-¡Pero es mi mejor jugadora! ¡No se la pueden llevar!-
A pesar de las súplicas del hombre y de la propia chica que se aferraba a las puertas de la ambulancia amenazando al grupo de médicos, ninguno cedió en su lucha por llevársela a un hospital. La desesperación que sentía el entrenador ya era demasiada, estaban cuatro puntos abajo, sólo quedaban cinco minutos del partido y lo último que le faltaba estaba pasando: su alumna estrella partía en un vehículo hacia el centro médico más cercano con una leve fractura en el brazo. Inmediatamente su mirada se dirigió hacia Clara.
En un abrir y cerrar de ojos la niña se encontraba metida una vez más en el juego. Hubiera deseado que Corín sólo estuviera fingiendo para que ella entrara en el equipo y salvara el día, pero tenía que reconocer que la pequeña rubia no tenía un nivel de actuación aceptable, o al menos no tan elevado como el de su hermana princesa o la pulguita Mei.
Como sea, ahora todo dependía de ella.
La responsabilidad y la decisión de ganar estaban una vez más del lado de Clara. Si perdía, obtendría algo mejor para ella, si ganaba, obtendría lo mejor para todos los demás.
Para una persona cuyo pasatiempo favorito era pensar en sí misma realmente fue difícil elegir una opción.
Sin embargo parándose una vez más en la chancha se dispuso a ganar.
Nadie a su alrededor supo exactamente qué la hizo cambiar de parecer. Tal vez la venganza por su amiga caída, el deseo y orgullo de no darse por vencida, la pena que daba su equipo, el sufrimiento del entrenador…
Lo cierto era que, aunque detestaba admitirlo, lo hacía por el chico más despreocupado sentado en las gradas.
No iba a permitirse el lujo de ver a su mejor amigo lamentarse día tras día sólo por darse a sí misma el beneficio de estar con él, sin importar lo mucho que lo deseara.
Con la mentalidad de campeona fue a hablar con el grupo de chicas reunidas en una esquina, todas se veían agotadas y temerosas de no poder ganar la competencia.
-Bien chicas, quiero decirles una cosa: Soy pésima para dar discursos, pero pondré todo mi empeño para ganarle a esas gigantonas, tal vez se vean larguiruchas, pero ¿qué es más importante? El tamaño del cuerpo o el tamaño del espíritu- Clara sonreía ante la ironía de estar repitiendo aquellas palabras de las que alguna vez se burló
El equipo entero, incluyendo el entrenador, quedaron sorprendidos por las palabras de aliento que acababan de recibir. Sobre todo por la persona que las dijo.
Volvieron al juego con un enorme entusiasmo, rápidamente empataron con las otras chicas. Faltaba sólo un minuto y medio para que terminara el partido, el último saque debía ser por parte de Clara.
La chica podía sentir la mirada de cierto niño castaño siguiendo cada uno de sus movimientos, inhaló grandes bocanadas de aire para concentrarse. Afortunadamente el golpe fue perfecto, ahora debían anotar un punto más para ganar. El tiempo corría. El entrenador se mordía las uñas completamente angustiado. La tensión aumentaba de manera descontrolada en los espectadores.
Una de las chicas del otro equipo golpeó el balón demasiado lejos, pero aun así caería dentro del área contraria, otra chica se lanzó contra la arena evitando su derrota. El balón quedó suspendido en el aire.
La chica de mechones púrpura dio un gran salto y pegó con toda su fuerza dirigiendo el objeto hacia el área enemiga, fue demasiado rápido, nadie pudo detener su veloz descenso.
El árbitro se puso de pie haciendo sonar enérgicamente su silbato
-¡El tiempo se terminó! ¡La Escuela 118 gana!-
La gente se levantó conmovida y alegre. El entrenador daba brincos de felicidad por todas partes. Sin pensarlo dos veces cogió el trofeo con sus enormes manos y comenzó a tomarse fotos con él y con las niñas del equipo.
A Clara no le gustaban ese tipo de cosas así que se alejó del grupo. Salió de entre la multitud para encontrarse con su amigo.
El rostro de Phill resplandecía de emoción
-¡Clara eso fue estupendo! ¡Lo lograste!-
-Bueno, en realidad fuimos todas, cabezón-
-Gracias a ti el club de artes volverá a abrirse-
-No fue nada- dijo presuntuosa y francamente orgullosa
-No puedo esperar para contarle a Tami sobre esto-
Pocas palabras podría describir lo que realmente sintió la chica, por dentro sólo escuchó una vocecilla diciendo "Auch"
-¿Tami? ¿Tu chica fantasiosa? ¿Y ella qué tiene que ver?-
-Tami quería entrar al club de artes, hubiera sido una pena que no lo hubiera hecho, pero gracias a ti, tal vez incluso tenga una oportunidad con ella ¿qué opinas?-
¡Qué opinaba! ¡Auch ya no bastaba para describir todo el dolor que sentía en ese momento, ¿Todo su trabajo duro, su preocupación y entusiasmo habían sido únicamente para unir el lazo entre el chico y su amor platónico?
-Creo que no tienes ni la más mínima oportunidad- masculló sumamente molesta
-Bueno, ya sabes lo que dicen, no sabrás el resultado si no lo intentas. En fin, debo irme, nos vemos en la escuela-
"Y allá va" suspiró la chica con desgane para después darse vuelta y reunirse con las personas que celebraban detrás de ella.
Habían pasado varios días desde el campeonato, al principio todos alabaron a la chica que dio el golpe ganador, así que Clara tuvo que encargarse de desaparecer esa imagen de "heroína" que inconscientemente pusieron sobre ella, pues había una imagen que no quería perder.
Corín y Clara se reunieron en el salón para charlar antes de la siguiente clase
-¿Hasta cuándo te van a quitar el yeso?- preguntó Clara buscado algo dentro de su banca
-En una semana- respondió disgustada la pequeña rubia-lo peor no fue que me retiraran del partido justo antes de la victoria, sino que además mis padres me regañaron y no sé por qué-
Phill llegó cargando una pila de libros (de él y de Corín) y los puso sobre la banca de su hermana
-¿Cómo que no sabes por qué?- respondió estirándose y provocando que tronaran los huesos de su espalda- Golpeaste a tres paramédicos y dejaste inconscientes a dos de ellos-
- ¡Me amenazaron con un láser!-
-Sólo querían revisar la gravedad de tu herida-
-Oigan, oigan, es muy temprano para que empiecen a discutir- intervino Clara
-¡Es verdad!- exclamó Phill al recordar algo y se dirigió a su amiga- ¿Podemos vernos en el patio trasero a la hora del almuerzo?-
-Sí, por qué no- respondió de manera despreocupada.
Un rato después Clara salió al patio buscando a su compañero, éste la llamó escondiéndose detrás de varios botes de basura, ella se acercó sin aparentar disimulo. Al llegar junto al chico se recargó en la pared, él lucía bastante serio.
-¿Y bien qué es lo que quieres?-
-Escucha Clara. Por ti la escuela conserva el único club de artes y yo mi lugar favorito-
-Pensé que nosotros teníamos ya nuestro lugar favorito- dijo enmarcando una ceja
-Bueno mi segundo lugar favorito- reconoció algo apenado de no haberse acordado antes -Aunque sé que lo que hiciste no fue por mí, fue algo grandioso, y de verdad, de verdad muchas gracias-
Phill se acercó para abrazar a su amiga, fue tan sorpresivo y espontáneo que la chica no tuvo oportunidad de poner resistencia y terminó atrapada dulcemente en los brazos del niño. Ya que su reacción fue tan tardía, se limitó a insultarlo.
-¡Por favor viejo! ¿Qué haces? Te ves tan ridículo, y eso que siempre dices que no eres cursi como tus hermanos-
Phill se apartó conteniendo la risa para no irritar más a la chica
-Lo siento, sé que no te agrada pero necesitaba hacerlo. Bueno ¿quieres saltarte la barda e ir por unas malteadas antes de que regresar a clases-
-Vaya señor rebeldía ¿desde cuándo haces cosas malas?-
-Decídete ¿soy cursi o rebelde?- respondió en forma de burla
-Ambas cosas mezcladas en el mismo ser irritante. En fin, mejor aprovecho la oportunidad antes de que vuelvas a tu modo "angelito"-
Los chicos se encaminaron la valla que rodeaba la escuela.
-Por cierto ¿Qué hay de tu amiga la que se iba a unir al club?- consultó la chica un tanto angustiada por la respuesta que recibiría
-Parece que le llama más la atención el club de matemáticas- respondió sin perder su semblante tranquilo y alegre
-Luces bastante relajado para tratarse de la chica que te gusta-
-No importa, después de todo ni la conozco en persona, ya habrá tiempo para eso. Por ahora estoy bien contigo-
El chico no medía la gravedad y al mismo tiempo el poder de sus palabras, él sólo se daba cuenta de que hablaba con su mejor amiga, mientras ella forjaba un mundo de ilusiones en su cabeza con las que estaba segura que algún día se sentiría arrepentida. Pero como dijo él. Ya habrá tiempo para eso.
El par de amigos se alejaron por las calles.
"Si algún día…"
