The Shortman's
Capítulo III
Niño de 3°
El atardecer caía lentamente sobre la ciudad de Hilwood, los alegres matices naranjas y amarillos cubrían las calles. La perfumada mercancía de la florería "Vitello" resplandecía con su recién esparcido rocío.
Una pequeña niña de gran cabeza y tiernas coletas rubias salió de dicho lugar despidiéndose de la encargada.
-Gracias señorita Morgen, volveremos la semana que viene-
Detrás de la pelirrubia salió una niña de cabello castaño lacio, amarrado en una coleta baja, con una sudadera azul y pantalones de mezclilla. Lucía uno o dos años mayor a la pequeña que caminaba sacudiéndose el polvo de su blusón rosa. Desde el colorido establecimiento una voz dulce de mujer les respondió.
-Las veo la otra semana niñas-
Ambas caminaron por la calle. La pequeña de sudadera azul que iba golpeado las rejas de las casas con una pequeña rama se dirigió a Mei bastante entusiasmada.
-Todavía no anochece, ¿quieres venir a mi casa y ver una película?-
-Sabes que no me dejan estar afuera hasta tarde Monic, apenas convencí a mamá y a papá de dejarme ayudar en la florería para pasar tiempo juntas. Además le prometí a Eddy que nos hablaríamos por video chat más tarde-
-Ahora siempre estás con ese niño, ya no tienes tiempo para mí- dijo la niña con un tono molesto cruzándose de brazos. Mei se rió por el comentario de su amiga.
-Sabes que sí tengo tiempo para ti, pero Eddy es muy… ¿cómo decirlo?- hizo una pausa midiendo sus palabras- Reservado. Casi no habla con nadie, el hecho de que sea mi amigo es casi un milagro-
-Pues tu milagro es de pocas palabras- afirmó Monic enmarcando una ceja.
-Pero es mi mejor amigo y lo quiero tal y como es-
-Si tú lo dices Mei- resopló la niña deteniéndose en la esquina de la calle pues el semáforo tenía luz verde –Nunca me has contado la historia de cómo se conocieron-
-¡Oh es verdad!- exclamó la rubia y con una cálida sonrisa respondió- Puedo contártelo de regreso a casa-
-Me parece bien- afirmó su compañera con un semblante más alegre
-Entonces, veamos. Todo comenzó a inicios de éste año, llevábamos como dos meses desde que entramos a clases, entonces…
La campana de la escuela 118 sonó anunciando la hora del almuerzo. La cafetería se llenó de inmediato con muchos niños sobre todo de primer y segundo grado. El ambiente era alegre y cordial hasta que una enorme chica de sexto grado comenzó a abrirse paso entre los pequeños que esperaban por su comida. Christine, una niña de gran tamaño, de cabello color miel, amarrado de la mitad por dos pequeñas coletas y una sola ceja, apareció provocando terror junto con su delgada y desagradable compañera rubia.
-¡Muévanse enanos!- vociferaba empujando a varios niños a su paso. Ante su atemorizante presencia todos retrocedieron, sólo una pequeña de coletas rubias y un enorme moño rosa se quedó parada con su charola bacía entre las manos, confundida por la actitud de sus compañeros -¡Y tú qué me ves renacuajo!-
-Nada, es sólo que me preguntaba por qué están aquí ustedes dos. La hora de almuerzo de los de cuarto, quinto y sexto es hasta dentro de una hora-la grandulona se mostró molesta por el regaño de la niña- También pensé ¿Por qué todos te tienen tanto miedo? sólo eres una chica común y corriente con una masa corporal algo sobre desarrollada- respondió con su amigable y tierna sonrisa.
-¡Pues deberías temerme pequeña! ¡Soy más grande, inteligente y fuerte que tú!- amenazaba a la enorme chica agitando su puño.
-Lo de inteligente lo dudo- dijo la pequeña con completa sinceridad y provocando que la gigantona se enfureciera aún más- aún así no es correcto que te aproveches de los demás de esa manera sólo por ser más pequeños y débiles que tú, eso te convierte en una abusadora-
La gigantona tomó a la pequeña por el cuello de su blusa y la levantó cual si fuera una muñeca de trapo hasta pegar su nariz con la de ella.
-Denle un premio a la mini genio por adivinar que SOY una abusadora- sonrió levantando el puño dispuesta a golpear a la indefensa niña.
-Oye tú- una voz grave e igualmente femenina se elevó entre la asombrada multitud de niños que murmuraban temiendo por el destino de Mei. Cuando la enorme chica y su amiga voltearon, palidecieron por el susto de averiguar de quién se trataba. Una chica de cabello teñido con rayos púrpura estaba de pie con los brazos cruzados y la mirada baja. Su flequillo cubría la mitad de su rostro haciéndole ver aún más intimidante- ¿Tienes algún problema con mi amiga?-
-¡Clara!- exclamó dejando caer a la pequeña quien soltó un gemido al golpearse contra el suelo. Christine inmediatamente la levantó y sacudió su ropa con sus temblorosas manos –No sabíamos que era tu amiga, lamentamos mucho éste inconveniente, nosotras ya nos íbamos ¿verdad Odelia?-
-Sí, Sí, tenemos muchos niños qué molestar- respondió nerviosamente la chica con su voz gangosa hasta sentir un fuerte golpe en el costado por parte de su compañera- es decir, tenemos mucho que estudiar-
-¡Adiós!- respondieron las brabuconas al unísono y salieron corriendo del lugar.
Los niños miraban asombrados a Clara, en ese momento lucía como una verdadera heroína. Sin embargo al recordar que de hecho ella daba más miedo que la mismísima Christine rápidamente empezaron a dispersarse sin hacer ningún comentario. Clara se acercó a Mei quien recogía la bandeja que se le había caído al suelo. Al ver a la chica la pequeña ladeó la cabeza haciendo un gesto de agradecimiento.
-Muchas gracias por salvarme Clara-
-¿Qué te he dicho sobre meterte con ese estúpido hipopótamo parlante?-
-Lo mismo que me dicen mis hermanos- respondió la niña un tanto fastidiada y agravó su voz tratando de imitar una voz de chico- "Mei no provoques a Cristine o acabarás en el hospital respirando y comiendo a través de un tubo"- Clara rió ante la inocencia de la niña- ya lo sé Clara, pero técnicamente ni siquiera la estaba provocando- se justificó inflando su mejilla.
-Aún así no te metas más con ella, aléjate de ese insufrible engendro lo más que puedas ¿entendido?-
-Está bien- respondió un tanto frustrada
-Y no le vayas a decir a tus hermanos que te salvé-
-¿Por qué nunca quieres que les diga?-
-Es algo entre nosotras, ¿Un secreto de chicas? ¡No lo sé!, sólo no digas nada-
-Tal vez si le dijera a Phill podrías gustarle más-
Clara enrojeció de golpe por el comentario de la niña. Mei le sonrió con ternura y la chica de mechones morados sacudió fuertemente la cabeza volviendo a su estado normal.
-No sé de qué estas hablado, ¿Cómo para qué querría gustarle al cabeza de sandía de tu hermano?-
-Porque te gusta- dijo la pequeña tratando de ignorar el hecho de que Clara sin darse cuenta le dijo cabeza de sandía a ella, pues se parecía a la de su hermano.
Clara frunció el seño y se cruzó de brazos.
-Si le dices a alguien ya no voy a salvarte más- amenazó molesta
-Dudo mucho que realmente cumplas eso- respondió con una adorable sonrisa- pero está bien, prometo no decirle a nadie- Clara finalmente le sonrió a la pequeña y dio media vuelta para irse –eres una heroína Clara- murmuró Mei mientras se dirigía a escoger su almuerzo.
La pequeña rubia salió al patio para encontrarse con los niños de su grupo.
-¿Es cierto que Christine te amenazó en frente de todos?- preguntó consternada Frieda, una niña de cabello negro y lentes enormes.
-Así es- respondió Mei mientras le daba una mordida a su sándwich
-No lo puedo creer ¿Y qué pasó?- cuestionó Henrietta, otra de las niñas con grandes ojos y cabello rizado y castaño.
-Una amiga me salvó, llegó justo a tiempo- sonrió amablemente tomando un poco de jugo de naranja.
-¿Fue ella no?- dijo un niño castaño que estaba a su lado- La gran Clara Smith-
Las otras dos niñas que se hallaban en la mesa miraron completamente impresionada a la pequeña rubia, Frieda se acomodó los lentes acercándose a Mei para susurrarle al oído
-Mei esa chica es peligrosa-
-¡No lo es Frieda!- reclamó frunciendo el ceño. La otra niña se puso de pie mirando a Mei a los ojos
-Clara Smith es tan peligrosa que hasta Christine le tiene miedo ¡Nada más que una delincuente! ¿Acaso no sabes que acabó con todo un grupo de chicos de secundaria tan sólo usando un bate de beisbol?-
-O también cuando la sacaron del ejército por hacer estallar un país entero- apoyó la pelinegra
Mei rodó los ojos y negó lentamente con la cabeza
-Ella no es como ustedes creen, si la conocieran de verdad…-
-Pero no lo haremos, y será mejor que tú también te alejes antes de que te haga daño Mei- Concluyó finalmente Henrietta, tomó la bandeja con los restos de su almuerzo y se dirigió al cesto de basura. Mei y Frieda se quedaron solas.
A pesar de que la pelinegra intentó acercarse a Mei, ella sólo se levantó de la mesa sin siquiera mirar a su amiga y se dirigió a un costado de la escuela, en donde casi no había gente.
Tanto ella como las personas que la conocían sabían que cuando su enojo podía más que su fuerza de voluntad lo mejor era apartarse antes de decir algo de lo que después se pudiera lamentar.
Mei comenzó a patear una pequeña piedra en su camino mientras balbuceaba bastante molesta.
-¿Delincuente? ¿Acabar con chicos de secundaria? ¿Estallar un país entero? ¡Es en serio!- la frustración que guardaba salió en forma de una perfecta patada que mandó a la piedrita hasta unos botes de basura provocando apenas algo de ruido- ¿Quién se creen para juzgar de esa forma a alguien tan noble? ¿Por qué todos deben poner etiquetas y esas tonterías? ¡Si tan sólo me escucharan!-
Mei se detuvo al escuchar el sonido acuoso Bajos su zapato, al bajar la vista descubrió un pequeño charco. Se hincó para mirarse en él. Aunque el agua se movía deformando un poco su reflejo, distinguió la imagen que ella tenía de sí misma, su mirada pasó de ser de enojo a tener una gran tristeza.
-¿Por qué soy tan pequeña?- susurró intentando tragarse el nudo atorado en su garganta- Si fuera más grande tal vez podría defenderla, a ella, a mis hermanos, a todos-
La niña suspiró resignada y dispuso su partida cuando un leve rechinido la detuvo. Giró sobre sus pies y dio unos cuantos pasos para asomarse a través de los botes de basura, distinguió a una persona sentada sobre el viejo columpio; todos creían que habían retirado ese juego hacía unos meses. Tal vez se trataba de un fantasma. Bien, si era uno en verdad tal vez era amigable como el de sus películas, y si se hacía su amiga la llevaría a volar, le ayudaría cuando necesitara un ser invisible e incluso podrían buscar juntos tesoros escondidos.
La pequeña rió ante las grandes ideas que podía tener su creativa mente en cuestión de segundos.
Se acercó de puntillas hacia el niño del columpio sin hacer ruidos o movimientos bruscos. Cuando por fin llegó junto acercó su cara hasta la nuca del niño, pero éste no pareció percatarse de su presencia.
Mei tocó el hombro del niño con la punta de su dedo para hacerlo voltear. Por un lado estaba feliz de haber llamado su atención y por otro miró su dedo desconcertada de que no pudiera atravesar la materia del chico. Adiós a su idea de pasteles y galletas gratis con ayuda de su amigo invisible.
Su mirada regresó al chico quien la veía expectante, un tanto impaciente enmarcando su única ceja. Lucía más grande que ella, con una gran nariz en forma de arco hacia abajo, sus ojos redondos y pequeños. Parecía alguien sofisticado pues vestía un uniforme con un suéter color marrón, por debajo una camisa blanca. Además de que su cabello color miel estaba extremadamente bien peinado.
-Hola, me llamo Mei, Mei Shortman, ¿Y tú?- dijo la pequeña rubia amablemente extendiendo su mano hacia el niño y esperando que éste le correspondiera, cosa que no ocurrió. El chico miró tras él pensando que tal vez podría estarle hablando a otra persona a sus espaldas. Pero no, los dos niños eran los únicos en ese solitario y lúgubre sitio. Sin quitar su mano Mei le miró confundida- ¿No sabes saludar?- el niño volteó a verla con seriedad.
-¿Viniste aquí a burlarte como todos los demás?- gruñó cruzándose de brazos. El chico arrastraba bastante la voz para hablar, aunque su tono era de niño, su voz sonaba bastante ronca para alguien de su edad.
-¿Burlarme? ¿Por qué haría eso?-
-Olvídalo-
-Entonces… ¿Tu nombre?- insistió casi atravesándole la frente con su mirada. El chico finalmente correspondió al saludo con un suave y algo desconfiado apretón de manos.
-Me llamo Edward-
-¿Edward?, ese nombre no me gusta, es nombre de mayordomo amargado-
-Pues ese es mi nombre- respondió algo irritado.
-Te llamaré Eddy- dijo mostrándole su mejor sonrisa a lo que el chico respondió enmarcando su ceja-¿Y no tienes apellido?- preguntó sentándose en otro columpio junto a él.
-Sí, claro que lo tengo- respondió sin entusiasmo
-Y es…- la pequeña abrió mucho los ojos esperando a que el niño terminara la oración.
-¿Haces muchas preguntas no crees?- masculló el niño frunciendo el ceño
-Bueno ¡Tú das pocas respuestas!- se defendió cruzándose de brazos a lo que su compañero de columpio respondió soltando un fuerte suspiro, lucía frustrado e indispuesto a responder las preguntas de la pequeña rubia.
-Mi apellido no importa, sólo dime Eddy, con eso está bien-
-¡Sí!- entonó triunfante la niña poniéndose de pie- Bien Eddy ahora que eres mi nuevo amigo…-
-¡Oye, oye! ¡Alto ahí! Nadie dijo que quiero ser tu amigo-
-Oh ya entendí- dijo un tanto preocupada- pero yo no creo en el amor a primera vista Eddy, por el momento hay que ser sólo amigos ¿Te parece?-
-¿Qué? ¡Pero yo no… ¡No me refería a…. ¡Lo que quise decir es… ¡Agh! ¡Olvídalo!- exclamó con suma molestia.
-Ven te presentaré a mis amigas- dijo la niña retomando su habitual entusiasmo y jalando la manga del chico, quien rápidamente se apartó.
-¡No espera!- dijo dándole la espalda- Mei si no te molesta no quisiera que nadie se enterara de que somos… amigos, ¿de acuerdo?-
-¿Por qué Eddy? ¿Qué te preocupa?-
-No es nada, sólo no le digas a nadie-
-Bien, supongo que no hay problema pero…-
Antes de que Mei terminara de hablar la campana sonó y todos sus compañeros comenzaron a entrar a clase
-Creo que debes irte- dijo el niño un poco desanimado
-¿Tú no vienes?- cuestionó la pequeña invitándolo a acompañarla
-No. Yo… prefiero entrar por la puerta de atrás- respondió con una mirada triste dirigiéndose al sitio que mencionó, no sin antes mirar a la pequeña y despedirse casi en un susurro-Hasta pronto Mei-
-¡Adiós Eddy!- Exclamó con gran felicidad agitando su mano de un lado a otro como si estuviera tratando de hacer señales a un avión para ser rescatada, a pesar de que el chico sólo estaba a un metro de distancia. El niño hizo un gesto mostrándose avergonzado ante la acción de la niña y sin decir nada más entró a la escuela.
Mei corrió dentro para encontrarse con sus amigas. A pesar de que el chico pidió no contarle a nadie, siempre le hacía feliz poder platicarles a otros que tenía nuevos amigos. Con suerte hasta podría hacer que también a sus amigas les agradara el chico y todos pudieran ser amigos.
Cuando llegó con las dos pequeñas tardó un momento en controlar su respiración pues con tanto entusiasmo había corrido bastante.
-Chicas… debo…contarles-
-¿Ya desististe de la idea de que Clara Smith es buena persona?- la rubia levantó inmediatamente la mirada con desconcierto- sólo no queremos que pase algo malo Mei-
-Así es- afirmó Frieda-No se puede confiar en nadie, mucho menos en los niños más grandes-
-¿No se puede confiar?
Por supuesto, lo había olvidado. Tal vez si le contaba a sus amigas sobre el encuentro con un chico misterioso detrás de los basureros de la escuela, que obviamente era mayor que ellas, tendrían la misma opinión que tenían de su amiga de cuarto grado.
La pequeña agachó la mirada con tristeza, aunque de inmediato volteó a ver a sus amigas para cambiar el tema.
-Bueno, ¿alguien sabe qué habrá mañana para el almuerzo?
Las niñas murmuraron sobre eso mientras entraban a su salón. Mei se quedó unos pasos atrás y pudo observar por un breve momento al chico que recientemente acababa de conocer. Acababa de entrar al salón de tercer grado, con una sonrisa pícara continuó su camino.
A la hora de salir, los amigos de Mei la esperaron para irse juntos a sus casas, pero la pequeña les pidió que se fueran sin ella inventando que su padre pasaría a recogerla más tarde.
Cuando los niños se adelantaron, aprovechó para ingresar nuevamente a la institución y esperar afuera del salón de tercer grado. Vio como todos los alumnos salieron, todos excepto a quien ella esperaba. Después de un rato asomó su cabeza por la puerta para encontrar a su nuevo amigo sentado en una banca a la mitad del salón. Sin previo aviso se acercó a él dando pequeños brincos y lo saludó con gran euforia
-¡Hola Eddy!- el niño pegó un brinco golpeándose con su mesa y provocando que todos sus libros se cayeran.
-¿Cuál es tu problema? ¿Acaso te gusta andar por ahí asustando a todo el mundo- le recriminó mientras se agachaba a recoger sus libros
-Lo siento- dijo inclinándose para ayudarle. Notó un libro de pasta gruesa color azul con varios dibujos de mamíferos en la portada -¿te gustan los animales?
-Es mi libro de biología-
-¿En tercero ya te dan biología?
-Empezamos a ver el tema pero yo me adelanté desde hace tiempo- la miró de repente- ¿Cómo supiste que estaba en éste salón?-
-Te vi entrar hace un rato, así que quise venir a saludarte-
-Bueno, hola y adiós- cortó dirigiéndose a la salida. Mei se apresuró a alcanzarlo. A pesar de su edad él apenas medía un par de centímetros más que ella.
-¿En dónde vives?- consultó colocándose a su lado
-Unas calles a lo lejos- respondió irritado sin reducir su acelerado caminar.
-Yo vivo muy lejos, debo tomar el autobús para llegar a mi casa-
-Oh. Eso suena tan interesante- respondió con sarcasmo
-¿Tienes videojuegos?
-No…
-Yo no tengo videojuegos, pero mis hermanos tienen muchos, tal vez podría invitarte algún día a jugar, aunque dudo mucho que me los presten ¿tienes hermanos?
-Ajá…
-¿De verdad? ¿También están en la escuela?
-Obviamente
-¿Y cómo se llaman?
-Eso qué importa
-¿Por eso no me quieres decir tu apellido? ¿Tus hermanos o tus padres son malos?
-¿De dónde sacas eso?
-No lo sé, ¿Por qué otra razón alguien no querría decir su apellido?
El niño por fin se detuvo y regresó a verla dejando una considerable distancia
-Mira, no sé quién eres ni por qué no me dejas en paz, pero te advierto que todas las personas que me han conocido al final terminan alejándose de mí. No tengo ningún amigo ni me hace falta, así que sólo apártate y déjame tranquilo
-¿Por qué la gente se aleja de ti? ¿Acaso hiciste algo malo? ¿Lastimaste a otros?
-Yo no. Mi hermana…-El chico se detuvo un momento reflexionando lo que iba a decir poniendo su mano sobre su mentón, pero Mei se adelantó antes de que cambiase de opinión.
-¿Tu hermana le hizo daño a alguien? ¿Quién es?-
El pequeño finalmente se resignó apartando su mano y mirando el suelo.
-Christine- susurró en un tono demasiado bajo que con el sonido de las personas caminando y conversando a su alrededor no se había escuchado
-¿Quién?- preguntó la niña acercando su oreja para oírlo.
- ¡Christine! ¡Christine es mi hermana! ¿De acuerdo?- el niño apartó la mirada apenado y triste por su confesión mientras la niña le miraba sorprendida- Las personas le tienen miedo a mi hermana. Siempre que intento hacer amigos, terminan apartándose cuando se enteran que la chica más molesta de la escuela, la más mala y brabucona pertenece a mi familia.- Mei relajó su expresión mirando al niño con algo de lástima- Jamás he invitado a nadie a mi casa. En la escuela no me hablan por temor a lo que ella les pueda hacer, y es cierto. Cuando mi hermana se entera que tengo un amigo inmediatamente se va contra él o ella hasta que me dejan de hablar-
-¿Les has contado a tus papás sobre eso?
-¿Crees que no lo he intentado?- levantó los brazos con frustración- Papá sólo sabe responder: "Ya pasará hijo, sólo es una etapa" ¿qué es eso de una etapa?-
-Momento, periodo o estado en que se divide un proceso-
-Gracias por la información- dijo con sarcasmo dejando escapar un gran suspiro y acomodando nuevamente su mochila sobre su hombro- en fin, ahora que sabes toda la verdad creo que es hora de despedirnos, esta vez para siempre-
-¡Pero qué ridículo Eddy!- sonrió la niña haciendo que el chico se paralizara- ¿Como por qué tendría que "despedirme para siempre"?-
-Bueno… porque…ya te dije la verdad… ¿Acaso no me oíste decir que mi hermana es Christine? ¡Christine Berman! ¿Ella nunca ha querido hacerte daño? ¿Nunca te ha molestado?-
-Sí. De hecho ésta mañana intentó robarme el almuerzo y después quiso golpearme- el niño quedó boquiabierto con sus palabras.
-¿Y entonces?
-¿Cómo que "y entonces"? Esa fue Christine, no tú- respondió señalándolo en forma de regaño- Christine es una niña enorme que se la pasa fastidiando a todo el mundo y burlándose de otros. No me cae bien- reconoció frunciendo el ceño-pero tú- sonrió mirándole a los ojos- eres un niño de tercero, muy callado y gruñón que conocí hoy, y me agradas-
El chico enmarcó la ceja desconfiando un poco de las palabras de la niña. Pensó un poco lo que acababa de decir la niña y una pequeña y tímida sonrisa poco a poco se mostró en sus labios. Era la primera vez en su vida que alguien lo reconocía a él por encima de su intolerable hermana.
-Sabes, me sorprende que alguien tan pequeña pueda decir cosas tan inteligentes
Por un momento, Mei no supo cómo reaccionar. Se sentía feliz que la reconociera como alguien inteligente, pero lo que más sintió fueron las palabras "tan pequeña"
-Los niños pequeños también podemos ser inteligentes- respondió cruzándose de brazos
-Lo sé. Uno creería que son muy inocentes. Claro que cuando se trata de mi hermana, ella representa más bien al monstruo que se oculta bajo sus camas esperando a que llegue la noche para hacerles alguna maldad. Y a mí…-dijo señalándose a sí mismo- a mí me ven como Eddy, el gremlin ayudante-
-Yo te veo como mi amigo- le sonrió la pequeña- Eddy el… ¿de tercero?- consultó buscando la aprobación del apodo provocando que el niño soltara una pequeña risa
-Eddy está bien. Sólo Eddy-
-Bien Eddy, entonces hasta mañana- se despidió la pequeña con un ligero ademán y una radiante sonrisa.
La adorable silueta de una personita con gran cabeza se alejó hasta desaparecer por completo en la avenida. Eddy miró el suelo algo pensativo y siguió caminando rumbo a su hogar.
Al día siguiente, el niño salió con su mirada melancólica del aula donde estudiaba. Se encogía de hombros y caminaba despacio deseando que nadie de su grupo lo viera moverse. Finalmente llegó hasta el patio trasero en el área del basurero. El chico se sorprendió de encontrar a su pequeña amiga de coletas rubias esperándolo al pie de los columpios con una amigable sonrisa y su lonchera azul.
-Buenos días- dijo invitándolo compartir el sitio con ella.
-Buenos…- respondió sentándose lentamente en uno de los columpios.
Mei sonrió nuevamente a su atónito amigo y sacó de su pequeño recipiente un par de sándwiches realmente apetitosos.
-Aquí tienes. Mi mamá que empacó uno para ti también-
-¿Tu mamá me preparó comida?- preguntó asombrado recibiendo el alimento
-Sí. Le platiqué sobre ti y ésta mañana me lo dio diciendo que le agradaba que hiciera nuevos amigos. Realmente me sorprendió, con lo disgustada que estaba ayer…
-¿Por qué? ¿Acaso se pelearon?-
-No, no es eso- la pequeña alzó su cabeza tomando con una de sus manos la cadena que sujetaba el columpio- Ayer regresé tarde a casa y mis papis se enojaron conmigo. No les gusta que desobedezca y menos que llegue tarde-
-Fue gracias a mí ¿verdad?- Eddy se abrazó a sí mismo sintiéndose culpable.
-¿Qué? ¡No! ¡Claro que no! – exclamó agitando fuertemente la cabeza-Mamá y papá siempre están al pendiente de mí, además no es la primera vez que desobedezco- confesó con una pequeña risilla- de hecho es la primera vez que mi desobediencia se debe a algo tan simple-
-Para estar en primer año haces demasiadas cosas de niños grandes ¿Eres una niña muy traviesa no es así?- Mei mostró la lengua en forma de burla y el niño regresó a ver el suelo con una pequeña sonrisa- Al menos tienes padres que se preocupan por ti
La pequeña apretó la caja de jugo que había entre sus manos regresando a ver a su amigo con enorme seriedad.
-¿Tus papás no se preocupan por ti?
-En realidad mamá es luchadora profesional, sólo la veo los fines de semana. Papá se la pasa todo el día en la carnicería…-
-¿El señor Berman verdad?-
-Así es. Y bueno, él… sólo digamos que no es el mejor escuchando-
-No te preocupes Eddy. Aquí estoy yo y escucharé todo lo que tengas que decir-
-Muchas gracias
-Si quieres podemos ir al parque el fin de semana, sólo hay que pedir permiso y asunto arreglado-
-¿Permiso?-
Ambos niños se miraron incrédulos por un momento
-Sí, ya sabes… para que te dejen ir-
-Si tú lo dices- respondió encogiéndose de hombros llevándose un enorme bocado de sándwich. El chico casi nunca debía pedir permiso en su hogar para ir a cualquier lado. Pasaba desapercibido siempre que su madre no estuviera en casa.
El fin de semana llegó y el pequeño castaño esperaba de pie tras un tobogán en el parque. Había otros niños alrededor pero se encontraban dispersos por todo el lugar jugando con sus familias, amigos y mascotas. Para el reservado chico era un ambiente demasiado alegre y jovial. Estaba algo nervioso pensando que dentro de poco se encontraría con su amiga, ¡Su primera amiga en años!
Desde su llegada a la 118 junto con su hermana mayor no recordaba cuándo fue la última vez que salió a pasear con un amigo y mucho menos de tener uno. La interacción social se había hecho más difícil con el tiempo. Ese día se preparó desde muy temprano para un encuentro tan especial. Sacó de su armario la mejor ropa casual que tenía: Una playera roja con mangas blancas y cortas, unos pescadores beige, sus tenis azules de la suerte y una gorra azul con blanco la cual no dejaba de acomodarse.
Se asomó con cautela para ver si su amiga había llegado. Justo en ese momento ingresó al parque una bella familia. Dentro de ese grupo de extrañas y singulares personas estaba la pequeña que había estado esperando. La chica más alta de coletas rubias amarradas con moños rosas estaba hablando por teléfono. El chico que se parecía a ella llevaba un balón de básquetbol y buscaba a alguien con la mirada. Parecía que el hombre rubio que los acompañaba intentaba hacer que la chica dejara su teléfono. Detrás de ellos iban otros dos chicos, que ocasionalmente había visto en la escuela. Uno de gran cabeza y cabello castaño y una niña rubia de overol y moño azul que lo iba molestando.
Eddy enmarcó su ceja al ver al niño castaño, estaba casi seguro de haberlo visto en otro lugar. Antes de ponerse a pensar en ello retomó la atención en su amiga rubia que ya estaba parada casi junto a él. La niña se movía rápido, como si tuviera un teletransportador.
-Sí viniste- le saludó entusiasmada
-¿Esa es tu familia?-
-¡Oh sí!- respondió la niña señalando a cada uno de ellos-la del teléfono es mi hermana Emily; el que la está regañando es mi papá; el niño que está allá jugando con otros chicos es mi hermano Jack; los dos que se están arrojando arena en el arenero son mis hermanos Phill y Corín, y ese que se está acercando a regañarlos, de nuevo es mi papá… y un policía- giró hacia su amigo con un poco de angustia en su mirada –será mejor que nos demos prisa Eddy, a éste paso también nos vetaran de éste parque.
Aunque podría parecer una broma la expresión de la niña decía todo lo contrario. Así que ambos se subieron a uno de los juegos del parque parecido a una casa en el árbol, con un enorme tobogán y cuerdas para escalar.
-Bien Eddy, ¿a qué quieres jugar?
-No lo sé…
-¿Qué acaso no juegas en tu casa o en la escuela?
-En la escuela siempre estoy solo en los columpios, pero en casa sí tengo otros juegos-
-¿En serio? ¿Como cuáles?
- Ya sabes… ajedrez, bingo, damas chinas…-
-¡Oye alto! ¡Alto! ¿Estás diciendo que nunca has jugado a imaginar? ¿Saltar la cuerda? ¿Escondidas? ¿Avioncito? ¿Sube y baja?- el niño negó lentamente con la cabeza- ¿Colorear?
-Mei, antes solía salir al parque con mi padre y mi hermana, pero Christine siempre le pegaba a otros niños. Los policías la detuvieron varias veces y regañaron a mi papá porque siempre se quedaba dormido mientras la cuidaba. Papá dejó de llevarnos porque decía que nadie comprendía a mi hermana, que nadie comprende por qué la gente molesta a otros- el pequeño hizo una pausa apartando la mirada- yo tampoco lo entiendo.
-Bueno, papá dice que hay niños que molestan a otros porque tienen miedo- el chico la volteó a ver extrañado- dice que cuando un niño o niña molesta a los demás es porque tiene miedo de no ser tan fuerte, por eso intenta que los demás piensen que son débiles. ¡Por eso yo nunca me dejo de los busca pleitos!- declaró con fuerza en sus palabras agitando su puño en el aire- No es justo que les hagan cosas malas a los demás sólo porque son más grandes y fuertes. Aunque yo sea pequeña no soy para nada débil. Por eso cuando sea mayor seré policía- se detuvo un momento para pensar mejor en sus palabras- Bueno, también quiero ser astronauta o arqueóloga, o piloto o cocinera-
La niña miró por un momento expectante al chico frente a ella. Se desvió un poco del tema pero esperaba que entendiera el punto.
-Entonces… jugamos a… ¿I-imaginar?- consultó el chico que lucía motivado por las palabras de su amiga.
La pequeña asintió satisfecha apresurándose a responder antes de que el chico preguntara de qué se trataba.
-Escucha, hay sólo una regla en éste juego: las cosas no pueden ser lo que de verdad son- ante la mirada confundida de su amigo Mei bajó por el tobogán indicándole que la siguiera. Tomó una piedra del suelo y se la mostró - ¿ves ésta piedra?- el chico asintió- Bueno, en el juego de la imaginación esto no puede ser una piedra, puede ser un elefante volador, puede ser un teléfono, puede ser la cama de algún duende que se perdió en el parque. Puede ser todo menos una piedra, ¿entendido?- el niño que aún parecía no entender tomó la piedra analizando la única regla del juego.
-¿Puede… ser… un meteorito?-
-¿Qué es un meterioto?-
-Se dice meteorito. Y es una piedra gigante
-Eddy…- La pequeña miró a su amigo con desaprobación golpeándose la frente con su pequeña palma- aún tienes mucho que aprender.
Ambos niños pasaron toda la tarde juntos, corrían de un lado a otro cambiándole el nombre y la utilidad a cada objeto que se encontraban.
-¡Mira Mei! ¡Una rana!- gritaba Eddy entusiasmado señalando al enorme anfibio que se sumergía en una lagunilla
-No es una rana, es un dragón marino-
-¡Una lata!-
-¡No! ¡Un balón!- respondió la pequeña pateando el objeto metálico hasta un cesto de basura- Eddy ¿vamos a los columpios?
-¡No Mei!- respondió subiéndose a uno de ellos y balanceándose tan alto como pudo -¡Son naves espaciales!
-¡Tienes razón!- respondió entre carcajadas y gritos de júbilo.
A lo lejos los un hombre de gran cabeza y cabellos rubios se sentó completamente exhausto en una de las bancas. Le costaba trabajo levantar su brazo para secar el sudor de su frente con su blanca y arrugada camisa aflojándose un poco la corbata.
Arnold había tenido una junta importante en la Universidad esa mañana y no tuvo tiempo de cambiarse la ropa cuando pasó por sus hijos que ya estaban ansiosos por llegar al parque. Eso sin contar que estuvo presionando a Emily para que soltara el teléfono y disfrutara un poco el aire fresco, sin embargo, grande fue su sorpresa cuando descubrió que llevaba una tablet pequeña escondida en su bolsa de maquillaje. Fue una tarea difícil pero finalmente consiguió que la chica diera un tranquilo paseo por el lugar. También tuvo que ayudar a Corín a bajar de un árbol al cual nadie sabía cómo se había subido.
Fuera de la multa que tuvo que pagar por la pequeña disputa entre ella y Phill en la caja de arena, no había gastado nada más en todo el día.
Al menos no tenía que preocuparse de Jack que jugaba tranquilamente con sus amigos o de Mei a quien veía pasar una y otra vez con su nuevo amigo.
Arnold suspiró agotado, pero feliz por la linda tarde que habían tenido sus hijos.
Observó un pequeño carro de helados cerca de ahí, pensaba que se merecía uno después de todo ese arduo empeño. Quiso levantarse pero el peso de su cuerpo se lo impedía. Estaba replanteándose la idea de brindarse un pequeño gusto cuando una fina y acogedora mano se deslizó sobre su hombro derecho hasta cerrarse en su nuca haciéndole voltear.
-¿Tan rápido se cansó el hombre de la jungla?- La voz femenina hizo que Arnold mostrara una pequeña y cálida sonrisa.
-Te recuerdo que ya no somos unos jovencitos Helga-
La hermosa mujer llevaba un traje color púrpura de tiro que se ajustaba a las curvas en su cuerpo. Sus cabellos rubios estaban perfectamente sujetos hacia arriba adornados con un lazo color borgoña. Sus labios rojos mostraban la astuta y feroz sonrisa que caracterizaba la bien reconocida figura de Helga G. Pataki.
-Tú no serás un jovencito, yo por mi parte, estoy en mis mejores años-
-Sé que seguirás diciendo eso aunque tengas ochenta- Helga rodó los ojos fingiéndose inocente por esa acusación- Además le recuerdo, mi hermosa dama, que es un año mayor que yo- susurró besando con delicadeza la mano de su mujer.
-Oh por favor cariño, deja a un lado las formalidades, ya no estamos en los noventa para que te comportes como si fueras Rodolfo Valentino- se burló sentándose a su lado.
Arnold soltó una pequeña carcajada, era increíble ver a su esposa después de tanto tiempo y apreciar la gran energía que tenía a pesar de trabajara más tiempo que él y además cuidar de su familia. Se podía reconocer en esa mirada tan franca y placentera del hombre el gran amor que le procuraba a su esposa.
-¿Te causaron problemas?- preguntó Helga señalando con la mirada los juegos del parque
-¿Los niños? ¡No! ¡Pan comido!- respondió relajando su cuerpo para que viera cuán fácil había sido esa tarea, aunque su atuendo desaliñado y su ropa sucia delataban que no había sido así.
-Se nota- respondió dejando escapar una pequeña risa entre sus dientes- Veo que Mei tiene un nuevo amigo-
-Así es-
-Oye ¿Ese no es el hijo de… el hijo de…-
-De Harold- completó Arnold con una sonrisa
-¡Oh es verdad! ¿Quién lo diría? Mei me contó sobre él, su nombre es Edward. Interesante por cierto; no me esperaba algo así de Big Paty-
-Es un buen chico-
-Arnold yo que tú mediría mis palabras, uno de éstos días podría darte una sorpresa y te aseguro que no me detendré para decir "te lo dije"-
-¿De qué hablas Helga?- preguntó enmarcando una ceja. Su esposa suspiró resignada poniendo sus finos dedos sobre el fruncido entrecejo
-Uno creería que con los años las personas dejan de ser tan densas-
Arnold vagó en la confusión por unos instantes hasta que Helga lo miró dejando escapar una acogedora y divertida sonrisa
-Olvídalo- tomó cuidadosamente la mano masculina que se giró para que ambas quedaran entrelazadas- Ya habrá tiempo para hablar sobre eso. Por ahora es mejor llamar a los niños antes de que anochezca-
-Tienes razón- Arnold se puso de pie para buscar con la mirada a alguno de sus hijos. Corín pasó corriendo a unos metros de él y llamó su atención para que avisara al resto de sus hermanos que se despidieran para poder irse. La niña saludó desde lejos a su madre y se alejó por un sendero de piedras. El hombre se sentó junto a su esposa tomando nuevamente su mano entre las suyas sin dejar de mirar la pequeña área de juegos – Crecen muy rápido-
-Demasiado. Y hay que vigilarlos cada minuto para evitar desastres- aceptó cruzándose de brazos- Arnold fijó aún más su melancólica mirada - No mires demasiado lejos o te perderás el presente. Solo míralos ¿No es obvio que hasta el final ellos te amarán, sin importar la distancia? Además, siempre nos tendremos uno al otro. Aun faltan muchas aventuras por vivir, nosotros dos. Juntos. No es tiempo para que te pongas melancólico. Disfrútalos, tal vez ellos son nuestro tiempo tranquilo, Arnold.-
El hombre quedó encantado con aquellas palabras, mirando con asombro la poderosa mirada de su mujer. Cualquiera podría encontrar en esos ojos ligeramente pintados de rosa, tal vez a una fuerte adversaria con quien jamás quisieran toparse. Una persona demasiado fría y calculadora capaz de erizarle la piel al más valiente sólo con mirarlo. Sin embargo él no veía eso. No veía a una adversaria ni a una temible fiera. Él veía la calidez y un enorme amor bien protegidos y resguardados tras una dura corteza, una que a través de los años había logrado descubrir, entender y amar como nunca lo había hecho. En momentos como esos se convencía aún más: Si el tener a su esposa cerca no le hacía feliz, nada más podría hacerlo.
-Gracias amor- Arnold dejó escapar un suspiro mientras se acercaba cuidadosamente al rostro de su mujer. Besó los labios rojos intentando dejar plasmados sus sentimientos con esa delicada caricia.
A lo lejos estaban los dos pequeños observando con curiosidad la romántica escena.
-Eddy se supone que no debemos ver esto, mamá dice que los adultos deben tener primaticidad-
-¿No querrás decir privacidad?- cuestionó el niño enmarcando una ceja
-Eso fue lo que dije- renegó la pequeña inflando enfadada su suave mejilla.
-Tus padres se quieren mucho ¿No?
-Papá y mamá se aman, si no fuera así no estarían casados- el pequeño agachó la cabeza intentando entender lo que su amiga decía, Mei se dio cuenta y se puso frente a él- ¿Tus papás no hacen eso?-
-Bueno, no en realidad… no lo creo-
Antes de continuar con la conversación, Corín pasó cerca de los chicos y llamó a Mei para que se fueran. Mei tomó una mochila pequeña que llevaba con ella, se despidió amablemente de Eddy y volvió con su familia. El niño quedó encantado unos instantes por la imagen de esa hermosa pareja que recibía alegremente a su hija en brazos, casi parecían sacados de un comercial. Se dio la vuelta para volver a su casa.
-¿No le preguntaste a tu amiguito si quería que lo lleváramos a su casa?- consultó Helga al ver al niño alejarse.
-Le pregunté mami, pero me dijo que prefería volver solo-
-Está bien- Helga no estaba tan convencida, asintió respetando la decisión del pequeño. Sin embargo por sus adentros se dijo que la próxima vez se adelantaría para tomar la iniciativa. No le gustaba ver niños tan pequeños volviendo a casa solos, aunque no fueran sus hijos.
Arnold estaba a sus espaldas contando a cada uno de los niños con la esperanza de que estuvieran todos.
-¿Corín dónde está Phill?- cuestionó al percatarse de la ausencia del pequeño castaño
-Él… está…-
-¿Corín?- dijo con un tono aún más serio
-Se le atoró la cabeza en el pasamanos-
-¿Qué? ¿Cómo pasó eso?-
-Bueno, tal vez lo empujé… accidentalmente apropósito- confesó con una pequeña risilla nerviosa.
-Pues ahora tú me acompañarás a sacarlo- giró para hablar con su esposa- ¿Helga?
-Lo sé, lo sé. Tranquilo, yo llevaré a los niños a casa.- ladeó la cabeza para mirar a la pequeña de overol azul- ¿Corín?-
-Sí, sí, ya sé. Sin televisión por una semana- respondió refunfuñando.
-Ni el partido de beisbol-
-Pero mamá…- La niña sólo sintió la mirada acusadora de su madre clavarse en ella con tanta fijación que la dejó sin habla –Sí mamá-
La familia finalmente se separó yéndose cada grupo por su lado.
-¡Oye Arnold!- avisó Helga deteniendo el paso de sus familiares – ¡No olvides la mantequilla! ¡Con eso sale más rápido!-
-¡Sí Helga! ¡Gracias por recordarme!- el hombre retomó su camino. Esa advertencia sonó natural, como si no hubiera sido la primera vez que algo así sucedía.
Jack y Emily continuaron normalmente, no estaban prestando mucha atención a lo que ocurría. Por su parte, Mei miraba orgullosa la manera en que sus padres se trataban y los trataban a ellos. Se sentía la persona más afortunada del mundo. No solía decirlo muy a menudo, pero amaba a su familia. Desde sus padres que la criaban con mucho amor, hasta sus hermanos con quienes convivía y compartía día a día. En ese momento pensó en Eddy, incluso en Clara. Personas a quienes había visto tantas veces, pero no conocía a sus padres; nunca los había visto con sus familias en el parque, ni en un restaurante o en un cine ¿Sería verdad que era demasiado pequeña para entender la existencia de familias que no se preocupan por sus hijos?
Sin darse cuenta estaba cayendo en un estado de incertidumbre y tristeza. Por suerte sintió un ligero apretón en su manita que la hizo regresar a la realidad. Miró a la persona que le regalaba una enternecedora mirada. Se habían detenido en la esquina de una calle esperando para cruzar. Su madre sin duda era una mujer enorme, no sólo por usar tacones o por ser extremadamente alta. Mei podría jurar que alguien incluso más alto que ella la vería como un ser gigantesco.
Con sutileza la pequeña devolvió el gesto a su madre y luego miró al frente en donde estaban sus hermanos mayores. Quería ser como ellos, como su madre, como su padre; como todas las personas importantes para ella. Quería ser una combinación de muchas cosas buenas y ayudar a otros. Sin un plan u objetivo bien trazado.
Por más libros que hubiese leído, por más conocimientos e inteligencia que tuviera, Mei seguía siendo una niña. Pero ahí, al lado de gente tan extraordinaria, ella también se sentía enorme e importante.
No importaba cómo fuera, debía mantener esos ánimos y usarlos a su favor como solía hacerlo.
El semáforo cambió y la pequeña avanzó junto a su familia.
Al día siguiente los ánimos de la pequeña estaban totalmente renovados. Salió del aula para dirigirse al patio trasero donde la esperaba su amigo, sin embargo sus dos amigas la interceptaron cuando estaba a un corredor de la puerta de servicio.
-¿A dónde vas Mei?- se apresuró a interrogar Henrietta
-Yo… iba a… estaba…- miró hacia todas partes intentando hallar una buena excusa
-Has actuado muy extraña éstos días ¿Qué ocurre? ¿Acaso nos estás escondiendo algo?-
La pequeña finalmente soltó un suspiro resignada y comenzó a explicar lo que sucedía.
-Conocí a un chico con quien me he divertido mucho éstos días, nos reunimos a un lado de la escuela para platicar y almorzar juntos-
-Espera un minuto ¿Dijiste un niño que almuerza al lado de la escuela?-
-¡Es Edward de tercero!- escandalizó Frieda llevándose las manos a su cabeza- ¡El hermano menor de Christine!-
-Mei ¿Te juntas con el ayudante de la brabucona más grande del planeta?
-Se equivocan- afirmó Mei con una mirada muy seria- Eddy no es un mal chico…
-¡No sabes lo que dices! Si te juntas con él entonces ya no seremos tus amigas ¿Verdad Frieda?- la chica que accidentalmente fue involucrada en esa advertencia negó ligeramente sin saber qué decir. Mei había enrojecido por completo de coraje y apretaba los puños con fuerza.
-¡Si eso es lo que quieres por mí está bien!-
La pequeña de coletas rubias siguió su camino dejando a las otras dos niñas atrás.
Salió al patio por la puerta de servicio dando zancadas tan grandes como le permitían sus pequeñas piernas. Eddy la miró con sorpresa.
-Hola Eddy- resopló sentándose en un columpio.
-¿Qué ocurre Mei? ¿Estás bien?-
-Sí no te preocupes- tomó su lonchera para comenzar a comer. Degustar los almuerzos que su madre le preparaba siempre le levantaban el ánimo -¡Oh no!
-¿Qué pasa?-
-Olvidé el almuerzo en casa- dijo agitando la lonchera de la que sólo salían migajas- mis hermanos salen más tarde, no creo que me dé tiempo de pedirles dinero para comer algo-
-Yo tengo un poco- sacó de su bolsillo unas cuantas monedas- Toma, puedes comprarte algo, yo te esperaré aquí
-Mejor acompáñame Eddy- pidió Mei con un adorable gesto –Acabo de discutir con mis amigas. No creo que estén muy felices de verme y no me gusta estar sola
El chico dudó unos cuantos segundos pero finalmente asintió y ambos entraron a la escuela.
Llegaron a la cafetería. Mei tomó una charola de comida formándose para tomar su almuerzo.
-Espérame aquí Eddy, no tardo-
El niño desvió la mirada en cuanto su amiga se fue. Comenzaba a sentir cómo todos a su alrededor lo veían con desprecio. Mientras más pasaba el tiempo los murmuros a su alrededor acrecentaron. "¿Es él verdad?" "¿Qué hace aquí?" "No debería estar aquí"
La tensión en el ambiente era cada vez más intensa, todos señalaban con la mirada al chico dirigiéndole toda la furia posible. Eddy se abr4azó a sí mismo volteándose hacia la pared deseando desaparecer en ese momento.
Un niño se acercó a él junto con otros dos de sus compañeros.
-Creímos haberte dicho que no podías venir aquí Berman- El niño se quedó de espaldas sin responder- ¿Estás sordo o qué?- se acercó al temeroso niño y lo tomó por el cuello de la camisa. Sus compañeros también avanzaron dispuestos a darle una lección. Eddy cerró los ojos con fuerza. El compañero que lo sujetaba estaba a punto de golpearlo cuando una pequeña niña lo empujó con todas sus fuerzas por el costado haciendo que se golpeara contra un bote de basura. El ruido hizo que todos los presentes voltearan a ver lo que ocurría.
-¡Oye! ¿Por qué querías pegarle a mi amigo?- Mei estaba completamente erguida con los puños al frente en señal de defensa. El chico a quien había empujado se levantó quitándose sacudiéndose la basura de la ropa
-¿Quién eres tú? ¿Por qué lo estás defendiendo?-
-¡Soy Mei Shortman de primer año! ¡Y estoy defendiendo a Eddy porque es mi amigo!- los niños quedaron estupefactos al escuchar esas palabras.
-¿Cómo puedes ser amiga de un tonto como él?-
-No has respondido a mi pregunta ¿Por qué querías golpearlo?-
-Esto de aquí- señaló a Eddy con descaro- es hermano de Christine, y ella nos ha hecho cosas muy malas-
-Así es- señaló otro de sus compañeros- ella rompió mi patineta nueva.
Pronto, los reclamos se hicieron presentes por los niños a su alrededor: "Nos robó nuestro dinero" "Se come nuestro almuerzo" "Ensucia nuestra ropa" "Me rompió mis juguetes"
-¡Basta!- Mei fulminó con la mirada a todos a su alrededor, luego señaló al niño que momentos con quien había discutido- En primer lugar, Eddy es un niño como todos los demás, de hecho es aún mejor que ustedes porque al menos no les pega a otros o los insulta. En segunda él no tiene nada que ver con que Christine los moleste, eso lo hace ella por su cuenta y ninguno de ustedes es diferente porque están haciendo exactamente lo mismo. ¿Qué les sucede? No creo que él les haya hecho nada malo. Entonces ¿Por qué lo tratan así? ¡No porque alguien sea callado significa que es mala persona! No saben lo divertido, inteligente y amable que puede llegar a ser y aun así deciden guiarse más por lo que otros dicen y por lo que ustedes mismos creen antes de conocerlo-
El lugar quedó en completo silencio unos instantes. Los niños balbuceaban avergonzados queriendo encontrar una respuesta para justificarse. Incluso las amigas de Mei que se encontraba sentadas en una mesa se miraron mutuamente culpables por lo que habían dicho. Al darse cuenta de esto los niños que querían golpearlo avanzaron hacia él para disculparse, pero antes de que pudieran hacerlo, una fuerte voz hizo que a todos se les pusiera la piel de gallina. Christine acababa de entrar a la cafetería con la secuaz que siempre la acompañaba.
-Veamos qué vamos a almorzar hoy Odelia- dijo rozando sus palmas y saboreándose la comida de los niños por los que iba pasando. En eso vio a Eddy temblando cerca de la pared con otros niños- Oh, pero miren quién salió de su escondite. El inútil rena…- antes de terminar la oración su vista alcanzó a la pequeña de coletas rubias que se encontraba a un lado del niño- ¡Oye espera un minuto! ¡Esa es la enana que me enfrentó el otro día!-
-Dale una lección Christine- sugirió la chica rubia que se encontraba detrás suyo.
-¡Sí eso haré!- se acercó con su gran e intimidante figura hasta ponerse enfrente de la niña- Y ésta vez no vendrá tu amiguita para protegerte
Mei no tenía dónde huir. Sintió cómo la enorme chica se abalanzaba sobre ella y por instinto dio varios pasos hacia atrás. Pero antes de que lograra hacerle algo Eddy corrió poniéndose delante de la niña con los brazos extendidos.
-¡No!- exclamó mirando fijamente la mirada encendida de su hermana- ¡Ya me has quitado muchas cosas Christine! Gracias a ti no tengo amigos, no tengo compañeros ni gente que me quiera cerca. Todo el mundo cree que soy una mala persona cuando yo no he hecho nada. Me he quedado callado como me lo pediste, no te he acusado porque eres mi hermana y no quiero meterte en problemas ¡Pero a Mei no le vas a hace nada entendiste! - ese último grito hizo que la chica retrocediera con asombro- No te permitiré que le hagas daño a ella ni a nadie más, incluso a mí…-
Los niños miraban admirados a Eddy. Por primera vez en su vida se estaba enfrentando a la gran y temible Christine. Sin embargo, la chica reaccionó de inmediato sintiendo las miradas señalarla como una perdedora.
-¿Y quién me va a impedir hacerlo? ¿Tú?- soltó una fuerte carcajada a la que su amiga acompañó- ¿Tú y cuántos más?-
-¡Nosotras!- Henrietta y Frieda se pusieron lado a lado con Eddy protegiendo así entre los tres a Mei
-Si le quieres hacer algo a Mei primero tendrás que pasar por nosotras- amenazó Henrietta alzando su puño.
-Un par de mosquitas más no hacen la diferencia, igual las aplastaré-
-¡También tendrás que pasar por nosotros!- los niños con los que Mei había discutido avanzaron hacia las brabuconas. Odelia miró a su alrededor y jaló a Christine de la blusa para que volteara a ver. Los niños se habían puesto de pie y se preparaban para lanzarse sobre la chica si intentaba hacerles daño a sus compañeros.
-¡No les tengo miedo! ¡No les tengo miedo a ninguno de ustedes pequeños mocosos!- la chica retrocedía lentamente poniendo sus puños en posición para golpear a quien se le acercase mientras su amiga se protegía asustada detrás de ella.
-¿De verdad no tienes miedo? Porque deberías- las brabuconas sintieron un gran escalofrío recorrer por todo su cuerpo. Esa no era la voz de un niño de tercero o menor. Se trataba de la voz más aterradora que podrían escuchar cuando eran atrapadas haciendo algo malo. Voltearon sintiendo el corazón latir a toda velocidad, efectivamente, ahí estaba la chica de mechones púrpura, recargada en la pared tronando los huesos de sus nudillos con gran calma – Creo que la última vez no dejé lo suficientemente claro que no quería volverlas a ver cerca de éstos niños.- dejó su posición dirigiendo una obscura mirada a la más grande de las chicas- Descuiden, eso no volverá a pasar
Las chicas salieron corriendo en dirección contraria a toda velocidad y ésta vez Clara las persiguió dejando atrás a todos los niños.
A pesar de que había sido la niña de cuarto grado quien finalmente los salvó, todos admiraban a Eddy.
Aunque el chico no tenía ni una oportunidad de vencer a su hermana mayor en un combate cuerpo a cuerpo, había defendido con gran heroísmo no sólo a su pequeña amiga sino también a todos sus compañeros.
Varios niños, sobre todo de su grupo, se acercaron para pedirle disculpas y le ofrecieron reintegrarse a su grupo. Mei veía orgullosa cómo el niño sonreía hablando con tantos niños que en algún momento sintieron odio y rencor hacia él. Ahora todos los rodeaban y lo llenaban de halagos y agradecimientos. Detrás de ella sonaron dos voces familiares
-Lo sentimos Mei- Frieda caminó hasta la niña con la mirada baja –No fue nuestra intención hablar mal de otros niños, sólo lo dijimos porque pensábamos que te estábamos protegiendo-
-Y tampoco queríamos pelear contigo Mei- Henrietta se acercó despacio hasta las dos niñas con una mirada suplicante- ¿Puedes perdonarnos?
-¡Claro que las perdono! ¡Ustedes son mis amigas!- las tres niñas se dieron un largo abrazo, contentas de hacer vuelto a ser amigas.
Un niño llegó corriendo y gritó fuertemente para que todos lo escucharan.
-¡Oigan! ¡Clara atrapó a Cristine en el patio de atrás! ¡Le está dando una paliza!-
Casi toda el área se desalojó en cuestión de minutos. Mei vio cómo su amigo se acercaba a ella con una enorme sonrisa, ella se apresuró para hablar con él.
-Gracias por defenderme Eddy-
-Gracias a ti Mei- la niña sonrió satisfecha, mostrando todo el orgullo que sentía del cambio tan positivo de su nuevo amigo. –Aún quedan unos minutos antes de entrar a clases-
-¿Me acompañarías por mi lonchera? Creo que la dejé junto a los columpios-
-De acuerdo- ambos chicos se dirigieron a la puerta de servicio.
-No pudimos platicar mucho. Hay que hablar más tarde por video chat.
-¿Qué es eso?-
-No te preocupes, yo te enseño- rió la pequeña saliendo junto con su amigo.
En tiempo actual. Mei daba vuelta en la esquina de su casa acompañada de su amiga Monic. Entró por el jardín lateral que su madre ocupaba para tomar el té y concentrarse cuando escribía sus historias. El lugar era pintoresco completamente lleno de flores coloridas y perfumadas. Una mesa de jardín y unas cuantas sillas blancas le daban un toque de sofisticación a ese pequeño y encantado lugar.
-Y así fue como Eddy y yo nos hicimos amigos-
-Vaya, esa fue una gran historia-
-Sí. Aunque nunca pude agradecerle a Clara por salvarnos aquel día. Estoy segura de que si no hubiera aparecido nos hubieran dado una buena tunda a todos-
-Bueno Mei, siento dejarte, pero mis padres me matarán si llego tarde a casa-
-Está bien, nos vemos Monic-
La pequeña entró sin preocupaciones a su hogar. La casa de su amiga quedaba cerca de ahí por lo que no tenían problemas para transportarse juntas desde tan lejos.
A pesar de que habían tomado el autobús para llegar ahí ya estaba obscureciendo. Las luces comenzaron a iluminar las calles conforme caía la noche.
En el ático de la casa se encontraba Phill sentado sobre su cama con una laptop en sus piernas. Platicaba con alguien mientras comía algunos gajos de manzana que su madre cortó para cenar. Escuchó el rechinido de su puerta y volteó para ver quién estaba entrando. Una pequeña coleta rubia se asomó entre el espacio abierto.
-¿Mei eres tú?
-Hola hermanito- Mei entró en la habitación cerrando la puerta a sus espaldas – Perdón por molestarte pero dejé mi videocámara sobre la mesa y como tiene forma de pelota Corín se confundió y la usó para jugar ping pong. El asunto es que sólo hizo ping y quedó hecha trizas ¿Me prestas la tuya?-
-Corín es tan descuidada- rodó los ojos con fastidio- La estoy ocupando en éste momento- dudó rascándose el mentón- Dame sólo unos minutos, ya no tardo-
-De acuerdo- Mei se acercó hasta la cama de su hermano- ¿Con quién hablas?
-Con Clara. Nos estamos poniendo de acuerdo para hacer un proyecto de historia. Acaba de ir por su libro para pasarme información-
La pequeña rubia miró la pantalla esperando que la chica apareciera. Justo en ese momento Clara apareció con un libro en las manos.
-Listo. Ya escanee las páginas correspondientes, te las estoy enviando por correo-
-Ya las recibí- contestó Phill abriendo un archivo en su computadora.
-¡Hola Clara!- la pequeña saltó delante de su hermano agitando sus manos en señal de saludo
-Oh. Hola pulguita ¿Cómo estás?
-Bien. Estoy esperando que terminen para poder usar la video cámara, pero me hace feliz verte.-Mei vio a Phill un momento y se le ocurrió una idea- Oye Clara ¿no quieres acompañarnos en el fin de semana feliz?
-¿El qué?
-Es una gran idea Mei- dijo el chico apartando con cuidado a su hermanita para poder hablar con su amiga- Nuestros padres coinciden tres veces al mes para que podamos ir todos juntos a algún lugar, generalmente vamos al parque. Podemos invitar a quien queramos-
-¿Qué? ¡No! Phill, sabes que no me gusta eso de salir… pasear… reír… Y menos cuando hay… gente feliz- afirmó con desagrado.
-Demasiado tarde, mañana le diré a mi mamá y si no vas entonces estarás siendo descortés con nuestra familia y seguramente se molestarán contigo-
-¡No, no, no! ¡Espera!- Por lo general, Clara no le daba mucha importancia a la opinión de la gente, pero no toleraba quedar mal con los padres de Phill, tal vez porque se trataba porque eran las personas que algún día podrían ser sus suegros, o tal vez simplemente porque eran gente agradable, además de que no les molestaba su presencia y por el contrario siempre se mostraron muy atentos con ella. Por eso mismo la idea de pasar todo un día, rodeada de gente alegre y una familia excepcional le parecía totalmente bizarra e inaceptable.
–Nos vemos el fin de semana Clara- se despidió Phill cerrando la laptop a toda velocidad sin darle oportunidad de responder –Me va a matar, pero valió la pena- dijo desconectando la cámara para dársela a su hermanita.
-Ojalá que nos acompañe, así tendrás a alguien que te ayude a sacar tu cabeza del pasamanos si se te vuelve a atorar- picó Mei guiñándole el ojo a su hermano.
-Mei… - la señaló con la mirada avergonzado. La pequeña se despidió mientras salía riéndose de la habitación.
Cuando finalmente llegó hasta su cama, Mei conectó la cámara a su computadora rosa para hablar con su amigo que ya estaba en un pijama gris con dinosauros.
-Hola Mei-
-Hola Eddy, ¿Cómo va todo?
-Genial, desde que hablé con mamá sobre todo lo que había pasado las cosas han mejorado poco a poco. Por cierto, tal vez nos veamos éste fin de semana. Mamá convenció a papá para que me llevara a patinar al parque.
-¿Y tu hermana?
-Tiene clases de Artes Marciales- la pequeña se alejó del aparato cuestionándose si esa era una buena idea.
-Descuida- sonrió el niño al ver la preocupación de su amiga- dicen que es una buena manera para desahogarse. Es mejor golpear una bolsa de arena que a un montón de niños- la pequeña asintió agradecida por lo que estaba escuchando, pero antes de responder recordó lo que había hecho y comenzó a reír- ¿Qué pasó? ¿Hiciste alguna travesura?
-Nada, nada. Digamos que pagué un favor que debía a una amiga.
-¿Un favor?- preguntó enmarcando su ceja
-Sí. Verás hace un rato…
