The Shortman's
Capítulo V
La chica de la pantalla
-¡Veo una luz al final del camino!- exclamó esperanzado el chico, quien divisaba una salida que se hacía más grande conforme avanzaba.
-¡Cállate cabezón! ¡Es de mal presagio decir cosas que pretenden la muerte!- respondió la jadeante voz de una chica a su lado.
-¿Desde cuándo crees en presagios?
-¡Desde nunca! ¡Sólo corre!
Efectivamente la luz era una salida, su única salida al final de ese obscuro callejón. Para su buena suerte daba directo a una avenida principal, sería fácil mezclarse entre los transeúntes, y más tratándose de dos niños pequeños. Ambos se detuvieron un momento para recuperar energía y hallar el mejor escondite.
-¿Cómo dejé que me convencieras de esto?- reclamó el niño que intentaba recuperar el aliento.
-No es momento para eso, debemos escondernos pronto…- la chica se retiró la gorra para abanicarse un poco mientras miraba atrás para asegurarse de que habían dejado al policía muy atrás.
-¡Vuelvan aquí rufianes!- exclamó su uniformado perseguidor al fondo del callejón.
-¡Andando!- Clara tomó bruscamente la manga de su compañero y lo jaló con ella por varias calles. Estaba demasiado agotada, quizá más que él porque ella tuvo que subirse a una barda, bajar despacio para no caer sobre vidrios rotos y escarbar un hoyo por debajo de la misma para que su amigo y compañero de travesuras pudiera cruzar. Al menos eso les sirvió para escapar más rápido cuando comenzó la persecución.
El policía los siguió con la mirada todo el tiempo, pero los niños eran demasiado ágiles. No pudo abrirse paso entre los transeúntes. Cuando los niños pasaron junto a algunos puestos callejeros les perdió la pista por completo.
En realidad no fue tan difícil burlarlo. Phill se había puesto un gorro verde dando la espalda detrás de un carro de madera con sandías, y Clara se había escondido detrás de él. Fue bastante conveniente que el puesto de sombreros y gorros, estuviera justo al lado del de sandías.
-Estuvo cerca- suspiró aliviado mientras se retiraba el gorro dejando ver sus alborotados cabellos castaños.
-Yo sabía que esa gran cabeza tuya nos salvaría algún día- se burló la chica conteniendo la risa por la ironía del momento.
-Mi "gran cabeza" no nos hubiera tenido que salvar si tú no nos hubieras metido en problemas- le recordó cruzándose de brazos con indignación.
-¡Oh vamos! Cualquiera se equivoca- se justificó la chica sin darle demasiada importancia a la agotadora carrera que tuvieron que hacer. Tampoco reparó en la mirada acusadora de Phill.
-Una cosa es equivocarse y otra es hacer que casi nos arresten.
-Bien. Bien. Tal vez no fue una buena idea. Quizá debamos buscar otro sitio.
-Quién diría que buscar un lugar para formar un club secreto sería tan complicado- dijo Phill un poco más relajado.
-No podemos darnos por vencidos cabezón, ya verás que encontraremos algo y será grandioso. Sólo que la próxima vez será mejor no buscar en un lugar que tenga un letrero de "Desechos tóxicos" en la entrada.
-¿Tú crees?- respondió de manera sarcástica. Era cierto que le encantaba pasar tiempo con Clara, incluso si eran perseguidos por un policía que parecía haber estado en la academia militar por su excelente salud física. Pero también era frustrante pensar que la supuesta líder de su club (un club de dos personas) fuera tan irresponsable. Aunque, si era justo, más irresponsable era él por seguirla a donde fuera y apoyar sus locuras.
Clara, por otro lado, amaba meterse en problemas. Lo que menos le preocupaba era si involucraba o no a su compañero. Era culpa de él por no saber negarse a sus peligrosas y divertidas peticiones. También era su culpa por hacer que se enamorara de él... bueno, quizá eso último no. Pero así eran las cosas y era genial poder pasar tiempo juntos. Además, en lugar de que le doliesen las típicas frases sarcásticas del niño, le hacían reír como una simple y satisfactoria broma. Así que soltó una fuerte carcajada cuando Phill en realidad quería reclamar y volteó a verlo burlándose de sus intenciones fallidas.
-No te harás el ofendido ahora ¿O sí cabeza de sandía?
-Calla- masculló entrecerrando su mirada y deteniéndose en la calle esperando a que el semáforo cambiara. Su compañera rió nuevamente.
-Todavía tenemos unas horas para ir al otro lugar que encontré, si nos damos prisa terminaremos a tiempo para que vuelvas a tu casa y tus papitos no te regañen.
-Lo siento, pero tengo que regresar ahora. Le prometí a Tami que me conectaría al llegar allá.
-Oh ¿Hablas de tu amiga imaginaria?
-¡Clara!- reclamó mientras retomaban volvían a caminar- Tami no es imaginaria.
-¿Y cómo explicas que nadie más que tú la ha visto?
- No me gusta hablar con ella cuando mi familia está en casa, en seguida me empiezan a molestar y no quiero que Tami piense que soy extraño…
-Mala suerte cabezón, creo que tú solo te delatas.
-Oye…
-¿Y dónde dices que vive?
-Japón.
-¡Ja! ¡Ahí lo tienes! ¿Acaso vas a hablar con ella cuando allá son como las 4 de la mañana?
-Está de vacaciones en América ¿Sabes que posiblemente venga a Hilwood? No me dijo por cuánto tiempo se va a quedar, pero la voy a ver nuevamente en persona, y todos sabrán que no estoy loco.
-Sí lo estás- confirmó Clara sonriendo de costado.
-Pero no tanto como todos creen.
-Bueno cabezón, eso suena interesantísimo- dijo con sarcasmo- pero ya debo irme- el autobús que Clara debía tomar se detuvo en la parada y la niña lo abordó girando para despedirse con una sonrisa burlona- suerte con tu amiga imaginaria.
-¡Que no es imaginaria!- exclamó el chico a la vez que las puertas del autobús se cerraban y las risas de su amiga se escuchaban desde dentro.
En el vehículo, la niña de mechones púrpura tomó asiento sujetándose el vientre e intentando acallar su risa.
-Oh cabezón, vaya inocente que eres- habló para sí misma recargando su cabeza en la ventana –Ojalá sea imaginaria- susurró haciendo que su mirada bajara hasta sus manos- Por favor, que él esté loco y que sea imaginaria, prefiero eso, en serio- Así es, ¿Qué pasaría si esa chica fuera real? Ya tenía que lidiar con el hecho de que su relación con el chico apenas avanzaba día tras día. Porque Phill no se daba cuenta de lo que ella sentía por él, porque eso le hacía perder la confianza en decírselo, eso y… otras cosas.
No le parecía justo, no era posible que una chica que estaba a miles de kilómetros lo tuviera más hipnotizado de lo que ella podía lograrlo estando ahí, cerca de él, siendo su fiel compañera. Y aunque pensara en ello, también debía ser justa en decir que Phill conocía a esa chica mucho antes que a ella.
Un año atrás, realizaron un programa de intercambio en la 118. Por azares del destino, el guía que le correspondió a la sofisticada y linda visitante de Asia había sido nada menos que su mejor amigo.
Desde entonces ellos se comunicaban por chat. Phill había aprendido un poco de japonés charlando con su amiga extranjera, pero era Tami quien más utilizaba otro idioma para comunicarse. Corín fue parte del grupo de alumnos que viajó a otro país, a Inglaterra. Sus padres sólo accedieron poniendo como condicionamiento que Arnold sería chaperón en ese viaje. Dadas las circunstancias, ni Corín ni el resto de los hermanos de Phill conocieron a Tami, por lo que al momento de su partida nadie creyó que había hecho una amiga, mucho menos con la personalidad tan reservada y arisca que tenía en tercer año. A él le pareció mejor así puesto que no quería que su familia lo dejara en ridículo. Tami había tenido una muy buena impresión de él y pretendía que se quedara así.
Clara había seguido con el juego de "la amiga imaginaria" porque en verdad no quería aceptar que tenía competencia en otro sitio. Incluso si la chica fuera real, estaba demasiado lejos. Con el tiempo Phill la olvidaría, dejaría de pensar en ella como una persona a quien amar. Sólo se convertiría en un antiguo y olvidado amor platónico dando paso a algo más real, alguien más cercano. Quizá su siempre leal y divertida mejor amiga.
Quizá…
La idea daba cosquilleos en el estómago de Clara sólo de pensarla. Ya había llegado a su casa y estaba saliendo de la ducha. Una placentera sonrisa se dibujaba en su rostro mientras se secaba descuidadamente el cabello.
Sentada sobre su cama suspiraba con la idea de que llegaría ese día. Sacó una libreta con hojas en blanco y comenzó a dibujar la silueta de Phill.
El sonido del teléfono al lado de su cama la despertó de sus románticos sueños, lo tomó y se recostó para hablar más cómodamente.
-¿Sí?
-Hola Clara.
-Oh, cabezón…- dijo mientras sonreía, y aunque no pudiera verlo le lanzó una satírica mirada- ¿Ya te dejó tu amiga imaginaria?
-No es imaginaria- respondió con altivez, dejando que sus pulmones se llenaran con puro orgullo en esa frase.
-Pareces estar muy seguro, ¿Acaso ya descubrieron cómo materializar los entes imaginarios con un aparato del futuro?
-Ja. No necesito ningún aparato futurístico para estar verdaderamente seguro. No te imaginas cuánto.
-No, porque eres tú el experto en eso de "imaginar"- escuchó a Phill soltar un gruñido-Bien-dijo la chica cambiando el tema- mañana iremos al centro, encontré un lugar a un costado de ese restaurante que sirve comida extraña.
-¿El restaurante italiano? Ahí siempre huele a queso.
-Es mejor que los desechos radiactivos ¿No?
-De acuerdo, te veo allá a las cinco. Mañana me quedaré después de la escuela a ayudar al profesor Stein.
-Hasta mañana entonces- Clara colgó el teléfono y con un par de trazos más terminó el retrato que estaba haciendo. Era un dibujo de Phill sonriendo de costado, con una mirada somnolienta y la espalda encorvada como era su costumbre.-Oh… Phill…- suspiró recargándose sobre su mano. Se recostó boca arriba sujetando el retrato de grafito por sobre ella – Me gustas…- susurró al aire- Me gustas mucho- y sabía que no podía escucharla, ¿Qué más daba? Ella podía soñar ahora, ella podía decir eso ahora. Estaba protegida por cuatro paredes y algunos kilómetros de distancia. Soñadora y envuelta en esa suave y acolchonada bata color rosa pastel, en ese momento hasta ese odioso color daba lo mismo. Si las cosas salían como ella lo había planeado, ya pronto se lo diría ella misma, ya pronto…
Unos fuertes y ansiosos golpes en su puerta la hicieron reaccionar, soltando el retrato sobre su rostro y manchándose con el obscuro grafito.
-¿Clarita? ¡Oye! ¡Voy a salir con unas amigas a un restaurante francés! ¿Te traigo una hamburguesa o algo?
-No mamá- respondió exasperada quitándose la libreta de encima.
-Dile a Eleonor que te prepare algo, y ya que estás en eso dile que no tengo dinero para pagarle éste mes. Tal vez tendré algo la próxima semana. Bueno, adiós cariño.
Oh… tenía justo que usar la palabra "cariño" ¿Cómo era posible que una mujer mayor fuera tan cínica?
Ahora entendía por qué su egoísta madre de pronto la había ido a buscar y le ofreció algo medio decente de cenar. A menos que quisiera algo a cambio, como enfrentarse a la ira de su empleada, jamás recordaría su existencia.
Clara estaba convencida de que si ella muriera, su madre no lo notaría hasta que tuviera que pasar algún recado o que alguien le trajera un mandado.
Irritada, la niña se levantó para verse al espejo. Su cara estaba manchada por el grafito. Parecía que había revolcado su cara en las cenizas. Ni hablar del retrato, se arruinó.
-Genial, necesito otra ducha- masculló entrando nuevamente a su baño. Al menos tenía baño propio.
No iba a decirle a Eleonor sobre su paga retrasada, tampoco le pediría que le hiciera de cenar. Prefería esperar hasta el día siguiente y comer algo en la cafetería de la escuela.
Las únicas veces que se comía bien en su casa era cuando su padre iba de visita, eso sólo sucedía los fines de semana. El resto del tiempo su madre se iba a comer con sus amigas a restaurantes caros y exóticos. La empleada aborrecía a Clara, y como su madre jamás le prestaba atención, Eleonor no tenía ninguna obligación de servirle algo decente de comer.
Una vez encontró uñas en su sopa, uñas de los pies, quién sabe de cuales pies. En otra ocasión, Clara se quejó de que su pasta estaba demasiado dura, pensaba que con la presencia de su padre, tal vez alguien la escucharía. Nadie dijo nada, pero Eleonor lo resintió y durante la semana volvió a servir pasta. El último día que Clara probó la repugnante comida, podría jurar que lo que estaba en su boca era una lombriz recién sacada de alguna maceta.
De cualquier forma, no cenaría nada que esa mujer le sirviera. Sería genial poder ver su cara cuando le dijera que no pensaban pagarle pronto. Sería genial verla empacar sus maletas al día siguiente y no tener que ver su cara nunca más. Pero no sería nada genial cuando su padre llegase ese fin de semana y no tuviera nada en su plato. Seguramente se desquitaría con su madre, lo cual no le importaba demasiado. Pero su madre, con la cola entre las patas, le echaría la culpa a ella. Y sería castigada porque su madre no era capaz de ahorrar una mísera parte del dinero que el hombre le daba.
No decir nada era mejor, Eleonor ni se daría cuenta. Prácticamente vivía en su casa, hasta tenía una habitación en la parte de abajo a un lado de la cocina. Lavaba su ropa, cocinaba lo que se le antojaba. Se sentaba todos los días a mirar la televisión y atragantarse con palomitas.
De hecho Clara escuchó que el horno de microondas comenzó a funcionar en cuanto su madre salió de la casa. "Su madre".
"¿Quién querría estar aquí?" Pensó la niña secando su rostro recién lavado
"¿Quién querría estar con toda ésta gente?"
Por eso era mejor estar afuera. Por eso era mejor buscar un club secreto, allá afuera. Afuera estaba el mundo, afuera estaba la diversión, afuera estaba Phill…
Cualquier cosa era mejor que estar ahí. Con esto en mente salió por su ventana para dar una vuelta por la ciudad nocturna, columpiándose sobre los techos de los grandes edificios, mirando las luces de una ciudad que cada vez crecía más. Deseando que la distancia entre ella y lo que pretendía ser su felicidad fuera más corta con el tiempo.
Al día siguiente, Clara llegó con gran entusiasmo a la escuela. Era extraño verla con un estado de ánimo que no consistiera en una total indiferencia o que no estuviera cargado con el instinto asesino tan acostumbrado en la chica. ¿Por qué? Porque cada vez se sentía más cerca de conseguir lo que siempre había soñado desde que conoció a quien ahora era su mejor amigo. La vida, que hasta ahora se había burlado de ella y le había dado inesperados y dolorosos giros, finalmente parecía sonreírle.
Demasiado, demasiado bueno para ser verdad.
Y eso lo supo al instante después de entrar a su salón, cuando vio a todos los niños de pie, rodeando a una desconocida y seguramente presuntuosa persona que estaba hablándoles sobre algo. Incluso había algunas chicas e pie.
Clara caminó hasta su asiento y sin dejar de ver a la multitud se dirigió a Corín.
-¿Qué rayos está pasando?
-Chica nueva, extranjera.- confirmó fastidiada viendo como todos los chicos (incluyendo Steve) estaban admirando a la exótica chica- Así han estado desde que llegó.
Clara rodó los ojos imaginándose a la clase de persona que estaría oculta bajo esa manada de niños. Pero su atención se dirigió al asiento vacío a sus espaldas.
-¿Y Phill?- cuestionó, preocupada de que estuviera acompañando a sus compañeros en la "adoración".
-Se quedó en casa, no se sentía muy bien del estómago. El doctor dijo que inhaló sustancias peligrosas. Que ese tipo de toxinas sólo las había visto en pacientes que trabajaban cerca de deshechos ¿No tendrá que ver con su aventura de ayer o sí?
-Que va. Yo estoy en perfecto estado- aunque dijera eso no pudo evitar sentirse culpable por dentro.
-Es un debilucho. De cualquier forma, me pidió que te dijera que irá al lugar que acordaron ayer.
-¿Qué no se siente muy mal?
-Sí, pero iría a cualquier lugar que tú le pidieras- la miró burlona- a éste paso podrás pedirle matrimonio sin temor de que te rechace.
-No sé de qué hablas- masculló escondiendo su rostro detrás de un libro de texto. "Ojalá" pensó sintiendo cómo se formaba una sonrisa en su rostro. Realmente lo estaba logrando, y se daba el lujo de sentirse orgullosa de sí misma.
La maestra Simmons entró al salón haciendo que poco a poco los alumnos comenzaran a dispersarse.
-Muy bien niños- anunció señalando a la chica nueva- ella será su nueva compañera, su nombre… es… Perdón linda ¿Cómo dijiste que te llamabas?
La niña nueva dio un paso al frente. Con gran entusiasmo y una enorme sonrisa casi exclamó su nombre con una elegante y encantadora voz.
-Mucho gusto a todos, soy Tami Kamisawa, vengo de Japón.
Clara casi se ahoga con su propia saliva cuando escuchó ese nombre. Levantó la vista para observar con detalle a quien ella aseguraba sólo era una fantasía de su mejor amigo.
Tami era igual a una muñeca de porcelana fina. Su piel era blanca, pero no tan pálida como la de Clara. Tenía sus ojos rasgados, color avellana, lo que la hacía lucir más madura y elegante. Una nariz pequeña y redonda. Su cuerpo era delgado, seguramente tenía su misma estatura. Sus cabellos color café claro estaban perfectamente bien recortados alrededor de su cabeza, adornada con un moño color celeste. Vestía con una gabardina a su medida del mismo color que el moño, usaba pantalones de mezclilla ajustados y unas pequeñas botas vaqueras que le daban un toque aventurero sin desentonar del resto de su atuendo.
Tami no era una niña. Era una sofisticada dama-guerrera-oriental-alienígena que seguramente no tenía mejores intenciones que las de una araña acercándose lentamente a un indefenso insecto.
-¿Tami?- se cuestionó Corín rascándose el mentón- ¿Dónde he escuchado ese nombre?
No era posible, no podía ser la misma Tami de la que Phill hablaba. Aunque tuviera el mismo apellido y el mismo origen, eso era imposible, no podía ser cierto…
Vio a la niña caminar hasta su asiento en el centro del salón. Sus compañeros no podían quitarle los ojos de encima; ni siquiera Clara, quien no había parpadeado desde que la nueva se presentó. Observaba cada uno de sus movimientos como si estuviera analizando a su peor enemigo.
A la hora del almuerzo, Clara seguía tan concentrada como antes, mientras que Corín no podía salir de su duda.
-En serio, sé que he escuchado ese nombre antes, ¿Pero dónde?- Clara giró lentamente la mirada hacia su amiga. Dudaba si debía contarle sobre lo que ese nombre significaba para su hermano, puesto que después tendría que explicarle por qué estaba pensando en las diez mejores maneras de desaparecer a alguien sin dejar rastros. Tendría que hablar de sus celos y de por qué los sentía en primer lugar, y eso jamás estaría dentro de sus planes. Ya era suficiente con las ocasionales burlas de Bee, que era la única que sabía al respecto de su enamoramiento. Apreciaba a Corín, pero también sabía lo mala que era guardando secretos. Contarle algo como eso debía manejarse con mucho, mucho cuidado.
-¡Por qué no puedo recordarlo!- exclamó la rubia golpeando su cabeza contra la mesa.
Clara estaba por darle un ligero consuelo a su amiga cuando sintió la presencia de alguien acercándose decididamente.
-Hola- saludó amablemente la recién llegada- soy Tami Kamisawa, es un placer- se presentó extendiendo su mano hacia la chica con mechones púrpura.
-Sabemos quién eres- respondió de manera despectiva sin corresponder a la cortesía.- La pregunta es ¿Qué haces aquí y qué es lo quieres?
-Tú debes ser Clara- apuntó sin dejar de sonreír. –Y tú debes ser…- dijo viendo de manera dudosa a la rubia- ¿Curie?
-Corín- corrigió la chica con obvia molestia a causa de la equivocación.
-¡Oh claro! Corín, disculpa- respondió apenada.
-No has respondido galletita de jengibre- masculló Clara poniéndose de pie- ¿Qué quieres?
-Nada en realidad, sólo quería acercarme a conocerlas y a preguntarles si saben algo de…
-Escucha- interrumpió fulminándola con la mirada- nosotras somos del tipo de personas que la gente prefiere evitar…
-Yo no.- señaló Corín, siendo que era capitana de varios equipos deportivos y debía conservar su buena imagen a pesar de su comportamiento. Sin embargo Clara pasó totalmente de su comentario y prosiguió.
-En segundo lugar: No somos guías de turistas para principiantes. Si la madame desea conocer la escuela y sus alrededores entonces debe pedirle ayuda a alguno de los renacuajos que forman su séquito, no a los dragones que desean que la gente como ella sea devorada o quemada en una hoguera frente a todo el pueblo ¿¡Entendido!?
Más que haber entendido algo, Tami sentía temblar sus piernas. Con la amenazante chica prácticamente sobre ella, destruyéndola con su mirada.
-Disculpa la molestia- se disculpó separándose lentamente para regresar a su lugar con el resto de sus compañeros.
Clara hizo lo mismo, pero con el enfado en su rostro que no trataba de ocultar.
-Pudiste haber sido más amable.- le regañó Corín que había presenciado el escándalo que su amiga protagonizó.
-No entiendes nada- se quejó Clara poniéndose de pie y llevándose su charola con comida. La rubia sólo se encogió de hombros y regresó su atención a la comida.
Más tarde las clases terminaron y todos los alumnos comenzaron a retirarse. Una de las primeras personas en salir fue Clara, quien no podía esperar para tomar un autobús e ir al lugar donde ella y Phill acordaron verse.
Por lo general el chico era muy puntual en sus encuentros. A diferencia de ella que normalmente llegaba tarde. Pero ésta vez tenía tiempo de sobra por la hora que era. Aún así no quiso esperar a que transcurriera el tiempo y corrió directo a la parada.
Tami la vio alejarse desde la entrada de la escuela. Por unos instantes dudó en seguirla para preguntarle lo que había querido desde su encuentro en la cafetería, pero prefirió no hacerlo por precaución y porque su propio instinto de supervivencia así se lo indicaba.
Ingresó nuevamente a las instalaciones buscando a la otra chica que estaba almorzando con ella.
Corín estaba en su casillero guardando algunos libros para poder irse, pero Tami la interceptó antes de que pudiera hacer cualquier otra cosa.
-¡Hola!- se acercó rápidamente- soy la chica de hace un rato, la de la cafetería.
-Ah, hola- respondió la chica sin mucho ánimo. Tampoco se sentía apenada por la actitud de Clara, pensaba que sus buenas, aunque inexplicables razones, tendría para actuar como lo hizo.
-Disculpa ¿De casualidad sabes si Phill Shortman estudia en ésta escuela?
-Por desgracia- murmuró rodando los ojos.
-¡Excelente!- pegó unos cuantos brincos de felicidad- ¿Y sabes dónde está?
-Espera, espera. ¿Conoces a Phill? ¿De dónde?
-Escucha, te prometo que te contaré todo en la primera oportunidad que tenga. Pero por favor, por favor, necesito que me digas dónde está.
-Bueno- dijo meditabunda- Clara y él se reunirían en un lugar… algo de comida italiana…creo que "Amore e forma… formaleu, formaggio",.. algo así.
-¡Gracias! ¡Gracias!- exclamó sin dar oportunidad a que dijera nada más- ¡Nos vemos Corti!- se despidió mientras desaparecía por el pasillo.
-¡Es Corín! ¡Y no me has dicho para qué…- se resignó al darse cuenta de que ya no podía escucharla- ¡Bah! Olvídalo.- tomó su mochila y cerró su casillero dejando a un lado todo ese asunto.
Por su parte, Clara había llegado hasta el lugar acordado. No quedaba tan lejos de su escuela.
Estaba segura que tendría algo de tiempo para revisar el terreno y comprobar que era libre de policías o de cualquier cosa que pudiera arruinar el momento de la aventura, de esa forma podría darle una grata sorpresa a su compañero siendo que él siempre le pedía que tomara las cosas con más responsabilidad. Sin embargo la sorpresa se la llevó ella al virar en la esquina del restaurante y encontrarse cara a cara con el chico.
-¡Cabezón!- exclamó con sorpresa- ¿Qué haces aquí?
-Quedamos de vernos aquí ¿Cierto? No creí que sería mala idea llegar un poco antes- le respondió con una sonrisa, pero por su mirada parecía estar dolido.
-¿Estás bien? Te ves muy paliducho.
-Estoy bien- respondió separándose de la pared en la que estaba recargado- Sólo es un poco de cansancio, me costó dormir anoche. Pero fui al doctor ésta mañana, me pusieron un par de inyecciones y ya me siento mejor.
Clara no sabía si estar preocupada por el estado en el que lucía su amigo o si debía estar contenta de saber que eso no había evitado que estuviera ahí. Además de que llegó mucho antes de lo acordado, casi como si quisiera verla tanto como ella a él.
-Si tú lo dices- sonrió abrazándolo por los hombros- ¿Entramos?- lo invitó señalando una habitación vacía sobre el restaurante.
Los niños subieron por las escaleras de incendios que se encontraba en la parte de atrás. El olor a basura, sobre todo a queso podrido, llenaba hasta el último rincón del lugar.
Phill comenzó a sentir el estómago revolvérsele con un gran dolor, pero decidió no decir nada. Ciertamente, la altura no hacía fácil que mantuviera el control de sus entrañas.
-Llegamos- anunció Clara moviendo una cuántas tablas que estaban clavadas en las ventanas y ayudó a su amigo para que ambos entrasen al lugar.- Iban a ser varios locales- explicó mientras inspeccionaba el lugar. Era una amplia e iluminada habitación, lucía polvorienta, con telarañas trozos de madera en todas partes- Al final sólo se terminaron ocupando los dos de abajo y ahora tenemos todo esto sólo para nosotros.
Clara lucía fascinada con su descubrimiento. Entre más lo veía más se convencía de que el lugar era perfecto. A excepción del potente olor a queso que penetraba por las paredes.
-Si vamos a quedarnos deberíamos traer aromatizantes ¿No crees?- dijo Phill cubriéndose la nariz y la boca con su sudadera.
-Yo digo que no requiere demasiado…- se giró sin poder contener la emoción, pero se dio cuenta de que el color de piel de Phill había pasado de ser completamente pálido a tener un tono verdoso- ¿Phill? ¿Estás…
-¡Voy a vomitar!- apenas había terminado de pronunciar esas palabras y corrió hacia atrás de unas maderas largas recargadas en la pared.
-¡Phill!- Clara quiso ir a ayudarlo pero se quedó en su sitio, escuchando los sonidos que emitía el chico al expulsar lo poco que tenía en el estómago.
Después de un rato ambos bajaron despacio. Phill estaba muy mareado por la cantidad de líquidos que perdió, por lo que Clara lo llevaba arrastrando lo mejor que podía. Planeaba llevarlo al autobús y después dejarlo en la puerta de su casa. Estaba aterrada de que no encontrase a nadie que pudiera recibirlo y ella tuviese que entrar. O peor aún, que sus padres fueran los únicos en su casa y que ella tuviese que explicarles por qué llevaba a rastras a su hijo y por qué se había enfermado en primer lugar; si no es que ellos ya lo sabían. Porque según las palabras de Phill y de Corín, sus padres eran como unos psíquicos que podían leer la mente y saber todo lo que ocurría a su alrededor con sólo mirarlos a los ojos. Ni Medusa tenía un poder tan penetrante y aterrador.
¿Ahora qué? ¿Qué se supone que debía hacer?
No podía conocer a quienes eras sus potenciales futuros suegros de ese modo tan grotesco, pero tampoco podía dejarlo en la entrada de su casa como un paquete de correo y esperar a que alguien llegara pronto para llevarlo al médico. Y definitivamente ella no podía llevarlo por su cuenta, ¿Con qué dinero lo pagaría?
Simplemente continuó arrastrando a Phill hasta la parada del autobús. La mejor opción era entregarlo personalmente a quien estuviera ahí y explicarle toda la situación. Lo peor que podría pasar es que ella fuera vetada de la casa del chico y seguramente él y su familia se mudarían a un sitio tan lejano que ni de su nombre podrían acordarse. Sí, la presión no era lo suyo, solía a dramatizar demasiado, cosa que en serio detestaba.
Cuando estaban a punto de llegar a la parada, se escuchó la voz de una niña a sus espaldas.
-¡Phill!- el aludido apenas levantó la vista tratando de reconocer a la persona que lo llamaba. La delgada y estilizada figura no tardó en hacerse presente corriendo hacia el par de niños.
-¿Ta-Tami?
Phill parpadeó varias veces intentando asimilar que lo que tenía en frente no se trataba de alguna alucinación. Clara también había frenado por completo. El temor, la preocupación y la ansiedad la habían dominado por dentro.
Tami se acercó hasta sujetar a Phill por un costado, al ver el estado del niño levantó una intimidante mirada hacia su acompañante.
-¿Qué le hiciste?- la lógica le sugería que Clara era la culpable del mal estado del niño. Por cómo la había recibido hacía unas horas en la cafetería era obvio que no se podía confiar en ella.
-¿¡Yo!?- exclamó indignada.
-Sí, tú. Hace un rato dijiste que le haces daño a todo aquel que se mete en tu camino, pero Phill es buen chico ¿Qué te hizo para que lo dejaras así?
-Yo no… no me refería a…- Clara negó fuertemente con la cabeza. Ella jamás sería capaz de hacerle daño a su mejor amigo. Llevó todo el coraje que sentía hasta sus puños, pero antes de hacer cualquier otra cosa, Phill tosió y se dejo caer. De no ser porque Tami lo sujetaba hubiera llegado hasta el suelo. No era momento de discutir sobre el tema, tenía que resignarse al menos en ese momento.
-Lo llevaré al médico- anunció Tami antes de que Clara pudiera pedírselo por su cuenta.
La niña de mechones púrpura observó cómo la niña nueva, la misma que ella juraba era sólo una mala fantasía, se llevaba a su mejor amigo a rastras por la calle.
Por más que quisiera ayudar o hacer algo al respecto, sólo pudo quedarse de pie como una estatua. Si había algo que detestaba más que perder contra alguien más "débil", era sentirse completamente inútil e innecesaria.
Para empeorar las cosas, al día siguiente Phill no asistió al colegio, ni los siguientes dos días.
En su teléfono no había ni una sola llamada, en su correo ni un solo mensaje. "¿Para qué hablarme si tiene a su doctorcita personal?" pensaba cada que cerraba su teléfono, decepcionada de que todo estuviera en blanco.
Tami seguía yendo a la escuela, pero apenas se dirigían la mirada. De no ser porque su mejor amiga le contaba cómo iba todo, Clara no sabría ni siquiera que la chica nueva había ido a diario a su casa para saber cómo estaba la salud de Phill.
Corín tenía que resignarse a ver a su amiga caminar como fantasma en pena por los pasillos de la escuela, tenía que levantarle el ánimo pronto o la gente comenzaría a fastidiarla.
Por cómo estaban las cosas lo peor que podría sucederle sería tener una cita diaria a la sala de detención por golpear a algún "valiente" que se atreviera a decirle algo en ese lamentable estado.
El cuarto día ambas se había reunido como de costumbre en la cafetería, sólo que Clara no levantaba la vista y alzaba la nariz con altivez como queriendo encontrar alguna presa inocente para cazar. Más bien parecía querer desaparecer detrás de sus brazos, hundida en su silla y jugando con la comida, sin poder llevarse nada a la boca.
-¿Y qué piensan tus papás de ella?- preguntó clavando su cuchara en una sustancia espesa y grisácea que aparentaba ser pudín.
-Qué más da- respondió aturdida y molesta por todo ese asunto.
-Deben adorarla ¿No? Es "la heroína que salvó a su hijo".
-Tampoco es para tanto. Sólo lo llevó al doctor y compró un par de pastillas para que se sintiera mejor. Él mismo podría hacer eso si no fuera tan vulnerable. Es más, hasta creo que lo hizo a propósito para que ella lo llevara cargando, igual que una dama en apuros…
-No has respondido mi pregunta.
-Papá, bueno, ya sabes, él estaba embobado con Tami- pensó un momento y trató de corregir- digo, como todos…- Corín intentaba sonar comprensiva, pero la sutileza y delicadeza jamás habían sido su fuerte, mucho menos para hablar- ¡No es importante!, a papá le agrada la gente así ¿entiendes? Porque él es así, él es…amable.
-¿Y tu mamá?
-Mi mamá nunca ha sido de las que les importe mucho esas cosas. Ella sólo mira a Tami y le agradece que vaya a ver cómo está Phill. Realmente no creo que le agrade, de hecho dudo que a mi mamá realmente le "agrade" alguna de nuestras amistades. Es complicado de explicar. Pero ya te dije, no es algo de lo que deberías preocuparte.
-Si tú lo dices.
-¿No vas a acabarte eso?
-No. – incluso con todo las palabras de su amiga, Clara seguía sintiéndose caer en un hoyo sin fondo. Se levantó de la mesa para dejar su charola y retirarse de la cafetería.
Realmente se había quedado sin ánimos de hacer nada. Además no quería tener otra discusión con Corín, a quien por poco ejecuta cuando le confesó que había sido ella quien le advirtió a Tami dónde se encontraban ella y Phill.
La pobre rubia tuvo que disculparse como cien veces para que Clara le volviera a dirigir la palabra, y eso sólo porque sabía lo difícil que debía ser para la niña asumir culpa de algo.
De cualquier manera, después de analizar la situación se percató de que fue lo mejor que le pudo suceder en ese momento. Si Tami no hubiera aparecido, quién sabe lo que hubiera pasado con ella y su reputación dentro de la familia del niño moribundo con quien cargaba.
Todo había sido para bien, aunque ahora se encontrara sola y sin tener noticias de Phill que no fueran las que Corín se encargaba de contarle.
-¿Y a dónde irás después de clases?- preguntó Corín guardando los últimos libros en su mochila.
-Iré al parque que está cerca de mi casa.- avisó sin dar más explicaciones.
Era un lugar bastante alejado, por eso le pareció la mejor opción para relajarse y meditar un rato. Todavía debía pensar en qué hacer cuando su amigo volviera. ¿Qué cara pondría? ¿Qué le diría? Comenzaba a creer que él la odiaba por obligarlo a ir a un sitio con olor a podredumbre cuando él estaba enfermo. Seguro que él ahora veía a Tami como una súper heroína que le había salvado la vida. En fin, ya podría angustiarse por eso en su tiempo. Ahora sólo debía preocuparse de encontrar un lugar lo bastante alejado y privado de gente en el parque. Sorprendentemente halló uno. Estaba sobre una pequeña colina, seguro nadie pasaba por ahí porque había mucha maleza, pero era un sitio tranquilo y acogedor. Al acercarse más encontró una banca cubierta con hierbas, e incluso un árbol frondoso que daba suficiente sombra.
Había llegado a los límites del parque. Estaba lo suficientemente alto como para apreciar la ciudad desde ahí.
El atardecer, la ciudad, y el refrescante aire eran justo lo que necesitaba para descansar un poco, y asumir de una vez por todas que todos sus planes ya no darían resultado sin importar cuánto luchase porque así fuera.
Estaba meditando sobre ello cuando una presencia a sus espaldas le hizo levantar la vista.
-Hola- le sonrió algo indeciso.
-¿Cómo me encontraste cabezón?- recriminó Clara poniéndose automáticamente a la defensiva.
-Corín.
-Oh, cierto.
Ambos se quedaron en silencio unos momentos.
-Ella…- prosiguió Phill sentándose a su lado- me dijo que estarías en éste parque. Yo… sólo pensé en el lugar más solitario y recluido, y te hallé aquí.
-Ya veo.
La manera tan fría e indiferente en que Clara respondía dejaba a Phill helado por dentro, pero ya se encontraba ahí, y no estaba dispuesto a rendirse tan pronto.
-¿Por qué no has ido a verme?- preguntó intentando no sonar desesperado.
-Ya sabes que yo no soy de estar visitando a la gente. Además ya me contaron que tienes a tu doctora personal, seguro ella hace mucho mejor trabajo que el que podría hacer yo cuidando moribundos enfermos.
-¿Tami? Bueno, sí, es buena, pero…yo pensaba… es que…- La tartamudez del chico sólo hacía que el ceño de Clara se frunciera más, él se rascaba la nuca intentando hallar las palabras correctas para explicar su situación -Lo siento- dijo finalmente agachando la vista con resignación.
-¿Qué?- Clara se esperaba cualquier cosa menos una disculpa, y definitivamente no se estaba disculpando por algo que tuviera que ver con su "enamoramiento secreto", era una idea maravillosa pero sin duda imposible. No, esa disculpa tenía un propósito diferente…
-Lo siento, lo eché todo a perder.- Clara se quedó callada unos momentos mirando expectante a su compañero, mientras éste alzaba la mirada avergonzado- Sé que seguramente estas furiosa conmigo porque arruiné nuestra búsqueda del club secreto. Tuve que enfermarme justo ese día, tuvimos que cancelarlo y todo fue mi culpa. Sé que debes odiarme por ser tan débil, pero por favor no estés enfadada conmigo. Éstos día te he extrañado mucho, no quiero que por un error que yo cometí se termine nuestra amistad y…
-¡Para! ¡Para ahí! ¿Estás diciendo que no me llamaste ni enviaste un mensaje porque pensabas que yo estaba molesta contigo?-él asintió- ¡Qué va! ¡Yo juraba que tú estabas enojado conmigo por ser una arpía que te obligó a ir en estado "zombie" a buscar algo que yo egoístamente deseaba!
-Clara, tú eres mi mejor amiga, yo jamás me enojaría contigo por algo así- dijo con más ánimo- De pequeño todo el tiempo me enfermaba y aún así mis hermanos me obligaban a ir de un lado a otro con ellos. Realmente no pensé que me pondría tan mal, y eres tú quien siempre está diciendo que no te gusta estar con gente que sólo te retrasa…
-Sí, pero tampoco quiero que atenten contra sus vidas.
Ambos rieron con mucho más ánimo.
-Prometo no volverlo a hacer.
-Más te vale.
Una vez más el silencio se apoderó del lugar. Ambos admiraron los pocos matices que aún pintaban el cielo. Phill se sintió cansado por lo que se recargó a un costado de su amiga, apoyando su mejilla sobre su hombro.
-Eres genial- le recordó mientras apreciaba la tranquilidad del momento.
El corazón de Clara se aceleró provocando que sus mejillas se encendieran, pero antes de salir disparada hacia el mundo de la cursilería donde todo era color de rosa y Phill era el absoluto soberano, había una duda que debía quitarse de la mente.
-Phill…
-¿Sí?
-¿Te gusta Tami?- casi al instante deseó no haber hecho esa pregunta.
-Sí.- Bien, no es como si esperara otra respuesta.
-¿Y piensas salir con ella?
-Bueno…- lo pensó un momento- No lo sé. No conozco mucho de ella. Por lo que me contó va a quedarse en Hilwood, por lo menos hasta la secundaria. Supongo que tengo hasta entonces para conocerla y, ya sabes, saber si sí me gusta o sólo es un flechazo pasajero. De cualquier manera dudo mucho que quiera salir conmigo alguna vez…
-Por favor ¿Qué pasa con esa autoestima?- se burló la chica haciendo que su amigo le regalara una sonrisa.
-¿Por qué una chica como ella querría salir con alguien como yo?
-No lo sé, tal vez deberías buscar alguien diferente.
-¿Estás diciendo que no tengo posibilidades?- cuestionó burlándose de la manera en la que Clara le daba "consuelo". De una cosa estaba seguro, jamás la contratarían como psicóloga.
-Estoy diciendo que deberías buscar a alguien a quien le gusten los artistas locos con irregulares cabezas.
Phill rió.
-¿Entonces debería buscar a alguien como tú?
Aunque esa frase le hizo temblar por dentro, Clara rápidamente tomó el control de sí misma.
-Tampoco fantasees tanto cabezón- dijo dándole un ligero golpe en el estómago- El día que consigas que alguien como yo sienta algo por ti, avísame para enviar a un psiquiatra a la pobre infeliz.
Ésta vez Phill soltó una carcajada.
-Pero pensé que te agradaba- dijo fingiendo inocencia.
-Una cosa es que me agrades y otra muy distinta es que pase por mi mente la rebuscada idea de salir contigo, besarnos y… ¡Buag!- exclamó fingiendo que se asqueaba- No gracias, así estamos perfectamente bien.
Phill se estremeció sin poder parar de reír.
-Está bien, ya entendí, ya entendí. A mí también me agrada como estamos ahora.
-Sí, justo como estamos ahora.
-¿Sabes? Me gusta éste lugar.
-A mí igual.
-Sé que no es el lugar cerca de la escuela y con techo en el que pensábamos pero…
-De algún modo es perfecto.
-Sí.
-Entonces es oficial.
-"El club secreto, no tan secreto, de Phill y Clara" está abierto.- anunció Phill concluyendo así su discurso, dando comienzo a una gran historia que se sumaría a muchas más, o por lo menos, así lo deseaban ambos.
