Hola, a todos aquí vengo con el siguiente capítulo de este fic, espero que lo disfrutéis jijiji, aunque algo me dice que sí ;)
Aviso de que intentaré actualizar todas las historias antes de fin de año.
Os dejo con él.
HH: Hola disculpa la demora pero aquí lo tienes disfrútalo, nos vemos pronto buybuy ;)
Alec: Hola, me alegro que te esté gustando, la verdad es que queda mucho por ver de esta Hermione, también de Draco y el resto de personajes, pero sobre todo de nuestros Potter´s
Espero sigas disfrutando de esta historia buybuy y hasta la próxima.
NOTA AL FINAL DEL FIC.
El pacto:
Bien, estaba de más decir que aquello no podía ser una escuela normal y corriente, pero el hecho de que hasta los profesores parecían pasar olímpicamente de lo que allí sucedía, era ya demasiado.
Lily apretaba con fuerza sus puños y era evidente para él que estaba aguantando de forma estoica las ganas de romper a llorar y él por su parte las de ir hasta Malfoy y su cuadrilla de idiotas y partirles la cara.
Miró con desinterés el hueco vacío en donde se suponía que debían encontrarse sus pupitres para asistir a su clase de química. Y decía, debían encontrarse, porque obviamente no estaban en su lugar.
El suyo había desaparecido, pero en el lugar donde debía encontrarse el de Lily había un cubo de basura, dejándole en claro la escoria que la consideraban.
Eso no sería nada como para conseguir mermar el control de su hermana, pero su última semana había sido todo un caos. Granger no le había hecho una amenaza vacía el primer día de clases y estaba cumpliendo su palabra con mucho esmero, el mismo que él pondría a la hora de hacerlos pagar.
En esa única semana, Lily había sufrido desde que el primer día había amanecido y algo le decía que había cosas que él desconocía.
—Lil tienes que aguantar.
Susurró, ella tan solo apretó más sus puños:
—He dicho que ocupen sus asientos, ¿acaso están sordos? –la voz fría y sin sentimiento de su profesor de Química, Severus Snape, resonó en la sala, lo miró molesto:
—Bien, lo haríamos si fuese posible.
Inquirió irritado, el tipo ni lo miró:
—No creo que sea una orden difícil de cumplir.
—Seguro, si nuestros pupitres se encontrasen en su lugar sería ciertamente fácil, pero sucede que no es el caso.
Snape tuvo la decencia de girarse para mirarlos, al descubrir que se trataba de ellos frunció el ceño:
—Potter tenían que ser. –caminó hasta ellos y observó con indiferencia el lugar vacío de su pupitre y el cubo que ocupaba el de Lily:
—No encuentro mayor problema a su asiento señorita Potter, lo considero muy idóneo, y por su parte señor Potter, tiene veinte puntos menos para su casa por perder su asiento.
La rabia recorrió cada fibra de su ser, e iba a responder apropiadamente a ese miserable, cuando sintió que Lily a su lado lo cogía del brazo con fuerza, miró a su hermana y la vio intentar controlarse con todo lo que podía.
Escuchó risitas a su alrededor y se juró a sí mismo que eso no se quedaría así, apretó su mano alrededor de la de su hermana y tiró de ella.
—Perfecto, a la vista de que no hay un sitio en el que Lily y yo podamos sentarnos, imagino que quedamos plenamente exentos de impartir esta asignatura.
Se dispuso a marcharse tirando de Lily:
—Si sale por esa puerta señor Potter, no sueñe con regresar a mi clase.
Se giró para enfrentar su verde mirada con la de ese maldito profesor que parecía odiarlo sin motivo aparente e inquirió:
—Estoy conforme con ello, no aguantaría ver su rostro ni un segundo más.
Varios gritos ahogados se escucharon en el aula, y sin duda eso tendría serias repercusiones, pero en esos instantes no pensaba quedarse a escuchar las mismas.
Tiró de Lily y la sacó de allí, cargando con su mochila y la bandolera de Lily se dirigió a la biblioteca, allí no solía ir mucha gente, así que esperaba que Lily pudiese estar bien, no pensaba dejarla ir sola a su sala y menos a su habitación, donde ella no podía desahogarse tranquila porque compartía habitación con Granger.
En esos instantes, lamentaba horrores haber decidido quedarse en Slytherin.
El director le había dicho una cantidad de sandeces impresionante, pero ante su actitud y sobre todo insistencia, se había terminado rindiendo y accedió a quedarse en Slytherin, el director sonrió feliz por ello.
Sirius aún no le dirigía la palabra.
Entre esa actitud infantil de él y los constantes ataques a Lily, su temperamento estaba llegando al límite de una forma alarmante.
Nunca había tenido tan poca paciencia, pero Granger había conseguido lo que nunca antes nadie había logrado, que él se fijara en ella, con el único propósito de terminarla.
En cuanto se perdieron entre las estanterías, Lily se derrumbó en sus brazos:
—Venga tranquila, podremos con esto.
—Son tan miserables, los odio Harry, los odio a todos.
Apretó su abrazo sobre sus hombros y suspiró, él también los odiaba cada día un poco más.
—No puedes permitir que te vean así Lil, si lo hacen, verán que están ganando.
—¿Cómo no lo harían?, Harry, esto es un infierno, en una sola semana han conseguido que no pueda cerrar los ojos en las noches por miedo a lo que me encontraré al día siguiente cuando despierte.
Esas palabras lo irritaron, ¿acaso no había ni una sola compañera que ayudara a Lily en Gryffindor?, tenía que existir una manera de pararlos, debía encontrar algo.
Al pensar en eso, recordó a los gemelos Weasley, ambos aseguraban que Malfoy y Granger los dejaban en paz porque tenían algunas cosas que ninguno desearía que saliera a la luz, quizás, si hablaba con ellos.
Eso sería deber algo a alguien y ciertamente no quería deberles nada a ese par, parecían buena gente, pero en fin, mejor prevenir, visto lo visto.
Estaba tan desesperado por proteger a Lily pero no era capaz de saber cómo conseguirlo.
Lily se quedó dormida en sus brazos y rezó para que la bibliotecaria no los encontrara, era evidente que Lil necesitaba descansar. Quizás podría intentar entrar en los archivos de Hogwarts y buscar algo que le fuese de provecho, con una mínima cosa de cualquiera de las integrantes del cuarto de Lily serviría.
Se llevó una de sus manos a la cabeza y se revolvió el cabello irritado, miró a Lily abrazada a él y echada en su pecho, ¿por qué esos indeseables le estaban haciendo la vida imposible a ella?
—Veo que ha tenido un grato recibimiento.
Reconoció la voz en el acto y no lo miró:
—Quiero acabar con Malfoy y Granger con mis propias manos.
—Una declaración peligrosa en un lugar donde cualquiera puede escucharte.
Miró al pelirrojo con enfado, ¿pensaba realmente que semejante idiotez le importaba? Fred se agachó y repasó unos mechones del cabello de Lily:
—Es una pena, no merece lo que Granger y sus marionetas le están haciendo. ¿Ha conseguido algo?
—No poder dormir, temer hasta abrir la cortina de su cama. ¿Qué demonios se proponen?
—Echaros, creí que lo sabías. Verás Potter, te voy a contar como funcionan las cosas aquí.
El rey y la reina son intocables, si alguien los desobedece o reta su poder, ha de ser exterminado. No pueden permitir un rebelde entre ellos.
—No me echarán de aquí, con esta actitud de ellos lo único que consiguen en que desee vengarme con más ganas.
Fred lo miró unos instantes y sonrió, se sentó frente a él y apoyó su espalda en la estantería que se encontraba tras él:
—¿Sabes?, a lo largo de los años que llevo aquí en Hogwarts, he oído a cinco personas declarar lo que tú acabas de decir. –formó una sonrisa torcida en sus labios y la ladeó: —¿Adivinas cuantos lo consiguieron?
Harry y él se miraron fijamente durante unos instantes, era evidente la respuesta a esa pregunta y cuando Fred sonrió de medio lado supo que lo había entendido:
—Exacto, ¿sabes lo mejor? Se marcharon sin ni siquiera aguantar un mes. Solo uno duró un poco más. Un mes y dos días.
Me pregunto, ¿cuánto durarás tú? Se han hecho muchas apuestas al respecto, todos creen que tardarás poco en rendirte, ¿y tú hermana?, Ella menos tiempo aún.
—Encantadores.
Sentenció enfadado, Fred agrandó su sonrisa:
—Aunque he de confesar una cosa, de todos ellos, tú, eres el único que ha conseguido que crea en ellas.
Lo miró sin comprender:
—¿De qué estás hablando?
—Estoy convencido de que tú y ella sois mucho más fuertes que todos vuestros predecesores, en solo una semana, habéis conseguido haceros con los rebeldes de la escuela, todos os adoran.
Y no solo eso, conquistasteis a los gemelos Weasley, una hazaña prodigiosa y casi imposible de lograr
—Nosotros no hemos hecho absolutamente nada.
—Eso crees. Pero ver a tu hermana día tras día, levantarse, aguantarlas y verte a ti, desafiando incluso al terrorífico profesor de Química, Severus Snape, es sin duda un buen aliciente para creer en vosotros.
Tienes a muchos con los ojos fijos en ti, en especial Granger, si le prestaras el más mínimo caso a esa fierecilla, estoy seguro de que la pequeña Lily dejaría de ser su saco de desquite.
—No comprendo lo que dices.
Fred se puso en pie e hizo como si se limpiara el polvo de los pantalones:
—No quieres entender, que es diferente. La reina quiere algo de ti, no sé qué es, pero ella no le importa en absoluto. Pídele audiencia e intenta averiguar que puede desear de ti.
Fred le palmeó el hombro y se marchó dejándolo con la mente llena de sus palabras. ¿Granger quería algo de él?
Al día siguiente supo que algo andaba mal desde el mismo instante en que Lily no apareció en el gran comedor para desayunar. La buscó con su verde mirada por toda la mesa de Gryffindor, dispuesto a preguntarle cómo había pasado la noche.
Pero ella no apareció durante toda la mañana, enfadado se fue directo a la clase de Griego, el lugar donde sabía que se encontraba Granger.
En cuanto la clase concluyó y todos comenzaron a abandonarla, se fijaron en él, y como era de esperar se detuvieron en su avance, deseosos de saber qué hacía allí.
Intentó por todos los medios ignorarlos, aunque era realmente complicado, pues cotilleaban en voz alta especulando. Cuando ella apareció lo miró desconcertada por unos instantes para seguidamente sonreír satisfecha consigo misma.
Evidentemente eso le enfadó el doble, se separó de la pared en la que estaba apoyado y sin hablarle una sola palabra la agarró de su brazo y tiró de ella. Lo que tenía que decirle era cosa de ellos y de nadie más.
—¿Qué crees que haces?
Inquirió molesta, lo único que hizo fue mirarla furioso y ella se paralizó por unos instantes para añadir:
—Si lo pides de ese modo.
Volvió a sonreír y se irritó, ¿acaso estaba jugando con él?, caminaron por los pasillos en silencio, mientras recibía miradas de todos, sin duda su grupito de idiotas no tardaría en encontrarlos y hacerle compañía.
—¿Me dirás donde me llevas?
—Vas a sacar a Lily de la torre de Gryffindor y vas a rogar porque se encuentre bien, porque si no es el caso te juro que….
—¿Más amenazas?, creí que había quedado claro que eso no te funciona.
—Me trae sin cuidado.
Llegaron a la puerta que daba a la torre de Gryffindor y la colocó ante la pantalla táctil que servía para ingresar la contraseña.
—Espabila.
—Sabes que si hago esto es porque me da la gana ¿cierto?, no tienes nada con lo que poder herirme, y me deberás un favor.
—Yo no te deberé nada de nada, abre esa maldita puerta, ¿te crees muy segura de ti misma?, puedes seguir creyéndote invencible, pero te garantizo que vas a caer y cuando lo hagas será de tal manera que jamás volverás a estar arriba.
Ella sonrió aún más, dio un paso para acercarse a él:
—Estoy deseando verlo.
Ingresó la contraseña en el panel y la puerta se abrió, se sorprendió al descubrir que estaba disimulada con un cuadro:
—Es una pantalla, fue idea de los gemelos.
Inquirió ella, seguidamente traspasó la puerta, él la siguió de cerca y frunció el ceño. Definitivamente Dumbledore se la había jugado, aquella sala era espectacular y tenía un aire acogedor, dio unos pasos sin poder dejar de ver todo el lugar notando para su asombro que era casi una réplica de la sala de su propia casa.
Sintió un escalofrío recorrerlo, sus padres amaban aquel lugar, por eso habían querido representar la sala de aquel lugar en su propio hogar. Lily debía pasarlo fatal allí dentro.
Se sintió agradecido con el profesor Dumbledore en el acto, al sentir que varias imágenes y momentos felices acudían a su mente.
—No está aquí, quizás en nuestro cuarto.
Ella caminó hacía unas escaleras y la siguió de cerca, en cuanto puso un pie en las mismas ella se giró con una sonrisa torcida:
—¿Estás seguro de que quieres subir?, está prohibido que los chicos entren en las habitaciones de las chicas, si te pillan….
Dejó la frase sin terminar y él exasperado dijo entre dientes:
—No será la primera vez que acabo castigado.
Ella lo miró por unos instantes:
—Podrían pensar cosas para nada decentes de mí.
Él formó una sonrisa torcida en sus labios, subió el escalón para quedar más cerca de ella:
—Ambos sabemos que ya las piensan, pero puedes estar tranquila Granger, todo el mundo sabe que no nos podemos ver.
—¿Eso crees?, eres demasiado inocente Potter.
No comprendió lo que quería decir, y la siguió por el lugar hasta llegar a la habitación, en cuanto abrió la puerta, se quedó congelado como un idiota. Frunció el ceño:
—¿Lily?
Su hermana se encontraba sentada en una silla delante de un escritorio, parecía absorta en su ordenador.
Se giró a mirarlo y la furia lo asaltó, sus ojos estaban rojos, sin duda de llorar, incluso tenía las marcas de lágrimas por sus mejillas.
—¿Harry?, ¿qué haces aquí?, es más ¿qué haces con esa arpía?
—Esa lengua.
Sentenció Granger, enfadado con ella la apartó de su camino y se acercó a Lily:
—¿Qué te han hecho?, dime qué y quien ha sido.
De repente Lily tembló y comenzó a llorar desconsoladamente, eso lo pilló desprevenido, era algo increíble que Lily se mostrara así incluso ante la responsable, se acercó más y la envolvió en sus brazos.
—Tranquila pequeña, venga, no puede ser para tanto.
Lily se aferró a su cintura y enterró su rostro contra él, enfadado miró hacía Granger. La vio completamente estática en la puerta y mirando a Lily sorprendida, como si no se esperara para nada la reacción de Lily, eso lo enfadó más.
De repente pareció recobrarse y soltó todas sus cosas en su cama, se giró rápidamente y cerró la puerta del cuarto. Incluso puso el pestillo para que nadie más entrase.
¿Qué demonios estaba haciendo?
—Lily tranquilízate, enserio, esta no eres tú.
—No puedo Harry, era lo único que podía hacer y ahora ya no está.
Vale, no comprendía nada.
—Lil, sino me lo explicas mejor temo que no me enteraré de nada.
Enfadada Lily se separó de él y se puso en pie:
—¿Cómo es posible que no lo entiendas?, ¿acaso no es evidente?
Ahora se enfadaba con él, la miró molesto y realmente perdido, escuchó una risilla tras de él y deseó estrangular a Granger. La miró advirtiéndole de que no le tentara y ella solo se cogió un mechón de su castaño y rizado cabello y comenzó a jugar con él.
Genial, Lily lloraba desconsolada y se molestaba con él y esa odiosa encima se divertía y jugaba con su estúpido cabello.
—Yo, bien, Lily realmente no sé qué…
Lily gruñó molesta y se limpió el rostro lo mejor que pudo con sus manos para seguidamente reprocharle:
—Definitivamente ya sé por qué ninguna de tus relaciones ha dado mucho de sí, eres un desconsiderado y encima no te fijas.
Exasperado apretó los puños:
—Mira, he venido hasta aquí exponiéndome a que me castiguen y no pienso tolerar que me trates así.
Se dispuso a largarse cuando Lily pateó el suelo molesta:
—Mi cabello Harry, mi pelo ya no está, esa arpía me lo estropeó.
Harry miró su cabello negro y se quedó congelado, era verdad, no tenía el cabello cogido como había supuesto en un principio, sino que lo tenía corto, como hacía muchísimos años no se lo había visto.
El cabello de Lily había sido un motivo de muchas peleas entre su madre y ella, Lily amaba tener el cabello corto porque decía que así se sentía más libre y se parecían aún más.
Pero su madre era de la opinión de que ella había tenido una niña y deseaba que ella fuese femenina, y delicada. Si bien no había conseguido mucho con lo de delicada, consiguió lo de femenina. Desde la muerte de sus padres, Lily no había vuelto a cortar su cabello. Llegando a tenerlo más largo que nunca antes.
Ella se había propuesto conseguir una melena como la de su madre y que así ella se sintiera orgullosa de ella, además era un recuerdo más para Lily.
Cuando comprendió el asunto suspiró:
—Lo siento tanto Lil.
—Ahora ella estará enfadada.
Negó a sus palabras:
—No Lil, ella jamás se enfadaría contigo, además, no fue tu culpa.
—Sí lo fue, debí tener más cuidado, debí…
—Nada, Lily, no te atormentes con esto, además, el pelo crece. –se acercó a ella y atrapó un mechón de sus cabellos negros: —Verás cómo en poco tiempo recuperas esa hermosa melena tuya.
—Pero estoy horrible, me lo han cortado de tal manera, por dios Harry no puedo salir así.
Ella le mostró los cortes desiguales y él suspiró:
—¿Qué tal si vamos donde Sirius y le pedimos que nos deje ir al pueblo?
—No está permitido salir de Hogwarts por semana, pero quizás yo pueda ayudar en algo.
Escuchar la voz de Granger los hizo mirarse fijamente a los ojos uno al otro, era claro el odio de Lily por ella, un reflejo del que él mismo sentía.
—No necesitamos nada de ti.
Inquirió él, Lily se giró con una sonrisa, rebuscó algo en el cajón de su escritorio, cuando lo encaró le entregó unas tijeras y un peine:
—¿Lo harás tú?
Abrió y cerró la boca sorprendido, ¿él?, ¿acaso Lily se había vuelto loca?, miró sus ojos y seguidamente las tijeras y el peine:
—Lily, si lo hago, quedará peor.
—Mentira, veías a mama hacerlo continuamente, seguro que no puede ser tan difícil.
Ella le hizo entrega de las tijeras y el peine, se sentó en la silla dándole la espalda a la espera. Tragó saliva y entró en pánico:
—En serio Lil, no quiero que me odies por esto, estoy seguro de que…
—Nada, hazlo ya.
—Muy bien, si queda mal te aguantas.
Comenzó por peinar su cabello lentamente y se percató de que el corte que le iba a tener que hacer iba a ser bastante, odió a Granger y sus amigas, ahora Lily parecería más un chico.
Se preparó para dar el primer corte, pero una mano lo detuvo:
—Si haces eso la vas a desgraciar aún más, trae para aquí.
Antes de que él o Lily pudieran protestar, Granger comenzó a cortarle el pelo a Lily y peinárselo. Se quedó a un lado observándola trabajar y se sorprendió de la rapidez con la que trabajaba.
Tardó como media hora en terminar, pero cuando le mostró a Lily el resultado ella se quedó sorprendida.
Lily se giró a mirarlo y él le sonrió:
—Estás preciosa Lil.
Lily le sonrió feliz y volvió a mirarse en el espejo, cuando lo soltó había perdido su sonrisa, miró a Granger:
—Gracias. –Lo miró a él: —Voy a darme una ducha, ahora regreso Harry.
Lily recogió algunas cosas y se fue derecha al baño para sin duda quitarse todo el pelo que tendría entre las ropas. Suspiró una vez se perdió tras la puerta y se encaminó hasta el escritorio de Lily.
Se percató de que Granger cogía una escoba y barría el lugar, la miró y cuando sus ojos y los de ella se encontraron, supo que aquello le iba a costar un precio a él.
Se sentó en la silla y se dispuso a mirar algo en el ordenador mientras Lily salía. No había hecho más que meter la contraseña cuando se encontró con una cantidad de ventanas abiertas, en cada una de ellas había un apellido.
Weasley, Malfoy, Nott, Granger, y algunos miembros más de la pandilla de idiotas. Para su sorpresa también había cuatro ventanas que lo dejaron un poco traspuesto.
Lovegood, Longbottom, Potter y la que más lo irritó y enfureció, Riddle. Abrió esa en el acto, había una serie de datos que sin duda había encontrado por internet sobre ese miserable. En esa ventana encontró un nombre que Lily había destacado, Peter Pettigriw.
Sin duda ella pensaba como él, Peter, aquel que era amigo de sus padres desde niño tenía algo que ver con lo que les había sucedido a estos. Ni él ni Lily le habían dicho a Sirius sobre sus sospechas al respecto, pues hasta que no estuviesen seguros preferían mantener aquello en secreto.
—¿Riddle?, ¿qué tenéis vosotros que ver con él?
La voz de Granger lo hizo cerrar la ventana en el acto, cuando se giró a mirarla se la encontró demasiado cerca. Tanto, que se sintió nervioso y se odio por ello, sin duda la desgraciada era hermosa.
Cuando ella lo miró y le sonrió supo que iba a pedirle algo. Lentamente hizo girar la silla de él y antes de darse cuenta ella estaba sentada a horcajadas sobre él:
—¿Qué crees que haces Granger?
Preguntó calmadamente, pese a que no era así precisamente como se encontraba:
—Veras, yo te he hecho un favor y ahora precisaré otro por tu parte.
—No te he pedido nada, lo has hecho porque te ha dado la gana.
Ella asintió dándole la razón, colocó sus brazos alrededor de su cuello y se acercó más a él:
—Es cierto, y por eso tú harás esto del mismo modo.
—Me parece que te estás equivocando.
Ella sonrió divertida y negó, llevó uno de sus dedos hasta su nariz:
—Eres tú el equivocado. Verás, Malfoy se cree que puede jugar conmigo, dice ante todos que soy su prometida y a la vez se tira a toda la que se le pone por delante. Es evidente que se piensan que pueden reírse de mí. En especial esa compañera vuestra de Slytherin, Pansy Parkinson.
Ella es muy persistente, aunque últimamente la pequeña Weasley está subiendo puestos entre las perras que él frecuenta.
—Muy interesante, pero la vida social y sexual de tu prometido no me importa en absoluto.
Ella descendió de su nariz a sus labios y dejó su dedo posado en los mismos:
—Sin duda, a mí tampoco me incumbe, puede tirarse hasta a la última zorra de Hogwarts, nunca me ha molestado, hasta que ha comenzado a hacerlo mucho más descarado. Y no puedo permitir que esas zorras se piensen que pueden burlarse de mí de semejante manera.
Además, Malfoy necesita que le deje algunas cosas en claro, y es justo ahí donde tú entras en juego.
La miró sin comprender, ella se pegó un poco más a él y se percató de que sin duda no era indiferente a ella, comenzó a sentirse nervioso:
—De todos los que he visto hasta ahora, solo tú pareces poder dar la talla para lo que preciso.
—¿Qué es?
—Quiero que busques a Pansy y a la pequeña Ginny, a ella ya le has llamado la atención, quiero que las encandiles poco a poco.
—¿Estás de broma?, no pienso buscar a ninguna de esas zorras, han de ser dos buenas arpías si están con Malfoy.
Ella lo miró unos instantes en silencio, sintió la mirada de ella sobre su rostro e incluso como se detenía a observar sus labios, cuando él miro los suyos, se encontró con que se estaba mordiendo el labio inferior.
—Sería un desperdicio, ¿cierto?, quizás podamos solucionarlo de otra manera.
No supo en qué momento pasó y mucho menos como demonios no lo vio venir, pero cuando se quiso dar cuenta, ella lo estaba besando. Sus labios sabían a frambuesa sin duda por su lápiz labial.
Sintió las manos de ella enredarse en su cabello y él se abstuvo de llevar sus manos a su cintura. ¿En qué demonios estaba pensando Granger?
Cuando ella dejó de besarlo y lo miró supo que se había enfadado:
—¿Por qué diantres no respondiste al beso?
Harry se pasó la lengua por sus labios y seguidamente llevó una de sus manos al lugar, con uno de sus dedos se quitó todo rastro de lápiz labial:
—No beso a cualquiera Granger, y mucho menos a mujeres que no me mueven ni una pizca. Te agradecería que te quitaras de encima, quiero levantarme.
Sin duda eso no se lo había esperado, parecía sorprendida y enfadada, pero no se retiró, y lamentó en el acto haberle dicho aquello porque ella inquirió:
—Perfecto, como no quieres engatusar a esas dos ilusas me vas a ayudar a mí. A partir de ahora vas a tener que estar disponible siempre que lo precise, Malfoy te odia y solo conseguiré patearlo si me consigo alguien a quien él no pueda soportar.
A partir de hoy vas a tener que fingir que te mueven algo mis besos y yo, aunque he de agradecer que sea así, no preciso de un idiota enamoradizo, sino de alguien que pueda aguantar el tipo.
A la vista de que el primer intento ha sido un fiasco, tendremos que ver si a la segunda va la vencida.
Antes de poder salir de su asombro ella ya lo estaba besando por segunda vez, todo su cuerpo quiso responder en esta ocasión, era una maldita loca.
Pero una loca que lo estaba desquiciando a él también. ¿Acababa de decirle que iba a utilizarlo para darle a Malfoy celos?
Lo mejor era decirle que se fuera a la mierda con su ofrecimiento, pero pensándolo mejor, aquello le venía bien, sobre todo para reforzar la imagen que Fred le había dicho que tenía.
¿Qué pasaría cuando todos los alumnos de Hogwarts lo vieran con la famosa fría Granger?
Algunos pensarían que había caído en sus redes, pero cuando descubriesen que seguía oponiéndose a ella pese a todo, la cosa cambiaría. Ahora debía conseguir otro punto más, que ella, ante todos, se quedara sin aliento.
Decidido a ver si era capaz de ello, llevó sus manos a la cintura de ella y la pegó a él, la instó a abrir sus labios y sus lenguas se enfrascaron en una batalla campal por ver quien tomaba el control.
Tras un buen rato ambos se perdieron en el beso, olvidándose de sus propósitos de vencer o de cualquier otra cosa. Solo recobraron sus pensamientos al escuchar el grito de Lily:
—¡HARRY!
Ambos se separaron al instante y se apoyaron uno en la frente del otro, sus ojos se encontraron en el acto, sus respiraciones era aceleradas y cuando ella sonrió sintió un escalofrío:
—Bien Potter, sin duda eso fue mucho mejor, así nadie durará de que eres mío.
Él a su vez sonrió también, con un movimiento muy lento de su mano, repasó su espalda, ella se estremeció:
—Seguro que no.
El brillo en los ojos de ella le reveló que estaba furiosa con él y se sintió tremendamente bien, ella podía decir lo que quisiera, pero el beso que acababan de compartir la había dejado con ganas de más:
—¿Quieres quitarte de encima de mi hermano?
Lily tiró de ella con fuerza separándola de él y él sonrió aún más al ver a Lily tan enfadada:
—¿Te has vuelto loco?
—No, aquí la señorita Granger me ha hecho una proposición que no podía rechazar.
—No me puedo creer que estés pensando con la po…
—OYE.
Cortó rápidamente lo que ella iba a decir y Granger la miró furiosa para declarar:
—No soy ninguna puta Potter, lo que le he ofrecido a tú hermano es que nos unamos para darle un escarmiento a Draco.
—¿Y por eso le estabas comiendo la boca?
Sonrió ante el sonrojo que apareció en el rostro de Granger, sin duda aquello iba a ser divertido.
—Yo no le estaba comiendo nada, solo quería comprobar si podía ejercer el papel que le corresponde, no se le ve muy puesto al pobre y yo necesito que Draco crea que esto es muy enserio.
Lily frunció el ceño y cruzándose de brazos inquirió:
—Pues bien, un par de esos y sin duda lo creerá, no parecíais muy dispuestos a despegaros.
Ella enrojeció aún más y no pudo evitar sonreír, dioses, eso iba a disfrutarlo:
—Como sea, si vais a hacer eso que dices, imagino que mi hermano saldrá beneficiado con esto también, ¿qué ganas tú Harry?
—Se acabó el meterse contigo, a partir de hoy ya no te harán absolutamente nada de nada.
—Pero ¿qué hay de ti?, en cuanto comencéis con esto Malfoy no se quedará de brazos cruzados y lo sabes.
Granger lo miró unos instantes y él se encogió de hombros:
—Eso será algo con lo que lidiaré cuando llegue el momento, por ahora Granger debe jurar que todo lo que tenga que ver con meterse contigo se terminó aquí, y que conseguirá que se cumpla.
Granger frunció el ceño unos instantes y seguidamente suspiró:
—Muy bien, nada de molestar a Potter nunca más, y para que esto funcione tendremos que hacer algunas cosillas, tendrás que venir conmigo a algunos eventos Potter, si vas a fingir que estamos juntos.
Harry sonrió a su vez:
—Y tú a algunos de los míos, tendrás que respetar a mis amigos, después de todo nunca estaría con nadie que no respete lo que me rodea.
—¿Lovegood?, no, de eso ni hablar.
—Entonces búscate a otro.
Granger apretó los puños:
—Está bien, de acuerdo, pero no esperes risas ni nada del estilo.
—No te estoy pidiendo más que un trato civilizado.
El silencio se hizo en el lugar hasta que Lily chasqueó la lengua e inquirió:
—Eso de Granger y Potter tiene que acabar.
Ambos intercambiaron una mirada, pero ninguno dijo nada, ¿llamarla por su nombre?, bien, tampoco era nada tan grave, pero en fin, no es algo que desease mucho.
—Ya podéis marcharos, mañana comenzaremos con esto. Tengo mucho que asimilar.
Él no dijo ni mu, la verdad es que también precisaba pensar en aquella locura y en donde se estaba metiendo.
—Harry vete yendo tú, tengo que apagar el ordenador.
Asintió y salió de allí, comenzó a bajar las escaleras y se detuvo en mitad de las mismas, se apoyó en la pared y cerró los ojos, ¿cuántos problemas le traería aquello?
Sintió que alguien más se apoyaba a su lado y que carraspeaba, se llevó una mano a la frente y gruñó molesto, ya comenzaban:
—Hola Sirius.
—Tienes que acompañarme a dirección, ¿me quieres explicar que haces en una torre que no es tuya y descendiendo de las habitaciones de chicas?
Gruñó molesto:
—Complicarme la vida.
Rumió, Sirius soltó una risotada y le palmeó la espalda:
—Bien, eso es lo que hacen siempre las mujeres, vamos, que Dumbledore no es una persona a la que le guste que le hagan esperar.
Mientras Sirius guiaba a Harry al despacho deshaciéndose en bromas, Lily recibía de Granger una advertencia que no se esperaba para nada:
—Oye Potter.
—¿Qué quieres?
Inquirió enfadada, no le agradaba que Harry tuviese que hacer aquello solo por su culpa:
—No quiero meterme en tus cosas, pero yo que tú dejaba de investigar a Riddle, no es alguien con quien queráis meteros.
Lily se giró rápidamente a mirar a Granger, ella se había tirado sobre su cama y se acababa de poner unos auriculares y ya no podía escucharla, ¿qué podría saber ella sobre Riddle?
Frunció el ceño y se giró a su ordenador, abrió la ventana de Riddle y con letras en rojo escribió; Hermione Granger.
Harry salió del despacho de Dumbledore enfadado y se dispuso a dirigirse derecho al lago, ¿por qué diantres habían tenido que castigarlo justo así?
—Me parece que la cancha no se encuentra por ahí.
Irritado se giró a mirar a su profesor de Literatura, Remus Lupin, sonreía de medio lado mientras se encontraba apoyado en la pared con los brazos cruzados.
—No voy allí.
Remus formó una sonrisa en su rostro:
—Pero creí que es ahí donde debías dirigirte.
—¿No se supone que es mañana cuando comienzo?
—Quiero mostrarte primero lo que deberás hacer.
Ambos se miraron fijamente uno al otro:
—¿Por qué hacéis esto?, dejé en claro que no deseo jugar.
—Y no jugarás, vas a ser mi ayudante.
Remus comenzó a caminar y tuvo que seguirlo de cerca enfadado, lo llevó a las canchas de baloncesto y comenzó a decirle cómo debía limpiarlas, donde debía guardar las pelotas de baloncesto y cómo mantener todo en orden.
Siguió mostrándole las gradas, las que debía limpiar.
—No soy tu chacha.
—Es un castigo Harry, no se trata de hacer que te diviertas con esto.
—No hice nada malo.
Remus formó una sonrisa pícara en su rostro:
—Nadie te ha dicho que fuese malo, aunque podrías haber sido más discreto.
—No se trataba de nada de eso, fue por Lily.
—No subiste con Lily, Harry.
—Arg.
Exasperado y sabiendo que no conseguiría nada cogió el trapo que Remus le tendía y recogió una de las pelotas.
—Intenta que estén limpias para dentro de una hora que comienza el entrenamiento.
Rumió una palabra entre dientes y Remus se marchó dejándolo solo allí. No entendía por qué demonios le hacían eso. Había decidido no jugar nunca más al baloncesto porque era el deporte que aprendió y practicó con su padre. Deseaba dejar eso atrás, pero Sirius no estaba muy convencido con ello y había conseguido que Dumbledore lo aprobara.
Cuando el equipo de baloncesto entró se quedó congelado, no se esperaba que Draco Malfoy jugara también.
Pese a que sabía que debía marcharse de allí cuanto antes, se entretuvo bastante en limpiar las pelotas que le quedaban mientras se perdía en el entrenamiento.
El Weasley era bueno, muy bueno, su altura le proporcionaba lo preciso para realizar algunos mates sorprendentes. Su forma de defender era casi perfecta, aunque él podría sobrepasarlo al ser más bajo. Ese era el único punto flaco que encontró en su defensa.
Sus ojos se fijaron inmediatamente en Malfoy, el muy cretino era bueno, algo agresivo sin duda y debía ser quien estaba al frente del ataque.
Parecía un felino en la cancha, los otros temían a Malfoy y los muy idiotas se apartaban de su lado.
El único que tenía agallas de enfrentarse a él, era el Weasley, lo encaraba con una sonrisa confiada, pero Malfoy tenía la misma ventaja que él tendría si se enfrentaba a Weasley, era más bajo.
La forma de saltar de Malfoy no era muy buena, y pese a que encestaba bastante, su salto no era el mejor, si se tomase un poco de tiempo en mejorar esos detalles sin duda su juego mejoraría.
Pero pese a todo, había algo de Malfoy que lo molestaba de sobre manera, no jugaba en equipo, Malfoy era independiente, incluso viéndose en una situación mala, buscaba la forma de salir solo de allí y pese a que conseguía la jugada y terminaba en punto.
Bien, no era un juego que disfrutase nadie más:
—¿Acaso sois todos unos mantas?, dejad de hacerle el pasillo a Malfoy e id a por la pelota.
La voz de Remus resonó en todo el lugar, lo miró unos instantes, no se esperaba que Remus tuviera semejante carácter, pero allí, en la cancha, Remus daba miedo.
Volvió su atención a la cancha y se perdió en el partido de entrenamiento. Mientras él limpiaba una y otra vez los mismos balones perdiendo el tiempo para ver todo el partido, Sirius se reunió con Remus:
—¿Qué tal va nuestro chico?
—Hombre, parece que adora el balón que tiene en sus manos. Lleva con él diez minutos.
—Está pendiente de la cancha.
Remus miró de reojo a Harry, tal y como llevaba haciendo desde que el entrenamiento comenzó, lo había visto analizando a cada uno de los jugadores de la cancha, incluso lo había contemplado frunciendo el ceño fijándose en Malfoy.
Pese a que respetaba la decisión de Harry de no querer volver a jugar, deseaba que Harry entrase en el equipo, alguien tenía que hacer frente a Malfoy, el chico precisaba una bajada de estandarte y sabía que Harry podía conseguirlo.
Harry era otro Malfoy en modesto, él realmente no sabía lo que valía en la cancha, siempre decía que era mediocre y buscaba cosas que debía mejorar a como diera lugar.
Malfoy por el contrario no encontraba defectos en su forma de jugar, y él precisaba que esa agresividad de Malfoy desapareciera.
—¿Crees que funcionará?
Sirius sonrió muy pagado de sí mismo:
—Es como Lilian.
Remus miró a este unos instantes y suspiró, sí, definitivamente Harry volvería a jugar.
El entrenamiento llegó a su fin y todos abandonaron la cancha incluido Remus, que miró hacía Harry quien parecía perdido en sus pensamientos.
Salió de allí con una media sonrisa, Harry podía decir lo que quisiera, pero amaba ese deporte tanto como su padre lo había amado.
Harry estaba perdido en la última jugada de Malfoy, estaba seguro de que podía perfeccionarla, incluso terminarla con un buen salto. Miró el balón en sus manos y se puso en pie, desde donde se encontraba miró la canasta.
Se colocó y tiró a esta, el balón rebotó contra el tablero y salió disparado, echó a correr hacía él mientras botaba, al recogerlo lo botó muy seguro y corrió de regreso a la canasta, hizo la misma cinta que Malfoy había realizado y giró sobre sí mismo imaginando a Weasley allí parado, una vez se supone se encontraba de espaldas al grandullón, saltó.
Estaba tan metido en su jugada que no se percató de que Remus lo estaba observando sorprendido, y mucho menos que Malfoy había tenido que regresar a recoger su botella de agua y ahora estaba completamente congelado.
La pelota ingresó en el aro y tocó el suelo segundos después de que él lo hiciera, miró a la canasta y una sonrisa radiante se formó en sus labios.
Lo había conseguido, sin preocuparse de nada se largó de allí, mañana regresaría a seguir con su castigo.
El balón fue rodando hasta los pies de Malfoy que aún miraba la canasta, en cuanto este rozó sus pies bajó la mirada hasta el balón.
Frunció el ceño y lo recogió, volvió a mirar a la canasta y sin dudar un segundo se lanzó hacía ella.
Remus se quedó aún más sorprendido al percatarse de que Draco Malfoy hacía la misma jugada que Harry había hecho, pero no consiguió encestar, esperaba que Malfoy se rindiera, pero eso no sucedió.
Malfoy recogió el balón una vez más y regresó a la misma posición donde Harry había comenzado su jugada.
Una tras otra vez repitió la jugada sin el resultado que deseaba, Remus se acercó a él cuando repitió este nuevamente.
Una vez más el balón no entró y Malfoy maldijo.
—Vas demasiado rápido y pierdes el paso, no consigues el impulso necesario a la hora de saltar, regresa a tu posición una vez más.
Malfoy miró a su entrenador y obedeció en el acto sin protestar, Remus sonrió para sí mismo, sí, definitivamente necesitaba a Harry en su equipo a como diera lugar.
Estuvieron cosa de hora y media entrenando esa misma jugada una y otra vez, incluso Remus hizo de oponente para Malfoy.
De todas las veces, solo tres Malfoy consiguió que su salto fuera decente.
—Es mejor descansar, si quieres el próximo día podrás intentarlo un poco más.
Malfoy asintió y lanzó el balón al cubo correspondiente, recogió la botella que había ido a recoger cuando vio a ese miserable de Potter y bebió de ella. Fijó sus ojos en su entrenador:
—Entrenador Lupin.
Este fijó su vista en él:
—Dime.
—¿Qué sabe de Potter?
El entrenador sonrió de medio lado y lo encaró, se acercó a él, despeinó su pelo e inquirió:
—Que puede ser tu único rival decente.
Al día siguiente había amanecido bastante diferente al resto, para comenzar Harry recibió una carta de responsabilidad, el profesor Severus Snape había interpuesto una queja contra él.
Suspiró irritado, al menos no había metido a Lily en aquello.
Sus clases fueron algo insípidas y aburridas y se encontró a sí mismo bajo de ánimo y con una sola cosa en su mente, regresar a la cancha de baloncesto.
Eso lo enfadó demasiado y cuando abandonó su clase de biología sus sorpresas no habían terminado.
Estaba enfrascado en una conversación bastante interesante con Luna sobre lo que habían observado por el microscopio, cuando sintió unos brazos en su cuello y que lo obligaban a girar su rostro.
Antes de darse cuenta se encontró con un sabor a frambuesa impregnando sus labios, reconoció casi al instante de lo que se trataba y de forma mecánica respondió.
Cuando se separaron el silencio que había alrededor lo obligó a mirar a todos lados. Se encontró con los ojos grises de Draco Malfoy brillando de pura ira mientras apretaba los puños.
—¿Qué tal tú día Harry?, yo te he echado mucho de menos.
La sonrisa radiante de Granger lo desconcertó, iba a contestar cuando sus ojos se encontraron con unos plateados.
Sintió una punzada al ver el semejante dolor que estos reflejaban, Luna estaba claramente sorprendida y dolida, abrió la boca para decirle algo, pero ella lo fulminó y huyó de allí.
Quiso ir tras ella para explicarle todo, pero Granger se lo impidió. Iba a mandarla al diablo y seguir a Luna, cuando Granger susurró en su oído:
—Recuerda nuestro pacto Potter.
La fulminó con la mirada furioso y para no tener que decirle lo que pensaba de su maldito pacto, llevó su mano hasta su nuca y la besó furiosamente, escuchó exclamaciones de sorpresa y cuando la soltó, ella rio divertida:
—Sí, veo que sí me echaste de menos.
¿Y qué os ha parecido?, jejeje, estos van a comenzar una pequeña batalla mucho más personal y complicada.
Como no estoy segura de si los que leéis esta historia, también leéis el resto, voy a dejar este mensaje en todas.
FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO 2014.
Deseo que sigáis acompañándome este nuevo año como lo habéis estado haciendo hasta ahora, gracias a Fanfiction y Facebook he conocido a gente extraordinaria y espero que esta amistad perdure por la eternidad.
OS DESEO AMOR, MUCHA SALUD, LA MAYOR DE LAS FELICIDADES Y ALGO DE DINERO QUE NUNCA VIENE MAL Y SI ES GRACIAS A UN TRABAJO, AÚN MEJOR.
Ahora ya sí me despido buybuy y hasta el siguiente cap o fic.
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