Hola a todos, aquí os dejo el nuevo capítulo de este fic. Perdona la tardanza y espera, ahora vuelvo a estar sin curro, así que tendré algo más de tiempo libre. O eso espero.

Ya me diréis qué os parece este capítulo, nos vemos lo más pronto posible.

Si dios quiere mañana o pasado en otro de mis fics, todo depende de si aparece el pencil donde guardé el capítulo de Fuego en el alma.

La red:

Ginny Weasley, era conocida como la única chica de la familia Weasley. Desde niña, siempre había soñado con una sola cosa.

Ser la esposa de Draco Malfoy, el mejor amigo de su hermano Ronald.

Debía reconocer que había sido una estúpida enamoradiza, desde que a los siete años, ese rubio le había dado su primer beso.

Él había sido ese príncipe encantado que salía en sus cuentos de fantasía. Tarde, se percató de que esos príncipes no existían, y de que por más que quisiera que Malfoy fuese el suyo, jamás lo sería de ese modo.

Desde los siete hasta los trece, habían sido algo así como inseparables, siempre buscaban la manera de escaparse y buscar un rato a solas, de poder jugar o solamente hablar.

Entonces llegó la modosita de Granger y se lo arrebató. Odiaba a esa chica con toda su alma, desde que ella entró en juego, su vida había cambiado a peor. Ella le había arrebatado su puesto de mejor amiga de Draco y lo había acaparado para ella sola. Poco a poco, el rubio se iba alejando más de ella. Dejándola relegada al segundo puesto.

Furiosa, había decidido separarse de Malfoy del todo, sin que él pareciese notar su ausencia, algo que le había dolido horrores. Ella después de todo lo quería. Su madre jamás se enteró de nada de todo eso. Y su padre nunca lo permitiría libremente.

Había tenido que fingirse amiga de Granger durante los dos primeros años, para después y odiándose a sí misma, encontrarse siendo amiga de verdad de ella. Dos años habían pasado desde que ella aceptó a Granger como una más.

En un principio confió, en que el enamoramiento que parecía existir por parte de Ronald, diera algún fruto, pero eso quedó descartado cuando Draco y Hermione dieron a conocer su relación.

Ese fue un duro golpe para ella. Había llorado a mares, sin ser capaz de decirle a ninguno de ellos lo que le sucedía. Ellos se hicieron pareja y ella se sintió completamente sola y sin nada.

Pero a principios de ese verano la cosa había cambiado. El día de la prueba de acceso de los nuevos becados, ella y Malfoy se habían quedado solos. Él, había decidido acompañarla a su casa alegando lo tarde y lo oscuro que estaba. Hermione, que se había marchado antes que nadie, no estaba para impedir que eso pasase.

Y el resto no puso objeción alguna.

Él le había preguntado por su vida, por esos años que habían pasado separados. Lentamente y con muchos rodeos, llegaron al tema delicado de su alejamiento y del de él.

En cuanto él le echó en cara el que lo abandonase, ella se enfureció. Ambos se encontraron enfrascados en una acalorada discusión, para colmo, la zorra de Pansy había alardeado de estar con él y de disfrutar sus besos.

Furiosa, no se había podido contener y le había echado en cara lo que había hecho. Para su total y completa sorpresa, Malfoy la acorraló contra una de las paredes y furioso le susurró que lo había hecho para no tirarse sobre el cretino de Zabini y partirle la cara.

Zabini, era su prospecto de novio, el tipo usado para darle celos a él, jamás pensó que fuese a dar resultado, pero cuando sus ojos grises se encontraron con los suyos marrones, era claro que sí que había funcionado.

Tras su revelación, se encontró siendo besada por él.

Pero sus besos ya no eran los de un niño de siete años, ni qué decir de su exigencia. Se vio atrapada en los brazos de su príncipe sí, solo que este era uno más posesivo y oscuro.

Era amiga de Hermione, y jamás pensaría en traicionarla, pero desde ese día, ella era la segunda. Odiaba ese puesto, pero no podía dejar de pensar que prefería eso a ninguno.

Malfoy la veía, y por como la besaba y le hacía el amor, era claro que la tenía en cuenta. Pansy se quejaba de que Malfoy ya no le daba ni la hora.

Y saber eso, la reafirmó en su idea de que algo sí debía sentir por ella. Porque fue una de las condiciones que le puso para seguir con eso.

Le había pedido que apartara también a Hermione, pero él le dijo que no podía. Que tenía que entender que lo de Hermione era diferente.

Ginny solo podía aferrarse a la idea de que ese diferente no significase que la amase. Porque eso significaba que ella entonces solo era un triste pasatiempo para el rubio.

Y deseaba fervientemente creer que no era el caso. Que Draco la quería de verdad, eran amigos desde niños, él no podía jugar con ella de esa forma ¿verdad?

Pero cuando veía comportamientos de Malfoy como el que estaba teniendo en ese instante ante Harry Potter, sus dudas crecían hasta límites muy dolorosos.

Estaban en clase de Gimnasia, ella estaba en clase de lenguaje, demasiado aburrida para prestar atención.

Harry y Draco se enfrentaban en la cancha de baloncesto, no eran los únicos, pero desde el inicio, Malfoy había buscado enfrentarse a Harry de una forma casi enfermiza.

Desde donde se encontraba, ella podía apreciar las claras diferencias de uno y otro en la pista de juego. Desde que Harry se había percatado del comportamiento de Malfoy, se aprovechaba para despistarlo y llamar su atención. En el momento en que eso pasaba, Harry, muy ágil, le pasaba la pelota a Ronald y este encestaba desde donde estuviese.

Era el punto fuerte de su hermano, con su estatura, era bastante bueno en encestar desde cualquier lugar.

Le sorprendió gratamente la forma de jugar de Harry, su forma de esquivar, de ser capaz de seguirle el ritmo a Ronald y formar un frente común.

Pero su total sorpresa llegó cuando Ronald, sin vacilar, le pasó la pelota al chico y este encestó tras una cinta casi imposible de hacer.

Supo que ese era el caso, porque hasta Malfoy se había quedado petrificado observándolo.

En cuanto el chico Potter aterrizó, Ronald chocó su mano con él en un gesto de camarería y complicidad.

Ella rápidamente centró su mirada en Malfoy, quien observó el intercambio con mala cara y voleó lejos la pelota que había recogido.

Harry Potter, sí que parecía un chico interesante después de todo.

—Estamos en clase de lenguaje, no en la luna señorita Weasley.

La voz de Remus Lupin la sacó de su ensoñación y al mirar al frente, se lo encontró justo delante de su mesa. Le dedicó una sonrisa ladeada:

—Es que ha entrenado demasiado bien a esos chicos y verlos jugar baloncesto es sumamente atrayente.

Supo que se había ganado el perdón al percatarse del brillo divertido en los ojos del profesor Lupin. De todos sus profesores, Lupin era el mejor para ella, Black no se quedaba atrás, pero eran diferentes.

Lupin enfocó su vista en la ventana y observó un intercambio en la cancha y ella no pudo evitar sonreír. Ya se había terminado la clase.

Y no fue la única que se percató de ello, pues varios de sus compañeros se acercaron a las ventanas.

Ella misma se colocó cerca del profesor Lupin para ver mejor el espectáculo, sintió al profesor mirarla unos instantes y fruncir el ceño, para después suspirar y prestar atención.

Ginny sonrió ampliamente y sintió como tocaban su brazo, al mirar a su lado se encontró con la sonrisa ladeada de una de sus compañeras agradeciéndole su jugada.

Se encogió de hombros y fijó su vista en la cancha. Más no se centró en Malfoy ahora. Sus ojos fueron directos a una sola persona. Harry Potter, quien parecía dispuesto a volver a todo el colegio loco.

Debía admitirlo, el chico era mono, ¡qué coño! Estaba bueno, Granger tenía buen gusto. Tenía ese toque de chico malo, pero a la vez se notaba a las mil leguas que era un trozo de pan.

Y esos hermosos ojos verdes. ¡Ahí esos ojos!, cuando los vio por primera vez en el lago, supo que el tipo traería problemas, y no dudaba que más de una, incluyéndose a sí misma y a Granger, al ver esos ojos, habían babeado como tontas.

El chico sonreía ampliamente y con cierta superioridad, una vez más se encontraba ante Malfoy y parecían duelar entre ellos, como si el resto de jugadores hubiesen desaparecido de la cancha.

Enseguida notó que Potter había dicho algo, porque el semblante de Malfoy cambió de forma radical y sin demora se lanzó a por el balón.

Potter solo sonrió más y con total calma lo esquivó, mas no echó a correr hacía la canasta, se quedó desafiando a Malfoy a volver a intentarlo.

—Este chico.

Escuchó susurrar al profesor Lupin, y ella lo miró. Abrió los ojos sorprendida por la expresión tan tierna y cargada de orgullo que brillaba en el rostro del profesor. Nunca antes había visto semejante mirada en él. Y ese brillo en sus ojos color oro.

¿Quién era Harry Potter para el profesor Lupin?

—¿Has visto eso?, ¿Quién demonios es él?, ¿Cómo es posible que no esté en nuestro equipo?

Esas murmuraciones la trajeron de vuelta y se fijó de nuevo:

—¡Y ahí va otra vez!

Escuchó que exclamaba uno de sus compañeros. Ginny fue testigo de cómo el chico Potter doblaba sus rodillas y daba tremendo salto.

Ella estaba acostumbrada a los mates de Ronald, su hermano era un gigante y no necesitaba mucho para llegar al aro, solo un pequeño salto y ya. Pero ver a Potter hacerlo fue completamente diferente.

Verlo saltar, agarrarse al aro y meter la canasta era algo que jamás pensó presenciar. Debía admitir que se había quedado unos segundos sin respiración al verlo saltar. Creyendo que caria de bruces, pero no, había conseguido llegar.

Lo vio colgar durante un poco del aro y luego soltarse, cayó al suelo con una rodilla apoyada en él y cuando levantó su mirada del suelo, Ginny se quedó de nuevo sin respiración.

Esa sonrisa en su rostro, dioses, si antes pensaba que el chico estaba bueno, bien, debía reconsiderarlo seriamente, este chico sería un jinete del apocalipsis para las chicas de Hogwarts. Y eso que acababa de hacer había conseguido encandilar seguramente a todas las chicas que lo hubiesen visto.

Varias chicas de su alrededor suspiraron y cuando él se puso en pie, choco sus manos con Ronald y se le subió la camiseta, varias chicas comenzaron a hiperventilar.

Ella por su parte se centró en Malfoy, su cara era una mezcla de odio y admiración. Malfoy no estaba muy consciente de lo que ese muchacho le provocaba, si deseaba odiarlo o si deseaba acercarse y exprimir al tipo para que le enseñara a hacer esas cosas que él no sabía hacer.

Y Ginny estaba muy consciente de ello, lo conocía desde siempre y sabía el conflicto interno que estaba viviendo:

—¿Qué harás muchacho?, ¿Te quedarás tan pasible?

La voz de Lupin la hizo mirarlo de regreso y se lo encontró observando a Malfoy también:

—Le divierte esto, ¿verdad profesor?

Lupin se giró a mirarla e iba a contestarle cuando el timbre sonó anunciando el final de la clase, pero Ginny no necesitó una respuesta por su parte, sus ojos se lo habían dicho todo. Siempre supo que Malfoy era uno de los predilectos del profesor, pero aquello se lo confirmaba.

—Antes de que os larguéis, tenéis que estudiaros el tema cinco completo para pasado mañana, ya que hoy no hemos podido avanzar demasiado, y quiero los ejercicios de repaso al completo en mi mesa.

Le dedicó una sonrisa a ella y se alejó dispuesto a recoger sus cosas y marcharse, ella escuchó las protestas de sus compañeros pero no se unió.

Harry salió de las duchas con una sonrisa en el rostro, hacía tiempo que no se lo pasaba tan bien jugando al baloncesto. Ver la clara determinación de Malfoy de querer quitarlo de en medio lo había motivado lo indecible.

—¿Por qué te niegas y me niegas el gusto de verte jugar?

La voz de Lupin lo sobresaltó, dejó de secarse el pelo y lo miró fijamente. Todavía seguía muy molesto con él por lo pasado la tarde anterior. ¿Cómo podía venir ahora como si no hubiese pasado absolutamente nada?

No le habló, estaba de muy buen humor para soportar ahora ninguna conversación con él. Se dispuso a alejarse, pero Lupin parecía decidido a no dejarlo en paz. Lo sujetó de la camiseta y lo obligó a girarse.

Lo miró molesto:

—¿Qué demonios quieres? Deja de tocarme los cojones, ya sé que tengo que ir a limpiar tu puto escenario, déjame en paz.

Lupin abrió los ojos sorprendido por su lenguaje, evidentemente no se esperaba esa respuesta por su parte. Siempre había sido muy respetuoso con ellos, eran parte de su familia, pero desde un tiempo a esa parte se había percatado que realmente no era así, y se sentía irritado cuando querían hacerle creer que podían comprender por lo que él o Lily estaban pasando.

Sintió que Lupin aflojaba su agarre y aprovechó para soltarse y seguir su camino. No espero si obtenía respuesta por parte de él, tan solo retomo su camino sin más. Había dado unos cuantos pasos cuando escuchó que lo llamaba.

Irritado se giró a mirarlo, lo único que supo fue que algo volaba hacia él, cogió al vuelo el objeto y al abrir la mano se encontró con unas muñequeras.

Las reconoció en el acto.

Abrió los ojos sorprendido y alterado, su respiración se aceleró y sintió que se mareaba.

Eran de su padre, las que le había regalado cuando decidió empezar a jugar baloncesto como él.

Al girarlas se percató de un detalle que jamás había notado, el escudo de Hogwarts estaba bordado en ellas. ¿Cómo no se había dado cuenta?

Levantó la vista para buscar a Lupin pero no lo encontró, este se había largado de allí. ¿Por qué se las había dado?

Tragó en seco y decidió no ir a comer, se le acababan de quitar las ganas.

De forma inconsciente se colocó las muñequeras, las había echado de menos, siempre creyó que se habían quemado en el incendio, pero por lo visto no era el caso, ¿cómo habían llegado a manos de Lupin?

Intentó recordar aquel día, el día que ganaron la semifinal interescolar, cuando se había enfadado con sus padres, en especial con su padre. El día que les dijo que podían irse al infierno que no iría a buscarlos.

Mentira, una sucia y asquerosa mentira que ahora lo torturaba, había sido el primero en llegar a la casa en llamas, Lily tardó más en aparecer y descubrir la realidad que se cernía sobre ellos.

Él había llegado decidido a decirles a sus padres que se largaba a casa de Sirius por una temporada, que no los aguantaba más y se encontró con las puertas del averno ante él.

Y no lo dudo un segundo, se lanzó a su interior gritando a pleno pulmón por sus padres, llamando a uno y otro con desesperación y odiándose a sí mismo porque su deseo se había cumplido.

Sabía que Sirius fue uno de los que lo encontró medio ido por culpa del humo y con sendas quemaduras en sus manos. Lily creyó en un principio que él también había caído, y ver la desesperación en el rostro de Lily lo llevo a torturarse y odiarse aún más a sí mismo.

Debía reconocer que se había sumido en una depresión y que aún y en ese tiempo no terminaba de salir de ella. ¿Cómo hacerlo realmente, cuando te sabes uno de los principales culpables de lo que les había sucedido a ellos?

El otro era el despreciable de Riddle y no pensaba descansar hasta que averiguase quién y por qué ese despreciable había hecho lo que hizo.

Sus pasos lo llevaron a un ala del castillo donde jamás había estado, se detuvo en seco y miró a su alrededor.

—Mierda.

Miro su reloj de pulsera y frunció el ceño, parado.

Irritado, suspiró y buscó un referente, no podía haberse perdido así sin más, joder. Lo único que podía ver era diferentes clases vacías, y por curiosidad entró en una y se irritó aún más.

Era un ala inutilizada, algo así como una especie de almacén.

Maldijo de nuevo entre dientes y se dispuso a retroceder por donde había llegado. No había dado ni cuatro pasos cuando se detuvo en seco.

¿Por qué mierda ahora todo parecía querer recordarle a sus padres?

De alguna parte, salía la melodía que su padre había diseñado, la que descubrió camuflada en Hogwarts, el código de advertencia. Sin embargo, ahora se escuchaba saliendo de un instrumento, un piano quizás, no, negó, ese sonido venia de un violín.

Extrañado siguió la melodía, buscando su procedencia, sintió un cosquilleo al percatarse que la sinfonía era diferente, tenía un toque distinto, pero que conseguía atraer al oyente.

Estaba tocada como si se tratara de Rock, con una intensidad y un fuego muy diferentes al que él estaba acostumbrado a escucharla. Quien la estuviese tocando debía ser todo un portento.

Descubrió, que el sonido provenía ni más ni menos que de una de las clases abandonadas. Debió seguir su instinto y no entrar, dejarlo correr, pues como muy bien dicen, la curiosidad mató al gato.

En cuanto abrió la puerta de la clase, se quedó congelado.

Frente a él estaba Granger, vestida con el uniforme del colegio, mas no llevaba la chaqueta y la camisa estaba remangada, sobre su hombro el violín, con sus cabellos sueltos y meciéndose al son de su música.

Música, que salía del violín, consiguiendo, que ella, se moviera al mismo compas, Granger tenía los ojos cerrados y sus mejillas estaban bañadas en lágrimas. La luz del sol la bañaba de tal manera, que él tuvo que abrir y cerrar los ojos en un principio.

¿Qué demonios le pasaba a ella?

Era la imagen más bella y desoladora que jamás había contemplado y se sentía un maldito intruso por estar allí como estatua viéndola en un momento tan íntimo y personal. Pero debía confesar que no podía apartar su mirada de ella y de esa pasión que estaba dejando escapar de ella.

¿Qué podía hacerla sufrir de aquella manera?

No supo cuánto rato estuvo allí plantado, pero tuvo la maldita suerte de identificar la llegada del final de la melodía y rápidamente se ocultó en el pasillo. No quería que ella descubriese que la había visto. Se sorprendió al ver que su respiración se había acelerado y que él mismo tenía ganas de llorar.

¿Cómo podía ella conocer esa canción?

De repente escuchó un estruendo proveniente del interior y con cuidado, para no ser descubierto por ella, se asomó.

Si verla llorar mientras tocaba lo había impacto, la imagen que ahora le estaba mostrado lo dejó tocado en lo más hondo de su ser.

Granger estaba de rodillas en el suelo y abrazaba el violín como si la vida le fuera en ello. Lloraba desconsolada y casi sin control:

—Lo siento tanto padre.

Su voz fue un simple susurro, pero él lo oyó por completo y dejó de mirarla de nueva cuenta y volvió a pegarse a la pared. Sus ojos impactaron en sus muñequeras y se dejó resbalar hasta el suelo.

¿Había llorado en alguna ocasión por la pérdida de sus padres?, ¿Se había molestado si quiera en dejarse llevar?

Jamás, no se había permitido ese consuelo, llorar significaba dejar escapar el dolor de la pérdida y él no creía merecer tal consuelo.

Apretó con fuerza las muñequeras y se quedó allí en silencio, haciendo compañía al llanto de Granger y su dolor, dándose cuenta de que la reina de Hogwarts no era tan fuerte como se quería hacer pasar.

Desde el primer momento sabía que ella era mucho más de lo que aparentaba, pero descubrir que también era humana, era algo que creyó tardar un poco en conseguir.

No sabía a qué hora había llegado allí, tampoco supo a la hora que escuchó a Granger comenzar a levantarse, alertándolo de que debía desaparecer de allí cuanto antes. Si ella descubría de lo que él había sido testigo, podría decidir acabar con él en ese preciso instante.

Como pudo recogió sus cosas y con rapidez se ocultó en otra de las clases vacías a la espera de que ella se alejara de allí.

Cuando no escuchó ningún sonido de pasos se decidió por salir, observó y escuchó con detenimiento y una vez seguro de que ella no estaba en ninguna parte suspiró y salió.

Tras recorrer unos cinco pasillos sin ningún resultado, llegó a un sexto donde se detuvo en seco. Allí estaba Granger de nuevo, miró a ambos lados, deseoso de encontrar otra salida, pero no encontró ninguna.

¡Maldita suerte!

Intentó recomponerse y olvidarse de cómo la había visto y siguió caminando. Al escuchar sus pasos ella lo miró, una sonrisa torcida y divertida se formó en sus labios. Sonrisa, que no pudo dejar de notar, nunca llegó a sus ámbares ojos.

Sonrisa falsa o carente de fuerza. Negó, no quería notar esos detalles, ella ya le había dejado en claro que no quería su amistad, él debía mantenerse en la línea del trato y ya.

—La nueva celebridad de Hogwarts, no solo es un destacado con la estrella de honor por ser buen estudiante, sino que encima es fantástico en deportes, y por qué no decirlo también, de muy buen ver.

Alzó una ceja extrañado por sus palabras:

—¿De qué hablas?

—No te hagas Potter, tu numerito en clase de gimnasia ha dado mucho de qué hablar. Ronald, en especial, ha quedado impresionado por tus dotes, diría que ha encontrado a su amor platónico.

Ahora alzó ambas cejas asustado, consiguiendo que ella soltara una carcajada:

—Muy graciosa, no digas esas cosas, consigues que me den escalofríos.

Inquirió fingiendo que le daba uno en ese instante. Ella solo sonrió de vuelta y volvió a mirar el cuadro que antes observaba, con interés él se acercó también y se quedó con el pie alzado al levantar la mirada hacia el cuadro.

Retrocedió y abrió la boca y los ojos sorprendido:

¿Qué coño pasaba hoy?

Ante él había un cuadro enorme, encima del cuadro rezaba "Celebridades de Hogwarts"

En él salían representadas algunas personas, pero las que le impactaron a él eran las dos del centro.

Estaba Sirius, Remus, el actual director de Hogwarts, y muchas más personas que no conocía, pero en el centro de toda la composición estaban sus padres, ambos.

Lily y James, dándose la mano y sonriendo a la cámara. Apoyada en el brazo de su padre había una joven que aparentemente le importaba muy poco salir de cualquier forma en la foto. Sonreía despreocupada a la cámara y como si esa imagen no fuese importante.

Al lado de su madre, y ella apoyando su cabeza en el pecho de él, se encontraba un joven que contaría con la misma edad que ella. Ambos sonreían a la cámara y el hombre sostenía a su madre de la cintura.

Nadie diría que los del centro eran marido y mujer, sino fuera por el agarre de sus manos.

Si se fiaba de esa fotografía, podía darse cuenta de que el grupo de amigos de sus padres no estaba completo con Sirius y Remus, esas dos personas tenían que ser importantes para ellos.

Las sonrisas en sus rostros y esa complicidad, sin duda debía significar algo. ¿Quiénes eran ellos?

Estaba por buscar donde se encontraban los nombres de los que salían en el cuadro cuando sus ojos se toparon con un tipo que se encontraba tras sus padres.

Un tipo de cabellos negros y ojos del mismo color, apuesto, alto y con cierto porte y aire de realeza.

Miraba con cierto fastidio a los cuatro que había ante él, como si fuesen escoria que no merecían estar en el puesto tan privilegiado que estaban.

Sintió un escalofrío:

—¡Qué gilipollas más grande, joder!

Granger lo miró interesada por sus palabras y desconcertada, él tan solo señaló con la cabeza el cuadro.

—Ese de ahí, mira a mis padres como si fuesen basura.

Esas palabras parecieron asombrar a Granger:

—¿Tus padres?, ¿Acaso salen en este cuadro?

Cuestionó sorprendida e interesada. Él se encogió de hombros y dio dos pasos para acercarse, señaló primero a su padre y después a su madre, Granger se quedó mirando a ambos sorprendida:

—Imposible.

Él no quiso decirle que sabía perfectamente distinguir a sus padres, y pasó a buscar algún lugar donde salieran los nombres de los allí presentes.

Al descubrir el pie de la fotografía se agachó para ver si podía distinguirlos:

—Joder, esto está hecho para leerlo con un puto telescopio, ¿quién demonios va a poder leer esa diminuta letra?

—¿Qué quieres saber?

La voz de Granger sonó extraña a sus oídos, estaba como ida, pero prefirió no darle importancia.

—Quería saber el nombre del idiota ese, pero también de las dos personas que están junto a mis padres. Juraría que no las había visto en mi vida.

—Jane y George Granger.

Ante esas palabras se irguió y la encaró, ¿qué acababa de decir?, Definitivamente estaba de coña. Miró de regreso al cuadro y se fijó bien en la muchacha junto a su padre.

Su cabello era rizado y le caía en ondas, de color castaño claro y sus ojos marrones oscuros. Tenía una figura muy delicada, aunque en la posición en la que se encontraba no podía definirse del todo bien.

Ante su segundo escrutinio, descubrió algunos rasgos parecidos a los de Granger, la forma de su boca, ese labio inferior sobresaliente, su cara fina.

Pasó a mirar al hombre y ahí estaban los ojos ámbares de Granger, los de su padre eran más oscuros, no tan claros como los de ella, pero sin duda eran los mismos, la misma forma, y la frente también era de él.

Sonrió de medio lado decidido a molestarla un poco con eso, pero sus siguientes palabras lo dejaron congelado en el lugar:

—El tipo de arriba, es mi tío, Tom Riddle.

Imposible, tenía que haber escuchado mal. Sí definitivamente tenía que ser ese el caso. Ella no podía haberle dicho que ese miserable de Ton Riddle era un preferente de Hogwarts, que estaba fotografiado con sus padres.

No escuchó cuando ella se alejó y lo dejó allí plantado observando fijamente al despreciable de Riddle.

No había conseguido ponerle rostro a ese indeseable, jamás se le ocurrió buscar allí. Había encontrado información de él, pero era tan escurridizo como una serpiente y pese a ser un notorio tipo en la sociedad, jamás habían conseguido una foto decente de él.

Jamás, hasta ese momento. Muy pocos debían saber que había acudido a esa escuela si no habían cazado esa foto de él, eso, o el tipo había prohibido expresamente que su imagen fuese pública.

Fuera cual fuese el caso, era la primera vez que se encontraba con la imagen de él y estaba decidido a grabársela a fuego. Sacó su móvil y enfocó la cara del muy cretino. En cuanto capturó su cara y la guardó, se dispuso a marcharse, más antes de dar tres pasos lejos del cuadro, volvió a enfocar con el móvil.

En cuanto capturó la imagen de sus padres y los padres de Granger disparó y también los capturó a los cuatro.

Mientras ponía la foto de fondo de pantalla, caminó hacia el gran comedor perdido en sus pensamientos.

Así que sus padres y los de Granger habían sido muy amigos, y no solo eso, conocían el código de su padre. Frunció el ceño, quizás debía buscar información sobre el matrimonio Granger después de todo.

Al llegar al gran comedor buscó a Lily con la mirada, fue ella quien lo localizó primero, y cuando él la vio, ella venía corriendo hacia él:

—Tenemos que hablar.

Dijo ella sin más, y sin esperar a que estuviera o no de acuerdo con ella, lo arrastró fuera del lugar, sus ojos tuvieron tiempo de enfocar a Luna que le sonreía, ella levantó un bocata y se lo mostró, no pudo evitar asentir con súplica.

Lo último que escuchó fue la risa alegre de ella.

Suspiró al darse cuenta que Lily tenía uno de sus arranques, no podía hacer nada, después de como la había tratado, ahora le tocaba soportar lo que fuese que le tenía preparado y por supuesto rebuscar las palabras para la maldita disculpa de turno.

Lo llevó hasta cerca del lago y lo soltó de forma tan brusca que cayó de culo contra el culo.

—¿Quieres tener más cuidado?

—Te jodes, tengo el mismo tacto que tú conmigo, ¿a que no es agradable?

La miró molesto y entrecerrando los ojos:

—¡Lo siento! ¿vale? No estaba de humor, ayer pasaron muchas cosas y no fui muy acertado contigo.

Lily lo miró molesta por un buen rato:

—Nos han castigado con tres semanas de retención limpiando en las cocinas después de cada comida. Creo que el despreciable de Snape pretendía que también nos hiciésemos cargo del laboratorio de química, pero Sirius alegó que ya estás castigado limpiando la cancha y los útiles de Baloncesto.

¿Por qué no me dijiste que te castigaron por ir a verme? Habría podido explicarles por qué lo hiciste y te habrías librado.

—No quise meterte en eso. Subí porque quise, tú no me obligaste, además, ya está hecho, lo demás no importa.

¿Quiere eso decir que nos hemos librado de los laboratorios?

—Sí, pero tras el desayuno, comida y cena, tenemos que pasar por las cocinas para fregar los cacharros de todo el alumnado.

La voz de Lily sonaba desesperada, nunca le había gustado fregar los cacharros en casa, tener que fregar los de toda la escuela iba a ser un martirio para ella.

—Eso es imposible, no nos dará tiempo a llegar a clases.

—El director dijo que cuando tengamos clase justo tras el desayuno, que nos estará esperando la montaña tras la comida y si es tras la comida, en la cena.

—¿Y los Miércoles?

Dijo desesperado.

—Eso preguntó Sirius. El director le dijo, que esperaba que fueses tan rápido fregando como tu lengua.

Se quedó mudo, ¡tenían que estar bromeando, joder!

—Y si no te das prisa, volverás a tener problemas con Remus.

—Eso no es lo que más me preocupa por ahora, la verdad.

—No, lo que realmente tiene en mente es comerse este bocata. ¿Dónde has estado toda la tarde? No te vi a la hora de comer y tengo entendido que no has asistido a las clases de la tarde.

Luna acababa de llegar y le entregó el bocata para que él pudiera comer tranquilo, lo miraba de forma cauta.

—Imagino que con Granger, todos comentan que no se la ha visto en toda la tarde, del mismo modo que a ti tampoco.

La voz de Fred Weasley lo sorprendió, pero más, verlo venir acompañado de su gemelo y su hermano Ronald.

—Has conseguido algo increíble Potter, ¿cómo has derretido el corazón de la reina de hielo en tan poco tiempo?

Cuestionó George sentándose al lado de él. Ronald solo estaba allí de pie con los brazos cruzados y mirándolo fijamente. Delante de él no podía decirles que todo era un puto engaño, ese pelirrojo era el mejor amigo de Malfoy.

—Cada cual tiene sus trucos bajo la maga.

Ronald sonrió ladeadamente, mientras que George y Fred lo miraban con curiosidad:

—Eso realmente no nos importa demasiado, ahora veníamos a hablarte sobre Fawkes y BlackRose.

Esas palabras dejaron perdidos a Ronald y a Luna, que los miraron a los cuatro perdidos.

—Ahora tengo que reunirme con el profesor Lupin, si queréis podemos hablar sobre ese comic después.

Dijo de forma simple encogiéndose de hombros. Esperaba que ninguno metiera la pata, pero al levantarse detectó una sonrisa en los labios de Fred, sin duda este lo había captado bien.

—Lo ideal sería que tuvieses mi número de teléfono, realmente me urge que quedemos por este asunto y más ahora que cierto personaje va a venir a darnos una charla de lo más interesante.

Sin comprender observó a Fred Weasley, ¿de qué le estaba hablando?

—No lo sabe Fred, ¿no ves que no apareció en toda la tarde?, Desconoce por completo el honor que se nos está brindando.

—Honor, ja. ¡Y una mierda!

La furia que detectó en Lily lo sorprendió y la miró como todos, sorprendido por ello. Ronald la observó incrédulo unos segundos y rompió a reír de la nada:

—Creo que comienzo a comprender por qué le agradáis a Hermione. Chica con carácter.

—No sé yo, pero creí, que de todo el alumnado del colegio, vosotros seríais los que más apreciaríais esta visita. Es decir, nuestro mundo es el mismo, ¿cómo es posible que despreciéis de esa forma esta oportunidad única?

Sin dejar de mirar a Lily y su ceño fruncido, inquirió:

—Dejaos de misterios, tengo que ir con Lupin, ¿qué se supone que está por pasar?

—Eso es cierto y yo estoy aquí precisamente para asegurarme que llegues.

Intervino Ronald y ahí dejó de mirar a Lily para mirarlo a él:

—¿Disculpa?, ¿Desde cuándo tengo niñera?

Ronald se encogió de hombros despreocupado:

—Cumplo órdenes amigo, además, me ofrecí a ello, quiero hacerte unas cuantas preguntas, para comenzar. ¿Por qué demonios no estás en el equipo de Baloncesto? ¡Eres un puto dios en la cancha!, contigo las cosas serían mucho más sencillas.

—Eso no es tu asunto.

La mirada y el tono que utilizó para declarar aquello, consiguió que ahora el mirado fuera él. Incluso Lily parecía asustada. No había pretendido ser tan brusco, pero no consentiría que se metieran en su vida, mucho menos en ese aspecto en particular.

—Creo que lo mejor es dejar esto para luego. Harry, te acompañaré a las canchas.

Esa fue Luna, quien corrió a cogerlo del brazo y tirar de él alejándolo de todos los presentes. No opuso resistencia, la siguió sin más.

—¿Estás bien? Es un idiota, no tiene ningún tacto, con el tiempo te darás cuenta que su boca es demasiado grande, la sabe usar muy bien para comer y meter las cuatro al abrirla para hablar.

Había cierto rencor en la voz de Luna, pero no le prestó atención, suponía que al ser del grupito de Malfoy y Granger, el chico había hecho algo para ganarse también su odio.

—Gracias por el bocata, tenía un hambre de lobo.

—Lo imaginé cuando miraste las mesas como si fueran un tesoro recién encontrado. ¿Qué fue lo que pasó para que desaparecieras?, No me digas más, un grupo de locas te secuestro tras tu demostración en el campo.

Chistó divertido por su ocurrencia:

—En serio, no fue para tanto, son unos exagerados. Tienen a su estrella, deberían ignorarme a mí.

—No es lo que dice la gente. Aunque a las chicas les gustó más otra cosa que tu destreza.

La vio guiñarle un ojo cómplice y rompió a reír:

—¡Venga ya!

Luna sonrió al verlo a él sonreír:

—Esa cara te queda mucho mejor.

Le dijo de pronto y él solo pudo sonreír más y acercarse a ella para decirle:

—A ti también te queda mucho mejor una sonrisa en el rostro. ¿Sabías que tus ojos brillan como la plata cuando estás feliz?

Le dio un beso en la mejilla y susurró:

—Gracias por acompañarme y animarme, nos vemos.

Sin más emprendió la carrera para llegar a las canchas y terminar rápido con lo que Lupin le tuviese preparado, estaba deseando llegar a su cuarto, tenía que sacar a Hedwig sin que lo pillaran y antes debía llevarle algo de comida.

Se había pasado todo el día fuera y se había olvidado de ella, solo esperaba que no le hubiese armado ningún estropicio.

Al llegar a la cancha descubrió que aún seguían con el entrenamiento, en especial dos de ellos.

Ronald y Malfoy se enfrentaban en medio de la cancha, por lo visto hoy tocaba uno contra uno.

Remus daba instrucciones a cada cual y parecía muy centrado en ello, tanto que ni se percató de su presencia y él tampoco hizo nada para que lo viera.

Soltó sus cosas en una de las esquinas y comenzó con sus labores. Llevaba un buen rato en eso cuando sintió que alguien lo miraba atentamente. Al buscar de quién se trataba se encontró con los ojos de Granger.

Ella estaba vestida con ropa de deporte. Pantalones cortos y una camiseta también de tirantes junto con unas zapatillas blancas.

Su pelo estaba recogido en una coleta alta y tenía muñequeras en ambas manos. Al verlo le sonrió y saludó desde su posición.

Él le devolvió la sonrisa e iba a acercarse cuando sintió que alguien gritaba su nombre.

Se giró para ver qué pasaba y tuvo el tiempo justo de abrir los ojos y recibir en su estómago un balón de baloncesto. Ahogó un gemido de dolor y se agarró el lugar dolorido:

—¿Qué diantres…?

—MALFOY, ¿Qué te crees que haces?

¡Malfoy! Sintió unos deseos tremendos de recoger el puto balón y tirárselo a la cara, ¡maldijo hijo de perra!

—¿Estás bien Harry?

Escuchó que le preguntaba Granger, había llegado a su lado la primera y se encontraba justo a su altura. Así que al muy cretino le jodía que Granger lo mirara, muy bien, a ver qué tal le sentaba esto.

Sin dudar un segundo cogió el rostro de Granger y la acercó a él, vio la sorpresa en sus ojos, pero no le importó. Acortó la distancia entre ambos y la beso.

No escatimó en hacerlo visible para todo el mundo, en especial para Malfoy. Parecía que el tipo en verdad tenía celos de ellos dos. Si conseguía cuanto antes deshacerse de todo aquello sería mejor para él.

Sintió las manos de Granger en su mejilla y como ella respondió a su beso y se sorprendió al sentir un escalofrío recorrerlo. La imagen de ella llorando de rodillas en el suelo, lo asaltó de pronto y sin pensar, la obligó a acercarse más a él, abrazándola, deseando poder borrar todo rastro de esas lágrimas pasadas.

Nada más pensar eso, se separó de ella.

¿Qué mierda le pasaba?, Granger se quedó un rato quieta, con los ojos cerrados y la respiración algo agitada, sin duda no se había esperado ese movimiento por su parte.

—Veo que estás bien.

La voz de Lupin lo obligó a mirarlo y sonrió ladeadamente. Sonrisa que no iba dedicada a él, sino a quien lo miraba tras de él:

—Fantásticamente, nada mejor que un buen reconstituyente para estos casos. Deberías enseñarle a tu estrella a apuntar al lugar correcto. La canasta está hacia arriba, quizás, si supiera ese concepto tan importante en este deporte, conseguiría una media más alta en su baremo.

Algunas exclamaciones de sorpresa se hicieron escuchar, y vio a Lupin sonreír a su vez, el capullo se divertía con esa situación.

—Sé mil veces mejor que tú donde tengo que encestar la pelota y en esta ocasión fue al lugar que yo quise que fuera. Y no tienes ni puta idea de mis porcentajes, así que no quieras dár…

Lo cortó soltándole todo lo que había aprendido observándolos entrenar y se encontró con que hasta Lupin estaba sorprendido por su criterio de observación. Cuando concluyó, tenía la pelota que Malfoy le había lanzado al estómago en su mano y miraba la canasta tras él.

—Esos son tus porcentajes rubio. Espero que mejores, sino tu puesto podría quedar vacante muy pronto, y quien sabe, tal vez decida que no quiero solo conformarme con tu chica.

Se encogió de hombros y desde su posición ajustó bien el tiro y lanzó. Rezó porque entrara, quedaría muy mal si no era el caso. El tiro dio en el cuadrado y rodó por el aro dos o tres veces, supo el momento exacto en que iba a salir, más para su sorpresa una mano la obligó a entrar.

Al descubrir al dueño de esta, se topó con los ojos azules de Weasley, quien le sonrió.

Sin decir ni una palabra a nadie, recogió sus cosas y se marchó de allí. Esperaba que Lupin lo dejase pasar por esta vez, después de todo, le había regalado un buen espectáculo y un resumen de lo que debía conseguir que cada jugador mejorase.

Suspiró irritado y cansado y se despeinó más el pelo si era posible. Estaba frustrado, no quería un enfrentamiento tan abierto con Malfoy, pero es que el tipo era idiota perdido.

Además, debía admitir que era fácil de mosquear, en la mañana solo había necesitado dos palabras para provocarlo y había respondido tal y como él esperaba.

Era bueno jugando y quizás había variado un poquito su baremo al hablar de él, el chico era un creído y un cretino, no podía decirle que sus aciertos a la hora de encestar eran superiores a los datos que le había dado. Pero era bueno, joder, en la mañana había tenido que ponerse serio para impedir que le quitara la pelota, era cierto que tras provocarlo le había resultado más sencillo, pero si el rubio hubiese encontrado su punto de calma, sin duda la cosa hubiese podido ser diferente.

¿Por qué Lupin lo quería en el equipo teniendo a Malfoy en él?

No podía dejar de pensar que incluso era superior a él, nunca se había pensado la gran cosa, pese a que todos le decían que era bueno en ello, siempre supo que entraba en los cánones normales, pero Malfoy era diferente, el tipo podía superar fácilmente sus límites.

Volvió a despeinarse irritado. No quería un puto desafío con Malfoy en ese campo, no quería volver a jugar baloncesto, pero acababa de declarar que si quería podía quitarle el puesto. Maldito idiota.

Llegó a su cuarto tras pasar por las cocinas y fregar la montaña de cacharros que le esperaba, Lily se mantuvo callada todo el rato, por lo visto había detectado que no estaba muy de humor para hablar.

Aprovechó para robar algunas sobras y guardarlas para dárselas a Hedwig cuando la viese.

Debía hacerse con comida para ella.

—¿Estás más tranquilo?

La escuchó susurrar:

—Es solo que me ponen de los nervios.

—Fred me dio su número de teléfono, me dijo que no tardemos en llamarlo. Habló sobre Voldemort y Colagusano.

Esos sobrenombres le sorprendieron. Si su padre, Fawkes, había sido un mito en el mundo de los ordenadores, esos dos eran algo así como el apocalipsis. Podían ser los causantes de más de la mitad de los virus más peligrosos que existían, pero no solo eso.

Voldemort era algo así como un ladrón de guante blanco en la red, a través de ella, había conseguido hacerse con infinidad de dinero. Su padre había pasado mucho tiempo hablando de él, contándole todo lo que sabía al respecto de ese tipo.

También le dijo que debía evitar cruzarse en el camino de este a como diera lugar. Cada vez que veía la marca de él en algún lado prefería salirse antes de ser detectado. Nunca había tenido un enfrentamiento directo con él en la red, dudaba mucho que supiera de su existencia si quiera.

—¿Por qué quieren hablar de esos dos?

—Dicen que no comprenden cómo no podemos saber nada. La verdad es que consiguieron que me mosqueara.

Parecían reírse de mí y eso me molesta mucho, ya lo sabes.

Sonrió de medio lado, sí, dejar a Lily a oscuras era cosa peligrosa.

—Después, si quieres, hablamos con ellos. Ahora a ver si terminamos rápido con esto, que ya estoy agotado. Quiero descansar, el día de hoy ha sido extraño.

Lily asintió y ambos terminaron rápido con todo aquello. Un logro ciertamente admirable.

—Voy a mi cuarto a cambiarme y bajo, creo que tenemos media hora todavía antes de que nos llegue el toque de queda.

Lily asintió a sus palabras y él corrió a su cuarto, en cuanto entró escuchó a Hedwig ladrar como loca, cerró la puerta rápidamente y le abrió a ella. En seguida se tiró contra él para comenzar a darle besos como loca.

No pudo evitar echarse a reír. Era todo un bicho. Cuando consiguió que se calmara, le dio la comida que le había llevado y una vez hecho eso, cogió el bolso donde la había traído de contrabando y que utilizaba para llevarla por el colegio.

—Venga señorita adentro. Recuerda, no armes bulla o nos pillarán.

Hedwig no dudó un segundo en obedecer y él cerró el bolso y se lo ajustó lo máximo posible.

Agradecía que fuese pequeña, si hubiese sido de las grandes eso que estaba haciendo jamás podría hacerlo.

Se reunió con Lily y ambos fueron al jardín, al ver que él no se detenía Lily lo obligo a parar:

—Aquí estará bien.

Frunció el ceño y miró a su alrededor, no, no estaba bien, ahí no podría sacar a Hedwig, miró a Lily, había pensado decírselo a ella para que lo ayudara a cuidarla, pero ella estaba más pendiente de lo que Fred y George querían decirles. Suspiró, al día siguiente se lo revelaría.

—Está bien. Llama.

Se sentaron juntos y él de forma discreta y agradeciendo que Lily estaba distraída con el teléfono, abrió un poco el bolso y metió la mano para acariciar a la enana y evitar que comenzara a protestar.

Hedwig comenzó a mordisquearle y darle besitos mientras él la acariciaba, hasta que consiguió que se calmara. Después tendría que ir a pasear con ella solo. Esperaba que no lo pillaran, o tendría otro castigo más que sumar.

Suspiró, definitivamente ese no sería un año tranquilo.

—Esperad, que pongo el altavoz.

Escuchó que decía Lily y prestó atención a lo que Fred iba a decir:

—Ya estamos.

—Bien, primero que nada, no me puedo creer que no estéis enterados de que Riddel y Granger son dos de los más asiduos en nuestro mundo. Vamos, que no puedo comprender cómo no habéis escuchado hablar de Stringer y Co.

—¿Hablas de la empresa multinacional?

—Por supuesto que sí. Riddle es el mejor en nuestro mundo, Stringer es su nombre en la red, no entiendo cómo es posible que no sabéis algo así. Él es más conocido que ninguno de nosotros, se dice que consiguió incluso detener a Voldemort en una ocasión, fue el que creó el antivirus que frenó una de sus mayores invasiones.

Estoy seguro que algo habéis escuchado.

Lily seguía prestando atención, pero él hacía rato que se había desconectado. Granger y Riddle. ¿Esos dos juntos tenían una empresa? Granger le había dicho que era su tío, no debía estar tan sorprendido.

—¿Y qué tiene que ver Granger en todo esto?

—No hablo de la reina de hielo, sino del padre. Él era Colagusano, cuando Riddle lo descubrió, no dudo en desenmascararlo y entregarlo a las autoridades. Nosotros descubrimos esto hace cosa de un año. Buscando información de la reina de hielo.

Esa revelación lo sorprendió. ¿Colagusano el padre de Granger?

Frunció el ceño:

—¿Dices que lo entregó a las autoridades?, Pero Colagusano sigue activo en la red.

Inquirió. Recordaba perfectamente haberse salido de un servidor antes de lo sucedido con sus padres por haberse encontrado con él.

—Eso es imposible. Granger lleva en prisión cosa de siete años, es imposible que haya estado en la red.

—Te digo que lo ha estado, yo mismo me he topado con él.

Inquirió muy seguro. Fred guardó silencio y George tomó la palabra:

—¿Es posible que la reina de hielo haya querido seguir los pasos de su padre?

Esa pegunta lo hizo recordar las palabras de Granger, su llanto y su estado. ¿Era posible?

—De todas, ¿a qué venían esas prisas por esta conversación?

Cuestionó perdido, Lily lo miró y después desvió la vista, ese gesto le fue imposible de comprender, hasta que Fred inquirió:

—¿Aún no te has enterado?, Chico, vives en la luna. Pasado mañana vendrá Stringer en persona a darnos una charla.

En menos de un segundo se encontraba de pie y respiraba agitadamente, ¿Qué acababa de decir?

—¿Qué?

No pensó que su voz sonase en un susurro ahogado, más bien creía que soltaría tremendo grito.

—Pues eso, que Riddle vendrá para darnos una charla y además he escuchado que busca jóvenes portentos. Está decidido a hacer una especie de concurso para ver si encuentra buen material en la escuela. Está pensando en crear un equipo especial de alumnos solo de Hogwarts. ¿Sabéis lo que eso puede significar para nosotros?, Ya tenemos un nombre en la red y él seguramente nos ha estado controlando, estoy deseando decirle quien soy.

—¡NO! –su voz sonó con cierta urgencia, lo que ocasionó que el silencio se hiciera inmediato, al ver la mirada de Lily tragó en seco e inquirió: —A ver, creo que lo mejor sería demostrarle nuestras habilidades y cuando ya nos haya reconocido como iguales, revelarle a quienes tiene delante.

Lily abrió los ojos sumamente sorprendida por sus palabras y agradeció estar hablando por teléfono y no en persona.

—¡Tienes razón tío!, Eso será un golpe de efecto mucho mejor.

Escuchó que exclamaba George.

—Sí, sin duda.

Harry, notó enseguida que la voz de Fred no sonaba tan entusiasmada: —Harry, quería hablar contigo de otro asunto aparte, ¿podrías coger tú ahora el teléfono?

Lily se lo pasó y él quitó el altavoz. Tras escuchar que Fred se alejaba supo que lo que fuese a decirle, George no lo sabría:

—¿Qué pasa exactamente con Riddle?

Directo, sí, definitivamente Fred era más perspicaz que George.

—No puedo hablar ahora contigo de ese tema. Solo decirte que no todo lo que reluce es oro, procura que tu hermano no brille con toda su intensidad y trata de pasar desapercibido todo lo que puedas.

—No sé exactamente por qué dices todo eso, pero he aprendido algo de ti, no hablas por hablar. Quisiera que me viese como un amigo, sé que quizás es pronto, pero puedes confiar en nosotros.

—Confía entonces tú en mí sobre esto. No tengo un buen presentimiento.

Escuchó que Fred suspiraba:

—Los presentimientos ¿en?, Bien he aprendido a seguirlos algunas veces. Ya hablamos.

Escuchó que colgaba la llamada y él lo imitó y le devolvió el teléfono a Lily:

—Será mejor regresar ya.

El paseo de Hedwig quedaba pospuesto, tenía que revisar lo que su padre tenía en relación a Colagusano. Había algo que no le encajaba en todo aquello.

Lily asintió:

—¿Qué vamos a hacer Harry?, No quiero ver a ese despreciable y tener que callarme.

—Tenemos que hacerlo, no tenemos pruebas contra él, ni Sirius ni Lupin han podido encontrar nada tampoco.

—Podríamos pedir permiso para faltar a esa charla.

Negó:

—Quiero ver a ese hijo de puta a la cara. No me basta verlo en una fotografía. Quiero saber exactamente cuál es su aspecto.

—¿Fotografía?

Cuestionó Lily, ella sabía de sobra que no había de eso en la red. Sacó su móvil y tras buscarla se la enseñó. Lily ahogó un grito de sorpresa:

—¿Este es él?

Asintió.

—Sí, es Tom Riddle, el tío de Granger.

—¿Tío? ¿De qué estás hablando?

Negó sin tener más ganas de hablar y emprendió el camino, Lily lo siguió, haciendo mil preguntas, pero no contestó nada más que con monosílabos. ¿Era posible que Colagusano fuese ahora Granger?

Cuando llegó a su cuarto, sacó a Hedwig, quien al verse de nuevo en el cuarto se enfadó y comenzó a correr como loca por el cuarto, saltando en la cama y haciendo cabriolas.

Él cogió su ordenador dispuesto a mirar los archivos de su padre. Estaba en ello, cuando una ventana apareció de la nada en su ordenador.

"No sé quién eres, pero no te conviene tocarme los cojones con ese Nick tan puñetero. Más te vale comenzar de cero novato y crearte tu propia reputación en lugar de aprovechar la de otros."

—¿Qué mierda…?

"¿Quién se supone que eres tú?"

Cuestionó molesto:

"Alguien que puede joderte mucho si no me obedeces. Hace varios meses que Fawkes está enterrado, no quieras seguir sus pasos."

Se incorporó en la cama sorprendido por esas palabras. ¿Quién demonios era quien le estaba hablando?

"Mira, no sé quién cojones eres tú, pero yo soy Fawkes, mejor deja de hacerte el chulo y vete a la mierda."

Tecleó algunas cosas intentando cerrar la puñetera ventana y prometiéndose que a partir del día siguiente pondría las protecciones pertinentes en su pc.

"¿El verdadero Fawkes?, así que quieres jugar, bien, te invito a la partida de tu vida novato."

En su pantalla apareció un enlace a una página de internet. Estaba de cachondeo si se creía que iba a entrar en ese enlace. No era un idiota que no sabía lo que se hacía.

Tras meter algunos códigos en su ordenador, la pantalla quedó completamente extinta de su pc. Se quedó un rato observando el archivo que él estaba estudiando antes de que fuese interrumpido y frunció el ceño.

¿Quién había conseguido localizarlo?, Llevaba bastante tiempo sin entrar en la red como Fawkes.

Fue al enlace de internet, decidido a buscar sobre los Granger y al abrir la ventana se encontró con que le salían varias a la par.

—¡Hijo de puta!

Furioso cerró internet y seguidamente apagó su ordenador, el muy cretino le había metido un virus. Debía deshacerse de él cuanto antes, no podía permitir que alguien tuviese acceso a su pc. Agradecía lo indecible haber hecho varias particiones en su ordenador.

Al día siguiente tendría bastante trabajo con eso.