¿Quién es Adolf K. Weismann? Algún día su nombre daría mucho de qué hablar, sería un referente a nivel global, sin embargo hoy por hoy no es más que un desconocido. Un prodigio de diez años, cabello plateado, ojos azules, menudo y todavía algo pequeño para su edad. Actualmente se encuentra a un paso de terminar el secundario en tiempo récord y aspira con entrar a una universidad de prestigio en Alemania, su sueño es estudiar a fondo las ciencias y ser un investigador.
Klaudia Weismann es su hermana, dos años mayor recién empezando la secundaria y de hecho ya le cuesta, salvo por deportes o biología en lo demás anda un poco perdida pero básicamente porque se distrae con facilidad. De cabello rubio platinado, ojos azules y todavía más alta que su hermanito. Aun no tiene ninguna aspiración para su futuro, le gusta disfrutar el día a día con sus amigos, explorando la naturaleza pero por sobre todo jugar con su hermano, a quien apoda Weiss porque según ella, sus otros nombres son difíciles para poner sobre nombre
Actualmente viven en un pequeño pueblo, en una modesta casa puesto que sus padres no son muy pudientes. Su historia todavía no es conocida, pero sin duda alguien algún día en su búsqueda de la verdad querrá remontarse hasta los inicios, donde todo comenzó.
—Nee, Weiss ¿qué estás haciendo?—llamo la chica mientras husmeaba por sobre el hombro de su hermano
— ¿Que parece? Estoy leyendo—
—Eso es aburrido, porque mejor no salimos a jugar— propuso con emoción
—A mí me divierte…además, ellos no me quieren ahí— dijo con un aire melancólico
— ¿Qué dices? Claro que si—
—¡Klaudia! ¿Qué te dije de molestar a tu hermano?— la voz de su progenitora gritando desde la puerta le causo un escalofrío.
— ¡Pero si no estoy haciendo nada!— se defendió pero fue en vano
—Que tú seas una holgazana no te da derecho a estorbarle mientras estudia, anda vamos a tu cuarto— dijo su madre mientras le daba golpes con el repasador en la cabeza
—De acuerdo, ya me voy—refunfuño la niña y despotricando se marchó a la habitación conjunta cerrando la puerta de un portazo.
El muchacho suspiro pues sabía que eso no la detendría, en efecto, segundos más tarde sintió como alguien se asomaba por la ventana.
—Weeeeiisss…—
—Estamos en el primer piso, si te caes de esta altura incluso tu cabeza dura saldrá lastimada—recalco a la niña que mantenía el equilibrio sobre la cornisa del techo
—Estaré bien, ahora vamos salgamos un rato, es un hermoso día te hará bien tomar un poco de aire fresco—insistió y su hermano la miro fijamente dubitativo, finalmente resignado cerro el libro y se dirigió a la ventana.
El pequeño riachuelo que bordeaba aquel pueblecito siempre resultaba un entretenido punto de reunión para los niños del pueblo quienes se aventuraban en busca de peces e insectos. Como era de suponerse un grupo de sus compañeros de escuela y vecinos ya se encontraban allí.
— ¡Miren es Klaudia!— anuncio uno de ellos al verla venir—Y….oh….no
—Hola muchachos—saludo alegremente y recibió una respuesta similar—Espero que no les moleste que haya traído a mi hermano
—mmm…— respondieron con desgano
— ¿Qué hacen?—
—Encontramos esta lagartija de agua. ¿No es fabuloso?—comento uno mostrando el pequeño ser negro y amarillo que tenía en la mano
—Es una salamandra, no una lagartija—corrigió el muchacho
—Qué más da, un reptil es un reptil—
— De hecho es un anfibio—
—Y a ti quien te pregunto, nerd—
—Oye, no seas así con él—defendió la chica
—Lo siento pero es que tu hermano es una biblioteca andante nunca se calla—
—Si, a nadie le interesa saber si es una salamandra o un anfibio—
— Con ese concepto para ti un pez y un delfín son la misma cosa—dijo y como respuesta uno de los chicos lo empujo de atrás, arrojándolo de cara al agua.
El grupo se reía a carcajadas pero les duro poco ya que un par de puñetazos después y todos estaban en el piso llorando con la nariz rota.
—Nunca más se atrevan a molestar a mi hermano, oyeron—amenazo la chica blandiendo el puño para reafirmar sus palabras—Ahora largo, antes que me arrepienta
Podía ser una chica pero a la hora de pelear se movía como un mono y golpeaba con fuerza, de modo que nadie necesito pensarlo dos veces antes de salir corriendo, aunque eso no impidió que profirieran algún insulto en su contra
— ¿Estás bien Weiss?—dijo tendiéndole la mano para ayudarlo a levantarse, se encontraba completamente empapado—Lo lamento
—Descuida, yo ya sabía, no encajo en este lugar—dijo con tristeza—Sera mejor que regrese a casa
—Vamos, te acompaño—
— ¿En qué demonios estabas pensando?—el grito de su madre que acompaño la bofetada que le dio— ¿Cómo te atreves a llevar a tu hermano a un lugar tan peligroso? ¿Qué tal si le pasaba algo?
—Pero no le paso nada realmente—
—Esta empapado, será mejor que no se enferme o sino…— gruño mientras secaba al muchacho con la toalla
—Ya está mamá, no es para tanto—insistía este
—Tu hermano es la única esperanza de esta familia, así que deja de ser tan egoísta y ocúpate de tus asuntos antes de seguir interrumpiendo con sus estudios—
—Si mamá, lo siento—se disculpó bajando la mirada
Esa noche Adolf se encontraba en pijamas pero todavía seguía inmerso en aquellos pesados libros de física.
—Weiss…— sintió que lo llamaban, volteo y desde la puerta su hermana lo miraba con mucha tristeza— ¿Cómo te sientes?—
—Estoy bien, descuida—dijo, la mirada de su hermana le incomodaba de alguna manera, pese a que se la veía muy decaída aun así sonrió al escuchar eso.
—Me alegro – dijo—Y siento lo de esta tarde
—Descuida, no es tu culpa—respondió—No importa lo que diga mamá
—Aun así…en fin, que descanses—
—Hasta mañana—
Intentaba concentrarse en esas complicadas fórmulas matemáticas pero resultaba difícil si de fondo podía sentir los gritos e insultos provenientes de las habituales discusiones de sus padres. De pronto el ruido se sintió amortiguado junto con el sonido de la puerta de su habitación al cerrarse, volteo y vio a su hermana de pie frente a la cama.
— ¿Qué haces?—
—Vine a leer contigo—anuncio y arrastrando otra silla se sentó a su lado en el escritorio, tomo uno de los avanzados libros universitarios, lo abrió en una página al azar y comenzó a leer.
Adolf pudo ver como el concentrado rostro de su hermana cambiaba de expresión en la medida que se desanimaba al no entender nada de lo que estaba leyendo. Finalmente la chica dejo caer de lleno su cara sobre la mesa.
—Klaudia, ¿qué haces?—suspiro mientras veía a su hermana todavía recostada sobre el libro—Es evidente que a ti no te interesa nada de esto.
—Pero a ti si—dijo y él se sorprendió—Quiero saber acerca de lo que te interesa, quiero saber de ti Weiss, de esa forma estoy segura de que encontraremos algo que podamos hacer juntos.
— ¿Por qué te importa tanto?—
— ¡Porque eres mi hermano!...mi único hermano—dijo con tristeza—Yo no quiero que seamos un par de desconocidos viviendo bajo el mismo techo, aunque seas un genio y por más que yo no entienda de todo esto, aun así quiero que compartamos cosas juntos-
Adolf la contemplo dubitativo durante unos segundos, su rostro no demostraba ninguna expresión en particular, finalmente volvió a suspirar resignado.
—Intenta lo que quieras pero dudo que entiendas lo que hay ahí—dijo mientras cerraba el libro que había estado leyendo, luego para sorpresa de la chica se trepo al escritorio haciendo pie sobre la silla para alcanzar los libros más altos de su repisa. Tomo un pequeño libro, de tapa amarilla muy desgastada y cubierto de polvo, lo sacudió y se lo entrego
—Empieza con este—dijo y ella sonrió ante la expectativa
En efecto para Klaudia resulto mucho más fácil leer y entender aquel libro ya que era de secundario si bien hablaba de astronomía y nunca antes había leído al respecto podía entender lo que este explicaba.
—Wow, Weiss ¿esto es lo que tanto te gusta?—
—Sí, ese fue uno de los primeros libros que leí al respecto y me intereso mucho ver como objetos y cuerpos que están a tanta distancia pueden influir en nosotros. Las estrellas, los planetas, están a kilómetros de aquí y aun así siguen presentes en nuestra vida diaria—explicaba y su hermana le contemplaba con emoción—Quiero saber más al respecto, ¿no sería grandioso si descubriéramos una forma de obtener poderes gracias a la influencia de otros objetos?, tal como el mar se mueve por la luna
—Suena genial, ojala seas tú quien lo descubra—
Esa noche Adolf pensó que su hermana se traía algo entre manos, Klaudia había terminado de cenar primero que todos y anuncio que se iba a la cama después de eso. En su habitación cerró la puerta con fuerza para que todos en la casa escucharan que ella ya se encontraba allí. Por supuesto, esta actitud paso desapercibida para sus progenitores quienes se hayan demasiado ocupados en sus asuntos.
De todas formas, se marchó a continuar con sus estudios, pero al cabo de unos minutos el golpeteo de un cristal le llamo la atención. Por fuera, su hermana golpeaba suavemente la ventana pidiendo que la abriera.
— ¿Qué estás haciendo?—increpo una vez que la dejara pasar
—Shhhh, que papá todavía está despierto—dijo en voz baja y camino de puntitas hasta la puerta a fin de cerrarla. –Ahora sí, vine a llevarte a un lugar genial
— ¿A dónde?—
—Es sorpresa—
— ¿Son las once de la noche y pretendes que nos escapemos de casa para ir quien sabe dónde?—
—Así es—
—Olvídalo—
—Anda Weiss, confía en mí. Sera genial, lo prometo—dijo y le tendió la mano, el muchacho dudo pero realmente no tenía razones para no confiar en su hermana.
Bajaron nuevamente al jardín con ayuda de un árbol que daba a las ventanas, ya en el suelo Klaudia saco un pañuelo del bolsillo
—Ten cúbrete los ojos—
— ¡¿Cómo?!—
—Te dije que es una sorpresa—
—Pero como se supone que pueda caminar si estoy vendado—
—Aisshh yo te guiare, ahora deja de cuestionarme todo y haz caso—
Sorprendido incluso de sí mismo, el muchacho se vendo y quedo completamente a merced de la chica. Tenía que admitir que el camino no era complicado, recto en su mayoría, aun así resultaba un poco incómodo caminar sin saber a dónde, y tras un rato de lo que parecía ser una subida comenzaba a cansarse
— ¿Falta mucho?—
—No, ya casi llegamos—anuncio emocionada—Listo, ven aquí. Ya puedes quitarte eso
Se despojó del trozo de tela recuperando la visión, lo primero que noto es que se encontraban en una colina lindera al pueblo, podía verse a lo lejos y por debajo las pequeñas casas y comercios, por lo demás todo estaba oscuro.
— ¿Esta se supone que es mi sorpresa?— pregunto pero ella negó sonriente y levanto un dedo señalando hacia arriba
—Es esa—dijo y el muchacho levanto la vista al cielo nocturno. Lo que vio le hizo contener una exhalación, y de la impresión se dejó caer sentado al suelo. Un hermoso firmamento lleno de estrellas blancas y brillantes que parecían estar tan cercas que bastaba extender una mano para poder tocarlas. Estaba extasiado, podía identificar constelaciones, la vía láctea e incluso algunos planetas cercanos, era tan imponente demasiado como para describirlo.
Klaudia se sentó a su lado, con una sonrisa radiante al ver el impacto que tuvo su sorpresa en su hermano
—Sabes, pensé que quizás nunca habías visto esto salvo en tus libros—comento, su hermano volteo y esta vez de sus ojos comenzaron a salir una incontenible cantidad de lágrimas, se arrojó sobre ella tirándola al suelo en un fuerte abrazo
— ¡Klaudia!—sollozo con voz ronca—Te quiero hermana, te quiero mucho…por favor, nunca dejes de quererme ¿sí?
— ¿Qué dices Weiss? Yo nunca te voy a dejar de querer—aseguró mientras le frotaba el cabello
—Es que yo siempre pensé que…siendo tan diferentes…y mamá que siempre hace diferencia entre nosotros, yo realmente creí que terminarías odiándome como lo hacen todos—dijo llorando de dolor—Tenía mucho miedo de eso
—Adolf—llamo con voz suave para tranquilizarlo—eres mi hermanito y desde que naciste que me hace muy feliz tenerte de lo contrario pienso que mi vida hubiera sido muy solitaria y triste. No me importa si somos diferentes, puedes ser un genio o incluso el más idiota de todos pero aun así te voy a querer igual—Afirmó con una sonrisa—Y siempre buscare la forma de estar juntos.
Su hermano asintió entre sollozos y volvió a abrazarla con más fuerza, ella le correspondió hasta que se hubiera calmado.
— ¿Andrómeda?—
—Si es una galaxia…y también una criatura de la mitología griega—
— ¿Cómo puede ser ambas cosas?—
—Jajaja, no me refiero a que comparten nombre—
—Oh… ¡genial!—
— ¿Otra vez acá?—antes que pudieran reaccionar la voz de su madre se hallaba a sus espaldas, tomo a la chica rudamente de un brazo y la arrastro hasta la mitad del cuarto—Que no tienes nada mejor que hacer que fastidiar a tu hermano
—Ouch, ¡de acuerdo ya me voy!—
—Él tiene mucho que hacer, deja de molestar—
— ¡Mamá! ¡Ya basta!—para sorpresa de ambas mujeres el muchacho grito poniéndose de pie firme frente a ellas—Klaudia no está molestando, me hace compañía
— ¡No tienes tiempo para estas tonterías! Deberías estar estudiando para ganar esa beca y sacarnos de este mugroso pueblo—
— ¡Eso hago! Y con su compañía puedo estudiar mejor, así que por favor ya deja de tratar mal a mi hermana—dijo con furia sin embargo podía notar que le temblaban las piernas y al voz.
Su madre paso la vista de uno al otro y finalmente soltó a la chica de manera despectiva
— ¡Bien! ¡Hagan lo que quieran!—rugió y se marchó hecha una furia hasta su cuarto
— ¿Estas bien?—pregunto y pese a que intentaba lucir sereno Klaudia pudo notar que tenía los ojos vidriosos. Le sujeto las manos con fuerza para calmar el temblequeo incesante.
—Sí, muchas gracias Weiss—dijo ella sonriente y le dio un suave beso en la mejilla.
