Siempre era lo mismo, ya no importaban las razones podía ser incluso la más ridícula como quien lavaba los platos, o donde se dejó la ropa sucia pero cualquier excusa era buena para que entre sus padres se desatara una guerra mundial y terminaban a los gritos e insultos en la cocina. Últimamente se había vuelto algo tan frecuente que los chicos ya lo ignoraban.
— ¿Te molesta si vengo a leer aquí?—pregunto Adolf desde la puerta a su hermana quien se encontraba sentada en la cama leyendo una revista, ella le invito a entrar.
Eso también se había vuelto una costumbre, estaba tan acostumbrado a la presencia de Klaudia que si ella no iba a su cuarto era él quien la buscaba.
Se tiró boca abajo en la cama junto a ella, quien tras darle una sonrisa, continúo con su lectura, se sentían tranquilos y al parecer la pelea de sus padres había terminado. Sin embargo no paso mucho hasta que sintieron a su madre llegar presurosa, al parecer algo la tenía realmente feliz.
—¡Adolf! ¡Llego esto para ti!—dijo emocionada agitando un sobre al aire
El muchacho se levantó a recibir la carta, abrió los ojos llenos de sorpresa cuando reconoció el logo impreso en esta, presuroso rasgo el papel y comenzó a leer su contenido.
—Es de la universidad…dicen que me aceptaron—dijo casi sin voz, anonadado de la emoción mientras volteaba a ver a su hermana quien le sonreía y levantaba los pulgares
—¡Bien hecho Weiss!—
—Ese es mi hijo sabía que lo lograrías—felicito su madre dándole un fuerte abrazo—Habrá que comenzar a empacar todo y en un mes ambos partiremos a Berlín.
— ¿Ambos? ¿Y qué será de papá y Klaudia?—
—Ellos se quedaran aquí, después de todo la invitación es solo para ti y obvio yo tengo que ir porque todavía eres menor de edad—
—Pero…—
— ¡Qué emoción! ¡Berlín! No puedo esperar—dijo mientras daba media vuelta y se marchaba cantando alegremente.
Adolf se quedó parado intacto mirando la carta fijamente lleno de sentimientos encontrados
—Weiss…—llamo su hermana
—No voy a ir—dijo terminante sin siquiera voltear a verla
—Weiss, ven siéntate—invito ella con dulzura y su hermano se dejó caer de nuevo en la cama, sintió como ella le rodeaba en un fuerte abrazo—Tienes que ir
— ¡No! ¡No quiero!—dijo con la voz entrecortada por las lágrimas que comenzaban a surcar su rostro
— Claro que sí, esto es lo que siempre has querido, ¿o acaso ya te olvidaste?—
—No puedo hacerlo, no sin ti—insistió y volteo a verla solo para descubrir que ella también estaba llorando pese a que sonreía con mucho esfuerzo
—Sí que puedes—dijo pegando su frente a la suya y cerrando los ojos—Vas a ir y vas a luchar por tu sueño y yo te estaré apoyando
—Pero no quiero que estemos separados…me sentiré muy solo—
—Siempre estaré contigo aunque estemos lejos—aseguro con confianza—Y te prometo que encontrare la forma de que volvamos a vernos otra vez.
—….—
—No desperdicies esta oportunidad por la que tanto has luchado, ve, aprende, investiga y descubre todo eso que siempre has querido—
El muchacho asintió pero aun así continuo llorando mientras abrazaba a su hermana nuevamente.
Su vida dio un giro drástico a partir de su ingreso a la universidad y desde ese momento fue como si todo avanzara a una velocidad de vértigo. Parecía ayer cuando fue invitado como ayudante alumno a participar de la investigación de aquella misteriosa y reciente tabla en ruinas, el estallido de la segunda guerra mundial se sentía cosa de algunos minutos atrás. Detestaba la guerra, francamente no parecía encontrar motivos que justificaran esa clase de matanza aun así se sorprendía a si mismo puesto que trabajaba junto con las fuerzas del eje quienes estaban patrocinando su investigación, en tan solo un par de años se había convertido en jefe del proyecto K, el cual buscaba una utilidad para la tabla de Dresden. Si bien no compartía los intereses bélicos que el ejército tenía sobre esta, poseía la esperanza de descubrir un uso que le trajera felicidad a todos, podía soñar un poco ingenuo pero él era así.
—Profesor Weismann por favor espere a que lleguen los escoltas—
—Tonterías, soy un hombre de ciencia porque alguien habría de atacarme—dijo mientras bajaba del auto y caminaba en dirección al museo de ciencias, el cual era tan solo una fachada que ocultaba la entrada al centro de investigaciones.
Estaba por ingresar al edificio, cuando vio que el portero se acercaba y muy tarde descubrió la navaja que traía oculta en la manga de su uniforme, arremetió en su contra con la intención de apuñalarlo bajo la costilla pero se vio entorpecido por la figura de un recién llegado quien con habilidad desarmo al sujeto de un golpe. El asesino, volteo con intención de contratacar a puño limpio pero se percató que ahora tenía el cañón de una pistola en la frente.
—Yo que tú lo pienso dos veces—dijo la familiar voz de una chica— ¡Guardias! Llévense a este traidor—Media docena de uniformados cayeron a apresar al supuesto portero, reduciéndolo contra el suelo con facilidad
—¡Klaudia!—exclamo el joven científico con muchísima emoción y corrió a abrazar a su hermana, sin embargo esta lo esquivo y comenzó a pellizcarle de la cintura
—Como te atreves a no responderme las últimas cartas que te envié—dijo furiosa
—Ouchh hermana, lo lamento pero se supone que mi traslado tenía que ser un secreto—
—Ya veo, por eso se enteró todo el mundo—
—Pero no fue mi culpa yo no dije nada a nadie, lo lamento—le suplicó y finalmente fue liberado
—Rayos…me tenías muy preocupada—dijo mientras le miraba con seriedad pese a que el sonreía todavía como un idiota
—Y tú a mi desde que me dijiste que te unirías al ejercito—resalto—
—Bueno, realmente nunca pensé que se desataría la segunda guerra mundial cuando lo hice—se excusó—Y lo importante es que pude llegar a tu lado
Esta vez fue Klaudia quien corrió a abrazar a su hermano, el cual le correspondió con mucho ánimo
—Me siento tan feliz—exclamo minutos más tarde cuando ya se encontraban dentro del centro de investigaciones—tenemos un nuevo laboratorio, la investigación va progresando y contigo como mi asistente seguro avanzamos mucho más
—Guardaespaldas—
— Es lo mismo, acaso me dirás que no me ayudaras como en los viejos tiempos—
—Por supuesto, sabes que hare lo que pueda para apoyarte en tus locos inventos—
—Lo ves…Oh teniente ya está aquí, usted siempre tan puntual—dijo a un tercer hombre, un uniformado de rasgos orientales
—Profesor Weisman, veo que el traslado ha sido exitoso—
—Así es, mire déjeme presentarle a mi hermana Klaudia—dijo arrastrando a su hermana un paso al frente para que el oficial la viera, en cuanto la muchacha clavo los ojos en el hombre este se ruborizo por completo
—Klaudia este es el teniente cuyo nombre todavía no puedo pronunciar pero siempre viene a ver las pruebas de la investigación—
—Ko…Kokujōji Daikaku—dijo nervioso y bajo la mirada—
—Un placer conocerlo teniente—saludo alegremente y eso incomodo aún más al nipón
—Jajaja teniente tiene toda la cara roja, acaso le gusta mi hermana—señalo y como respuesta el hombre bajo más su gorra para cubrirse parte de la cara
—Si me disculpan, tengo que ir a ver si el cargamento llego a salvo— se apresuró y tras una rápida despedida salió prácticamente corriendo, Adolf se reía hasta que sintió un ligero golpe en la nuca, volteo para ver la mirada de reproche de su hermana
—No molestes al teniente, se ve que es una buena persona—
— ¿Quieres?—dijo mientras ofrecía una taza de café humeante, el muchacho asintió mientras se estiraba sobre su asiento hasta hacer sonar su espalda, había estado un rato largo estudiando unas fórmulas que ya eran altas horas de la madrugada, aun así su hermana se halla a su lado, llevando consigo las notas de cualquier avance que pudiera hacer.
—Hay tanto por hacer, que a veces no se ni por dónde empezar—comento mientras daba un sorbo
—Quizás evitando que los ratones exploten como cartuchos de dinamita—señalo la chica
—Que cruel eres hermana—dijo más aun así rio—Yo realmente espero que mi investigación traiga felicidad a las personas, odiaría ver que la utilicen como arma
—Pues entonces no fue buena idea dejar que el ejército patrocine todo esto—comentó—Pero además, no importa con qué intención lo hagas siempre habrá algún loco que le hallara la vuelta para corromper su uso, deberías contentarte con haber hecho un descubrimiento que cambiara la forma de pensar de la humanidad, ya ellos decidirán qué camino quieren seguir
—Lo sé, pero aun así me gustaría dejar al menos la visión de que se pueden hacer cosas buenas con un gran poder, no solo destruir cosas sino también protegerlas—
—Eso suena muy utópico…ojala lo consigas—
—Sabes, todo esto me da nostalgia después de todo no es muy diferente a cuando vivíamos en el pueblo, estudiando hasta tarde, tu acompañándome y de fondo…un conflicto que nos resulta ajeno a ambos—bromeo pero luego se calló y tras un rato de estar pensativo volvió a ver a su hermana con mucha seriedad—Gracias… por haber estado siempre.
—Tonterías, no necesitas agradecerme nada siempre lo hice con gusto y voluntad—dijo pero aun así el muchacho se levantó y la rodeo en un abrazo, ella no dijo nada más, simplemente lo abrazo también.
— ¡Teniente! ¿Le molesta si me siento?—pregunto alegremente y en cuanto el moreno escucho su voz se sonrojo como por arte de magia
—Señorita Klaudia, por supuesto que no, tome asiento—
— ¿Por qué es siempre tan formal? Pensé que después de este tiempo ya había confianza entre nosotros—bromeo y el hombre asintió con efusividad—Sabe, ahora que lo pienso, nunca pude agradecerle realmente por cuidar de mi hermano—
—Agradecerme ¿por qué?—
—Adolf, desde pequeño es muy torpe para socializar, me hizo muy feliz ver que acá hizo a tan buen amigo—
— Seguro pero eso no es algo tan noble—
—Claro que sí, me dejo muy tranquila ver como se divierten y como usted lo protege pese a que mi hermano pueda ser un poco fastidioso a veces, se lo agradezco mucho—
—Al contrario, señorita, agradezco a usted que me tenga tanta estima—
—Y sigue con sus formalismos—dijo riendo pero no duro mucho porque una estridente sirena comenzó a sonar por todo el recinto y puso en alerta a los soldados
— ¡Bombarderos!—
La sirena retumbaba en sus oídos y le causaba piel de gallina, sin mencionar que ya podía sentir el suelo vibrar producto de las bombas que se detonaban en la cercanía, aun así él debía terminar de salvar aquellos documentos, eran de vital importancia para la investigación. Termino de juntar los papeles en la carpeta y con esta bajo el brazo corrió hacia la salida, pero tras una fuerte explosión el edificio se sacudió con violencia y tuvo que hacer un esfuerzo por no perder el equilibrio, sintió el crujir de una estructura y asustado miro hacia arriba solo para ver como grandes fragmentos de una viga se desplomaban sobre su cabeza.
Antes que pudiera reaccionar sintió que lo empujaban por la espalda y salió despedido hacia un costado. Cayo seco y le costó unos segundos incorporarse nuevamente solo para ver quien había sido el responsable.
—Klaudia—dijo casi sin voz, horrorizado al ver que su hermana se encontraba desplomada en el suelo y su pierna estaba atrapada por un gran trozo de cemento. Corrió torpemente en dirección a ella y con mucho esfuerzo logro liberarla, la tomo en brazos para ayudarla a incorporarse medianamente—
—Weiss…tienes que salir de aquí—advirtió
—Tu pierna está rota hay que llevarte con un doctor—dijo temblando mientras evaluaba la gravedad de la herida
—¡Weiss! No hay tiempo, ¡vete de aquí!—
— ¡No me iré sin ti!—dijo, y sus ojos se empañaron nuevamente, sin embargo su hermana lo miraba con mucha seriedad. Volvió a abrir la boca para decirle algo pero no llego a escucharlo, ni siquiera el mismo puesto que una bomba que detono sobre el edificio provoco un sonido ensordecedor un destello que los cegó temporalmente haciéndoles perder la conciencia.
Por unos instantes todo se volvió blanco y un silbido resonaba entumecido en sus oídos. Recobro la visión pero aun así tardo unos segundos más en ser consciente de lo que estaba sucediendo. Se encontraba tirado sobre una pila de escombros, arriba el cielo azul era una clara señal que el edificio ya no estaba, se incorporó con dificultad y contemplo con terror como no solo el laboratorio sino que todo lo que se hallaba a diez kilómetros a la redonda estaba completamente destruido. De alguna extraña manera él se hallaba a salvo pero estaba seguro que la espada de Damocles que pendía sobre su cabeza en lo alto era en parte responsable de ello.
Giro su cabeza en todas direcciones en busca de su hermana, cuando diviso un montículo de cabellos rubio ceniza sintió que el aire se le escapaba por completo de sus pulmones. Corrió en dirección a ellos y encontró a la chica tumbada con los ojos cerrados.
—¡Klaudia!—Gritó con desesperación mientras la sujetaba en sus brazos— ¡Klaudia!
La muchacha abrió los ojos con mucho esfuerzo y volteo a ver quién la llamaba, sonrió al verlo.
—Vaya, me alegra que estés a salvo—dijo y pudo sentir que su voz sonaba como si tuviera liquido atorado en ella—Weiss…lo siento
— ¿Qué?... ¡no te atrevas!—reprocho desconsolado pero su cuerpo comenzó a sacudirse de manera involuntaria junto con el llanto.
—No voy a poder acompañarte hasta el final—dijo llevando una temblorosa mano al rostro de su hermano—
—No me dejes…por favor—suplico mientras le sujetaba la mano con más fuerza
— Weiss…yo sé que los harás felices a todos…a mí me hiciste muy feliz— su voz se entrecorto y dejo caer su brazo carente de fuerzas—Hasta la próxima…
—¡Klaudia!...hermana…no te mueras—grito con todas sus fuerzas pero sabía que era en vano porque ella ya no le escuchaba.
Volvió a aferrar el cuerpo de la chica, llorando angustiosamente por un largo rato, nunca supo ciertamente cuanto tiempo había transcurrido, si bien es cierto que para cuando el Teniente llego a socorrerlo, la mano de su hermana se sentía completamente fría…o quizás era él.
Mi querido lector/a, si llegaste hasta acá te agradezco de corazón, ojala haya sido de tu agrado y si no siempre son bienvenidos cualquier tipo de críticas o comentarios.
Por lo pronto no tengo nada más que decir salvo: Gracias por leer.
Hasta la próxima!
