Ya sé que me tardo tres jodidos siglos en actualizar, pero mi cerebro y humor no son la mejor cosa del planeta. Y no quiero que esta historia tenga un final triste -Cosa que iba a pasar- así que pido disculpas por eso.
Espero poder actualizar los 4 capítulos que me faltan, así que si tienen ideas que quieran ver por acá son siempre bien recibidas.
También quiero decirles que agradezco todo su apoyo aunque sea una irresponsable.
Lamento que esto esté algo feo, pero lo hago desde mi celular.
Sin más, les dejo con el capítulo.
Día 4 - Call my name.
Las noches podían ser largas, más las bellas noches de finales de año. Tan oscuras y frías que piensas pueden comer tu alma y espíritu al tocar tu piel con su suave brisa.
Aunque la suave capa de nieve que había en el suelo te hace creer que estás en un cuento invernal, que pequeñas hadas llenan de escarcha los pétalos de las flores para protegerlas en el resguardo de la noche amiga.
Esas noches de invierno son las que menos le gustan a Jean.
No es por el simple hecho de pasarlas en soledad, sino porque lo alejaban de su persona especial.
Noches como aquella le negaban la vista de unas hermosas mejillas sonrosadas llenas de pecas que formaban pequeñas constelaciones que esperaban ser descubiertas por los dedos del castaño cenizo. O ver aquellos bellos ojos chocolate que ante las luces navideñas resplandecían más que simples estrellas titilantes del firmamento. Noches como aquella simplemente le negaban el deleite que era besar esos finos labios suavemente resecos de los cuales su amor era dueño, deslizar sus manos entre las suaves hebras negruzcas que enmarcaban hermosamente el pecoso y tímido rostro del mayor.
Si no fuera por la noche oscura y fría, podría haber visitado a su amado, estar ambos durmiendo sobre el suave lecho del pelinegro, abrazados, sin el menor atavismo de lujuria, simplemente sintiendo la respiración calma del contrario, antes de romper el silencio con un dulce beso de buenas noches...
El tenue sonido del timbre despertó a Kirschtein de sus cavilaciones nocturnas. Con la mayor pereza del mundo se levantó de su cómodo y cálido lecho, caminando con parsimonia a la entrada mientras se cubría su pijama con una cálida bata de terciopelo azul rey.
—Lamento la interrupción nocturna...
Ante sus ojos se encontraba un pequeño milagro invernal. Marco con el rostro rojo, marcando más sus pecas, vestido con un sweater rojizo y bufanda grisácea.
Sin pensarlo guardo al mayor en su casa, como si de su más preciada muñeca de porcelana se tratase.
—No te preocupes, Marco.
Le dio una tenue sonrisa que sólo aumento el sonrojo del moreno.
—¿Por qué te arriesgaste al venir aquí?
—No habías ido a la oficina y yo...
—La oficina es grande, quizás sólo no me habías visto.
—Te extrañaba, Jean.
Esos labios tan finos y levemente resecos pronunciaban su nombre acariciando cada sílaba, amando cada letra, como si de un dios se tratara.
Esos labios que Jean tanto amaba besar y cuidar...
—Dilo de nuevo.
—¿Hum? Te extrañaba.
—No eso, lo último.
—...Jean
...Porque cada que pronunciaban su nombre, un calorcito se instalaba en el pecho de Jean.
