Aclaración:
1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.
2-La historia es una adaptación a NaruHina, ya que la original esta escrita por Barbara Hannay y se titula "Un descubrimiento sorprendente", a mi parecer esta historia es muy buena, por eso quise compartirla con ustedes adaptándola a mi segunda pareja favorita.
3-La narración esta de parte de Naruto tanto como de Hinata, al igual que sus pensamientos.
Advertencias:
CATEGORÍA: "T".
AU- LENGUAJE UN POQUITO VULGAR…
O
O
O
O
O
CAPÍTULO 4
El único traje de noche que Hinata había llevado a la isla cuando fue a trabajar allí era uno gris plateado de gasa vaporosa, con finos tirantes y muy escotado por la espalda. Ojalá tuviera uno menos provocativo, pensó mientras se miraba al espejo.
Si tenía que bailar con Naruto, sería una pesadilla, porque tendría que ponerle la mano sobre la piel de la espalda.
A las siete en punto, él llegó al bungalow de Hinata vistiendo un elegante traje negro, camisa blanca y pajarita.
-Has calculado muy bien la hora –le dijo ella-. Acabo de ponerme una capa extra de rímel… para las fotos, claro.
Se dio la vuelta para agarrar el bolso y el echarpe que estaban sobre una mesa. Naruto no pudo evitar un silbido.
-¡Vaya traje de noche! –su voz era ronca, y al darse la vuelta, Hinata vio que Naruto sonreía y la miraba extrañado y fascinado a la vez. No podía apartar los ojos de su espalda desnuda. Hinata notó que esa mirada era de admiración y de interés. La cosa iba a ser mucho peor de lo esperado-. ¿Piensas bailar conmigo esta noche llevando ese vestido? ¿Y crees que voy a poder evitar todas esas zonas prohibidas de tu lista?
-Es el único vestido apropiado que tengo –murmuró-. Podrás comportarte, Naruto.
Se quedaron mirándose en silencio. La habitación parecía vibrar con todas las cosas que no se decían.
Naruto resopló.
-Claro que podré. Como ya te he advertido, nunca he rechazado un desafío –le contestó ofreciéndole el brazo para que lo asiera-. Permítame que la acompañe, señorita Hyuga.
Hinata se acercó a él y posó la mano en su brazo con cautela. Naruto le murmuró al oído:
-Te ves mucho más bonita que una estrella de cine.
Hinata se acordó de no sonreír.
-Nada de dulces palabras, príncipe azul –le advirtió.
-Aguafiestas –replicó, mientras se encaminaban por entre los jardines tropicales hacia el restaurante.
Danzo ya estaba allí; llevaba un traje negro apretado y una increíble pajarita de colores. Su aspecto era una mezcla entre el de un payaso y un tenor italiano. Se apresuró hacia ellos.
-Aquí están nuestros importantes invitados –plantó un beso ruidoso en la mejilla de Hinata y abrazó a Naruto como si fuera un hermano que no había visto en años-. Los dos estáis guapísimos. ¿Sabéis bien vuestro papel? ¿No habrá discusiones?
-Desde luego –contestó Naruto. Pasó el brazo por encima de los hombros de Hinata-. Estamos coladitos el uno por el otro. No podemos estar sin tocarnos.
Hinata le puso mala cara, pero él estaba muy ocupado sonriéndole a Danzo, mientras con el dedo trazaba despacio pequeños círculos sobre el hombro de Hinata.
-Fantástico –dijo Danzo, sonriendo mientras señalaba hacia el comedor, adornando con globos que flotaban sobre botellas con arena pegada. Estaba orgulloso de la decoración. Los invitados, casi todos relaciones de negocios de Danzo y periodistas, miraban a Hinata y a Naruto con curiosidad. Danzo le guiñó un ojo a Naruto-. Todos están deseando conoceros.
A medida que avanzaban por la sala, los flashes se disparaban. Naruto seguía con su brazo sujetando con firmeza los hombros de Hinata. Ella masculló entre dientes:
-Te lo estás tomando demasiado en serio.
-No te asustes-le susurró él acercándola boca a su oreja-. Recuerda que solo se trata de un juego –su voz era dulce como la un enamorado y Hinata se estremeció-. Dentro de un par de horas se habrá terminado.
-¿Dentro de un par de horas? –Hinata pensó que para entonces se habría derretido y sólo quedaría de ella un charco. Tenía que resistirse a los encantos de Naruto. Al fin y al cabo, él tenía un sinfín de amigas en el otro lado del mundo, y pronto se iría. Tenía que concentrarse.
-No te separes de mí –le ordeno él entre dientes cuando llegaban cerca de un grupo de invitados. La besó en la mejilla-. Así está mejor. Relájate y disfruta.
¿Relajarse y disfrutar?, se preguntó Hinata. No había manera. Estaba relajada cuando conoció a Naruto Namikaze. También lo estaba Caperucita Roja cuando conoció al lobo. Tanto ella como Caperucita habían sido muy tontas.
Esa noche tenía que estar en guardia. Pero le molestaba que Naruto hiciera su papel con tanta facilidad. Mientras ella se estremecía con todo tipo de sensaciones, él permanecía impasible. Complacía a los invitados de Danzo contestando a sus preguntas y mostrando interés por sus negocios, y al mismo tiempo, a ella la mantenía en constante desazón, dedicándole alguna caricia y sonrisas devastadoras.
Cuando notó que un fotógrafo se acercaba por detrás, tuvo la audacia de pasar un dedo por la columna de Hinata. Ella reaccionó contrariada, pero él le dijo que era sólo para que Danzo estuviera contento.
Los flashes de varias cámaras dispararon. Una mujer preguntó:
-¿Va a llevarse a Hinata cuando vuelva a Estados Unidos?
-¡Ah, no! –respondió ella.
Naruto la atrajo hacia sí.
-Hinata y yo tenemos un acuerdo –Hinata tuvo que disimular un aspaviento de desesperación. Él estaba tan cerca y olía tan bien que no podía articular dos palabras seguidas. Optó por sonreírle a la mujer-. No queremos separarnos – añadió Naruto. El azul de sus ojos centelleaba mientras miraba a Hinata sonriendo-. ¿Verdad, cariño?
-Estaré contando los días hasta que regreses, Naruto –consiguió contestar ella.
Por fortuna estaban sirviendo la cena y tendría la oportunidad de soltarse de Naruto y sentarse. No es que tuviera apetito. Con él a su lado, tenía el estómago hecho un nudo y estaba segura de que no podría tragar nada.
-¿Te diviertes? –le preguntó él. Hinata constató que Naruto no tenía ningún problema en zamparse unos mariscos ún problema en zamparse unos mariscos y una ensalada.
-No mucho –con los dedos, hacía migas un panecillo.
-¿Cuál es el problema?
-Creo que estás exagerando.
Naruto abrió los ojos con cara de inocente, aunque su sonrisa delataba que se sentía culpable.
-¿Qué es lo que estoy exagerando?
-Como si no lo supieras.
-Pero he obedecido tus reglas.
-No es cierto –contestó, cortante-. Estás inventando tus propias reglas.
Él se inclinó hacia ella y le acarició un labio.
-Estás preciosa, Hinata. Pero estás haciendo pucheros cuando deberías sonreír. No te olvides de que, para todos, estamos en el comienzo de un emocionante romance. Estás loca por mí, nena.
-Lo que estoy es loca de furia contra ti.
-Se nota –le alisó con el dedo las arrugas de la frente-. El problema es –le susurró- que quiero tocarte y abrazarte… y besarte. Para mí esta comedia no representa ningún esfuerzo.
Hinata bajó la mirada al plato que tenía delante y clavó con furia el tenedor en unas hojas de lechuga. Si para Naruto no representaba un esfuerzo, era porque a él no lo alteraba como a ella, que ardía por dentro con cada mirada y cada caricia. En cambio, él seguía impasible. Esa noche sólo era para él un juego divertido. Era un millonario de los de ámala y déjala, que estaba acostumbrado a tener todo lo que deseaba.
-Si ya has terminado de comer, me gustaría bailar contigo, Hinata.
Ella suspiró. La orquesta estaba tocando y muchas parejas se dirigían a la pista de baile.
-¿Tenemos que bailar?
-Ese vestido está pensado para bailar –dijo, poniéndose en pie y dándole la mano-. Prometo que será indoloro.
Mientras se de la silla, Hinata pensó: Eso lo dudo mucho, Naruto. Él le posó una mano cálida sobre la espalda, mientras la guiaba hacia la pista. Confusa, Hinata dejó que la tomara de la mano. Sentía el ritmo de su respiración junto al pelo. Despacio, sin tocarse, sus cuerpos fluctuaron con la música. Hinata podía sentir la fuerza atlético del cuerpo de Naruto mientras la llevaba.
-¿Te parece tan difícil? –preguntó él.
-No –murmuro Hinata, sintiendo una oleada de furia que la hacía más fuerte. Ese hombre tenía demasiada confianza en sí mismo. Y si él podía tener tanta fuerza de voluntad, seguro que ella también podría. Era hora de que escuchara a su cabeza en lugar de a sus sentimientos. Era la hora de pagar con la misma moneda, de descubrir si Naruto podía resistir que lo tratara como él la estaba tratando. Se acercó más a él y pudo darse cuenta de que Naruto se sorprendía-. Voy a hacerlo a tu manera –le susurró-. Después de todo, solo tenemos esta noche para estar juntos, ¿no?
-Ajá –fue todo lo que él pudo contestar.
Hinata apoyó la cabeza en el hombro de Naruto e intentó que no la afectara la fuerza de él.
-¿Es esto lo que querías? –le preguntó.
-Sí –replicó Naruto, aclarándose la garganta.
-Reconozco que estaba actuando como una niña con todas esas reglas –como él no contestó, soltó su mano y le pasó ambos brazos alrededor del cuello. Contenía la respiración para no rozarlo con las partes más ardientes de su cuerpo-. Tengo que admitir que tienes mucho autocontrol.
-Hinata –preguntó Naruto-, ¿has estado bebiendo?
-Tomé medio vaso de vino. ¿Por qué lo preguntas?
-No te comportas igual que antes.
-¿No? –lo miró con cara inocente.
Al ver el fuego que despedían los ojos de Naruto, se dio cuenta de que había cometido un error.
-¿Sabes que estás jugando con fuego? –refunfuñó él, y desplazó sus manos hacia las caderas de Hinata y la apretó contra sí-. Este es el autocontrol que tengo.
En unos instantes, los delicados senos de Hinata estaban incrustados en su pecho. Naruto adelantó un muslo y lo puso entre los de ella, y la espectacular evidencia de su falta de autocontrol se disparó contra ella.
Hinata se estremeció, indignada. La invadían oleadas de sentimientos, también incontrolados. Antes de que pudiera protestar o reaccionar, Naruto la estrechó aún más y sus labios se posaron en los de ella.
-Naruto –balbuceó.
-Mantén los labios cerrados –murmuró contra su boca- o estarás metida en un buen lío.
Hinata sabía que ya estaba metida en un lío. Un lío que la hacía temblar y derretirse. El restaurante estaba a media luz y sonaba un saxofón. Naruto la estrechaba muy, muy cerca y bailaban muy despacio.
Hinata estaba arrebatada por completo por las deliciosas sensaciones que le producían la ardorosa firmeza de él y la forma en que una de las picardías que él le hacía, ella le pagaba con otra.
En el fondo, se daba cuenta de que el plan de desestabilizar a Naruto le había salido mal, pero ya no le importaba. Su cuerpo estaba fundido con el de él de forma que el sentido común y el resto del mundo se habían desvanecido.
La música había parado y un ruido del micrófono la hizo salir del hechizo.
-Señoras y señores, presten atención, por favor.
Hinata se separó de Naruto. De repente, se sentía como una idiota, allí parada en medio de la pista.
Bajo la luz de los focos, Danzo dio un sorbo a un vaso de vino sintiéndose muy importante.
-Todos sabéis por qué estamos reunidos aquí esta noche. Siempre he sido un tipo sentimental y quería que mis amigos se unieran a mí para celebrar esta ocasión tan especial. Hace unos sesenta años, un estadounidense llamado Jiraiya Namikaze se enfrentaba a la posibilidad de morir en medo del Mar de Coral y le envió un mensaje, una carta de amor, a su esposa. Hace dos semanas, nuestra Hinata Hyuga encontró ese mensaje –hizo una pausa para que aplaudieran-. Y ahora Naruto, el nieto de Jiraiya, ha venido a reclamar la carta, que contiene información muy importante para su familia. Ahora… -Danzo sonría mientras tomaba de una mesa, la botella y la carta-, si Naruto quisiera acercarse… -miró a su alrededor-. ¿Están listos los fotógrafos?
Naruto iba muy tieso y con la cabeza bien alta mientras se dirigía hacia el micrófono. Al llegar, estrechó la mano de Danzo, recibió la botella y la carta sobre su cabeza, mientras todos aclamaban y aplaudían.
-Este es un momento especial –empezó a decidir-. Las guerras hacen estragos en las familias y esa guerra le robó a mi padre la oportunidad de conocer al suyo, Jiraiya Namikaze –hizo una pausa y adelantó la botella-. Pronto podré poner esta botella en manos de mi padre y él podrá leer la carta que mi abuelo Jiraiya le escribió a mi abuela –Hinata estaba emocionada y los ojos se le llenaron de lágrimas. Volvía a suceder. Cada vez que pensaba en la botella y el tiempo que había pasado en el mar, se quedaba como hechizada-. Pero nada de esto habría sucedido sin una persona muy importante: la mujer que encontró la botella, Hinata Hyuga.
De repente las luces la enfocaron. Naruto estaba con los brazos tendidos hacia ella. La gente aplaudía. Naruto sonreía con su sonrisa más cautivadora y enternecedora. El príncipe azul. Y ella, ella no podía sonreír porque estaba demasiado ocupada tratando de retener las lágrimas.
El foco dejó a Hinata en la sombra y volvió a iluminar a Naruto. La gente estaba callada, esperando que terminara su intervención. Mientras tanto, el corazón de Hinata latía desbocado y su palpitar no dejó que oyera el resto de lo que Naruto decía. Sólo podía pensar en todos los sentimientos que habían aflorado durante el baile.
Esa noche le parecía perfecto que el mar hubiera llevado hasta la isla a un chico tan guapo. Que se lo hubiera llevado a ella. A pesar de todos sus esfuerzos, se estaba enamorando.
Cuando Naruto terminó de hablar, hubo grandes aplausos. Él sonrío de nuevo, pero pidió excusas en cuanto pudo y atravesó el salón hacia Hinata.
Llegó sonriendo, y mostrándole la carta le dijo:
-Por fin la tengo –luego, la miró de cerca-. Pareces disgusta. ¿Qué te pasa?
-Nada –contestó Hinata con una voz débil que casi no se oía. Después de todo el sermón de por la mañana, ¿cómo podría decirle a Naruto que había cambiado de opinión? Quería que siguiera abrazándola y besándola durante el resto del siglo.
-Me entusiasmé un poco cuando bailábamos –dijo un poco avergonzado.
Hinata no pudo evitar sonreír.
-Te portaste muy mal.
-Sí –le contestó-. Voy por mis cosas.
Se despidieron de la gente y se alejaron caminando por entre los jardines hacia el bungalow de Hinata. Cuando llegaron a la puerta, ella abrió y entró. Naruto la siguió deprisa por si decidía cerrar y dejarlo fuera.
Hinata no tenía ni idea de lo que iba a pasar. Ni tampoco sabía lo que quería que sucediera. Su mente y su cuerpo estaban en guerras. La mente sabía que debería despedirse de Naruto y acompañarlo a la puerta, pero el cuerpo le pedía que se quedara cerca, muy cerca.
Y su corazón le susurraba algo sobre el destino.
-¿Quieres leer la carta ahora? –preguntó ella.
-Sí. Le echaré un vistazo.
Hinata se mantuvo a distancia para que Naruto pudiera leerla en privado. De todos modos, ella se la sabía casi de memoria. La parte que más le gustaba era donde Jiraiya había escrito:
Cariño, quiero que sepas que encontrarte, como conocerte y amarte han sido las cosas más maravillosas que me han sucedido. Tú le has dado forma, sentido y esplendor en mi vida.
-¿Es preciosa, verdad? –preguntó Hinata cuando él alzó la vista.
-Sí –asintió él despacio, volviendo la vista al papel.
-¿Quieres llamar a tus abogados o a tu familia?
-Más tarde –colocó con cuidado la botella sobre la mesa y se quedó parado en medio de la pequeña sala. Parecía distraído, pero estaba guapísimo con su traje negro-. Ahora lo que quiero es averiguar lo que pasa por tu cabeza.
-¿Acerca de la carta?
-No acerca de nosotros. Acerca de las reglas y las condiciones.
-Me estoy echando a mí misma un sermón –respondió Hinata.
-Deberías –replicó él fingiendo seriedad-. Todas esas reglas que has roto… -su cara mostraba una sonrisa pícara e infantil-. Pero ya sabes lo que dicen.
-Sí. Que están hechas para poderlas romper –contestó Hinata desoyendo las campanillas de alarma. No podía dejar que Naruto se le escapara.
-Sí –murmuró él-. Eso es lo que vamos a hacer ahora. Vamos a romper todas las reglas. Una por una. Ven aquí –Hinata no podía resistirse y se acercó a él-. Creo que la primera regla era sobre agarrarse las manos –susurró, levantando las suyas. Hinata hizo lo mismo y las puso palma con palma contra las de él. Naruto enlazó sus dedos con los de ella. A Hinata le temblaban las piernas de la emoción. Durante unos instantes quedaron uno frente al otro, luego él la atrajo hacia sí hasta que sus labios se rozaron-. La siguiente regla tuya que tenemos que romper es sobre besarse –Naruto acarició los labios de ella con la lengua hasta que se abrieron, y comenzó a explorar su boca despacio. Hinata se preguntaba cómo algo tan suave podía encenderla de esa forma. Estaba desarmada y se derretía entre los brazos de Naruto. Se abrazó a su cuello con un ansia irreprimible, deseándolo cada vez más.
-Por favor, olvídate de las reglas –suplicó.
Notó un estremecimiento, asombrada del afán que sentía su propio cuerpo. El besó de él se hizo más urgente, más ardoroso e intenso, más íntimo.
Hinata no estaba segura de qué era lo que más la excitaba, si sus propias sensaciones salvajes o el deleite que Naruto mostraba. Él comenzó a acariciarle la espalda.
La respiración de Hinata se hizo más rápida y ansiosa. Las manos de él se deslizaron por sus hombros y le bajaron los tirantes del vestido, posándose suavemente, en sus senos.
-Eres tan bonita… -susurró Naruto mientras Hinata se deshacía de deseo.
Su cuerpo ardía anticipando el momento. Podía imaginar los minutos siguientes. A Naruto y a ella quitándose la ropa hasta estar piel contra piel.
Pero…
Pero tuvo también otros pensamientos.
Ese hombre era famoso en Seattle por ser un soltero conquistador. ¿Podría confiar en él? ¿Podría confiarle su cuerpo?
Por otra parte, ¿era sensato enamorarse y hacer el amor, todo en una misma noche?
Naruto debió de intuir sus dudas y se retiró un poco.
¿Estás bien? –le preguntó.
-No lo sé –contestó ella, nerviosa.
Naruto la abrazó con suavidad.
-No puedo creer lo que siento por ti.
-¿Y qué es lo que sientes? –tuvo que preguntar, con el corazón desbordado.
Naruto volvió a colocarle los tirantes, le agarró la cara con dulzura y la miró a los ojos con una mirada profunda.
-Como si hubiera encontrado algo que no sabía que estaba buscando. Pero…
Hinata le puso un dedo sobre los labios.
-No digas nada más. Me da miedo.
-¿Miedo agradable o miedo de verdad?
-Miedo y asombro –susurró-. Eso es lo que siento por ti.
Naruto suspiro y volvió a estrecharla contra sí.
-¡Oh, Hinata! –durante unos instantes permanecieron corazón contra corazón, ambos latiendo al unísono-. Va a suceder, Hinata. Los dos lo sabemos, pero no hay prisa. ¿Estoy yendo muy rápido?
Hinata no podía contestar. Estaba demasiado emocionada y no sabía qué decir. De repente vio el futuro. Cuando fuera vejecita, se acordaría de haber encontrado la botella y pensaría en Naruto Namikaze y se preguntaría…
Naruto estaba acariciándole la nuca. Ella lo miró y vio cómo reprimía su deseo para cuidar de ella y consolarla. El corazón le dio un vuelco. La quería. Se preguntaba por qué había dudado de él. Lo amaba.
-Naruto, no vas demasiado rápido –le dijo.
-¿Estás segura? –su voz sonaba áspera.
Un instante después, sus fuertes brazos la estrecharon de nuevo y ella supo con certeza que ese era el lugar donde quería estar. Naruto la hacía sentirse vibrante de emoción y de vida.
-Estoy segura –le contestó en un suspiro. Sin perder un momento, él bajó la cabeza y sus labios comenzaron de nuevo a ejercer su magia, sensual y turbadora, sobre Hinata, explorando su cuello, sus orejas y, por último, su boca hasta que todas la dudas se disiparon-. Quiero que te quedes –suplicó Hinata.
…¿CONTINUARA?...
O
O
O
O
O
LES AGRADESCO A TODOS LOS QUE DEJARON SUS COMENTARIOS O QUE SÓLO LEYERON, Y QUE TAMBIÉN PUSIERON ESTA HISTORIA EN SUS FAVORITOS Y ALERTAS…¡MUCHAS GRACIAS!...=)
*Artemisa12*
*1rosiestar*
*Noelialuna*
*Candice Saint-Just*
*Elaine Haruno de Uchiha*
*poison girl 29*
*Tiyo*
O
O
O
O
O
Por favor dejen sus "REVIEWS", positivos o negativos, esa es mi forma de saber si continuo o no… ONEGAI… :) no necesitan tener una cuenta para poder comentar. Hasta pronto.
O
O
O
O
O
"…SaKu-14…"
