Aclaración:

1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.

2-La historia es una adaptación a NaruHina, ya que la original fue escrita por Barbara Hannay y se titula "Un descubrimiento sorprendente", a mi parecer esta historia es muy buena, por eso quise compartirla con ustedes adaptándola a mi segunda pareja favorita.

3-La narración esta de parte de Naruto tanto como de Hinata, al igual que sus pensamientos.

Advertencias:

CATEGORÍA: "T".

AU- LENGUAJE UN POQUITO VULGAR…

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CAPÍTULO 5

El primero en despertar fue Naruto, cuando la tenue luz del alba comenzó a filtrarse a través de las cortinas. Hinata estaba dormida junto a él con el cabello revuelto y abrazada a su almohada. Naruto se emocionó al pensar en la noche que acababan de compartir.

Le apartó con cuidado el pelo, suave como la seda, para poder verle la cara. Sentía unas ganas locas de besarla y de volver a hacer el amor con ella.

Pero dominó sus impulsos. Pensó que para ser justo con Hinata debería marcharse enseguida con toda discreción, antes de que los empleados del complejo turístico se levantaran o apareciera la prensa.

Se levantó de la cama, se vistió sin hacer ruido y salió descalzo hasta la salita. Miró a su alrededor para descubrir algún detalle más sobre Hinata.

Por lo general, trataba de mantenerse al margen de los detalles domésticos de sus amigas. Como soltero empedernido, así se sentía más seguro, pues creía que las mujeres tienen tendencia a hacerse ilusiones si se mostraba interés por los detalles de su vida diaria.

Pero Hinata le despertaba mucha curiosidad y lo hacía sentirse atrevido. De todos modos, el pequeño bungalow, ordenado y limpio, no desvelaba muchos secretos. Daba una impresión de una casa de paso, como si Hinata solo hubiera llevado lo imprescindible. Solo desentonaba un rompecabezas a medio hacer.

Era un reproducción del cuadro La Primavera, del pintor italiano Botticelli.

Naruto sonrió. La bella mujer del cuadro llevaba un vestido de gasa cubierto de flores y tenía una cara dulce y algo seria, como la de Hinata. Tenía el pelo largo y sus ojos eran de un color indeterminado que podía ser verde, azul o gris.

Encontró una pieza en el suelo y la colocó en su sitio. Ojalá su vida fuera tan simple como eso. Solo cuestión de encontrar la pieza justa y ponerla en su sitio. Y había pensado que esa pieza podía ser la carta, y que una vez en su poder, habría asegurado el futuro de Namikaze & Uzumaki y podría dedicarse a pensar en el suyo propio.

Se calzó los calcetines y los zapatos y salió con mucha discreción por la puerta de atrás.

Ya en su propio bungalow, lo llamaron por teléfono.

-Naruto Namikaze al habla.

-Buenos días, Naruto.

El sonido de la voz de Hinata despertó de nuevo su pasión. Respiró hondo.

-¿Cómo estás?

-Muy bien –ronroneó- ¿Y tú?

-Te hecho de menos.

-Yo a ti también.

-No quería meterte en un lío quedándome más tiempo en tu casa.

-Me lo imaginé. Gracias. ¿Has visto el periódico de esta mañana?

Naruto se puso serio pensando en las posibilidades.

-Aún no. Supongo que tú sí.

-Sí, y no es tan terrible como pensaba que iba a ser. Solo que ahora el titular es: Amor en una botella.

-Parece el anuncio de un licor.

-Hay una foto de la fiesta en la que estamos abrazados de modo un poco comprometido. Espero que no te moleste.

Al oír la tensión de la voz de Hinata, Naruto frunció el ceño.

-¿A ti te molesta? ¿Cómo te sientes?

-No me molesta demasiado.

-Pues lo parece.

-Eso es por otra cosa que ha pasado. Hace unos minutos me llamo una anciana.

Él se puso a la defensiva.

-No me digas que te ha echado un sermón sobre tus costumbres licenciosas.

-No Naruto, es algo peor.

-¿Qué?

-Dice que ella es la esposa de Jiraiya Namikaze, y que la carta de la botella era para ella.

El corazón de Naruto se encogió.

-¿Quién demonios es esa señora?

-Su nombre es Haru Namikaze. No vive en la isla. Dice que conoció a Jiraiya y se casó con él cuando estuvo en esta zona durante la guerra.

Naruto estaba sudando de la impresión. Haru Namikaze, pensó. Se frotó la frente.

-No puede ser cierto. No puede ser. Jiraiya Namikaze ya estaba casado con mi abuela antes de ir a la guerra, y ella estaba embarazada de mi padre.

-Estoy de acuerdo en que todo esto es extraño –convino Hinata-. Haru no quiere hablar con la prensa –añadió como para calmarlo-. Quería hablar primero conmigo, mejor dicho, con nosotros –Naruto cerró los ojos y trató de pensar con claridad. El que la anciana no quisiera ir corriendo a la prensa a contar su historia era una buena señal. Pero ¿qué diablos era lo que pasaba?-. Parece una mujer muy dulce.

-¿Ah, sí? –exclamó Naruto lleno de suspicacia. Justo cuando pensaba que sus negocios estaban asegurados, surgía un nuevo problema-. A mí no me suena bien.

-¿Naruto? –el tono e Hinata era de reproche-. Deberías por lo menos conocerla antes de sacar conclusiones.

-Sí –suspiró-, la conoceré.

-Danzo me ha dado instrucciones para que esté a tu… disposición hoy. Podríamos ir a Townsville esta mañana. Hay muchos ferrys.

-Muy bien. Y…, Hinata…

-¿Sí?

-Déjame que yo maneje este asunto. Tenemos que enfocarlo con mucho cuidado.

-Por favor, Naruto. Creo que exageras. Vamos a hablar con una anciana, y no con un grupo terrorista.

Naruto notó que la voz de Hinata era fría. Pensó que ojalá pudiera olvidarse de los negocios de la familia. Cuando uno encontraba a una persona como ella, debería poder detener el resto de su vida. Hubiera dado cualquier cosa por olvidarse del testamento y volver a estrechar a Hinata entre sus brazos.

Y que se quedara allí.

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Delante de la puerta de Haru Namikaze, Hinata y Naruto se sonrieron con recelo. Durante el trayecto en ferry, Naruto estaba muy circunspecto y Hinata había disimulado su decepción.

Había seguido sus instintos cuando dejó que Naruto se quedara en su casa la noche anterior, y esos instintos le habían dado la noche más mágica y sensacional de toda su vida.

Pero la burbuja se había roto.

Parecía que Naruto estaba a punto de perder sus millones y estaba claro cuáles eran su prioridades. El enamorado atento, el compañero fascinado y entusiasmado del día anterior, se había convertido en un frío y serio desconocido.

Al verlo así, Hinata sintió que se le helaba el corazón y se llenó de tristeza. Se daba cuenta de que se había precipitado al imaginar que su felicidad de la noche anterior se debía al comienzo de un amor recíproco, un amor duradero.

Habría dado cualquier cosa por ver a Naruto sonreír como el día anterior.

Cuando él llamó a la puerta, Haru Namikaze abrió enseguida.

-¡Ay, cielos! –sus ojos azul pálido se posaron en Naruto y se abrieron con sorpresa- ¡Ay, Dios mío! –Hinata pensó por un momento que la anciana se iba a desmayar.

Naruto inclino la cabeza.

-Buenos día, señora –Haru seguía con la mirada fija en él, la boca trémula y los dedos, deformados por la artrosis, agarrando con fuerza el pomo de la puerta, como para no caer-. ¿Señora… Namikaze? –preguntó Naruto.

Ella asintió y por fin le habló.

-Lo siento, pero me he emocionado. Se parece a él… -Hinata miró de reojo a Naruto y vio como el semblante se le oscurecía-, a mi Jiraiya. En especial su voz, habla igual que él.

Los ojos de Haru estaban llenos de lágrimas, y Hinata sintió un nudo en la garganta por la emoción.

-Haru, yo soy Hinata Hyuga, hablamos por teléfono; y como ya ha adivinado, este es Naruto Namikaze.

Se estrecharon la mano.

-Entren, por favor –Haru los guió por el pasillo hacia su salita. Les indicó que se sentaran en el sofá. Luego ella se sentó en una silla de madera labrada y siguió mirando a Naruto-. No pudo dejar de mirarlo –murmuró-. En verdad que su voz me hace pensar que mi Jiraiya ha vuelto a mi vida.

Naruto titubeó y se aclaró la garganta.

-Haru, usted dice que estuvo casada con mi abuelo.

-Sí, cariño –asintió con energía-. Jiraiya y yo nos casamos en abril de mil novecientos cuarenta y dos, justo antes de que partiera hacia la batalla del Mar de Coral.

Naruto ponía cara de estar examinando a un sospechoso.

-No tendría mucho tiempo para un noviazgo largo.

-No, no lo tuvimos. Mi familia se escandalizó –Haru sonrío pensativa-. Fue un romance relámpago.

Hinata la comprendía muy bien. Compartían la experiencia de haberse enamorado de un Namikaze a una velocidad de vértigo. Le sonrió a Haru, pensando que si Jiraiya Namikaze había sido la mitad de sexi que Naruto, si le hubiera sonreído a Haru con los mismos ojos cautivadores que Naruto, no le quedaba duda de que se tenía que haber enamorado al instante.

Notó que él estaba cada vez más tieso.

-¿Tiene alguna forma de probarlo? ¿Quizá una licencia de matrimonio? –le preguntó en el tono indiferente de un policía haciendo preguntas de rutina.

A Hinata le habría gustado que se tomara la molestia de ser más delicado con la anciana.

A pesar de su edad, Haru estaba muy ágil y en un segundo se puso de pie y se dirigió a una repisa. Tomó un delicado marco de plata con una fotografía en blanco y negro y una carpeta ajada. La mano le temblaba cuando se la entregó a Naruto.

-Esos somos Jiraiya y yo. La tomaron justo antes de que nos casáramos.

Cuando Hinata se inclinó para mirar la foto, rozó el hombro de Naruto y pensó en lo mucho que le gustaba su contacto. Al ver la foto de cerca, se estremeció. El hombre que se reía en la foto tenía un gran parecido con Naruto.

La altura y la complexión eran similares, incluso tenía un parecido en sus caras. Aunque la foto no era en color, los ojos tenían el mismo brillo; el pelo era espeso y claro; las cejas, muy marcadas; y la barbilla, pronunciada. Incluso los labios eran iguales, sorprendentemente sensuales para una cara tan masculina.

Su mirada se cruzó con la d Haru y ambas sonrieron, con una chispa de comprensión y simpatía.

Detrás de la pareja, la foto mostraba un paisaje rocoso familiar.

-Eso parece Florence Bay –exclamó Hinata.

-Sí, cariño –respondió Haru con una sonrisa llena de nostalgia-. Jiraiya y yo nos conocimos en la isla. Florence Bay era para nosotros un lugar muy especial.

-¿Sabía que fue allí donde encontré la botella?

Haru asintió y le brillaron los ojos. Mientras tanto, Naruto carraspeaba, incómodo.

La joven Haru de la foto de agarraba al brazo de Jiraiya Namikaze como si fuera su dueña, y demostraba tener los mismos lazos de pertenencia y amor que Hinata sentía por Naruto.

Las semejanzas eran tan fuertes que Hinata recordó la sensación misteriosa y casi mística que había tenido al encontrar la botella. Era como si se viera atrapada en la urdimbre del tiempo.

Haru comentó:

-Yo no era esa chica que va detrás de los chicos. No sabía casi nada sobre… la pasión. Pero con Jiraiya fue amor a primera vista, y un amor tan grande que ninguno de los dos lo podía evitar.

Hinata estaba segura de entenderlo bien. Uno se podía enamorar así. Era lo que le había pasado la noche anterior.

Pensó en la pobre Haru. Había conocido a Jiraiya, lo había amado y lo había perdido en muy poco tiempo. Pensó que ella no podría soportar perder a Naruto.

-Bueno, pues… -comenzó a balbucear Naruto-. Es cierto que los rasgos de familia son muy parecidos.

Haru asintió.

-Es extraordinario, ¿verdad? –abrió la carpeta. Hinata observaba su cara mientras él leía los detalles. Deseaba poder hacérselo más fácil. Parecía tan triste y preocupado… Quería acariciarlo y mimarlo, llenarlo de besos para aliviar su tensión.

Haru habló muy bajito.

-Tuvimos una boda civil muy discreta. La marina no le daba permiso para casarse estando en servicio activo; o sea, que fue todo medio a escondidas.

La expresión de Naruto era cada vez más seria. Le devolvió la foto y la carpeta.

-Muchas gracias por mostrármelas –Haru las colocó sobre una mesita y volvió a sentarse-. Puede que en algún momento le pida que deje que mis abogados examinen el certificado.

Haru asintió.

-No me importa –sus ojos le sonreían-. Me gustaría mucho leer la carta de Jiraiya.

-Oh Haru, ojalá la puedas leer pronto –Hinata no podía controlar la emoción-. Es una carta preciosa.

Naruto se volvió airado hacia ella.

-¡Todavía falta por determinar a quien iba dirigida! –dijo con frialdad.

-Tranquilo, Naruto –le reprochó Hinata. ¿Cómo puede ser tan duro? ¿No se da cuenta del daño que le está haciendo a Haru?

Sus ojos se encontraron y pudo ver la desilusión de Hinata. Se dirigió a la anciana.

-¿Sabía que mi abuelo ya estaba casado antes de dejar Estados Unidos?

Durante unos instantes, Haru se quedó mirándolo boquiabierta. Despacio comenzó a negar con la cabeza.

-Ah, no, cariño. Estoy segura de que no lo estaba.

Naruto alzó la voz.

¡Claro que lo estaba! ¡Mi abuela ya estaba encinta, esperando un bebé: mi padre!

Haru bajó la mirada y jugueteó, nerviosa, con su vestido. Le temblaron los labios.

-Yo no sé nada de ningún bebé. Cuando leí en el periódico que Jiraiya tenía un nieto, me quedé atónita.

-Pues es cierto que hubo un bebé. El nombre de mi padre es Minato Namikaze, y nació en mil novecientos cuarenta y dos.

-Estoy segura de que Jiraiya tampoco sabía nada de la existencia de un bebé. Eso es muy triste –se mordió los labios y lo miró-. Jiraiya me había hablado de su prometida. Se llamaba Tsunade, ¿verdad?

Un sonido extraño salió de la garganta de Naruto y se le congestionaron las mejillas y las orejas. Respiró hondo.

-Tsunade era el nombre de mi abuela.

Haru se enderezó todo lo que pudo y, mirando a Naruto fijamente a los ojos, le dijo:

-Estoy segura de que Jiraiya y Tsunade no se casaron. Me dijo que iba a escribirle para romper el compromiso tan pronto como le fuera posible. Sé que lo intentó, pero no sé si ella recibió el mensaje.

Naruto estaba estupefacto y parecía hundido y confuso.

-¿Y usted no intentó ponerse en contacto con ella… después? –le preguntó.

-Ah, sí –suspiró Haru-. Durante la guerra, le escribí varias cartas a la familia de Jiraiya en Seattle, y también después de la guerra. Nunca me contestaron. Si hubiera tenido dinero, habría viajado hasta allí para conocerlos.

Naruto estaba aturdido. Hinata lo agarró de la mano para mostrarle su apoyo, pero él no reaccionó.

-Todo esto es muy raro –dijo por fin-. Tendré que consultar a mis abogados antes de seguir adelante –se puso en pie, soltándose de la mano de Hinata-. Gracias por informarnos. Buenas tardes. Preferiría que, por el momento, esto quedara entre nosotros.

-Por supuesto.

Se despidieron. Naruto salió primero y Hinata lo siguió. Antes de entrar en el coche, ella se volvió para saludar a Haru con la mano.

Hinata condujo el coche de vuelta a la ciudad. Nada más entrar en la carretera, Naruto, hundido en su asiento, exclamó con un fuerte suspiro:

-Fue muy duro. Todo este asunto de Haru no tiene ningún sentido.

-Ha debido de ser una sorpresa para vosotros dos.

-No puedo creer que mi abuela pudiera…

A Naruto le parecía increíble que su abuelo hubiera estado casado con otra persona que no fuera Tsunade Namikaze.

Cuando era pequeño, su abuela le inspiraba bastante respeto. Era una mujer orgullosa y engreída que siempre vestía impecablemente y consideraba a los niños más bien molestos y ruidosos. Estaba muy bien considerada en los mejores círculos sociales de Seattle.

Más tarde, cuando Naruto ya había crecido y era menos ruidoso, lo apreciaba más.

¿Y cómo habría reaccionado al conocer la información de Haru? ¿Qué habría sentido al pensar que su marido podía ser culpable de bigamia? Por supuesto que habría pensado que eso no era posible.

No podía ser posible.

Por un momento, se sintió aliviado al pensar en su abuela descartando esa posibilidad con un meneo de cabeza y un respingo. Pero la foto y el certificado eran difíciles de descartar. Si los documentos eran falsos, el falsificador era un verdadero profesional.

Se le ocurrió que podía ser que alguno de los competidores de Namikaze & Uzumaki lo hubieran preparado todo.

-¿En qué estás pensando? –la voz dulce de Hinata interrupmió sus pensamientos.

-No te gustaría saberlo –suspiró. Había notado lo afectada que estaba Hinata por la historia de Haru. Si la ancianita era un fraude, Hinata quedaría desolada.

-Anímate –Hinata le dio un golpecito en la mano.

Él intentó sonreír. Lo último que quería hacer era repasar con Hinata los sórdidos detalles de la vida amorosa de su abuelo.

-Siento que te hayas visto mezclada en esto –le dijo.

-Fui yo quien lo empezó –le recordó con una sonrisa-. Yo fui quien encontró la botella. Quizá debería haberla dejado enterrada en la arena –estacionó el coche cerca de la terminal del ferry-. Y ahora, cambio de tema obligatorio. ¿Hay algo que quieras hacer antes de volver a la isla?

-Me parece muy buena idea cambiar de tema –contestó acariciándole la mejilla; cuando los problemas de trabajo lo sobrepasaban, solía intentar hacer otra cosa durante un par de horas. Luego siempre enfocaba los problemas con más claridad. A veces conducía hasta las montañas de Seattle; otras, volvía al lugar favorito de su niñez: al acuario. Sonrió-. Si compráramos algunos ingredientes exóticos, ¿me dejarías entrar en esa limpia cocina que tienes para que hicieras yo la cena?

Hinata abrió los ojos, sorprendida.

-¿Sabes cocinar? –le preguntó con tono burlón.

-¿Acaso la cocina no forma parte del repertorio de cualquier soltero que se precie de moderno?

-No que yo sepa. Algún soltero es capaz de asar salchichas dejándolas negras, pero nada más; y tú has mencionado ingredientes exóticos. Estoy impresionada –se inclinó para darle un beso en la boca.

Eso era todo lo que Naruto necesitaba para cambiar de tema. Como no era el momento de confesar que solo sabía preparar una receta y que, por lo demás, era un experto en abrir latas de conservas, tomó la cara de Hinata entre sus manos y al devolverle el beso, los dientes de ambos chocaron. Hinata se retiró riéndose-. Si nos damos prisa con nuestras compras exóticas, podríamos alcanzar el próximo ferry.

-De acuerdo. ¿Dónde hay una buena tienda de marisco? Necesito, cigalas, langostinos y vieiras…

Mientras recorrían el centro comercial en busca de los ingredientes, Hinata no dejaba de pensar en que el retorno de Naruto al buen humor no podía durar mucho.

En cualquier momento volvería a centrarse en sus problemas. Hinata decidió que lo mejor era disfrutar del momento. Quizá la breve historia de amor de Haru y Jiraiya le había enseñado algo. Iba a apurar cada hora, cada minuto de su vida.

Lo que sentía por Naruto era sorprendente. Nunca pensó que podría enamorarse de esa forma de un hombre al que acaba de conocer.

Y tampoco pensó que podría ser tan felices buscados tallarines, setas y mariscos. La intensidad de sus sentimientos la desbordaba y se sentía como si tuviera burbujas en las venas. Sólo podía haber una explicación; la misma a la que había llegado la noche anterior. Amaba a Naruto. Lo amaba. Lo amaba.

No había buscado el amor. Pero el amor había entrado en su vida sin llamar. Y aunque Naruto no había mencionado amor, sí le había dicho que nunca había sentido lo que sentía hacia ella. Eso hacía que se sintiera bien.

Era un momento en que se cruzaron sus miradas, ella se estremeció. Esperaba que él no pasar mucho tiempo preparando la cena, porque ella tenía otros planes para esa noche.

La noche anterior, había disfrutado tanto haciendo el amor, que sentía unas ganas locas de más.

-Ya solo necesito jengibre y salsa de soja –dijo Naruto.

-Y yo solo necesito otro beso.

-Entonces ven aquí –la atrajo hacia sí y la besó en la boca-. No sabía que ir de compras podía ser algo tan seductor.

-Si nos damos prisa, hay un ferry a punto de salir –dijo seductor.

Estaban felices, como en un cuento de hadas.

El único hombre que había cocinado para Hinata era su padre. Le encantaba la idea de que Naruto quisiera impresionarla con sus cualidades de cocinero. Podía imaginarse la escena. Ella le ataría el delantal, podría la música y serviría dos copas de vino. Se sentaría en la banqueta y observaría como él picaba y salteaba los alimentos. Se darían besitos rápidos, se reirían y bromearían.

Y luego…

En el ferry se sentaron muy juntos sobre cubierta. Era difícil hablar, porque el viento y el mar hacían mucho ruido. Se limitaron a sonreírse y hacerse alguna que otra caricia discreta. Cada roce despertaba en Hinata tal ardor que tuvo que controlarse para o abrazarse a Naruto y dar el espectáculo.

Una vez en la isla, él cargó todo en el coche. Hinata solo podía pensar e estar los dos solos, y el camino hacia Magnetic Rendezvous le pareció interminable.

Me gustaría recoger mi ordenador antes de ir a tu casa –dijo Naruto-. En algún momento tengo que mandar algunos mensajes a Seattle.

Bueno –contestó Hinata, tratando de aparentar indiferencia. ¿Cómo podía pensar en los negocios en un momento en que ella solo quería besarlo y acariciarlo?

Naruto la agarró de la mano y la atrajo a él.

-Nos veremos dentro de cinco minutos –murmuró-. No te vayas, voy a necesitarte en la cocina –le pasó un dedo por los labios y clavó sus ojos en los de ella, haciendo que Hinata sintiera que todo su cuerpo vibrara-. En realidad cualquier habitación servirá, pero voy a necesitarte.

Hinata no pudo responder. Era como si le subieran llamas por las mejillas. Ni siquiera estaba segura de estar respirando. La devoraba el deseo. Se apresuró hacia la cocina para dejar la compra en la nevera y luego fue a lavara los dientes, pendiente de oír la llegada de Naruto.

Sonó el teléfono, pero no lo contestó. No estaba en condiciones de sostener una conversación normal. Miró el reloj. Ya casi habían pasado los minutos. Intentó calmarse. Se sirvió un vaso de agua, cerró los ojos e intentó relajarse.

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El teléfono de Naruto sonó cuando estaba a punto de salir con su ordenador portátil bajo el brazo. Se detuvo un momento y decidió no contestar, pero el aparato siguió sonando insistente. Pensó en lo molestó que era su sonido, sobre todo porque estaba en camino hacia casa de Hinata. Fuera quien fuera la persona que llamaba, seguro que podía esperar. Salió y cerró la puerta de un portazo.

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Hinata atisbó a Naruto mientras pasaba por delante de la ventana de la cocina, y corrió hacia la puerta para llegar antes que él. Nada más entrar, Naruto la besó.

-Te he echado de menos –le susurró Hinata.

Naruto dejó el ordenador sobre una mesa y la abrazó.

-He venido para quedarme –tenía los ojos clavados en los de ella-. ¿Sabes? Esos ojos tuyos siempre te delatan.

-¿De qué tono son ahora?

-Cariño, no me refiero a su color –la besó con pasión y Hinata suspiró de placer. El teléfono volvió a sonar-. Maldito teléfono –refunfuño Naruto contra su boca mientras hacía el beso más profundo. Ella se abrazó a su cuello, pero como el teléfono seguía sonando, apartó los labios de los de él.

-Alguien llamó antes, pero no contesté.

-A mí también me llamaron, y tampoco contesté.

-Lástima no tener un contestador automático.

-¿Crees que seguirán insistiendo toda la noche?

-Sea quien sea, será mejor despachar el asunto cuanto antes.

-¿Quieres que conteste yo? –peguntó Naruto.

-Sí, gracias.

Naruto descolgó el aparato y contestó. Luego estuvo escuchando en silencio. Un silencio que duró demasiado tiempo.

¿CONTINUARA?...

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Huru: Primavera.

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Hola! :D

Gomen por la tardanza no voy a dar escusas porque eso es de niños pequeños y yo soy lo bastante vieja ya T_T, pero en verdad siento mucho toso el tiempo que tuvieron que esperar hasta que me decidí a pasar por aquí ¡DE VERAS! Pero ahora si que no voy a tardar tanto, ya que tengo más tiempo, por lo que me voy a poner a trabajar en todos los fics.

Bien, espero que les haya gustado el capi y prometo traerles pronto el que sigue.

Cuídense, SAYO!... xD

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LES AGRADESCO A TODOS LOS QUE DEJARON SUS COMENTARIOS O QUE SÓLO LEYERON, Y QUE TAMBIÉN PUSIERON ESTA HISTORIA EN SUS FAVORITOS Y ALERTAS…¡MUCHAS GRACIAS!...=)

*Tiyo*

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Por favor dejen sus "REVIEWS", positivos o negativos, esa es mi forma de saber si continuo o no… ONEGAI… :) no necesitan tener una cuenta para poder comentar. Hasta pronto.

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"…SaKu-14…"