Aclaración:
1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.
2-La historia es una adaptación a NaruHina, ya que la original fue escrita por Barbara Hannay y se titula "Un descubrimiento sorprendente", a mi parecer esta historia es muy buena, por eso quise compartirla con ustedes adaptándola a mi segunda pareja favorita.
3-La narración esta de parte de Naruto tanto como de Hinata, al igual que sus pensamientos.
Advertencias:
CATEGORÍA: "T".
AU- LENGUAJE UN POQUITO VULGAR…
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CAPÍTULO 6
Naruto estaba de pie, apoyado en la pared de la cocina escuchando con atención a quien hablaba al otro lado del teléfono. Con la mirada fija en el suelo, negaba con la cabeza.
-¡Debe haber un error! -Oh no, qué habrá pasado, pensó Hinata alterada. Se acercó un poco a Naruto-. Debe haber un registro en alguna parte –exclamó Naruto en voz muy alta y con un tono que denotaba frustración. Cerró los ojos, concentrándose en lo que le decían-. Bueno, bueno –dijo por fin-. Sí, la he visto. Tiene un certificado. Sí, sí. Volveré lo más pronto que pueda –colgó el teléfono y se cubrió la cara con las manos.
Hinata estaba angustiada.
-¿Qué ha pasado?
Naruto la miró. Tenía los ojos oscuros por la cólera.
-Nuestros abogados no encuentran el certificado de matrimonio de mis abuelos.
-¿Quieres decir que el matrimonio no figura en ningún registro?
-En ninguno.
-Eso quiere decir…
-Eso quiere decir que es casi seguro que mis abuelos no se casaron –miró a Hinata, lanzándole una mirada de advertencia-. Y no vayas a decir lo mucho que te alegras por Haru.
Hinata se quedó boquiabierta.
-Supongo que me alegro por Haru –se acercó un poco más a Naruto-. Pero puedo entender también los problemas de tu familia. Es terrible para vosotros. ¿Tus abogados van a seguir buscando o ya dan por seguro que no hay nada?
-Seguro que harán más indagaciones, pero no hay muchas esperanzas –le dijo, cortante-. Ya han investigado a fondo. Al parecer, la familia de mi abuela tapó el asunto fingiendo que había un matrimonio. Como ella y Jiraiya Namikaze estaban comprometidos antes de que él se fuera y ella estaba embarazada… De todos modos, dudo que Jiraiya lo supiera.
-Pero entonces, ¿no se casaron?
-No. Mi abuela era de una familia de clase alta. No habrían soportado el estigma de un bebé ilegítimo.
-Lo siento mucho. Es un golpe muy duro para ti.
-Sí. Parece que Haru tenía razón. La carta era para ella. Lo que quiere decir que es posible que Haru sea la heredera legal de Namikaze & Uzumaki.
-¡No me digas! –exclamó Hinata-. ¿Y cómo quedáis tú y tu familia?
Naruto hizo una mueca que fingía una sonrisa.
-Es un lío legal largo y caro que puede durar años.
-Es terrible –una sensación de temor invadió a Hinata. Se acercó a Naruto y le dio un abrazo de consuelo. Él le dio un beso rápido en la mejilla, pero tenía la mente en otras cosas-. Está claro que este asunto de venir a Australia en busca de la botella os ha causado un gran problema –su tono de voz era de desaliento.
Él suspiro y exclamó.
-No hay la menor duda –la cabeza de Hinata empezó a dar vueltas. Se agarró a una silla para no caerse. ¿Qué otra cosa esperaba que Naruto dijera? ¿Qué no importaba?, ¿qué encontrarla a ella había sido lo mejor de su vida?, ¿qué una noche con ella compasaba el contratiempo de perder millones de dólares, la empresa familiar y la legitimidad de su padre?-. Claro que mis abogados aún tienen que examinar la carta a fondo. Nada es seguro hasta que lo vean. Eso me recuerda que… -de repente agarró el teléfono-. ¿Recepción? –farfulló-. Soy Naruto Namikaze. Necesito adelantar mi regreso a Seattle, ¿puede arreglármelo? Eso es. Necesito tomar el primer vuelo que haya. Tienen mis datos, ¿verdad?
Hinata lo miraba aturdida. Sabía que la noticia significaba que Naruto tendría que regresar a casa, pero ¿tan pronto?
-¿Vas a regresar tan de repente? ¿Enseguida?
-Tengo que volver. Lo puedes entender, ¿no?
-Sí –contestó Hinata en voz baja y con un tono frío-. Después de todo hay mucho dinero en juego.
Él frunció el ceño.
-Menudo trauma tienes con eso del dinero, ¿no? –su mirada era de hielo. A Hinata se le revolvió el estómago viendo cómo iba de un lado a otro de la habitación con el semblante lleno de preocupación-. Tú no te das cuenta de lo que realmente está en juego –le recriminó-. No es solo cuestión de dinero. Cuatro generaciones de mi familia han trabajado muy duro para levantar y hacer prosperar la empresa. Yo me he matado a trabajar para mantenerla desde que mi padre enfermó. Y ahora, podría perderse todo. Es increíble que ahora podamos perderlo todo solo porque… -lleno de tensiones, se mesaba el cabello-. Todavía no estoy seguro de que esto no sea una broma de mal gusto. Según aconsejan mis abogados, debería desconfiar de todo. ¡La historia de Haru es muy difícil de creer!
-Pero Haru tiene pruebas.
Él cruzó los brazos sobre el pecho. En esa postura se físico era aún más impresionante. Pero no era el momento de admirarlo, pensó Hinata.
-Aún no sabemos si sus papeles son auténticos –dijo Naruto con frialdad-. Hoy en día cualquiera puede falsificar fotos y certificados.
Hinata lo miró asombrada.
-Haru no lo haría. ¿Cómo puedes sugerir eso? Tienes que estar equivocado -¡eso era demasiado! Hinata pensó en la sonrisa que ella y Haru habían compartido. La sonrisa de una mujer que reconoce la misma dicha ciega en otra mujer-. Estoy segura de que te equivocas, Naruto. No puede ser que lo digas de veras.
-No sería la primera vez que alguien se deja engatusar por unos cabellos blancos y una sonrisa.
Hinata hizo un esfuerzo para reprimir la creciente sensación de que a ella la habían engatusado unos ojos azules y una sonrisa. Naruto parecía transformarse de enamorado exquisito en escéptico frío y amargado.
-Naruto –le dijo forzando un tono comprensivo-, yo puedo entender lo disgustado que estás por todo esto. ¿Pero por qué no puedes creer la historia de Haru? ¿No puedes imaginarte lo que ocurrió entre ella y Jiraiya? ¿Encontrarse aquí, como tú y yo, y enamorarse locamente? –su voz se quebró.
Durante un instante los ojos de Naruto se posaron en los de ella y su mirada se suavizó.
Por favor, Naruto, imploraba en silencio, dime que puedes imaginarte lo que fue el amor para ellos. Si él pudiera sentir la mitad de amor que ella sentía, sabría que la historia de Haru era verdadera.
Pero la frialdad de las siguientes palabras que pronunció demostraron que estaba en otra onda.
-Todo lo que se refiere a esta situación apesta. Mira cómo Danzo se sirvió de mí para hacerse publicidad. Para ser sincero, no puedo evitar pensar que todo el asunto de la botella no es más que un gran fraude.
Anonadada, Hinata retrocedió hacia el sofá y se dejó caer. Las palabras de Naruto resonaban en sus oídos. Un gran fraude. No creía que ella había encontrado la botella. ¿Cómo podía dudar de ella? La noche anterior le había dado las gracias por encontrarla en una sala llena de gente.
Y había dado la impresión de que se estaba enamorando de ella.
Y le había hecho el amor con tanta delicadeza…
Unos grandes lagrimones rodaron por sus mejillas.
Pensó que no era de extrañar que Naruto no confiara de Haru. ¡No confiaba en nadie! Cuando llegó a la isla ocultó su identidad. ¡Había desconfiado de ella desde el principio!
Era más que terrible. Hinata nunca se había sentido tan desgraciada, como si se hubiera caído en un pozo y se estuviera ahogando. Casi no podía respirar.
Naruto dejó de dar zancadas. Su mente había estado centrada en sus problemas, pero de repente se dio cuenta de que Hinata no había dicho nada desde hacía mucho rato.
Estaba acurrucada sobre el sofá. Tenía la cara congestionada y tensa. Preocupado, se acercó a ella.
Si no la hubiera visto tan tensa, se habría agachado a besarla, pero algo en ella le decía que no lo hiciera.
-¿Estás bien, Hinata?
Su respuesta fue levantarse del sofá y salir corriendo a la cocina.
-Tengo muchísima hambre –dijo por encima del hombro-, pero supongo que ahora no tendrás tiempo de hacer la cena.
-Eso depende de los vuelos que haya –podía oír a Hinata abriendo el frigorífico-. Hinata, he estado tan nervioso que puede que haya dicho algo que no debía. Ni siquiera sé lo que he dicho. Yo…
-Buen intento, Naruto, pero no esperes que me lo crea.
Él frunció el ceño. No podía ver la cara de Hinata, pero su voz sonaba fría y cortante como el filo de un cuchillo.
-¿Debo entender que estás enfadada conmigo?
Cuando se volvió a mirarlo, estaba roja de indignación.
-Creo que será mejor que agarres tus mariscos y tu ordenador y te vayas de aquí –le dijo en un tono frío como el hielo.
Naruto no podía entender por qué estaba tan furiosa. Le preguntó, tratando de ser conciliador:
-¿No me das ninguna explicación? –moviendo la cabeza, Hinata se cruzó de brazos y miró para otro lado. Naruto habría jurado que estaba intentando reprimir las lágrimas. El corazón se le encogió al verla-. Hinata, háblame.
Ella casi se ablandó. Volviendo la mirada hacía Naruto, vio que era cierto que estaba confuso y no sabía lo que pensaba. Estuvo a punto de echarse en sus brazos y besarlo, y olvidar lo que había dicho: que la botella era un fraude.
Pero ya había sido débil demasiadas veces con él. Demasiado débil con alguien que apenas conocía.
Haciendo un último esfuerzo, respiró hondo y le dijo susurrando:
-Cuando hacíamos el amor, te estaba dando algo más que mi cuerpo –Hinata vio como se ponía rígido por la tensión.
-¿Y?
-Ya te dije que no tengo costumbre de ir acostándome por ahí con todos los hombres que se cruzan en mi camino.
-Hinata, ni por un momento pensé eso de ti. ¿Qué estás tratando de decirme?
-Para hacer el amor, necesito que haya sentimientos. Yo sentía algo por ti, Naruto –él la miraba confuso. Ella quería decirle que se había enamorado con locura de él y que lo amaba sin vuelta atrás. Pero era demasiado tarde para admitirlo-. Yo confiaba en ti.
-Claro que puedes confiar en mí Hinata.
Ella estaba a punto de llorar, pero se contuvo.
-La confianza debe ser recíproca.
-Hinata, no sirvo para las adivinanzas. Me estás volviendo loco –el teléfono volvió a sonar y Naruto contestó-. Soy Namikaze -el corazón de Hinata palpitaba más fuerte que nunca, mientras miraba cómo él escuchaba-. Está bien. Gracias, iré enseguida –se volvió hacía Hinata y ella sintió un frío intenso.
-¿Te han conseguido plaza en un vuelo esta noche? -¿no te podrías quedar al menos esta noche? ¿Solo una noche más?, pensó.
-Sí, tengo un vuelo de Townsville a Sidney. Así podré hacer una conexión con el primer vuelo de mañana a Estados Unidos.
-Eso es lo que querías, ¿no? – Hinata se sentía al borde del pánico. Habían estado discutiendo, pero eso no hacía que lo dejara de querer. Ni tampoco evitaba que se sintiera desolada por que Naruto no la necesitara tanto como ella a él.
Naruto dio un paso hacia ella y trató de tocarle el brazo.
-¿Qué puedo decir para que me persones?
-No te tomes la molestia –exclamó, y le hizo un gesto para que se marchara.
-¿Y si quiero tomarme la molestia? ¿Y si no quiero marcharme de aquí dejando las cosas hechas un lío?
Ella movió la cabeza, dubitativa, tratando de convencerse a sí misma de que quería que Naruto saliera de su vida. Esa era la única forma razonable de manejar la situación. Había roto la regla más sabia que tenía: se había enamorado de un huésped del complejo.
Y estaba pagando el precio.
Sabía por la experiencia de sus amigas que, una vez que se iban, los turistas preferían olvidar cualquier relación romántica.
Mirándolo a la cara, le dijo:
-Tú eres… tú eres muy atractivo, Naruto Namikaze, y puede que tarde veinte años en olvidarme de lo de anoche –apretó los labios y respiró hondo antes de continuar-, pero ahora no puedo confiar en mis sentimientos –fijó los ojos en los de él-. Y tú tampoco puedes pensar con claridad. Me temo que si escucho cualquier cosa que me digas ahora, acabaré hecha un desastre.
Un sentimiento de culpa arañó el estómago de Naruto. ¿Cómo podía haber sido tan zoquete? Siempre se había vanagloriado de su diplomacia e intentaba ver dónde se habían torcido las cosas. ¿Cómo había conseguido organizar tal lío?
Hinata no era una chica que se entregara con facilidad. Lo sabía por intuición. Esa era una de las cosas que en parte la hacían atractiva.
En el fondo, sabía cuál era la razón de que ella se sintiera herida.
-Hinata, nosotros no somos como Jiraiya y Haru.
Se oyó un sollozó.
-¿Qué quieres decir?
-Ellos tuvieron un flechazo y se apresuraron a casarse.
-No seas tonto. Yo no espero que te cases conmigo.
Él la miró con cautela, tratando de saber si estaba perdiéndose alguna sutileza.
-Era distinto. Estaban en medio de una guerra. Jiraiya sabía que cualquier día podía morir.
-Claro, Naruto. No tienes que…
-¡Escúchame! –le ordenó-. No estoy diciendo que lo que siento por ti no sea igual de fuerte. Pero nuestras circunstancias son muy distintas. Hemos tenido mucho menos tiempo que ellos para conocernos. Supongo que debería haber sabido que…
-¡Ya entiendo! –gritó Hinata-. No tienes por qué restregarme que ambos cometimos un error.
Él suspiró. Tal y como estaban las cosas, no tenía elección; debía marcharse esa noche.
-De verdad que me gustaría quedarme y aclarar esto, pero mi empresa está teniendo todo tipo de problemas legales. No es solo esta última crisis. Mi padre está enfermo y tengo que volver para que este nuevo golpe no le resulte tan duro. En estos momentos no puedo pensar a largo plazo.
-No necesito una lista de tus razones –le dijo entre dientes-. Siento mucho que las cosas estén tan mal para ti. No quisiera empeorarlas. Por favor, vete.
-Yo también tardaré mucho tiempo en dejar de pensar en ti, Hinata –ella le echó una mirada que decía con toda claridad que no le creía-. Tan pronto se aclaren las cosas en cada, volveré.
-No intentes hacer que me sienta mejor, Naruto. No hagas promesas que no puedes cumplir.
-Quiero volver y llegar a conocerte a fondo, Hinata. Te escribiré, pero mi sistema de conocer funciona mejor cara a cara.
-Claro que sí –le dijo Hinata con un atisbo de sonrisa-. Incluso lo haces mejor boca a boca –levantó las manos como para apartarlo-. Ese es el problema contigo, Naruto Namikaze.
-Con toda seguridad, volveré el año próximo para desovar el coral, según me dijiste. No puedo perderme el mayor encuentro sexual del mundo –cruzó la habitación y se inclinó para saborear por última vez sus tibios labios. La boca de ella tembló bajo la suya-. Hasta pronto, Hinata –susurró. No se sentía muy contento, pero consiguió guiñarle un ojo.
Cuando Hinata vio que Naruto desaparecía, sintió una desesperanza enorme y cruel. Se le saltaron las lágrimas otra vez, aunque trató de contenerlas y de convencerse de que no tenía derecho a sentirse así. Estaba actuando como una tonta.
Todo el tiempo sospechó que Naruto solo quería un romance de vacaciones. Por eso había intentado resistirse a él. Pero la noche anterior, se había convencido de que él sentía por ella algo más profundo que un deseo sexual. Estaba segura de que no era solo una muesca más en la cabecera de la cama de un soltero.
Pero las cosas habían cambiado y sabía que se había equivocado. Puede que Naruto pensara que sentía algo por ella. Pero si así hubiera sido, no habría hecho aquel comentario sobre la botella. Estaba claro que él no sentía lo mismo que ella, esa sensación de girar sin control, esa necesidad que la consumía.
Pensó que cuando llegara a Seattle, a sus negocios, su familia y sus amigas, sería como todos los demás. Se olvidaría de su corto romance de vacaciones.
Temblando de pena, fue a la cocina, sacó los mariscos de la nevera y los metió en el congelador.
Ahí va la vena romántica, pensó.
¿Cómo había podido imaginar que su destino estaba ligado a la estúpida botella?
…¿CONTINUARA?...
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"…SaKu-14…"
