Aclaración:
1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.
2-La historia es una adaptación a NaruHina, ya que la original fue escrita por Barbara Hannay y se titula "Un descubrimiento sorprendente", a mi parecer esta historia es muy buena, por eso quise compartirla con ustedes adaptándola a mi segunda pareja favorita.
3-La narración esta de parte de Naruto tanto como de Hinata, al igual que sus pensamientos.
Advertencias:
CATEGORÍA: "T".
AU- LENGUAJE UN POQUITO VULGAR…
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CAPÍTULO 8
Cuando salió del hospital, Hinata estaba sonriente. La comadrona le había dicho que el bebé estaba creciendo muy bien. Tenía el tamaño exacto que correspondía a esa fase de la gestación. Sus latidos eran fuertes y ella estaba en plena forma. Todo iba bien.
Estaba muy sorprendida de cómo había cambiado su forma de pensar. El embarazo suponía mucho más que un ensanchamiento drástico de la cintura. Su bebé se había convertido en el centro del mundo. Mientras la gente seguía con su vida, hablando de política, economía o lo que fuere, ella se concentraba más en su vida interior.
Para ella, el único hecho relevante era que iba a tener un hijo.
A medida que iba creciendo, lo quería más.
Y solo de vez en cuando, se sentía deprimida por toda la responsabilidad que se le venía encima.
Pero por lo menos había superado lo de Naruto.
Había hecho bien en marcharse de la isla. Podía empezar su vida de nuevo. Su hijo era lo único que le importaba, y después de ver a la comadrona, sabía que no tenía por qué preocuparse.
Al volver la esquina vio un coche deportivo estacionado delante de su casa. No tenía ni idea de quién podía ser, y se acercó despacio.
Había una persona esperando en el porche de atrás.
Su corazón empezó a latir con tal fuerza que temió por su salud.
No podía ser. No podía ser… ¡Naruto!
Se agarró con fuerza al volante. Cuando lo vio por la ventanilla sintió que el corazón le retumbaba como un tambor. Parecía estar como en su casa. Llevaba unos vaqueros desteñidos y una camiseta, y estaba tan sexy como siempre. Hinata no sabía qué hacer.
¡Él no podía volver a su vida! No en ese momento.
Sin aliento y atemorizada, intentó pensar con claridad. ¿Cómo la habría encontrado? Pensó en dar marcha atrás y desaparecer. Pero él ya estaba bajando los escalones y se paró a unos pasos del coche. Hinata podía ver que sonreía.
-¡Hola!
Pensó en que no podía quedarse. No tenía el valor de enfrentarse a él cuando supiera que estaba encinta. Puso en marcha el motor y aceleró marcha atrás.
Oyó que Naruto le gritaba y se le caló el motor.
Sabía que su forma de actuar era irracional y trató de todos modos, tampoco tenía adonde ir. Sabía que él la seguiría, o que la esperaría hasta que volviera.
Como si lo supiera, Naruto estaba inmóvil, con una expresión indescifrable.
-Hola –le contestó. El corazón se le aceleró aún más.
-Me alegro de haberte encontrado por fin –ella no dijo nada-. ¿Cómo estás?
La voz de Naruto temblaba un poco. Estaba tan nervioso como ella. Parecía más pálido de lo que recordaba, pero sus ojos seguían del mismo azul fascinante. Con solo mirarlos, sintió la antigua añoranza.
-Estoy muy bien –consiguió responder-. ¿Y tú?
-Fenomenal –intentó sonreírle-. Oye, ¿no piensas salir del coche?
Ella quería contestar que no. Que no saldría hasta las navidades. Él no se había dado cuenta aún de que estaba como una ballena. Hinata agarró su bolso y salió, tapándose la figura con unos paquetes. Lo miró con altivez. Él la miró también y la intensidad de su mirada dejaba claro que no iba de paso.
-¿Hay que sacar algo del maletero? –se ofreció.
-No, gracias –Hinata le ordenó a sus pies que se movieran y pasó delante del coche mientras evitaba la mirada de Naruto. No quería ver su cara cuando se diera cuenta. Pero al llegar a donde él estaba, alzó la vista. Nunca olvidaría la expresión de su cara.
-¡Hinata! –su grito angustiado le llegó al corazón.
-Ha habido algún cambio en mi vida –susurró ella, cohibida.
-¡Hinata! –pálido y boquiabierto, le miraba el vientre y no podía articular palabra.
Ella se había imaginado ese momento tantas veces… En el fondo sabía que Naruto iba a encontrarla. Había imaginado su ira, su sorpresa, e incluso su felicidad. Pero nunca lo había imaginado tan asombrado, tan atemorizado como sí se hubiera caído de las nubes.
A la vista de unas emociones tan reales, sus planes de permanecer indiferente se disiparon.
-Entra –le dijo con dulzura, sintiendo que estaba a punto de llorar-. Te prepararé una taza de té. ¿O necesitas algo más fuerte?
Una vez dentro de casa, Hinata trató de no pensar y se puso a preparar el té. Se sentía como si todo fuera solo una alucinación.
-¿De cuánto estás? ¿Para cuándo es?
Ella estaba de espaldas y la voz de Naruto la sobresaltó.
-Tiene que nacer dentro de tres semanas.
Hinata podía ver que él estaba calculando fechas. Le sirvió un whisky y él se lo bebió de un trago.
-Eso quiere decir que… ¿soy el padre? ¿Es hijo mío?
Hinata puso cara de extrañada.
-¿Cómo puedes preguntarlo? Claro que es tuyo. Quiero decir, que naturalmente que eres el padre.
-Pero no sé cómo pudo ocurrir. Usamos protección.
-Sí, ya sé que usamos, pero no es infalible. No es culpa tuya. Yo sé que lo último que deseabas era tener un bebé –volvió a la preparación del té-. Ve a sentarte. Enseguida estaré contigo.
Naruto estaba tan asombrado que la obedeció al minuto.
Un bebé, pensó.
La cabeza le daba vueltas. La escondió entre las manos. ¡Cuántas emociones! En todos esos meses en que había estado preocupado por Hinata, nunca pensó en ese bombazo. ¡Un bebé! ¡Su hijo! No podía imaginar cómo había sucedido. Él había tenido cuidado.
Pero, ¿y Hinata? Allí estaba él, sintiendo lástima de sí mismo… y se olvidaba de Hinata. ¡Qué mal lo habría pasado! Y vaya golpe le había dado a su orgullo, no diciéndole nada. No había confiado en él para que estuviera a su lado.
¿Cómo podía haber pensado tan mal de él?
Sintió que iba a llorar y se frotó los ojos, antes de que ella lo viera.
Hinata salió con las tazas y se sentó junto a él. Durante mucho rato estuvieron sin hablar.
-Ahora sé por qué Haru insistía tanto en que estabas bien –dijo Naruto por fin.
-Haru ha sido maravillosa. Se lo dije porque, de algún modo, ella es la bisabuela del bebé.
-Claro –dijo Naruto con amargura-. Se lo dices a la bisabuela, pero no al padre. Eso es pensar con claridad.
Hinata se ruborizó.
-Te llamé en cuanto lo supe, pero me contestó una de tus amigas pretenciosas.
Naruto frunció el ceño, pensativo.
-Debió ser Ino –dejó escapar un suspiro-. No es una amiga.
-Da lo mismo –respondió Hinata-. Pero aunque no hubiera hablado con ella, estaba segura de que lo mejor para mí era olvidarte.
-¿Por qué? –le gritó. Tenía la cara congestionada por la ira.
-Por favor –murmuró Hinata-. No nos peleemos por eso.
Él volvió a suspirar.
-Solo dame unos minutos para adaptarme. Estoy seguro de que sabré comportarme cuando me acostumbre a la idea –Hinata intentó ponerse más cómoda. El bebé estaba dando patadas. Sintió frío. La cosa no era fácil.
Pensó que Naruto no iba a marcharse así como así. Eso era lo peor. Se empezaría asentir posesivo. Naruto dio un gran sorbo de té y se volvió hacia ella.
-Estoy completamente dispuesto a casarme contigo –los ojos de Hinata se abrieron como platos-. Lo siento si fui demasiado brusco. No me salió como lo pensaba.
-Yo no espero que te cases conmigo, Naruto. De hecho, es lo último que deseo.
-¿Lo último, eh? Es lo que pensaba –apartó la vista.
-Nunca eh estado de acuerdo en que la gente se case sólo porque hay un bebé en camino.
-Por supuesto que te echaré una mano con el dinero.
-Naruto –dijo, y la voz se le quebró-, no tienes que preocuparte por mí. Me defiendo muy bien. Lo digo en serio.
-¿Y cuando nazca el niño? ¿Cómo te las arreglarás?
-Tengo algo de dinero. Y volveré a estudiar ciencias marinas.
-¿Y qué pasará con el niño?
-¿Qué pasará con qué?
-¿Te lo vas a quedar?
-Por supuesto. Y ni se te ocurra poner a tus abogados a redactar un contrato sobre derechos paternos.
Naruto hizo un gesto de desaprobación.
-¿O sea que estás decidida a criar a ese niño sola por completo?
-Sí –le habría gustado que su respuesta sonara más contundente. Quería ser más convincente.
Él se puso serio.
-¿Acaso tienes algún otro hombre esperado para desempeñar el papel de padre? Un nuevo papá para…
-No hay nadie más –se puso en pie y se acercó a la barandilla, dándole la espalda. Cuando su furia disminuyó, se volvió hacia él-. Por lo que más quieras, Naruto. Ya van dos veces que sugieres que tengo a otro hombre escondido por ahí. Otro amante. Esa es tu especialidad, pero no es mi estilo.
-Sólo quería entender tu situación –murmuró a la defensiva.
Hinata respiró hondo.
-Bueno, esta es la situación. En realidad es muy simple. Tuvimos una relación corta. Hicimos el amor una vez. Tú te fuiste a tu país, a ser de nuevo el soltero preferido de Seattle. Ahora estoy embarazada y me las arreglo bien. Este bebé es mío.
-Y mío. Y lo normal es…
-¡Por favor! –lo increpó Hinata-. Estoy de acuerdo que como padre tienes muchos derechos, pero no me hables de lo normal. Nosotros no tenemos una situación normal. Cuando te fuiste, ambos estábamos de acuerdo en que el matrimonio no era parte del juego.
Él se levantó y se acercó a ella. Hinata cerró los ojos. Siempre que él se le acercaba, algo en su mente la hacía estar aún más cerca. Era una locura.
-Ya veo adónde quieres ir a parar –Naruto dio un suspiro-. Cuando me fui, hace casi un año, teníamos muchas cosas pendientes –Hinata se quedó mirando el río-. Y ahora, supongo que es demasiado tarde.
-¡Sí! –Hinata escupió la palabra y luego lo miró, desconfiada-. ¿Demasiado tarde para qué?
Naruto estaba junto a ella y también miraba el río.
-Demasiado tarde para empezar de nuevo y hacer las cosas bien –ella asintió-. Si hubiéramos seguido el camino usual, nos habríamos conocido mejor, luego quizá nos habríamos casado y después habríamos tenido hijos. Las cosas podrían haber funcionado. Incluso podrían haber sido perfectas.
-Por favor, no continúes –le imploró Hinata-. No tiene sentido pensar en cómo podrían haber sido las cosas.
Él insistió:
-Pero tienes razón. Nos conocimos, hubo un chispazo…
-¿Un chispazo? –repitió ella, en tono herido-. ¿Es eso lo que pasó?
Él le sostuvo la mirada y, por primera vez en toda la tarde, Hinata vio un destello del humor que Naruto solía tener.
-En realidad –contestó él con una sonrisa de las que hacían estremecer a Hinata-, fue más bien una especie de combustión espontánea, ¿no crees? –ella no contestó, pero el rubor de sus mejillas la delató-. ¡Y rápido! –le señalaba el vientre hinchado-, nos saltamos un montón de pasos intermedios.
-No creo que ahora tengamos que rellenar los huecos. Las relaciones no se hacen punto por punto.
-No –suspiró Naruto.
-Y por eso razón renuncié a hablar contigo.
-Pero no puedes dejarme al margen –dijo con dulzura, y ella no le contestó-, yo ya soy arte de esto –ella alzó la cara, desafiante y él continuó-. La mitad de ese bebé es mía. Por mucho que quieras negarlo, no puedes pasar por alto la genética. Tu bebé tendrá mis genes.
Hinata le lanzó una mirada furiosa.
-Pero eso no te da derecho a entrometerte en mi vida. Necesito que respetes mi intimidad.
-Ya has tenido ocho meses de intimidad.
-Naruto… -el tono de Hinata era de advertencia-. He pasado todo ese tiempo tratando de adaptarme. Déjame en paz. No… no deberías haberme buscado.
Él se quedó pensativo mirando al vacío. Hinata lo miraba y se sentía desdichada. Por fin el se volvió hacia ella.
-Creo que ya hemos dicho lo suficiente por ahora. Los dos estamos alterados y necesitamos algo de tiempo para adaptarnos.
Ella asintió.
Naruto cruzó el porche. Hinata no comprendía por qué no se sentía aliviada de que él se fuera.
-¿Te quedas en algún hotel de la costa?
Él asintió, pero no le dio ningún detalle.
-Supongo que deberías descansar, Hinata, y beber mucha leche, o lo que sea bueno para las mujeres encinta. Ya te llamaré.
Agarrándose a la barandilla, saltó los escalones como si tuviera mucha prisa por alejarse.
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Naruto reprimió las ganas de llamar o visitar a Hinata al día siguiente, y al otro. En lugar de hacerlo, fue a la biblioteca y sacó un montón de libros. Ella quería espacio y él… él tenía mucho que aprender
No sabía nada sobre bebés, aparte de cómo hacerlos. Nunca se había preocupado del tema, y ni siquiera había tocado a un bebé en toda su vida. Y por supuesto, nunca se había imaginado como padre.
Esa tarde, muy bien informado, por fin la llamó.
-Hinata al habla –contestó. Parecía relajada.
-Muy bien, gracias.
El tono le pareció cordial. ¿Serían imaginaciones suyas?
-¿Estás haciendo algo interesante?
-Oh, sí. Mi vida es muy emocionante. En este momento estoy planchando un vestido premamá.
Naruto se la imaginó, embarazada y delante de la tabla de planchar. ¿Por qué se la imaginaba tan sexy? Debía ser algo que pasaba después de mucho tiempo de abstinencia.
-Me preguntaba si tienes antojos, un capricho por comer algo especial, eso que les pasa a las mujeres encinta.
-Espaguetis al curry –respondió impulsivo.
Naruto se rio.
Eso es original. ¿Tu propia receta?
-Me gustan más los que vienen en lata.
-¿Alguna cosa más?
-Chocolate caliente con marshmallows. Naruto, ¿por qué lo quieres saber?
-Curiosidad. Veo que has desarrollado un gusto muy refinado.
-Casi siempre sigo una dieta equilibrada.
-Me alegro de saberlo. Bueno. Creo que lo podré hacer.
-¿Hacer qué? ¿De qué estás hablando?
-Voy a llevar la cena. Llegaré a las seis y media.
-Pero Naruto, no hace falta.
Él no se molestó en contestar. Pensó que era mejor no arriesgarse y colgar.
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Hinata puso la mesa. No había tenido noticia de él en dos días y, de repente, ¡se iba a presentar con la cena! Pensó que la última vez que le había ofrecido cenar con ella, la había dejado plantada. Había sido la peor noche de su vida.
Tendría que inventar la manera de deshacerse rápido de él. No le había dado tiempo a decirle que esa noche tenía una clase de preparación para el parto.
Llamaron a la puerta y se apresuró a abrir.
Naruto entró sonriente y con una bolsa en la mano. Su figura atlética se destacaba a contraluz. Estaba guapísimo y al verlo, el corazón de Hinata se estremeció de placer. La vez anterior estaba muy nerviosa y no había podido recrearse en observar todos sus rasgos.
Naruto le dio un beso rápido en la mejilla.
-No te dije el otro día lo bonita que estás –le dijo-. La maternidad te sienta muy bien.
Hinata no esperaba el cumplido y no pudo evitar una sonrisa.
-Solo pude encontrar latas pequeñas de espaguetis al curry.
-No creo que sea una de las cosas más solicitadas del mercado.
-Un menú simple pero sabroso –dijo sacando de la bolsa el resto de la comida-. ¿Cómo quieres los espaguetis al curry?
-Calientes, y sobre una tostada.
-¿Puedo sugerir un poco de ensalada?
-Eso estaría muy bien, Naruto –dijo con voz melosa, y al oírse, Hinata pensó que estaba bajando la guardia. Debía tener cuidado. Lo mandaría de regreso a Seattle, en cuanto pudiera. Había conseguido sentirse en paz consigo misma y no podía estropearlo. Sabía que quería una vida sencilla y tranquila para ella y su bebé, y que no iba a permitir que un playboy millonario la manejara como si fuera un títere-. ¿Qué tal va tu negocio?
Durante unos instante, Naruto permaneció callado.
-El negocio va bien. Lo dejé en buenas manos.
-¿Y tus padres?
-Están bien. Papá está bastante bien para lo que tiene. ¿Dónde tienes los cacharros para el microondas? He estado leyendo sobre las ecografías. ¿Te han hecho alguna?
-Sí.
-¿Y?
-El bebé está bien. Todo está como debe ser.
-Estupendo. ¿Y te han dicho si es niña o niño? –Hinata asintió-. ¿Vas a decírmelo? –Hinata recordó lo real que se le había hecho el bebé en cuanto había sabido su sexo. No le pareció buena idea decírselo a Naruto-. Solo lo pregunto por curiosidad.
-Es un niño –no pudo resistir decírselo.
-¿Un niño? –abrió mucho los ojos y sonrió complacido-. Es increíble, ¿no crees?
-¿Prefieres los niños?
-¿Yo? No en especial. Me encantan las niñas.
-Claro que sí –murmuro Hinata entre dientes.
-Las niñas son muy graciosas. Es sólo que ahora que sé que es un niño, me doy cuenta de que ese bulto que tienes es una futura persona.
-Uno se da cuenta de repente.
Siguió cortando los tomates. Al cabo de un rato, se volvió hacia Hinata con una enorme sonrisa:
-¡Eh! Necesitará a alguien que le enseñe a lanzar pelotas de béisbol.
-No te entusiasmes, Naruto. Para empezar, tú no estarás aquí. Segundo, será australiano y no jugará al béisbol. Aprenderá a hacer surf y a jugar al cricket.
-Lo siento. Ya me hago cargo. Además, antes de que discutamos el futuro de nuestro bebé, tenemos que comernos este banquete –Hinata le alcanzó dos platos y Naruto sirvió los espaguetis con la elegancia de un verdadero gourmet-. ¿Tienes un vídeo de la ecografía?
-Sí –contestó Hinata con un suspiro, mientras se sentaba a cenar.
-Me gustaría verlo después.
-No creo que me dé tiempo esta noche. Tengo… una cita.
Estuvieron en silencio. Durante unos momentos.
-¿Qué se siente –preguntó Naruto de repente- estando embarazada?
Hinata sonrío, radiante.
-Es fantástico.
-Entonces, ¿no te sientes atrapada, traicionada por tu biología y todas esas cosas?
-Al principio sí –él hizo un gesto-. Durante cinco minutos.
-Ojalá lo hubiera sabido. Habría venido antes.
-Los primeros meses no valía la pena. Me los pasé vomitando. Pero después ha sido estupendo.
-¿Sabes algo sobre el cuidado de un bebé?
¿Qué era eso? ¿Una trampa? ¿Un examen?
-No mucho, pero me he comprado muchos libros. De momento, no consigo pasar del nacimiento.
Naruto se puso serio.
-No puedo imaginarme todo eso del parto. Me asusto solo de pensarlo –se sintió ofuscado-. Supongo que no te estoy ayudando mucho.
-Estoy segura de que todo saldrá bien. Después de todo, mira cuántos bebés nacen cada día.
Hinata se dio cuenta de que estaba hablando con él como si fuera un verdadero amigo. ¡Lo que hacía la soledad!
-¿Y estás pensando en hacerlo todo sola?
-Sí. Bueno, con la ayuda de una comadrona.
-Hinata, creo que estás siendo algo egoísta.
-Egoísta? –exclamó, y pensó: ¡Egoísta! ¡Cómo se atrevía a decir eso, con tantas cosas a las que ella había tenido que renunciar! Era obvio que no se daba cuenta.
-Mira tu situación –continuó Naruto.
-La estoy mirando todos los días desde dentro –su voz subió de tono-. Este bebé y yo llevamos mucho tiempo pegados el uno al otro.
-Claro –asintió él con mucha calma-, pero ¿por qué te niegas a escuchar otro punto de vista?
Hinata iba a protestar, pero se contuvo.
-Muy bien, don sabiondo. Explícame qué es lo que estoy haciendo tan mal.
-Pues venirte aquí y aislarte de todos tus amigos y de cualquier posible apoyo. No tienes familia. ¿Tienes amigos aquí que te conozcan bien y que estén dispuestos a ayudarte?
-Aquí me las arreglo bien.
-Pero lo estás haciendo sola, Hinata.
-Así es como quiero hacerlo.
-¡Qué diablos! No es eso lo que caracteriza al ser humano. Si de verdad pensaras en el bebé, no te aferrarías de ese modo a tu independencia.
-¡Cómo te atreves! –gritó furiosa, fulminándolo con la mirada.
Naruto no se dejó intimidar y le acarició la mejilla. A ella le dio un vuelco el corazón.
-Me atrevo porque… -la garganta le carraspeaba- creo que alguien debería cuidarte.
-Ya te lo eh dicho. Estoy bien.
-Puede que tú estés bien, pero te guste o no, voy a quedarme por aquí hasta que nazca el bebé.
¡Qué descaro!, pensó Hinata, aturdida por la determinación de ese hombre. Se las había arreglado muy bien durante tanto tiempo…
-Lo que tú quieres es estar rondando por aquí y, cuando el trabajo duro esté hecho, entrar al hospital repartiendo cigarros y anunciando: Es mío.
Ella sabía que estaba siendo injusta, pero no podía evitarlo.
La respuesta de Naruto la sorprendió.
-No se trata de eso. Si quieres, me marcharé en cuanto esté seguro de que el bebé y tú estáis bien. Pero hasta entonces, cuenta conmigo.
Estaba tan decidido… parecía un hermoso ángel guardián. Hinata sintió que todas sus razones se venían abajo.
-¿Lo dices de verdad? Cuando el niño haya nacido, ¿no reclamaras nada? ¿No intentarás convertirlo en Naruto Namikaze II, o algo así?
-Claro que lo digo de verdad.
-¿Prometes que te irás en cuanto nazca el bebé?
-Si eso es lo que deseas, me iré.
-¿Y no vas a intentar… reanudar nuestra relación?
Él miró hacia otro lado y los músculos de su cuello se tensaron. Cuando volvió a mirarla, contestó:
-Si tú no estás interesada, ¿qué sentido tiene?
-No tiene ningún sentido. O sea, que estás preparado para…
-Quiero darte mi apoyo durante estas últimas semanas. Mi hotel está a tan solo veinte minutos de aquí. Puedo llevarte al hospital en la mitad de la noche. Todo lo que los futuros padres suelen hacer –sacó una libreta del bolsillo y anotó algo-. Toma. Aquí tienes el número de mi teléfono móvil y mi dirección. Llámame para cualquier cosa que necesites o que te preocupe.
La idea le gustaba. No se lo había confesado a nadie, pero a medida que se acercaba el momento, su valor decrecía.
-Si de verdad quieres ayudar, demuéstralo –lo retó.
-Encantando de demostrarlo, pero ¿cómo?
-Ven conmigo esta noche a la clase de preparación para el parto.
Por un momento, Hinata pensó que lo había pillado.
-¿Los padres van a esas cosas?
-Claro.
-¿Y es solo una clase? ¿Consiste en escuchar los consejos?
-Hay algo más –murmuró Hinata, pensando en por qué se le había ocurrido invitarlo a la clase.
Era una idea descabellada. Todas las otras parejas estaban casadas o comprometidas. ¿Cómo podía retractarse?
Pero era demasiado tarde. Naruto ya estaba sonriendo y le decía:
-Estaré encantado de acompañarte.
…¿CONTINUARA?...
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Hola. Lamento la tardanza y la verdad no tengo palabras para expresar cuanto lo siento. Se que mucho/as me quieren acecinar y lo comprendo así que no tengo escusas pero en verdad lo lamento. La semana que viene traeré el próximo capítulo y así cada semana hasta terminarlo; de todas formas solamente quedan dos capis así que no falta nada para el final.
Por último, pero lo más importante, quiero agradecerle a yeyuperez por enviarme un mensaje privado recordándome que tengo un gran compromiso con ustedes, es decir el de continuar subiendo la historia. En verdad mil gracias.
Sin más que decir me despido hasta la semana que viene, saludos ;)
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LES AGRADESCO A TODOS LOS QUE DEJARON SUS COMENTARIOS O QUE SÓLO LEYERON, Y QUE TAMBIÉN PUSIERON ESTA HISTORIA EN SUS FAVORITOS Y ALERTAS…¡MUCHAS GRACIAS!...=)
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Por favor dejen sus "REVIEWS", positivos o negativos, esa es mi forma de saber si continuo o no… ONEGAI… :) no necesitan tener una cuenta para poder comentar. Hasta pronto.
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"…SaKu-14…"
