Editado: 10/nov/2014


RAGNAROK

PROLOGO

Hikari Yagami de 14 años estaba durmiendo en su cuarto como de costumbre, habían pasado dos años desde que habían vencido a BelialVanDemon y se habían despedidos de sus Digimons aunque ella siempre soñaba que se encontraba con Gatomon y que junto a sus amigos disfrutaban un Digimundo lleno de paz. Pero esa noche el destino le tenía preparado otra clase de sueños, sueños que hacía ya mucho tiempo que no tenía.

Ahí se encontraba ella en un lugar desconocido pero que extrañamente se sentía familiar. Estaba en medio de una batalla se veía así misma con más edad dándole órdenes a su Digimon, junto a ella veía a sus amigos, al señor Gennai y a su hermano pero también veía a otras personas que no conocía algunas de ellas llevaban puestos googles al igual como su hermano y su líder de grupo, Davis. Peleaban contra unos Digimons que obviamente eran virus y estaban dirigidos por un ser que tenía dos cabezas, y se veía muy poderoso, entre los gritos escucho que su nombre era Milleniunmon, y este estaba peleando con un Digimon de forma humana llevaba un casco que cubría su cara, su brazo izquierdo tenía forma como la de un robot.

Estaba aterrada era una lucha en que el grupo vencedor saldría sumamente herido, pero parecía que no importaba quien ganase, pues alzando la mirada vio a unos metros de donde se enfrentaban ambos bandos se alzaban once pilares en cada pilar se encontraba un Digimon. Como líder estaba un Digimon con forma humana, llevaba una armadura plateada y una capa negra. A la derecha de este Digimon estaba el mismo Omegamon, y en ese grupo también se encontraba Magnamon. Todos ellos parecían listos a pelear con quien ganase la batalla que se estaba librando en aquel lugar. Pero lo que más la sorprendió fue a una joven que parecía tener la edad que tenía ella en el momento de la batalla, aquella joven estaba junto a los Digimon que estaban en los pilares pero a diferencia de los Digimon ella no estaba apoyada en ninguno sino que flotaba en medio de estos. De alguna manera sabía que debía ir hacía donde estaba aquella muchacha, y de la nada empezó a flotar dirigiéndose a ella. Al llegar a ese lugar veía como la batalla de abajo se volvía más y más violenta, la joven parecía no verla, cosa que no la sorprendió mucho ya que como era un sueño ella no pertenecía al tiempo de este. Acercándose a ella pudo oír algunas palabras que ella decía.

"… humanos y Digimons buscan cosas que no entienden y quieren controlar, no saben que su ignorancia podría provocar la destrucción de los mundos, de las especies"

"Realmente podrían destruir todo, provocar un tercer Genesis. Usando cosas que solo los dioses y los elegidos de estos pueden usar y controlar. Y por eso debemos proteger a las doncellas de Rin y no permitir que se acerquen al tesoro del Rin" dijo el líder de los Digimons en un tono neutral mirando a la batalla.

"Al final el destino del mundo y de los tiempos está regido por el tesoro del Rin y por las doncellas de la Luz y Oscuridad y por el resultado de esta batalla. ¿No es así, Alphamon?" comento Omegamon, el líder de su grupo solo se mantuvo en silencio para luego responder.

"No creo que esta sea la batalla que decida eso, sino una aún más violenta en la que estoy seguro que muchos moriremos, incluso nosotros" dijo Alphamon.

"Es triste pero todos aquí somos peones del destino que quiere jugar con todos, es en un momento así que nos damos cuenta la importancia de vivir y dejar vivir" comento el único ser que tenía alas "los humanos y Digimon conseguimos nuestra propia destrucción, y en mundo así en donde nada es eterno o inmortal, donde los Digimons pueden morir al igual que los humanos"

"Esto nos hace ver que los humanos y los Digimons no somos tan distintos. ¿Eh, AlforceVeedramon?" dijo Magnamon

"Así parece" respondió un ser que tenía el cuerpo de color plateado con una armadura azul, al igual que todos los demás llevaba una capa negra "Una vez unos seres crearon un mundo con varias especies a los cuales amaron. Pero sus creaciones acabaron con ese mundo destruyendo todo y a ellos mismos, logrando que aquellos seres tuvieran que rehacer todo, incluso sacrificando su existencia, encarnando y borrando un mundo para crear varios. ¿Me pregunto si hicieron lo correcto?"

Después de escucha esa conversación todo se hizo blanco, y en todo ese vacío divisó cuatro siluetas todas hablándole a la vez.

"Eres la elegida para ser la doncella de la Luz, pues no hay nadie más puro para eso que tú. Nunca pierdas la pureza de tu alma pues el destino de muchas cosas dependen de eso".

Después ellos se disolvieron formando un rayo que entro en su cuerpo, pero que no le produjo dolor, todo comenzó a ponerse oscuro.

Hikari despertó de su sueño sudando frío, su mente no podía entender lo que había visto en ese sueño, lentamente empezó a dormirse de nuevo. Pero con la sensación de que lo que había visto ocurriría en un futuro no muy lejano. Y mientras dormía su memoria olvidaba aquel sueño para esperar a que ella pueda madurar para comprender bien todo eso.


Takeru Takaishi se encontraba perdido, perdido en un sitio extraño pero a la vez familiar. Él estaba seguro que aquel sitio era el Digimundo, pero no el que él conocía, sino uno diferente. Con todo lo que había vivido y visto nada realmente podía sorprenderle, pero aun así encontrarse en un momento durmiendo en su cama y al otro parado en un desierto en otro mundo, era algo realmente raro. Cuando empezó a caminar se dio cuenta que tenía ropa diferente, llevaba unos jeans de color gris, un polo ligeramente apretado y sin mangas de color azul oscuro, una casaca blanca de cuero la cual también era un poco apretada, unos guantes los cuales tenían aberturas por donde salían sus dedos estos eran también del color de la casaca y por último llevaba unos botines de cuero del color de su pantalón.

Siguió caminando a través del desierto por lo que parecieron horas, pero extrañamente el no sentía cansancio, después de unos minutos más llegó a unas ruinas hechas de piedra: el piso era de bloque grandes de piedra; habían columnas de mármol, algunas paradas y otras destruidas; divisó una especie de altar o algo parecido, era un circulo perfecto de dos metros de radio la superficie era de piedra pero los bordes eran de metal por el color parecía que era bronce y en ella habían algunos símbolos que nunca en su vida había visto pero le parecían extrañamente familiares.

Subió al pequeño altar y se paró en el centro erguido, y sin advertencia alguna una luz blanca deslumbró la superficie circular y los bordes de bronce se elevaron formando tres aros alrededor de su cuerpo, cuando cayeron formando de nuevo el borde circular Takeru se dio cuenta que ya no estaba en un desierto. Si bien aún estaba en una ruina similar a la anterior, esta estaba llena de vegetación como si hubiera estado abandonada desde hace mucho tiempo. Saliendo de las ruinas se encontró en un bosque el cual tenía un camino como no tenía a donde ir decidió seguirlo.

Otra vez estuvo caminando por lo que parecían horas hasta llegar a un claro. Nada fuera de lo común había ahí, excepto una silueta que yacía en el suelo. Takeru se apresuró a acercarse hacía aquella figura cuando llegó se dio cuenta que se trataba de una humana, una adolescente tal vez de su edad, era rubia y llevaba una falda negra y una chaqueta de cuero del mismo color, unas botas medianas negras. Trató de a despertarla pero esta no respondía por un momento pensó que estaba muerta pero desecho esta idea al escuchar su respiración. De repente un estruendo lo saco de sus pensamientos a lo lejos pudo ver como unas nubes de color negro se juntaban y se acercaban a ellos.

Bien será mejor que busque un lugar donde refugiarme pensó mientras que con la mirada buscaba un sitio para guarecerse de la tormenta que se acercaba, hasta que vio una cueva que parecía lo suficientemente grande como para poder protegerse. Luego miró a la joven mujer que tenía acostada al lado y la cargo en sus brazos dirigiéndose a la cueva. Por suerte no es muy pesada. Al entrar la acostó en el suelo mientras salía a buscar comida y algo para hacer una cama.

En la cueva que Takeru había encontrado, la joven mujer se despertó y miró el lugar, sus ojos azules no reconocían el lugar, trató de hacer memoria de lo que había sucedido. Recordó que estaba en su computadora, que una luz la envolvió, que apareció en el bosque, que algo la atacó y llegó hasta un claro, la voz de su antiguo camarada diciéndole que sea fuerte, después no recordaba nada más que la sensación de que estaba en los brazos de alguien siendo cargada. Un rayo la sacó de sus pensamientos, al voltear hacía la entrada de la cueva vio a una persona que cargaba algunas cosas.

"Veo que ya despertaste, me alegro" dijo acercándose, ella se dio cuenta que era un joven de su edad "¿cuál es tu nombre?"

"Me llamo Alice" dijo "y tú eres…"

"Me llamo Takeru, es un gusto" dijo mientras le alcanzaba unas frutas "debes estar hambrienta, come, no es mucho pero al menos te calmará el hambre"

"Gracias" fue todo lo que dijo mientras comía las frutas que le habían dado "dime ¿sabes qué lugar es este?" preguntó.

"OH. Bueno tengo alguna idea, pero nada concreto" contestó Takeru mientras comía "La verdad es que en un momento estaba durmiendo en mi cama y en el otro estaba aquí"

"Sí, sé a qué te refieres" dijo Alice "yo en un momento estaba en mi computadora y luego he me aquí" aunque no tengo nada que me interese en mi mundo pensó Alice

De pronto una luz iluminó toda la cueva y donde estaban antes ambos rubios, ahora no había nada.