CAPITULO 7

" LA GRADUACIÓN"

19 de febrero del 2543. A BORDO DEL «HOPEFUL» DEL UNSC.

Kurt recorrió los amplios y vacíos corredores de la hopeful del UNSC y penetró en el atrio. Cubrió sus ojos un momento, segado por las enormes luces que en el techo imitaban un brillante sol de verano, el refrescante olor de las hojas de roble que adornaban la enorme sala le hizo recordar su primer día en Reach.

Caminó a la que podría ser la parte más extraña de la nada normal nave. Un enorme ventanal con vista al infinito espacio de más de 10 metros de alto.

La extraña nave era reconocida entre los soldados como la cosa más horrible que había surcado la gravedad cero, según lo que había oído, la nave antiguamente no era más que un par de estaciones dañadas de más de un kilómetro de largo que fueron unidas sin más, para dar vida a un enorme hospital ambulante.

La UNSC de la nada decidió poner en uso el navío hace un siglo atrás, le agregó motores, sistemas mínimos de defensa, y un motor desli-espacial Shaw fujikawa. Convirtiéndolo en el hospital de campaña móvil más grande de la historia.

La nave Hopeful había adquirido proporciones míticas para los hombres y mujeres que tenían que combatir y morir en el frente. Había recibido daños en dieciocho importantes batallas navales con las fuerzas rebeldes y en cuatro enfrentamientos con el Covenant. El personal y la tecnología de la nave se habían ganado una reputación de salvar vidas, en muchos casos resucitando literalmente a los muertos.

Aquel día, por órdenes de la vicealmirante Parangosky todas las cubiertas fueron desalojadas para mantener el estricto grado de secreto del proyecto SPARTAN III. Y si bien no se podía evacuar a los miles de pacientes graves dentro de la nave, fueron confinados a una parte aislada de la nave.

Kurt deseó que esta nave estuviera a la altura de su reputación, pues hoy seria testigo del día más importante en la vida de sus spartans. Esos chicos habían pasado por las cosas más difíciles en los últimos años; los extenuantes entrenamientos, el tratamiento psicológico, y en especial el cambio radical en sus cuerpos causado por las hormonas que se les suministraron.

Y hoy se iban a enfrentar a la prueba más peligrosa, en la que o bien quedarían desfigurados irreparablemente, o se convertirían en un spartan en toda regla. Vivir o morir, no había otras opciones intermedias.

Con una ligera negación, Kurt recordó que eso no era cierto. Si bien aquellos "niños" no tenían la velocidad o la fuerza acrecentadas de un Spartan, ya poseían entrega, la pasión y el coraje.

De repente un sudor frio recorrió su espalda y un gran nudo se formó en su garganta con un recuerdo particularmente frustrante, sucedió un par de meses atrás cuando le informó personalmente a la vicealmirante Parangosky el conocimiento de que sus chicos estaban listos para la fase final de su entrenamiento.

Fue un momento fugaz donde accidentalmente escucho algo que fácilmente podría enviarlo directo a la corte marcial, la frustración que en el bullía no era por todo lo que escucho si no por el contrario, la poca información que logro entender de la cansada voz de la vieja bruja a través de la gruesa puerta de su oficina.

Y ¿porque le importaba tanto? Hubo dos palabras que entendería en cualquier situación y que quedarían grabadas en su memoria de forma negativa: compañía beta y operación torpedo.

No comprendía la relación de sus chicos con esta supuesta operación torpedo, ni en que consistiría, pero si algo bien conocía era la poca cantidad de escrúpulos que la despiadada mujer poseía. Lo que sea que estuviera planeando no sería nada bueno y por desgracia su sexto sentido rápidamente le envió una alerta de que sus peores miedos talvez se harían realidad.

Al principio de este proyecto se prometió no dejar por ningún motivo que sus spartans fueran desperdiciados en más misiones suicidas. Que tendrían que pasar por su cadáver si la maldita bruja quería acercárseles, pero en el fondo sabía que poco podría hacer para parar sus ambiciones.

Dos partes de su mente luchaban constantemente. Su formación y las enseñanzas de obedecer sin chistar a sus superiores luchaba contra su moral y por qué no admitirlo, el respeto que llegó a desarrollar por la compañía beta. El bien contra el mal, su moral contra la disciplina, sin embargo Kurt sabía muy bien cual tenía que seguir, aunque sus chicos lo pagaran caro.

Pero le rompía la cabeza la imagen de los cuerpos sin vida de sus jóvenes pupilos nadando en su propia sangre, tanto talento desperdiciado, todo su futuro truncado en pos de la "supervivencia" de la humanidad.

La cara del B-312 aparecía cada maldita noche en sus sueños, si bien se sentía condenado por la posible muerte de todos los jóvenes spartans, jamás se perdonaría si este chico muriera en algo tan estúpido como una misión suicida por mas malditamente importante que fuese, Kurt era consciente del nivel de egoísmo que manejaba pero en ese chico veía el futuro de la raza humana.

En otras circunstancias, poner tal peso en los hombros de un niño de no más de 11 años sería una locura, pero Kurt nunca había visto esa habilidad, inteligencia y ferocidad en ningún otro spartan, incluyéndose a sí mismo, ni en Fred, ni en Kelly, ni si quiera en John o Jerome, los dos mejores resultados del proyecto SPARTAN II.

Por lo que desde que escucho a la vicealmirante, puso en marcha el plan que en secreto y con la ayuda de todas sus influencias y reputación en la ONI, y en especial de la Dra. Halsey que sin saberlo le salvaría el pellejo al incauto spartan si sus sospechas eran correctas. Por el bien de la humanidad salvaría a uno y condenaría a muchos más, era necesario y lo poco que podía hacer, o eso se decía para poder dormir en las noches.

Era muy consiente que el infierno se congelaría antes de que el 312 prefiriera escapar a morir con su tan apreciado equipo, pero Kurt no tenía otra opción más que obligarlo si fuera necesario. Posiblemente se ganaría el desprecio del joven, pero era un precio que con mucho gusto el teniente pagaría. Le daría todo lo necesario para sobrevivir, incluido un regalo muy preciado que lo elevaría a las grandes ligas de la tecnología, consagrándolo como la mayor máquina de destrucción jamás vista, y el cual ya se encontraba pulido y listo, escondido en el cuarto más secreto de su oficina.

Las cavilaciones del teniente fueron cortadas de tajo con la vista del jefe Méndez, que a paso seguro se dirigía directamente hacia él.

Méndez lo saludo con un gesto tranquilo que Kurt le devolvió de la misma forma.

Informe

—Los candidatos están listos para subir a bordo, señor — dijo Méndez.

Kurt se levantó y los dos regresaron por el pasillo y penetraron en el grupo de acoplamiento Bravo. Tenía el tamaño de un desfiladero pequeño con la capacidad para hacer pasar simultáneamente una flota de naves de desembarco a través de su inmenso sistema de esclusa neumática. Había espacio más que suficiente para efectuar la selección y vagonetas que podían trasladar a toda velocidad a una compañía entera de soldados heridos a las unidades quirúrgicas de urgencias.

Chirriaron las esclusas neumáticas y sopló una repentina ráfaga de aire fresco. Docenas de puertas de carga se abrieron y naves Pelican se deslizaron al interior del muelle.

Las rampas posteriores de los Pelican descendieron y los candidatos Spartans salieron en ordenadas filas.

Kurt ya les había informado el procedimiento, se les haría pasar grandes cocteles de drogas y sustancias químicas para darles la fuerza de 5 hombres, los sentidos más agudos que el de un halcón y el cuerpo más indestructible que la roca.

Era el último paso de un camino que apenas acababa de comenzar y que para muchos terminaría rápidamente.

Hoy era su graduación.

Kurt les mostro los riesgos con imágenes de las terribles malformaciones que presento más de la mitad de los SPARTAN II aun sabiendo que eso no les ocurriría a ellos por los grandes avances en la tecnología. Sin embargo quiso hacerles una última prueba.

Ni uno de los 300 candidatos había abandonado el programa, y eso lo enorgulleció de sobre manera.

Kurt se cuadró y saludó a medida que la fila de candidatos pasaba ante él y Los jóvenes desfilaron por su lado, devolviendo el saludo, con las cabezas bien altas y sacando pecho.

Cada uno con la medida estándar de 11 años, todos parecían más atletas olímpicos que niños, con una muy construida musculatura y algunos luciendo cicatrices que se habían ganado a pulso. Todos mostrando un aire de seguridad en sí mismos.

El ultimo candidato se rezago, para luego detenerse frente a él, era Brandon, número de serie B312, jefe del equipo Dark Slayer y el chico que no había abandonado la mente del gigante verde olivo en meses. Su largo cabello castaño claro que el mismo Kurt le permitía a cambio del mejor desempeño, sus grandes ojos verdes que no reflejaban otra cosa que decisión, su ancha mandíbula apretada ligeramente. Todos rasgos característicos del "protegido" del spartan mayor.

—Señor, candidato Spartan-B312 solicita permiso para hablar, señor—

—Concedido —dijo Kurt, y dio por terminado su prolongado saludo. —

—Señor, yo… Sólo quería hacerle saber el gran honor que ha sido entrenarme bajo sus órdenes, y las del jefe Méndez— el chico trago pesado, no sabiendo como continuar —Por si hoy no sobrevivo, quería que supiera que no cambiaría por nada lo que he tenido la oportunidad de hacer aquí, señor.

—El honor ha sido mío —respondió Kurt, y le tendió la mano.

Brandon la contempló fijamente durante un instante y luego aceptó la mano que le ofrecía; la sujetó con firmeza, y ambos la estrecharon con fuerza.

—Le veré en el otro lado —finalizó Kurt.

El joven asintió y se marchó para alcanzar al resto de candidatos.

—Está listo —murmuró Kurt, y desvió los ojos para no tener que sostener la mirada del jefe—. Espero que nosotros también lo estemos. Estamos corriendo un riesgo terrible. —

Kurt, Méndez y por su gran insistencia de estar ahí, la sub oficial Hilary, hicieron un alto en una sala de reuniones del personal, en aquellos momentos un improvisado centro de control y mando de la ONI. Técnicos médicos con batas azules de laboratorio observaban 300 monitores de vídeo y aparatos de indicadores biológicos.

En seguida, Kurt descendió a la abierta arena quirúrgica. Tenía cuatrocientas secciones, cada una separada por una cortina de plástico semi opaco y dentro de cada uno un futuro spartan.

Kurt entró en una unidad y encontró allí a la Spartan-B320, Catherine, unida a varios pedestales y bio monitores por decenas de intravenosas.

La muchacha hizo un esfuerzo por incorporarse y saludar, pero volvió a caer hacia atrás mientras sus ojos se cerraban con un parpadeo a causa de los sedantes administrados. Sin duda le recordaba a Kelly cuando era así de joven: llena de coraje y jamás dándose por vencida. Como echaba de menos a sus compañeros.

Los jadeos de dolor de la niña en la camilla cortaron sus pensamientos, la vibración de los tubos mostraron que el procedimiento había empezado. Kurt recordó la sensación: ardor, dolor y mucha calentura, era como si te rompieran el cuerpo entero solo para volver a unirlo.

Se oyó el susurro de cortinas de plástico y entró un técnico médico con una bata azul de laboratorio.

— ¿Hay algo en lo que necesite ayuda, señor? —preguntó el recién llegado—. ¿Algo que pueda traerle?

—Todo está perfectamente —mintió Kurt, y pasó junto al hombre—. Ya me iba.

Hilary's POV.

Mi nerviosa mirada seguía pegada a la espalda del gigantesco spartan que con paso rápido miraba lo que sucedía en cada uno de los 300 monitores, esperando una única oportunidad o excusa para poder escabuirme hacia las tiendas quirúrgicas.

Después de unos minutos las esperanzas de distracción del teniente se iban haciendo cada vez más pequeñas, la ansiedad hacia que cada minuto parecieran horas. El golpeteo sobre la mesa de mis dedos atrajo la atención del jefe Méndez que con una mirada extrañada me ordeno en voz baja que me calmara.

Tenía que llegar a él antes de que el procedimiento de aumentación comenzara, aun sabiendo que la tasa de mortalidad era muy baja, la idea de poder perderlo habría un enorme agujero en mi estómago impulsando la acida bilis hacia la base de la garganta.

Tuve que prácticamente suplicarle al señor Kurt que me dejara estar presente durante la fase final, inventando toda clase de justificaciones para convencerle, sin embargo algo me dijo que solo me dio autorización para quitármele de encima. Los spartans pueden ser personas súper dotadas, pero al final de las cuentas seguían siendo eso, personas.

Fui sacada de mis pensamientos tan rápido como el teniente se dirigió hacia la escalera que daba paso a las tiendas donde ya se encontraban preparados los 300 candidatos. Sin la autorización de establecer contacto directo con los cadetes, no me quedó de otra que esperar unos segundos a que el señor Kurt se perdiera en el centenar de tiendas antes de seguir el mismo camino.

—Si fuera tú, me daría prisa en llegar al chico antes de que empiece el show— el jefe dijo de la nada. La sensación de ser descubierta hizo que lanzara miles de maldiciones mentales, ¿fui tan obvia?, ¿sería reprendida y expulsada por tratar de engañar a mis superiores?, era poco probable, no se hubiera molestado en decir eso si así fuera.

—Te convendría comenzar a buscar al fondo a la derecha— y dicho eso, dirigió nuevamente la mirada hacia los papeles del escritorio.

La sorpresa no me dejaba mover, parecía que grandes raíces anclaban mis pies al suelo y el hombre mayor pareció notarlo conforme volvió a hablar.

—No me interesan los asuntos personales que pueda tener con el número 312, solo intente ser un poco más prudente—

La vergüenza que sentí con la insinuación detrás de esas palabras convirtió mi cara en un jitomate gigante, sin responder Salí como un rayo hacia las indicaciones del jefe.

Mis pulmones en llamas me decían a gritos que me detuviera, pero la necesidad de llegar a tiempo me daban la fuerza que necesitaba para continuar, mis ojos escaneaban las placas con los nombres en cada tienda pero el que quería no aparecía.

El nerviosismo se convertía en ansiedad, la ansiedad en desesperación, la desesperación en enojo, y por último el miedo. Todas las emociones se eclipsaron en una cuando por fin divise la tan ansiada tienda, solo para irrumpir en ella de una forma un tanto violenta que causo un ligero brinco de sorpresa en la cara del ocupante que trato de disimular de forma convincente.

Todas las emociones negativas se esfumaron como por arte de magia cuando el chico me sonrió y un pequeño destello en sus ojos reflejo la misma alegría que estaba segura, los míos reflejaban.

Aun podía ver al pequeño niño que se aferró a mi pierna con miedo en su mirada a su llegada a ónix. Aun cuando sus facciones habían cambiado a los de un adolecente y su pequeño cuerpo ahora era una inmensa torre de músculos podría reconocer esos ojos donde fuera.

Un sentimiento de cariño nació en mí desde la primera vez que lo vi, desde ese momento supe que llegaría muy lejos. Lo vi crecer tan rápido, rompiendo todos los esquemas propuestos y perfilarse como la salvación de la humanidad. Si en alguien tuviera que depositar mi fe seria en ese niño y estaba más que segura que no era la única.

Aun cuando año tras año después de la perdida de mi familia a manos del Covenant, la coraza que auto construí en mi corazón se hacía más grande, Brandon de alguna manera las derrumbo sin siquiera notarlo. Sintiendo el deseo de verlo triunfar y sentirme orgullosa de formar parte de su vida. Ayudándolo de la forma más mínima como sus tareas hacia que me sintiera más como la chica de 25 años y no el ogro que mis alumnos creían.

Pero el joven que salió de ese crio tubo después de no verlo por tantos meses, ya no era el mismo niño que entro. Y como su cuerpo, ese inocente sentimiento de cariño se transformó a algo que por más de un año no supe, o más bien quería admitir.

Lo amaba.

Si, lo amaba más que a mi vida, aun cuando sabía muy bien que nuestros mundos podrían estar entrelazados por estos cortos años, pero irremediablemente se separaría para jugar su papel en la guerra. No tenía ilusiones de poder estar junto a él, su lugar estaba en el tope de la historia, mi vida no era comparable a la suya.

— ¿Va a pasar? Lleva varios minutos parada ahí señorita Hilary— su voz me sacó de mis pensamientos, repitiendo lo mismo que yo le dije años atrás.

—Espero que estés listo Brandon— no pude evitar lo suave que mi voz salió, pero considerando lo importante que era este día no le tome importancia— hoy es el gran día —

Su mirada se notaba algo perdida, la pequeña pizca de preocupación se esfumo en el momento en que me di cuenta que probablemente los analgésicos ya estaban causando efecto, me sorprendió que aun con esa cantidad siguiera consiente.

—Sinceramente, pensé que no podría verla por última vez en caso de que…. — no sabiendo como continuar, hizo una pequeña pausa, hasta que después de unos segundos y unas cuantas respiraciones prosiguió — estoy seguro que conoce los problemas que pueden surgir… y en todo caso de que no despertara, me gustaría decirle, como lo hice antes con el teniente Kurt, que no me arrepiento de nada y que me siento orgulloso por haber estado bajo la tutela de todos ustedes—

—En especial de ti— mi corazón se rompió y se llenó de felicidad al mismo tiempo, por un lado quería desesperadamente tranquilizar sus temores, y por el otro sus palabras de reconocimiento inundaron mi pecho de una esperanza que sabía debía reprimir.

Los impulsos primarios me llevaron a abrazar ese enorme cuerpo con mis pequeños brazos. Sus músculos se tensaron visiblemente en mi toque para después relajarse y corresponder el gesto de manera tímida, enterrando su nariz profundamente en mi largo cabello rubio.

Mi mente se congeló cuando lo sentí dando unas profundas aspiraciones, como tratando de memorizar mi olor. El tiempo se detuvo, lo que me pareció una eternidad solo fueron unos pocos segundos, sabía que tenía poco tiempo antes de que los aumentos comenzarán.

—Tranquilo, todo saldrá muy bien— le susurré muy despacio en su oído, notando un ligero estremecimiento— en pocos días olvidaras todo esto. Cuando dejes de ser mi recluta y te conviertas en todo un spartan— y con un pequeño beso en su mejilla, me separé de él.

— ¿y si no lo logro?, y si algo sale mal yo... — lo callé con un dedo y con todo el valor que pude reunir le dije.

—no pienses en eso, porque nunca sucederá, y sabes ¿Por qué? — le corté antes de que tratara de responder— porque eres la esperanza de la humanidad, mi esperanza. Si te pasara algo, mi vida ya no tendría sentido; tú me devolviste el brillo que había perdido hace mucho tiempo, desde el primer momento en el que te aferraste a mi pierna el primer día que te conocí—

Podía ver la duda formándose en su hermoso rostro, pero decidí continuar antes de que la valentía me abandonara — el mismo brillo que estoy segura, le devolverás a la raza humana. Brandon creo que inevitablemente me he enamorado de ti—

Finalicé con los ojos surcados de lágrimas y sintiéndome más avergonzada que nunca, pero un gran peso encima de mis hombros se había ido de repente. Pude ver miles de emociones pasando por su rostro, estaba confundido, después de todo, el manejo de este tipo de emociones no era un tema impartido en el proyecto.

—yo no…— su respuesta fue cortada por el sonido de las múltiples maquinas conectadas a su cuerpo, la vibración de las intravenosas anunciaban el correr frenético de los químicos que al momento de perderse entre sus músculos, le arrancaron un grito que me heló los huesos.

Para mi sorpresa, sus ya grandes grupos musculares se hincharon casi al doble de su tamaño, primero las piernas, después sus brazos y para finalizar, el tórax completo. Fijé mi atención al bio-monitor ubicado en una esquina y un mensaje en letras claras indicaba:

*osificación de carburo/cerámico- completo

*fibroma muscular- completo

*inversión retinal- en proceso

*des unificación neuronal- en proceso

Mi atención se centró en el par de brazos mecánicos con pequeños taladros en los extremos, los cuales se iban acercando uno de cada lado de su cráneo, nuestras miradas se cruzaron y pude ver el dolor reflejado en esos verdes ojos, que expectantes, aguardaban lo que venía.

Lo vi tensarse y ahogar otro grito de agonía cuando su cabeza fue perforada, rápidamente me acerque y puse mi mano sobre su enorme pecho para transmitirle mi apoyo, lanzando un grito de sorpresa cuando frente a mi sus hermosas gemas verdes iban transformándose en profundos posos azul metálico.

Al salir del asombro, noté la alta temperatura de su cuerpo contra mi mano y la fina capa de sudor que lo cubría, nunca había visto nada igual. Delicadamente recorrí las abultadas venas con la punta de los dedos y mirando su rostro me encontré con que ya se encontraba profundamente dormido.

Una sonrisa se deslizo por mi cara, y después de que pequeño beso en su frente, salí rápidamente en dirección a la pequeña sala de control antes de que el teniente me descubriera.


perdón por el super retraso¡ pero comprendan, la escuela militar no me deja tiempo para nada, mas porque este es mi primer año XD, así que aprovechare este mes que tengo de vacaciones para avanzar lo mas que pueda. aun así gracias por leer¡