Capítulo II: Primer Encuentro
NA: Dedicado a LeiaAmidalaSkywalkerNaberrie y a Andreina mi primera seguidora anónima
Desde ese día Eric había quedado pasmado por Taylor, no dejaba de pensar en ella, pero en parte se debía al miedo que había sentido al creer que ella podía verlo. Ningún otro humano en la plenitud de su vida había sido capaz de hacerlo. Para un ángel que siempre vio a los humanos como criaturas fascinantes, ahora le causaba pánico. Sabía que por más que intentara evadirla, tarde o temprano iría al hospital y se encontraría de nuevo con ella, quería verla. Era tan hermosa, pero más allá de eso había perdido la fe en todo y él quería ayudarla
-¿Por qué tan pensativo de repente?- pregunto Merrick, con una expresión de curiosidad a lo largo de su rostro
-Nada-. Merrick frunció el ceño –Por favor Eric nos conocemos desde…- bromeó –siempre-
Eric sonrió, cerró los ojos e inhaló esperando que así pudiera calmarse su mente –Merrick, ¿alguna vez te han visto?- preguntó
-Solo una vez- contestó –Y no creo que cuente- se frotó las sienes tratando de recordar exactamente lo que había ocurrido –Era una anciana ciega, y mirándome de frente me pidió que le pasara la mostaza-
-¿Qué hiciste-
-Al principio me asuste, pero entendí que no pasaría nada malo- la expresión de Merrick se tornó fría -¿Quién te vio?-
-El otro día en el hospital una doctora me vio, cuando su paciente moría en la camilla, sus ojos me asustaron- explicó acomodando sus manos en su cabello
-No creo que te haya visto, es imposible Eric-
-¿Seguro?- pregunto mirándolo con incredulidad
Merrick suspiró –Sabes que solo te pueden ver- hubo una pausa –Cuando tú lo quieres-
Eric se puso de pie, mirando a lo lejos –Escuchaste- afirmó
Merrick asintió, y a la velocidad del pensamiento ambos desaparecieron. En cosa de nada estaban en la biblioteca del hospital. Caminaban entre las estanterías, miraban algunos libros y de vez en cuando, se acercaban a las personas para escuchar sus pensamientos. Un anciano llamó la atención de Eric, estaba leyendo un libro de Hemingway, un libro que él sabia que ayudaría a alguien más.
Al mismo tiempo, en el hospital Taylor se preparaba para entrar al quirófano luego de su experiencia con su paciente. Se enjabonaba las manos cuando uno de sus compañeros la observaba con una expresión de confusión desde el salón que estaba frente a ella
-Bien ya estoy lista. Empecemos- dijo ella con su característico tono de confianza cuando cruzaba la puerta
Todos sus compañeros la miraron extrañados, al ver esas reacciones ella correspondió las miradas –Marcus ¿Qué pasa?- preguntó en un tono molesto al más joven de sus ayudantes
-Doctora lo que sucede es- comenzó a temblar levemente –Esta bien Marcus- interrumpió Wes, lo que parecía ser el inicio de una discusión
-Pero…- intento refutar Taylor
-Déjalo así- pidió él callándola con la mirada. Taylor salió disparada del quirófano
-¡¿Por qué hiciste eso?!- preguntó alterada –Tay- comenzó Wes –Acabas de perder a un paciente, no quiero que vuelvas a entrar a el quirófano, hasta que estés más calmada-
Ella bajó la mirada –No se de que hablas estoy perfectamente bien- contestó tratando de sonar indiferente ante él
Wes tomo su rostro entre las manos, y la miró muy dulcemente a los ojos –Linda, sólo quiero que te repongas de esto, descansa aunque sea sólo por hoy- Le besó la frente –Hazlo por mí-
-Esta bien- dijo evidentemente molesta
Wes sonrió ampliamente –Gracias-
Taylor comenzó a caminar hacia la salida –Wes, que sea la última vez que me pones en vergüenza ante mi equipo- dijo antes de salir dejando como eco un seco portazo.
Esa noche, comenzando la madrugada Taylor se despertó súbitamente, no había tendido una pesadilla, sólo había perdido el hábito de dormir tanto. Se volteó para ver que las luces rojas de su reloj despertador marcaban las 3:15. Encendió su lámpara en la mesa de noche y se encontró con una sorpresa, un libro, titulado "Paris era una fiesta", su autor Ernest Hemingway. Pensando que era un detalle de su novio Taylor decidió leerlo
A la mañana siguiente se encontró con Wes, y con mucha alegría corrió a abrazarlo
-Gracias- dijo entrelazando sus manos en el cuello de Wes. Él la miro confundido – ¿De qué?- preguntó
-Por el libro- dijo sonriente- No sabía que pensabas de esa manera, me ayudo mucho gracias, de verdad-
-¿Qué libro?- pregunto Wes que se veía aún más confundido con lo que le estaban diciendo
-El que me dejaste, ayer en la mesa de noche- explicó Taylor que ya para ese momento también estaba confundida.
-Tay, aprecio mucho lo que me dices, pero yo no te dejé ningún libro. ¿Podemos hablar después? Debo entrar- dijo Wes separándose de ella
-Claro te veo más tarde- Wes se despidió dándole un corto beso, y corrió al piso de abajo.
Taylor estaba confundida, y no quería lidiar con el ajetreado quirófano que la rodeaba constantemente. Salió de ahí cuando nadie la miraba y se fue al aérea de pediatría, donde siempre se escondía. Al poco tiempo Jen, la encargada de ese sector la encontró en un cuarto con pequeños bebes en incubadoras.
-Wes te está buscando- le dijo
-Lo sé, pero no quiero hablar con el- suspiro y comenzó a acariciar a un bebe en la frente –Debí quedarme con pediatría-.
Ya era de noche en el hospital, no había casi nadie exceptuando a los doctores y enfermeras de turno. Ella se había desviado en un caso de un bebé que no dejaba de llorar y había perdido la noción del tiempo. Caminando por uno de los pasillos, vio a un hombre que tenía ropas oscuras, recostado sobre uno de los muros
-Disculpe, esta buscando su habitación- él continuó de espaldas –No soy un paciente-
-¿Visita a alguien? Si es así, el horario es hasta las 7:30-
-De hecho, sí visito a alguien- se dio la vuelta, y la miró fijamente a los ojos –A ti-
Ella se quedó perpleja, su piel era perfecta, y su mirada tan profunda. Era casi como si la estuviera leyendo cual libro abierto –Llamare a psiquiatría- dijo finalmente mientras se alejaba
El sonrió, dejando ver sus prefectos dientes -¿Estas bien Taylor?- ella se detuvo, su voz era tan pausada que la animaba a hablar
-Como sabes mi nombre- el sonrió de nuevo, y señalo con sus ojos su carnet -Lo leí-
-Pues si estoy, triste, hace poco perdí a un paciente- dijo. No quería responderle a ese extraño sus preguntas, pero Taylor sentía de alguna forma que podría confiar en el.
-No te preocupes, el está bien- le aseguró, ella lo miró duramente -Eso no lo sabes, él estaba completamente solo-
-Te doy mi palabra no estaba solo- se frotó los cabellos -Ahora vete a descansar-
Taylor no sabía que creer de ese sujeto, era tan extraño y parecía necesitar intervención -¿Quién eres?- pregunto
Eric se encogió de hombros -Un simple mensajero-
Taylor arqueo una ceja -No creo que seas de UPS ellos no tienen ese uniforme- dijo con sarcasmo
Eric hizo un gesto, como si estuviera conteniendo una carcajada -Soy un mensajero de los cielos, ahora vete estas cansada-
-Una última pregunta- pidió ella
-Dime- Taylor se acerco un poco más -¿Cómo te llamas?-
-Eric- Taylor le sonrió -Bien Eric me iré a descansar, tu deberías hacer lo mismo, antes de que te vean merodeando por aquí- hizo un gesto de despedida y se fue
Cuando caminaba Taylor no puedo dejar de pensar lo loco que ese hombre estaba -Un mensajero de los cielos- bufó. Justo antes de mirar su carnet que no decía su nombre sino "Dra. Earhardt". Volteó súbitamente, pero Eric ya no estaba
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