El día de su cumpleaños se transformaría en el peor de todos. Pero Afrodita de Piscis, el caballero dorado de la XII casa del santuario, lo ignoraba.
El día que cumplía los 24 años, el primer cumpleaños desde "el perdón de los dioses". Como lo iba a saber. La madrugada era hermosa, el sol era demasiado débil para acallar a las rebeldes estrellas y ni una sola nube agriaba el cielo y antes que alguien llegara a saludarlo, pues muchos de sus compañeros trataban de sorprenderlo durmiendo aunque nunca lo habían conseguido, decidió entrenar un poco. Había estado entrenando su Cosmos, pues faltaba muy poco para llegar al perfecto.
Sentía que algo faltaba en su repertorio de ataques. El Caballero de Piscis (no él, en general, como casta de guerreros) se caracterizaba por un sistema de ataque a distancia, y defensa débil, por lo que siempre debía preparase. Sentía que no tenia dominio de todas las técnicas, aunque su maestro declaró millones de veces haberle enseñado todo lo que el sabia.
A diferencia de sus compañeros, no utilizaba mucho el ataque cuerpo a cuerpo. No es que no le gustar ni que fuera débil, todo lo contario, es solo que los ataques que se habían utilizado desde tiempos inmemorables así eran. Y hay cosas que jamás deben cambiar. Se sentó en medio de su jardín. Estaba bien cuidado y lleno de plantas. Por instinto (o al menos eso pensaba) había cultivado una serie de hierbas medicinales y otras que le permitían fabricar venenos muy potentes.
Y hace bastante que tenía la sensación de que ese ataque estaba en su sub-consiente, pues desde que había comenzado con sus experimentos de narcóticos había comenzado a sentirse incompleto e imperfecto, sentía que aquella idea se completaba con el paso de los secretos de cientos de generaciones de Caballeros.
Cerró sus ojos, y podía sentirlo, en sus manos se formaba una rosa roja, pero sentía que le quemaba las entrañas. Paro un segundo y esa sensación no desaparecía. Trato de incorporarse pero el dolor era cada vez más fuerte. Vio sus ojos aguamarina, sus cabellos largos y ondulados y su rostro perfecto reflejado en la pileta que estaba a su lado, pero no era el caballero más hermoso de todos el que estaba allí. Era un hombre cuyas facciones eran irreconocibles por el dolor. Un dolor lacerante, que le corroía las entrañas, sentía que cada arteria, vena y vaso capilar de su cuerpo se revelaban contra él. Literalmente sentía que se estaban derritiendo y derramaban su ardiente sangre. Lanzo un grito deformado por el dolor, pero no solo era su cuerpo el que pedía auxilio, su Cosmos encendido al máximo pareció suplicar que acabara el martirio.
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Shion, se encontraba despierto desde la madrugada. Había tenido un sueño terrible. No es que fuera una pesadilla, pero había visto a Albafica pedirle ayuda. Algo extraño. El antiguo caballero de Piscis, cada vez que necesitaba algo, se lo confiaba a Manigoldo. Muchas razones que él desconocía, habían formado ese lazo entre ambas casa, un lazo que generación tras generación parecía hacerse más fuerte. Suspiró.
En el sueño Albafica se estaba desangrando, pero sonreía con alegría, daba la impresión que había cortado cada centímetro de su cuerpo para liberar el veneno, y quizás su alma. Miraba a un Shion niño, y con la mayor ternura del mundo le pedía evitar que eso se repitiera. Que nadie se merece lo que él tuvo que sufrir. No entendía a que se refería.
El mismo Albafica había cambiado el orden del aprendizaje de los caballeros de Piscis. Albafica había sido el último caballero de piscis al que se le había enseñado a la antigua. Luego de él, a los muchachos no se los sometía a "ese" horrible entrenamiento. Ya ningún pisciano era venenoso (bueno quizás no todos, Afrodita podía llegar a ser una víbora cuando se enojaba y decía cosas que destruían el alma a cualquiera). Pero desde entonces "esa técnica" había caído al olvido. Las malditas rosa venenosas ya no existían. Y creía que jamás serían problemas. ¿O no? Suspiro tratando de desechar esa impresión cuando el cosmos de Afrodita se encendió causándole un dolor casi insoportable en su cuerpo, acompañado del eco de lo que debía ser un grito, que ya nada tenía de humano. Trago saliva fuertemente, y hecho a correr hacia el XII templo
XXXX
Un sentimiento de angustia y dolor despertó a los caballeros Dorados, y a algunos de plata, más sensibles al 7º sentido. Todos podían reconocer el agónico llamado del caballero más hermoso de todos, y todos lo apreciaban lo suficiente para salir a altas horas de la madrugada a ver qué pasaba con su amigo.
Para la mayoría de quienes no fueran dorados, Afrodita de piscis era un engreído, afeminado y débil. Sus compañeros sabían que eso era falso. Las apariencias de las flores engañan y las más bellas pueden ser las más mortales. Su amigo no era engreído, simplemente era distraído y coqueto, no era afeminado, no era su culpa que su belleza se combinara con ese extraño tipo de ataque que TODO caballero de piscis tenia, por ello el no lo había creado, y además no era débil.
No señores.
Era bastante poderoso, y sus amigos sabían que por lo mismo no era buena idea hacerlo enojar. Solía tener un carácter afable, pero si lo pillaban mal parado, era un maldito tiburón y quien quiera que estuviera al frente, se convertiría en un pedazo de masa sanguinolenta y deforme, apunta de dolorosos golpes. Pero aun así era querido por todos.
Afrodita no se metía con nadie, no juzgaba a nadie y era el confidente de la mayoría de ellos. El guardián de las travesuras y pecados más graves de sus amigos, y estos no dudaron en correr a ayudarlo.
Se demoraron lo justo para ponerse sus ropas y partir… Todos o casi todos. El caballero de la IV casa, Cáncer, siempre había tendido una relación especial con el sueco, desde niños había una extraña conexión inexplicable y cómplice entre ambos, y aquella noche había tenido un sueño muy extraño.
Ante sus ojos estaban dos hombres abrazados y vistiendo las armaduras de Cáncer y Piscis. El que vestía la armadura de Cáncer era parecido a él, muy parecido pero de rasgos más suaves. El de Piscis tenía un cabello más plomizo, pero dentro de la gama de los turquesas, y su rostro era bello. Pero ni la mitad de lo que era Afrodita. Ambos se acercaban peligrosamente como si quisieran besarse, pero el de piscis empujaba a su compañero cuando estaban a punto y entregándole una rosa huía de allí, con lagrimas en los ojos. Parecía la oda a un amor imposible. Y no entendía por qué.
-Alba- gritaba el de cáncer y al no recibir respuesta se perdía en una honda melancolía a la vez que besaba esa rosa, que en sus manos parecía la única esperanza de estar cerca del ser amado.
Pero luego el de Cáncer lo miraba a él, como si fuera consiente de ser el sueño de alguien más y le decía "ayúdalo… no dejes que se repita" y se disolvía en un torbellino de suaves colores. No es que tuviera buena memoria, pero esa escena se había repetido una y otra vez hasta que agotado, se había despertado. Le llamaba la atención la soledad y tristeza en ambos caballeros. Cuando escucho el agónico grito del pez y su Cosmos dolorido, ya estaba despierto y vestido y corrió a su lado.
XXX
Death Mask llego al lado de su amigo, y el Patriarca ya estaba allí. Piscis gemía de dolor, las lágrimas caían y de vez en cuando gritaba, roncamente, pues su garganta se había destrozado con el primer impulso. Su belleza estaba literalmente desfigurada por el dolor. Shion lo miró angustiado
– se está muriendo- atinó a decir desesperado.
Uno de sus chiquillos se estaba muriendo y el no podía hacer nada.
Amaba a esos caballeros, a todos (incluso a cierto geminiano) para nadie era un secreto que sus dorados eran lo más cercano a un hijo de ese ser y para ellos Shion era lo único que reconocían como padre. Death Mask se acerco lentamente y tomo una mano del sueco. Estaba ardiendo, y pudo ver que su piel blanca parecía estar roja. Se acercó y se dio cuenta que ese cuerpo estaba cubierto con suave roció rojizo, no había que ser genio para percatarse que era sangre.
-Evita que el resto lo vea así- Shion parecía recobrar la calma.- Diles que vayan a sus templos y apenas sepa que paso los llamare.
Cáncer se apresuró a cumplir su orden
Y era difícil, pues apenas iban apareciendo sus compañeros, cada vez que trataba de explicarles que el patriarca les pedía se fueran, era interrumpido por los débiles gritos de dolor, amplificados en las paredes de piedra del templo.
Sin embargo, por todo el cariño que le tuvieran, nadie osaba desobedecer a su Patriarca y se retiraron exigiéndole a Cáncer noticias apenas las tuviera, y el solo asentía, preocupado del Sueco.
Una vez cumplida la orden se dirigió al jardín. Shion y Afrodita ya no estaban allí, solo quedaba una rosa roja. La tomo, y se dio cuenta que era distinta a otras ceraciones del joven Afrodita.
El mismo guardaba una rosa que este le había regalado hace muchos años, y esta era maligna.
Desprendía un aura de maldad, y de su tallo caían gotas. Gotas de Sangre. Corrió al interior del templo y no los encontró. Se concentro para leer el cosmos de Shion (pues luego de la explosión del de Dita, se extinguía lentamente) Supo que estaba en el XIII templo y corrió a las habitaciones del patriarca.
Encontró a Shion inclinado sobre Dita, quitando el roció de su sangre de ese cuerpo lacio e inconsciente, que simplemente demostraba su dolor en una expresión que….. Era indescriptible, aun para él, el más sádico y cruel de todos.
El hombre de cabellos verdes lo miro con profunda tristeza, y una chispa de astucia se encendió cuando vio la rosa, que entre sus dedos conservaba el italiano.
- y eso- se había levantado, y extendía la mano derecha, esperando que Death se la entregara.
- la encontré en el jardín, donde estaba usted con Afrodita- el canceriano la extendió y vio que su mano esta empapada en sangre
-lávate, Mask- murmuro el patriarca- y ponte un par de guantes, tengo un terrible presentimiento- Shion le indico el lavamanos y una vez hecho, le pidió al Death que le acompañara.
Llegaron a la habitación contigua. En una mesita de noche había un florero, con bellas flores de alegres colores. Hizo un gesto para que el italiano se acercara y dejo caer una gota de las que la flor en su mano seguía botando, mientras se volvía cada vez más pálida. Y solo eso basto para helarles la sangre. Una gota y en cuestión de segundos, las bellas coloridas, se marchitaron y murieron.
-esto- Shion atinó a tirar la rosa lejos y a destruirla con su cosmos- es veneno puro. Ahora entiendo lo que Albafica me decía. Me pedía que detuviera a Afrodita, que le impidiera que siguiera entrenando, pues sabía que solo quedaba un paso para el caballero de piscis, volverse venenoso.
Death lo miró con una gran interrogante en su rostro. Shion conmovido, le explico en pocas palabras la historia de Albafica de Piscis, y como se le había condenado a él, y a la casta de piscis a volverse venenosos, por su entrenamiento. Inmune a toda clase de tóxicos, mortales para cualquiera. También le explico cómo había muerto, y como desde entonces, el entrenamiento de los caballeros de la 12º casa habían omitido esa tortura.
-el problema es que, aun en paz, Afrodita siempre se daba tiempo para entrenar. Quizás una parte de él entendía que faltaba algo en su repertorio de ataques, y de tanto hacerlo termino por descubrirlo. Ahora debemos esperar. Este entrenamiento se hacía en la infancia de los aprendices, para evitar que su sistema inmune los destruyera. Afrodita tiene 24 años, y es probable que sobreviva, pero eso dependerá de la intensidad de su veneno.
Cáncer tímidamente pidió ser quien lo cuidara, murmuró algo que Shion entendió como que una antigua amistad los unía y el patriarca que sabía más de lo que cualquiera se imaginaba, pues había logrado encadenar hechos pasados con el actual, le había dado la autorización, anunciando que el mismo hablaría con sus chiquillos. La verdad necesitaba discutir con Dhoko pero ya habría tiempo, o al menos eso esperaba.
XXX
Dhoko, cerca del medio día recibió la visita de su amado. Para nadie era un secreto el romance entre ellos, y nadie osaba criticarlos, es más, solían burlarse diciendo que eran los papas y los caballeros restantes sus hijitos, con oveja negra incluida. Pero aquel día evidentemente no había nada que celebrar. Dhoko le comunico a Shion que había soñado con Albafica y el patriarca lo corto con un beso.
-lo sé, yo también soñé con él y me pedía ayuda. No había entendido hasta que Death Mask me mostro una rosa roja repleta de veneno.
- ¿crees que sobreviva?- Dhoko abrazo suavemente a su amante, mientras masajeaba sus tensos hombros. El patriarca lo miro, y con una sonrisa mezcla de orgullo y profunda pena murmuro
- 3 segundos.
-¿que?
- tres segundos se demoro una gota de veneno en matar el ramo de flores que tú me regalaste. Solo tres Segundos. Es casi imposible
-Albafica lo hacia en 5- Dhoko parecía mirar mas ya del tiempo
- si fueran otras las circunstancias, Alba estaría muy orgulloso de su sucesor- su voz se torno seria y sabia- pero no son otros tiempo, algo debe existir para solucionar esto.
XXX
Death estaba sumido en sus pensamientos. Recordaba la imagen de su sueño, y por fin logro comprenderla. Gracias a la explicación del patriarca claro está. Y decidió que cumpliría cada deseo de su antecesor, quien quiera que fuera. Y cuando decía cada uno eran todos, pues hace muchos años que sabía que su relación con Afrodita no era común. No señor, pues había que ser idiota para no notar las miradas que siempre se dedicaban.
El problema era que el de Cáncer, cada vez que Dita le daba la oportunidad de decirle algo agradable, solía esconderé dentro de sí mismo, y tal como su sobrenombre indicaba, mostraba una careta. Por su parte Piscis, distraído por naturaleza no notaba las miradas de su compañero, y se había resignado a tenerlo como un amigo, pues el cada vez que lanzaba una indirecta hacia sus sentimientos, chocaba con el sarcasmo y la coraza de Death-
-Pero ahora es distinto- murmuró Cáncer
.- Ahora jamás poder siquiera besarlo.- Una lagrima rebelde cayo de sus ojos. Y segundo a segundo se iban sumando más y más. Desahogo su rabia e impotencia, maldiciendo al pobre Dita, por ser tan curioso y haberse condenado a sí mismo a esta situación.
