Parecían un grupo de conejos, agrupados juntos, como si quisieran darse calor, a pesar que era entrada la tarde.

Pero ese grupo de conejos, esa misma mañana se habría podido describir como los Santos de Athena, los Dorados, los más fuertes, los más valientes seres que pisaran la tierra en ese momento.

Pero allí estaban todos, escapando por medio del contacto de una pena terrible, desgarrada su entereza, por una sensación abrumadora de dolor y perdida.

Nadie hablaba, no era necesario, y nadie quería manifestar el temor que sabían, todos compartían.

Luego de escuchar las palabras del Patriarca se sentían morir.

Su amigo Afrodita de Piscis, el Sueco, también llamado Pececillo, pez, escamoso, confidente y por sobre todo amigo… se estaba muriendo, víctima de su propio entrenamiento, y solo quedaba tener fe, en que su cuerpo soportará, que su alama no se diera por vencida.

Aldebarán de Tauro pareció no soportar más la situación. Siempre había sido muy reservado y de pocas palabras, era más dado a la acción y de carácter muy risueño. Pero en ese momento parecía un toro a segundos de cornear al más fiero torero.

-No podemos quedarnos aquí- su voz profunda y ronca provocó que sus amigos le miraran, mezcla de abatimiento y temor estaban en sus ojos

- El Patriarca dijo que Afro había descubierto por sí mismo una técnica en desuso, quizás eso no lo podamos cambiar, pero si estudiamos lo suficiente, podríamos encontrar información al respecto. Supongo que habrá alguna cura… digo, si no fuera así, todos los antiguos señores del XII templo estarían muertos…

Milo se levantó impulsado por las palabras de Tauro

-es cierto. Hay cosas que no podemos cambiar, pero quizás podamos ayudar para que sean más llevaderas. Mal que mal, Dita siempre ha hecho lo imposible para ayudarnos, es nuestro turno, hagamos que nuestro amigo sufra menos, ayudémoslo en el dolor.

Así el grupo de temblorosos conejos volvió a ser el de Magníficos guerreros, dispuestos a todo.

Cada uno busco una tarea en la que fueran buenos, lo que fuera.

Mu y Shaka decidieron meditar, a ver si los recuerdos de antiguos caballeros les daban alguna pista.

Aldebarán fue a ver al patriarca y le pidió permiso para revisar las hierbas de Afrodita. El cómo descendiente del Amazonas tenía un conocimiento sobre algunas hierbas y quizás pudiera encontrar algo, que por lo menos, aliviara el dolor de su amigo.

Saga y Kanon decidieron acompañar a Death, relevándolo en los turnos para cuidar al Sueco que hervía en fiebre o al menos era su idea.

Death parecía inagotable y no se movía ni un segundo del lado del muchacho de ojos turquesa y lunar travieso. Mientras limpiaba su frente y buscaba bajarle la temperatura susurraba palabras de consuelo, que salían desde el fondo de su alma, palabras de aliento y de fuerza, que jamás esperó tener, los gemelos por su parte inducían en la mente del enfermo imágenes agradables, sustituyendo así los delirios cargados de desastres, penas y agonías pasadas, propios y de otros recuerdos que su cosmos le entregaba, como parte de generaciones de portadores de la armadura de piscis.

Dhoko y Shion hablaban, trataban por todos los medios de recordar todo lo concerniente a Albafika ya Manigoldo.

Pero era difícil, esos caballeros solo confiaban en ellos y nunca habían tenido mayor contacto con el resto.

Conclusión a la que llegaron Shaka y Mu por su parte, pero no se resignaban, seguían intentando.

Shura decidió ir a la ciudad, y compro comida. Había decidido encargarse del bienestar del resto, pues a su parecer estaba demasiado nervioso como para hacer algo más, le destrozaba el alma ver a su amigo y quería estar lejos, para que no notar su cosmos triste y desolado, en esos momentos Dita necesitaba buenas vibras.

Milo y Camus, por otra parte habían decidido hacer cosas desesperadas. Se habían dirigido ha hablar directamente con la Diosa. Algo podrían sacar ¿o no?

XXXXX

-repacemos- Camus miraba a Milo con la expresión de un maestro que riñe a un buen alumno, pero desobediente- YO seré el que hable con Athena, pues soy más calmado y racional que tu. Si me quedo sin argumentos, será tu turno, ya que eres más pasional y bastante bueno para improvisar.

-de que te preocupas Camus- le dijo Milo a la vez que se levantaba y acariciaba sensualmente la mejilla del Francés, provocando que este cerrara sus ojos y esbozara una sonrisa.- No tienen por qué negarse, no le pedimos nada del otro mundo.- besó esos labios de porcelana, buscando la calma que a el mismo le faltaba.

Camus abrazó a su bichito. Solía aparentar una frialdad y una calma que en muchas ocasiones estaba muy lejos de sentir, pero demostraba esos temores solo en los brazos de su amor.

Milo por su parte le había confesado lo vulnerable y miedoso que podía llegar a ser. Solo ellos se conocían bien, y por lo mismo eran un excelente equipo, además de una pareja muy solida.

Aprendieron a conocer los defectos y virtudes del otro, y se complementaban, y se daban ánimos en los peores momentos.

Estaban en el recibidor de la mansión Kido.

Seiya los había recibido con no muy buena cara. La verdad es que con los años, las relaciones entre los santos de Bronce y los de Oro habían empeorado, especialmente luego del perdón de los Dioses pues todos habían perdido la oportunidad de reemplazar a los dorados, y ser ellos reconocidos como los más fuertes y ser idolatrados por los más pequeños.

A una señal de Tatsumi, los muchachos de largos cabellos se dirigieron a un estudio al costado de la sala donde estaban. Era una salita muy elegante, pero diseñada para mantener distancia con aquellos que cruzaran el umbral.

Dentro Saori los miraba con curiosidad. No era común que los Dorados se dirigieran a ella, es más, sentía que ellos no hacían nada por ella. Solo sus Bronces estaban todos los días allí, cuidándola, consintiéndola, acompañándola.

Pero la diosa era injusta, en su percepción.

Los dorados hacían un sacrificio mayor. Mientras Seiya y cía. disfrutaban de tardes libres y de la posibilidad de una vida relativamente normal, los muchachos de los templos se veían condenados a una especie de ostracismo, donde disfrutaban de pocas tardes de franco, y vivian alejados de cualquier contacto con la civilización, escondiendo sus frustraciones y entregados a una camarería, pues solo ellos sabían lo que es vivir sin familia, sin más contacto que aquellos con los que compartiste los mejores y peores momentos, dolorosos entrenamientos y terribles castigos, tardes de relajo y calma que solo quienes sufren constante presión de ser la defensa del mundo pueden disfrutar.

Camus miró por última vez a su escorpión, en un gesto implorante y Milo le devolvió una sonrisa. Ese solo gesto era un apoyo incondicional.

-Athena, diosa, necesitamos tu ayuda- Ante esas palabras Saori se puso rígida.

Ella les daba todo a esos santos ingratos, dinero, comodidades. No le gustaba el tono con que hablaba.

- que quieres santo de Acuario- la voz de Saori desarmo por un segundo a Camus. Había esperado un trato más afable, pero el cubito de hielo se repuso al instante.

-Uno de nuestros camaradas está sufriendo, necesito acceso a los archivos del santuario.

Saori se levantó molesta. Como convivía con los bronces los había escuchado millones de veces decir que esos tipos querían derrocarla y matarla. No es que lo digieran en serio, pero estos jóvenes estaban contaminados con la envidia y la rabia por no poder vestir las ropas más poderosas de todas.

Pero Saori no lo veía así, para ella Seiya y cia, eran un grupo de jóvenes perfectos e incorruptibles, los únicos que habían hecho algo por ella y por lo mismo sus palabras solo podían ser la verdad absoluta. Que Camus le pidiera acceso a los archivos quería decir que si era un hecho irrefutable que buscaban hacerse más poderosos para derrocarla.

Además no podía olvidar que tres de ellos sabían sobre la muerte del verdadero patriarca y que habían luchado en su nombre.

Para ella la filosofía del poder hace la justicia era inexplicable. Solo sabía que ELLA era la DIOSA y que nadie debía dudar de ello, Jamás.

Con un gesto imperioso, negó con la cabeza.

-No puedes acceder a ello, caballero de Acuario, esos archivos son la recopilación de los secretos de cada predecesor tuyo, y de tus camaradas. Es peligroso que esa información caiga en manos de jóvenes ambiciosos e inexpertos.

Milo se levanto. Podía adivinar en el gesto duro y tenso de su amante, que se estaba controlando para no cometer un magnicidio. Decidió tomar las riendas en sus manos, pero no defraudaría a su amor.-

-Diosa, uno de nuestros amigos se está muriendo…- no alcanzó a terminar cuando Saori lo detuvo con una mirada acecina

-no me interesa, no me cuestiones. Ustedes jamás han hecho nada por mí, y si tolero su existencia es porque los dioses mayores consideraron que algo de utilidad tienen aunque yo no lo se.

Milo perdió el control sintió que defraudaría a Camus, pero esa niña consentida debía escuchar.

Camus recordaría de esa escena a su bicho gritarle a la diosa que ellos, por su divina presencia habían sacrificado su vida, su alma, y su juventud, pero que daba igual, ella estaba demasiado influida por los bronces para entenderlo, y luego, aun borroso veía a su amante sacarlo de un brazo y pegar un portazo.

Camus, una vez afuera de la mención y a varios kilómetros gracias a su velocidad, recobro paulatinamente la conciencia y abrazo a su ficho. La misión "salvemos a la rosa en peligro de extinción" había sido un fiasco.

XXXXX

Death no descansaba ni un segundo. Veía a su niño (¿desde cuándo era su niño?) descansar tranquilo, pero aun presa del dolor.

La tranquilidad se la debía al par de lunáticos que trataban de alegrar también al caballero de la IV casa, que parecía morirse de pena. Pero los gemelos quizás más perceptivos de lo que piensa la mayoría, habían declinado hacer comentarios.

Principalmente por que se leían verdadera angustia en los ojos del canceríano.

Por otro lado, Aldebarán había conseguido preparar una infusión que había sumido a Dita en un estado de semi inconsciencia, al reducir sus sensaciones en un 60%, habían hecho que el dolor fuera más llevadero.

Shion por su parte se había acercado un par de veces, y su alma se trisaba cada vez que veía a él caballero de piscis tirado allí, laxo, inconsciente, doblegado por el dolor.

Suspiraba, preguntaba por su condición mas por formalidad que por la existencia de cambios y se iba de vuelta a encerrar con Dhoko, con quien repasaba millones de veces imágenes de su pasado, tratando de encontrar cualquier detalle.

Shura les había llevado un buen almuerzo y se había marchado, deprimido.

Mu y Shaka estaban tomando un descanso, la meditación los había extenuado. Era un gran esfuerzo el que hacían todos.

Death volvió a mirar a los gemelos. Se veían cansados por las continuas ilusiones que se habían visto obligados a crear. Era difícil engañar a un santo de Oro aunque estuviera al borde de la muerte

Distraidamente se levanto de su silla y se apoyo en una ventana. Podía ver cada detalle del santuario.

-vayan a descansar- escapó de sus labios. Los gemelos miraron al compañero de armas.

- estas loco- dijo Saga- no te dejaremos solo, llevas todo el día sin probar bocado cuidando de Afro

-además- continuó Kanon- no estamos cansados. Trató de mentir, pero en ese momento el cangrejo era casi omnipresente.

Los miro, enarcando una ceja.

-buuuenoo…. Quizás estamos algo cansados- Replico Kanon- pero no por eso te dejaremos solo- murmuró.

- no se preocupen por mí, yo estoy bien aquí- dijo Mask y les sonrió.

Ambos gemelos supieron que tenía razón, Death parecía contento de estar haciendo algo por aquel pececillo enfermo.

Los gemelos se despidieron no sin antes advertirles que al más mínimo indicio de delirio les avisara, y se fueron, tomados de las manos, como dos niños pequeños.

Death volvió a la silla, y tomo con delicadeza una mano de Afrodita.

Estaba fría, lo que era una buena señal, o al menos eso creía.

-deja que te cuide- le murmuro acercándose a un odio, con una voz suave y cargada de cariño, pero bajita, como quien confiesa un secreto

- deja que te cuide, cada instante, yo no permitiré que sufras, debe haber una solución y tu y yo la encontraremos, porque la historia no se va a repetir. Pero quédate a mi lado, que te necesito, más que tus plantas al sol. No te vayas de mi lado, que si no lo haces yo mismo iré al infierno y te traeré de vuelta, aunque tenga que luchar con millones de almas. No me dejes solo… por favor.

Death recordó su sueño, y levantándose brusco abrió la ventana mientras miraba el atardecer.

-esta vez, no habrá ninguna guerra que te arranque de mi lado, antes de que encontremos una solución.- estaba convencido, o al menos trataba de auto-convencerse.

XXXX

Milo y Camus estaban derrotados.

Sus amigos se acercaron a ellos y preguntaron qué tal su misión.

Pero temían la respuesta.

Un gesto de Milo les dejó a todos en claro que no había respuesta positiva, y más de uno grito de rabia un par de frases que a una diosa no deben dedicárseles.

Pero Milo no había perdido los ánimos, era un escorpión empeñoso. Miro a Kanon y a Saga que estaban maldiciendo por lo bajo sentados en una esquina derrotados y agotados, desesperados como todos. Corrió hacia ellos y pregunto a quema ropa.

-¿Dónde están los archivos del Santuario? El ex patriarca levanto su mirada y su gemelo también.

-Detrás del trono hay un pilar, allí encontraras de hay una pequeña fractura, aprieta allí, sin rastro de tu cosmos y se abrirá una puerta, baja por la escalera y te encontraras con los documentos.

Milo sonrió agradecido y tomando a Camus de las manos salió corriendo a toda prisa.

Solo el Grito de Kanon se coló por el torbellino de pensamientos

-TU NO HAS ESCUCHADO NADA!

XXXXX

El patriarca estaba sentado en su trono. Ya era casi de noche. Debía atender asuntos del lugar, no porque uno de sus niños estuviera enfermo, el resto del santuario paralizaría sus actividades, pero no podía.

Su cerebro si se había paralizado.

No se sentía capaz de decidir ni siquiera el color del que pintarían las gradas, y eso que por siempre la respuesta a esa pregunta era blanco.

Vio entrar a Milo y a Camus, que lo miraron, quizás un poco asustados, pero con una gran cantidad de coraje reflejados en sus posturas.

-Como les fue con Athena- No era una pregunta, y daba la impresión, por su rostro cansado, que sabia la respuesta. Shion hace mucho notaba la mala disposición de la diosa respecto a sus más poderosos caballeros. Milo lo miró desafiante.

-Usted sabe cómo nos fue. Pero váyase de aquí. Vamos a entrar igual a los archivos, me da lo mismo desobedecer a esa niña malcriada- una lagrima de rabia caía por sus mejillas. Camus miró a Milo y se enfrentó al Patriarca.

-Una orden de Saori debería significar para nosotros un dogma. Pero para esa niña, somos lo último, y por eso nos da igual no obedecerla, pero a usted Patriarca lo queremos como un padre y si usted no nos deja hacer esto… no lo haremos aunque Afrodita se muera.

Shion miró a sus dos Caballeros, y distraídamente y con una sonrisa cómplice anunció que iría a ver a Dhoko por el resto de la noche, mientras cerraba un ojo, y se quejó de que estaba demasiado aburrido en ese salón donde nadie había ido a verlo. Ambos chicos sonrieron y se dirigieron a la bodega.

XXXXXX

-Agua….- la voz pastosa del Santo de Piscis, interrumpió aquella calmad anoche.

Death Mask, que increíblemente había aguantado sin dormir, se puso a su lado y lo ayudo a beber.

Parecía que Dita se debatía entre la inconsciencia, el dolor y la cordura.

El italiano acaricio sus cabellos, murmurándole palabras de cariño y de ánimo, y el santo de piscis fijo su mirada cristalina en el, dedicándole una débil sonrisa.

-te he sentido a mi lado, todo este terrible momento- murmuro. Respiró hondo, como tratando de hacer acopio de sus fuerzas para seguir. Pero Death se lo impidió.

- No te esfuerces, te hará muy mal.- miro a su muchacho, y lo invitó a dormir.

Afrodita no se hizo de rogar.

Se sumergió en el sueño inconsciente del dolor.

Mask, no le había dado agua. Le había dado el té que Aldebarán había preparado. Este indicó que cada vez que lo bebiera, caería en la inconsciencia, y no sentiría grandes dolores. Y era mejor tener a un pez inconsciente que a uno gimiendo desesperado.

-descansa pececillo- murmuraba Death- ya falta poco… descansa…

XXXXX

Afrodita se encontraba en medio de su jardín, o al menos eso se suponía.

Era la misma ubicación, pero había otra clase de rosas, y muchas menos plantas. A su lado un hombre guapo, un poco más alto que él lo miraba compasivo.

-quien eres- murmuró. Pero su cosmos reaccionaba a esa presencia.

Era alguien importante. Minutos después, luego de un suave silencio, el hombre hablo.

-Eres curioso, y por eso estas como estas, pero no soy quien para reprocharlo, los Santos de Piscis siempre hemos sido así. Eres poderoso y me siento orgulloso, a pesar de que por lo mismo ahora estés al borde de la muerte.

Afrodita miró al hombre. Este le sonrió y extendió una mano.

- Yo sufrí como tú, pero no lo recuerdo, fue hace años, hace siglos, y las almas no sienten dolor, y cuando mi sangre se volvió letal, yo era un niño. Realmente no recuerdo como sufrí, por ello no se qué decirte.

-¿quién eres?

-Albafica De Piscis- El muchacho pronunció solemne, mientras miraba al más hermoso de los caballeros.

– Debes seguir adelante- le dijo a la vez que apoyaba sus manos en sus hombros, como si quisiera abrazarse a sí mismo- yo sufrí sin contacto humano, alejado del amor de mi vida. Pero encontré una cura en teoría. Ya no la recuerdo, solo sé que el tiempo se me acabo, mi muerte… me liberó y como creí que jamás nadie volvería a pasar por esto, simplemente deje que el recuerdo muriera.

El espectro miró suplicante a Afrodita.

- Hay una cura, es solo que debes descubrirla. O quizás no es una cura, quizás solo debes perfeccionar tu técnica. Cuando sea el momento, avísame y juntos lo descubriremos, yo DEBO recordarlo… Albafica comenzó a caminar hacia una sombra que había estado de pie al costado del templo.

Dita lo miró, y solo pensó en lo parecido a Death que era. Su mirada se cursó con Albafica y este le sonrió.

-hay un lazo más fuerte del que tú crees, no te des por vencido, no esperes que la muerte los reúna.

XXXX

Death había fijado la vista en los labios del chico de cabellos agua-marina. Parecía que quería hablar, pero no salía una sola expresión de su boca.

Pensó en buscar a los gemelos, pero Afrodita pareció volver a tener conciencia.

-tuve un sueño muy extraño, con un tipo que se llamaba Albafica…

Death se levantó emocionado.

-No fue un sueño Afro, Albafica fue un caballero de piscis como tú, quizás trataba de ayudarte.

Pero afrodita no escucho. Había caído nuevamente rendido por el sueño.

XXXXX

Camus se dirigió al Patriarca.

Ya era de día, y le paso una hoja, que al parecer se iba a deshacer con solo mirarla. Shion lo vio, y Dhoko que estaba sentado en sus piernas, la tomó.

-Que es Camus- el patriarca trataba de mirarla pero su amante no lo dejaba, parecía demasiado concentrado en leer.

-Lo que queda de los archivos de Albafica. Dice que hay una forma de evitar el veneno. Pero no habla de que deje de existir veneno, habla de control….

-Una técnica que le permita ser selectivo, elegir a quien envenenar, pero no la explica, la hoja se ha carcomido en esa parte- Dhoko miró a su amor, mientras un brillo de esperanza los iluminaba

- Si Dita despierta, podrá trabajar en ello, y así evitar vivir con el temor de matar a quien lo toque.

La mirada significativa de Camus indicaba que sabía a qué se refería. El no podría vivir sin besar a su bichito. Una tortura así… nadie se la merecía, y había que ser estúpido para no notar que el pez se moría por probar a cierto cangrejito… y lo más probable es que fuera mutuo. A ver si esta experiencia les permitía de una vez por todas, reconocer sus sentimientos y atreverse a ser felices