Afrodita trataba de levantarse, pero sentía que cada fibra de su ser se revelaba contra deseos. Sus manos apoyadas en la cama hacían terribles esfuerzos por mantener su peso en alto, y podía notar como temblaban presos de dolorosos espasmos.
Un suave gemido escapo de sus labios, otrora suaves y brillantes, mientras dos lágrimas de impotencia se colaban de sus ojos. Death que no se separaba de su lado, sentado en un ángulo escondido de la pieza, estaba sumido en un sopor dado por la tención de mantenerse alerta, al tanto de cada milímetro que el sueco se moviera, esperando algún signo de mejoría. Dos días llevaba ya el pececillo, en medio de sueños intranquilos y dolores, pero al menos habían ido disminuyendo paulatinamente. Pero basto ese suspiro suave e inaudible para cualquier otro ser humano, para despertarlo con más ánimos que nunca.
-que tratas de hacer inconsciente- le reprochó con cariño, mientras ayudaba al sueco a sentarse en la cama, con una delicadeza pasmosa, a la veza que con su mano libre despejaba el rostro de Afrodita, ahuyentando los mechones rebeldes que ocultaban sus ojos brillantes.
El enfermo miró al italiano y notó como dos sendas ojeras demacraban su rostro y se sintió culpable. En medio de los delirios y las agonías su presencia había sido una faro. Guidaba su cuerpo hacia un estado de paz y calma. No se había separado de el en ningún momento, era lo único que sabia, lo único que en ese momento parecía importarle.
- me siento mal, quiero vomitar- murmuró un poco avergonzado al notar que no estaba en su cuarto, al parecer ni siquiera en su templo. Death, sin una pizca de asco ni de vergüenza cargó a su compañero y lo ayudo a apoyarse en el inodoro.
-no puedo hacer esto contigo aquí- murmuró rojo de vergüenza.
-tendrás, apenas te tienes en pie, y te aseguro que he visto cosas peores cada vez que… ya sabes, cuando salía al pueblo a buscar rostros.- trataba de animarlo y Afrodita agradecía el gesto. Por mas que lo evitara sentía que debía expulsar aquello, Era como tener acido puro en el estomago. Todos sus resquemores desaparecieron. Su cuerpo le exigía liberarse de eso pronto.
Afrodita miro a su compañero como si le pidiera disculpas y Death le sonrió restándole importancia al pudor de su chiquillo. Dita dejo que su estomago se vaciara. Pero como llevaba más de 48 horas sin comer, solo sangre se derramaba de esos labios.
Death sostenía el cabello de su amigo, tratando de que no se ensuciara.
-ya- murmuro Dita. Tiro la cadena y el agua se llevo la sangre espesa que se contenía en sus entrañas. El veneno había rotos varios capilares, pero hacia unas horas su cuerpo mostrabas señales de comenzar a recuperarse. Con el dorso de su mano limpió lo que había quedado en la comisura de sus labios, y permitió que el italiano le limpiara el rostro con un poco de agua tibia mientras se enjaguaba la boca para quitarse el sabor dulce de ella.
Death lo miró asombrado.
-huele a flores, como si estuviera en medio de la jungla, tu sangre huele salvaje, rebelde, embriagante…- afrodita volteo a ver al italiano, que estaba un poco sonrojado por su declaración, pero evidentemente no estaba arrepentido.
-yo no huelo a nada.- le respondió mientras se dejaba arropar en el lecho, débil por la caminata, y eso que había sido corta.
-quizás por que eres inmune. –Mask se sentó al lado del sueco mientras le contaba lo que sabía. Afrodita lo miraba perplejo. No recordaba nada más que el dolor. No tenía idea de la transformación que había sufrido.
Cerró sus ojos con fuerza y lagrimas comenzaron a caer. Entendía las consecuencias. Ahora jamás podría ser un chico normal. No es que alguna vez lo fuera, pero ahora se percataba del solitario futuro que se cernía sobre el.
El italiano que lo observaba atentamente, se incorporó de su silla y sin pensarlo se acostó al costado del sueco, y le ofreció su pecho como almohada. Afrodita de piscis se derrumbo física y emocionalmente sobre esos fuertes brazos y el amplio pecho. Lloro a mares. Y se rindió por el sueño agitado por los sollozos y la pena. Death solo había estado allí, acariciando distraídamente sus cabellos largos y turquesas, encerrado en sus propias angustias. Debía encontrar una solución, pero su mente simplemente no reaccionaba.
XXXXX
El patriarca y Dhoko entráron a la habitación del enfermo, que dormía aferrado a el caballero de cáncer, aun con las lagrimas marcadas en su rostro. Death seguía acariciando esos cabellos, enredando sus dedos distraídamente mientras abrazaba la cintura del muchacho. Miraba por la ventana. Su expresión desolada hacia juego con la tristeza de sus almas.
-Huele a flores- murmuró Dhoko y eso tuvo la virtud de llamar la atención del italiano, quien no se inmutó en su postura.
-despertó hace una hora, y vomito sangre. Ese olor impregno toda la sala.
-claro, el componente principal de su sangre ya no es la hemoglobina, por lo mismo su sangre ya no contienen elevados niéveles de fierro. Pero no recuerdo que el otro caballero de piscis tuviera aroma en su sangre.
-Afrodita siempre ha sido muy pulcro y ordenado, preocupado de los más mínimos detalles, supongo que las características de su personalidad que impregnan su cosmos, tiene algo que ver con ello- dijo el patriarca a la vez que se acercaba. Tomo una mano que distraídamente se apoyaba en el pecho de Mask, y comprobando un pulso normal, aviso que mandaría a traer una merienda ligera para los dos.
Shion, una vez fuera de la habitación miro al muchacho de libra y lo abrazó, posesivamente mientras llenaba de besos su rostro.
-hay, a que se debe tanta pasión- le dijo mientras sus manos se entrelazaban.
-no puedo evitarlo. Ver a Afrodita así, condenado a la soledad me parte el alma. No podría alejarme de ti jamás. Y me da pena el pobre Death Mask.
Dhoko beso con pación al patriarca del santuario y apoyando su frente en la del mas alto, le dijo con convicción
- la historia es distinta. Albafica y Manigoldo siempre veían el vaso medio vacio, siempre tuvieron miedo, encerrados en sus temores, jamás hicieron algo mas que mirarse sin siquiera protestar por el terrible destino que coronaba sus vidas, y el tiempo se les agotó cuando Alba por fin se decidía a luchar con los designios de los hados, con temor, sin la presteza que esas situaciones exigen, pero Afrodita, tiene unas ganas de vivir enormes, jamás se ha dado por vencido, ha sabido derribar todas las barreras que se le interponen y Death… Death tiene la paciencia de un santo, al igual que Manigoldo, pero a diferencia de él, el italiano tiene pasión en sus venas propias de su tierra, un espíritu rebelde que no se conforma con facilidad, aunque se esconda en esa actitud acre. El no teme jugar con la muerte y te aseguro que buscara la forma que sea para estar a su lado. Y será el apoyo que Dita necesita para seguir adelante.
Volvieron a besarse. La pasión los consumía y distraídamente entre besos y caricias llegaron a las habitaciones privadas del de cabellos verdes. La merienda prometida, quedó en el olvido, por un par de horas
XXXX
Cuando Shura, entrada la noche recibió las ordenes de un sonrojado Patriarca de llevar algo para comer a Afrodita y Death, se sorprendió. El italiano llevaba esos días sin probar bocado y Afrodita inconsciente no comía. Corrió templo por templo buscando aprovisionarse de lo necesario, a la vez que esparcía el rumor de que el sueco por fin había recuperado la conciencia. Muy buenas noticias para todos.
Luego una hora mas tarde apreció en la habitación que Dita ocupaba. Los muchachos seguían acostados en la misma posición en la cual el patriarca los encontrara, solo que el italiano había vuelto a caer en un sueño, algo más tranquilo que el anterior. Una leve sonrisa adornaba su rostro. Shura dejo la bandeja en el lugar y se retiró triste. Adoraba a Afrodita, como amigo. Pero su corazón se aceleraba cada vez que Death estaba a su lado. Varias veces había tratado de llamar la atención del cangrejo y este jamás había dado señas de enterarse de ello. Pero ahora que lo veía cuidando al sueco con esa sonrisa de felicidad, transmitiendo una paz interior, comprendió. No era que el canceriano tuviera corazón de hierro como pensara alguna vez. Era que ya tenía un dueño, aun sin que el mismo guardián de la IV casa lo supiera.
Se sintió triste y por un segundo deseó que la sangre venenosa de Dita fura suficiente para alejar al cangrejo de su lado.
XXXXXX
Milo fue el único que desprecio la hora y que su amigo recién recobrara la conciencia. Su mejor amigo acababa de despertar y para el era suficiente. Corrió al último templo y cortó un par de rosas para adornar el cuarto de Afrodita. Luego, con el enorme ramo en sus manos, fue a ver a Dita.
Cáncer y el seguían envueltos en ese abrazo, cargado de tristeza y esperanza. Sonrió al verlos así. Se alegraba de verdad por la suerte del sueco de encontrar a un amor tan incondicional que se preocupara de cuidarlo durante aquel difícil trance. Dejo las flores en una hermosa jarra de vidrio y abrió las ventanas. Un aroma dulce y embriagante inundaba la habitación.
-Ni que estuviéramos en las selvas tropicales- musitó mientras paseaba por la pequeña habitación, mientras probaba un par de frutas que shura les había llevado. En cuestión de minutos el italiano despertó.
-HOOOLAAA- Milo radiante de alegría lo saludo con la efervescencia que siempre le había caracterizado. Por su parte Death se deshacía del abrazo de Dita y se dirigía a tomar un poco de agua.
-me duele la cabeza como si hubiera tomado millones de cervezas.- se acercó a respirar el aire fresco de la noche. Esa simple acción le ayudaba a despejarse, como si un velo de dolor y sopor se hubiera apoderado de él.
Un repentino escalofrió recorrió su espalda, al mirar a Afrodita que seguía durmiendo, tranquilo e inconsciente de los sucesos a su alrededor. Se acercó a su lado y olio sus cabellos, impregnados con ese aroma dulce y embriagante. Otra vez su mente se nublaba, no en el sentido poetico, sino que en el aterrador y literal.
-ya veo- murmuro, a la vez que se dirigía a abrir la segunda ventana.
Milo solo lo observaba divertido.
-veo veo, ¿que vez?- comenzó a tararear divertido, sin comprender la preocupación del otro.
-veo- le contesto el italiano- que me acabas de salvar la vida.
Milo dejó la manzana a medio comer en un plato, y con una expresión seria interpelo al italiano.
-Si no hubieras abierto esa ventana, había muerto en medio de mis sueños. Conoces el efecto del dióxido de carbono- Death se paseaba por la habitación- cundo lo inhalas no sientes olor ni dolor, solo un pequeño malestar en la cabeza y te duermes, para nunca despertar. Supongo que el cuerpo de Dita exuda un veneno con similares características. Esa fragancia es letal.
El escorpión murmuro aterrado.- Quieres decir que TODO Dita es letal… estará condenado a seguir solo.
-no- le rebatió Death- no pienso dejarlo solo, alguna alternativa debe haber. Además ya se que debo evitar lugares sin ventilación a su lado y nada pasara.- Parecía que el cangrejo hablaba consigo mismo mas que con Milo, que solo meneaba la cabeza en gesto negativo. De repente una luz brillo en el cerebro del bicho.
-Camus y yo encontramos unos documentos en el santuario- omitió que se habían metido sin el consentimiento de la Diosa, esa seria una anécdota para otra ocasión- Albafica dejo un escrito que lamentablemente ha desaparecido en su totalidad por el paso de los años, pero en el se indica que hay una técnica para controlar los efectos del veneno. Deberías comentárselo a Dita quizás el sepa que hacer.
Platicaron un par de minutos mas tratando de encontrar una solución cuando el mencionado pez abrió sus ojos turquesas.
Milo se acerco a el y charlaron de trivialidades. Ninguno quería tocar el tema que tenia en cama al peli celeste. Lugo se despidió dándole una significativa mirada a las ventanas.
Se dirigió donde el patriarca, y le comento el efecto del veneno de Afro sobre Death. Shion frunció el ceño. Eso era algo nuevo. Jamás en los tiempos antiguos se había reportado sobre un efecto así en los caballeros de piscis.
Dhoko trataba de calmarlo. Si ello era distinto, quizás tendría solución. Como esa "técnica" había sido "descubierta" por Afro solo, existían grandes posibilidades que pudiese manejarla a su antojo. O al menos era lo que esperaba. Era lo que cada centímetro de su ser deseaba.
