Flash Back

Tatsumi miraba de forma reprobatoria a la chiquilla de cabellos morados.

Esta a su vez, salía del simulador de constelaciones que su abuelo le había hecho, y donde buscaba refugio cada vez que las cosas no salina bien.

La pelea con uno de los dorados la había dejado tensa, y buscó consuelo entre las imágenes holográficas y la fuga de gas que de vez en cuando la hacía creer que su abuelo estaba allí y de paso le volaba más de un par de neuronas, pero eso a nadie le interesa cuando eres multimillonaria y no te quieren para hablar exactamente.

Y había sido de aquellas ocasiones, donde su abuelo la había saludado y la había retado, como a una niña mal criada.

Le había hecho ver que sus bronces eran fuertes, pero los dorados más aun, si les habían ganado en la batalla del santuario fue por confiados y que no caerían dos veces en el mismo error.

Luego, continuando con los retos, insistió en que no podía creer todo lo que sus bronces decía, había insinuado que su mal sano amor por el Pegaso (que por cierto no era correspondido) la enceguecía y que había sido injusta, y en pocas palabras había insinuado que no se merecía ser llamada diosa.

Generalmente su abuelo era cariñoso, pero esta vez la conciencia sucia de Saori la había hecho alucinar de esa forma.

Fin Flash Back

De aquella discusión habían pasado ya un mes, cuando decidió aparecerse por el santuario.

Quizás, el muerto estaba muy tibio, pues la diosa no confiaba en que hades los dejara ir por una vez más, y decidió llevar a sus niños, y a Cobo, un perro negro, intimidante, violento y bastante escaso de entrenamiento.

Una vez llegaron, incendio su cosmos en una clara señal de alerta para sus caballeros.

En cuestión de 15 minutos estaban todos formados por rango.

La diosa caminó hasta lo alto de una colina (seguida por su escolta y el perro), donde estaban los 12 más el caballero del Dragón Marino (quien insistía en no dejar a su hermano nunca, y su hermano insistía en que si los separaba se moriría de pena…).

Tras ellos, contemplando serio, Shion.

-creo que el caballero de Acuario me mintió la última vez que fue a visitarme- Si la diosa quería congraciarse con los dorados, había partido con el pie izquierdo- fue a mi mansión alegando que uno de ustedes se moría y los veo a todos de pie ante mí, fuertes como un roble...

Las capas ondeaban libres por el viento que en ese momento comenzó a correr.

Ahí recién noto que solo uno de ellos portaba una capa negra, en claro símbolo de rebeldía.

-Afrodita de Piscis, caballero del XII templo- La voz suave del sueco, erizo los cabellos de sus amigos. Lo conocían lo suficiente para saber que en esos momentos, no era un santo de Athena, es más, en ese momento era un ser inconsciente, enfadado y dolido. El tiburón que se escondía tras el bello pez de aguas cálidas que todos los días miraban y apreciaban.

Camus le había contado al amigo de su novio la verdad en la negativa de la diosa de abrirles los archivos y como la habían desobedecido.

Pero Afrodita no estaba molesto por ello, si no por las insinuaciones de que todos eran unos traidores.

Cada uno luchaba con sus propias convicciones, y nadie le daba derecho a esa niña a insultarlos, cuando aun así cumplían con su deber cada segundo de sus vidas. De los santos de oro, aparte de Camus y Milo, era el único que sabía el incidente completo.

Saori lo miro unos instantes.

-que quieres.- Su tono cortante fue un puñal para sus más asiduos guerreros. Amaban a la diosa Athena, pero en esos momentos, la mortal que estaba frente a ellos era causante de sentimientos despectivos.

-yo fui el que estaba a punto de morir. Lamento haber sobrevivido, pues así te ahorrarías la excusa para venir a insultarnos.

Shion cerró sus ojos, tratando de contenerse.

Si Dita seguía así, tendría que abalanzarse sobre él y evitar un asesinato.

Saori comprendió que no estaba en pie para hacer sus rabietas, el mismo Tatsumi la miraba con reproche.

-Lamento que hayan mal entendido mis palabras- había murmurado, con su voz más zalamera, y cambiando su expresión a una de completa falsedad- es solo que tu amigo estaba tan urgido que creí habías fallecido.

-estuve a horas, señorita Kido- No dar el titulo a la diosa era un golpe a su ego y Afrodita la sabia, y lo hacía remarcando sus palabras- Pero ya ve, sigo vivo… una lástima para Shun ¿no?

Saorí entre-cerro sus ojos.

Las palabras hirientes del pez causaban satisfacción entre los dorados, solo ahí se percató de lo mala que eran las relaciones entre ellos y su divina persona. Suspiro.

Tatsumi hace años la venia advirtiendo, pero nunca escuchaba, a nadie más que a sí misma.

-lo lamento- murmuro la diosa, y mirando a sus santos continuó- supongo que no hago bien las cosas, suelo ser muy prepotente, disculpen.

Con un ademan de su enguantada mano, busco que esos hombres la disculpara. Lamentablemente el perro, violento por naturaleza lo interpreto como una señal de ataque, lanzándose contra el santo de Aries, el más cercano. Pero Afrodita que se moría por probar su nueva técnica ensarto una rosa roja pequeña, que en dos segundos había vaciado su contenido en las venas del perro.

Este cayo fulminado, a los pies del pacifico corderito.

-wuau- dijo Milo, olvidando ( o ignorando) la presencia de la Diosa

- así se hace Dita… los días de agonía valieron la pena.

Dita, continuando el juego hacia reverencias a sus compañeros que lo aplaudían y sonreía, aduciendo que el espectáculo se repetía todos los días a la misma hora.

Entendiendo la indirecta Saori miró a Shion, quien le observaba de forma terrible.

El enojo se podía ver en su tranquilo rostro. Formalmente las relaciones entre ellos estaban suspendías.

Y la diosa no podría quejarse.

Todo había sido culpa suya. Salió lo más digna que pudo del santuario, mientras los jóvenes más guapos y poderosos la miraban, indiferentes y felices por aquel triunfo inesperado.

XXXXX

Desde ese día las cosas en el santuario habían cambiado.

No es que a los chicos les interesara lo que la diosa opinara (los traía sin cuidado), pero Afrodita había cambiado. Su mirada era más fría que antes, y consciente de su poder y su maldición había dejado de entrenar con sus amigos.

Es más, los evitaba, y solo cruzaba con ellos las más estrictas y necesarias de las palabras.

Milo comprendía a su amigo y había transmitido sus temores a sus camaradas un día en la cena habitual, en la cual desde hace un mes Dita no se presentaba.

Estaban todos reunidos en la gran mesa, con Shion en la cabecera, a su derecha Dhoko, y el resto ubicados en entera libertad.

Las armaduras resplandecientes, y las velas, daban un aire irreal a la cena. Siempre había sido así.

Hay cosas que nunca deben ser cambiadas. Sus pequeños se veían tristes y Shion había corroborado sus temores, aquella tarde les contó la actitud de Albafica, el anterior caballero venenoso.

Supuso que Afro tendría el mismo terror, fundado, lamentablemente, que solo ocasionaría daño a quien se le acercara. Más aun si se consideraba que hasta el perfume del dorado era toxico.

Todos comprendieron que la mejor estrategia era simplemente no hacerle las cosas más difíciles a piscis, esperando que en algún momento, sus miedos se desvanecieran y con paciencia esperar a que el mismo se les acercara.

Todos asintieron con un dolor en sus corazones.

Todos menos uno.

Death se levanto y les recriminó por ser tan cobardes.

Les gritó que todos estaban entrenados para afrontar a al muerte y que no podían dejar solo al sueco. Les recordó que a pesar de todo, Dita era un chico sensible. Y sin más se mando a cambiar del salón.

XXXX

-Vez, te dije, la historia no se repite- Shion se dejaba acariciar por las manos expertas del de libra.

- Death es demasiado impulsivo, ya verás como con su ayuda, Afro se levanta y vuelve a ser el mismo de antes.

Shion no quería hablar de esos dos, y se lo demostró con un beso que los dejo sin aliento.

-mmmmm buuuueno- Libra se denudo entre los brazos de su amor y se dejo querer.

XXXX

Milo y Camus miraban melancólicos el templo del final de la colina. Estaban abrazados, en la cama del hielito francés.

Afrodita ni siquiera salía de ahí. Había encargado a sus ayudantes provisiones para varios días y con ello, había cortado relaciones definitivas con el resto.

Millones de veces Milo había tratado de acercarse, pero Camus lo evitaba. Sabía que el patriarca tenía razón, debían dejarlo solo, era un proceso interno el de su amigo.

Pero en lo más profundo de su ser, comprendía el mensaje oculto.

Shion no era tonto, y conocía a sus niños como la palma de su mano.

Sabia, por lo mismo, que esas órdenes rezaban para todos, menos al cangrejo huraño.

Shion esperaba aquella reacción del italiano y confiaba en ella. Lo había leído en su lenguaje corporal, pues mientras hablaba en el banquete no había dejado de mirar al de ojos azul mar.

Y confiaba en que Death, el más cercano este último tiempo supera que hacer.

Milo que no entendía la naturaleza humana al nivel del observador Francés, seguía rezongando.

-deja de quejarte- le reprochaba Camus- mejor hagamos cosas más entretenida. Comimos mucho chocolate ayer, y es hora de ponernos en forma.

Milo sonrió pícaramente mientras besaba el cuello del Francés. Era lo que más adoraba de su hielito. En la superficie mas frio que el ártico, pero escondía un volcán en su interior.

XXXX

Death Mask se asomó decidió en el templo de Piscis. Afrodita solía recibirlo siempre, pero hace más de un mes que no iba.

Por que obedecía al patriarca, hasta ese momento.

Grito el nombre del guardián y lo vio asomarse desde la entrada a su jardín, por el costado del canceriano.

Vestía una polera corte en v color negra y pantalones en el mismo tono, lo que resaltaba su piel blanca y perfecta. El cabello suelto y revuelto, y sus ojos duros y fríos, en los que Death leyó tristeza y soledad.

Ambos eran expertos en ocultar sus sentimientos al resto, y por lo mismo no había secretos.

Siempre había sido así, desde que tenía memoria. Por eso siempre habían sido muy cercanos.

Demasiado.

Saludo al italiano con una sonrisa, pero a cierta distancia. Como si tuviera terror de acercarse a él.

Y lamentablemente así era.

Death, adivinando, se despojo de su armadura y se acerco como si nada.

El sueco trato de alejarse, pero las poderosas manos del italiano lo agarraron y lo lanzo con violencia contra la pared.

En esos momentos ambos recordaban que eran caballeros de oro y las delicadezas estaba de mas.

-suéltame- la voz imperiosa del sueco fue ahogad por la risa forzada y triste de su camarada.

-mírate, estas solo aquí lamentándote. SIN HACER NADA POR EVITARLO- Death sin querer había dado en el blanco de los problemas del sueco, y este enfado lo había empujado lejos.

-eso es lo que crees- su voz sonaba fría- llevo más de un mes entrenando, buscando soluciones y solo he conseguido perfeccionar la rosa maldita, además de descubrir que mi sangre es una neuro-toxina y un compuesto capaz de arrancar descomponer el oxigeno a su contacto.

Dita se sonrojo ante la mirada burlona del canceriano

-buuueno- se excuso- tengo un pequeño laboratorio y me he dedicado a investigar…

Death se levanto, con ayuda del Sueco y le sonrió.

-quizás a ti no se te ocurre nada, pero dos mentes piensan mejor que una- le dijo a la vez que se acercaba a él y apoyaba sus manos en sus hombros

- no te dejare solo. No lo hice, cuando no sabíamos que tenias, y menos lo hare ahora. Deja que te ayude- murmuro el italiano, acercándose a Dita, apoyando su frente en la de su amigo- no enfrentes esto solo, te hará mal. Quiero estar a tu lado en estos momentos, que son tan difíciles y tu ni nadie me lo va a impedir, voy a ser el pilar en el cual te puedas apoyar, cuando las fuerzas te abandonen, quiero ser la almohada cuando el llanto te inunde. No te dejare solo ni un instante.-

La fuerza inagotable interior del guardián de la IV casa parecía contagiarse al pececillo, pues una mirada llena de esperanza ilumino su rostro Dita sonrió.

Una sonrisa verdadera, como la de aquellas tardes en las que ambos miraban la nada y se burlaban de los chicos en entrenamiento (bastante más llevaderos que los que ellos mismos habían tenido que enfrentar), o simplemente se sentaba a mirar las estrellas ya disfrutar de la presencia del otro.

-quieres quedarte a comer…- Dita miraba anhelante de compañía, y Mask así lo entendió. Además se había retirado indignado del almuerzo y no había probado bocado.

-claro pececillo- tomo la mano de Dita besándola- cualquier cosa que tus manos preparen será fantástico para mi. Dita sonrió y le ordeno que pusiera la mesa en el patio. Tenía miedo de asfixiar con su aroma a su amigo, y Death que comprendió la razón de fondo no opuso problemas.

Minutos más tarde, el sueco llevaba una fuente de spagueti con una salsa de mariscos y pescados de tarro.

-mmmm recuerdo una vez que vine aquí mismo a comer, me preparaste una deliciosa salsa de carne y champiñones.

-si lo recuerdo- el sueco servía distraídamente el vino- pero no quise hacerla, temí que sin querer me cortara…- las palabras sobraban.

Sabia el temor que encerraban.

Death tomo su mano, con pasión, con temor, tratando de darle animo.

-no puedes seguir así, darte por vencido es que acaso no lo entiendes- se había levantado de la silla y caminaba como león enjaulado- no puedes dejar que esto te derrumbe, no te puedes dejar morir, no te das cuenta, que sin ti yo me muero….- El italiano se puso de rodillas frente a afrodita, desatado aquellos sentimientos que su corazón le negaba por temor- eres mi vida- le decía a la vez que besaba con ardorosa pasión la punta de los dedos del peliceleste, a quien le caían un par de lagrimas-eres lo único bueno que me ha pasado alguna vez en la vida, eres el único que me conoce, que me quiere tal cual soy… déjame amarte, vida mía… déjame… Afrodita tomo las manos del italiano. Temblaba de miedo y de felicidad, sentimientos que se reflejaban en su mirada tranquila y anhelante.

-sabes…. Sabes que no puedo… me muero de ganas de besarte- murmuró el chico de ojos turqueza- pero no te quiero exponer a nada. Sabes que siempre te he… querido de una forma especial- Afrodita no se atrevía a darle nombre a ese sentimiento, que sabia estaba en lo más profundo de su corazón.

-He luchado toda una vida contra el volcán que está en mi pecho- murmuró el italiano- pero si lo expongo ante ti, es porque estoy seguro que es lo más puro y sincero que alguna vez he sentido. Tengo miedo, es verdad, pero no de tu veneno, si no de una vida lejos de ti sin poder hacer nada.

-vete- la voz del sueco causó que Death cerrara los ojos, con el corazón destrozado

- sabes que te adoro, pero vete no quiero dañarte.

El italiano que comprendió se levanto lentamente, beso a afrodita en la mejilla y se retiro, cabizbajo.

Estaba por salir cuando la mano del sueco lo detuvo y le beso en la mejilla, a la vez que lo empujaba a su cuarto.

- no me dejes solo aunque lo pida- le murmuro en su oído, a la vez que le pedía se acostar a su lado.

-solo, acuéstate a mi lado, como cuando estaba convaleciendo- y señalo un ventanal que daba a una parte oculta del jardín- la ventana esta abierta, nada te pasará.

Se abrazaron y unieron sus cuerpos lo más que las ropas y sus figuras les permitían.

Death besaba incansablemente el cabello del sueco, hablando con el corazón al descubierto y susurrando promesas de amor que el si estaba dispuesto a cumplir. Dita lo miro expectante y apareció una rosa en sus manos y se la entrego al italiano, mientras besaba su rostro