Roma baja corriendo por las escaleras sin esperarle hasta la puerta que ya se está abriendo, se queda parado.
—Rom, no te vayas a salir, bitte porque... —grita Alemania mientras baja las escaleras corriendo.
—Vee~? —entra Italia el primero justo cuando Alemania llega al pie de las escaleras de un salto.
—Ave —saluda el niño mientras Prusia entra también hablando con Germania.
—Oh... Eh... Hallo —saluda Alemania completamente despeinado otra vez mirando a Italia y luego al niño de reojo.
Italia le mira y luego mira al niño parpadeando.
Germania asiente a algo que dice Prusia girándose a Hungría que ha empezado a hablar para completar lo que el albino decía.
—Pasa algo peculiar... —explica Alemania al italiano.
—¿Y este niño? —Italia se agacha y Romita sonríe, dando un pasito a él.
—Este niño... —Alemania cambia el peso de pie ahora mismo sintiéndose absolutamente estúpido con esto.
—Me llamo Roma. ¿Cómo te llamas tú? —pregunta acercándose a Italia y poniéndole una mano en la suya. Italia mira al niño fijamente cuando Prusia les nota también.
—Ja... Eso justamente —concluye el alemán mientras Germania se da cuenta de que hay un niño igual.
—¿Y este niño? —pregunta Hungría. Romita levanta la cabeza mirando a los demás y se ríe un poco con las palabras raras. Germania parpadea y mira a Italia y luego a Alemania.
—¡No me dijeron que tenían niños! —exclama un poco sorprendido.
—¿Te llamas... Roma? —pregunta Italia pasándole una mano por el pelo en un cariño, porque... es un niño—. Yo soy Italia.
—Me parece que... ES... —explica Alemania acercándose a Italia.
—Italia es un nombre muy bonito —responde Roma. Alemania mira a Prusia y a su padre de reojo. Prusia frunce el ceño sin entender qué ocurre.
—¿Si me oyes, Italien? ¿Ya viste en que habla?
—Grazie, Roma también lo es... ¿cómo has llegado aquí?
—Doislan me ha traído para enseñarme el norte porque me quiere —le señala. Alemania mira a Italia. Ambos italianos le miran.
—Estábamos en el garaje... Rom y yo, y... De repente... —carraspea—, cerré los ojos y cuando los abrí estaba él y Rom no está.
Romita se acerca a Alemania y le toma de la mano, sonriendo.
Italia entrecierra los ojos mirándole fijamente. Alemania se incomoda genuinamente, sonrojándose y desviando la mirada.
Italia frunce el ceño.
—No es cómo crees —asegura el alemán apretando la mano del niño. Romita nota el intercambio de miradas y como le presiona la mano... se tensa y se le pone delante como si quisiera cubrirle.
—Germania, quisiera hablar contigo —sentencia Italia ignorando al niño no tan sonriente
—Hablar... Quieres hablar. Quizás sería bueno que... —le mira y traga saliva—. Hablemos.
—¿Qué pasa? —pregunta Roma nervioso agarrándosele con las dos manos, abrazándole.
Alemania le mira un poco nerviosito y le pone una mano en la cabeza, dándole un par de palmaditas como si fuera un cachorro.
—Tengo que ir a hablar con Italien.
—Yo también —decide el pequeño y le escala por encima. Italia frunce el ceño.
Alemania mira a Italia de reojo sin impedirle al chico que le escale. Italia levanta una ceja a Alemania y Prusia se acerca.
—¿De dónde has sacado al crío, West?
—Quizás podrías quedarte... Con... Mein Bruder —murmura Alemania en realidad sin querer dejarle y que al rato le guste más Prusia de lo que le gusta él.
Roma se hace bolita abrazándole del cuello sin entenderle de hecho, fulminando un poco a Italia. Alemania le abraza un poco también dándole unas palmaditas en la espalda.
—Es un kind... Y no les conoce —explica el alemán a Italia y luego mira a Prusia—. No es que lo sacara de ningún lado, es que apareció en vez de Rom.
—¿Cómo va a aparecer en vez de alguien? —pregunta la húngara.
—Hay que llamar a sus padres para que se lo lleven, pero ese no es el asunto —responde Italia.
—¡Nadie me va a llevar! ¡Yo me quedo con Doislan! —chilla Roma muy serio, porque a Italia es al único al que entiende.
—Italien... No te enfades —pide Alemania porque ya conoce bien al italiano—. En verdad... No sé de dónde salió
—No es el niño lo que me preocupa.
—No es lo que crees, lo que sea que crees.
Roma frunce más el ceño con la tensión y besa de nuevo a Alemania en los labios. Prusia e Italia levantan las cejas junto con Hungría y Germania, quien realmente no entiende un pimiento. Alemania levanta las cejas y echa un poco la cara hacia atrás, sonrojándose.
—Rom... Nein... Bitte —susurra Alemania mirando a Italia.
—¿Qué niño es este? —insiste Germania—. ¿De dónde salió? ¿Lo encontraste?
Roma mira a Italia con fuego en sus ojitos.
—Es Rom... ¿Por qué no me escuchan? —protesta Alemania mirando a Italia con cara de circunstancias.
—Es... Roma, eso es lo que dices. Mi abuelo Roma, el gran imperio romano... ¿tiene qué? ¿Seis años? —pregunta Italia un poco sarcástico.
—Es que parece absurdo pero... Su ropa estaba tirada en el suelo del garaje —comentario desafortunado.
—¡Sí soy Roma, no soy tú abuelo!
—Que la ropa estaba... —Prusia burloncito. Germania frunce el ceño con esto, cruzándose de brazos conociendo excesivamente bien a Roma.
—Así que estabas en el garaje y mi abuelo no llevaba ropa... eso resume bastante las explicaciones que necesitaba.
—Ja, porque desapareció y él estaba ahí y luego me quite las... —Alemania aprieta los ojos—. Mein gott, Italien, espera! —le detiene del brazo.
Italia se da la vuelta y no le queda más remedio que pararse.
—Nadie estaba sin ropa, sólo... Estaba intentando someterle con los brazos atados a la espalda —chilla Alemania agobiadillo, con la pura verdad, como siempre que llegan a esta instancia.
—Che cazzo?
—Someterle, golpearle, ganarle —sigue sin soltarle con el niño en brazos.
El italiano le mira frunciendo el ceño incrédulo.
—Ya lo sé, ya lo sé... —admite el alemán mirando a Hungría cuchichearle algo al oído a Prusia.
—No parece que lo sepas, la verdad —se cruza de brazos.
—Este niño se parece mucho... —murmura Germania acercándose un poco a Alemania—. A este otro niño de Rom...
Roma mira a Germania un instante y luego se vuelve aun controlando a Italia.
—Si lo sé, Italien... Ich.. —murmura el alemán y baja el tono, dándole la espalda a Prusia y Hungría. Susurra—, ich liebe dich —se sonroja un montonal, quiero aclararlo.
Roma se revuelve sobre su cabeza dando la vuelta con eso, Italia le mira fijamente.
—¡No pasó nada más que eso! ¡Y ahora es un niño! Y traía ropa y yo soy un poco idiota pero...
Germania, a quien los niños le gustan, se mueve un poco más mirando a Roma por encima del hombro de Alemania
—Hablaremos de eso después de arreglar esto —pone los ojos en blanco suspirando, señalando al niño—. ¿Dónde está mi abuelo entonces?
Roma parpadea mirando a Germania porque es IGUAL que Alemania.
—No lo sé... O en ningún sitio o en mis brazos.
—Latino, sin duda —Germania arruga la nariz.
—¿De veras estas diciendo que este niño es Roma? —pregunta y Romita mira a Germania sin entender que dice, pero cuando arruga la nariz le saca la lengua y se abraza más de Alemania.
—¡Sí soy Roma! —se vuelve a Italia.
—No lo sé. Es absurdo, ya lo sé.
—¿Cómo vas a ser Roma? —pregunta Germania en latín frunciendo el ceño.
—Seguramente tu padre podría confirmarlo...
—¡Pues así me llamo! Díselo, Doislan! —pide Romita mirando a Germania.
—Eso dice, que es Rom, yo tampoco lo entiendo —aclara Alemania—, y lo he visto, y ha... Hablado de Helena y ¿qué niño habla latín hoy por hoy? Es latín lo que habla, nein?
—Pero West es que... es un crio —discute Prusia.
—Ja, es latín —Germania asegura—. Se parece a... Ese amigo tuyo. Spanien? —mira a Prusia—. De pequeño.
—Ja, ja... Spanien —asiente Prusia.
—Además... Es un poco salvaje. Mira, me corto el brazo —Alemania mira a Italia y le muestra su brazo.
Italia levanta las cejas acercándose a Alemania por que no se la ha curado y en cuanto se acerca, el romano salta sobre él, así que Italia tiene que sujetarle y Alemania le detiene de la cintura, levantando las cejas.
Así que Roma acaba sujetado por los dos. Alemania levanta las cejas igual de sorprendido que yo.
—Es muy... Me... Me gusta —confiesa Alemania mirando a Italia. Romita sonríe a Italia ahora intentando ir por él... y este mira a Alemania que suelta al romano sonriendo levemente hacia él.
—Ahora me gustas tú, porque es más fácil entenderte y te ves bien, no tienes ojos y pelo raros —Roma le sonríe a Italia.
—Oh... —suelta Alemania un poco decepcionado con ese comentario, pasándose una mano por el pelo.
—Oh —Italia entrecierra los ojos mirando a Roma, mira a Alemania y sonríe de lado—. ¿De verdad?
Alemania nota que esta todo despeinado, por cierto. Se pasa las dos manos por el pelo echándoselo atrás, mirando a Italia.
Roma mira a Alemania y se muerde el labio... se le acurruca un poco en los brazos de Italia, pero no responde.
Alemania carraspea y no puedo creer que Romita a esta edad pueda romperle un poco el corazón a alguien.
—¿Ya nos vas a contar de dónde sacaste a este niño? —pregunta Germania aun un poco curioso con ello. Italia mira al pequeño en sus brazos porque sabe lo que está haciendo.
—Este es Roma —sentencia—, Germania dice la verdad.
—¿Cómo sabes eso? —pregunta Hungría acercándose a Italia y mirando al niño, sonriéndole un poco.
—Porque ningún otro niño ni muchos adultos más harían esto... se mueve y habla como él.
—Yo no he dicho que sea Rom —alega Germania levantando una ceja, aún no se acostumbra a que haya dos germanias. Romita levanta las cejas mirando a Italia. Parpadea.
—Será un engaño de Rom, si acaso —asegura Germania.
—Se refiere a West —explica Prusia.
—Nadie habla latín —asegura Alemania encogiéndose de hombros.
—No, no, mira... —Italia le muestra a Germania—. Él sabe que a mí me gusta Germania y como a él también le gusta trata que a mí me guste él, por eso ahora me abraza y dice esas cosas.
Roma se queda blanco en brazos del italiano.
—No entiendo —admite Germania—. Si fuera Rom querría gustarle a todos absolutamente.
—Y seguramente quiere, pero va lentamente —Italia aun así abraza al romano con fuerza protectoramente.
—Voy a curarme el brazo —murmura Alemania mirando a Roma de reojo. Romita se revuelve en brazos de Italia por que no quiere que Alemania le deje con esta gente rara.
—No pasa nada, no pasa nada —Italia le calma en latín, acariciándole la espalda. Germania se acerca al italiano ahora picado con la curiosidad.
—No puedes ser Rom... —asegura.
—Pues es raro, pero lo parece muchísimo...
—Bájalo al suelo —pide Germania.
—Te dejo en el suelo, ¿vale? —Italia se agacha dejándole. Roma frunce el ceño y Germania se agacha al suelo entrecerrando los ojos.
—¿Cómo saludas? —pregunta en latín.
—Ave —saluda—. ¿Cómo te llamas?
—Germania.
—Germaniae, yo soy Roma —le sonríe. Germania parpadea mirando a Italia de reojo.
—El Rom que yo conozco es un adulto como yo.
Italia se encoge de hombros.
—No hay otro Roma más que yo, aunque cuando sea un gran aventurero y un gran héroe las mujeres le podrán mi nombre a sus niños —sonríe muy seguro—. Tú eres un hombre del norte, yo lo sé, pero no me das miedo porque Doislan es mi amigo y me ha contado tus secretos.
—¿Cuáles secretos? —levanta la cara.
—Todos —sonríe y se le acerca, poniéndole la mano en la mejilla con suavidad—. Pero te pareces a él, así que me gustas.
—¿Quién no te gusta? —pregunta entrecerrando un poquito los ojos e inclinando la cabeza—. ¿Sabes pelear?
—¡Hay muchas personas que no me gustan! —levanta las cejas por que no se lo había planteado—. Soy muy bueno —asiente.
—Conque eres muy bueno... Vas a tener que probarlo —le reta.
—¿Contigo? —se relame los labios y le mira de arriba abajo porque es grande y fuerte.
—Pues claro, conmigo... Yo soy bueno también pero Rom a veces, sólo a veces... Me gana.
El niño cambia el peso de pie valorando sus opciones.
—Bien.
—¿Estás armado? —pregunta el germano mirándole serio.
—¿Tú no? —le vacila sonriendo de lado sacando el puñal y echándosele encima antes de que pueda reaccionar. Germania se cae al suelo de espaldas y se protege del puñal con el antebrazo, recibiendo lo primero una cortadita realmente poco profunda.
—¡Eres un tramposo! —protesta. El moreno salta rondando sobre él girando sobre sí mismo.
Germania le detiene la muñeca y consigue desarmarle lo primero. Roma le mete una patada con todas sus fuerzas y le muerde. Hungría levanta las cejas y se acerca a Prusia con cara divertida.
—Agh! —protesta Germania apretando ojos y dientes, con la mordida, cruzando un poco las piernas y girando de lado para cubrirse las regiones vitales para que no pueda patearle ahí, que le patee la cadera si quiere patear algo. Le detiene de las piernas con un brazo.
Aprovechando que aún tiene un brazo y un pie le da una patada en la cabeza y un golpe en el estómago... qué bueno que no peleo con Alemania que ya estaría desarmado en el suelo sin poderse mover porque no creo Alemania esté tan habituado a un niño (o a nadie) que pelea así como un absoluto salvaje a la Mowgli.
Germania rueda sobre sí mismo haciendo fuerza contra el niño, medio atarantado con la patada en la cabeza y sin aire por el golpe al estómago, dispuesto a hacer trampa y ganarle por peso, aplastándole un poco contra el suelo.
Romita, agobiado vuelve a morderle y le da unos cuantos rodillazos intentando arañarle con las uñas en donde pueda.
—Por Odin... Rom? —asegura Germania aguantándose las mordidas, jalándole un poco el pelo para intentar que deje de morderle pero ni con esas para porque está ahora en pánico—. Calma, calma... ¡Tú ganas, para! —pide mitad en germano mitad en latín.
Roma se queda quieto un instante respirando agitadamente. Germania se incorpora un poco dejando de aplastarle y el pequeño se calma un poco más al notar que se retira, aun en guardia.
—Rom?
—Quid? —le mira. Germania se quita del todo de arriba de él y se sienta su lado. Los ojos ámbar le miran, incorporándose.
—Eres un niño... ¿Cómo eres un niño? ¿Qué clase de magia es esta? —pregunta a los demás presentes.
—Was? dices en serio que este es... Rom... ROM? —pregunta Prusia mientras él se pone de pie y se va a recuperar su puñal.
—Podría casi asegurarlo. ¿Eso también lo pueden hacer ahora?
—Nein!
—¿Y cómo es que es de este tamaño?
—¡Pues yo aún no estoy seguro que sea de verdad! —exclama Prusia. Roma les mira a los dos nervioso y busca a Alemania porque no se fía de ninguno de ellos y hablan ese idioma raro que no entiende y son muchos.
—Yo tampoco lo puedo creer... —murmura Hungría extrañada.
—No sé cómo explicarlo... Pero realmente creo que lo es... —asegura Germania mirándole y luego mirándose las mordidas.
—No... No me gusta esto, no os entiendo... —susurra un poco desconsoladito. Germania le mira.
—Hablamos otros idiomas. Ven —pide en latín haciéndole un gesto con las manos. Romita se acerca un poquito reticente—. Puedo explicarte quién es quién.
—No sé quién eres tú... —susurra.
—Yo... —se sonroja un poco—, yo soy... Tu vecino.
—Tú no eres mi vecino —niega mirándole.
—Soy tu vecino del norte. Cuando te expandas, tus territorios y los míos estarán juntos.
Roma parpadea sin entender eso.
—Vivo al norte de tu casa y... Soy... Un... Amigo tuyo —se sonroja otra vez. El pequeño frunce el ceño cuando nota que se sonroja, inclinando la cabeza—. Te conozco bien y... Nos peleamos a veces.
Entrecierra los ojos marrones.
—¿Por qué?
—Porque haces trampa cuando peleamos como ahora.
—No es una trampa, tú no dijiste que estaba prohibido —se cruza de brazos. El germano sonríe levemente de lado.
—No me dejaste poner las reglas.
—Eres cinco veces más grande que yo, eso tampoco parece muy justo —replica.
—¿No lo es? Preussen no se queja tanto —le señala. Roma mira a Prusia quien levanta las cejas.
—¡Yo no me quejaría si no me llamaras tramposo!
—Suelo pelear con él... Solía, cuando era pequeño. Lo hace muy bien —asegura sonriendo de lado otra vez y luego levanta una mano y le da una palmada en la mejilla—. Nunca te imagine de pequeño.
Prusia sonríe orgulloso de esto.
—No entiendo porque dices que no me imaginas de pequeño, ¡nunca he sido de otra forma y no te conozco!
—Me conoces ahora y... No sé cómo arreglarte. ¿Cómo arreglamos esto? —pregunta a los chicos.
—¡No hay nada que arreglar! —sonríe Romita.
—Sí lo hay, ¡tienes que ser grande y fuerte otra vez! —le mira.
—¡Soy fuerte ahora! —le salta encima otra vez porque sigue sentado en el suelo.
—Nein, Nein! ¡Espera! —protesta cayéndose de espaldas otra vez, deteniéndole con los brazos estirados encima de su cabeza.
Roma se ríe, saltando e intentando detenerle. Italia suspira más tranquilo ahora que le ve jugar con Germania.
Alemania vuelve con el brazo vendado y otra camiseta. Perfectamente peinado otra vez. Frunce un poco el ceño cuando nota a Germania con Roma.
—¿Ya están más convencidos de que lo es? ¿O van a terminar la broma? —pregunta acercándose a Italia.
—En realidad parece que sí lo es —el italiano le mira de reojo.
—No sé cómo ha pasado... —murmura Alemania poniéndose cerca de Italia y pasándole un brazo por encima de los hombros el muy cínico. Italia le fulmina
Roma sale volando por los aires y luego lo vuelven a atrapar. Oh, sí... Por supuesto que Germania es de los bestias, cosa que hace que se gane una patada en la cara otra vez porque no se fía tanto de él.
—Aún no hemos resuelto el asunto del garaje.
—No hay realmente asunto que resolver —lo atrae un poco hacia sí. Germania gira la cara a tiempo y consigue que no le pegue en la nariz y sólo en la mandíbula
—No me patees —le advierte frunciendo el ceño.
—No me lances —sonríe de lado.
—A Preussen le gustaba.
—Yo no soy Prusien.
—Vale, no te lanzo —responde frunciendo el ceño. Roma sonríe.
Germania no sabe bien qué hacer con él entonces. Se sienta mirándole como si fuera Austria. Romita se acerca y le toca la cara, sonriendo.
—Mira que enfadado te has quedado —le da palmaditas.
—Nein, no me he quedado enfadado —gruñe mirándole de reojo.
—Sí estás enfadado, pones cara fea así —frunce el ceño pero aun sonríe sin poder evitarlo.
—¡No pongo una cara fea! —protesta.
—No te enfades, eres más guapo cuando sonríes —trata de hacerle sonreír poniéndole los dedos en las comisuras de los labios.
—Eres realmente pequeño, nunca pensé en ti de pequeño —insiste sonriendo un poquito y mirándole a la cara. Romita se sienta sobre sus piernas y le mira.
—Quid? —pregunta mirándole y sonriendo un poco. Le pica el estómago suavemente.
—No sé porque dices esas cosas —se ríe poniéndose las manos en el estómago.
—Eres... Lindo de pequeño. Tus hijos eran peores.
—No tengo hijos, no entiendo lo que dices —protesta.
—Pareces más inocente como mis hijos. Me gusta —otro piquetito en el estómago. El romano da otro saltito y se separa más con el ceño fruncido.
—No te enfades —le acaricia la mejilla de esa manera tan suya.
—No te entiendo —se pone de pie otra vez y nota que Alemania ha vuelto, sonriéndole.
Alemania, que sigue medio abrazando a Italia, le mira y sonríe un poquito porque le ha notado. Sí, descerebrado.
Germania se sienta peinándose un poco. En cuanto ve que le sonríe, el pequeño se acerca a él otra vez y le abraza de la pierna.
—Hallo... —le sonríe un poco levantando la pierna, así que él le escala otra vez, sonriendo—. ¿No estabas feliz con Italien? —pregunta ayudándole un poco.
—No, por que chiva las cosas... —le susurra al oído—. Y al otro que se parece a ti no le entiendo.
—Él es el que habla mejor —responde en su semiitaliano latín. Le sonríe y se gira a Italia—. Si... Se queda así. Quizás...
—Pero dice cosas raras de que soy pequeño...
Italia mira a Alemania de reojo y Prusia está mirando a su padre porque Roma acaba de EVIDENTEMENTE preferir a Alemania
—Eres pequeño —asegura Alemania abrazándole un poco. Mira a Italia—. ¿No te gustaría quedártelo?
Germania frunce el ceño no tan feliz con ese mismo asunto. Mira a Alemania.
—¿Quedármelo? —Italia levanta las cejas.
—Ah! ¡Puedes venir a mi casa! —exclama Roma
—Ja, con nosotros —Alemania le mira—. Como Österreich con nosotros.
Italia inclina la cabeza, no tan contento con esto.
—¿Y qué pasará cuando crezca, Germania?
—No lo sé, es que... Es... Diferente. ¿No has pensado nunca en criar un niño? —pregunta mirando a Roma de reojo. Germania se levanta pasándose las dos manos por el pelo y mirando a Alemania con el ceño fruncido. Se acerca a ellos.
—Creo que tendríamos que hablar con mi fratello... y con Francia y Spagna.
—¿Por qué no querrían? —pregunta mirándole—. Todos ellos han criado niños y Rom... Bueno, Rom es Italien.
Roma le tira del pelo a Alemania porque no le hace caso.
—Ayy! ¿Qué pasa? —le mira.
—¡No me has enseñado a hacer rayos!
—No aún... Quiere aprender cómo hacer electricidad. Es muy listo —le explica a Italia.
—¡Claro que quiere aprender, es mi abuelo! —exclama Italia.
—Me gusta —confiesa Alemania.
—Claro que te gusta —protesta Italia quitándoselo de encima.
—¡Me gusta como niño! ¿Qué pasa? —pregunta mirando a Italia.
—Que crecerá y te seguirá gustando —Roma es reticente a soltarse...
—No me va a seguir gustando cómo crees, a mí me gustas tú —les mira a ambos.
—Por eso acabaste en el sótano —Italia vuelve a abrazar a Roma protectoramente, se acerca a la mesa del teléfono y le da un bolígrafo.
—Por eso acabe en... Italien —le sigue agobiado tocándole el brazo.
—Además creo que tanto ellos como tu padre tendrán algo que decir al respecto —añade mientras el romano levanta las cejas empezando a inspeccionar el bolígrafo con curiosidad.
—Pero... —suspira—. Italieeen. No es lo que parece, estábamos hablando.
Alemania le acaricia un poco el pelo a Roma, con suavidad y se agacha.
—Esto es un bolígrafo, ¿quieres saber cómo funciona?
Romita sigue embobado con el bolígrafo descubriendo que tiene una tapa.
—Basta —Italia separa a Roma de Alemania y se acerca con él a Germania.
—¿Qué pasa? —pregunta Alemania sin entender bien la actitud de Italia. Es un NIÑO.
Germania mira a Italia aún con el ceño fruncido, mira a Roma en sus manos.
—¿Sabemos cómo arreglar esto? —pregunta Germania.
Italia niega.
—Deutschland... —murmura el germano hacia Italia esperando que él, latino, sea capaz de completar su pensamiento.
—Hay que arreglar esto —sentencia Italia.
—No sé ni cómo paso... —admite Germania tomando a Roma de sus brazos. Alemania toma a Italia de los hombros.
—Vamos a llamar por teléfono —anuncia el italiano, Prusia y Hungría se han ido a dormir, por lo visto…
—¿Llamar a quién? —pregunta Alemania mirando al italiano y acercándose un poco a él.
—Pues a Francia y a Spagna!
—¿Quieres que yo le hable a Spanien?
—Sí, ve —le manda. Germania suspira mirando a Roma y luego a Italia.
—Voy a ir al jardín con Rom —declara el germano hacia Italia. Él asiente.
Alemania mira a Italia con el teléfono en la mano, antes de marcar.
—Tu abuelo... Es un peligro —murmura hacia él un poco sonrojado.
—Justo eso es lo que digo.
—Lo siento —susurra Alemania mirando a Italia.
Italia bufa de mal humor.
Si alguien que está leyendo Hochzeit lee esta también debe estar empezando a entender la raíz del problema :D
