El pequeño rueda un poco y vuelve a subírsele encima mirando a Prusia, que mira a su padre con las cejas levantadas. Germania se levanta abrazando al niño por la espalda, sonrojado como si le hubiera atrapando dándole un beso a un niño...
—Ehm... ¿no está un poquito pequeño, vati?
—Nein, nein... por Odín, estábamos hablando, si ha sido él el que... Preussen! —le riñe.
—Me va a contar como hacen sexo dos niños —explica Roma.
—Danke, Rom... Realmente sabes bien cómo ayudar a la causa —protesta el germano frunciendo el ceño.
—A mí no quería explicármelo cuando estaba de tu tamaño —responde Prusia.
—Ni se los explicaré a ninguno —replica Germania sonrojándose.
—Pero a mí sí, ¡por qué vamos a hacerlo juntos! —exclama Roma muy seguro... sonrojándose un poquito.
—Por Odín... —susurra Germania intentando parar a Roma en el suelo a su lado para levantarse. Prusia se humedece los labios y vuelve a mirar a su padre tratando de verdad de no morirse de risa—. ¿Qué pasa, Preussen? —pregunta Germania medio fulminándole, consiguiendo levantarse.
—Nada, que vamos a ir a dormir y... bueno, Frankreich y Spanien van a venir mañana y... nos preguntábamos... pero ya está claro —risita... Roma frunce el ceño porque no le entiende. Germania frunce el ceño también.
—¿Qué se preguntaban? —pregunta agachándose y cargando a Roma en brazos.
—Si el niño iba a dormir contigo.
—P-Pues... ¿Quieres que duerma contigo? —pregunta.
—Nein, nein, pero podíamos montar un cuarto.
Roma les mira a los dos y salta un poco en brazos de Germania para que le haga caso.
—¿Qué dice?
—Que si vas a dormir conmigo o en un cuarto solo —explica.
—¡Contigo! —se le agarra
—Ehm... —Germania carraspea mirando a Prusia y se sonroja—. Quizás estarías mejor en un cuarto solo...
Prusia le mira porque no es eso lo que ha dicho el niño.
—Igual vas a tener que lavarle, vati, mira como está todo azul...
Germania, que las manchas no son su primera preocupación, cae en la cuenta de ello.
—Ohh... quizás puedas lavarle tú —asegura preguntándose cómo coño es que Roma... ROMA DE ESE TAMAÑO, es capaz de ponerle nervioso.
—Yo? nein, nein, se lo diré a West —risita nerviosa.
—¿Qué pasa? —pregunta Roma otra vez.
—Preusseeen —protesta Germania mirando a Roma de reojo—. Que... vas a tener que bañarte.
—¡Ah! ¡A mí me gustan mucho los baños! —exclama muy contento con esa idea.
—Te encantan los baños, eso me queda claro... —refunfuña Germania—. Espera, Preussen, quizás pueda quedarse así sucio.
—Ehm... Vati... —vacila y no está seguro WTF?—. ¿Te da vergüenza? —entrecierra los ojos.
—NEEEIN! No es vergüenza, es un NIÑO!
—¿Qué dice? —pregunta Roma ooootra vez.
—Q-Que... él... te... que no le gustas —Germania haciendo un desastre.
—¿Por qué no? —Roma mira a Prusia desconsolado.
—¿Eh? ¡Yo no he dicho eso! —se defiende Prusia en Latín—. Es decir...
—Preussen, deja de complicar las cosas y ve a decirle a Deutschland que vamos a bañar a Rom.
—¿Los... dos?
Germania carraspea.
—Bien, danke por negarte... —responde frunciendo el ceño y pasando a su lado.
—No me he negado —le sigue.
—¡¿Qué pasaaaa?! —protesta Roma levantándose para mirar a Prusia por encima de su hombro.
—Que es la hora del baño.
—Ah! —sonríe.
—Weeeeeeeeest —grita Prusia. Alemania, que lleva un bueeen rato hablando con Italia intentando apaciguar el problema responde desde la cocina.
—¿Qué pasaaa?
—Vati quiere que vayas a bañar a Rom!
—Was? —protestan los dos a la vez, en estéreo, como siempre.
—Pues... bueno, o que le ayudes al menos... —matiza Prusia sin saber ahora.
—Nein, nein... yo lo baño solo —asegura Germania mientras Alemania mira a Italia en la cocina.
—Ah, ¡pero si has dicho que querías que te ayudara! —responde Prusia.
—Tú, podrías ayudarme tú en vez de que lo haga Deutschland... —murmura—. ¿En qué baño lo bañamos?
—Nein, nein, yo no! —Prusia se niega—. En el del señorito —decide, porque... bueno, seguramente Romita hará un desastre—. Ahí hay bañera.
—Bueno, no será la primera vez que bañe a un NIÑO.
—Bien —Prusia asiente. Germania vacila.
—Ayúdame.
—Was?
—E-Es que... —mira a Roma de reojo que le sonríe al notar que le mira. Germania traga saliva y le abraza con una poca más de fuerza, porque por un lado le gusta ser él el especial, pero por otro, este es un NIÑO y... va a ser incómodo bañarle, lo sabe.
—Te da vergüenza —repite Prusia dirigiéndole al cuarto de Austria.
—¡No me da vergüenza! Es un niño —insiste Gemrania.
—Besos —sentencia Prusia.
—¡Es su culpa! —chilla sonrojándose
—¿Mi culpa? —pregunta Prusia mientras Roma intenta enterarse
—Nein, la de Rom. Yo no le di besos, me los dio él —más sonrojo mirando a Roma y sonrojándose más porque esos graaandes ojos color miel son... molestos.
—No entiendo —responde Roma pensando que habla con él.
—Que no sé cómo te pintaste las manos de azul —responde Germania después de vacilar un instante.
—No solo me pinte las manos —se levanta la camisa mirándose donde se ha agarrado al mear. Germania le baja la camisa un poco violentamente, apretando los ojos.
—Oh... bien, vati, buena suerte —Prusia se ríe un poquito y recibe un pescozón en la parte de atrás del cuello por parte de su padre.
—Au! —protesta un poco Prusia.
—¡¿Qué pasaaa?! —vuelve a quejarse Roma
—Que tu bru... que... Preussen se porta mal y me molesta —protesta Germania en latín.
—¿Con qué?
Germania carraspea bajando al niño al suelo en el baño, fulminando a Prusia.
—Tú vas a lavarle ahí —amenaza a Prusia no demasiado seguro.
—Nein, yo me marcho...
—Was? ¡Dijiste que me ayudarías! No sé ni usar bien esto —miente porque lleva días usando la regadera sin problema alguno.
Roma, que está en el suelo, se ha ido a investigar el resto del baño, mirándoles de reojo.
—Bien, yo te enseño a usar el grifo, le llenas la bañera y ya.
Germania entrecierra los ojos y se cruza de brazos pensando también que para que Prusia se esté burlando de él... gruñe un poco odiando todo, que se quede o que se vaya.
—Bien, llena la bañera entonces —protesta en tono de riña yendo con Roma, tomando aire y pidiéndole que levante los brazos.
—Vati... —le llama Prusia empezando a llenarla, lo que hace que Roma haga "oooooh" y vaya corriendo a ver.
—Was? —pregunta Germania arrancándole la camisa por la cabeza, desnudándole.
—¡Mira! ¡El agua! ¡Sale por ahí! —no, aún no ha inventado los grifos
—Ja, sale por ahí. No te caigas de cabeza.
Romita mete la mano en la bañera para intentar tocarla empujándose con los pies porque no alcanza... y se cae de cabeza.
—¡Está caliente! —sonríe el romano.
—Ja —asiente Germania sonriendo un poco embobado con el Romano. El latino se incorpora en la bañera intentando ponerse de pie y se resbala, acercándose al grifo para verlo.
—¿Cómo llega aquí el agua?
—Con un acueducto —responde Germania en automático, él, que le ha escuchado hablar mil veces de ello y mira a Prusia de reojo
—¿Qué es un acueducto? —les mira a los dos. Prusia le pone una mano en el hombro a su padre.
—No te enfades conmigo —pide en alemán y se va.
—Nein, Preussen! Qué falta de... Preussen! —protesta dando un paso hacia la puerta y luego mirando a Roma... sonrojándose. Prusia le sonríe cerrando la puerta.
—Germaniaee! —le llama Roma agarrándose del borde de la bañera para no resbalarse, estirando una manita hacia él.
—¿Qué pasa? —pregunta en latín.
—¡No te vayas!
—No me voy... Preussen se va —se cruza de brazos mirándole y pensando que es genuinamente... adorable. Se sonroja el solo con la idea apretando los ojos y negando con la cabeza.
—¿De verdad no le gusto? —pregunta desconsolado, agarrándose del borde con las dos manos.
—Les gustas a todos, Rom —murmura acercándose y sentándose en el vater cerrado, con los brazos cruzados. Sonríe otra vez.
—¿Qué es un acueducto?
—Es una construcción que trae agua de un río o un mar a la ciudad —explica Germania recargándose en las piernas
—Oh! ¡Yo haré uno!
—Non, vas a hacer muchos —sonríe un poco.
—¿Muchos? ¿Para llevar el agua a todas partes de la ciudad? —se sienta en la bañera otra vez.
—Ja —asiente—. En todas partes no solo de esta ciudad, de todos lados.
—¿Y cómo son? —pregunta poniendo la mano en el agua caliente, jugando con ella.
—Son unos grandes arcos y el agua corre por arriba —se los dibuja en el aire.
—¡Ah! ¡Claro!
Germania suspira acercándose a la tina y tomando la botella de jabón. Se pone un poco en la mano y se le acerca.
—Si se hacen con arcos es menos piedra y es más barato y se puede dibujar con lo que me enseñó Helena de mathikakas!
Germania parpadea sin entender bien lo que dice. Le pone las manos enjabonadas en la cabeza, como le han tenido que enseñar.
—¡Ah! ¡Qué haces! —protesta alejándose.
—Te pongo esto en la cabeza, es para limpiarte —explica.
—¿Qué es? ¿Aceite? Huele como... chococaca!
—Eh? —pregunta Germania frunciendo el ceño porque es raro que haya algo que no entienda en latín.
—Chococaca, Doislan me ha dado antes —toma un poco del champú de chocolate de Austria y se lo mete a la boca... antes de empezar a escupir y a hacer arcadas como loco.
—Nein, nein... no se come, sabe mal —asegura Germania que también ya lo probó, desde luego y tuvo un efecto igual—. Ponte agua en la boca.
Se agacha para beberse la que hay en la bañera. Nada que le impresione demasiado al Germano, bola de guarros. Germania le talla la cabeza mientras tanto.
—El otro chococaca no sabía así, yo le dije a Doislan que no se lo comiera y ahora me enfermaré y me moriré por comer veneno —el drama.
—Eh? Nein, no vas a morirte. Yo lo probé y no me paso nada —asegura.
Romita le mira y el mayor le empuja un poco la cabeza hacia la tina para hundírsela y enjuagarle... cuando se le mete en los ojos... en serio.
—¡Aaaaaaaaaaah! Dueleeeeeee DOISLAAAAAAAAAN! ¡ME QUIEREN MATAAAAAR! ¡AYUDAAAAAAA!
—Was?! No te estoy... nadie te está... por odin! —Germania que es un bestia y quiero decir que... él no bañaba a nadie, los niños se bañaban solos o alguna mujer venía a hacerlo—. Calma, calma... Rom, espera, no te estoy matando.
—DOISLAAAAAAAAAAAAAAAAAN! ME VOY A QUEDAR CIEGOOOOOOOO! —manos en los ojos, claro y dando patadas.
—Nein, no te vas a quedar ciego, espera, Rom! —protesta Germania al tiempo que Alemania abre la puerta del baño.
—DOISLAAAAAAAAAAAAAAN —sigue chillando apretándose los ojos que le escuecen.
—Was? Was? —pregunta Alemania entrando al baño. Germania bufa
—Bu! Bubu —lloriquea Romita—. Me voy a quedar ciegoooo —le busca abriendo un poco los ojos e intentando ir con él.
—¿Podrías quedarte quieto en lo que te limpio los ojos? —riñe el mayor sin dejarle ir con Alemania, tratando de limpiarle con su ropa.
—¿Qué pasa? —pregunta Alemania sin saber qué hacer, acercándose a la tina.
—Non! ¡Me das veneno y me dejas ciego! —intenta soltarse, se resbala y se cae otra vez
—No te doy ningún veneno, no te dije que te lo comieras y te estoy limpiando la cara para que deje de dolerte —protesta Germania con el ceño fruncido. Romita lloriquea asustado.
—¡No quiero más chococaca feo de este! —trata de meter la cabeza entera en el agua
Germania le saca del agua cargando, decidido a no dárselo a Alemania quien, con bastante practicidad, moja una toalla en agua del lavabo para limpiarle la cara al niño (entre Germania y Alemania, un ciego guiando a otro ciego). Roma patalea porque le duele aun y no le gusta que le levanten, haciendo un DRAMA.
—Mein gott, vater... ¿qué le estás haciendo? —pregunta Alemania agobiado.
—Rom, ¡cálmate! No te está pasando nada —replica Germania deteniéndole las piernas y tratando de que no se le resbale, ignorando a Alemania. Al final, entre los lloros y todo consigue que se le baje la comezón un poco.
—¡Me estás dejando ciego! Doislan! Germaniae me deja ciego!
—¡No te estoy dejando ciego! —protesta Germania frunciendo el ceño.
—Aun tiene el pelo lleno de jabón —hace notar Alemania tratando de pasarle la toalla mojada por la cara.
El chiquillo intenta soltarse y patear y morder y golpear a alguien.
—Si te calmas, te ayudo a que te deje de doler —insiste Germania con MUUUUCHAS dificultades para sostenerle mientras Alemania se agacha a la tina y la destapa, abriéndo la regadera para que salga el agua por la ducha.
Romita lloriquea aun un poco más pero se mueve menos.
—Quítate los zapatos y métete a la ducha para enjuagarle —murmura Alemania empujando un poco a su padre.
Germania se mete a la ducha con todo y lo que sea que trae en los pies, que sospecho deben ser zapatos...
Con el agua acaba por aclarársele el pelo y la cara al pequeño y ya no le escuece así que se calma más y más en proporción.
Alemania aprieta los ojos pensando ahora también en el BAÑO de Austria... que está hecho un desastre, claro. Germania mira a Roma cargándole con un solo brazo y echándole el pelo hacia atrás con la otra mano, tranquilizándose él mismo.
—¿Estás bien? ¿Ya no te duele? —pregunta más o menos dulcemente... en términos de Germania.
Aun lloriquea frotándose los ojos y los entreabre un poco, al ver a Alemania estira la manita hacia él... y se recuesta sobre el pecho de Germania. Roma y su ejército de germanos a su disposición.
Alemania le toma la mano y Germania le acaricia la espalda.
—Sí me duele, quiero un beso y un abrazo!
Germania le besa el pelo suavemente. Roma tira de la mano de Alemania para que lo haga también.
Alemania vacila un poco y mira a su padre de reojo y piensa que solo le falta que entre italia... pero es que es un NIÑO! Cierra los ojos y le da un beso rápido en la mano.
—Non! ¡En la cara! ¡Los dos! —protesta.
—Pero... —empieza Alemania no muy convencido mirando a su padre quien hace los ojos en blanco y saca a Roma del agua acercándoselo un poco a Alemania para que le bese.
Roma sonríe ahora ya.
—Quítate la ropa ahí adentro, vater... —pide Alemania sin mala intención de verdad agobiado con el estado del baño de Austria.
—Ah! sic! ¡Báñate conmigo! —exclama Romita y estira los brazos para que Alemania le sujete mientras Germania se desviste.
—Was? Nein! —protesta Germania fulminando a Alemania quien toma una toalla para sacar al romano de la ducha y la extiende.
—¡Pero yo aún estoy azul y tú estás todo mojado! ¡Bañaos los dos conmigo! —tan feliz...
—¡Los dos! —Alemania escandalizado—. Nein, nein...
—¿Por qué no? —mira a Alemania.
—Yo estoy limpio y te estás bañando con vater —responde Alemania nerviosito mientras Germania se quita los zapatos y los echa fuera de la tina.
—¡Pero él no quiere y me deja ciego!
—No te dejo ciego y ya me estoy quitando la ropa, deja a Deutschland en paz —protesta Germania echando los pantalones mojados al suelo al lado de los zapatos, igual que la camisa.
Roma le mira descaradamente y con mucha curiosidad, sin responder ahora... Alemania mira el creciente desastre en este baño de reojo, sin hacerle demasiado caso a su agobiado padre que vacila sin quitarse la ropa interior.
—¿Tienes pelitos amarillos en todas partes? ¿También los tienes en el pene? —le pregunta el romano a Germania y se vuelve a Alemania—. ¿Tú los tienes también?
Sonrojo en conjunto de ambos germanos, que no se miran entre sí. Germania extiende los brazos para quitarle a Roma de las manos al alemán.
—¡Pero quítate eso o no podré verlo! —protesta el pequeño abrazándose más de Alemania para que no se lo lleve aun.
—Ehm... voy... a... —vacila Alemania.
—No voy a quitarme nada, ven acá a que terminemos de bañarte —ordena Germania
—¿Por qué no quieres que te vea el pene? ¿Lo tienes pequeño?
Eterna discusión con Roma al parecer.
—Rom! —protesta Germania sonrojándose y ahora Alemania no puede evitar bajar la mirada a los calzoncillos de su padre.
—No puedes tenerlo pequeño porque entonces no tendría sexo contigo —se calma a sí mismo y luego cae en la cuenta—. ¿Cómo será mi pene cuando sea grande?
—Deutschland! —protesta Germania poniéndose una mano encima de las regiones vitales que además se transparentan un poco porque trae calzoncillos blancos. Alemania, con ese último comentario decide que ya es más que suficiente trauma por hoy, intenta devolverle el niño a Germania, carraspeando.
—¡Eh! ¡¿Pero por qué nadie responde a mis preguntas!? —protesta Romita.
—¿Qué quieres que te responda? Si tengo pelitos amarillos, ven acá —declara Germania respondiendo la menos peor de todas las preguntas tomando a Roma de brazos del alemán.
—¿Cómo será mi pene cuando crezca? —insiste con lo que más le interesa, dejando que le tome en brazos ahora.
—Pequeño —responde mientras Alemania decide emprender la retirada de la manera más rápida y silenciosa posible.
El niño levanta las cejas y le mira.
—Tállate ahí para que se te limpie lo azul —pide Germania ya que están hablando de penes.
—¡No va a ser pequeño! ¡Has dicho que les gustaría a todos y sería el mejor! —patalea. Germania se sonroja.
—Límpiate —insiste.
Niega con la cabeza y se sonroja un poquito.
—No voy a verte, hombre...
—No voy a... tocarme si estás aquí.
—¿Y cómo pretendes limpiarte? —protesta bajándole al suelo.
—Pues... tú me estabas bañando —se cruza de brazos.
—Ja y eso es lo que hago. ¡Tállate!
—Non. Tú no me enseñas el pene, yo no te enseño como me toco.
—No quiero que... no estoy diciendo que me enseñes como te tocas, Rom, te estoy diciendo que te limpies lo azul del pe... —se detiene a sí mismo.
—Pero yo siempre me toco cuando me lavo en el pene.
Germania se sonroja más porque él se refería a... como te tocas, en... tocarte pues... cómo te... toqueteas *pervertido pervertido*... De hecho a eso mismo se refiere Romita
—Y-Yo... bueno, ehm... solo, lávate, me giro.
—Non! ¡Porque te vas a reír y me vas a decir que salen pelos en las manos!
—¡No te van a salir pelos en las manos por lavarte el... asunto!
—Pues me lo has dicho antes —se sienta en el agua que ya le llega al cuello, jugando con ella.
—Te dije que te saldrían pelos por... otras cosas, no por ESO.
—Ah... ¡igual no voy a hacerlo para que tú me veas!
—¡Lo que quiero es que se te quite lo azul! —protesta.
—Pero es que cuando yo me baño hago eso...
—¿Quitarte lo azul? —perdonen la idiotez.
—Non! lo que... da gustito —explica sonrojadito. Germania aprieta los ojos.
—Rom! —se sonroja más y el moreno mete la cabeza en el agua escondiéndose.
Germania le mira y hace los ojos en blanco sonrojado. ¡Era un NIÑO! Roma está aguantando la respiración bajo el agua.
El germano se agacha y le da unos golpecitos con el índice en la cabeza. El romano saca la cabeza hasta la nariz, para poder respirar, mirándole sonrojado.
—Es una cosa muy normal que hace todo el mundo —murmura con la misma respuesta que en una ocasión le dio a Prusia.
—Pero es que... me da un poquito de vergüenza, porque tú me has dado un beso de amor...
—Pero es que no tienes que hacerlo ahora, sólo quiero que te limpies.
—Pero es que a mí me gusta...
Germania se pone en cuclillas.
—Tienes toda la vida para tocarte donde quieras, hoy solo límpiate.
Roma le mira fijamente un instante. Germania, sonrojado igual, le sostiene la mirada
El pequeño se estira poquiiito a poco bajo el agua hasta que consigue ponerle un pie sobre sus regiones vitales.
Germania da un bueeen salto, se resbala y se cae de culo en la tina. Roma se incorpora un poco, recogiendo las piernas, para que no se le caiga encima.
—Rom! ¡No me toques ahí!
Se ríe.
—¡Eres un niño!
—¿Y qué?
—¡Pues no! No me estés tocando el... ¡no! Solo puedes tocarme ahí de adulto.
Parpadea y se le acerca peligrosamente, sonriendo. Germania se sonroja y se desliza un poco hacia atrás, reconociendo ESA cara.
El niño se pone de pie y anda hasta él, perfectamente dispuesto a sentársele encima.
—Rom, rom... ROM... límpiate y vamos afuera —advierte pero no le hace ni caso así que le detiene de los hombros cuando ya le tiene prácticamente encima.
Roma sonríe.
—Conozco esa cara —protesta Germania.
—¿Y qué significa?
—Que vas a hacer una de esas... cosas que haces.
—¿Cuáles?
—¡Una de esas cosas que NO voy a discutir contigo de este tamaño!
—¿Por qué?
—Porque eres pequeño. ¡Lávate ahí! —le mira de reojo.
—Helena dice que la gente que no explica las cosas a los niños con la excusa de que son pequeños son tontos y tienen vergüenza.
—¡No me llames tonto! —se sonroja.
—¡Pues cuéntame!
—Cosas, hablo de cosas... de esas cosas que haces. ¿Cómo aprendiste a hacer esto a esta edad? —protesta cerrando los ojos.
—¿A hacer queeeé? —protesta porque en realidad, no sabe aun lo que hace ni lo que provoca esa sonrisa, aunque le salga natural aun no aprende a usarla. Germania sonríe un poco.
—No sé qué me hacía pensar que podías ser diferente —murmura para él en su idioma antes de entreabrir un ojo y dejar que le salte encima, picándole un poco las costillas para hacerle cosquillas.
—No te entiendoooo —protesta saltando un poco, riéndose y protegiéndose para que no le haga cosquillas.
—¡Que eres un latoso! —"protesta"
—Non! —se desliza soltándole para separarse un poco desconsolado.
Germania le acaricia la mejilla un instante, porque esa carita le causa... algo. Romita suspira y le da espalda, lavándose.
El sajón levanta una ceja, extrañado mirándole por encima del hombro porque en el fondo... no le molestaba la idea de jugar tanto como parecía, claro está.
Roma se lava, tranquilo, porque muchas veces le dicen que es un poco pesado y está aprendiendo para no serlo, así que se aguanta para darle espacio.
Germania levanta las cejas al notar que sigue lavándose aprobando el que lo haga como niño civilizado en vez de seguir dando lata, aunque por alguna razón, le da un poco de penita que quizás se haya tomado demasiado en serio lo de ser latoso. Claro que lo era. Muy latoso... pero peeero, era un niño pequeño y mono y él... bueno, es que no le molestaba TANTO.
—¿Ya... quedaste limpio? —pregunta después de un par de minutos.
—Sic —se gira y le sonríe, sentadito de su lado de la bañera.
—E-Eres... un niño muy obediente —como cueeestan los cumpliiiidos.
—Quid? —levanta las cejas.
—Me has obedecido y te has limpiado bien en vez de seguir jugando —ofrece como explicación. El romano parpadea sin saber qué decir y Germania se sonroja pensando un poco—. Voy a darte un premio.
—¿Cuál? —inclina la cabeza.
—No lo sé, ¿qué premio quieres?
—Responde a mis preguntas.
—Responderé a una.
Tuerce el morro y se piensa qué pregunta hacerle. Germania tiembla.
—¡Pero tengo muchaas! —lloriquea
—Empieza por una... muéstrame tu mano —pide extendiendo la suya—, ¿ya estás arrugado como viejito?
—Non! —se las esconde a la espalda porque no quiere salir. Germania sonríe de lado.
—¡Déjame verlas!
—Quiero saber cómo es el sexo entre dos chicos —cambia de tema. Germania se le queda mirando con la boca abieeeerta. Roma sonríe.
—Igual que entre un chico y una chica —responde tomando un poco de agua y lanzándosela en la cara.
—¡No es verdad! —se cubre la cara y se ríe.
—Claro que sí —le echa más agua aun jugando como haría con Prusia para distraerle de algo.
Romita se ríe y se sumerge, acercándosele otra vez. Germania recoge las piernas haciéndose bolita así que el pequeño intenta meterse en la bolita.
—¡¿Qué haces, Rom?! —protesta abriendo un poco las piernas para verle.
—¡Creo que ya sé! —sonríe.
—¿Qué sabes?
—¡Déjame sentarme!
Germania estira las piernas con cautela.
—Nada de trucos extraños.
Se le sienta encima y se acerca hasta él.
—Creo que es cuando los penes se tocan —sentencia y toma la goma de los calzoncillos
El sajón tiene un instante de pánico levantando las cejas mientras el niño la abre para mirar dentro.
—Neeeein! —protesta cubriéndose con las dos manos.
—Ah! —protesta.
El rubio le mira con cara de circunstancias. ¿Cómo puede un niño de seis años conseguir... esto? Roma se sienta otra vez.
—Deja mi pene en paz —advierte.
—¿Por qué?
—Porque es mío y... ¡tú eres pequeño!
—Puedes... —se sonroja—. Puedes tocar el mío.
—¡No voy a tocarte el pene! —chillido histérico—. ¡Por Odín!
Romita se sonroja más... y se hunde escondiéndose otra vez. Germania se pellizca el puente de la nariz acercándose a él y levantándole del agua tomándole de debajo de los brazos.
Él le mira, nervioso.
—Cuando crezcas... —susurra—, vas a tocarme todo lo que quieras.
Romita aparta la cara aun sonrojado y Germania se levanta de la tina con él en brazos.
El niño levanta las piernas nervioso y el adulto sale de la tina tomando la toalla mojada que Alemania ha colgado junto al váter echándosela en el hombro.
—¡Déjame en el suelo!
—Eres pequeño y no podría tocarte, estaría completamente mal —murmura poniéndolo en el suelo frente a él.
El pequeño se va a por cualquier cosa que parezca tela, que son las cortinas del baño para secarse.
Germania se seca rápidamente con la toalla, amarrándosela en la cintura y quitándose los calzones mojados una vez que la trae amarrada.
¿Podría ser todo esto más políticamente incorrecto e incómodo, Germania?
