—¿Tienes sueño?
—Te he visto.
—¿Qué has visto?
—Tus calzones mojados se transparentan.
—No tengo nada que no tengas tú —Germania se sonroja sin poder evitarlo de todos modos.
—Tienes vergüenza —responde dejando la cortina de baño que es de plástico y no seca, tirando del albornoz de Austria para secarse. Germania se lo descuelga del gancho en el que está, echándoselo encima.
—Ja... —admite con muchos trabajos. Romita se seca con él como un fantasma y luego saca la cabeza de debajo. Germania le mira de reojo.
—No tengo sueño, quiero saber más cosas.
—¿Qué cosas quieres saber? —pregunta el germano mirándole y despeinándole un poco.
—Todo —sonríe.
—Todo, todo es mucho Rom.
—¿Por qué?
—Porque no vamos a acabar nunca de explicarte todo —asegura saliendo del baño y sentándose en la cama del austríaco.
—Explícame como te enamoraste de mi —pide acercándose a la cama. Otra vez la mandíbula de Germania hace "clong" cuando pega en el suelo.
—Yonomeenamorédeti! —chillido automático.
—Quid?
—¿Por qué me haces preguntas incómodas?
—No es incómodo, ¡es lo que quiero saber!
Germania suspira pensando en qué tan malo sería contarle esta historia a ESTE niño. Aprieta los ojos.
—¿Si te lo cuento dejarás de hacer preguntas sobre penes?
—Ahora ya lo he visto —sonríe y Germania frunce el ceño.
—¡Eres imposible! —exclama. Vuelve a mirarle desconsolado dando un pasito atrás. El sajón lo nota, una vez más... lo nota. Se humedece los labios y carraspea—. Ven —pide dando unas palmaditas a su lado, en el colchón.
El latino se acerca y como el albornoz le da calor, lo tira al suelo.
—Cada vez que te digo que eres imposible o latoso... haces una cara.
—Pues no me gusta que me digas cosas feas... yo no te digo.
—Yo suelo decirte esas cosas.
—¿Por qué? —desconsolado.
—Porque no quiero que sepas realmente lo que pienso —murmura por una vez sincero con el romano.
—¿Por qué? —se sube a la cama. Germania vacila.
—¿Qué otras cosas te enseña Helena?
—Todo. Todo lo que le pregunto, ella es muy lista.
El rubio asiente mirándole fijamente.
—¿Ella también se va a enamorar de mí? —pregunta sonrojándose. Germania suspira recostándose en la cama y llevándose las manos tras la cabeza.
—Todos.
—¿De veras? ¿Cuándo? ¿Cómo? —se gira hacia él.
—De diferentes maneras. Van a quererte, Rom, ¿qué más quieres que te diga? —protesta.
—¡Pues de ella! —exclama sin entender del todo la incomodidad porque es pequeño y esto le hace ilusión.
—No sé cómo Helena se enamoró de ti —asegura sinceramente—, prefiero contarte...
Roma se le sienta encima otra vez porque es como... esa historia con el contacto que tienen todos.
—Otra cosa —levanta una ceja mirándole.
—¿Cuál? —sonríe.
—Mmm... Podría contarte sobre los gladiadores o sobre tus hijos. Van a adorarte también —ojos en blanco—. Por Odín, el mundo entero te adora.
—¿Quién me adora más que ninguno? —sonríe mucho.
—No hagas esas preguntas —protesta sin tener NI IDEA... sin querer pensar que sea él, claro está, él no puede ser. Él le odia.
—¿Helena es la mamá de mis hijos?
Germania sonríe con eso y niega con la cabeza.
—De uno de ellos.
—¿Cuántos tengo?
—El rubito que parece niña y... el otro que es idéntico a ti y los gemelos... y el de Helena que duerme siempre... y...
—¿Cómo es el que tengo con ella? ¿Duerme siempre? ¿Por qué? —le corta. Suspira.
—Tienes otro también con la loca esa de los ojos pintados —aclara—. No sé porque duerme siempre, solo sé que lo hace.
—¿Quién es la loca de los ojos pintados? ¿Es la mamá de los demás?
—Nein, tienes uno con cada una. Vas... no sé si debería contarte todo esto, quizás podría hacerte un buen niño mejor y que te quedaras con una.
—¡Entonces somos una gran familia! —sonríe.
Germania sonríe pensando que... al final sí que son una familia, una cruel familia, pero familia al fin. ¿Cómo esté niño podía convertirse en un controlador de naciones? No era difícil imaginarlo... De repente cae en la cuenta de algo y frunce el ceño.
—¿Te parece? —pregunta acostándose de nuevo sin enterarse, bajando la cabeza.
—¿Tú has besado a Helena? —la pregunta del millón.
—Eh? —pregunta descolocado y sonrojadillo
—Pues... —traga saliva nervioso—. Ella a veces va con algunas personas y tú...
Germania sonríe de lado.
—No vas a ponerte tú celoso ahora conmigo...
—¡No estoy celoso! —levanta las cejas dándose cuenta de que lo está.
—¿Sabes siquiera de qué es estar celoso? —pregunta atrayéndole hacia sí para que se le acueste encima.
—Quid? —lo hace un poco.
—Sin duda Helena te enseña muchas cosas... —medio protesta.
—Pues sí... ¿por qué lo dices?
—Por nada, es... complicado —le da unas palmadas en la espalda.
—¡No me dices nada! —protesta.
—Sí te digo todo... al final, aunque no quiera —murmura poniéndose de lado y obligando al romano a caerse sobre la cama. Que se cae, claro, cerrando los ojos—. Eres pequeño. Me gustas de pequeño —agrega Germania mirándole. Roma sonríe a eso.
—Tú me gustas a mí también...
Germania hace los ojos en blanco y sonríe de lado, negando con la cabeza.
—Ay, Rom...
Romita levanta las cejas y se pone de rodillas. Germania le mira de reojo, sonríe más y se da la vuelta hasta darle la espalda.
—No me crees —nota poniéndole las manitas en el brazo y la cadera.
—No —responde con seguridad.
—¿Por qué? —se le sube encima otra vez intentando verle de cara.
—En realidad... no es que no te crea, es que te gustan todos y tú eres un niño con el que yo no debería estar discutiendo esto —admite medio escondido en su pelo.
—Pero no me gustan todos —se acerca de rodillas intentando quitar el pelo de su cara.
—Ah, no?
—Non —sonríe cuando consigue verle la cara.
De un brusco movimiento, el sajón consigue echarlo de cabeza en la cama y ponersele encima picándole un poco el abdomen para hacerle cosquillas.
—AAAAH! —se asusta y luego se ríe intentando apartarse. Germania se detiene después de poco, mirándole con sonrisa malignilla.
—¿Quieres que pare? —pregunta con las cejas levantadas y los dedos en posición de más coquillas.
—Sic! —miente e intenta protegerse con las manos y las piernas, volviendo a reírse solo con el movimiento de los dedos sin que le toque.
—Pues no voy a parar —mueve un poco más los dedos.
El romano se ríe y se mueve más aunque no le toque.
—¡Pero si ni te estoy tocando! —hace notar ahora sí dándole un piquetito.
—Aah! —se muere de la risa revolcándose por la cama. Germania se ríe con su particular risa, idiotizado con el niño.
Al final, Romita levanta las manos hacia Germania tomándole de la cara y este sonríe un poco, soplando un poco hacia arriba para que no se le meta un mechón de pelo en los ojos.
Esa mirada intensa y eléctrica que tendrá de mayor... Que PARALIZA a Germania y le acelera el corazón. (Germania se va a abrazar a España en un golpe de empatía).
El pequeño Romita, que sí es pequeño y no sabe qué pasa en realidad intenta hacerle cosquillas en el cuello a Germania.
Lo cual relaja un poco al adulto, aunque aún tiene el corazón súper acelerado, deteniéndole las dos manos y acostándose a su lado, teniendo MUY clara de repente una cosa: Roma TIENE que volver a ser adulto.
—¿Me cuentas una historia? —pide oooootra vez.
—¿Una historia de qué? —pregunta aun un poco agobiado con este asunto de que un NIÑO pueda acelerarle el corazón así.
—¡Una de mí!
—Mmm... —cierra los ojos poniéndose boca arriba.
Romita se le acerca, levantándole el brazo, apoyando la cabeza en su hombro y haciéndose bolita bajo él para que le abrace porque tiene frío.
Germania le atrae un poco más hacia sí, pensándose en una historia sobre Roma que no sea "aquella vez que te gané una batalla", ni "aquella vez que, cabrón, me ganaste una a mi"
—Te contaré sobre una vez que viniste a verme... y pusimos a pelear a Preussen, con Spanien... Spanien era un poco más grande que tu nada más y se parecía muchísimo a ti ahora.
—No sé quiénes son ellos...
—Preussen es el chico de ojos rojos que subió con nosotros —explica—, y Spanien... es otro de tus hijos que aún no conoces. Lo que quiero contarte es... que una vez que Preussen le ganó a Spanien se propuso que tú y yo peleáramos a ver quién era más fuerte.
—¿Espanian es el que duerme todo el tiempo? ¡Yo gané!
—Nein, ese es... Grecia me parece... —murmura—. Tú... hiciste una poca de trampa y conseguiste...
—¡Siempre dices que hago trampa!
—Pues es que cortaste mi ropa hasta desvestirme.
Levanta las cejas y se ríe un poco como Francia se ríe en plan jijiji. Germania suspira. Roma le pasa un dedo desde la axila hasta la cintura.
—Roooom —protesta deteniéndole la mano. El niño se ríe otra vez
—¿Y qué pasó?
—Yo traía mi armadura, estábamos en mi casa... más hacia el... —intenta señalar hacia donde, aunque aún le cuesta un poco de trabajo hacerlo con tantas construcciones y tan poco sol y cielo que se ve últimamente desde los lugares— noreste. Habías llegado de imprevisto, como siempre, con todos tus hijos y... como siempre, habías puesto la casa de cabeza.
—¿De cabeza?
—Ja, siempre de cabeza... todo lo desorganizabas, con tus esclavas y el vino y todas esas cosas...
—Me gusta el vino —bosteza.
—Todos estaban intrigados con la batalla, todos nos miraban y tú empezaste a tirar golpes de espada no hacia mí, sino hacia mi ropa —explica lentamente.
—Tienes vergüenza de estar desnudo y te desconcentras seguro —explica sonriendo con los ojos cerrados.
—Veo que te haces una idea —protesta bajando un poco el tono de voz, sumamente entrenado en Prusia... aprovechar el momento en que bosteza y parece empezar a dormirse—. Yo tenía que ser el vencedor, estaban todos mis hombres ahí, así que empecé a... alargar la batalla. Dábamos vueltas en círculos, pooooco a poooco.
—Non, non, eso no me gusta —asegura.
—¿Qué no te gusta? —pregunta suavemente.
—Dar vueltas sin que pase nadaaa —bosteza de nuevo—. Me pone nervioso, Helena me riñe por eso...
—Oh... Pues... aquí pasaban pocas cosas —se inventa y se le contagia el bostezo—, yo también tiraba con mi espada intentando vencerte, pero todo era leeento.
—No peleabas conmigo entonces —susurra.
—Si peleaba contigo, me gusta mucho pelear contigo —confiesa mirándole de reojo
—¿Por qué?
—Nadie más pelea como tú...
Sonríe y restriega la cara en su costado, mismo gesto que hace de adulto... nota Germania y busca poner los pies bajo sus piernas porque tiene frio o bajo su culo, donde sea
El sajón se pone más de lado para poder abrazarle completo, sintiendo los pies helados del romano. Extiende una mano y deshace un poco la cama cubriéndoles a ambos con la colcha
—Y yo te desnude... —susurra. Germania se sonroja—. Ya quiero volver a casa y ser grande...
—Yo también quiero que seas grande otra vez —murmura Germania.
Roma suspira sonriendo y unos instantes más tarde, su respiración cambia... pero no ronca, porque empezó a hacerlo cuando le desviaron el tabique nasal en una pelea.
¡Maldito sea el que le desvió el maldito tabique! Cartago, que es un bestia.
No tanto tiempo después, la respiración de Germania cambia también y ahí están los dos idiotas dormidos ahora en la cama de Austria... el gran perdedor de esta historia.
Y no solo va a dormir con Romita, si no que va a dormir desnudo porque no sé cuánto le dure la toalla. Aunque sinceramente no le importa perderla... ya le importará cuando se despierte contento y note a Roma comprobando delicadamente que sí es rubito de ahí abajo
Mientras tanto, Alemania consigue convencer a Italia de que vayan a ver si no hay prendido fuego a la cama de Austria, así que Alemania abre una rendijita mientras Romita está tomando medidas con sus manitas para poder dibujarle, no se entera.
—Mein gott —susurra Alemania hacia italia.
—Che? —pregunta Italia tras él.
—Está toqueteando a vati —susurra dejando que mire. Italia saca la cabeza y hace los ojos en blanco sonriendo.
—Entra, abre la luz y llévatelo, ponle algo de ropa que le quede. Nada de los vestidos que me ponía a mi il signiore. Hablaré con tu padre —propone.
—Ehh... pero está desnudo —Alemania incomodito desde ya con la idea.
—Sí, por eso necesita ropa... y no le muestres tu... —Italia le pone la mano directamente sobre lo que no tiene que mostrarle—. Poderío.
Alemania da un saltito y un "ihh" quedito, sonrojándose.
—¿Y de dónde quieres que saque ropa para él? —siguiente agobio.
—Il signioré te dejó tirar la ropa de cuando eras pequeño?
—Nein, no me dejó porque aún estaba buena, pero debe estar embodegada en... vale, vale, le pongo algo de eso. Aunque esos pantaloncillos cortos eran bastante ridículos también.
—Si no le gusta solo dale una sábana y se hará una túnica, pero no le des una de las de marca... pero tampoco unas muy viejas —sonríe.
Alemania asiente acercándose a Italia y dándole un beso rápido en los labios (alguien aún se siente culpable) antes de entrar al cuarto.
Romita levanta la cabeza y le aprieta el asuntillo a Germania, que se revuelve un poco mientras Alemania abre las cortinas.
—Doislan! —sonríe Roma soltándo a Germania y poniéndose de pie en la cama
Germania se despierta un poco más aún sin entender ni donde está. Se pasa una mano por el pelo revuelto
Romita estira los brazos para saludar al alemán de beso y abrazo. Alemania está más preocupado por el trauma de su padre en toda su gloria frente a él.
—V-Vater... —susurra haciendo un gesto, acercándose a la cama y bajando a Roma al suelo sin hacerle mucho caso.
—Eh! —protesta Romita.
—Was? —Alemania incomodito le mira de reojo mientras Germania se muere de la vergüenza
—¡No me eches! —Roma escala a la cama otra vez.
—Nein, es que... Hay que irnos a... Vestir —explica Alemania en alemán. Roma no le hace ni caso porque no le entiende
—Germania... —apremia el italiano
—Voy, voy... Sólo... —murmura Alemania tomando a Roma en brazos otra vez—. Ehm... Vestirse —indica en italiano
—Ave! —Romita le abraza.
—Ave —le saluda él.
En cuanto Alemania sale del cuarto con el niño, Italia entra y pasa el pestillo de la puerta que Austria tiene para que Prusia no se cuele a hacer cosas... que no debe. Sonríe con su cara de mafioso.
Germania se incorpora un poquito mirándole de reojo.
—M-Morguen.
—Buon giorno... —se acerca a la cama—. ¿Cómo estás? —mano en la rodilla.
—Bien —carraspea.
—¿Has dormido a gusto? Mi abuelito querido... todo un caso, ¿eh? Como le complica la vida a todos.
—Totalmente —se cubre bien las piernas.
—¿Te ha hecho algo? —pregunta dulcemente.
—¿Hacerme algo de qué? —pregunta extrañado con la cara del italiano que se ve un poco...
—Que no debiera.
—Pues... Nos bañamos... Nada —carraspea—, es un niño.
—Lo digo porque le conozco... sangre de su sangre —mueve la mano de la rodilla acariciándole el muslo—. Y podemos ser un poco... temperamentales cuando algo nos apetece.
—Se ha portado b-bastante —le mira la mano como si fuera una tarántula—... Bastante bien.
—Oh, no estoy de acuerdo con eso —sonríe y se le acerca un poco más subiendo las rodillas a la cama y acercando la cara a la del germano.
—I-Italien? —balbucea extrañado con el movimiento.
—Aja? —susurra sentándose sobre sus muslos.
—¿Q-Qué haces?
—Reestablecer el orden del universo —se acerca y le besa.
—Rees... —Germania se calla y levanta las cejas hasta el CIELO sin entender que es lo que está pasando.
Y aún más las va a levantar cuando note la mano de Italia haciendo parecido a lo que hacía Romita.
—Mmmm! —medio protesta da un saltito y le pone la mano encima a la suya, teniendo alguna dificultad para concentrarse y no perderse. MALDITOS latinos
Italia profundiza un poco más... El estúpido soldadito germano saluda a la mano de Italia. Germania cierra los ojos respondiéndole un poco
Ese movimiento de dedos y ese movimiento de lengua que acompañan y... Provocan ahora un gemidito inevitable de satisfacción y un dilema en el italiano que no estaba en su plan reaccionar y llevar esto muy lejos.
¿He mencionado ya que el cerebro de Germania está bastante hecho gelatina? Tímidamente sube una mano y se la pone en el hombro, atrayéndole hacia si un poquiiito. El italiano aprieta los ojos... porque sabe que su abuelo no se hubiera detenido pero él quiere de verdad a Alemania... no a esta estúpida versión salvaje y prohibida que es... uff
Podemos decir que Italia tiene la cosa con la que piensa Germania en este momento en la mano y esa cosa no piensa lógicamente ni piensa en nada más que en que Italia besa bien. Bieeeen
Suavemente, se separa un poco y le mira a los ojos.
Seguramente le pasa lo mismo que a todos, que es que va tras él en un principio antes de detenerse a sí mismo. ¿Sigue con la mano ahí? Germania le mira con los labios mojados e hinchaditos del beso y la respiración agitada. Se sonroja.
—Nessuno, mai —sentencia muy serio, mirándole fijamente.
Germania responde con un gruñidito sin saber de seguro que es lo que dice, pero por alguna razón el cómo lo dice le acelera el corazón.
Y ahí vuelve a besarle de improvisto, clavándole contra la cama o la pared, como le gusta a Alemania... volviendo a mover los dedos.
Cielos, es que no le molesta... En lo absoluto le molesta, respondiéndole con más ganitas y... Dejándose hacer. Estúpidos latinos, estúpidos.
Y así va ir la cosa hasta que acabe... Italia espera poder mirar a su hermano a la cara luego cuando venga después de esto.
Nada de preocupaciones de ver a Alemania a la cara después de que te tires a su padre. Lo que pasa es que Alemania no se va a enterar, pero Romano... seguramente sí.
Y todo esto encima de la cama de Austria, eso le pasa por irse con Suiza.
Para cuando Alemania termina de vestir a Roma con pantalones, tirantes, camisa y un pañuelito en el cuello y baja a desayunar, Germania está en la ducha de Austria, le tiemblan las rodillas y sigue sin saber:
A) Como ha pasado esto.
B) como es que los latinos son tan buenos en ello.
Roma está, de verdad, intentando tirarse los cereales por encima para que le cambien de ropa cuando Italia entra tan tranquilamente cínico y se prepara café como siempre mientras Prusia busca pizza en la nevera. SIEMPRE hay pizza en esa nevera, solo que a veces está más escondida.
Hungría entra a la cocina dejando la cesta de ropa sucia en el suelo, dándole un golpecito y un beso en los labios a Prusia y pidiéndole a Italia que le sirva una taza de café. Se sienta al lado de Roma y le sonríe.
El pañuelito del cuello de Romita ha desaparecido, él la mira y le sonríe.
—¿Tú cómo te llamas? Eres muy bonita, te pareces muchíiiisimo a Helena.
—¿Que ha dicho? —pregunta Hungría a Prusia porque no está segura y luego mira a Roma otra vez—. ¿Algo de mi nombre?
Prusia se sienta con la pizza en las manos, mordiéndola y asiente a Hungría, prepárate Roma...
—Magyarország —sonríe—, pero todos me llaman Ungarn.
Roma le mira un instante y hace carita desconsolada.
—Ese nombre es muy largo, yo me llamo Roma, ¿no tienes un nombre corto tú?
—Ungarn.
—Ungar —repite. Ella asiente y sonríe levantando la vista.
—Te pusieron ropa —le dice en italiano.
—Ah... —se mira a sí mismo y se sonroja un poco—. Puedes ayudarme a quitarme esto —pide señalando los tirantes, mirando a Alemania de reojo. Hungría sonríe de lado.
—¿Que te ha dado West? —pregunta Prusia tomando el vol de cereales de Roma—. Nein, nein, tienes que probar esto —le pasa un pedazo de la pizza que se está comiendo él.
—A nadie le gustan esos tirantes, no entiendo cómo es que te los pusieron —mira a Alemania y se acerca un poco al romano, quitándole los dos tirantes con rapidez y eficiencia... —. Él mismo me pedía siempre que se los quitara.
—Dice que son para que no se me caigan estas cosas —se señala los pantalones—. No me gusta esto aquí en medio, me aprieta y me molesta al andar —se refiere a las perneras y levanta las cejas al notar lo que le da Prusia—. ¿Qué es?
—Pizza, pruébalo, lo hace tu nieto y está muy bueno —le explica Prusia.
—Di que no te pusieron botas y chaqueta y pañuelo —aclara ella tocándole de la cintura a ver si realmente no le queda muy justo. No parece. Le sonríe y mira a Prusia—. Hace mucho que no había un niño en la casa.
Roma le sonríe a Prusia y le hace un gesto a Hungría para que se le acerque. Ella se le acerca sonriendo un poquito.
—Me han puesto una cosa en el cuello pero lo he metido ahí debajo —le susurra al oído, poniéndose de pie en la silla.
Prusia recibe un mensaje de España para que vaya a por ellos al aeropuerto e Italia le sirve el café a Hungría sentándose donde estaba el albino.
—¡Oh! ¿Te ha puesto pañuelo? Él también los odiaba —se ríe. Alemania, que sigue de pie leyendo el periódico y tomando su propio café mira al niño. Roma se ríe con ella sentándose otra vez para comerse la pizza.
—Comete los cereales —ordena con mucha seriedad sin enterarse de la pizza. Mira a Prusia de reojo levantarse y va a sentarse al lado de Italia al tiempo que Germania entra a la cocina con pokerface.
—Pero él me ha dicho que esto está más bueno —responde Romita y mira a Germania de reojo.
—Guten morgen —saluda Germania sin mirar a nadie.
—Vale, come eso y tu jugo de naranja —apunta Alemania que hoy esta de padre responsable.
—Yo le he pedido que me dejara un lazo para el cuello como el que lleva él pero dice que no hay de mi tamaño —le explica Roma a Hungría refiriéndose a la corbata mientras come—. efto fta mu güeno! —levanta las cejas en la misma reacción que tuvo la última vez que la probo por primera vez. Italia le sonríe.
—Le gusta mi corbata —asegura Alemania complacido.
—Podemos ponerle una con un nudo grande de esos que hace Inghilterra para que no la arrastre —comenta Veneciano. Germania, que MUERE de hambre, se mete un pan con mantequilla a la boca, casi completo.
—¿Porque Germaniae no lleva lazo? —pregunta Roma y el nombrado le mira de reojo y se sonroja un poco con su mención.
—Es incómodo y ridículo —asegura.
—No lo es, es bonito, ¡mira como brilla! —responde Roma. Germania mira un instante a Alemania. Se sonroja un poco, carraspea y se vuelve a su pan.
—No me gusta.
—Pues a mí sí me gusta, lo que no me gusta son esta cosa —odio infinito a los pantalones.
—Son pantalones, no puedes ir desnudo por la vida —explica Alemania.
—No es desnudo... hoy he dormido desnudo y no pasa nada. Aunque a Germaniae le daba vergüenza.
Germania se sonroja más.
—No me daba vergüenza, ¡eres un niño!
Romita se ríe.
—Voy a trabajar —anuncia Alemania doblando el periódico y mirando a Italia de reojo. Él le mira y le sonríe.
Alemania se acerca le da el beso habitual para el cual está entrenado como perro en los labios, y se levanta, llevándose su taza de café
El italiano como si nada, se vuelve al niño para que le acompañe a ver qué corbata pueden ponerle.
Germania agradece que le ignoren todos, carraspea un poco y muerde otro pedazo de pan.
Alguien por ahí pidió esta clase de cosas... cuando los sajones son unos casanova...
